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La posdemocracia

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Miguel Benasayag. Una noticia tremenda: la democracia no existe más. Desde cuándo, por qué y cuál es el cambio antropológico que está detrás. El factor no racional. La corrupción como engañapichanga y el acabose de la utopía. Las ideas de Benasayag sobre qué proyectos políticos plantean salidas. POR CLAUDIA ACUÑA

Posdemocracia.

La forma democrática marcó un período de la producción histórica de Occidente durante el cual se impusieron las ideas del Humanismo. De ahí deriva el paradigma “un hombre, un voto”, pero también la concepción de que la conciencia domina al cuerpo y, por eso mismo, la gente vota conscientemente. Pero el proyecto democrático no fue solo eso, también fue un arma colonialista para crear falsos Estados-naciones -en África, en Asia, y un poco menos en América Latina-, como una forma de tratar de destruir todo el tejido social tribal, creando un sujeto político occidental. “Un hombre, un voto” funcionó en muchos países como un procedimiento que impidió la acción libre del sujeto colectivo que caracteriza a la organización tribal. El último ejemplo de esto lo vimos cuando Estados Unidos invadió Irak y quiso establecer una “democracia”: una hipocresía colonialista y brutal, porque ningún shiita va a mirar el programa de un candidato sunita y va a decir “mirá vos qué interesante”. Entonces eso que llamamos “la democracia” tiene varias caras: una humanista, otra colonialista, la cara de los Derechos del Hombre, etc. Es multifacética, pero todas esas caras se corresponden a un mismo momento en el cual el Hombre  es un ser de conciencia. Esa época se rompió. No existe más. Y en ese mismo sentido, la democracia no existe más.

Populismo de mercado

No es que yo diga, como si se tratara de un programa político o una intención política, “hay que ir hacia la posdemocracia”. Ya estamos ahí. Hoy en día en los países donde la democracia sirvió como arma de colonialismo, ese sistema es un desastre: corrupción, violencia sin fin, destrucción, etc. Y en los países centrales el nivel de representación falla por dos lados, por lo menos. En primer lugar porque ya sabemos que los humanos no pueden gobernarse por la razón. Ya sabemos que hay un montón de otros elementos que influyen en sus decisiones. Y por el otro, también empezamos a saber que hoy rige una especie de engañapichanga, de mala fe, que tiene en cuenta eso no racional del ser humano para manipularlo. Algo así como la apología del populismo, pero ejercida fundamentalmente por el mercado. Eso representa, en sí mismo, un gran retroceso de la libertad humana, porque si bien se reconoce que el ser humano no era plenamente racional, se apologiza lo otro. El populismo es una mentira porque implica concebir a todo lo humano como gronchos irracionales a los que yo dirijo. Entonces, lo primero que implica la posdemocracia es aceptar el fracaso completo del proyecto de racionalidad. No señalo esto como un desastre, sino como una puesta al día que da cuenta de cómo un modelo demasiado opresivo, demasiado estrecho, explota. ¿Y por qué explota? Porque ese modelo de Hombre no contiene a la vida del hombre, la mujer, las y los niños, viejos y viejas, putos, trans, animales, naturaleza: la vida.

A-democracia

Lo verdaderamente malo es lo otro que está caracterizando a esta posdemocracia: los centros del poder se están desplazando hacia lugares a-democráticos, que son los centros de finanzas, principalmente. Son esos centros los que se permiten poner a los gobiernos “democráticamente elegidos” a su servicio, al costo que sea.

Influencia

No hay nada que festejar de esta posdemocracia. Lo que hay que ver es que hoy en día la idea inocente de democracia -que es aquella que nos decía que la gente elige representantes que nos gobiernan-, se acabó. Y como efecto de esto, que ya es imposible, lo que podemos aspirar es a que los pueblos tengan una influencia en el gobierno. Eso sería más realista. Pero para lograr eso hay que refundar la democracia. Y el primer paso para refundarla es comprender que no existe más. Y no existe más porque antropológicamente ese sujeto que le dio sentido no existe más.

Revolución

Hoy en día el solo hecho de que haya una multiplicación de sujetos de derecho representa una revolución que hay que comprender. Hay que comprender hasta dónde revoluciona a la democracia, por ejemplo, que tengan derechos los animales. En Argentina se votó una ley que sienta jurisprudencia mundial sobre los chimpancés como sujetos de derecho. Y esto podría trasladarse al mar, a la cordillera, al suelo. Hay una multiplicación de sujetos de derechos que tienen un montón de consecuencias, entre otras, desplazar a lo humano del eje central y muy especialmente al Hombre. Sin ese eje central, la democracia tal cual la conocimos hay que replantearla.  Eso es una realidad

Máquinas

En medio de todo este gran cambio, también están los que bregan por los derechos de los robots y ahí tenemos un problema. Civilizaciones que pueden considerar elementos inertes como sujetos de derecho no es algo que nunca le haya sucedido a la Humanidad. El totemismo no es algo que le sucedió a los marcianos. Al contrario, lo que es nuevo, efímero y corto para la Humanidad es considerar que el ser humano racional era el único sujeto. Estamos viviendo una revolución antropológica total. Y lo que está pasando es que la conflictualidad entre sujetos de derecho emergentes, múltiples, variados, incomprensibles, hace que ese paradigma de “un hombre, un voto” se transforme en un chiste.

Opciones

A partir de comprender esta situación, tenemos dos vías. La primera es la tentación fundamental: las elites tienen que dirigir. Los que saben, saben. La otra es hacerse cargo de que tenemos que refundar una práctica de conflictualidad sin solución, que pueda re-democratizar la democracia. Pero eso implica un trabajo muy profundo que solamente puede hacerse en lugares que se permitan esta locura de cuestionarse todo: qué es ser un hombre, qué es ser una mujer, qué es ser un animal, qué son los cuerpos. Solo en esos lugares se puede pensar el protagonismo de la gente.

Desafío

Yo creo que a ese protagonismo de la gente -mismo por asco a todos los neologismos- hay que llamarlo “democracia”. Pero esa democracia es un desafío. Y es un desafío que hay que atravesar en una época en la que ni económicamente, ni políticamente, ni socialmente, ni antropológicamente,  hay espacio para la democracia. Porque lo que hoy vemos es que cuando gana la mejor opción -llamémosla “la izquierda”- o tiene que seguir el programa del FMI o, en el mejor de los casos, tiene que impulsar un programa económico basado en el desarrollismo industrial, que es justamente el que hoy destruye al mundo. Y cualquiera de los dos caminos conduce a la conflictividad social.

Corrupción

Lo que propongo es que comencemos por llamar a la corrupción de una forma menos moralista, porque ahí ya hay una trampa. La llamo, entonces, “intercambio de poderes”. Es un síntoma de la posdemocracia muy claro, pero se comprende mejor si hacemos memoria. Los franceses sintetizaron los paradigmas de la democracia en ese eslogan de “liberté, igualité, fraternité”. Perfecto. En la democracia hay fraternidades. Hay clanes. La ruptura brutal y permanente de estas fraternidades dominantes ha provocado que estos intercambios de poderes se hagan a plena luz en una época oscura.

Mercado

El intercambio de poderes es un concepto que atraviesa la historia de la Humanidad y que antropológicamente llamamos potlach. Hay muy pocos universales antropológicamente hablando y el potlach es uno. Todas las tribus realizan este formato de intercambio que representa el potlach y que tiene una característica muy particular de regulación del intercambio: yo te doy uno, vos me devolvés dos. Y no es por especulación, sino porque a vos no te conviene quedar debiéndome nada, nunca. Es algo así como “si te aprovechás de mí, yo te poseo”. Y toda esa cuestión de dar más de lo que recibo porque poseer es ser poseído, es algo muy profundo de la organización social que ha sido manipulado por la economía capitalista, de forma tal de reducir todo eso que es riquísimo y que tiene muchos matices, a una cuestión de contabilidad. Si vos vas hoy a Bolivia te vas a dar cuenta perfectamente de que el intercambio de mercaderías es mucho más que una cuestión de contabilizar cuántos productos tenés, cuánto te costó producirlos y a cuántos los vendés. Si vos a un vendedor ambulante de El Alto le decís “te compro todo”, seguramente te responde: “¿Y yo qué hago el resto del día?  Yo acá no estoy solo para ganar plata. Esto es mi vida”. Es decir que el mercado es una serie de dimensiones humanas que no se reducen a la versión pervertida que nos enseña el capitalismo. 

Control

La corrupción es la secuencia patológica de la reducción de estos intercambios que, en realidad, no eran originalmente ni utilitaristas ni lineales. Fueron reducidos a eso por el capitalismo. La preocupación que hoy hay por la corrupción es moralista y reaccionaria y es casi la única manera en la que habla la política en la actualidad, lo cual representa un retroceso total. Quien habla de corrupción habla de dos cosas: por un lado está defendiendo la forma panóptica de intercambio de poderes y, por el otro, está hablando de los cuerpos corruptibles. Es decir: todo el discurso anticorrupción defiende un mundo hibridado, de máquinas, panóptico, de absoluto control. Hablar contra la corrupción significa hablar contra lo orgánico. Platón nos habla de los cuerpos corruptibles, los católicos, del pecado, y establece que solo el alma es pura o posible de ser purificada. Hoy esa sustancia pura, incorruptible, es el algoritmo.

Hay que tener mucho cuidado, entonces, de no atarse al carro de la denuncia de la corrupción. Hay corruptos, hay tráfico de influencias, hay coimas. Ok. Nosotros no podemos limitarnos a decir: esto no puede ser. Lo que tenemos que decir es “esto es capitalismo”. Y el problema más importante que nos genera a nosotros el capitalismo no es la corrupción, sino lo que le hace a nuestras vidas y a la vida. Con un ejemplo se ve más fácil: Monsanto paga coimas, pero el problema principal de Monsanto para nosotros no es ese, sino lo que quiere hacer pagando coimas. Y nosotros nos oponemos al proyecto Monsanto, pague o no pague coimas.

Cálculos

Por supuesto que lo que estoy diciendo no es “viva la pepa”. Lo que estoy diciendo es que hablar de la corrupción es una forma de correr el eje del problema. Es un punto de vista totalmente entrampado. Acá en Francia acaba de asumir un presidente que basó todo su discurso en la transparencia. Y  esa transparencia lo que significa en los hechos  es una masacre social, con recortes de pensiones, jubilaciones, subsidios, etc. Es un presidente que no hace política: hace “lo que hay que hacer”. Y el que se opone a “lo que hay que hacer” es loco, terrorista o a-social. El resultado es un abuso de poder total, pero no ejercido en forma transparente. En todo caso el corrupto es más transparente, porque esa forma brutal de relacionarse con el dinero deja expuesta su barbarie. El otro es máquina. Es casi la banalidad del mal. Es Auschwitz: ningún estado de alma. Son cálculos. Lo decía Eichmann: “no tengo nada contra los judíos, yo hago cálculos”. Bueno: Macron – presidente de Francia- es un Eichmann after shave, afeitado. No me molesta hacer esta referencia un poco trillada del neoliberalismo con el Holocausto, porque no creo que haya otra mejor. El algoritmo en el poder tiene mucho de eso. Te dice: “hago cálculos”. Y los enfermos se quedan sin medicina. Te dice: “yo hago cálculos”. Y los chicos se quedan sin escuela. Y así el desierto avanza.

Utopía

Este es un mundo que perdió toda promesa utópica. Y vos te bancás tu cuerpo mientras tenés una promesa utópica, vos te bancás el sufrimiento mientras tenés al menos una promesa utópica, pero esta crisis nos ha dejado sin eso y ahora, para sacarnos de ese pozo profundo, existencial, nos ofrece una nueva utopía: seamos máquinas.

Panóptico

Hay todo un trabajo político y de pensamiento para hacer en estos momentos. Es un trabajo que está esperando que alguien lo haga. Pero si nosotros nos quedamos discutiendo sobre la corrupción, estamos muy fuera del eje del problema. Lo que está destruyendo el mundo es el panóptico. Es inevitable que todo proyecto panóptico traiga horror puro. Hoy en día eso representa el proyecto de la dominación algorítmica de los procesos humanos y sociales. Y lo llamamos panóptico por su vocación de transparencia. Lo algorítmico es lo calculable y lo predictible y lo visible. Para lograrlo, se formatea toda conducta, toda forma y toda posibilidad. Y lo que no se puede modelar, es el ruido a aplastar. Ese ruido es la vida.

Salida

Hay muchos grupos que desde diferentes lugares están construyendo ya la conflictualidad democrática. Por supuesto que hay vida que está tratando de hacer emerger otro proyecto político que no sea solo sobrevivir. Lo hicieron las madres con el Nunca Más y lo hacen las mujeres con Ni Una Menos. Es la sociedad influyendo directamente sobre el poder. Ese es hoy el camino para refundar la democracia.

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