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Partido Pirata

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Redes & control. Son jóvenes hackers y programadores que se organizan por una Internet libre, abierta y segura. Sus logros repercuten en todos, aunque nadie lo sepa. Anonimato, horizontalidad y formación continua, las claves de una revolución 2.0. POR BRUNO CIANCAGLINI

Si efectivamente el summum de la Identidad como construcción política es ser aquello que los demás no quieren que seas, entonces el Partido Pirata – en esa combinación de términos que parecían irreconciliables– le agrega un giro hacker a la cuestión: “Hackear, en el ciclo de fagocitación capitalista, es reapropiarse de aquello que fue apropiado”, dirá El Saico, miembro del partido en Argentina desde 2012, para sintetizar ese hackeo lingüístico por el cual convierten en bandera aquello mismo que pretendía criminalizarlos.

No son ni un partido político ni son piratas.

Por eso son el Partido Pirata.

Liberen a shreck

Todo empezó por culpa de un ogro: en 2006 un usuario de The Pirate Bay -una red donde la información no está almacenada en servidores fijos sino que todas las computadoras que conforman la red funcionan como nodos, y gracias a eso se puede buscar y descargar todo tipo de contenidos-, subió la película Shreck 2 y provocó  el enojo del estudio norteamericano Dreamworks que, aliado con otras corporaciones del entretenimiento, realizó una demanda legal por violación del copyright a los tres responsables de poner en marcha la red: los suecos Peter Sunde, Gottfrid Svartholm y Fredrik Neij.  En 2008 fueron llevados a juicio oral. Lo que estaba en juego era la  libertad de circulación de información en la web contra las leyes vetustas del copyright como forma de privatización de contenidos culturales y antesala del control corporativo de los flujos de información digital, así como las contradicciones y límites de la legislación internacional en casos ligados a Internet.

El Partido Pirata había sido fundado dos años antes del juicio como estrategia para proteger a Sunde de las embestidas judiciales y con el Pirate Bay Gate sumó cada vez más adeptos en Suecia, Alemania y República Checa, lugares donde efectivamente se constituyó como partido presentándose a elecciones y logrando bancas de diputados. Los responsables de The Pirate Bay fueron condenados a un año de prisión y el pago de una multa de 3.600.000 de dólares. Solo Peter Sunde cumplió su condena.

Pero el partido ya se había expandido a más de 70 países en todo el mundo, miles de activistas y hackers encontraban en esa bandera pirata mucho más que una excusa para compartir contenidos en Internet: un lugar desde donde defender los principios de una internet libre. Como dice el manifiesto fundacional: 

“Como Piratas que somos, sabemos que las mismas armas digitales que nos liberan, nos pueden encarcelar, cercenar y mutilar. Por eso defendemos la privacidad, el anonimato, las redes libres y la neutralidad de Internet, como herramientas de liberación que nos permitan seguir sosteniendo nuestra autonomía, capacidad de organizarnos y resistirnos a las leyes cercenantes”.

Código democracia

En Argentina el partido cuenta con 200 miembros, la mayoría entre 20 y 30 años: programadores/as, hackers, abogados, ligados a la filosofía del software libre, cuyas banderas son la promoción de la cultura libre a partir de licencias abiertas en oposición a los derechos de autor, la neutralidad  y heterogeneidad de la red, la privacidad y el derecho al anonimato en contra de la vigilancia corporativa y estatal.

Desde mediados de los 80 el movimiento software libre, con Richard Stallman como gurú, plantea la libertad del usuario como principio ético fundamental: software libre es aquel que permite que el usuario acceda al código del programa y de esa manera pueda estudiarlo, copiarlo, distribuirlo, modificarlo, entenderlo, es decir, tener el control total del software, contrariamente a lo que ocurre con los softwares privativos (como, por ejemplo, Microsoft).

Hoy en día, en pleno reinado de las aplicaciones móviles, donde la tecnología portátil funciona como en una extensión del cuerpo y el control poblacional cobra forma de algoritmo; en tiempos de un proceso de softwerización  de prácticamente todos los aspectos de la vida- comunicaciones, relaciones sociales, movilidad, espacialidad, ocio, salud, educación, ¿democracia?- el control del software- por lo tanto de la información, de los datos, de la privacidad, de los comportamientos, tendencias- parece ser una cuestión esencial.

El no eslogan

Es sábado por la tarde y en un primer piso de algún lugar de Buenos Aires las y los piratas argentinos hacen su taller mensual Grog&Tor: un espacio abierto a la comunidad donde cualquiera puede ir con su dispositivo o computadora a aprender formas de encriptación de información y protección de comunicaciones.

Kaze, miembro del partido desde su fundación, dice: “Si tuviera que sintetizar, entre muchas cosas, una de las cuestiones fundamentales por las cuales luchamos es por la autonomía de la información de las personas. Hoy en día gran parte de Internet es un lugar donde uno cree que se  está mostrando al mundo para comunicarse mejor pero lo que está haciendo es regalarse a empresas que lucran con tus datos, venden tu privacidad, te identifican. No tenemos autonomía sobre nuestra información, sobre nuestra privacidad.  Por eso no es seguro Internet. Lo segundo es que la seguridad hay que pensarla como algo colectivo. Alguien puede subir una foto a una red social donde aparece otra persona y no sabe cuánto la está perjudicando porque no sabemos exactamente qué hacen con esa información, quién la ve, para qué la usan. Imaginate lo que pasó en los 70 con la tecnología y mecanismos que había en ese momento y lo que podría pasar ahora con todas estas herramientas de identificación”.

Hay un chiste en el que una pareja de ancianos está acostada en la cama mientras dos cámaras de seguridad los apuntan. El viejo dice: “Qué problema hay, si total nunca hacemos nada”.

Un pirata contesta: “Un trabajador no actúa igual si el jefe está presente. Quieras o no esa presencia modifica tu accionar. Uno no se mueve igual, no reacciona igual, si sabe que lo están mirando. Cuando esa observación se naturaliza o se vuelve parte de lo cotidiano ya ni uno mismo  percibe cómo se modifica su propio accionar. ¿Cuántas personas se preguntan cuántos asaltos, robos, asesinatos, evitaron las cámaras de seguridad? No tenemos idea y menos sabemos quién nos está mirando. Ese es el problema: el jefe está ahí, en todos lados. Y eso condiciona  la libertad, y no hablo de la libertad individual sino de la libertad colectiva.  Entonces: si no hay nada que ocultar, pienso que la mejor respuesta es a la inversa. Que no tengas nada que decir o mostrar no quiere decir que no tengas derecho a la libertad de expresión”.

Voto por consenso

Además de las Grog&Tor, el Partido realiza hackatones-encuentros para desarrollo de proyectos-, asambleas, tienen una lista de mails donde tratan temas y acciones a realizar y utilizan una plataforma (Loomio) para la toma decisiones. Se definen como una organización horizontal, sin representantes ni líderes, donde las decisiones se toman por consenso como mecanismo de democracia directa. “Tenemos una plataforma digital donde alguien hace una propuesta, hay un debate y luego se hace una votación. Hay diferentes formas de votar: puede ser a favor, puede ser a favor y además te comprometés a desarrollar esa idea o proyecto, o se puede votar en contra pero sin ser afectado por ese proyecto o decisión, y la opción más extrema es que estás totalmente en contra al punto que pone en juego tu continuidad en el Partido”, explica Faras.

Y concluye: “A diferencia del voto, que es un medio por el que se elige una alternativa entre varias, el consenso, en cambio, es un proceso que sintetiza la convergencia  de muchos elementos diversos juntos”. 

Otras actividades del Partido son las AKB (away from keybord, es decir, fuera del teclado), encuentros de camaradería pirata. Uno de ellos se realizó  un viernes por la noche y fue por un motivo especial: festejar la liberación de Chelsea Manning, la soldado estadounidense que filtró información clasificada del pentágono a Wikileaks.

En algún bar de Buenos Aires, alguien propone sacar una foto y todos posan cubriendo sus caras con carteles con el nombre de Chelsea.

En desarrollo

Entre cervezas, El Saico cuenta: “Me acerqué al Partido luego de algunas experiencias frustradas en agrupaciones de izquierda, pasé por varios lados y nunca me gustó la forma verticalista de tomar decisiones. Son muchas cosas que convergen como intereses comunes en el Partido Pirata, pero creo que el tema central a discutir hoy es la información. Es decir: la información es un elemento clave en esta época. Y la situación es de una asimetría enorme entre empresas y ciudadanos: ellos saben todo, qué nos gusta, qué no, pueden predecirnos, incluso saber nuestras orientaciones sexuales antes de que nosotros la sepamos. Vivimos en un panóptico total. Y han logrado cooptar el tiempo de trabajo como el de no-trabajo: si antes el trabajador se iba a la casa luego de una jornada laboral, hoy esa frontera está rota: en tu tiempo de ocio seguís trabajando para la máquina, alimentándola con fotos, datos, opiniones, megustas. El capitalismo es una máquina de fagocitar todo para volverlo mercancía. El hacker trata de reapropiarse de eso que había sido apropiado: contrarrestar la fagocitación en su propio juego”.

Continúa Saico: “Como dice Stallman, fundador de GNU-Linux, el Software Libre funciona como un veneno para ese ciclo: el capitalismo lo necesita pero al incorporarlo se destruye, lo obliga a modificarse. Porque no podés ir en contra del trabajo de años de comunidades enteras de hackers, necesitás incorporar ese trabajo, te obliga usar licencias abiertas y no poder usarlas con fines de lucro, aunque le busquen el vericueto. Frente a la dicotomía trabajo manual/trabajo intelectual el movimiento de Software Libre trata de destruir esa división socializando la propiedad intelectual. Si el poder de dominación proviene de quién controla la propiedad intelectual, liberémosla. Y al momento de liberarla, el software libre es cada vez más fuerte porque se mantiene libre, cualquiera puede usarlo, mejorarlo, potenciarlo: solo podemos seguir creciendo”.

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