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Shockeades: Susy Shock y las Postas Culturales

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Junto a Andrea Bazán y Caro Bonillo, comandó las Postas Sanitarias Culturales en los teatros oficiales cerrados y en MU. Tenía pactada una gira en Europa junto a su banda, pero debió quedarse y armó una productora. Tejió redes para sostener al círculo de diversidad que la rodea, asediado por el “quedate en casa”. Nominada a los Premios Gardel, habla de volver a la cuadra, al encuentro, al cuidado más acá de la OMS, y a hacer arte para imaginar un futuro distinto. Por María del Carmen Varela.

¿Dónde comenzar a buscar indicios de verdad y belleza? ¿Cómo prepararse para lo que está sucediendo? ¿Y para lo que viene? ¿De la punta de qué ovillo podemos tirar para iniciar entramados que le den color al imperio del gris? El arte es un señuelo, una guía, una señal que descubre el oráculo para un presente incierto y la herramienta eficaz y perdurable para construir futuro. 

Entonces, ¿qué dice el arte en medio de una pandemia? 

La calle es arte

Si bien desde el minuto cero de la cuarentena obligatoria hay acciones artísticas desde plataformas virtuales, traspasar la pantalla fue el desafío y la necesidad de que artistx y público volvieran al encuentro. Las Postas Sanitarias Culturales fueron una respuesta artística ante la falta de políticas oficiales que ya venía atravesando al sector y que se agudizó con la pandemia. Ante la parálisis impuesta, lxs artistxs siguieron en movimiento.

¿Qué es una Posta Sanitaria Cultural? Una irrupción artística en el espacio público. ¿Para qué? Si los teatros y espacios culturales deben estar cerrados, el arte sucede en la calle, con las medidas higiénicas y la distancia de los cuerpos indicadas por las autoridades encargadas de la salud. 

Las tres primeras Postas semanales tuvieron como escenarios las puertas cerradas de tres teatros oficiales: el Presidente Alvear, el San Martín y el Colón. Lectura de textos y manifiestos, canto, danza, y la artista Susy Shock, que leyó su poesía; la acción en el Teatro Colón contó con la actuación del dúo Ópera Queer, integrado por Fernando y Luis De Gyldenfeldt.; las actrices de la compañía Ver Llover y la bailarina Cecilia Gruner también participaron de las postas, que luego tomaron forma en el espacio cultural MU Trinchera Boutique –la casa de la cooperativa lavaca– con shows musicales en la voz y con el encanto de Susy Shock, los viernes por la tarde. 

A través de una gran vidriera, se levanta el telón metálico y aparece Susy acompañada por las músicas Caro Bonillo y Andrea Bazán, a cargo de las guitarras y coros. Una butaca ubicada estratégicamente frente a las artistas, se instala en la vereda, une espectadxr se sienta en ella y recibe el regalo de una canción: tango, milonga, chacarera, zamba y cumbia son los variados ritmos que envuelven este obsequio musical. Y a través del vidrio y por encima del barbijo, mirarse a los ojos. 

Los teatros y espacios culturales agrupados en ESCENA se sumaron a las postas culturales y los domingos por la tarde realizan actividades en las puertas de sus locales cerrados. Ya participaron Espacio FACE y Planta, en Parque Patricios, Mu Trinchera Boutique y Sala de Máquinas en Congreso; y Tribunales, El Piso y el Centro Cultural Macedonia, en Villa Crespo y Almagro. 

Susy es la posta

Susy es cantante, actriz, escritora, poeta y más. Le gusta definirse como artista trans sudaca y de género, colibrí. 

Es la chamana que arrojó caña al piso de mármol ajedrez de MU Trinchera Boutique y luego entonó una canción con su caja,  en una ceremonia intima al inaugurar el espacio de la Cooperativa lavaca en Congreso en agosto de 2017. La Poetisa que con sus libros Poemario transpirado, Relatos en canecalón, Hojarascas Crianzas relata la aspereza de un mundo al revés, pero también acaricia con su remanso de palabras. La que nos obsequia frases para pintar murales, hacer afiches o tatuarse en la piel: “No queremos ser más esta humanidad” y “Buena vida y poca vergüenza”, frase heredada de su abuela tucumana que ella llevada tatuada en su mano.  La Maestra a la que escuchamos cada vez que estamos desorientades. 

Susy tiene la Posta. 

Apenas levantado el telón metálico de MU y antes de arrancar con la primera canción dedicada a unx espectadorx, enfatiza la urgencia de volver a habitar la cuadra, el barrio, el pueblo, la ciudad y definió el desafío de esta época: “Hay que Re-crearnos”, dice. ¿Cómo se hace? “Bienvenida esta época porque es como volver a una fuente, como pensar que el teatro sólo está dentro del Teatro San Martín, pensar que la música solamente va a estar en la amplificación de un sonido, como pensar que la poesía va a estar en los libros, pero en realidad la humanidad estuvo antes que los libros, los teatros, antes que cualquiera de las tecnologías que después el arte necesitó para explayarse. Ha sido vital que el arte esté acompañando todas las épocas porque si no ya no tendríamos mundo. Si solo hubiesen mandado la ciencia, esta política burocrática y la lógica de los mercados, hoy llamado capitalismo –pero en su época siempre hubo distintos ismos que nos fueron relegando– sería ya un fracaso, no habría humanidad. Estamos al borde del colapso, si alguito nos queda claramente es porque está el arte soñando otra cosa, instando a una insatisfacción, proponiendo una emotividad que ya no me la está dando ninguno de estos patrones que nos guiaron, que deberían estar haciéndonos la vida más fácil, por no decir feliz”. 

Si hay algo que hemos escuchado y leído infinidad de veces desde que arrancó la cuarentena preventiva y obligatoria es el slogan “Quedate en casa”. Susy cuenta cómo le resuena esta consigna: “Es una época que instaló eufemismos, ‘casa’ es un eufemismo y más allá de discutir quién tiene casa o no, a las disidencias hablarles de casa es no conocernos, no conocer las realidades de donde venimos, la batalla primera y fundamental que tenemos que es con esa casa que nos expulsa y si no nos expulsa, es la que nos disciplina”. 

Lo primero que hizo fue preguntar a sus amigas. No para desoír el mandato de cuidarse, sino para cuestionar a quienes se imponían como capacitades para ese cuidado. “Ha sido un fracaso de nuestra democracia, claramente lo sostengo, que las fuerzas de seguridad sean las que tengan que estar en la calle ordenando esta época, con todo lo que eso significa porque es la demostración de algo no saldado, algo que todavía sigue con enormes lógicas de las épocas de dictadura. La calle infectada de policía era la primera alarma. Lo digo como trava, como artista, como cualquiera de los bordes que  transito. Era ponerme en peligro en lugar de resguardo. ¿Quiénes estaremos capacitades o no para pensar la época? ¿Dónde están les artistas? ¿Dónde están les filosofes? ¿Dónde están les intelectuales? No están siendo invitades a  pensar esta época y sobre todo a imaginar cuál es la salida, porque todo lo manda el mercado y todo lo manda la ciencia y todo lo manda una política burocrática que es la que nos trajo al fracaso”. 

La comunidad trans y travesti sabe de cuidados, de virus estigmatizantes y de organismos disciplinadores: “Ellos son los mismos que cuando estalló el VIH aprovecharon para disciplinar con enormes mentiras y no para cuidarnos sino para castigarnos, para encerrarnos y continuar su propia hegemonía y en ese punto, nosotras aprendimos a cuidarnos. Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su momento decía que no se podía tomar mate porque te contegiabas de VIH, nosotras aprendimos a tomar mate, aprendimos a no relegar el deseo y lo que podemos sentir por otra persona y lo que otra persona puede sentir por una. Esa estrategia la tenemos nosotras, nos la enseñaron nuestras madres, abuelas, tatarabuelas, que inventaron el deseo. Lo hicimos antes de la que la OMS  diga ‘¿sabés que me equivoqué?, el mate no contagia’, porque entre que lo tiró hasta que lo negó, hubo un enorme disciplinamiento, instaló un montón de miedo y desde esa ignorancia hizo mucho mal. Entonces ¿tengo que escuchar a la OMS, para quien hasta hace un año las travas éramos personas enfermas?  ¿Tengo que escucharlos para que me digan cómo me tengo que cuidar?”

Zoom o valijita

Al comienzo de la pandemia, Susy tuvo una ilusión: “Yo pensaba que iba a ser el fin de nuestra especie. Se termina todo y el planeta queda para las plantitas y los animales”. ¿Qué pasa con este mundo tal como lo venimos viviendo? “Este capitalismo está llegando a un proceso tan furioso, que en todo caso la pandemia desnuda la profunda desigualdad en la que nos  instaló. Como si estuviera rabioso, como el último grito del animal acorralado, que va a luchar hasta el final y ellos tienen todas las estrategias, todas las herramientas, todas las prácticas y no les importa quemarte el humedal, no les importa ir por el Amazonas, no les importa plantarnos una granja de chanchos para seguir jodiéndonos la vida, no les importan las nuevas señales de advertencia que el mismo mundo está dando. A punto del colapso, siguen haciendo oídos sordos”. 

Ya que parece que pese a esta pandemia, vamos a continuar como especie, ¿cómo seguimos? “Si vamos a durar, que duremos con lo bello que nos trajo hasta acá. Por eso vuelvo a rescatar el arte, no porque sea más elevado o superior que el resto pero sí es una  instancia que nos instala en otro lugar, es otra agenda. Si nos quedamos, si duramos, que duremos con lo más bello que tengamos para aportarle a esta época y a la que viene”.

¿Cómo se transita una pandemia siendo una artista autogestiva? “Yo pude porque estoy en red”, afirma Susy. Esa red implicó desde llamados telefónicos que le advertían “tengo permiso para circular, lo que necesites me avisás y voy a tu casa”, hasta compras colectivas de alimentos, armar la mesa con las verduras cosechadas en el jardín de una casa amiga  y repartir los frutos del limonero.  Y también está presente la “red de pensar”.  Desde esa red se armó la productora “Que otros sean lo normal”, generadora de contenidos audiovisuales. ¿Por qué nace esta productora en plena pandemia? Apenas comenzó  la cuarentena, Susy recibió catarata de pedidos de entrevistas y shows por streaming. “La demanda era que todo pase por el celularcito. Yo comprendo que ahora todo pasa por ahí, pero no deja de ser un conformismo”. Ante cada solicitud de su presencia virtual, Susy explica amorosamente: “Cuando voy a actuar, voy a un territorio y  voy con mi valijita también. Alguien se me acerca y me dice ¿tenés libros, discos? Yo los vendo y eso es para mi olla. Ahora el pedido de que estés es por streaming o Zoom, pero yo digo: no puedo ir con mi valijita, esta lógica de zoom a vos te la facilita pero a mí, me la complica. Eso se llama extractivismo. Entonces empezamos a generar contenido audiovisual porque me seguían pidiendo todo por celular y dije: les voy a dar algo bello. Hemos creado una cooperativa, entonces  hay directorxs, sonidistxs, iluminadorxs, productorxs. Esto no puede ser gratis. Te estás ahorrando llevarme, feria del libro de tal lado, fundación de tal lado, te ahorrás mi pasaje, mi estadía, pero querés mi contenido gratis, gastando yo la luz, el wifi, el celular”. 

 ¿Dónde se encuentra la belleza? Y en todo caso, ¿qué es la belleza? “Siempre estuvimos tratando de producir contenido bello, a veces lo logramos, a veces no, pero estamos con el intento de marcar esa diferencia hasta filosófica, te diría. Si cuando hablo del fracaso estoy pensando en un mundo feo, entonces tengo que proponer algo opuesto y lo opuesto es pensar que las tapas de nuestros libros y discos tienen que ser bellas, los arreglos que hacemos tienen que ser bellos, tocar tiene que ser un hecho de arte, de belleza, más allá del contenido que tenga porque también en nuestra disidencia nos burocratizamos bastante. Parece que lo importante es decir ‘patriarcado’ cada cinco renglones y en realidad hay que pensar menos e instalar una buena canción, un buen texto, una buena poesía, un buen hecho artístico y esa es una diferencia enorme. Yo soy distinta de este mundo que es horrible. Horrible es que haya pibes durmiendo en la calle. No hablo de lindura cuando hablo de belleza. Bello sería un mundo más equitativo, bello sería cuando ves a las travas riéndose y no pensando como llegan a pagar el alquiler en el medio de esta pandemia. El armado de la productora se aceleró en esta época de tanta demanda. No me conformo con el celular y quiero invitar a este mundo a que no se conforme con el celular”.

Gardel y la heterosexualidad

Traviarca –el disco de La Bandada de Colibríes, la banda musical en la que canta Susy– fue nominado como Mejor álbum conceptual en los Premios Gardel que se entregaron el viernes 18 de septiembre. “Quienes nominan son pares y a mi eso ya me ubicó en algo para celebrar”. El título –Traviarca– hace referencia a la travesti que por su sabiduría es respetada por su comunidad y rinde homenaje a la activista Lohana Berkins, fallecida en febrero de 2016. El disco hace un recorrido por distintos ritmos musicales: zamba, chacarera, milonga, candombe, chamamé, copla y vidala.  “Están bastante  llenos esta vez los casilleros de las nominaciones con autogestión, con disidencia y también tiene que ver con esto furioso que se empezó a instalar y que vino para quedarse que es: tomemos los lugares.  En el jurado de los Premios Gardel empezó a haber más mujeres, más disidencia, y eso ya le viene cambiando desde el año pasado la lógica de quienes son los nominados y los premiados porque siempre han sido varones. De hecho la última que ganó un Gardel de oro fue Mercedes Sosa hace veinte años y recién Marilina Bertoldi el año pasado”. La Bandada de Colibríes no vuela junta desde marzo. El año pasado realizaron una gira por Europa, que incluyó un recital en el Museo Reina Sofía, en Madrid, también en ciudades como Barcelona, Bilbao, Lyon en Francia y Belfast en Irlanda. En mayo hubiera arrancado la gira europea de este año, que se posterga, en principio, para el próximo. 

De adolescente Susy vio mucho cine, teatro y leyó infinidad de libros.  Se fue nutriendo de arte. ¿De qué se nutre ahora? “Al mundo adulto le sigo desconfiando y me interesa cada vez menos, en los últimos encuentros de disidencias yo decidí quedarme en la guardería, dije yo voy a cuidar a les pibxs en lugar de estar en las mesas de pensamiento y  querer cambiar el mundo. Me quedé y aprendí un montón, porque si vos no trabajás con tu niñe interior, ninguna crianza se queda cinco minutos con vos. Festejo esa naturalidad, la necesito, voy ahí para todo el tiempo estar más cerca de mi propia niña porque la única señal luminosa me la da la infancia”. ¿Qué hacemos lxs adultxs para no marchitarnos? “Es momento de absorber y no creerse que estamos en un punto acabado. Ser ese gerundio del que habla Marlene Wayar, ser un gerundio todo el tiempo, ir siendo. El mundo está tan emprobrecido, tan chato que no hay novedad. En la feria del libro del año pasado presentamos libros con Marlene y a una pregunta mi respuesta fue que la heterosexualidad no tiene más novedad, por eso nos invitan. Ya no tienen nada nuevo que contar y están mirando alrededor. Ah mirá, acá las travas están escribiendo, entonces nos dan un lugarcito. Nosotras nos damos cuenta, no somos tontas y sabemos aprovechar los lugares. Pero eso tiene más que ver, más allá de las pequeñas, grandes, mayores o menores luces que podemos tener nosotras y proponerle a este mundo, sabemos que el sistema que es la heterosexualidad ha fracasado”. Apagar la tele para ver la realidad. Así sería la táctica de Susy para conectar con el mundo. “No tengo que saber todos los detalles, estar con la radio o la tele prendidas, ¿cómo no voy a entender esta época? La mayoría está con miedo y no estoy hablando solamente de la pandemia. Nada más peligroso que la gente que tiene miedo. Más que por los diarios, me informo con la voz propia, de las amigas, de las hermanas y compañeras”. 

Volver a lo puro 

A los 14 años comenzó a estudiar teatro con el aliento de una maestra del colegio en el que su mamá trabajaba como portera. El teatro independiente fue su espacio de transformación y apostar a lo colectivo es una práctica que Susy realiza desde hace tiempo. Desde Casa Giribone, en 2001, en medio de un país en ruinas, se juntaba con otres artistas, organizaban varietés y formaron comunidad. Con los años siguieron otras construcciones grupales: Las Noches Bizarras, La Bandada de colibríes y distintos ciclos en varios centros culturales a los que Susy tiene la particularidad de concurrir en tribu. 

¿Cuál es la clave para ver más allá de este momento? “La próxima pandemia nos tiene que encontrar viviendo juntas, además compartir un alquiler es mucho más barato y podríamos tener la posibilidad de tener casas más grandes, con jardines. La romantización de la soledad que a veces tenemos las disidencias hay que discutirla porque no está bueno que estemos solas. Podemos un montón de cosas con otras y una palabra tan grande como comunidad que siempre decimos, escribimos, pregonamos, la tenemos que poner radicalmente en práctica. Es vital, yo no sé cuánto de mundo nos queda y cómo se van a presentar los desafíos para seguir sobreviviendo en la desigualdad. Hay gente que está viviendo en la ciudad sola y que tiene una o dos habitaciones vacías, ¿cómo es esto?”

El arte es ofrenda. Y así lo siente Susy cada vez que está frente al público. ¿Cómo es cantar mirando a los ojos a una sola persona? “Queda la mirada y eso es muy potente”. ¿Qué propone este momento de intimidad? “Yo quiero empezar algo nuevo desde ahí, hay una señal de reencuentro  que después si quieren lo escenografiamos, lo pintamos, lo tecnologizamos, le ponemos luces, amplificamos el sonido. Ahí hay algo re purito que para mí fue como un reencuentro y yo soy una artista que mira cuando está en el escenario, pero hay algo también que te lo va impidiendo, la distancia del escenario, la cantidad de gente. Celebro volver a ese punto, lo disfruto, me emociona y me conmueve”. El reencuentro de algo perdido, define Susy, algo que hay que cuidar con algo más que con alcohol en gel.  Y es ésta la oportunidad. “Mediatizamos muchas cosas, pusimos  demasiadas cosas entre una persona y la otra, demasiadas”. 

Se trata entonces de ir a lo primario. Este momento puede ser la posibilidad para que brote lo primordial: “Acá hay algo puro que a mí me iguala a quien estuvo hace cinco mil años atrás en una ronda, en un ritual para pedirle a los dioses que lloviera porque si no, no íbamos a comer, porque teníamos miedo a los dioses y los teníamos que alegrar, porque había que acompañar un nacimiento o el tránsito a una muerte. A mí eso no me tocó sentirlo porque cuando nacía esta época ya estaba tecnologizada, había algo ya desacralizado. Escuché una vez que un niñe es el mismo niñe de todas las épocas cada vez que descubre el fuego. No importa si vive en un edificio o en una zona rural, la primera vez que ve el fuego, ese niñe se parece al mismo niñe de todas las épocas. Me parece que hay algo de la mirada, de esa cercanía, de esa necesidad de decir con los ojos. Yo siento que soy la misma y el que está sentado ahí es el mismo y de repente somos todas las épocas y quizás lo más interesante es que somos también la época que viene. Quizás el fuego sea algo que todavía sigue siendo un misterio y nos sigue maravillando. El  misterio del fuego es único, es intransferible. Nos sostiene en todas las épocas, como la mirada”. 

En cada Posta, Susy deja picando la propuesta de ofrecer belleza para diferenciarnos de un mundo opaco y mezquino: “Esta es nuestra Posta. ¿Cuál es la tuya?”

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