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La mirada humedal

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Asamblea No a la entrega de la Costa Avellaneda-Quilmes. Una asamblea enfrenta gobiernos y empresas para cuidar un cordón natural que protege flora, fauna y vida humana. Se frenó un proyecto de Techint, pero siguen las amenazas inmobiliarias. La comparación con los humedales del Delta. El relleno de basura, la contaminación, las topadoras. La Ley que no avanza. Y cómo cambiar la mirada sobre lo cotidiano. Por Francisco Pandolfi.

Fotos: Sebastián Smok

«Si uno escucha desmonte, enseguida lo asocia con Chaco, con Salta, y no: pasa acá también, en Avellaneda”, arranca Néstor Saracho, verborrágico, porque hay mucho para contar. Es uno de los históricos integrantes de la Asamblea No a la Entrega de la Costa Avellaneda-Quilmes, que desde 2008 no se entrega a la lógica del extractivismo, la sospechosa inercia estatal y el negocio inmobiliario.

El paralelismo con el desmonte bien podría extenderse al bosque nativo, la reserva natural y el humedal, porque no hay que trasladarse al Delta del Paraná ni a Rosario: alcanza con viajar sólo quince minutos desde el Obelisco, tomar la autopista Buenos Aires-La Plata en dirección al sur y mirar hacia la izquierda. “Bienvenidos, zona de reserva natural, pulmón verde costero”, reza uno de los carteles en la zona de Bernal, a poco más de mil metros del Río de la Plata, el más ancho y, según el Foro Mundial para la Naturaleza, el tercero más contaminado del mundo.

Desde la avenida Caseros y la calle Espora como punto de partida, y luego de cruzar la autopista a la altura del kilómetro 17, nos adentramos en una caminata por el bosque en compañía de Leopoldo y Mauro Garay, dos de los activistas asamblearios. Cuando se ve, se respira y se pisa un humedal ya nada es igual. Toman otro cuerpo sus características, sus propiedades, sus beneficios: “Toda la costa ribereña de Buenos Aires es humedal y hay millones de interacciones entre flora y la fauna. Es una máquina biológica cumpliendo una función, no está porque sí”, dice Leopoldo.

Néstor cuenta sobre ese rol: “El humedal es la transición entre el margen costero y la ciudad; es el concepto de un ecosistema asociado al bosque nativo. Como beneficio ecológico, absorbe la contaminación del agua. Y actúa como un regulador de la temperatura, del calentamiento global; hace que no sea tan brusca. Un humedal no es lo mismo en el conurbano bonaerense que en el Delta o en Rosario; ahí los queman, acá los rellenan”, aclara Néstor.

“En verano hace menos calor y en invierno, menos frío. Todo humedal es una zona de tierra que tiene su valle de inundación, lo cual es un tesoro natural. No entiendo cómo están emperrados en producir hormigón y ponerlo en cualquier lado. Buscan que la rueda gire en una economía circular: generan consumo y con el descarte rellenan el humedal. Para ellos cierra la cuenta, pero nos estamos comprando un problemón”, vaticina Mauro. 

Engatusamientos

La asamblea está atravesando el año 15 de resistencia, desde aquel punto de inflexión que originó su creación: el mega emprendimiento inmobiliario Nueva Costa del Plata, que intentó construir la multinacional Techint dentro del humedal. La primera reunión fue en Wilde. Allí llegaron un puñado de vecinas y vecinos entre los que estaban Néstor y también Nieves Baldaccini, quien se convertiría en una referencia de esta y otras luchas ambientales. “Empezamos a hacer asambleas muy seguidas y a planificar estrategias para visibilizar lo que pasaba. Festivales, caminatas diurnas y nocturnas (lunares) por el bosque. Cuando comenzaron el desmonte, cortamos parcialmente la autopista Buenos Aires-La Plata y fuimos a reuniones en el Consejo Deliberante de Quilmes. Así, en 2012 logramos la medida cautelar, un amparo, que frenó el proyecto de Techint y aún sigue vigente”, rememora Néstor, y pide perdón por emocionarse. Con los ojos húmedos y brillosos, ahonda sobre la gesta que se sobrepuso al deseo gubernamental-empresarial: “Querían convencerte de que también iba a estar el campo de deportes de la UNDAV (Universidad Nacional de Avellaneda); te corren con esas cosas de progres, pero no es que solo nos oponemos a las mega torres de Techint… En el humedal no tenés que rellenar ni para hacer casas”. 

Tres lustros después, otro emprendimiento privado busca emplazarse en parte del humedal. Eso mismo denunció la asamblea el pasado 4 de septiembre, en la última caminata de difusión que se realizó abierta a la comunidad. A la noche de ese mismo día, Nieves Baldaccini pasaría a la eternidad luego de varios días internada y tras una vida dedicada a la militancia y a la docencia. Fundadora del colectivo, sigue concientizando, ahora desde las voces compañeras.

Romina vive en Quilmes y hace 7 años es parte de la asamblea: “No es fácil hablar de esta pérdida. Artista, escultora, escenógrafa, docente y educadora popular. Consecuente, concentrada y súper capaz en lo que se proponía. Y alguien que eligió luchar por causas justas para la comunidad. Desde su sencillez y humildad nos hizo abrir los ojos y la cabeza, transmitiendo solidariamente su sensibilidad y sentido de la vida”. Confiesa Néstor: “La partida de Nieves nos dejó huérfanos. Nos enseñó que había que discutir todo, asesorarse bien, no dejarse engatusar por argumentos progres”. Suma, notablemente emocionado: “Me acuerdo la primera vez que fui al humedal. Estaba ella explicando el mapa de la contaminación, las cualidades del humedal, el por qué defenderlo. Al escucharla entendí que había que hacer algo”.

De Techint al olor actual

En un parate de la caminata, desde la asamblea despliegan una lámina que denuncia el “mapa de la contaminación”, que también puede consultarse en su página web. Marcan donde Techint hubiera construido el proyecto Nueva Costa del Plata y señalan también donde ahora quieren edificar un nuevo Puerto Madero denominado Praderas del Plata, en el corredor ribereño de Quilmes. “Son los mismos desarrolladores. Se cambiaron de nombre porque no pudieron avanzar por el amparo. Además, lo aprobaron a espaldas de la población, sin publicar los estudios de impacto ambiental”, manifiesta Leopoldo, encima de un carril de asfalto rodeado de bosque. “Este camino lo hicieron en pandemia, a toda velocidad, sabiendo que estaba prohibido”, cuenta Mauro. Praderas del Plata se presenta como un “Desarrollo urbano paisajístico, a 8 minutos de Puerto Madero” y según las maquetas promete construir edificios lujosos, varias lagunas artificiales y diez canchas de tenis. ¿Por qué, pese a estar sobre un humedal, ninguna regulación impide la construcción? “Humedal es todo el ecosistema de la barranca de Buenos Aires hacia el Río de la Plata, desde el norte hasta el sur. Caemos en el problema de las falsas dicotomías, donde si no está declarado por ordenanza no existe. La realidad es que todo es humedal y que no lo protejan por ordenanzas es una decisión política, en este caso porque a la reserva natural la declaran como un territorio sobre la costa”. Sigue: “Si vamos a lo estrictamente legal, donde están construyendo no está dentro del OTBN (Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos), pero sí es un humedal destruido. Esto es el arrastre de políticas públicas que ningunean sistemáticamente la existencia de un recurso tan importante como el humedal”. 

En la caminata vemos las praderas, a lo lejos, porque el terreno ya está perimetrado. Lo que no figura en la venta del proyecto inmobiliario es lo que hay soterrado en la zona: “Le venden buzones a la gente, se aprovechan. En esas praderas funcionó el CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado); está enterrada la basura tapada con pastito”, comenta Leopoldo. Allí se acumularon residuos desde 1978 hasta 2004, año en que el reclamo vecinal logró cerrarlo. Se estima que permanecen bajo suelo 48 millones de toneladas de basura, que emanan más de 130 tipos de gases y jugos.

No es la única usina contaminante aledaña que denuncia la asamblea, como se publicó en el número 65 de MU, allá por mayo de 2013; hay cosas que parecen no cambiar con el paso del tiempo: la planta de quema de residuos patológicos Trieco; la planta de residuos de Curtiembres ACUBA, el Polo Petroquímico y la Termoeléctrica, ambos de Dock Sud; y la Papelera Smurfit Kappa. En el recorrido que dura algo más de tres horas, se siente olor a podrido en dos puntos bien notables. El olor impregna las fosas nasales como garras que no quieren desprenderse. A ambos sitios llegan los afluentes de la celulosa Smurfit Kappa. “Hay también un bypass que no lo vamos a encontrar porque lo hicieron escondido”, describe Leopoldo, que apura el paso para gambetear el “barandazo”, como nombra al aroma horripilante. A menos de 2 mil metros de donde vuelca sus desechos la pastera, se emplaza la toma de agua potabilizadora de AySA que abastece a 3 millones de personas en Quilmes, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, Esteban Echeverría, Almirante Brown y La Matanza. “Una tesis sobre el agua de la zona, publicada el año pasado, demuestra cómo la Cuenca de la Zona Sur, compuesta por una serie de arroyos que desaguan en el Río de la Plata, como el Sarandí, el Santo Domingo, Las Piedras, condensan un grado de contaminación igual al Matanza-Riachuelo. Esto significa que es una cuenca que también habría que tratar con un organismo análogo a Acumar”. 

Desierto

Este pulmón verde bien podría ser un mapa interactivo de algún juego estilo Counter Strike. “Constantemente tenemos el criterio de distorsión de altura; todo el tiempo caminamos por terraplenes que se alejan por lo menos tres metros del suelo original”. Es muy chocante ver cómo de repente el suelo se eleva tres, cuatro, cinco metros por obra y gracia de una serie de camiones volqueteros (en realidad, de quienes dan la orden) que vieron luz y entraron (léase falta de control, regulación, complicidad y algunos otros etcéteras). “¿Ven cómo cambió la altura? Esto también lo hicieron en la pandemia”, Mauro se pregunta y responde a sí mismo, dejando en claro que el “quedate en casa” no fue para todos…

“Este relleno, por ejemplo, es del club Don Bosco Rugby, que dice que hará un estacionamiento. Ya tiene su predio, construido a puro relleno del humedal y ahora sigue extendiéndose”, detalla Leopoldo, que completa: “Acá también vinieron a tirar los escombros de la construcción del Shopping Quilmes Plaza”. 

Los ojos no pueden entender lo que ven. La razón, tampoco. Decenas de árboles bajo toneladas de tierra, escombros y hasta un bloque enorme de lo que parece haber sido una casa, o un pedazo de edificio. Entre el gris ceniza, un curupí sepultado apenas se deja ver, como pidiendo ayuda, gritando con un par de ramas abiertas y el oxígeno que ya no queda. El resto de las especies yacen abajo, totalmente tapadas. En los montículos que ingresan empresas de manera clandestina también aparecen vigas enormes, botellas, plásticos varios, chapas, telgopor, goma espuma, vidrios, partes de autos.

Al lado, corre un arroyo casi inerte. En realidad, como mucho, camina cansinamente. “Fijate cómo estamos tapándolo –apunta Leopoldo con el dedo–. Está corriendo el agua pero cada vez menos. Ahí desagota la papelera. El impacto en el suelo es irreversible. Esto es un crimen ambiental que debería ser penado por la Justicia Penal como si le hubieran hecho algo a un ser humano… que en realidad nos lo hacen, pero los responsables de esto nunca dan la cara. Están creando el desierto”.

La costa ribereña de Avellaneda-Quilmes del Río de la Plata abarca 5 kilómetros de largo, desde la desembocadura del Canal Santo Domingo (Avellaneda) hasta la Calle Espora (Quilmes). La parte correspondiente a Quilmes fue declarada Reserva Municipal, por lo cual “está protegida” por la Ley Nacional 26.331 de Bosques Nativos y por la ordenanza municipal 9348/02. Sin embargo, ni en lo resguardado legalmente se cumple la protección. “Acá no hubo ni hay guardaparque, lo que representa cómo desconocieron la ordenanza todos los gobiernos: La invisibilizaron el ‘Barba’ Gutiérrez, Martiniano Molina y Mayra Mendoza”, sentencia Leopoldo. No es la excepción. Complementa Néstor: “Previo a que Techint intentara instalarse en Avellaneda, el Consejo Deliberante votó una ordenanza que le daba vía libre a cualquier tipo de construcción. Del lado de Quilmes hay una ordenanza de reserva natural, pero no hay plan de manejo, entonces cuando hay una obra en zonas aledañas los camiones dejan sus escombros y rellenan el humedal. Por fuera de la medida cautelar, nose ve nada que hagan los municipios de Avellaneda y Quilmes y el gobierno provincial para resguardar el humedal”. 

Agrega Romina: “Desde la última dictadura militar se interviene el humedal con una lógica de colonización y cambio de uso de suelo con el objetivo de una urbanización desmedida que tiene sus precedentes en todo el mundo. Se avanza ciegamente siguiendo con los mismos planes gobierne quien gobierne. Nunca atendieron nuestro reclamo ni pedidos de audiencias. En campaña, le expresamos la preocupación a la intendenta actual Mayra Mendoza y a su concejala Cecilia Soler. Su respuesta fue con evasivas, un ‘comuníquense por Instagram, no leo los mails’, y promesas de reunión que nunca existieron”. 

Leopoldo verbaliza, mientras caminamos por un sector resiliente lleno de árboles, donde en 2016 la gestión de Martiano Molina arrasó todo lo que encontró en uno de los tantos desmontes: “Acá pasaron la topadora y tiraron un montón de árboles añosos. En esta zona todos los gobiernos siempre jugaron sucio, es una cuestión estructural, hegemónica, de decisión internacional de cómo tiene que modernizarse Sudamérica”. 

El modelo de la no-ley

Pisar este humedal es pisar tierra firme, aunque si se hace presión hacia abajo no se siente del todo sólido. “Es como una esponja en el pie, el suelo se mueve todo el tiempo”, grafica Leopoldo, ante la escucha atenta de Mauro, que lleva una mochila cargada de herramientas que pueden servir en esta diversidad de ecosistemas: “Acá tenemos varios ambientes. Uno puede pensar que es todo lo mismo y no. Hay bosque seco, bosques más bajos, humedal, juncal, matorral ribereño; adelante de todo hay lugares más cerrados como la selva marginal, ligado a la selva paranaense de Misiones. Tenemos una riqueza que no valoramos, un río que trae información de todos lados. Imaginate si estuviera cuidado: sería grandioso”.

Sin embargo, hasta el cierre de esta edición seguía dilatándose el tratamiento del proyecto de ley de presupuestos mínimos de conservación ambiental para el uso racional y sustentable de los humedales. No sorprende. La primera media sanción de un proyecto de ley de humedales se obtuvo en 2013, pero no se avanzó. Hoy la iniciativa cuenta con el consenso de más de 500 organizaciones ambientales del país, así como el respaldo de más de 1.800 investigadores y científicos que exigieron su debate urgente. ¿Por qué no sale ley? Néstor: “Porque los legisladores no legislan para el pueblo. Esa es la trampa. Hay que cuestionarse el modo de representatividad”. Romina: “Por la especulación política-empresarial a favor del interés del poder económico dominante. Esta dilación sirve para que sigan destruyendo los humedales, quemando, rellenando, desmontando o explotando para la megaminería, hasta desaparecerlos”. Mauro: “Porque hay un modelo que no se toca durante ningún gobierno que son los agronegocios. Ese modelo avanza sobre los humedales, los bosques nativos, la ganadería hasta imponer el feed lot, así como la agricultura tecnológica. Eso ha vaciado los campos y amontonado a la gente en los conurbanos de las grandes ciudades. Se afianzó con el kirchnerismo, siguió con el macrismo y continúa ahora”. Néstor, Romina, Mauro y Leopoldo coinciden en un aspecto central: “Que sea ley el proyecto 75-D-/2022, consensuado por todas las organizaciones, que contempla la protección ambiental para la preservación, restauración y uso racional y sostenible de los humedales”.

Parte del mapa de Avellaneda-Quilmes armado por la asamblea, que ilustra la costa de uno de los ríos más contaminados del mundo. Negocios densos amenazan lo que queda de naturaleza, mientras contaminaciones de otra clase frenan la Ley de Humedales.

Ser bosque

La Asamblea No a la Entrega de la Costa Avellaneda-Quilmes se asemeja al hábitat que protege. Se mimetiza. Un ambiente que ha sufrido y sufre continuamente desmontes, rellenos, apropiación de espacios públicos, residuos, y que sin embargo revive, se reconstruye, se transforma.

Más de cien especies de aves demuestran la vida que todavía late, pese a todo. Zorzales, benteveos, garzas, cigüeñas americanas; gaviotas, tacuaritas, espineros; también las hay rapaces, como los búhos y las lechuzas. Y otros animales que los miran desde la tierra y desde el agua, como los lagartos overos, las tortugas, los caballos, los cuises, las culebras. Relucientes árboles nativos erguidos, fabricando oxígeno. En la asamblea explican que “el ceibo, el tala, el curupí y el sauce crecen en conjunto y arman el bosquecito, es hermoso”. Bien podría ser una analogía para describirse a sí mismo, como colectivo que no ha frenado en casi 15 años de lucha. 

Pese a los embates externos e internos, como la reciente partida de Nieves, o como un accidente que también marcó el devenir asambleario. El 3 de marzo de 2018, tras finalizar una de las caminatas lunares, Néstor Saracho, junto a su hijo Tobías, su mamá Elba y su amiga Gladys, regresaban por la calle Espora, la única con llegada al río y sin alumbrado público en aquel entonces. Un conductor en estado de ebriedad atropelló a Néstor y a Gladys. Ella murió. Y a Néstor, que estuvo seis meses internado, debieron amputarle la pierna izquierda para salvarle la vida. 

Como el humedal, resiliente, Néstor sigue traccionando causas desde cada espacio que integra, como la asamblea, la cooperativa   editorial Muchas Nueces, un bachillerato popular. “Nadie me puede discutir que dejé parte de mi accesibilidad motriz para defender al humedal”, asume en lo individual, y rápido pasa a lo colectivo y a lo propositivo, partes constitutivas de su esencia militante: “La palabra interseccionalidad, que la pusieron de moda los feminismos, hay que trasladarla a todo, incluido a lo ambiental. Porque sí, es importante cortar la autopista para que Techint no avance con su proyecto, pero también lo es separar residuos; es importante estar en la causa más noble o en la vanguardia más impresionante, pero tenés que hacerlo tratando bien a quienes te acompañan”. 

Termina esta crónica y Néstor sigue proponiendo ideas, dando batalla en la trinchera, como siempre hizo Nieves, como sigue haciendo la Asamblea No a la Entrega de la Costa Avellaneda-Quilmes: “Hay que hablar de la hegemonía ambiental, porque el progreso es una forma de hegemonía. Hay que deconstruir ese discurso. Cortemos la ruta si es necesario, pero también brotemos semillas de palta y separemos la basura. Unir la acción y la palabra en lo cotidiano. Deshomogeneizar las pequeñas cosas y relacionarlo todo: eso es hoy lo verdaderamente revolucionario”.

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