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Algo habrá hecho: Mauricio Castillo, otro “suicidado” en una comisaría

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Mauricio Castillo (41) fue a comprar facturas para desayunar, lo detuvieron confundiéndolo con otro, y su cuerpo apareció colgado en una comisaría que funcionó como centro clandestino en dictadura. La fiscal habló de sucidio. La familia plantea que lo mató la policía. El antecedente de Luciano Arruga. Las estadísticas de supuestos ahorcados. La historia kafkiana y las hermanas convertidas en investigadoras: “Queremos la verdad”.  

Texto: Lucas Pedulla

“Con dolor viene la fuerza. 16/04/23”.

El tatuaje que Noelia Castillo se hizo en la zona intercostal tiene una fecha precisa. Se acomoda en la silla de su casa en el barrio Santos Vega, en Lomas del Mirador, partido bonaerense de La Matanza, y desde el mismo territorio donde vivió un joven que se llamó Luciano Arruga, esta trabajadora de casas particulares convida un mate mirando a los ojos. Explica la fecha: ese día detuvieron a su hermano Mauricio y su cuerpo apareció muerto en una comisaría.

Noelia tiene 26 años, es parte de una familia donde son seis hermanas -ala ronda se suma Yamila, una de ellas- y “quedaron dos hermanos”. 

Cuentan que a Mauricio le decían “Yayi” o Mauro, que le encantaba cocinar, que era  plomero cloaquista, que hacía changas en las casas de los vecinos, que “era súper solidario con el barrio”, que los fines de semana sacaba su parrilla y hacía pata de muslo y asado, con fritas y rusa, que escuchaba desde guaracha a Callejeros, que amaba a su hijo. 

“Para mí, no se suicidó”, dice Noelia, mirando a los ojos, mientras convida otro mate, y empieza a contar por qué.

Algo habrá hecho: Mauricio Castillo, otro “suicidado” en una comisaría
Noelia y Yamila, dos de las hermanas de Mauricio, con una bandera que reclama justicia y deja en claro: “Él no se mató, la policía lo mató”. Ellas reconstruyeron el caso. Fotos: Sebastián Smok

En primera persona

Noelia y su relato: “Mi hermano se levanta a las 9:30 de la mañana del domingo 16 de abril y sale a comprar facturas. Había estado tomando unos mates con su pareja. La mujer tiene dos nenas que viven acá al fondo, cerca de la panadería donde iba a comprar, y él avisa que va a comprar para que desayunen las nenas. Ella le da 2.000 pesos. Yo hasta escucho que dice ‘Buen día, chicos’, y pienso: ‘Bueno, ya se levantó Yayi”.  

“Después de las 10 de la mañana me llama mi cuñada diciéndome que lo habían detenido a Mauro. Le avisó un vecino. Me levanto, ya lo habían cargado en la camioneta, lo golpearon en la vía pública. Eran las 10:30 pasadas. Voy corriendo al destacamento, sobre avenida San Martín. Llego y llega el móvil. Estaba él. Le pregunto qué había pasado: ‘Negra, me fui a comprar facturas para desayunar’, me dice. ‘Fijate que me están confundiendo por la campera. Andá tranquila que voy a estar un par de horas’”.

“Quedate tranquilo que averiguo, le digo. Le pregunto al policía que estaba ahí parado qué había pasado. Me dice: ‘¿Vos sos la hermana del detenido? Está el damnificado ahí adentro diciendo que tenía una campera similar al que le habían robado’. Lo que había pasado es que tres delincuentes le habían intentado robar a un chico que vive acá a dos cuadras. Cuando lo miro, yo conocía a la mamá. La tengo en el WhatsApp porque vende mieles, jarabes, y yo le compraba para mi nena. ‘Fijate si vas a hacer la denuncia porque te estás confundiendo, mi hermano es inocente’. Me dice: ‘A mi hijo me lo cagaron a palos’. Y yo le decía: mi hermano no fue”. 

“Me vengo al barrio a buscar a quienes habían sido. Salgo a buscarlos. Saco fotos, escribo los nombres y vuelvo al destacamento. ‘Ya sé quiénes fueron’, les digo, y me dicen: ‘Bueno, traelos’. ¡Pero llevame en un móvil y te lo traigo! Y me dicen que no, que no pueden tomar la denuncia. Una hermana me manda diciendo que se estaba fugando uno. ‘Llevame con el móvil’, les digo. Mi cuñada también, denunció a los tres. No nos dieron bola.  

En todo este trayecto se hicieron las 2. Lo llevaron al Cuerpo Médico del Hospital Paroissien, y de ahí a la Comisaría en Tapalqué y Quintana. Estoy en muchos grupos de WhatsApp del barrio y les digo: ‘Gente, quiero hacer una marcha en Ruta 3’. La iba a hacer a las 6 de la tarde. A las 4, la madre del chico me avisa que necesitaba hablar conmigo. A las 4:15 me encuentro con ella. Me dice: ‘Quedate tranquila, lo van a largar porque nosotros no dijimos que fue tu hermano. Nosotros denunciamos un intento de robo. La que nos tomó los datos dijo que pongamos que nos robó el celular, pero no le robaron nada. Y tu hermano tenía la campera similar’. Supuestamente, no lo denunció”.

“Yo me quedo con eso. Bueno, en un par de horas lo largan, pienso. Entonces aviso al grupo que no se hace la marcha porque la mujer no lo denunció, mañana lo largan. Estábamos todos con que el lunes lo largaban. Nos vinimos a casa. Mi cuñada se pone a cocinarle un guiso. Le lleva la comida, una muda de ropa y dos paquetes de cigarrillos. La muda no se la dejaron ingresar, le agarraron la comida y los cigarrillos. Eran las 7, 7:10 de la tarde. Ella se vuelve. Yo me dormí porque estaba re cansada. Me levanto y ceno. Estaba saliendo de la pieza y la oficial llama a mi cuñada y le dice: ‘Necesitamos que se presente la familia de Castillo con suma urgencia’. Eran las 11:18. Nos presentamos todos, mi cuñada fue en la moto desesperada. Lo que menos imaginamos es lo que había pasado”.

“Llegamos a la comisaría y había un ballenato de policías. Lleno. Todo rodeado. Mi cuñada a los gritos, yo preguntando, la fiscal de homicidios Karina Licalzi adentro. Le preguntamos qué había pasado. Ella dice: ‘Se suicidó’.

¿Cómo se suicidó? ‘Se ahorcó’, nos dice. Y nos dijo: ‘Con su campera’. 

Entramos en un estado de shock.

Le digo que quería ver la celda: ‘No vas a ver nada’, me dice. Le pido la dirección donde está mi hermano. Me dice: ‘Tu hermano está en la morgue de Lomas de Zamora’. O sea, el cuerpo ya no estaba ahí. Fuimos los últimos en enterarnos. En eso veo al comisario que tiene toda la ropa de él. Lo llevaron desnudo. Le pregunto porqué. Me dice: ‘Porque la nueva morgue no acepta cuerpos vestidos’. Primera vez que escucho eso.

También nos enteramos que la fiscal que lleva la causa del robo (Andrea Palin, de la UFI N°9) no sabía nada de que ya sabíamos quiénes eran los delincuentes. Nunca le avisaron nada. Y la llamaron 6:54 de la tarde diciéndole que estaba fallecido cuando mi cuñada le llevó la comida a las 7:10. ¿Entendés? Mi hermano ya estaba muerto”.

Balazos a la familia

Al día siguiente la familia encabezó una marcha al destacamento, cortando la avenida San Martín. Estaba todo el barrio. “Nos empezaron a tirar con balas de goma”, recuerda Noelia, secuencia que quedó capturada en las imágenes en vivo de Crónica TV. “De ahí nos fuimos a la comisaría en Quintana, después a la General Paz, para que alguien nos diera una explicación de algo. Nadie se acercó a hablar con nosotros”. También se viralizó en redes el momento en que la policía arrastra y detiene a un joven en una estación de servicio. “La fiscal Licalzi quería entregar el cuerpo de mi hermano: que lo enterremos y ya está. Yo decía que no porque hacía tres días se había suicidado un chico acá en el barrio. Con mi hermano fuimos a la casa, somos todos vecinos, y él mismo decía: ‘Destrozó una familia, sus hijos’. Él tiene un nene de 6 años que amaba con locura, más las hijas de su señora que le dicen papá, que lo aman. No creo que se haya suicidado y todavía no creo que pasó lo que pasó. ¿Vos viste la foto?”.

Noelia busca en su celular una imagen, explica por qué: “El lunes de las protestas viene Crónica tipo 8 de la noche a hacerme una nota en Ruta 3 y Avellaneda, y me muestra la foto del cuerpo ahorcado en la celda. Ya la tenían a las 4 de la tarde. No entendíamos nada. Quedé helada. Esa foto salió de la comisaría. No tenemos noción de dónde. Pedí que me pasaran la foto real, porque estaba tapada la cara. Acá está”. 

Noelia muestra.

Cerramos los ojos.

Ella dice: “Mi hermano medía 1 metro 85. Está ahorcado con su campera en un barral de 1 metro 10”.

Memoria Arruga

La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) contabilizó al menos 215 personas muertas en comisarías entre 2012 y 2022: “Un promedio de 20 por año”, subraya. El 97% son varones. En 2022, el promedio de edad fue de 41 años, como tenía Mauricio. Y precisa que la principal causa de muerte (38%) es el ahorcamiento: “La cantidad de muertes por presunto ahorcamiento marcó un incremento significativo en el último año”. Hay un 33% de los casos donde se desconoce la causa porque no fueron informadas.

“La comisaría no estaba habilitada para alojar detenidos”, dice el abogado Gabriel González Craham, que acompaña a la familia de Castillo. La dependencia es la Comisaría Matanza Oeste 4, ubicada en Tapalqué y Quintana, de Lomas del Mirador, pero es conocida como la Comisaría Octava. En dictadura, allí funcionó el Centro Clandestino de Detención conocido como “El Sheraton”, y una señalización así se lo recuerda al barrio. Hay otro dato escrito en calles y paredes: la misma comisaría y el mismo destacamento que intervinieron en la muerte de Mauricio, son las que protagonizaron la desaparición y muerte de Luciano Arruga en 2009, el joven de 16 años que se negó a robar para la Bonaerense. 

Luciano estuvo 5 años y 8 meses desaparecido, y la familia denunció la participación policial y judicial (hay dos fiscales y un juez con pedido de juicio político) y el encubrimiento político en el caso. Luciano había sido enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita tras morir atropellado intentando cruzar la General Paz por un acceso por el que era imposible cruzar. Un testigo declaró que vio una camioneta de la Bonaerense sobre la colectora, y la familia nunca dejó de denunciar la participación de los policías de ambas dependencias, con testigos que dicen haber visto cómo los efectivos le pegaban a Luciano.

En 2011, su familia logró cerrar el destacamento al probar que el joven había sido torturado allí en 2008 (el policía Julio Diego Torales fue condenado a 10 años de prisión) y convirtieron ese sitio en el Espacio Cultural y Social Luciano Arruga. El lugar era en realidad un chalet que había sido abierto por los pedidos de más seguridad y de mano dura de algunos vecinos de la zona. Sin embargo, el destacamento sólo fue trasladado de lugar, al predio de Monte Dorrego, el mismo desde donde dispararon con balas de goma a los familiares y vecinos de Castillo.

La familia de Luciano sacó un comunicado: “Las similitudes entre el crimen estatal de Mauricio y lo que sucedió a Luciano, tanto en 2008, cuando lo torturaron, y en 2009, cuando lo mataron y desaparecieron, son muchas. A Castillo lo detuvieron policías del destacamento de Lomas del Mirador, en el que encerraron ilegalmente a Luciano. ¿Pero no lo habían cerrado? Fue lo que prometió el Estado, Espinoza, Scioli. Pero no. Lo trasladaron cerquita nomás, en la Santos Vega, para que a los pobres no se les olvide para qué está la yuta. Y a 40 años del regreso de la democracia, no descartemos las ironías estatales de siempre: el destacamento de Lomas del Mirador depende de la Comisaría Octava, donde encerraron y mataron a Mauricio, donde funcionó el Centro Clandestino de Detención Sheraton. ¿Funcionó? ¿Es correcto hablar en pasado cuando a represión estatal, a desapariciones, secuestros, torturas y asesinatos nos referimos? Hay otros puntos de encuentro entre ambos asesinatos policiales. Por ejemplo, esa increíble tendencia de los morochos villeros de coquetear con el suicidio apenas se cruzan con un rati. Luciano, cruzando por la vía rápida de la General Paz. Mauricio, transformando una mañana tranquila donde iba a comprar facturas contento de volver a su familia en preludio de decidir quitarse la vida. Y algo más: siempre, todo el tiempo, cuando la sociedad pide seguridad y aparecen ciertos personajes pululando por los medios, las balas van para el mismo lado. Y van de un modo efectivo y aleccionador: también las recibieron los vecinos, vecinas y familiares de Mauricio, cuando reclamaron ayer y hoy”.

Hipótesis kafka 

Los cuatro policías que estuvieron el 16 de abril en la comisaría (Clarisa Almada, Vicente De Rito, Emanuel Melgarejo y Gonzalo Pinasco) no fueron desafectados. “Siguen en funciones, pero en Virrey del Pino”, precisa el abogado González Craham. La justicia secuestró sus celulares para peritarlos. La Auditoría General de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad bonaerense abrió un expediente. También abrieron una causa en la Ayudantía Fiscal de Delitos de Gravedad Institucional de La Matanza, donde la familia pedirá ser parte del expediente.

El abogado detalla más irregularidades: “El informe preliminar de la autopsia detecta una lesión curiosa en la zona occipital del cráneo que dice que es postmorten”. Off the record la explicación policial fue que el móvil que llevaba el cuerpo hasta la Morgue Judicial de Lomas de Zamora agarró una loma de burro sobre el camino y la cabeza de Mauricio impactó contra la camilla. “Si fuera así, el borde de la camilla tiene que dejar una lesión lineal. Si fuera filoso, habría penetración, pero sería en línea recta. Acá parece que le hubieran dado con un fierro”. La herida es de un agujero en la cabeza. “Dicen que es posmorten porque no es una lesión vital, que te pueda matar. Pero puede ser premorten”. La familia exige una reautopsia con un perito que les aportó la secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Sobre los testigos: “La testigo de este procedimiento es una mujer de Cañuelas. ¿Fue casualidad que justo estaba a la noche caminando por San Justo? Luego, la testigo del ingreso a la comisaría, era otra mujer de Temperley. Es raro, pero es un típico accionar de la policía”.

Los oficiales consignan que a Mauricio le practicaron reanimación cardiopulmonar (RCP): “¿Pero cómo le hacés RCP estado colgado? ¿O lo volvieron a colgar del barral después? También hay inconsistencias en los horarios, porque en las actas ponen 18:55, pero la fiscal Palín dice que fue antes. Es grave, porque si es antes además estamos hablando de encubrimiento”.

La gendarmería llegó a la comisaría a las 21. Poco después llegó la fiscal Licalzi. Como decía Noelia, a la familia le avisaron casi a la medianoche. El abogado González Craham piensa: “¿Leíste El proceso de Kafka? Todo lo que ahí pasa, si lo tomo separado, puede ser racional, pero en su conjunto no lo es. ¿Puede una persona suicidarse en un barral? Sí. ¿En una comisaría con un calabozo inhabilitado? Sí. ¿Que además había sido golpeado? También. ¿Cuando hubo un error en su detención? Puede. ¿Y que justo los policías se retiraran a un operativo? Sí. Pero toda la secuencia junta es inverosímil. Y muy burda”.

En Santos Vega, Noelia convida otro mate. Yamila dice que hay grupos de oración en el barrio. “Para que salga todo rápido”. A Noelia le brotan preguntas: “Si a él lo levantan con golpes de acá, ¿cómo no tiene ningún golpe cuando lo veo? ¿Qué es eso del golpe postmortem en la cabeza por una loma de burro yendo a 40? ¿Cómo sacaron esa foto que llegó a Crónica? ¿Le hicieron reanimación y después lo colgaron para sacarle la foto? ¿O fue al revés?¿Por qué la fiscal no esperó que un familiar lo viera? ¿Por qué se llevaron el cuerpo desnudo? ¿Por qué nos llamaron a las 11 si se habían enterado 6:54? Fueron cinco horas donde armaron todo. Es suficiente para gente que tiene esa chapa. No cierra nada”.

Por eso Noelia dice que no va a detenerse hasta saber qué pasó: “Queremos la verdad, sea la que sea, porque va a doler igual. Ya duele no haberlo despedido, saber que no va a ser como queríamos. Pero queremos la verdad. Y si la verdad es como nosotros decimos, entonces se va a hacer justicia. Y hasta el final no vamos a parar”. 

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