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Modo Ekeka: María Galindo con MU

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La activista, artista, pensadora y fundadora del colectivo Mujeres Creando de Bolivia compartió sus experiencias e ideas en un encuentro en MU junto a jubiladas, familiares de víctimas de femicidios, artistas y periodistas. Del posprogresismo al fascismo actual, cómo construir un “algo más” que no sea solo resistencia. La lección de los jubilados acá y en Bolivia. El fin del paradigma de los derechos y la hora de disputar por las utopías. 

Modo Ekeka: María Galindo con MU

El encuentro comenzó con la  presentación de la anfitriona, Claudia Acuña, fundadora de la Coopereativa lavaca: “Necesitamos pensar; pero yo no confío en pensar con cualquiera. La única persona con la que confío 100×100, como un faro y una luz, es María. Hace muchos años, no es de ahora. Todo lo que hacemos –lo poco bueno que hacemos– está inspirado en Mujeres Creando, sus métodos: tienen herramientas, una práctica concreta. No es solo teoría ni solo práctica, es muchas cosas más; no es solo política y no es solo arte. Así que cuando otra organización trae a María, digo: por favor, aunque sea un ratito, que pueda estar aquí para ayudarnos a pensar este presente. Sé además que Bolivia está en un proceso de nuevo gobierno. Pero también –y voy a decirlo claro– es un proceso que ha destruido a los progresismos como opción. Y el gran tema ahora es que tenemos una gran oportunidad: o construimos algo, o se restaura “el mal menor”, como quien dice. A nosotras nos interesa este foco: es una oportunidad y está en nuestras manos; nos toca a nosotras. Tenemos compañeras súper preparadas acá y te escuchamos con mucho cariño y atención”.

¿Con qué rima revolución?

María tomó la palabra. “Gracias, agradecimiento infinito. Yo vengo a MU como quien viene a su casa; para mí es una sensación totalmente así, además queda parqueada en el tiempo: es como si ayer hubiera estado aquí, aunque haya pasad un tiempo.

Lo primero que quiero decir es todo mi respeto –ya no sé si decir al pueblo, a la Argentina, a los movimientos, a les/los/las locos– no sé a quién, pero ustedes han  hecho much por triturar a Milei en poco tiempo. No sé cómo lo han hecho. Claudia me decía: ‘es de cada día’. Sé que eso es muy duro. Pero, ¿qué estamos triturando? ¿Estamos desgastando su figura, su cinismo? Nosotras  en Bolivia hacemos un desgaste cotidiano y al día siguiente ese tejido se regenera. No lo sé.

Con esa provocación quiero presentarles los juguetes que traigo. Este es una obra de Danitza Luna: es una Ekeka. El Ekeko es un dios de la abundancia para la zona andina; generalmente –por supuesto, y no me extraña– es un hombre, y la idea es que el Ekeko es el portador del bienestar. Nosotras, hace muchos años, producimos Ekekas, impugnando esa lógica de que el portador del bienestar sea el hombre.

El Ekeko –o la Ekeka– suele ser “portador de bienestar” porque está lleno de objetos: carro, casa, zapatos, instrumentos de música. La Ekeka de este año, cuando se quemaron 14 millones de hectáreas en Bolivia debido al súper Estado sojero –que está aprendiendo de la Argentina y del Paraguay y se está articulando–, la pensamos así: el bienestar verdadero es la naturaleza, los ríos, los animales y los bosques. Le dedicamos esta Ekeka. Pensábamos: la gente dirá “qué bonito, pero qué fuera de foco está”. Y todo el mundo lo entendió: habíamos traducido un sentimiento popular en un objeto de yeso.

Esto es interesante: la operación política de interpretar, simbolizar y construir algo que puedes tocar y mirar, para que nuestra fuerza de corroer y destruir este cinismo que vivimos no sea simplemente resistencia. Y ojo: ‘simplemente’ no es poco, por favor, en ningún caso quiero subestimar nada; vengo con muchísimo respeto. Pero no podemos mirar solo ese límite. Hay algo más detrás de la cortina policial, mediática, del escenario formal. Ese ‘algo más’ tenemos que construirlo, reconstruirlo, destruirlo. De eso quiero compartir, amparada en esta Ekeka que se va a quedar en MU –y les voy a pedir que le inviten vinito, cerveza, que le hablen, que le pidan deseos, porque la Ekeka cumple.

Les he traído también un pedacito conceptual de la performance que estamos presentando (muestra cantidad de cintas de muchos colores que pueden usarse como muñequeras) con frases que dicen así:

La revolución no es nunca perfecta.

La revolución no es un martirio.

La revolución está siempre incompleta.

La revolución no es lo que no se puede criticar.

La revolución rima con ilusión.

Nos prefieren adictos antes que revolucionarios.

Hacer la revolución es el más prohibido de los deseos.

La revolución es negra, mujer, inmigrante; también es marica; no es propietaria.

Se los dejo de regalito”.

Sobre Derechos y utopías

Continúa María a un salto crucial de su charla: “Ustedes dirán: ‘Qué desenfocada esta tipa, estamos luchando no ya contra un neoliberalismo y un ajuste estructural de los 80 y 90, sino contra una ofensiva que va más allá, y tú vienes con unas frasecitas sobre la revolución’. Tiene que ver con much de lo que estoy trabajando, y me gustaría compartir con ustedes. 

Con todo respeto, creo que el paradigma de derechos se acabó. ¿Cuándo lo vamos a entender? Nos quieren quitar derechos que nos dieron, que nos ganamos o arrebatamos. Entiendo la angustia frente a esas cuestiones que nos lleva a pedir aumento de jubilaciones, a no perder el derecho A, B o C. Lo entiendo totalmente. Pero creo que el espacio de reclamo de ‘recuperar lo que perdimos’ es un espacio ya calculado por esta coyuntura. Hay que ir por fuera, más allá: detrás de la barrera de la policía, del Congreso, de ese marco; incluso detrás de la barrera de la democracia y el voto.

¿Y a dónde mierda queremos ir?

Creo que tenemos que disputar utopías: volver a disputar proyecto de país, de sociedad, de bienestar, de alegría, de felicidad. Hay que trabajar allí. Es lo que hago en Bolivia hace tiempo. Y una piensa: “hacer ese proyecto es encerrarse en una urna intelectual y escribir una utopía sofisticada”. No. Es un proyecto que, desde la lucha concreta, abre una puerta hacia lo que está más allá de ese hecho concreto.

Pongo el ejemplo de les jubilades que en Bolivia hoy es muy importante: personas mayores que ya trabajaron y aportaron están condicionadas a cuidar su renta, pedir mejoras o equiparación con el costo de vida. Yo trabajo otro concepto: la renta de les jubilades es el botín por el que pelea la derecha en Bolivia. Con ese fondo –el mayor fondo de disponibilidad libre del Estado– se hace crédito barato a la banca, que da crédito caro a comerciantes y artesanas, y crédito barato a los grandes millonarios del país –los que queman el bosque. Ese es el juego al que aspiro: que la jubilada explique a la sociedad. Porque son elles les dueñes de ese capital.

¿De qué hablo? De poner en discusión los hilos de lo que está pasando. Por ejemplo en los feminismos: logramos dejar clarísimo qué es el femicidio, tipificar el delito… ¿Qué ha pasado? ¿Quiénes están pagando los femicidios en Bolivia? Plomeros, albañiles, choferes. No quienes ostentan otro estatus. Nuestras luchas fueron respondidas con una lógica racista por parte del Estado y nunca nos atrevemos a decirlo. Ustedes trabajaron mucho lo de la víctima buena y mala; la contracara es el victimador impune: hay un victimador liberado de antemano.

En síntesis: el espacio de lucha en el que nos movemos es un espacio previsto y controlado, limitado, que no termina de afectar aquello que queremos combatir”.

Teoría de la escoba

Imaginando lo que podían pensar las mujeres que la escuchaban, María planteó una cuestión: 

“Ustedes dirán: ¿estás diciendo que no servimos para una mierda? ¿Que una marcha o que las movilizaciones de cada miércoles no sirven? No digo eso. Lo que digo es que todo ese trabajo cotidiano es súper válido para desgastar el proceso, pero no para soñar por fuera del proceso. Y no podemos quedarnos ahí. Porque no solo se desgastan la figura y el gobierno de Milei: también nos cansamos.  Yo me canso, me agoto con todo lo que ocurre enBolivia. El día tiene 24 horas, la semana 7 días; recibo 5.000 whatsapps a la semana y no puedo más. Las luchas contra las violencias machistas están colapsadas porque siempre pedimos al sistema que responda, y el reclamo se queda ahí: ‘No me respondieron, me dijeron vuelva…”. Hermana, ¿no te cansas? El tiempo se acaba. Si tengo que volver 20 veces por una audiencia, a la 21 no vuelvo. Nadie puede estar eternamente en la ventanilla del Estado. Ustedes están haciendo un trabajo maravilloso desgastando un tejido. Pero ese tejido se regenera y eso es muy peligroso. Porque se regenera y nosotres no necesariamente nos regeneramos. ¿Cómo nos regeneramos frente a un incendio? En Bolivia hay decenas de bomberas y bomberos voluntarios, ecologistas, feministas, provincianas, indígenas. ¿Cómo se regeneran de un incendio? Con otro lugar, por fuera de la ventanilla del Estado.

Esta muñeca (muestra una que replica a la propia María) la tengo gracias a MU: me organizaron una presentación en Buenos Aires que fue ocupada por bolivianxs y una muñequera la hizo. No soy yo: es un ícono, un juguete, una concreción de que hay una rebeldía que va más allá de una persona o una marcha. La muñeca no se cansa; yo sí. Y actúa como referente simbólico que ridiculiza la ventanilla, minimiza la frontera.

También uso una escoba como símbolo: todo el mundo tiene una en su casa; la escoba es un objeto místico. Mi madre, cuando se llenaba la casa de borrachos, me decía: ‘pon la escoba detrás de la puerta’. La poníamos y se iban uno tras otro. Los funcionarios me dicen: ‘quite su escoba de ahí’. Mi escoba está nuevita y limpia, pero la escoba da asco de antemano porque toca el suelo.

¿Por qué no llevan un objeto los miércoles que no cueste nada, que tengan todes, y que ponga en ridículo ese cuerpo a cuerpo? Tu cuerpo está hermana, sí, pero no basta. Susy Shock no pone solo el cuerpo: pone la poesía, la metáfora, la alegría en ese espacio invisible que ensancha y diluye la relación de poder y el límite de ‘de acá no pasás’.

Y no olvidemos: siempre deseamos una revolución. No queríamos derechos: queríamos revolución. No queríamos inclusión: queríamos antirracismo. Nos están cambiando los guiones”.

La constitución de la calle

María cerró con lo que ocurre en Bolivia alrededor de las elecciones: “Todos los candidatos dijeron: ‘garantizamos la jubilación’. La jubilación es el gran botín del Estado; la plata de les jubilades y de les trabajadores es el botín que la oligarquía quiere. 

Los más antiestatales son súper-estatales a la hora de robar. La discusión no es público vs. privado. Es otra. Vale la pena darla porque incomoda, porque va mucho más allá del esquema ‘derechos sí/no’. Va por nuestros desesos y utopías”. 

Claudia replicó: “Muy necesario todo lo que decís María. Todas las que estamos acá participamos estamos en esas peleas cotidiana, pero me gustaría que gire la palabra”. 

Y la palabra giró: hubo críticas a la repetición de formas de resistencia (canciones, liturgias), llamados a nuevas insurgencias, al arte y espiritualidad como motor para soñar otra humanidad, no solo cifras de jubilación o el DNI como reconocimiento de la propia identidad. 

María interviene cuestionando el porteñocentrismo y la arrogancia argentina en el feminismo regional. Frente a eso pide horizontalidad latinoamericana, y postula un ejemplo de cada vez mayor actualidad: “Hablemos de litio, de lo ocurre en Chile, Argentina y Bolivia, pero hagámoslo entre iguales”.

El grupo propone trabajar con símbolos y objetos que unifiquen y creen contracultura: escobas, muñecas… hasta el  brócoli tuvo su lugar para pasar de la virtualidad a lo palpable.

Se habla de no separar trabajo intelectual del manual: materializar.

Otro planteo: conectar la prostitución y el narcotráfico: chicas muy jóvenes en Flores, el dinero, el Estado, las comisarías y la urgencia de pensar con ellas sin quedar atrapadas en la grieta ‘regulación/abolicionismo’.

Propuesta concreta: crear un observatorio del dinero que recauda el Estado en jubilaciones: ¿dónde está?, ¿en qué se usa? Y poner carteles en las calles: “Hoy se robaron tanto”.

Se habla sobre leyes, sobre conceptos, sobre identidades y María en un momento explica: “La raza no es el color de la piel, sino el color de las luchas”.

Zulema, de Jubilados Insurgentes, habla de horizontalidad, democracia directa, y la no delegación del poder. Critica al verticalismo gremial y partidario. Cuenta sobre experiencias de autoorganización, tomas, asambleas. Asegura que ninguna conquista es permanente: “La ley no alcanza sin lucha”. Y dice: “Nos acusan  de divisionistas por no someternos a partidos, pero no nos importa figurar. Y eso no es divisionismo. Es buscar nuestro propio lugar”. 

María culmina, porque debe correr al aeropuerto: “El método de trabajo territorial es ir sin guion, que la gente ponga el problema y el cuerpo. Y otra cosa muy importante es escribir cómo queremos vivir. Hicimos una Constitución Política Feminista cuando Bolivia redactaba la suya. Redactar desviste la autoridad de la ley y lleva la lucha a otro plano. ¿Qué cosas gustan de la Constitución y cuáles no? Hagamos una constituyente de jubilades. O la ley no escrita de las mujeres de Flores: ¿cuál es?, ¿cuál quisiéramos? Escribámosla. Si sirve, sirve. Si no, no pasa nada, buscaremos otro camino. Hay miles de estrategias.

Les dejo la Ekeka de regalo. Es una traducción de un sentimiento popular. La clave es entender para traducir”. 

El resto fueron los abrazos y un proyecto, con la Ekeka como testigo: no dejar que nos roben las utopías.

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La quinta pata al sapo: los hallazgos científicos sobre el modelo agrotóxico

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Podría ser una serie sobre ciencia y distopías, pero no. El biólogo Rafael Lajmanovich fue citado por el científico Andrés Carrasco, ex presidente del CONICET, en sus famosos estudios sobre los efectos del glifosato. Actualmente continúa esa línea de investigación, que analiza el impacto de plaguicidas en anfibios, peces y ríos, para que se entienda qué pasa con las personas y comunidades. Sus descubrimientos, tan escalofriantes como necesarios, brindan pruebas de una realidad invisibilizada, y abren más preguntas sobre el modelo tóxico: ¿hasta cuándo? Sapos con cinco patas, lo que cuentan los arroyos, la relación anfibios-humanos y cómo revertir el desastre. Por Francisco Pandolfi. Fotos de Pablo Piovano/Lawen.

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Frankenstein, el monstruo que te parió: de Mary Shelley a Milei

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Hija de una feminista (que murió al parirla), Mary Shelley soportó el rechazo de su padre y la muerte de tres hijos, entre otras violencias. Escribió Frankenstein a los 19, estando embarazada. Y describió como nadie las relaciones –sociales y políticas, no solo biográficas– entre creadores y criaturas. Ante un nuevo film que actualiza su novela en carrera para el Oscar, una lectura en clave argenta y que llega hasta Zohran Mamdani, para no creer que todo está perdido. Por Claudia Acuña.

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Jony de la Silla y el movimiento disca: sobre ruedas

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En días en que el gobierno fracasó en su intento de eliminar la Ley de Discapacidad, esta es una de las tantísimas historias de ese enorme movimiento «disca» que se movilizó en estos años para reclamar derechos, inclusión y respeto. Jonathan Jeferly Algalarronda Rondan tuvo un trastorno genético, golpes y operaciones. Usa silla de ruedas desde los 18 años. Migrante, okupa, marrón, disca, trapito: “las tengo casi todas”. Se define «disca», conventillero, artista popular, y nada lo frenó: ni el incendio de su casa, la desocupación y la discriminación. Conoció al Chavo y a Lady Di, y tras la muerte de Darío y Maxi se abrió a otras formas de entender la vida. Habla sobre la sociedad que discapacita, la vida amable, los garrones, las pequeñas batallas, las series. Del capitalismo depresivo al humor y cómo hacer que te vaya mejor en la vida. Y si le preguntan cómo anda dirá, aunque con doble sentido, dos palabras: mejor, imposible.  Por Sergio Ciancaglini. Fotos Lina Etchesuri.

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