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Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini
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Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña
Las personas más empobrecidas de esta ciudad han logrado algo increíble. No es un milagro, porque la escena del crimen es el barrio Constitución, territorio olvidado hasta por Dios y porque todo sucedió un domingo, día en que el Más Allá descansa. Aquel 28 de diciembre de 2025 el verano porteño hacía hervir el asfalto y calentaba la siesta. La esquina de Salta al 1400 estaba poblada solo por un grupo de hombres que espantaba el agobio “escabiando”. Esa fue la palabra que utilizó Franco Ariel Olave Cornejo, por todos conocido como El Chileno, para justificar su presencia en el momento en que Víctor Javier Vargas pasó a su lado rumbo al hotel donde vivía. Media cuadra tenía que caminar Víctor para estar a salvo cuando recibió un botellazo que le dejó la cabeza sangrando. Lo que hizo después fue inesperado porque ese hombre al que todos recuerdan como tranquilo y muy educado fue directo a la cocina de la pensión, tomó un cuchillo y decidió enfrentar a El Chileno, cansado quizá de soportar que dominara esa esquina con la impunidad de su violencia. No fue el destino quien decidió que en ese mismo momento –siete minutos antes de la 3 de la tarde– el policía Santiago Emmanuel Barrientos y la oficial Carolina Vázquez salieran del local de Ugis con una pizza en la mano y tomaran la decisión de intervenir en la pelea: Barrientos fusiló a Víctor por la espalda con tres disparos. Víctor agonizó durante tres días en el hospital donde fue ingresado como N.N. y sin avisarle a su familia.
La versión policial que convertía a El Chileno en víctima y a Víctor en el agresor fue demolida en la investigación judicial. En un primer momento la causa judicial se caratuló como “atentado a la autoridad y lesiones”, pero la muerte de Víctor obligó a apartar a la Policía de la Ciudad de la investigación. El resultado:
El policía Barrientos fue procesado por el delito de homicidio agravado, aunque mitigado en su pena por el atenuante de abuso de sus funciones, y embargado por 42 millones de pesos.
La oficial Vázquez fue procesada por los delitos de falso testimonio, alteración de pruebas y encubrimiento.
El Chileno Olave está preso en el penal de Marcos Paz acusado del delito de tentativa de robo agravado.
La jueza Karina Zucconi ordenó también la apertura de una causa en el fuero federal para investigar la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. “No puede soslayarse que las conductas disvaliosas que toca aquí analizar se enmarcan en un contexto de alta conflictividad social y accionar estatal opaco que ha quedado en evidencia a lo largo de la investigación”, señala el auto de procesamiento.
Para llegar a este dictamen la investigación judicial tuvo que romper un cerco de acero. El requerimiento de pruebas de los audios intercambiados entre los móviles policiales así como el registro de las cámaras de seguridad fueron alterados por la Policía de la Ciudad: los videos estaban recortados y los audios “inaudibles”. Para obtener esas pruebas fue necesario librar órdenes de allanamientos que se concretaron el 12 de febrero de 2026 y en simultáneo en el Centro de Monitoreo Urbano y en la División Transcripciones e Informes Judiciales. Ambas dependencias de la Policía de la Ciudad. La transcripción de esos audios deja en claro una de las preocupaciones de las fuerzas de seguridad en la escena del crimen:
J.S: “Señor. ¿me clarifica cuántos disparos realiza el personal policial?”
P: “Tres disparos. Dos impactan en el malviviente y uno se pierde”.
J.S: “¿En el lugar negativo medios, negativo relevancia?”
P: “Al momento negativo medios”.
J.S: “Bien captado. Por favor, ajustamos el perímetro y la actitud de servicio”.
P: “Interpretado”.
Esa actitud de servicio es descripta así por la jueza en su dictamen:
“En las imágenes puede comprobarse el arribo de una gran cantidad de agentes de la Policía de la Ciudad que despejaron el área violentamente en lugar de identificar a los posibles testigos”.
Así fue como sin medios y sin relevancia, hacer justicia por el fusilamiento de Víctor quedó en manos de las personas más empobrecidas de esta ciudad: las putas y travas de Constitución.
Retrato de un hombre pobre
En los últimos dos años Víctor Javier Vargas sobrevivía pagando la pensión diariamente –cada día, cada día, cada día– juntando el dinero en trabajos temporarios: en un lavadero de autos, como repositor en un supermercado, descargando bultos en el Paseo de Compras lindero a la estación de tren. Changas. Siempre había trabajado en la gastronomía y su último empleo fijo había sido como cocinero en la confitería Las Violetas, de Almagro, pero su adicción le impidió sostenerlo y quedó en la intemperie de la precarización. Un día antes de su fusilamiento le había enviado un audio a su hermana Vanina, quien vive en Formosa, para contarle que tenía una esperanza:
“Buenos días Vane. Voy a ver un laburito nuevo y ver si capaz puedo quedar ahí. Que tengas un lindo día”.
El sepelio de Víctor fue en Casa Roja, la sede de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina): las trabajadoras sexuales hicieron una colecta para poder pagarlo. Allí lo lloraron su madre, Mercedes, y su hermana; la madre de su hija adolescente, sus vecinas sobrevivientes de las calles y sus compañeros de changas. Allí también se escucha el audio que el Día de Navidad –apenas cuatro días antes de su fusilamiento– le envió a su mamá:
“¿Sabés qué, mamita? Te quería contar algo lindo. Hoy fui al Paseo de Compras de Constitución y como conozco a mucha gente de ahí que son dueños de los negocios, uno me regaló un pantalón y una remera. O sea que en Navidad estreno ropa nueva. Después otro me dio ensalada rusa con pollo y en la heladera tengo osobuco. Nada: todo eso vino de parte de Dios. Así que con lo que tenía me compré un perfume, en cajita, nuevo. ¿Qué más te puedo contar mamita? Que estoy solo y soy feliz”.
Hay un ramo de flores en el pecho de Víctor y una mesa con sándwiches, empanadas, galletitas y bebidas porque saben que quienes vendrán a despedirlo tendrán hambre. Hay anécdotas sobre esa vida que ya no es, la mayoría muy simples: sus tiempos con trabajos “buenos”, su derrape en la adicción, su estoico esfuerzo por estar “limpio”, sin drogas ni alcohol –cada día, cada día, cada día– desde hace varios años. Y solo una muy compleja: en los últimos tiempos Víctor se definía como un eufórico libertario.
La escena del crimen
«Nadie da la vida por un muerto”, declaró un vecino ante el fiscal para sintetizar el peligro que significaba contar la verdad.
Nadies, entonces, fueron quienes tuvieron que cargar con el peso de romper el cerco de acero que blinda la impunidad policial en el barrio de Constitución.



El encargado de la pensión, Rubén Walter Núñez, declaró tres veces en la causa: contó que Víctor alquilaba una habitación desde hacía tres meses, que era “un buen pibe que no generaba ningún tipo de problemas” y que “no era muchacho agresivo ni nada por el estilo”. Pero las tres veces fue más allá: señaló dónde estaba la violencia. “Esta zona es un desastre, todo el día y todos los días. Y no me van a decir que los policías no saben que venden droga ahí. La policía sabe mejor que nadie, eso no lo van a combatir nunca. Lo cierto es que, ahí en Constitución ‘tenés que ser ciego’, porque pasan cosas de todo tipo. Nadie se mete porque la policía cuando tiene que estar, no está”.
El del encargado fue el primero de los muchos testimonios que lograron torcer la causa hacia el lugar correcto. Hay, por ejemplo, tres testigos de identidad reservada que son citados así en el procesamiento:
Testigo A: “La mentada informó que es de nacionalidad dominicana y que se niega a declarar conjuntamente a su compañera de género ‘trans’ que también se encontraba el día del hecho debido a que tienen temor y se sienten vulnerables, porque efectivos de la Policía de la Ciudad de esa jurisdicción resultan ser demasiado violentos y abusivos y son perseguidas constantemente y hostigadas”. Declaró: “Para nadie es un secreto lo que pasa en Constitución y nosotras estamos expuestas a recibir represalias porque la policía protege a los delincuentes y persiguen a los que cuentan”.
Testigo C: “Conoce a los tres: a la víctima, porque vivía en el mismo hotel, al policía, que presuntamente vigilaba la zona y a El Chileno, que controlaba esa esquina. Asegura que la gente tiene miedo de involucrarse ya que le teme a la policía”. También contó que a la semana y media del fusilamiento de Víctor, El Chileno fue detenido en la puerta del bar Viva la birra porque había atacado a una mujer policía, pero al poco rato lo soltaron. “Comentó que lo habían liberado porque supuestamente había hablado con el comisario y le dijo que si le hacían una causa él podía perjudicarlos cambiando su versión en el caso de Vargas y por eso lo habían liberado. Que esto no sabe si es verdad, pero se lo dijo El Chileno y lo que le llamó la atención es que a las pocas horas fuera liberado”.
Testigo D: Persona travesti declara “Por ahí hacemos cosas malas, todo lo que quieras, pero que vengan, que nos hagan una revisión, una requisa, como que responde la ley. No, ellos pegándote, maltratándote. No; porque ellos son los mismos chorros, los mismos delincuentes que vienen a la parada a cobrar. ¿Por qué? Porque andan con el culo sucio, porque cobran, ganan plata. Entonces si no hubiera delincuencia, no hubiera nada acá para ellos en Constitución. Es porque ellos cobran, cobran su teca a todos, a las travestis, a las putas (…), a los chorros. Constitución es una tierra de nadie; una tierra de mierda, como se dice. ¿Por qué? Porque ellos son los más chorros”.
El procesamiento dictado por la jueza Karina Zucconi fue apelado por todas las partes: la defensa de los policías, ejercida por el Ministerio de Seguridad; la defensa de El Chileno, representado por un abogado particular que a los pocos minutos del fusilamiento ya se había hecho presente en la escena del crimen (según declaró El Chileno, lo contactó a través de Instagram) y la abogada María del Carmen Verdú, de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), al considerar que el atenuante esgrimido por la jueza para calificar el homicidio excede el hecho a considerar: el fusilamiento por la espalda de una víctima de la impunidad territorial sembrada con y por la complicidad policial. Esa es quizá la definición más certera de aquello que en la agenda política se denomina “inseguridad”.
En tanto, mientras se dirime el destino de la causa en el laberinto judicial ahora mismo en las calles de Constitución las perseguidas, violentadas y encarceladas –cada día, cada día, cada día– son las putas, las travas y las referentes de AMMAR.
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La Cogolla: Flor de Cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar. Se presenta este viernes 14 de agosto en MU Trinchera Boutique.
por María del Carmen Varela
Fotos: Manuela Mendiondo/lavaca.org
Con un vestuario verde vibrante, voz seductora y risa a flor de piel, La Cogolla se planta en el escenario. Canta, recita, educa y divierte. ¿Quién es? La mismísima Flor Sagrada, la que nos recuerda: ¡Nos merecemos reír en esta vida!
El monólogo cannábico –un show de humor, cabaret y transformismo a cargo de la actriz Yael Frida Gutman– va por su quinta temporada, propone otra manera de ver la autogestión del disfrute y cosecha cada vez más público.
“La gente consume bebidas azucaradas, comida chatarra ¿Cómo me van a decir a mí ‘consumo problemático’? No soy consumidora, soy usuaria”, afirma La Cogolla y con gracia y desparpajo despierta carcajadas y nos deja pensando. El personaje nació en la edición 2018 de Las Noches Bizarras, un espectáculo autogestivo surgido post 2001 en Casa Mutual Giribone, donde se reunían artistas como Susy Shock, Soledad Penelas, Garni, Giancarlo Scrocco (Yanca), Alejandra Faisal y Marlene Wayar, entre tantxs otrxs talentos.
Ahí Yael cantó algunos temas propios. Con la propuesta de interpretar a una superheroína, creó el personaje con una peluca comprada en el Barrio Chino y se autodenominó “Hiedra Venenosa”. Garni y Yanca le dijeron: “¡No, vos sos La Cogolla!”. Pulgares arriba y Yael asumió el nuevo nombre que le vino como anillo al dedo. Al tiempo se animó a realizar una intervención en un ciclo de teatro breve en el espacio Vera Vera y luego de esa experiencia se puso a escribir un texto y moldeó el monólogo con el director Álvaro Panaro.

Durante la pandemia hacía vivos en IG los domingos junto a Garni y Yanca y la Red Feminista Cannábica se contactó con ella. “Surgió una unión preciosa y empiezo a enterarme de muchas cosas relacionadas con la cuestión social, legal, asociadas al cannabis. Es todo un universo. El año pasado llegué a dar clases sobre cultivo en exterior. Una nunca se da cuenta de cuánto sabe hasta que alguien lo corrobora desde afuera”.
Yael está familiarizada con dar clases ya que es licenciada en Letras y ejerció como profesora de Lengua y Literatura en la escuela media durante largo tiempo. “La investigación la hice un poco sola y un poco con la red. La circulación de la información sobre el cannabis es complicada porque hay una ley en el país que todavía penaliza de una manera exacerbada. Se ha demostrado científicamente que el cannabis tiene menor nivel de toxicidad que el alcohol que sí incita a la velocidad, a la violencia. Todas esas cosas me interesaban, saber desde qué edad se puede empezar a consumir cannabis. Ahora dicen que a los 25 por el desarrollo del cerebro”.
Una vez que la obra teatral ya estaba encaminada Yael se preguntó si estaría haciendo apología del cannabis. “Me di cuenta, gracias a Pamela Kaiser, del Colectivo de Reflexión sobre los Consumos, que lo que hago es eso: reflexionar. El ideal de la relación con esta planta ancestral que ya lleva diez mil años de acompañar a los seres humanos, tiene que ver con un uso recreativo, medicinal. Se beneficia a las industrias y se castiga al consumidor o al pequeño productor. Es clave entender que alguien puede cultivar su propia medicina o su propio esparcimiento, teniendo en cuenta que la planta tiene muchos más beneficios que perjuicios. Tiene un componente adictivo menor que el del tabaco, no mata por sobredosis, es una sustancia que tiene poderes psicoactivos y medicinales”.
La Cogolla- Monólogo de la Flor Sagrada fue estrenada en 2022 en El Piso, teatro porteño ubicado muy cerca del Parque Centenario. Luego fueron a Concordia, Córdoba, El Bolsón y participó del Festival Argentina Florece. Yael compone y canta sus temas y le gustaría grabar un disco. Algunas de estas canciones las canta en el Monólogo y provoca euforia y aplausos. Hizo el colegio secundario con especialización en teatro. Continuó un año en la escuela de Raúl Serrano y estuvo doce años sin pisar un escenario. Su regreso fue con la obra Japón, un proyecto de graduación de la Licenciatura en Dirección Escénica del Departamento de Artes Dramáticas de la UNA (Universidad Nacional de las Artes), con dramaturgia de Laura Fernández y supervisión de Ana Alvarado. Creó su primer unipersonal autobiográfico –“Frida y su manada”– que reúne su experiencia docente y lleva a escena seis personajes inspirados en la escuela secundaria. “El espectáculo aborda con humor y profundidad la existencia grotesca, absurda, contradictoria y admirable de cada ser humano en la lucha por encontrar su camino. Desde su nacimiento, este espectáculo autogestionado refleja mi recorrido. Más de diez personajes cobraron vida en diversos escenarios hasta llegar a su forma actual: contar mi historia y escenificar el paso de docente a comediante”. Le siguió “El Bat de Tamu”, donde interpretaba a una adolescente judía en su Bat-Mitzvá.
En esta quinta temporada de La Cogolla en el espacio cultural MU Trinchera Boutique, se realiza un conversatorio antes de cada función con Pamela Kaiser, militante cannábica y activista social por los DDHH y con Wanda, fundadora de Wannabis Cosmética, un proyecto integrado por personas autistas que producen cremas, aceites, jabones y champú en base a cultivos orgánicos.
“No soy para cualquiera. Soy naturaleza y vengo con advertencias”, anuncia la flor de la cannabis. Con encanto, entona Se dice de mí, en homenaje a la inolvidable Tita Merello y se alegra de ser “un personaje que sigue vivo porque la gente lo busca y lo quiere. Estamos conectdxs con una energía festiva y amorosa, que es lo que propone el cannabis cuando la gente se junta. Tenemos una herramienta para ser felices en esta sociedad que nos propone una esquizofrenia capitalista desenfrenada y esto es un contacto con la tierra, con la belleza, con la poesía, con el goce, y todo esto es lo que trato de transmitir en la obra”.
Función viernes 14 de agosto, 20.30
Entradas por Alternativa Teatral
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Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
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