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El Paraná, la hidrovía y la vida: En modo Costa Pobre

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Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema. Los countries ocupándolo todo. El extractivismo de arena para el fracking. Las privatizaciones. La contaminación masiva y la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

El Paraná, la hidrovía y la vida: En modo Costa Pobre
La elegancia de una garza mora en el Paraná, vecina del chajá, la ipacaá, las tacuaritas. Hay ocho especies de aves ya desaparecidas en medio de la destrucción ambiental. Argumento de isleros: “Los humanos no sabemos convivir con el río”.

El río es un organismo vivo.
Enrique Sierra no lo dice así nomás. Lo subraya, como quien habla de una parte trascendental en su vida, y en la vida del resto. Pide que se lo recuerde. Que se lo respete.
No a él. Al río.
Al río Paraná.
Kike Sierra nació, se crio y sigue viviendo en la localidad bonaerense de San Pedro. Tiene 62 años, es marino mercante, naturalista, observador de aves. Es un estudioso de todo lo que pasa en el Delta inferior: la flora, la fauna, las quemas, las islas, los mapas, las lagunas, los humedales.

En la edición anterior de MU arrancamos el Proyecto Paraná para investigar las consecuencias de su privatización. Lo empezamos en el bajo delta, primera (Tigre) y segunda sección (San Fernando). Aquí continuamos río arriba unos kilómetros: Campana, Zárate, Baradero, San Pedro, Vuelta de Obligado, Ramallo, San Nicolás –Buenos Aires– y las Islas Lechiguanas de Entre Ríos.
Con Kike navegamos este segundo viaje. Con Kike y con José Torres, islero desde que nació hace 40 años en Obligado. Ambos guías turísticos y de naturaleza.
No hay como estar y ver desde acá, dentro del río, en sus vísceras, para entender la gravedad del asunto. Lo que significa en términos prácticos, concretos, territoriales, insulares que el gobierno nacional haya firmado su privatización por un cuarto de siglo con opción a otros cinco años al consorcio belga conformado por las empresas Jan de Nul y su socia argentina Servimagnus.

Solo inmerso en el Paraná, en su núcleo y corazón, se dimensiona lo que es imposible incluso leyendo las 1.189 páginas del pliego de licitación, donde se avala profundizar su dragado para que pasen barcos más y más grandes que hoy exige el comercio internacional. Lo comprendo ahora, en el instante en que esta lancha empieza a tambalearse dos minutos después de haber pasado por al lado ese buque gigante; lo entiendo cuando veo al oleaje romper en la costa y erosionarla; cuando asimilo que hay algo natural de esta zona plástica –donde van naciendo y desapareciendo islas–, pero hay otro tanto que de natural no tiene nada.
La privatización del dragado, señalización, modernización y mantenimiento de la ruta fluvial incluye profundizar al Paraná de 34 pies (10.3 metros) a 40 (12.1 metros) en el Tramo Timbúes (Ciudad de Santa Fe) hasta el Paraná de Las Palmas (el bajo delta). Y en una segunda etapa llevar a la Vía Troncal Navegable a 12,81 metros (42 pies) y 13,41 metros (44 pies), para que pasen embarcaciones más y más grandes todavía.
José señala lo que ahora es la barranca. Dice que hasta hace dos meses la tierra llegaba 50 metros más adentro.

“Se desprendió un bloque de tierra; como un glaciar, pero marrón”.
Kike agrega que si a la erosión natural se suma el oleaje de los barcos cada vez más grandes, se acelerará la caída de las barrancas y la pérdida de humedales.
“Hará pedazos todo, pero esto no lo ven en los centros de poder donde sólo piensan en la canaleta y no en lo que está al lado, en cómo afecta a los peces, a los pescadores, a todas las vidas que habitamos el Paraná. No, hay que pensar como la Bolsa de Comercio de Rosario: hacer como sea una canaleta para sacar 60 millones de toneladas de grano; total, ¿a quién le importa si se caen las costas?”.

El Paraná, la hidrovía y la vida: En modo Costa Pobre
Arenas del Puerto, de San Pedro: el extractivismo de arena en el río, para alimentar el extractivismo del fracking en Vaca Muerta.

Neo problemas

A veces pareciera imperceptible, pero el paisaje está cambiando siempre. El albardón se sedimenta. El río socava bajo tierra y cambia los perfiles de las costas, donde se emplazan –demasiado cerca– algunos pescadores con carpas humildes o coberturas improvisadas, con un par de lonas y piolines. Sauces ya caídos empezando a formar nuevos islotes; árboles empinados con las raíces desnudas, a punto de ser arrancados por una oleada fulminante que –no hay dudas– vendrá pronto.

El agua corre rápido, barrosa, como si jugara una competencia contra el tiempo. Rápido y con fuerza. José explica que es por la mayor canalización, que a más dragado, más zanja, más caudal de agua: “Cada vez más barcos, más grandes y a más velocidad, hacen que el agua vaya más rápido y rompa con más potencia en los laterales”.

Pero la geografía no es matemática: en el río, “más”, “más”, “más”, da un resultado negativo.
Kike cuenta que los buques deben ir aproximadamente a 10 nudos (18.5km), pero van al doble, porque nadie ve, nadie controla. Enumera durante varios minutos muchísimos choques de barcos. El último: a fines de mayo en el puerto de Rosario. El anterior, a principios de mayo en Campana. Unos días antes, un carguero chocó contra la costa, en zona Zárate.
“El problema principal –dice Kike– es el aumento del tránsito. En el futuro será peor, lo que hace que estemos más expuestos a los derrames, porque los buques llevan productos peligrosos, químicos, ácido sulfúrico, amoníaco, además de que funcionan con diésel oil o fuel oil y todo eso va al río, aunque no se vea”.

“Más tránsito transforma al territorio –dice José– porque además de alterar las costas y el flujo de sedimento, cambian las corrientes donde hay meandros o curvas. Cambia hasta el agua, cada día con mayor salinidad y más ácida por el combustible que absorbe”.
Existen diferentes tipos de embarcaciones de mercancías según su tamaño. Los más grandes que hoy navegan el Paraná se llaman Panamax: 294 metros de eslora (largo) por 32.3 de manga (ancho), 12 de calado y carga de 60 a 90 mil toneladas. El nombre deriva del tamaño máximo para transitar el Canal de Panamá antes de 2016, cuando se amplió en pos de albergar navíos más grandes: los Neo Panamax –366 metros de largo, 49 de ancho, calado de 15.2 y carga hasta 120 mil toneladas.

La profundización del Paraná permitirá que naveguen los Neo Panamax. Y para esto, también deberán ampliar el ancho de solera, ni más ni menos que el ancho de la vía navegable.
“Eso significa dragar más y más” dice Kike.

“Hacer la zanjita más ancha. Nos van a dejar sin costa” agrega José.

El oro del delta

l dragado se le suma otro factor: la extracción de arena. Sólo Vaca Muerta procesa más de dos millones de toneladas anuales (5 mil por día): la minería de arena silícea es un insumo clave para el circuito del fracking porque mantiene la fractura hidráulica para que fluyan los combustibles fósiles y sea posible la extracción de gas y petróleo: en el proceso de fracturación, kilos de arena son inyectadas junto a millones de litros de agua y químicos.
Pero la arena no es un recurso renovable ni nace de un repollo: se extrae de canteras y lechos de los ríos.

En 2023, desde EJES (Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental) se presentó el informe Sed de arena. Denunciaron: “La principal fuente de arenas para fracking es el río Paraná, a través de canteras entrerrianas –en los departamentos de Islas del Ibicuy, Diamante, Gualeguaychú, Uruguay y Colón–, bonaerenses –Campana y San Pedro– y santafesinas –Villa Constitución–”. Kike explica que las empresas vienen “a pescar arena” del talud que hay por debajo de las costas, antes de que empiece el canal navegable y que hace caer a las riberas.

“Este es el problema cuando se fusiona el dragado con la extracción de arena, que es el oro del delta. Y hay otro: las arenas se usan como napas que filtran los contaminantes que tiene el Paraná, como metales y agrotóxicos. Un metro cúbico de arena equivale a 1.20 toneladas. Los barcos más grandes llevan hasta 3.400 metros cúbicos por viaje, con varias cargas por día. Algunas areneras trabajan las 24 horas”.

José suma que a veces hay extrayendo hasta cuatro barcos areneros juntos.
“Sacan, sacan, sacan. Con todos los kilos de arena que sacan, en cualquier momento se da vuelta el mundo”.

El Paraná, la hidrovía y la vida: En modo Costa Pobre
El buque británico Navigator Titan transporta gas licuado por la Vía Troncal Navegable del Paraná, rumbo al puerto Marcus Hook, Filadelfia, Estados Unidos. El peligro si se producen colisiones: “Estalla todo 10 kilómetros a la redonda, no queda nada. Es increíble que hayan aprobado esto en un lugar con poblaciones urbanas cercanas y sin estudios de impacto”.

Todos los fuegos

En plena navegación Kike prende la alarma cuando ve humo en las Islas Lechiguanas. Desde hace años tiene un radar interno. Y también un registro de incendios en todo el territorio PIECAS-DP (Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible del Delta del Paraná), que abarca la región de humedales e islas desde la zona de Santa Fe y Paraná hasta su desembocadura en el Río de la Plata. Por ejemplo, en los primeros seis meses de 2026 se registraron 1.135 focos de calor y 15.961 hectáreas afectadas.
“Seguimos como hace casi 20 años, no aprendimos nada de la gran quema del Delta en 2008. Volvemos a repetir la ineficiencia todos los años, no hay controles. Las cinco torres de conservación que podrían ayudar y costaron 250 millones de dólares no se utilizan, no está la información de acceso al público y hoy ni funciona porque el Plan Nacional del Fuego está completamente desfinanciado”.

¿Por qué los incendios?
José:
“Este campo de al lado tiene 5.000 hectáreas, pero tiene muchas lagunas, por lo que para el ganado deben servir 3.000. Si vos drenás el agua usás la totalidad del terreno. En 2.000 hectáreas podés tener 4.000 animales más, es mucha la diferencia”.
Kike: “Por la pampeanización de las islas. Como la zona pampeana se llenó de soja y transgénicos, las vacas se traen al delta. En los lugares donde hay mucha carga de ganado cambia la vegetación por las pasturas que comen; los suelos se aplastan; las lagunas se sobrecargan de bosta y de orín, que es donde se reproduce la mayor parte de los peces. La consecuencia: desaparecen los humedales”.

El Paraná, la hidrovía y la vida: En modo Costa Pobre
Enrique Kike Sierra, marino mercante y referencia de la defensa de la naturaleza: “Están pampeanizando las islas”.

El amparo desamparado

Los litros de agua que ahora están en el río, por mayor dragado y extracción de arena, antes estaban fuera; en los humedales, dentro de los campos, conformando lagunas.
Nadia Boscarol es bióloga y coordinadora de la Fundación Humedales. Dice que el agua debe inundar a los humedales, que son esponjas que la retienen y realizan un proceso de depuración y fijación de nutrientes, como si fuese un filtro natural: sin eso, se aumentan los valores de contaminación que afectan a las comunidades bentónicas que viven allí: invertebrados de los que se alimenta el sábalo, base de la cadena alimentaria de los peces. “Esas especies, además, sustentan a miles de familias que viven de la pesca artesanal. Un mayor dragado sólo sirve para disminuir los costos de flete. O sea, los que ganan son un puñado de empresas exportadoras, nadie más. El resto perdemos todos.

Nadia cuenta que hay alternativas a seguir dragando: por ejemplo, Paraguay tiene al portacontenedores más grande de la hidrovía Paraguay-Paraná. Se llama Don Toyo, transporta 906 contenedores. Es un barco enorme pero de bajísimo calado (10 pies, 3.2 metros).

Este y otros argumentos sobre la falta de estudios ambientales fueron planteados por la Fundación Humedales y muchas otras entidades en la audiencia pública virtual del 3 de noviembre de 2025 sobre la privatización y la gestión ambiental de la Vía Navegable Troncal, pero no fueron tenidos en cuenta.

“Nos mostraron más de 5.000 páginas de estudios de impacto ambiental desactualizados, de 2006, 2011, en vez de estudios integrados y acumulativos para mitigar los daños. Lo único que pedimos es que cumplan la ley, ni más ni menos”.

Varias instituciones de la sociedad civil presentaron un amparo colectivo, pero fue desestimado por el Juzgado Federal Nº 1 de Santa Fe, por considerar al amparo “como una vía excepcional que exige demostrar una arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, y no un desacuerdo técnico o una divergencia científica sobre la suficiencia de los procedimientos ambientales implementados”.

La Defensoría del Pueblo de la Nación advirtió que la licitación se llevó adelante sin los estudios de impacto necesarios: “No incluyeron modelos calibrados de flujo ni simulaciones de transporte de sedimentos, indispensables para comprender los efectos del dragado sobre la dinámica del río, la erosión, los pulsos de inundación y la estabilidad de los humedales”.
La Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA), a cargo del fiscal nacional Sergio Rodríguez, emitió un dictamen describiendo una serie de irregularidades en el proceso licitatorio, como en la “distorsión en la forma de evaluación de las ofertas”. Sobre el tema ambiental, fue contundente: “Se omitió la Evaluación de Impacto Ambiental”.

El Paraná, la hidrovía y la vida: En modo Costa Pobre
Las manos de Sierra y Torres con el mapa que armaron de los últimos desmontes en la zona.

El reino del country

Desde la Fundación Humedales hacen un seguimiento de los endicamientos –bloqueo del cauce del río– y terraplenes –murallones de tierra– en el delta del Paraná: barrios privados, ampliación de la frontera agropecuaria y pérdida de humedales. Lo actualizan cada cinco años, el último fue presentado en 2025. El área relevada corresponde al Bajo Río Paraná y a cuencas del Sistema de Paisajes de Humedales que involucra a tres provincias (Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe) y más de 30 municipios.

Algunos datos :
En la Región del Delta se relevaron 8.944,6 kilómetros de terraplenes y 2.582,2 km2 que corresponden a 694 endicamientos.
El 14,04% de la superficie de la región delta está endicada, y el número asciende a 28,7% en el sector bonaerense de la Región Delta.
Se relevaron 596 urbanizaciones cerradas, 47 más que las registradas en el último relevamiento de 2018.
La mayor parte de las nuevas urbanizaciones mapeadas (70%) están principalmente en la Cuenca del Río Luján.
20,9% de humedales que fueron inventariados en los partidos de Luján, Pilar y Escobar han sido ocupados por urbanizaciones cerradas.
El 26,8% de la superficie de humedales de la planicie de inundación del río Luján fue transformado en countries.

Adriana Anzolín integra la Asamblea Socioambiental de Campana, que a su vez forma parte de la red de organizaciones del Río Luján en defensa de los humedales. Es licenciada en Ciencias Químicas, especializada en ambiente.
“Las márgenes del Paraná se han convertido en un botín muy jugoso”.
Dice, y pone un ejemplo de una lucha actual: la construcción del primer barrio náutico en Campana con salida al río. Ya tiene nombre: Bahías del Paraná.

“Estos barrios venden naturaleza, cuando en realidad la destruyen. Es sólo una muestra del avance permanente. Ya se destruyeron 15 mil hectáreas de los humedales que están entre el Paraná y el río Luján.
Dice, y que toda la zona está interferida por tanto barrio privado, que hace que al rellenarse de un lado (los countries) se inunde el resto. “Es un desorden territorial terrible lo que vivimos, que se suma a las consecuencias de la privatización del Paraná, columna vertebral de la Argentina y de la que depende la salud de muchísimos ecosistemas y gente”.
Adriana habla y piensa en el río. hace una semana y media fue con su nieto Bautista. “Vení, vamos a verlo un cachito a la costanera”.
La costanera de Campana tiene sólo tres cuadras. Una ciudad frente al río, pero casi sin acceso para su comunidad. Una costanera cercada, encerrada, entre los puertos de la siderúrgica Siderca Tenaris y la petrolera Axion.
Los puertos son otro problema que atraviesa de punta a punta al Río Paraná.

Problemas de tránsito

Todavía es la tarde, pero ya parece de noche en Ramallo. No hay rasgos del ocaso y el silencio ilumina la costa. El silencio y un puntito rojo y otro verde que emanan de un buque, que no se cansa de ir y volver. Nicolás mira. Mira con nostalgia.
“Es la draga, estuvo todo el día, está trabajando por el cambio del calado. Está agujereando el lecho del río, sacando arena del fondo para ampliarlo. El canal antes pasaba por atrás de la isla Las Hermanas, allá en frente, pero ahora lo mandaron más cerca de la costa, porque es más derecho para ellos, pero no hicieron ningún tipo de estudio ambiental, ni hubo participación ciudadana”.

Nicolás Cerretani integra Unidos por la Vida y el Ambiente (UPVA), organización en defensa de los bienes naturales y los espacios públicos locales frente a proyectos industriales o daños ecológicos, y que –dice Nicolás– nació fundamentalmente contra la instalación de los puertos, que los tiene en vilo en un conflicto actual: la ampliación de un puerto de combustible pasando por encima del barrio popular Costa Pobre (como en el sketch de TV del rosarino Alberto Olmedo en los 80, parodiando a un dictador de ese país vecino a Guatepeor, con una banda presidencial birlada de un velorio en la que se leía: “Tus amigos”).

En Argentina hay 100 puertos. En la Vía Navegable Troncal del Paraná hay 79 y 62 son privados. Es impactante mirar el mapa y ver cómo desde Escobar hasta Timbúes hay uno tras otro. Está minado.
“Que afloren puertos privados –dice Nicolás– es parte de la mercantilización del río, concebirlo como un canal de drenaje de las riquezas nacionales donde el Estado tiene el mínimo control para no inspeccionar el tráfico. Es la apropiación de las orillas por un puñado de empresarios asociados al poder político, para adueñarse del comercio”.
Por el Paraná pasan el 75% de las exportaciones nacionales y el 95% de las importaciones.
Nicolás es profesor de Historia. Dice que lo primero que se le viene a la cabeza cuando piensa en un puerto es el pintor Benito Quinquela Martín, también el barrio porteño de La Boca en la época “un poco adornada” de gloria agroexportadora de principios de siglo pasado.
Deja la historia y vuelve al presente: “Ese tipo de puerto ya no existe. Los de hoy son especulativos, instalaciones para almacenar grandes cantidades de granos y venderlos cuando consideran oportunos. Se elige superpoblar de puertos privados en sintonía con la privatización del río, en vez de generar una estrategia menos agresiva al ambiente, de adecuación de los caminos y ferrocarriles, que nos devuelva lo público y nuestra soberanía”.

El abogado que representa a las familias del barrio Costa Pobre es Fabián Maggi. También es quien lleva la causa Atanor (otro tema de esta edición) y muchas más sobre la contaminación de otras empresas. Vive en San Nicolás. Explica: “La política de minar de puertos la ribera del Paraná es impresionante. Acabamos de impedir en Ramallo la construcción de un nuevo puerto de capitales muy fuertes mediante una medida cautelar, pero al mismo tiempo hay proyectados otros dos puertos multipropósito en Escobar, otro más en Timbúes. O sea, más daño ambiental, más privatización y menos Estado”. Pone el ejemplo de San Nicolás. Lo llama un “puerto sucio” por recibir cargas a granel: plomo en polvo, precursores químicos, toneladas de fertilizantes que en la operatoria de descarga van a parar al río.

Este segundo tramo de viaje por el Paraná abarca 54 puertos entre Escobar y San Nicolás. En el extremo sur está el puerto de Gas Natural Licuado (GNL) de Escobar. Se trata de un buque que funciona como planta regasificadora, clasificado por el organismo ambiental provincial como una industria de alto riesgo. Sin embargo, en una zona de bosques nativos, humedales y reservas naturales, desde hace años se denuncia la ausencia de la evaluación del impacto ambiental.

Kike Sierra cuenta que cuando entra un barco de GNL a Escobar se corta el tráfico en todo el tramo Buenos Aires-Campana. Y que es peligrosísimo si suceden colisiones, por lo que genera el gas en contacto con el aire y los cambios de temperatura.
“Estalla todo 10 kilómetros a la redonda, no queda nada. Es increíble que hayan aprobado esto en un lugar con poblaciones urbanas cercanas y sin estudios de impacto”.

El Paraná, la hidrovía y la vida: En modo Costa Pobre
José Torres, islero y guía turístico de Vuelta de Obligado: «Las crecientes son el abogado de los pobres en las islas, porque se llevan puesto el mal que hacen quienes tienen plata, metiendo ganado, sembrando, haciendo terraplenes, desapareciendo humedales».

Fe en el río

Kike no le dice aves ni pájaros, les dice pajaritos. Les habla, les silba, los mira con un amor notable.
Mirá, ahí está el chajá.
Mirá, cómo se para esa garza mora.
Mirá, ahí canta la ipacaá.
Mirá, ahí vuela la tacuarita azul.
Dice que su única virtud es observar. Es un compartidor nato de lo que sabe, por tanto mirar. Lleva censadas 272 especies de “pajaritos” en la zona: “Ocho desaparecieron”. Y se sabe los silbidos de veinte, para llamarlos y compartir más cerca la vida. Lleva siempre una carpeta con diversos materiales separados en folios: mariposas, serpientes, aves, mapas históricos y actuales del Paraná. Uno de esos papeles muestra su registro de los desmontes desde el 2002: tiene marcados 23. Hace una década, cuenta, había 16 algarrobos blancos, un árbol nativo. Solo quedan 5.
“Soy el observador de las pérdidas” dice, y ríe.
José le aconseja: “Entonces no vayas al bingo”.
Mientras, toman mate en las Islas Lechiguanas entrerrianas, tierra de carpinchos, lobitos de río, ciervos y hasta algún aguará guazú.

Se quedan mirando al Paraná.

¿Qué les está diciendo el río?
-Que lo dejemos un poco tranquilo –dice José–. Que no lo alteremos tanto. Que necesita más respaldo. Los isleros decimos que las crecientes que vienen cada 10 años, son el abogado de los pobres, porque se llevan puesto el mal que hacen quienes tienen plata, metiendo ganado, sembrando, haciendo terraplenes, desapareciendo humedales. En la creciente se van y ahí los isleros volvemos a empezar, con 5, 10 vacas, hasta que aparecen de nuevo los ricos a querer sacarnos. Es un ciclo.
–El río nos habla permanentemente –narra Kike–. Y lo que habla es claro: ya aguantó mucho al hombre. Y lo sigue soportando, pero tiene un límite. Yo no creo que tenga mucha más paciencia. Lo que pasa que los humanos no aprendemos de él, aunque viva mostrándonos un montón de cosas. Si lo observáramos mejor podríamos convivir con él, pero no, le damos la espalda. Pero aun con todo lo que le hacen, con el dragado, la arena, los puertos, los incendios, la pampeanización del delta, lo que le tiran las industrias, siempre equilibra. Yo le tengo mucha fe; el río siempre hace justicia.

Esta historia continuará;
un poquito más al norte
del Río Paraná.

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Atanor condenada por contaminación: La odisea

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Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.

Por Lucas Pedulla

Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
El censo y mapa elaborado por vecinas y vecinos del Barrio Química, frente a Atanor, en el que fueron marcando con cruces negras cada fallecimiento en cada domicilio. Suman más de 200 en seis manzanas, por enfermedades derivadas de la contaminación. La causa penal sigue avanzando.

Seguir. Seguir.

Y seguir. “La única forma es la constancia”, dice Fabián Maggi, casi como una revelación de estos tiempos. Está remando una canoa por el Paraná a la altura de San Nicolás, municipio al norte bonaerense con más de 165 mil habitantes. Junto con sus vecinos Ramallo y San Pedro alguna vez explicó una Argentina con industria nacional y hoy explica una con industria extranjera, frente a un río privatizado –lo llaman hidrovía– y contaminado por empresas que señala Fabián con el remo.

Una de ellas es Atanor, fábrica del grupo Albaugh LLC de capitales estadounidenses y chinos –sin grieta–, que empezó produciendo ácido salicílico –un exfoliante– y terminó confeccionando tres herbicidas altamente tóxicos: glifosato, atrazina y 2,4D. En medio del Mundial, la Suprema Corte bonaerense le confirmó una condena por el “daño irreversible” a este río y la contaminación en aire, tierra y suelo en la comunidad.

Muchos vecinos esperaron esa sentencia toda su vida. Muchos murieron. Otros siguen enfermos.

A todos les dijeron locos. A Fabián, además, le dijeron “trucho”.

Abogado egresado de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), 55 años, capacidad de escucha y perseverancia infinitas, lleva adelante más de 70 expedientes junto a su compañera Gimena Viviani. Es representante legal del Foro Medio Ambiental San Nicolás (FOMEA), y rechaza que lo cataloguen de abogado ambientalista. ¿Por qué? “Te bajan el precio”. Es consciente de que en este tipo de luchas en todos los ámbitos y niveles hay algo más profundo y tectónico: “La soberanía”.

Atanor condenada por contaminación: La odisea
El abogado Fabián Maggi, sobre la sentencia de la Corte bonaerense: “Reconoce la existencia de un daño irreversible. Uno de los delitos que se tiene que comprobar penalmente es el daño al ambiente y acá ya lo dice la Corte”.

Dos caniches

Todo empezó cuando un amigo le dijo que lo querían echar de su casa en la Isla del Tonelero. Una empresa arenera iba a desplazar a los pobladores y arrasar el humedal y el bosque nativo. Maggi presentó en aquel 2009 su primer amparo ambiental. Hubo asambleas que impulsaron la participación de la comunidad. Allí, trabajadores de Atanor le contaron que los obligaban a enterrar o volcar a Paraná residuos contaminados. Fabián aceptó representarlos. “La empresa denunció penalmente a los trabajadores por coacción agravada. En el juicio el tribunal dijo que los trabajadores no cometieron delito, pero parecía que la empresa sí y ordenó que se abriera una investigación”.

Ese expediente se convirtió en un laberinto sin salida y Maggi decidió multiplicar las acciones: una causa penal federal, un amparo ambiental provincial y una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Del otro lado había personas enfermas. Marta Roma guarda en su casa una remera blanca con el censo que hicieron los propios vecinos del Barrio Química. La prenda tiene dibujado el mapa de las seis manzanas donde se contaban 163 cruces negras, que hoy ya son más de 200. Otra vecina es Miriam González, 69 años, cuatro hijos, nueve nietos, la mitad de un riñón “completamente seco”. Dice: “Tengo mucho dolor continuo, porque la gente que uno quiere se muere, y no hay derecho de que nos quiten así la vida”.

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Panorámica de Atanor: se comprobó el vuelco de contaminantes al río. Fabricaba glifosato, atrazina y 2,4D.

El boca a boca en el barrio habla principalmente de cáncer de pulmón, de colon, leucemias y enfermedades cardíacas. Lina Abigail Ramírez tenía 6 años cuando le diagnosticaron rabdiomiosarcoma estadio IV. Murió en julio de 2016. Vivía enfrente de Atanor. Fabián recuerda la historia clínica de uno de los trabajadores de la multinacional: “Decía que se trataba de una muerte por contacto con nefrotóxicos: necrosis de riñón”. Otro extrabajador, Darío Álvarez, denunció a MU: “En la planta de salicílico todos fueron operados del ano, de apendicitis, tenían problemas estomacales, la piel quemada. Si se volcaba la cipermetrina no podías respirar”. Eduardo Ochoa agregó: “Muchos murieron. Mi tío de cáncer de esófago y mi hermana, a los 50 años, de cáncer de mama, hígado y cerebro”.

Todo tardaba: cada vez más cruces negras. La denuncia ante la CIDH tenía dos ejes jurídicos: la violación a la garantía de plazo judicial razonable, y a un ambiente sano. Fabián citó el caso de Victorio Spoltore, un italiano que sufrió dos infartos en una textil que no le pagó la indemnización. La causa tardó 12 años hasta que llegó a tribunales internacionales. Cuando la Corte IDH falló, dos décadas después, Spoltore ya estaba muerto.

La causa Atanor también tiene sus plazos irrazonables: la sentencia de la Corte corresponde al amparo presentado en 2014. En el medio se sumaron el incendio de 2016 y la explosión del reactor en 2023 que impregnó de cianurilo (“es decir, cáncer puro”, apunta Fabián) a toda la comunidad. Sandra Carreras, vecina, 61 años, anuncia: “Al día siguiente se me murieron dos caniches”.

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Rosa Moyano, Sandra Carreras y Miriam González: tres de las vecinas que denunciaron la contaminación del Barrio Química.

Fue el knock out: ese estallido sucedió meses después del fallo de la justicia de San Nicolás que confirmó el “daño irreparable e irreversible” al Paraná y comprobó el marco de “ilegalidad manifiesta” en el que funcionó la fábrica durante todos esos años. La jueza del amparo, Luciana Bancalari –única mujer después de cinco jueces varones que tuvo el expediente–, ordenó el “cese inmediato” de todas las actividades de Atanor.

La empresa, sin embargo, apeló todo y sobre eso la Corte fijó postura mientras Argentina disputaba el pasaje a la final de la Copa del Mundo 2026.

El fallo tan esperado llegó después de tres mundiales.

Los nombres del delito

Fabián considera tres puntos centrales de la sentencia:

  • “Reconoce la existencia de un daño irreversible: uno de los delitos que se tiene que comprobar penalmente es el daño al ambiente y acá ya lo dice la Corte”.
  • “Plantea además que no importa la inexistencia de un parámetro específico que mida el nivel de contaminación si se puede probar, por otros medios, que hay una situación de riesgo para el ambiente”.
  • “Se reconoce la deficiencia de controles estatales: parte de los imputados en la causa penal son funcionarios que incumplieron sus deberes legales”.

Ninguno de los tres fallos referidos al amparo –primera instancia, Cámara de Apelaciones y Corte bonaerense– se mete en la cuestión salud, si no en comprobar el “daño ambiental”, aunque en la primera sentencia la jueza Bancalari consideró que Atanor se encuentra ubicada en zona urbana, catalogada en la 3ª Categoría de la Ley de Radicación Industrial bonaerense “que incluye a los establecimientos que se consideran peligrosos porque su funcionamiento constituye un riesgo para la seguridad, salubridad e higiene de la población u ocasiona graves daños a los bienes y al medio ambiente” y destaca que Atanor “es una empresa que manipula productos peligrosos para la salud”.

Atanor condenada por contaminación: La odisea
El estallido e incendio que se produjo en Atanor en 2016, registrado por los vecinos.

De todos modos, a lo largo de las sentencias, sí se tuvo en cuenta:

  • En 2020, el Centro de Investigación de Medio Ambiente de la Universidad Nacional de La Plata (CIMA-UNLP, coordinado por el científico Damián Marino, fallecido en 2023) detectó niveles de plaguicidas superiores a lo permitido tanto en agua como en suelo. Y se comprobaron vuelcos de atrazina al Paraná.
  • Otro estudio de la UNLP, realizado por Lucas Alonso, investigó el material particulado atmosférico que cae con las lluvias. Fabián: “Aparecieron valores de atrazina en San Nicolás mil veces superiores a los de las zonas agrícolas”.
  • Se consideraron los estudios de la genetista Delia Aiassa. La Cámara de Apelaciones citó su testimonio porque explica “la proyección dañosa genética en animales y células humanas expuestas al glifosato, cipermetrina y trifluralina, destacando la experiencia en poblaciones humanas expuestas a través del aire fundamentalmente, a estas sustancias tóxicas por las cercanías de su hábitat a lugares donde se pulveriza”.

¿Y los controles? La Corte bonaerense señaló: “Se encontró demostrada la carencia de autorizaciones administrativas al momento del inicio de este proceso, la demora en los trámites y la falta de verificación por parte de las autoridades administrativas provinciales”, haciendo énfasis en la Autoridad del Agua (ADA) y el Ministerio de Ambiente por no controlar los compuestos cuya toxicidad está descripta en informes públicos.

Por ese motivo, la Sala B de la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario dispuso que el juez federal Carlos Villafuerte Ruzo indague a seis directivos de Atanor, a cinco funcionarios del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS, hoy Ministerio de Ambiente) y a tres presidentes de la ADA.

Los ejecutivos de Atanor son Agustín Herrera, Sebastián Canavese, César Rojas Ruiz, Roberto Goncebat, Raúl Alberto Lluy y Ángel Vergara del Carril.

Según el sitio fiscales.gob, el fiscal Matías Di Lello “les endilgó haber contaminado –por lo menos– hasta el 16 de julio de 2020, el curso del río Paraná, sus barrancas, el suelo y el aire, mediante ‘el esparcimiento de partículas en el ambiente y el vuelco de efluentes al río, los que contenían residuos peligrosos categorizados como desechos Y4 del Anexo I de la ley 24.051 [de Residuos Peligrosos]’, lo cual –sostuvo– puso en riesgo la salud pública y la de la población de los barrios Química y Ponce de León”.

Otra causa en la Unidad Federal de Investigaciones N° 1 de San Nicolás, apunta a tres directivos de Atanor por la explosión de 2023, que generó una nube tóxica en todo el barrio: pronto debería ir a juicio oral.

La “ilegalidad manifiesta” en la que operó la fábrica se produjo gracias al “mecanismo de impunidad” que describe Fabián, quien denunció al juez Villafuerte Ruzo por obstaculizar la investigación y al fiscal Rubén Giagnorio por “encubrimiento”. También focaliza en el abogado de Atanor Juan Carlos Marchetti, exjuez de menores de San Nicolás durante la dictadura, quien impidió durante 20 años que Manuel Gonçalves Granada (nieto 57 restituido) conociera su identidad tras entregarlo en 1977 a amigos del marido de su prima. Hace nueve años que la Corte Suprema de Justicia demora un recurso extraordinario para que se investigue a Marchetti, quien fue sobreseído por Villafuerte Ruzo sin ser siquiera indagarlo. Todo tiene que ver con todo: Marchetti también defendió a cinco de los acusados por la contaminación con agrotóxicos en Pergamino: dos de ellos, exfuncionarios municipales, fueron condenados a dos años de prisión condicional.

Este esquema de poder explica el ataque que sufrió Maggi meses antes del fallo. El diario El Norte publicó en tapa: “Mafia del Derecho Ambiental: el negocio de los mil millones”. Con las peores mañas del oficio periodístico dicen que, “en off”, los CEO y gerentes de “importantes empresas de la región” describieron al abogado como “un personaje capaz de cualquier cosa por dinero”, entre otras cosas. Explica Fabián a MU: “Fue una burrada, pero la gente se dio cuenta de quién venía. A los vecinos no les cobramos. Tampoco a las organizaciones ambientales. Quien sí debería pagar es Atanor: como en todo juicio, cuando alguien pierde tiene que pagar las costas, pero no pagó un centavo porque siempre apeló”.

El director del medio, Fernando Curas, es conocido por su relación con la familia Passaglia (gobiernan el municipio desde 2011, hoy a través de Santiago Passaglia), y denunciado por trabajadores gráficos de El Norte por querer echarlos para que pasen a trabajar al municipio. Ese nexo lleva el foco a Juan Manuel Ondarcuhu, primo del intendente y ahijado de Ismael Passaglia, histórico jefe del clan. Ondarcuhu es titular del holding Servicios Portuarios, con dos terminales en el puerto de Rosario. Se adhirió al RIGI para construir un puerto agroindustrial en Timbúes (San Lorenzo, Santa Fe) por más de 290 millones de dólares. En la preadjudicación a medida de la Hidrovía del gobierno de Javier Milei al consorcio Jan de Nul se quedó –junto al empresario Gustavo Elías, que controla la logística del puerto de Bahía Blanca– con las tareas de balizamiento. En octubre del 2025, el juez Daniel Rafecas lo sobreseyó en una causa por contrabando y lavado de dinero vinculada al Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU).

Del otro lado de toda esta odisea –sin cíclopes pero con empresarios, sin brujas pero con funcionarios, sin cantos de sirenas pero con exjueces de la dictadura– estaban los vecinos.

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Las imágenes de contaminación se suceden junto a la costa: Ternium, de Techint, denunciada en Ramallo por «atentado a la salud pública».

Lucha y pajaritos

Roberto Pereyra dice que vive “gracias a Dios y a los corticoides”. Tiene 58 años y heptacloro en sangre, herbicida prohibido en todo el mundo. Su papá murió de cáncer de pulmón. Recuerda la “niebla de veneno” a causa de la explosión en Atanor. Desempleado, reclama a la justicia alguna indemnización por lo que sufrió, porque “es complicado insertarse en el mercado laboral con estos problemas”. Agradece el fallo: “Todo se gana a través de la lucha y el sacrificio. Teníamos razón”.

Miriam va por su quinta cirugía de riñón: “No tengo palabras bonitas para nadie. El cuerpo me pasa factura todos los días. Esto no terminó con el fallo: nos dejaron la enfermedad, los dolores. Envenenaron el agua que tomamos todos, y por la situación no podemos comprar bidones. Digo, ¿no hay quien invente con la IA algún fertilizante para no contaminar más al mundo, que no nos mate a nosotros? La fábrica ya fue: con ver que les puedo dar de comer a los pajaritos que ahora me llenan el patio, ya siento que gané”.

Atanor tiene otras dos plantas en Pilar (Buenos Aires) y Río Tercero (Córdoba). En San Nicolás todavía hay trabajos de remoción del suelo contaminado –Fabián denuncia que se están haciendo mal–, y dudas respecto del destino de esos 500 mil metros cuadrados. La propia empresa comunicó el desmantelamiento de las instalaciones: el fallo la obliga a pagar 150 millones de pesos en “acciones de preservación y prevención vinculadas al cauce del río Paraná y su biota”, aunque finalmente deberá decidir la Corte Suprema de la Nación.

Son unos 100.000 dólares: un par de camionetas, para una empresa con propiedades y ganancias multimillonarias. ¿Qué plantea Maggi? “La cifra es irrisoria, y más para un daño irreversible. Estamos satisfechos con el fallo, pero no con esa indemnización. De todos modos, pagando no se soluciona el daño causado. Por eso recurrimos al derecho penal”.
Está previsto que en octubre (si no se reiteran las recurrentes postergaciones judiciales) comiencen las indagatorias penales a los directivos Herrera, Canavese, Rojas Ruiz, Goncebat, Lluy y Vergara del Carril.

¿Qué pedirá Maggi? “El máximo de pena. Voy a pedir por las muertes de las personas, por las enfermedades de quienes aún están con vida y que la condena sea con dolo eventual. Eso quiere decir que no hubo dolo directo, intención de hacer el daño, pero sí eventual, son responsables porque tenían reclamos, advertencias judiciales, condenas civiles, era todo evidente, y seguían haciendo lo mismo, siendo que los imputados además de directivos eran especialistas que sabían el daño que podían causar, y no se detuvieron”. La condena máxima en este caso, que es la que pedirá el abogado, es de 25 años de prisión. Mientras tanto, una decena de vecinos continúa su reclamo indemnizatorio de modo individual.

A Maggi lo acusan de estar en contra del progreso y del trabajo, dos puntas de lanza para cuestionar los reclamos ambientales. En un contexto donde se cierran industrias por la crisis, ¿cómo pensar el tema? “La dicotomía es falsa porque el cuidado ambiental requiere mayor mano de obra que un descuido. Atanor tenía un tratamiento orgánico de efluentes y para mantenerlo necesitaba un personal constante de cuatro o cinco operarios que estuviera en todos los turnos. Pero redujeron al personal”. La jueza Bancalari sentenció: “Es falsa la dicotomía entre la protección del medio ambiente y el desarrollo económico, ‘no puede haber crecimiento a expensas del medio ambiente, y no puede gestionarse el medio ambiente ignorando a nuestros pueblos y nuestras economías’”.

Lo ambiental y lo social

Mientras tanto Fabián rema. ¿El resultado tan leve hasta ahora no es de impunidad para la empresa? “Podemos pensar que es una injusticia que no todo sea cubierto o castigado como debería, pero creo que justamente hemos logrado derrotar esa impunidad total que tenía Atanor, con un escudo protector de fiscales, jueces e instituciones. Ese es un gran paso adelante”. El juicio ante la Corte Interamericana será contra el Estado argentino, responsable de no impedir el daño ambiental y social producido por Atanor.

Maggi trabaja con Gimena Viviani también en el equipo legal de la Asociación de Abogados Ambientalistas. Llevan demandas por el megaproyecto de gas fósil que amenaza el Golfo San Matías, por los desmontes en Chaco, y por el proyecto petrolero Sea Lion al norte de las Islas Malvinas, entre otros.

Plantea Fabián: “El extractivismo es la nueva forma de colonialismo. No hace falta una guerra, invadir un territorio o la conquista de América para llevarse el oro: los mecanismos son los del capitalismo moderno. Ante eso, hay que tener una respuesta soberana para defender lo nuestro. Del otro lado hay una voracidad enorme. Habrá que resolverlo con lucha y que la gente tome conciencia de que es un saqueo y una destrucción no solo ambiental, sino también social”.

La lucha por Atanor visibiliza ese entramado. Y un método.

¿Cuál es ese método? “La constancia. Hay mucho por caminar, pero lo único que sostuvo esta lucha fue seguir, seguir y seguir. Asimilar los golpes, levantarse, saber tejer redes y volver a caminar”.

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Ley de Tierras y después: Cambio de tema

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Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.

Por Claudia Acuña

Fotos Colectivo Triada: Tadeo Bourbon, Lucía Prieto, Juan Valeiro

Uno

Todo cambio es un cambio de tema.
La frase pertenece a la novela Cumpleaños, de César Aira publicada en 2001 y por cierto hoy adquiere otra dimensión ya que fue la única señal que anticipó aquel ciclón. No debe entonces menospreciarse que ahora Aira nos permita leer en sus páginas de ficción lo que representa en estos días el relato de viajeros ingleses por la Patagonia. En su flamante libro Los viajes de Julius Brenchley la suerte de los aventureros británicos queda, por las derivas del clima y del relato, en manos de los pueblos originarios, y los conflictos de la trama se centran en la Guerra entre la Descripción y la Narración: en tanto la Descripción “es propia de los dueños del mundo que preferían pensar que ya está todo hecho, y bien hecho”, la Narración es la esperanza “del pueblo bajo, los explotados y los sometidos”. Así narrar es crear lo que no hay, lo que falta y lo que más necesitamos.
El paisaje que contiene toda esta historia es el que dibuja el colonialismo. Cuenta el narrador que cuando uno de los personajes pretende comprar un par de ejemplares locales para exhibirlos en las ferias del Norte “el patagón no se lo tomó a mal. Para su coleto pensó que los ingleses eran incorregibles. Colonialistas de alma, el mundo para ellos era una tienda de departamentos en la que podían escoger los productos nacionales, incluidos los vivientes”.
Todo este periplo que traza Aira está situado en el siglo 19, hay que aclararlo, quizá porque en estas tierras el pasado nunca se pisa: se transita.

Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Postales de la batalla del jueves 6 de agosto en la zona de Congreso, en Buenos Aires. La represión comenzó poco después de las 17 para evitar que siguiera sumándose gente a la multitud. Hubo 29 personas detenidas que fueron liberadas rápidamente. El juez Julián Ercolini es el responsable de investigar esa violencia policial.

Dos

El mismo día del tratamiento parlamentario del proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y cuando ya estaba caído el acuerdo para aprobar el capítulo que no imponía restricciones a la venta de tierras a capitales extranjeros, su autor, Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación Económica, participaba de un programa televisivo en la República Dominicana, donde luego de los halagos recibidos pudo responder su pregunta favorita:
¿Qué es el Estado?
Es el instrumento que los intereses usan para darse privilegios a ellos mismos. Especialmente en nuestros países es un vehículo que el poder usa en beneficio propio.

Sturzenegger también confesó que dos años antes de que asumiera Javier Milei la presidencia ya habían comenzado a analizar las leyes que había que derogar, las que había que modificar y las que había que redactar, y que por eso antes de asumir ya tenían diseñada la arquitectura legal del plan económico: “El factor sorpresa es políticamente importante para modificar la realidad y por eso teníamos que tener todo preparado”. El uso del plural en todos los verbos que utilizó para describir este proceso es el misterio.
Luego cuenta que se formó en la universidad pública de La Plata, que gracias a esa formación accedió al MIT y que formó parte de tres gobiernos diferentes porque siempre combinó la vida académica con la política. “Los dos anteriores fracasaron y siempre me quedé pensando cómo podía ser que gente tan preparada fracasara. Y ahí fue donde desarrollé la teoría del Triángulo de las Bermudas: el país está atrapado por tres grupos que frenan el cambio. Sus vértices son la corporación empresaria, la corporación sindical y el partido peronista como gestor político de estos privilegios. Si no se desarmaba esa arquitectura legal no se podía cambiar nada”. Misteriosa es también la relación de este triángulo con los derechos, pero gracias a esa compresión estratégica implementó el plan que presentó al flamante Presidente electo. Ahora se jacta de que su ministerio lleva concretadas 16 mil desregulaciones que expandieron el Triángulo hasta el infinito y más allá, según se desprende del entusiasmo que suscitan sus palabras en sus interlocutores televisivos.
El programa completo puede verse en Youtube, donde en los cinco primeros días de emitido había cosechado 76 espectadores.

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Tres

El ministro de Economía insiste en que Javier Milei ganará con holgura las elecciones del año que viene, pero los mercados ya no parecen estar tan seguros pese a la extrema confianza de Luis Toto Caputo. “El rebote del riesgo país de los últimos días da la impresión de ahora estar obedeciendo mucho más a factores locales que externos”, escribe el periodista Pablo Wende en Infobae. Es el mismo periodista que el 26 de abril de este año anunciaba: “La lluvia de dólares se intensificará y el peso seguiría fortaleciéndose en los próximos meses”.

Ley de Tierras y después: Cambio de tema
La movilización reunió principalmente a personas autoconvocadas y hubo acciones ante la represión: tachos de agua con bicarbonato desde balcones contra la policía, y raquetas de tenis para devolver los cartuchos de gases.

Cuatro

Un informe realizado por la empresa QSOCIAL Big Data concluyó que la discusión pública sobre la reforma de la Ley de Tierras quedó ampliamente dominada por los sectores que rechazaban la iniciativa impulsada por el gobierno. El 70,2% de todas las interacciones registradas expresaron oposición explícita a la reforma, mientras que apenas el 0,9% correspondió a contenidos de defensa del proyecto. El resto de las publicaciones fueron catalogadas como informativas o neutrales.
El trabajo sostiene que la principal derrota del oficialismo se produjo en el terreno simbólico, ya que la oposición consiguió instalar la idea de “extranjerización” de la tierra como marco interpretativo del debate, desplazando la denominación oficial del proyecto vinculada a la protección de la propiedad privada.
Lo más relevante: el eje central de la discusión no fue jurídico ni ambiental, sino acerca de la soberanía territorial. En ese sentido, identificaron que numerosas publicaciones relacionaron la reforma con temas como Malvinas, la defensa del territorio nacional y símbolos asociados a la identidad argentina, una vinculación que generó altos niveles de participación en redes sociales. En particular, menciona una producción de Malena Pichot que disparó más de 582 mil interacciones y más de 10 millones de reproducciones.

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Cinco

El fiscal federal Guillermo Marijuan presentó una denuncia penal contra Malena Pichot por el presunto delito de instigación a la violencia. El funcionario judicial actuó de oficio fundamentando su decisión en el carácter público, la gravedad de las expresiones y la masiva difusión del mensaje. Las víctimas señaladas en la presentación judicial, hacia quienes se dirigía de forma implícita la publicación, son los economistas, empresarios y funcionarios Luis Toto Caputo, Federico Sturzenegger y Peter Thiel.

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Seis

Rodrigo Zarazaga es sacerdote, doctor en Ciencias Políticas, licenciado en filosofía y director del Instituto Universitario Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), un polo de formación de cuadros políticos impulsado en su momento por el Papa Francisco. Dos días antes del debate parlamentario del proyecto de Ley que Cambió de Tema participó de un coloquio organizado por los diarios Clarín y La Nación bajo la ficción “Repensar la Argentina”, cuyo escenario fue un museo de arte, el Malba.
Una platea poblada de empresarios y vacía de políticos escuchó atenta su intervención que, a una semana de su emisión, había capturado en Youtube 10.666 espectadores. Una posible síntesis de su teoría, que bien podría interpretarse como otra mirada sobre el mismo Triángulo:
“Las instituciones terminan siendo un reflejo del poder de las elites. El problema es quién las captura: si las elites extractivistas o las que crean valor”.
“¿Quiénes son las elites extractivistas? Son aquellas que hacen riquezas a partir de privilegios que obtienen del Estado. Ahí radica el problema de Argentina y si queremos solucionar ese problema en lugar de preguntarnos cómo, lo primero que tenemos que preguntarnos es quiénes. Porque si quienes capturan al Estado son las elites extractivistas no hay posibilidad de que cambien su manera de hacer de negocios, porque sus privilegios están asegurados por las leyes que imponen”.
“Con algo de ironía diría que lo que nos falta es una coalición de Los Buenos que llegue al poder, porque sin poder no hay cambio”.
“El conurbano no me entra en Vaca Muerta. Entonces esa coalición generadora de valor, la de Los Buenos, tiene que pensar qué le puede ofrecer. Recuerdo una conversación con un chico llamado Matías. A los 7 años su mamá, jefa de hogar, le dice ‘no vayas más a la escuela: necesito que te dediques a cartonear’. A los 12 cae en situación de consumo. A los 14, en delincuencia y a los 15, preso. Lo conozco a los 18, en la cárcel.
Le pregunto:
¿Cómo te imaginás tu futuro?
Me responde: Yo no tengo más futuro.
Si la coalición de Los Buenos no tiene una propuesta de futuro para Matías lo que no tiene futuro es este país”.

Siete

El gobierno está en una deriva. Así lo define Gustavo Córdoba, analista político y director de la consultora Zuban Córdoba que realiza encuestas cualitativas para tomarle el pulso a la conversación social. En su último trabajo analizó justamente la irrupción de un cambio de tema que emergió con una palabra como abracadabra: soberanía. El 70% de sus encuestados manifestó que su voto está condicionado por esa perspectiva. “La sábana en el partido Inglaterra-Argentina generó una conversación que el gobierno no supo cómo responder ni cómo participar ni cómo reaccionar”. Funcionó como un knock out, pero también como un despertador. “El gobierno supo instalar la idea de que enfrente no tiene oposición y la cuestión Malvinas dejó en evidencia que enfrente tiene ahora a la sociedad”, sintetiza Córdoba.
¿Qué incidencia tiene este cambio en las proyecciones electorales?
Arriesga Córdoba: “Hoy por hoy la mayoría quiere un cambio. Eso significa que cualquiera que se le ponga enfrente al oficialismo tiene chances de ganar, pero todavía falta mucho para las elecciones. La sociedad va a agarrar lo que tenga a más a mano”.
¿Cualquiera?
Recuerda entonces Córdoba: “Para dar marco a cualquier proyección creo que hay que tener muy en cuenta dos cosas. La primera es que en nuestro país todavía todo se define políticamente en términos de peronismo o antiperonismo. Y lo segundo es que toda relección está condicionada siempre por el factor económico: si va bien se gana; si va mal, el voto es castigo”.

Ley de Tierras y después: Cambio de tema

Ocho

Apenas once días después del tratamiento legislativo del Proyecto que Cambió de Tema fue el aniversario de la muerte del general José de San Martín, símbolo de la batalla contra el colonialismo, entre otras guerras argentinas. Luego de una larga reclusión, ese día reapareció en público el presidente Milei visiblemente impactado por los despechos que le depara esta nueva narrativa de la realidad. Fue en Rosario y en un acto en el que aprovechó para darle un fuerte y efusivo abrazo al ministro Desregulador-Extractivista Sturzenegger. A esa misma hora, pero en el capitalino Barrio Parque una treintena de jóvenes autodenominados Lxs Gandalfs del Sur se instalaron frente a la casa del lobista Peter Thiel con un cartel que proclamaba en idioma bilingüe:
“You shall not pass, la concha de tu madre”
Con atuendos negros, largas barbas grises y sombreros de punta cantaron:
“Peter, Peter compadre,
la concha de tu madre.
Vos tenés palantires para ver el futuro,
mirate en el espejo vas a ver un boludo”.
Peter Thiel, hay que aclararlo, es dueño de la corporación Palantir, dedicada a la inteligencia y el procesamiento de datos para que los gobiernos controlen a las sociedades, desaten sus genocidios y extraigan sus ganancias de manera eficaz y remota.
En la ficción de la literatura que creó John Ronald Reuel Tolkien con la saga El señor de los anillos los palantir son piezas de comunicación que, en manos equivocadas, permiten manipular la realidad.
Tolkien la tenía clara: la batalla final es por la Imaginación.

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Agroecología en Misiones: El libro de la selva

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Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

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