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Creando

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Salir del sistema para escapar del modelo estético, político y ético del supermercado. Encontrar en la calle el lugar que inspira estrategias de vida propias y libres. Ideas para crear un nuevo feminismo.

Presentación
Sólo puedo presentarme a ustedes como una impostora. Una impostora dentro de cualquier y de toda institucionalidad, una impostora que cobra sentido, valor y fuerza afuera, afuera de la institución, afuera del sistema.
Afuera y no adentro.
No adentro de la galería,
no adentro de la institución,
no adentro de la aceptación,
no adentro de la legitimación,
no adentro del sistema.
Porque el sistema no lo es todo, no es toda la realidad, ni siquiera es una parte significativa de la realidad que nos rodea, envuelve y desenvuelve.
 
 
Afuera
Nos amenazan con expulsarnos hacia un vacío donde nada de lo que hagamos, sintamos o soñemos ni cuente, ni tenga valor alguno. Pero afuera del sistema no está el vacío. Afuera del sistema no está la nada. Porque si no es así, ¿dónde entonces podemos ubicar todo aquello que está afuera del sistema de privilegios? ¿Acaso el sistema ya se lo ha tragado todo? ¿Acaso no hay nada que se ubique afuera del sistema de administración de violencias y reputaciones? Claro que sí lo hay: apostamos por ello y de ello vivimos. Lo buscamos en todo aquello que desde el centro de sus intereses el sistema califica como ineficiente, no productivo, demencial, desagradable, no confortable, feo, cutre y peligroso. Calificaciones que adoptamos como propias, miedos y deseos que adoptamos como propios y nos son lentamente impuestos e inyectados por todos nuestros sentidos sin pausa ni oportunidad de reflexión o distancia. Narcotizados y narcotizadas por esos miedos vivimos, conducidos y conducidas por esos miedos, calificaciones y manipulaciones vivimos. Por eso hemos decidido instalarnos, ubicarnos y encontrarnos afuera y no adentro. ¿Dónde está ese afuera? El afuera no está al margen de, ni es la marginalidad de la sociedad, tampoco es la marginalidad de la historia. Lo que se ubica afuera del sistema es todo aquello que el sistema mismo aún no ha podido engullir ni tragar. Nosotras estamos afuera del sistema, instaladas al centro de las sensibilidades de la sociedad, centro desde el cual nos hacemos sentir, al punto que hemos construido no un castillo de naipes ni un espejismo de revolución sino un referente de transgresión y rebeldía para putas, para locas, para indias, para niñas, para jóvenes, para viejas que renieguen de sus cansancios, para lesbianas, para unas y otras rebeldes con quienes construimos complicidades ininterrumpidas.
 
Ofrenda
Ofrecemos como tesoro escondido y descubierto por nosotras las alianzas insólitas y prohibidas que hemos construido. Ofrecemos como originalidad inédita las alianzas insólitas que hemos podido construir le pese a quien le pese y desbaratando todos los guiones para abrazarnos y comprometernos una con la otra. Ofrecemos como propuesta revolucionaria las alianzas insólitas que hemos podido construir desbaratando con ellas todos los guiones atribuidos a nuestras identidades fosilizadas y cosificadas, identidades convertidas en muros separadores de amores y de pieles.
 
Estrategia
Las estrategias en las que nos inspiramos vienen y provienen de la calle, del mundo del afuera. Vienen de las habilidades de sobrevivencia de las mujeres en sus confortables toldos de venta instaladas al centro mismo de la sociedad, como una gran barricada cotidianamente levantada a pesar del sol y del frío, que impide el paso de la globalización. Mujeres falsificadoras profesionales de Reebock, Nike, Benetton, Sony o Microsoft. Ellas, las forjadoras de un mercado negro donde se exhibe un sabotaje artesanal que es un desfile internacional de marcas sin patentes. Estrategias que están vivas en mercados que se convierten en una mezcla de apropiación, ilusión y resistencia que ni los gigantes del mundo pueden controlar, ni la policía puede amedrentar, ni el Fondo Monetario Internacional cuantificar. Mercado desobediente y falsificador de todo: desde computadoras hasta zapatos. Mercado que es estrategia de sobrevivencia y carcajada ilegal. Nos inspiran las habilidades de hombres y mujeres que con astucia engañan las legalidades de fronteras y estados del Norte. Gentes que sabiéndose prohibidas desarrollan estrategias que conjuran su miedo, su pobreza, su color de piel. Nos inspiran esas y otras estrategias que son ajenas al “arte” entre comillas, ajenas al acto heroico, Estrategias invisibles e invisibilizadas, estrategias ninguneadas y analfabetas; pero evidentes, irreverentes y persistentes para el vivir y el pervivir de sociedades como la boliviana o cualquier otra sacada del mapa de lo significativo, desarrollado y civilizado. Estrategia que es ruptura de control y cómplice de la sobrevivencia de miles que en la economía no hallan ni un puesto de trabajo, ni un lugar en las cifras de educación, salud o vivienda. Son sus estrategias las que nos inspiran, nos alertan y nos ubican.
 
La calle
Estas estrategias ajenas al mundo del arte y a cualquier forma de reconocimiento social tienen en común la capacidad alucinante de generar cadenas largas de información, de solidaridad, de resistencia. Son ocupaciones sin cartel de espacios públicos, de espacios simbólicos y de espacios económicos. Estas estrategias tiene en común la desobediencia, por eso son ajenas al mundo del arte que es el mundo de lo permisivo. Ellas, las estrategias, están siendo parte de la vida de la sociedad y no son una artificialidad ni un simulacro: son una convicción que convierte una cosa en otra. Son por eso estrategias de sobrevivencia revitalizantes de nuestras sociedades. Nosotras somos sus aprendices y sus recreadoras, porque antes que nosotras fueron las vendedoras en hacer de la calle una casa sin marido y un trabajo sin patrones. Antes que nosotras fueron las falsificadoras de marcas, fueron ellas las que se atrevieron a convertir y reconvertir la marca, adulterando todos los valores que de allí vienen. En esa dinámica es que nosotras aprendimos que la calle es el patio común, el sitio vital de nuestra sociedad, el escenario político propio, el lugar comunicante.
 
Identidad
¿Es la identidad un refugio, una barricada de resistencia? En este sistema, tu sexo, tu color de piel, tu edad, tu clase social, tu cultura de origen, tu sexualidad puede ser comprado o vendido. Tu nariz, tu boca, la forma de tu cara, tu peso, la medida de tus calzones y tus sostenes, tu placer, tus habilidades, tus sufrimientos, todo, todo puede ser objeto de empaque, venta y consumo. El sistema se encarga de ello. El sistema vive de mercantilizarlo todo. Pero hay algo de especial interés para el patriarcado globalizador y éstos son aquellos espacios de afecto, de identidad y de creatividad. Espacios desde donde construimos nuestras expresiones simbólicas, nuestras identidades políticas, nuestra conciencia social. Espacios que pueden ser peligrosos a sus intereses.
 
Modelo
El modelo estético, cultural y económico del sistema estemos donde estemos y vayamos donde vayamos es el supermercado. El Supermercado es ese lugar y, al mismo tiempo, el mecanismo que convierte la diferencia en variedad. Modelo estético donde gracias a la “bien” lograda variedad, las identidades sociales y existenciales se convierten en cosas, en apariencias sin sentido propio.
El Supermercado es el lugar de la variedad sin límites. Es el lugar de la variedad clasificada, ordenada y empaquetada. Es el lugar de la limpieza y desinfección constantes. Es el lugar de las medidas de seguridad. Es el lugar de las luces y los vistosos colores. Modelo que funciona bajo mecanismos impersonales donde ni las responsabilidades, ni las voluntades, ni las intermediaciones son evidentes. Tampoco entran en discusión o interlocución, simplemente sucede o funciona y hasta parece lo más óptimo. Dentro del Supermercado se nos plantea una relación confusa y ambigua: hay campo para todo y para todas y todos. La capacidad de sumar variedad y empaquetarla no tiene límites, ni éticos, ni políticos, ni estéticos. Incluidas están por supuesto también las excentricidades. La capacidad de engullir variedad y atrapar las identidades culturales y sociales y los procesos históricos contestatarios en la lógica del sistema es parte de una rutina de consumo; rutina de consumo que tampoco tiene límites éticos, políticos o estéticos. Sumar variedad para representar y erigir dominación. Sumar variedad para construir el espejismo de abarcarlo, contenerlo y ocuparlo todo, pero todo, todo. Totalidad prepotente que pretende anular la posibilidad de crear, sentir, vivir y actuar fuera de la lógica del sistema, desde afuera del modelo de Supermercado. Totalización prepotente donde sólo nos quede buscar e inclusive, desear un sitio en la estantería, sin pensar siquiera en arriesgarnos a mirar afuera de esa lógica. Porque nos repiten de todas las maneras y nosotras aprendemos a suponer:
Que fuera del sistema estuviera el abismo,
que fuera de sus definiciones estuviera la demencia y el absurdo,
que fuera de él estuviera la soledad,
el anonimato y la invisibilidad.
Que fuera del sistema estuviera un lugar peligroso, estuviera ese lugar desde donde hablarás sin ser escuchada, gritarás y llorarás en vano, ese lugar sin piso y sin techo.
Entonces, pareciera que es mejor tragarse el guión y buscar y además desear un sitio en la estantería del Supermercado.
Estanterías de soledades
una al lado de la otra,
en filas,
clasificadas,
ordenadas,
numeradas.
Cada producto ajeno a sí mismo.
Uno al lado del otro.
Uno sobre el otro.
Uno debajo del otro.
Uno sin mezclarse con el otro.
Uno en vez del otro.
Eso es la colonización y mercantilización de identidades.
 
Creatividad
Una identidad deja de ser identidad y se convierte en apariencia cuando ha sido legitimada y neutralizada, cuando ha perdido su capacidad de interpelar y subvertir y adopta una postura complaciente, cuando ya mutilada su estética y sus lenguajes pasa a formar parte del sistema:
Indias e indios para testimoniar y ser folklore;
lesbianas y maricones para hablar de sexo, prevención del sida y matrimonio;
mujeres para pedir cuotas dentro el sistema;
tercermundistas hablando de desarrollo y cooperación internacional.
Aparece la diferencia, pero banalizada.
Aparece la diferencia, pero al centro de un tráfico que la anula sirviéndose de ella.
Nosotras rompemos con la rutina de consumo y colonización de nuestras identidades. Por eso para nosotras la creatividad no es una búsqueda obsesiva de lo novedoso.
La creatividad en nuestras manos y en nuestra vida es una estrategia de lucha.
La creatividad no es búsqueda de forma o de contenido.
La creatividad es para nosotras la piel con la que tocamos y exploramos a nuestra sociedad buscando e intuyendo sus zonas erógenas, sus zonas sensibles.
Es esta mirada desde la creatividad la que hace que cobren un nuevo sentido los espacios, la calle, el cuerpo y la memoria colectiva porque hemos aprendido a provocar, acariciar, consolar y despertar cada una de estas zonas.
Nuestra estrategia de lucha es la creatividad y nuestro espacio de trabajo las zonas sensibles del cuerpo de nuestra sociedad.
Así vamos nosotras, intuitivamente, desordenando las jerarquías sociales y las relaciones espaciales del adentro y del afuera, del arriba y del abajo, del norte y del sur.

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