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Y azul quedó

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Qué hay detrás del dólar blue. Las corporaciones presionan por la devaluación para recuperar márgenes de ganancias. Las vedettes del modelo extractivo -mineras y sojeras- también, para obtener aun más beneficios. La especulación inmobiliaria, que ya forma parte del modelo corporativo, es otra de las que impulsan esta batalla contra el peso. Todo en un año electoral. Pero detrás de la Operación Blue está escondida una vieja conocida: la deuda externa. Su cifra actual supera los 180 mil millones de dólares. Este marzo un decreto presidencial dispuso el pago de 2.334 millones sólo de intereses. Por eso el gobierno necesita dólares. Pistas para entender qué está en riesgo.


El paisaje urbano se ha repoblado de arbolitos que siempre dieron un fruto verde que se comercia en las cuevas, que cuando era paralelo se llamaba negro, y que ahora ha sido coloreado como blue, y podrá ser higienizado con un blanqueo. ¿Qué significa lo que está ocurriendo con el dólar? ¿Es un asunto marginal y turístico, o la expresión de algunos misterios, conflictos y amenazas del presente?
“El gobierno quiere contener al blue porque incide sobre las expectativas. Lo que pasa es que no lo pudo controlar. El blue es la presión de los sectores dominantes expresada como mercado ilegal”, plantea el economista Julio Gambina, presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (FISyP). La sombra detrás de todo el problema, dice, es una vieja conocida, sometida al olvido político y mediático, pero que sigue latiendo y carcomiendo el futuro: la deuda externa.
Para Claudio Lozano, diputado e histórico economista de la CTA (Central de Trabajadores Argentinos), “desde 2007 hay un conflicto en el que sectores empresarios concentrados, que obtuvieron ganancias extraordinarias durante el propio kirchnerismo, empiezan a demandar una nueva vuelta de ajuste cambiario, una devaluación para recomponer su tasa de rentabilidad: Techint es un caso emblemático de esta situación. Pero el gobierno no la acepta porque tendría un impacto social enorme”.
Impacto social es igual a costo político, para colmo, en año electoral.
Espejo venezolano
A veces el espejo es un mal amigo. “El gobierno se debe estar mirando en el espejo de Venezuela –sugiere Lozano– que tuvo una brecha cambiaria monumental entre el dólar paralelo y el oficial. En seis meses, después de la elección de Chávez y antes de la de Maduro, hubo dos devaluaciones que acumularon casi un 60%. El efecto se notó en las elecciones, que Maduro ganó ahí nomás. No habrá sido la única causa, pero sin dudas aportó al deterioro electoral”.
La relación del gobierno con los grandes grupos empresarios empezó ardorosamente hace diez años con dólar muy barato por el ajuste pos-convertibilidad, lo que permitió que empresas como las del grupo Techint y el resto de las exportadoras (industriales, sojeras, mineras) lograran ganancias extraordinarias en un momento de envión mundial de la economía empujado por China. O sea: los salarios y costos argentinos medidos en dólares eran muy bajos, y los precios y volúmenes de las exportaciones crecían a velocidad de vértigo.
Lozano: “Luego, en 2007, empezaron a subir los precios internos, porque estos grupos no convierten sus ganancias en inversión, sino que remarcan. Se recuperaron puestos de trabajo y salarios, y el gobierno entra en zona de ajuste inflacionario, de empleo, y sobre las provincias. En esta última etapa comienza también un ajuste devaluatorio que se observa tanto en la existencia del dólar blue, como el oficial, que se devalúa entre un 15 y 20% anual, cosa que no ocurría desde 2011”. Para los exportadores –los grandes beneficiados por el modelo extractivo de recursos– no es suficiente. Nunca es suficiente.
Sobre paños y cuernos
El gobierno apoyó, subsidió y protegió a industrias como Techint. “Por eso puede demostrar que sus precios internos son abusivos. – reconoce Lozano–. Mientras, Techint responde que el tipo de cambio está por detrás de los precios internos que son muy elevados, siendo que uno de los que remarca precios internos es el propio Techint. ¿Qué reclama? Devaluemos para recuperar márgenes de beneficios y que todo siga como en botica”.
El gobierno enfrenta el proceso con productos textiles siempre de moda: los paños fríos. “Administra la situación con cuentagotas, porque objetivamente una devaluación sin una estrategia antiinflacionaria más integral sería tremenda. Si devaluás en un contexto de inflación real del 25%, se va todo al cuerno”. Las terapias antiinflacionarias convencionales buscan la estabilidad a base de recesión: licuar el poder adquisitivo de las personas, para que los precios no suban.
Lozano: “Habría que hacerse cargo del problema de otro modo, discutiendo qué tipo de relación debe tener el Estado con estos grupos concentrados. Si les seguís la lógica tratando de emparchar, la devaluación se te va colando por todos lados, y los costos son cada vez mayores”.
Soja vs. salarios
Según Gambina la política económica enfrenta presiones múltiples. Por ejemplo, el pressing del sector exportador (sojeros, industriales, mineros) que quieren devaluación para duplicar el valor de sus dólares en pesos, “o por lo menos a 7 pesos el oficial”.
De hecho, está zarpando de Argentina la minera brasileña Vale, que quiere extraer lo suyo sin controles, sin impuestos, sin rechazo social, y además con dólar blue. “La presión del sojero exportador o el minero es la misma. Barrick Gold también está discutiendo sus inversiones, más aún después de que la justicia chilena paralizó Pascua Lama. Quieren más pesos por sus dólares. Y lo mismo pasa con los especuladores, por ejemplo, en el sector inmobiliario. El crecimiento de la construcción ha estado vinculado primordialmente a lo especulativo durante la última década, no a la construcción de viviendas populares”, dice Gambina.
Traducción: el negocio inmobiliario especulativo es una extensión de los negocios del modelo extractivo: “El boom de la soja se expresa en una expansión especulativa de la construcción en ciudades santafesinas, cordobesas o bonaerenses. No es solo Puerto Madero. Y se va extendiendo junto con la frontera agropecuaria a provincias como Salta o Santiago del Estero, pero como han referenciado esa inversión en dólares, son otro elemento de presión sobre el dólar”.
Gambina remarca que también presionan los trabajadores: “Porque buscan no quedarse retrasados o incluso mejorar su ingreso con respecto a la inflación. Se nota en tantos conflictos gremiales de estos tiempos: transporte, telefónicos, bancarios, docentes. El gobierno discute con los empresarios la no devaluación, pero discute con los trabajadores la no actualización salarial, que es una forma de compensarles ganancias a los empresarios”.
La devaluación siempre perjudica a la población que percibe ingresos fijos. “O sea: a la mayoría. Y hay que reconocer que aunque el gobierno dice que no devalúa, la realidad es que Argentina viene devaluando: a menor ritmo del que pretenden los sectores hegemónicos, pero devalúa. Hace dos años el dólar estaba a menos de 4 pesos y el ritmo de devaluación para 2013 es del 20%, aunque el Indec dice que la inflación es del 10%, y el propio gobierno imagina un dólar oficial a 6 pesos a fin de año”.
La deuda eterna
Hay una noticia lamentable: Argentina fabrica pesos, y no dólares. Gambina: “Quitando el debate monetarista sobre si se emite mucho o poco, ¿para qué se necesitan los dólares? Primero, para la política de desendeudamiento. La deuda pública externa sigue siendo el principal rubro del presupuesto nacional. Aunque el stock de deuda haya disminuido en relación al Producto Bruto, la cancelación de intereses y la incorporación de nueva deuda por reconocimiento de viejas deudas, significa necesidad de dólares contantes y sonantes para pagar al exterior”.
Para tener un ejemplo reciente, en marzo el decreto presidencial N° 309 dispuso en su Artículo 1° el pago de casi 2.335 millones de dólares sólo por intereses de la deuda externa. Dice textualmente:
“Dispónese la cancelación de los servicios de deuda con organismos financieros internacionales y de deuda externa oficial bilateral correspondientes al presente ejercicio fiscal, así como el ajuste correspondiente al año 2012, con reservas de libre disponibilidad (…) por hasta la suma de dólares estadounidenses dos mil trescientos treinta y cuatro millones novecientos cuarenta y cuatro mil quinientos cincuenta y dos con setenta y nueve centavos (U$S 2.334.944.552,79)”.
Replay: sólo de intereses.
Buitres multiplicados
Gambina aclara: “La deuda sigue siendo el gran condicionante de la economía, mediante una política de pago que es el desendeudamiento. En 2006 se pagaron 9.500 millones de dólares al FMI. Para que se entienda: en 2001 Argentina declaró la cesación de pagos. Esa deuda, 100.000 millones de dólares, no aparecía como deuda a cancelar. Y Argentina vivió tranquilamente hasta 2005 porque no tuvo que hacer pagos ni de capital ni pagar intereses por esa deuda vencida. A partir de 2005 ofreció un canje que suponía 20 años de gracia para el pago de capital”.
O sea: hasta el 2025 el país no paga capital, sino sólo intereses de la deuda. “Pero en 2010 reabrió el canje, reconociendo deuda con las mismas condiciones. Hasta el 2030 no tiene obligación de pagar capital. Pero lo que quiere decir esto es que desde 2005 y sobre todo desde 2010, y más aún cuando termine el juicio en Estados Unidos de los fondos buitres, Argentina todos los años necesita más cantidad de dólares para pagarle a los acreedores externos”.
Cómo se consiguen dólares
Para conseguir dólares, la economía legal plantea diversas formas.
Una es el saldo favorable del comercio exterior. Gambina: “Por eso el país pisa las importaciones para que haya más exportaciones. Argentina tiene un superávit de 10.000 millones de dólares, que acrecientan reservas para pagar al exterior. Pero no alcanza”. Las reservas internacionales, explica el economista, vienen en baja, de 52 mil millones hace poco más de un año a 39 mil millones actuales: “un promedio de mil millones de dólares mensuales”.
Siguiendo entonces con los modos de conseguir dólares, aparecen las inversiones externas: “Pero los capitales externos no quieren invertir si no les mejoran condiciones y presionan para la devaluación. Estamos detrás de Chile, Brasil, Colombia, Perú en términos de inversiones externas”.
Una variante más para captar dólares es el préstamo: “Pero Argentina no es sujeto de préstamo mientras no termina de cerrar el tema de la deuda. El único que prestó fue Venezuela, por decisión política y solidaria, y a tasas altamente costosas, por cierto”.
Más en el Fondo
Otro dato, legislativo: el 17 de abril, tras sesión de 15 minutos según la agencia oficial Télam, se transformó en ley el proyecto de ampliar el capital de Argentina en el Fondo Monetario Internacional, por aproximadamente 5.000 millones de dólares. Fuentes parlamentarias dicen que no se afectará el nivel de reservas ni tendrá efecto fiscal o monetario (es una transferencia contable, no de dólares verdaderos, aunque a los neófitos esto nos pone en guardia). El objetivo, dicen “fuentes legislativas” es permitir mayor incidencia de Argentina en las resoluciones del organismo.
Gambina traduce: “Eso pasó desapercibido, fue votado por el oficialismo y la oposición. Es cierto que no se va a pagar efectivamente, pero la cuestión es: si hablamos mal del FMI, lo culpabilizamos, ¿para qué ampliar el capital en 5.000 millones de dólares? Para duplicar la capacidad de préstamos que Argentina tiene derecho a solicitarle al FMI. O sea que la Argentina está a la búsqueda de dólares y se está preparando nuevamente para el endeudamiento. Parte de esto es la bandera de los economistas neoliberales tradicionales como López Murphy, los de Macri como Sturzenegger, o Prat Gay, que proponen salir a buscar préstamos en lugar de emitir moneda”. La discusión es la de siempre en el último medio siglo, y se empieza a sospechar que cualquiera que la gane, pierde la sociedad.
La duda externa
Sostiene Gambina: “Hay mucha cifra que se esconde, que no se reconoce. Algunos especialistas dicen que hoy la deuda externa argentina es prácticamente el doble de lo reconocido por las cuentas oficiales. Estaríamos hablando de entre 310 y 320 mil millones de dólares”.
Frente a la duda, lo que parece faltar es investigar: “Hay que ver cuánto el stock real de deuda. Una cosa es lo que figura en los números y otra la real. Argentina no reconoce lo que se está discutiendo en la justicia estadounidense con los fondos buitres. Son 1.300 millones de dólares, cifra menor te dicen, pero representativa de unos 7.000 millones de dólares con los intereses caídos de todos estos años. La cifra se multiplica, y los que entraron en los canjes de deuda van a reclamar que se los equipare. Son otros 43 mil millones. Se puede agregar todo lo que no se está pagando por juicios en el CIADI (ámbito del Banco Mundial al que acuden empresas que se sienten estafadas por la Argentina)”.
De las reservas en dólares, informa Gambina, parte está comprometida con deuda interna (por ejemplo, los 9.500 millones de dólares pagados al FMI con un préstamo del Banco Central a la Tesorería). “Obviamente la hipótesis es que al Banco Central le patearán la pelota todo lo que sea necesario, pero también es cierto que las reservas internacionales están debilitadas porque muchas son de dudoso cobro”.
Blanqueo + utopías
El gobierno buscó otro modo de conseguir dólares mediante el blanqueo que se acaba de proponer. Gambina: “No va a pasar nada sustancial. No creo que sea un éxito. Y si tiene éxito va a incrementar el endeudamiento externo del Estado. Un problema es que no parece que se le vayan a dar dólares al gobierno, salvo gente que tenga dinero muy sucio y aproveche así para declararlo. En 2009 se hizo un blanqueo y se llegó a 4.000 millones de dólares. Supongamos que se llegue, que no creo, lo que va a permitir es llegar a las elecciones”.
La charla da la sensación de quedar encerrada: “La realidad es que el dólar blue, la deuda y todo lo que estamos planteando, está ligado a un capitalismo de época”. El cáncer de la deuda externa desde los tiempos de la dictadura, ahora parece expandido viralmente por el mundo. “Hoy el problema de la deuda lo tiene también Estados Unidos, Europa, Japón, y siempre consiste en tirar la pelota para adelante. El capitalismo, y no es una consigna, está en crisis. Y quiere salir de la crisis transfiriéndole el costo a los países del sur, y a los que son ‘sur’ en el propio norte: trabajadores, pobres, desempleados y jubilados de las potencias. Por eso Alemania le transfiere a sus vecinos el costo de la crisis. Hoy todo el mundo está financiando el déficit norteamericano”.
En este punto Gambina cree que es imposible recomendar algo en términos de política económica convencional. “Si querés mejorar la ventas en el mercado contemporáneo, hay que vender soja, oro y autos. Pero ¿Es lo único que Argentina puede vender? ¿No se puede tener una relación económica más amigable con los países del sur, y que todos dejen de pensar salidas individuales? Creo que se podrían generar políticas que tengan un rumbo diferente, anticapitalista, en buena parte de América Latina, Asia y África para cambiar relaciones socioeconómicas que están llevando a un desastre”.
El planteo le resultará utópico a muchos, reconoce Gambina. “También es utópico pensar que con estas herramientas del sistema se va a encontrar una solución a los propios problemas que el sistema genera. El asunto es hacernos la pregunta. Si nadie se propone encontrar opciones, nunca se va a lograr”.
K o anti K
“En general, todo el escenario está discutiendo K o no K, en política y en economía”, confirma Gambina. “Y todos imaginan: gobiernan los K, y si no los anti K de derecha. El problema es algo más allá. Porque la salida capitalista no es salida, lo vemos todo el tiempo. La solución capitalista es con súper explotación de la fuerza del trabajo, y de los recursos naturales”.
El argumento es que frente al dogmatismo hace falta otra actitud. “Se necesita un enorme realismo. Mirar de frente los problemas. Bill Clinton dijo en su momento: ‘Es la economía, estúpido’. Hoy podría decirse: ‘Es el capitalismo, estúpido’. Y reitero que no es consignista, porque lo que debemos desplegar es lo contrario: datos y argumentos que permitan entender la situación. Y además, para decirlo en términos académicos, patear el tablero”.

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