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La otra moda

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Chiri, ropa y algo más. Comenzaron haciendo chiripás de colores y sembraron una línea de ropa original, sin edad ni medida. Ya tienen tres locales, acaban de abrir la tienda virtual y quieren compartir los anaqueles con músicos y artistas plásticos.

chiriEl chiripá es una de las prendas de vestir  más fáciles de confeccionar: un pedazo de tela rectangular que se pasa entre las piernas y se ata a la cintura.  En idioma quechua la palabra chiripá significa “para el frío”, era usado por personas pobres, primero por los pueblos originarios, luego por los gauchos. Simple y cómodo,  esta especie de pañal de tela sirvió de inspiración a dos jóvenes inquietas que atendían un local de ropa en el  barrio de Almagro.

Paula era la dueña del negocio heredado de su familia. Eleonora trabajaba  allí como vendedora. Durante las horas compartidas se les ocurrió la idea de diseñar ellas mismas chiripás de diferentes telas y colores. Una vez que tuvieron varios listos,  los colgaron en el local y fue un éxito rotundo: se vendieron todos en dos días. Esta fue la prenda modelo con la que inauguraron el emprendimiento y en honor a  ella crearon la marca Chiri. Luego diseñaron una pollera multifunción, que se convertía en vestido, y un sinfín de prendas femeninas con influencias de la ropa hindú y del norte argentino, que combinan color, gracia y practicidad.

Ropa para todas

El anhelo de imaginar y materializar la ropa con la que les gustaría vestirse, el gusto por el arte, la mezcla de colores y texturas y la propuesta de que cada mujer acepte y ame su propio cuerpo sostienen desde hace seis años la aventura de Eleonora y Paula. Arrancaron multiplicando por dos el entusiasmo y hoy cuentan con tres locales, un taller y más de treinta personas que trabajan en diferentes áreas, incluso Pablo, pareja de Paula, que se sumó a la sociedad y -dicen ellas- aporta el orden y la estructura que a ellas les cuesta mantener.

“Vestirse es un hecho creativo. Cada mañana cuando elegís qué ponerte, entra en juego la creatividad de cada uno. A nosotras nos motiva la vida, lo que nos va pasando. Nuestras prendas se regulan para diferentes cuerpos. Nos inspira mucho la ropa de danza, buscamos resaltar lo femenino, estar cómodas con el cuerpo, que es hermoso y está bueno mostrarlo. Aceptarlo es un proceso, pero el objetivo es claro: la mujer tiene que ser saludable y buscar su propio equilibrio”, dice Paula, que fue madre hace poco y la necesidad de usar ropa adecuada para darle la teta a su bebé la inspiró en la creación de algunas prendas.

Apenas comenzaron, y por una cuestión de comodidad, hacían un solo talle, ya que las telas elastizadas con las que trabajan permiten que se adapten a diferentes tamaños de cuerpos. Desde hace un tiempo, incorporaron talles más grandes. “A veces vemos que a algunas chicas les cuesta mucho encontrar algo práctico y lindo, más allá de que eligen nuestra marca para estar cómodas. Se va metiendo esta cuestión de que todo te tiene que quedar perfecto, se cuestionan el peso, si se les  marcan los rollitos”, sintetiza Eleonora, que estudió Psicología Social en la Universidad de las Madres y aplica sus conocimientos en su tarea como socia de la marca. “Queremos que Chiri sea para todas”, afirma. Y lo consiguen: las mujeres que entran a sus locales y compran su ropa van desde los 20 a los 60 años.

Territorio Chiri

La primera campaña de la marca la hicieron en la casa de Paula, con dos amigas. Una posó y la otra sacó las fotos.  Ahora, las mujeres que participan de cada nueva campaña son actrices, bailarinas o cantantes. “Preferimos no trabajar con modelos porque son demasiado flacas”.

La ropa que diseñan se ajusta a sus  gustos personales y no siguen las tendencias que marca la moda. Compran las telas que les resultan divertidas para sus diseños y punto. Ni siquiera se dejaron llevar por la firme recomendación de un vendedor textil que les quería imponer el animal print porque “es lo que se usa”.

Paula explica cuál es el espíritu de Chiri: “Nuestra búsqueda va más allá de la moda y eso se nota en nuestros locales. Mucha gente entra mecanizada, ensimismada, con una actitud a la defensiva con el vendedor. A nosotras nos gusta ofrecerles otra cosa, que vengan al local no sólo a mirar ropa sino a  escuchar música, a disfrutar del aroma de un sahumerio. Si compran algo, mejor, de eso vivimos, pero no de cualquier manera. Intentamos que el local sea un espacio para compartir un buen momento. Tenemos una hermosa devolución por parte de la gente: nos escriben, nos hacen críticas y propuestas. Se sienten parte”. Los locales son una invitación a disfrutar del color y los estampados, cuesta elegir una sola prenda porque la variedad y la originalidad están presentes en cada una de ellas. La propuesta, dicen sus creadoras, es encontrar la propia identidad, animarse a combinar y recordar que vestirse es un juego.

La magia es jugar

Además de los locales de Almagro, Paternal y Palermo, comenzó a funcionar hace pocos meses la tienda virtual. También trabajan con diseñadores independientes que les acercan sus propuestas de ropa y accesorios. La última apuesta: lanzaron junto a otra diseñadora el Proyecto cero desperdicio, en el que se utilizan los retazos de las telas para fabricar monederos, collares, carteras y capuchas, entre otras linduras.

A fines del año pasado organizaron una reunión-desfile-encuentro en El Chaperío, en el que cantaron Charo Bogarín, de Tonolec, y Micaela Farías Gómez. Además un grupo de bailarinas realizó una coreografía vistiendo la ropa de Chiri.  Esperaban concurrencia, pero no tanta como la que disfrutó esa noche, que recuerdan como de música y danza, no como un mero desfile. Ahora planean convocar a músicos para vender sus cds y a artistas plásticos para exponer sus obras en los locales.

Las marcas de indumentaria femenina suelen mostrar en sus publicidades mujeres con determinadas características: juveniles, frescas, atrevidas, sensuales, etc.  ¿Cómo se imaginan  Eleonora y Paula a las mujeres que visten sus diseños? Ellas tienen la ventaja de conocer a algunas de sus compradoras. Cuentan que por lo general, están ligadas al arte.  Cuando concurren a recitales u obras de teatro ven muchas chicas que visten prendas de Chiri y esa es la mejor recompensa. Cuerpos flacos, rellenos, altos, bajos, jóvenes, maduros, todos irradian belleza. Uno de los momentos más esperados es cuando llega la ropa del taller. Así lo describe Paula: “Abrimos las bolsas como dos nenas desesperadas y queremos probarnos todo. Mientras nos siga pasando eso, la magia va a seguir estando”.

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