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Vivos se los llevaron

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Desde Ayotzinapa, México, las palabras y las imágenes de Lina Etchesuri sobre los familiares de los 43 chicos secuestrados por el Estado en complicidad con el narcotráfico.

ayotzinapa

¿A quién buscás?

A Martín Sánchez García.

Y somos muchos, no soy la única. Somos 43 padres que vivimos angustiados por no encontrar a nuestros hijos.

Joaquina García Velásquez está lavando ropa en una terraza, en una mañana fría de domingo. Otras madres lavan tazas, otras preparan el desayuno: frijoles, huevos revueltos, tortillas, café. La imagen de todos compartiendo el desayuno en mesas largas, charlando, haciendo algún chiste, parece la de un grupo de viaje. Salvo por sus miradas y que son las madres y padres de Ayotzinapa, que buscan a sus hijos desde el 26 de septiembre del año pasado. Allí, en la ciudad de México, esperando la marcha por los 4 meses de la desaparición de esos 43 jóvenes, en medio de reuniones, brindando charlas para todo el que quiera escuchar.

Lo que saben es que los normalistas viajaban desde su Escuela Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa hacía al Distrito Federal para participar de las marchas y actividades por el 2 de octubre. Ese día se conmemora la masacre de Tlatelolco, cuando en 1968 el ejército mexicano, la policía y grupos paramilitares arremetieron contra estudiantes en huelga. Todavía hoy no se sabe cuántos fueron los asesinados, torturados y desaparecidos aquel día. Para el movimiento estudiantil es una bandera de lucha en la calle.

Los normalistas iban en varios micros, pasaron por la ciudad de Iguala, con la intención de hacer boteo -pedir cooperación-, y allí fueron interceptados por la policía municipal, que disparó contra los micros. Mataron a 6 personas entre estudiantes y pasajeros de taxi, hirieron a varios y arrestaron a otros tantos. Desde entonces están desaparecidos 42 estudiantes, y se encontraron los restos de uno de ellos, Alexander Mora Venancio.

Lo que también saben los padres y madres es que el Estado es responsable.

Desde el principio, el gobierno y los medios comerciales de comunicación acompañaron la versión de que los estudiantes fueron entregados por la policía al grupo narco criminal Guerreros Unidos, con fuertes lazos con el gobierno municipal de Iguala. Simplemente los estudiantes fueron confundidos con un grupo narco enemigo. Están detenidos policías, narcos y el ex-alcalde de Iguala. Los narcos dieron su versión de lo ocurrido: recibieron a los 43 estudiantes entregados por la policía, los subieron a unas camionetas, los trasladaron a las afueras, los mataron, e incineraron sus cuerpos en un basural. Los restos fueron puestos en bolsas y arrojados al río. Un día después de la marcha realizada a los 4 meses, el gobierno y la Procuradoría presentaron un video donde se llegaba a la verdad histórica de lo ocurrido con los normalistas. Después de meses de investigaciones, exactamente eso había pasado. Hay detenidos, algunos todavía siguen prófugos: ¿caso cerrado? No.

Ayotzinapa se encuentra en el Estado de Guerrero, en el centro de México, sobre el oceáno Pacífico, famoso a nivel mundial por las playas de Acapulco, lugar mítico de los latin american ricos y famosos en los 80 y 90. Junto con Chiapas y Oaxaca, son de los Estados con más luchas y alzamientos. Y de los más pobres.

La escuela de Ayotzinapa es una Normal para pobres. Así lo cuentan cada una de las madres: allí se estudia, se come y se duerme. A pesar de los gobiernos y reformas educativas, que en los últimos años buscaron cerrar cada vez más normales rurales, sigue siendo una de las pocas opciones que tienen los
jóvenes de familias campesinas y pobres
para salir adelante. Cuentan de sus vidas en el campo, del trabajo duro, del poco dinero, de comer sólo a veces. Del orgullo y las ganas de los chavos, los chicos, por ser maestros, por cambiar su realidad y ayudar a sus familias, sobretodo a que sus madres por fin dejen de trabajar.

“¿Por qué tanta maldad, tanta crueldad?”, se pregunta y me pregunta Joaquina. Los padres y madres siguen buscando vivos a sus hijos. Se mezclan los tiempos verbales cuando hablan de ellos. Confían plenamente en el Equipo Argentino de Antropología Forense, que no avaló lo expuesto por el gobierno. Sólo “los argentinos” les podrán decir lo contrario a sus esperanzas.

Hay quienes vislumbran una sociedad que dijo basta. México pareciera haber reaccionado. Después de años de desapariciones acalladas, violencia, muerte, se van politizando las charlas diarias, las familias salen a las calles a reclamar, a decir “no lo vamos a permitir”. Es violenta la impunidad. Como en un dejavú geográfico, las madres siguen buscando a sus hijos. A casi 5 meses saben y sienten que sus hijos no están muertos.

Eso dicen, mientras se les quiebra la voz.

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