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Feminismo 3.0. Mujeres programadoras

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Girls In Tech y Mujeres Poderosas son jóvenes que plantean a la tecnología como una forma de empoderamiento femenino. Lo grupal, las redes y cómo batallarle a los prejuicios.

Estamos en el Media Party que convoca Hack Hackers Buenos Aires, una comunidad de periodistas y programadores que comparten experiencias, cuando sube al escenario para contar la suya Carolina Hadad, una de las comandantas de Girls In Tech, que dice:

-Levanten la mano los programadores que estén en la sala.

20 manos arriba.

-Ahora bájenlas los hombres.

Quedan 2.

El juego -explica Carolina- sintetiza lo que sucede en cualquier redacción, trabajo o universidad en cuestiones tecnológicas. Y permite entender por qué hay grupos de mujeres programadoras, periodistas, diseñadoras que se juntan para trabajar en equipo y promover encuentros para compartir lo que saben, y aprender lo que no, con otras mujeres.

Los proyectos son relativamente nuevos y se llaman Girls In Tech y Mujeres Poderosas. El primero es un grupo de mujeres especialistas en tecnología que interviene en comunidades (por ejemplo, junto a chicas de escuelas secundarias) para desarrollar una aplicación sobre un tema específico. Carolina cuenta que una de sus inspiraciones es un proyecto de Moldavia en el que chicas de 15 años crearon una aplicación para detectar la contaminación en el agua.

Girls in Tech trabaja con jóvenes secundarios para fomentar un uso crítico de la tecnología, pero también deseoso: “La idea es motivar a los chicos y que conozcan qué puede hacer un programador, sin etereotipos ni conceptos”, dice Melina Masnatta.

Chicas Poderosas, por su parte, es una comunidad de mujeres que vienen del periodismo, la programación y el diseño y se reúnen para compartir conocimiento. “Vos me explicas algo que conocés, yo te explico lo que sé -simplifica Yamila García-. Se trata de generar sinergia y ayudarnos entre todas para hacer y para aprender las cosas que no te enseñan el trabajo ni la universidad”.

Así, motorizan proyectos personales apoyándose en los saberes de todas, y buscan financiamientos colectivos para abordar juntas los problemas, y no solas. Como Girls In Tech, promueven encuentros que abren al público, también hombres, para capacitar sobre cuestiones técnicas de programación, diseño y estrategias de medios.

Del hashtag a la calle

El cronómetro se puso en cero cuando un hashtag de redes sociales se transformó en una movilización de 100 mil personas, al grito de #NiUnaMenos. La intuición que venían teniendo se hacía carteles, cantos, murales, intervenciones artísticas, pies en la calle. No les preocupaba definir si las redes habían sido motor, o solo un soporte del reclamo. Habia algo claro: mujeres y tecnología podían encontrarse y producir cambios concretos, más allá de la agenda institucional y mediática.

Girls In Tech y Chicas Poderosas son dos de los proyectos que militan el empoderamiento de las mujeres desde la tecnología. Esto significa muchas cosas, que pueden empezar a entenderse desde una definición académica:

Empoderar: conceder poder a un colectivo desfavorecido socio y económicamente para que, mediante su autogestión, mejore sus condiciones de vida.

Ambos son proyectos internacionales que tienen su capítulo en Argentina, lo cual no significa que las versiones regionales sean embajadas o sucursales, sino que en cada país un equipo de mujeres se apropia de la idea madre para adaptarla a los territorios. Las versiones latinoamericanas suelen ser las más activas para generar herramientas y saberes que permiten a las mujeres ser protagonistas. ¿Y aquí? “Para nosotras hablar acá es bastante más sencillo que en otros países –cuenta Melina-. En este momento hay un espacio para estos temas. En otros países hay proscripciones mayores,  el acceso a estudiar es complejo y la igualdad tiene que ver con otras cuestiones”.

Aprender en comunidad

Los grupos que integran Girls In Tech y Chicas Poderosas están formados por jóvenes y voluntarias, programadoras, periodistas, diseñadoras que apuestan al trabajo grupal: “La necesidad de juntarnos fue la de hablar con pares. A cada una, desde nuestras biografías, nos ha costado mucho encontrar cuál era la definición de mujer que representaba un modelo a seguir. O poder trabajar de lo que nos gustaba”, sostiene Melina.

Los dos proyectos coinciden en que con la tecnología las mujeres pueden llevar adelante sus proyectos (una web de venta, un blog de viajes, cualquier sueño) y modificar su entorno. Idea didáctica de Yamila: “Vengo de Hack Hackers y otras comunidades de las que aprendí mucho. Llega un punto en que sabés mucho más que tu jefe de la redacción, que no se capacitó. Y esto te lo da la comunidad”.

En el Hack Hackers Media Party de este año hubo intervenciones como la que estuvo a cargo del portal Vox Media: “No estudien ciencias de la computación”, a cargo de Kavya Sukumar, que estudió computación 4 años, dijo: “No hace falta ir a la Universidad para aprender códigos. Es como estudiar matemática para ser científico. Programar es una destreza básica. Estudien áreas, conceptos: visualización de datos, mapeos, sitios web. No elijan un lenguaje solamente”.

Yamila García agrega qué cosas no enseñan las universidades: “No capacitan para gestionar tu proyecto, o hacer tu equipo. Es muy difícil sostener un medio, y más un medio independiente. Y ser mujeres tiene que ver con ser independientes”.

El género del poder

Las últimas encuestas plantean lo obvio: existen serias brechas de género en el acceso a puestos de decisión en el trabajo. Si bien hubo avances en Argentina respecto de los 90, hoy sólo 3 de cada 10 puestos directivos son ocupados por mujeres. La cifra surge de la investigación Género en el trabajo obtenida de la Encuesta Permanente de Hogares a nivel nacional. Otro dato dice que más del 52% de las mujeres que ocupan cargos jerárquicos tienen nivel educativo superior y universitario completo; hombres, sólo el 34%. Las mujeres pierden ahí, pese a estar más capacitadas.

El estudio Sexo y poder detecta que de cada 10 puestos de máxima autoridad en instituciones nacionales, provinciales y municipales, sólo 2 son ocupados por mujeres.

Melina, de Girls In Tech, recuerda: “Históricamente el rol de la mujer tuvo que ver con la transmisión de la cultura, contar relatos, cuentos, historias que van trasladando el saber y el patrimonio vivo de una comunidad. Hemos perdido esa capacidad de hacer y relatar”, reflexiona.

¿Por qué elegir la tecnología como trinchera? “Porque tecnologías nos permiten volver a explorar nuestras capacidades, empoderarnos desde ese lugar, y discutir, dialogar, aportar a la par de los demás”.

Contra las teorías que señalan a Internet como un lugar misógino y violento, más allá de casos (y caos) puntuales, Yamila García plantea que es un lugar de igualdad. Melina: “No importa si es hombre o mujer, con título académico o no: importa el conocimiento y lo que hay para decir. Es un igualador. Muchas veces pasa que cuando conocés físicamente a la persona decís: wow, era éste, y por ahí de otro modo no hubieses tratado con esa persona, por todos los prejuicios que se tienen”.

Identikit del tipo feo

¿Qué tiene para aportar no este género, sino esta generación de mujeres? “No nos gusta mucho hablar del ‘aporte de la mirada femenina’, nos parece autoexcluyente; por eso nos interesa que las mujeres aprendan otros lenguajes como es el de la programación, que se lo asocia a un lenguaje masculino”, dice Melina. Yamila agrega como periodista: “La tecnología está muy ligada al hombre. Y ni hablar en una sala de redacción. Pero hoy están cambiando los medios por la era digital y es necesario que las mujeres se potencien”.

Advertencia: los proyectos que incuban Girls in Tech y Mujeres Poderosas no necesariamente tienen una perspectiva de género. “Hay una toma de conciencia sobre la violencia masculina. Es un tema fuerte –dice Yamila-. Los hombres son bienvenidos. Es un ecosistema de mujeres, y lo que notamos es que al trabajar así se genera un entorno de igualdad y confianza en la que todos quieren aprender”. Para explicarlo siempre se vuelve a la propia experiencia: “Todas hemos vivido la situación de estar en desnivel. Consideramos que las mujeres no están motivadas para revertirlo”.

Un ejemplo bien gráfico se vio en el desarrollo de la carrera de informática en el país. Carolina cuenta que según un informe de la Fundación Sadosky en los 70 las mujeres representaban el 75% en la carrera de Computador Científico de la UBA, la primera en Argentina. Hoy ese porcetanje supera apenas el 10%.

¿Qué pasó en el medio? Hadad arriesga: “Es difícil saberlo. Pero al ver que despegaba la computación, los medios empezaron a mostrar a los programadores según un estereotipo que sigue vigente”. Un posible identikit: “Varón, blanco, estudioso, feo, tímido y que no interactúa con otras personas, sólo con la computadora”, escribe en un blog. Y culmina: “Esto se consolidó con videojuegos con personajes femeninos planos y altamente sexualizados, o kits de ciencia y electrónica para niños con varones en la tapa y colores tradicionalmente masculinos”.

Melina retoma la idea: “Estamos intentando ver de qué manera nosotros podemos incorporar a las mujeres a este nuevo lenguaje para que también sean transmisoras activas de cultura”.

Aprovechar la ola

Esta nueva generación de mujeres no se plantea tanto en un tono confrontativo, sino que mira a los costados. Melina: “Conocemos el peso de la historia. Si vamos contra algo de una manera sesgada, generamos todo lo contrario de lo que queríamos. Es un momento ideal para tomar las riendas. Y los jóvenes podemos aportar mucho, porque venimos con otra mirada. Y las más más jóvenes hasta naturalizan situaciones que nos parecen fantásticas: viven en una sociedad más participativa. La pregunta es cuánto de real tiene esa participación y si podemos mejorarlo para que sea más activa”.

Melina se refiere a que, si bien el uso de Internet ocupa muchas horas de nuestras vidas, cabe preguntarse cuán productivo es lo que hacemos con la computadora: “El punto es cómo podemos hacer para dialogar para crear soluciones reales para problemas que son de todos. La idea de red y de comunidad se hace tangible con Internet. Si uno se fija, es una gran necesidad en la sociedad, por algo es el auge de las redes sociales”.

La teoría indica que hasta una selfie puede ser crítica: “Por supuesto que creemos en la potencia de las tecnologías, es el medio y la excusa, pero creemos también que hay que dar un pasito más. Ese pasito lo tenemos que dar con los jóvenes que muchas veces consumen las redes como una catarsis. Entonces si uno quiere convocar, quiere poner un tema en agenda, bueno, empecemos a trabajar y apropiarnos de estas herramientas”.

¿Apropiarse para qué? “El otro punto es poder poner este tema en agenda –dice Melina, sobre potenciar a mujeres-. Porque quizás siempre somos los mismos círculos orgánicos los que hablamos de esto. Cuando me voy a otros ambientes, me dicen: ‘¿En serio que solo el 8% de las mujeres editan Wikipedia?’ Queremos ponerlo en agenda y acercarlo al público de manera fácil. No podemos negar que la tecnología se expanda, ya sea por políticas públicas o porque los chicos, no importa el nivel socioeconómico, tienen un celular smarthpone”.

Para poner en práctica estas ideas, los dos grupos de mujeres tienen programados encuentros durante septiembre. La MediaFem de Chicas Poderosas sucederá los 17, 18 y 19 y por ella pasarán líderes de medios contando su experiencia y habrá talleres de diferentes temas como: periodismo de datos, cómo hacer tu primera aplicación móvil, cómo dar órdenes a un diseñador, entre otras.

Las Girls In Tech, por su parte, planean una Hackatón durante dos días para trabajar junto a chicas de escuelas secundarias. “No solo para diseñar con ellas una aplicación, sino para detectar un problema de la comunidad. No queremos que hagan jueguitos. Se trata de darle herramientas para que puedan participar con su comunidad para resolver algo”.

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