Nota
10 años sin Luciano Arruga: la marcha que hermana todas las luchas
Una multitudinaria marcha recorrió las calles de Lomas del Mirador, en La Matanza, a una década de la desaparición forzada del joven de 16 años. Participaron muchas familias de todo el país que también fueron víctimas de la violencia estatal. Qué refleja la importancia de la organización colectiva y la construcción de condena social en el actual contexto de deshumanización política. Nuestra crónica y reportaje fotográfico.
Vanesa Orieta sale de una verdulería, camina diez metros y se mete en una panadería. Sale, camina tres pasos e ingresa en una lotería. Lleva un pilón de folletos en la mano que tienen como portada varias fotos con el rostro de su hermano. Y dos frases:
- “10 años de impunidad”.
- “10 años de lucha”.
No le quedan muchos. Mientras a su costado marcha a paso firme una marea de cinco cuadras, se adentra en los últimos negocios. Todos la observan. Todos la escuchan. Todos abren esos folletos y ven la cronología de un crimen de estado.
El mapa de la persecución policial a un pibe de 16 años de un barrio del conurbano bonaerense.
Los signos de la tortura a un joven que se negó a robar para la policía.
El rastro de una desaparición forzada en democracia.

Foto: Lina Etchesuri.
Vanesa explica, a cada vecino y vecina de Lomas del Mirador, que hace diez años están pidiendo verdad y justicia. Que a Luciano lo vieron por última vez el 31 de enero de 2009. Que testigos relataron cómo fue subido a un patrullero por efectivos de la Bonaerense. Que el 17 de octubre de 2014, cinco años y ocho meses después, hallaron el cuerpo. Que según la reconstrucción, Luciano “cruzó” a las 3.21 de la madrugada del 31 de enero con ropa que no era de él por un lugar inaccesible de la General Paz “desesperado, como si estuviera escapando de algo”, declararon testigos. Que lo atropellaron, murió en el Hospital Santojanni -donde su familia fue a preguntar si había ingresado un joven y le respondieron que no-, lo derivaron al Cuerpo Médico Forense y fue enterrado como NN en el Cementerio de Chacarita.
El circuito revela cuál fue la trama de encubrimiento de uno de los hechos más resonantes de nuestra democracia. Las prendas nunca aparecieron, y un testigo declaró ante el Juzgado Federal de Morón que vio desde la autopista una camioneta doble cabina de la Bonaerense con las luces bajas. En el medio, una causa por desaparición forzada y un juez de garantías (Gustavo Banco) y dos fiscales (Roxana Castelli y Celia Cejas) con pedido de jury político por pinchar los teléfonos de la familia y desviar la investigación de la Bonaerense.

Foto: Lina Etchesuri.
El último dato que consigna la cronología que Vanesa reparte por todos los negocios es el del nuevo juez interviniente en la causa, Martín Alejandro Ramos. “Al igual que los otros, insistirá en la toma de declaración a Familiares y Amigos revictimizándonos una vez más”, especifica. “Los policías no son llamados a declarar, tampoco jueces, fiscales y funionarios de alto rango político, responsables de garantizar la desaparición forzada de Luciano. Así es como todos se amparan en la eterna impunidad”.
Vanesa explica todo esto una y otra vez, como hace diez años.
Y luego, como hace diez años, se reincorpora a la marcha, junto a su mamá, Mónica Alegre.
Las lágrimas y la lucha
Los festivales y aniversarios que durante esta década recordaron la desaparición de Luciano Arruga se han convertido en ceremonias colectivas que, desde el asfalto caliente del enero matancero, construyeron una forma de condena social única respecto al posicionamiento de familiares y amigos hacia la violencia del Estado.
También reflejan la cristalización de una práctica.
Ejemplo: por la calle se cruzan ahora mujeres y hombres con escaleras que apoyan a toda velocidad en los postes de luz. Se suben y cuelgan diversos carteles: “10 años de impunidad”, dice uno. Otro: “Terrorista es el Estado”. Otro: “Lxs pibxs no son peligrosxs. Están en peligro”. Las mismas consignas se despliegan en pasacalles que van interviniendo el barrio entero. Por las puertas y los balcones se asoman vecinos y vecinas. Aplauden y saludan. No es un dato menor en un barrio que, diez años atrás, había exigido la creación de ese destacamento policial para exigir mayor seguridad.

Foto: Lina Etchesuri.
En la marcha hay una gran presencia de familiares de otras víctimas de violencia estatal. La transmisión radial colectiva de la manifestación (que reunió esfuerzos de las radios Zona Libre, Radio Sur, Fribuay, En Tránsito, Presente, La Retaguardia, Estación Sur, La Caterva, La Colectiva y la RNMA) habló con varias de ellas:
- Ayelen, hermana de Julián Antillanca: “A mi hermano lo mataron el 5 de septiembre de 2010 cuatro policías a la salida de un boliche en Trelew, Chubut. Intentaron desaparecer el cuerpo. Lo tiraron frente a la casa de unos pibes que tenían antecedentes para desviar la investigación. En 2015 se condenaron a cadena perpetua a Solís y Abraham, dos de los cuatro que lo mataron. Es importante estar acá, visibilizar y acompañar por el contexto que estamos viviendo, cada vez peor, con relación a los pibes de los barrios y al ajuste brutal que está llevando el gobierno neoliberal. El asesinato de mi hermano fue un homicidio de clase: era negro, pobre, mapuche, y creían que nadie iba a ser nada por él. Lo que quisieron hacer para entorpecer tenía que ver con eso: quién iba a reclamar a este negrito. No pudieron”.
- Verónica Heredia, abogada de la familia de Santiago Maldonado: “La democracia no ha garantizado que el peor de los crímenes que puede cometer un Estado, la desaparición forzada, no se siga cometiendo. Es terrible la conexión con Santiago porque el 17 de octubre de 2014 se encontró el cuerpo de Luciano y el 17 de octubre de 2017, se encuentra el de Santiago. Y esa es la perversión de lo que puede llegar a hacer el Estado. La máquina de hacer desaparecer comienza con la fuerza de seguridad, con la policía, un gendarme o prefecto, pero solamente se puede obtener una desaparición forzada, una tortura, si hay un poder judicial que avala esos hechos”.

Foto: Lina Etchesuri.
- Inés, mama de Marcos Acuña: “A mi hijo lo mató el prefecto Juan José Silva de un tiro en la espalda en Quilmes el 28 de agosto de 2015. El juicio se va a desarrollar el 2 de septiembre de 2019. Marcos estaba desarmado, tenía solo dos encendedores contra un arma letal que le destrozó todos los órganos. Prometí hacer justicia no solo por él sino por todos los pibes porque trato de salir a la calle a acompañar a todos las mamás y llevar a los más de 4 mil pibes asesinados por el Estado represor. Es más barato una bala y no un centro de rehabilitación para chicos adictos. Si no nos organizamos todos los familiares no logramos condenar a nadie. Los familiares tienen que salir a gritar, a escrachar, a pedir y golpear. Dejar las lágrimas a un costado y salir a luchar”.
- Cristina Gramajo, mamá de Sergio Filiberto: “Murió en la masacre de Pergamino, donde fallecieron 7 jóvenes en la comisaria 1ra. Hay que visibilizar, denunciar todos estos atropellos. La represión que tiene este Estado es una forma de disciplinar a la sociedad y meter miedo con la figura de la inseguridad, y siempre con los pobres. Estar acá es un sentimiento encontrado porque estás contenta porque nos animamos a luchar y salir, pero lo lamentable es porqué: perdimos un ser amado por la represión. Vemos que después de la dictadura siguen matando. Son otras formas, pero son nuestros jóvenes. Y por eso, el Estado es responsable. Hay miles personas que no pueden satisfacer sus necesidades básicas. Cierran escuelas. La grieta esta ahí. Hay algunos que quieren chicos adentro de la cárcel y otros en la escuela: ellos la cierran”.

Foto: Lina Etchesuri.
- Claudia Veliz, mamá de Diego Pachao de Catamarca: “Lo arresta la policía de la comisaria 7ma porque le pide que no le peguen al amigo. Mi hijo sabiamente pide que no le peguen y ese es el motivo del arresto. Los libros de guardia constan que lo arrestan por averiguación de medio de vida, con el tiempo nos dimos cuenta que la figura no existe y a mi hijo lo sacamos con una muerte cerebral. No lo tenemos a Diego, no hay justicia y la complicidad del gobierno de los tres poderes es en su totalidad. Este sistema de gobierno corrupto tiene que terminarse: ellos dan el poder para que la policía mate”.
El ícono
Pablo Pimentel, referente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza (APDH), uno de los organismos que acompañó a la familia Arruga desde el primer momento, dice que una de las imágenes que se le viene a la cabeza tras 10 años es el recuerdo de Vanesa Orieta diciendo que su hermano estaba desaparecido hacía 45 días. Era marzo de 2009. “Son 10 años de búsqueda de justicia”, dice a lavaca. “Fue la prepotencia de las marchas, los escraches, de recuperar el destacamento lo que puso a Luciano en la agenda judicial y política. Lo que me dejan estos 10 años es que no se puede construir un mundo sin hipocresía ni impunidad. Y cuando hablo de hipocresía me refiero a los dirigentes políticos: tienen que hacerse cargo de lo que no controlaron”.
Pimentel subraya que Luciano fue víctima de un mecanismo perverso que aún sigue operando desde el Estado. “Detrás de Luciano nació un icono en todo el país, que realmente nos tiene que llamar a la reflexión, sobre todo en este contexto de derechización brutal en la región y en el mundo, de deshumanización de la política”.
-¿Qué nos dejan estos 10 años?
-Nos queda la práctica de la construcción social de una lucha paralela a la justicia.

Foto: Lina Etchesuri.
La alegría
La marcha está llegando a la Plaza Luciano Arruga, en el barrio 12 de Octubre, donde se crió Luciano con sus hermanos y amigos, y Vanesa toma el micrófono. Habla de la Justicia, los medios y los funcionarios políticos. “Una desaparición forzada no se puede mantener a lo largo del tiempo sin la participación de todos estos actores. Y no es que son cómplices algunos. La justicia no es cómplice, tampoco los funcionarios de turno, son responsables directos de lo que ocurrió con la vida de Luciano”.
Apunta que las medidas represivas del Estado constituyen una política de todos los gobiernos desde la reapertura de la democracia en Argentina. “Tienen una actitud de instalar la figura de un pibe peligroso, y avanzan en esa dirección en el marco de un país en el que se discute la ´inseguridad´, que es muy bien aprovechada por los diferentes gobiernos constitucionales para generar el miedo, la paranoia y después tomar los peligros para plantear más mano dura. Ahí aparecen estos sectores de poder que aprovechando esta situación de mucho terror hacia los pibes generan políticas represivas. Por eso no aceptamos que no se mire hacia atrás, o se tenga una mirada contemplativa a unos gobiernos. Ningún gobierno defendió los derechos de nuestros pibes y ninguno ha solucionado la problemática de violencia estatal. Cada uno de ellos colaboró para que los pibes estén en una situación de completo peligro”.
Monica Alegre, mamá de Luciano, cierra: “Acá tienen lugar todos: los desocupados del Hospital Posadas, las pibas, los pibes, las víctimas de travesticidios. No es sólo la familia de Luciano. Acá nos hermanamos todas las familias, todas las causas, porque todas nos conciernen. Eso me llena de alegría, saber que nos podemos juntar porque lamentablemente estamos peleando contra un estado corrupto y opresor”.

Foto: Lina Etchesuri.

Foto: Lina Etchesuri.

Foto: Lina Etchesuri.

Foto: Lina Etchesuri.

Foto: Lina Etchesuri.

Foto: Lina Etchesuri.

Foto: Lina Etchesuri.

Foto: Lina Etchesuri.
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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