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Alerta Venezuela: «La disputa es por los territorios»

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Por Emiliano Teran Mantovani en Rebelión.
Desde semanas atrás, ya se anunciaban turbulencias a partir de enero-2019 en Venezuela, con la instalación de la Asamblea Nacional y la toma de posesión de Nicolás Maduro para un hoy incierto período presidencial 2019-2025. De nuevo, saltan una serie de jugadas políticas y geopolíticas de corto y mediano plazo, movimientos, alianzas y decisiones que avivan las tensiones ya existentes y buscan generar nuevos puntos de inflexión y cambios de escenario. El dramático avance de la devastación económica y de la descomposición política e institucional del país, sumado al hostil panorama internacional, nos han llevado a tiempos de mucha mayor volatilidad, en comparación con el muy conflictivo 2017.
Sin embargo, todo esto va mucho más allá de los reacomodos del poder institucional y los potenciales cambios de mandatario. Ante el colapso del rentismo, del Petro-Estado y toda su institucionalidad, la disputa por la renta ha ido perdiendo centralidad y se va dirigiendo con más fuerza hacia la apropiación directa de los recursos y el control de los territorios.
Mientras casi toda la atención se centra en la llegada de un ‘desenlace’ en las cúpulas del poder, lo cierto es que desde hace ya varios años se viene produciendo un intenso proceso de des-territorialización [1] re-colonización a lo largo y ancho de la geografía venezolana, que está teniendo un extraordinario impacto no sólo en los tejidos sociales, en la correlación de fuerzas y en los ecosistemas y la reproducción de la vida socio-ecológica; sino en la propia forma de la soberanía política en el país.
Es claro que el Estado/Gobierno de Nicolás Maduro está jugando un rol clave en este complejo proceso de recolonización, al intensificar la lógica extractivista, aplicando un brutal ajuste económico sobre los territorios (zonas económicas especiales, mega-proyectos como el Arco Minero del Orinoco A.M.O., entre otros), al tiempo que se vuelve políticamente muy agresivo y autoritario, y ha suprimido de facto el estado de derecho (estado de excepción permanente, zonas militares especiales, etc).
No obstante, por más que algunos análisis quieran omitirlo, no es el único actor en el juego. En realidad ni siquiera es un actor homogéneo y sólido. La crisis hegemónica que se produce desde 2013 con la muerte de Chávez y la metástasis de la corrupción, se unen a la extraordinaria crisis económica que colapsa y caotiza al país, lo que ha hecho que el Petro-Estado venezolano no sea hoy más que una colección de grupos de poder (que pueden tener conflictos y tensiones entre sí) y un conjunto de instituciones precarias y discontinuas.
El impacto de esta Gran Crisis (2013-2019) ha sido tan profundo, que ha removido y redimensionado las múltiples contradicciones y tensiones territoriales ya existentes, al tiempo que los territorios quedan abiertos ante los flujos salvajes de la actual globalización tardía y descompuesta. Lejos de ser homogénea, estamos ante una cartografía política fragmentada, muy movible y volátil: una parte de la sociedad venezolana, precarizada, migra desde la hueca economía formal hacia estas dinámicas de apropiación directa de los recursos y el control de los territorios; prolifera el paramilitarismo en sus diversas formas; bandas criminales y sindicatos mineros; sectores militares corrompidos que ejercen poder feudal; frentes de las guerrillas colombianas ‘desmovilizados’ (exFARC) o no (como el ELN); poderosos sectores ganaderos y terratenientes; y la creciente influencia/presencia, directa o a través de intermediarios, de las corporaciones transnacionales; entre otros. Es el capitalismo global 2.0 al desnudo.
Estos procesos no se pueden comprender en código binario/lineal, polarizado o sólo como los intereses de la Nación contra el Imperio. Los grupos en disputa pueden actuar basados en sus intereses particulares/locales o articularse hasta hacer parte de redes regionales, nacionales e internacionales, que conectan con mercados globales de recursos primarios, legales o ilegales. En estas múltiples escalas engranándose podemos hablar también de una geopolítica de la Región Guayana, una geopolítica de Los Llanos, una geopolítica de la Amazonía, etc.
En cualquier caso, todos estos actores mencionados son agentes de la acumulación por desposesión y de una u otra manera operan bajo lógicas bélicas. En esto, aunque no se articularan entre ellos, coinciden. Constituyen las diversas estructuras de poder que promueven una re-territorialización del despojo y la expoliación, y parecen llevar a Venezuela a re-configurarse como una o un conjunto de economías de enclave.
 
Cartografías del despojo, guerras y resistencias: algunas coordenadas
Es imposible dar cuenta de todas las múltiples tonalidades y rasgos de estas disputas territoriales a nivel nacional. Apenas si podemos mencionar algunas de ellas y sus tendencias de manera general.
Además del colapso del capitalismo rentístico, las zonas de enclaves petroleros han entrado en decadencia (al igual que las propias ciudades). Esto ha propiciado que las economías informales de extracción hayan tomado un muy importante auge. Las lógicas de apropiación y poder se van dirigiendo con mucha fuerza al control de las tierras, el territorio y las posibilidades de la extracción de materiales (oro, diamantes, coltán, madera, especies protegidas, etc) e incluso agua, así como al de la movilidad social, de mercancías, corredores estratégicos y de comercios transfronterizos.
En la región Guayana y la Amazonía –las que consideramos las nuevas fronteras de los commodities venezolanas– son tal vez las áreas donde presenciamos estas dinámicas con mayor crudeza. Las principales zonas del oro, en la Reserva Forestal de Imataca (al oriente del estado Bolívar), están siendo atravesadas por lógicas de guerra y se han creado feudos mineros dominados por bandas criminales, militares corruptos y/o sectores de la guerrilla colombiana, lo que no excluye la existencia de enfrentamientos armados con componentes de las Fuerzas Armadas, principalmente a través de operativos. Las nuevas fronteras de los commodities son claves en la reformulación del proyecto extractivista venezolano, pero al mismo tiempo lo son para el enriquecimiento y consolidación de intereses particulares y el posicionamiento territorial en relación al conflicto político nacional. Por eso es tan importante el devenir de lo que vaya ocurriendo en estas áreas.
Estos procesos han hecho metástasis en la zona, expandiéndose con mucha fuerza desde mediados de la década pasada, y en especial en este período de crisis actual. Se han intensificado en la cuenca del Caroní, en el Parque Canaima, en la cuenca del río Paragua, en el sur oriente de Bolívar (frontera con Brasil) y en el Caura, así como en los territorios Yanomami y en los municipios nor-orientales del estado Amazonas. Del mismo modo ha ocurrido con el coltán desde el nor-occidente de Bolívar hasta el eje carretero, y en la frontera de Amazonas con Colombia hasta el sur (oro).
Las disputas entre grupos armados y la instalación del proyecto del A.M.O. han generado violencia, muertes y desplazamientos. Varios pueblos indígenas han puesto resistencia, como han sido los pemón, yekwana, yabarana, wótjüja, yanomami, entre otros, aunque varias de estas comunidades se han también incorporado crecientemente a la actividad minera informal. En el caso de los pemón, desde hace varios años han luchado férreamente contra los desplazamientos y el despojo de estos grupos, y constituyen hoy uno de los principales bastiones de resistencia en estos territorios .
Estas operaciones de extracción se están expandiendo aceleradamente por todo el país, bajo una lógica de saqueo. No solo en el sur: minas metálicas (como las de oro en el estado Carabobo o en Yaracuy) o no metálicas (areneras, caliza, entre otras) proliferan en la geografía nacional, estas últimas también impulsadas en buena parte por militares corruptos que dan un usufructo personal de estas, generando deforestación, desvío de ríos y conflictos con poblaciones locales. Situación similar está ocurriendo con la madera.
En la extensa región de los Llanos, se han venido recrudeciendo las disputas por la tierra, que desde 2001 y hasta la fecha ha dejado un saldo de más de 350 campesinos asesinados. En el período de crisis, han venido arreciando situaciones de desalojos arbitrarios de tierras que habían sido recuperadas por comunidades campesinas, para así ser re-apropiadas por latifundistas. Los campesinos señalan que han sido abandonados desde instancias gubernamentales, que son asediados y perseguidos, criminalizados, judicializados, amenazados y en muchos casos asesinados a través de paramilitares y sicarios pagados por terratenientes y latifundistas. Las agresiones se han registrado al menos en los estados Barinas, Portuguesa, Monagas, Anzoátegui, sur del lago de Maracaibo (Zulia), Apure, Cojedes, Trujillo, Guárico o Mérida. En los últimos meses se han registrado asesinatos de campesinos, como el caso de dos de ellos pertenecientes al predio Hato Quemao (Barinas), el dirigente campesino del Partido Comunista de Venezuela, Luís Fajardo (sur del Lago) o recientemente (12/01/19) el de José «Caballo» de La Cruz Márquez, también en el sur del Lago.
El 12 de julio de 2018, un grupo de 200 campesinos que hacen parte de La Plataforma de la Lucha Campesina, inició una marcha desde Guanare (estado llanero de Portuguesa) recorriendo 430 kms a pie durante 21 días hasta llegar a la capital Caracas, en lo que representa una movilización inédita en Venezuela, y de grandes repercusiones políticas para los movimientos populares. Los campesinos exigen justicia por los asesinatos y denuncian cómo organismos de seguridad como la Guardia Nacional o la Policía Nacional Bolivariana habían participado de agresiones hacia ellos. A su vez, plantearon la necesidad de redireccionar el modelo agrícola, reconociendo a los campesinos como eje central de la soberanía alimentaria en el país. Estas movilizaciones revelan la necesidad de reorganización y relanzamiento del movimiento campesino, ante las crecientes amenazas a las que se ven expuestos.
Estados como Zulia y Táchira, como ya es sabido, son zonas sobrecargadas de intereses económicos y conflictos, claves en el mil millonario comercio ilegal de contrabando y extracción transfronterizo entre Venezuela y Colombia, pero además tienen incidencia en la dinámica de las conflictivas relaciones entre estos dos países. Numerosos actores armados –en buena parte, provenientes del conflicto colombiano– han incursionado y se han posicionado en diversos territorios, y hacen parte de intensas disputas por el control de los mismos, así como de los negocios de la gasolina, alimentos, entre otros. Quisiéramos destacar, para el caso del Zulia, el asedio en los últimos años que han sufrido los indígenas en la Sierra de Perijá (yukpas) y La Guajira (wayuu), siendo que esto se ha intensificado con las familias del asesinado cacique Sabino Romero y la cacica Carmen Fernández, lo cual se evidenció con el secuestro y tortura que sufrió la docente yukpa Mary Fernández , hija de Carmen, y el desplazamiento forzado del que fue objeto la comunidad de Kuse –liderada por la mencionada cacica.
Por último, las zonas urbanas, atravesadas por la precariedad, son áreas donde se producen intensas disputas por el control de barrios, comercio y corredores estratégicos. Bandas criminales han logrado ampliar su capacidad de organización y fuego, e incluso se han logrado articular con sectores corruptos de los cuerpos de seguridad del Estado. Estos últimos llevan adelante frecuentes operativos de choque en barrios populares (como ha sido la Operación para la Liberación del Pueblo) y el despliegue de fuerzas especiales a lo largo y ancho de las ciudades, los cuales actúan sin mayor regulación.
El juego está bastante abierto y la geografía venezolana cruje, jaloneada por múltiples actores del despojo y la re-colonización. Cuando de a ratos, en la escena de la política partidista las cosas parecen estacionadas, en la materialidad de las localidades, estos procesos avanzan vertiginosamente, evidenciado que, en buena medida, en Venezuela la disputa es por los territorios.
 
Epílogo. ¿Re-pensar un proyecto emancipatorio, en tiempos muy conflictivos?
Es difícil no analizar estos escenarios y hacer parangones con otras experiencias, como la colombiana, Centroamérica, o algunos casos africanos como el de Congo. En este caso, la pregunta es si presenciamos la instalación territorial de estructuras, y sobre todo, lógicas de poder mediadas por la guerra. Y de ser cierto, la consiguiente pregunta sería cómo revertirla. Es fundamental, no desmayar en los intentos de la construcción de una alternativa política para el país, que vaya más allá de los dos grandes proyectos neoliberal/autoritarios en disputa (Gobierno de Maduro y Frente Amplio/Voluntad Popular et al), y que pueda permitir el re-surgimiento de las potencialidades populares y el nacimiento de nuevas culturas políticas que tributen a la vida socio-ecológica. Si el escenario no es reversible en los próximos plazos, es evidente que los pueblos tienen derecho a la defensa propia. En ese caso, esto supone re-pensar un proyecto emancipatorio, en tiempos muy conflictivos.
 
*Emiliano Teran Mantovani es sociológo de la Universidad Central de Venezuela, miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela e investigador asociado al Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES)

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Entrevista a Julio Pasquarelli, vicerrector del Mariano Acosta: “Trabajamos en condiciones paupérrimas y degradantes”

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El Mariano Acosta alberga más de 2 mil estudiantes porteños: las ventanas, rotas; las puertas que no cierran; el frazadazo en invierno; caída de techos y humedad generalizada; las aulas, al 50% de luz eléctrica. Y lo que no se ve: pasantías precarizadoras, viandas de hambre, falta de presupuesto. En esta nota, las familias muestran las fotos de todo esto.

Tras las tomas estudiantiles, las amenazas, el extraño hombre que cortó la luz del colegio en plena asamblea, la persecución a las familias casa por casa. El rol de la ministra Acuña y del propio Larreta, ambos en carrera electoral, mientras el vicerrector habla de un efecto colateral: la creciente formación de estudiantes en lucha, preparándose para el avance de la derecha.

Entrevista el día de paro docente con movilización a la Jefatura de Gobierno, para evidenciar «el maltrato y el ajuste» a la educación y exigir una «urgente convocatoria a la mesa salarial», entre otras reivindicaciones urgentes.

Por Francisco Pandolfi para lavaca.org

Hoy no es un día más para la comunidad educativa en la Ciudad de Buenos Aires: paro docente con movilización hacia la Jefatura de Gobierno. La convocatoria será desde las 16 en un punto de encuentro simbólico: la intersección de las calles Urquiza y Moreno, en el barrio porteño de Once. Allí se emplaza la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas Número 2 «Mariano Acosta», donde el pasado viernes 23 de septiembre se inició la primera toma de colegios secundarios que desembocó en una veintena de establecimientos educativos tomados por sus estudiantes.

El vicerrector del Mariano Acosta se llama Julio Pasquarelli, tiene 50 años y hace 25 que es docente de la institución. Es profesor de psicología, sociología, también de Educación Sexual Integral y lleva adelante talleres de masculinidades. Además es psicólogo, profesión que ejerce en el hospital psiquiátrico Domingo Cabred de Luján. Recibe a lavaca en su departamento de Caballito, en la antesala de este paro que tiene como proclamas generales evidenciar “el maltrato y el ajuste» a la educación y exigir una «urgente convocatoria a la mesa salarial» y que conlleva un origen mucho más allá del viernes en que empezó la toma. «Hace tiempo que estamos en una situación de abandono total, encima si te quejás te tratan de violento y de que los chicos no quieren estudiar. Yo no estoy a favor de la toma, pero sí entiendo que es la única manera de visibilizar lo que de todas las otras maneras no pudimos hacerlo… Nuestros reclamos no son de ahora», arranca Pasquarelli.

¿Qué denunciaron este año al Gobierno de la Ciudad?

Junto con el rector Marcelo Carpintero asumimos en diciembre del año pasado y el primer reclamo que hicimos fue en febrero, cuando un docente abrió una ventana y se le cayó el vidrio al ras de la cara, como si fuera una guillotina. Me di cuenta que todos los vidrios estaban en situación de riesgo porque la madera que los enmarca, de tantos años, comenzó a ceder. Los vidrios se movían, se fracturaban y caían como estacas. Ninguno tenía el laminado de protección que es obligatorio desde la muerte de una de las nietas de Raúl Alfonsín (en 2004 un vidrio le cortó la arteria femoral en el colegio Jesús María, de Recoleta). Personalmente clausuré varias aulas hasta que vinieran a repararlas. Tuve muchísimas reuniones por esto y las respuestas fueron mínimas.

Por otro lado, antes de iniciar el ciclo lectivo las salas de 3, 4 y 5 años estaban llenas de humedad. Tomé las medidas para que pusieran placas antihumedad. Todavía siguen igual. Los chicos tienen alergias. Ahora dicen que vienen en dos semanas a arreglarlo.

En el invierno también protestaron por el frío…

En junio hicimos un frazadazo porque los chicos se descomponían del frío. Pasamos meses en que la empresa de mantenimiento MIG S.A. decía que reparaba la caldera y era mentira. Yo no quiero ser exagerado, pero realmente hacía más frío adentro que afuera.

Además, las puertas no cierran; se caen los techos y las paredes por la humedad; las aulas están al 50 por ciento de falta de luz; se caen las celosías de las ventanas que dan a la calle Moreno. Dicen que no tienen presupuesto, los obreros manifiestan que están sobrepasados, que son muy pocos, que están explotados porque tienen la concesión de 80 escuelas de la Ciudad, entonces solo van a las urgencias, no se hace prevención. En el receso invernal se abrió la escuela para poner las luces faltantes porque no podíamos hacerlo con los chicos adentro y no se terminó por la escasez de personal. Hay un quite absoluto de colaboración en cuanto a infraestructura y mantenimiento. Lo último que nos dijo la empresa es que haría lo mínimo e indispensable, que no iba a pintar ni a revocar, que las paredes se iban a seguir cayendo.

Las fotos que envían a lavaca distintas familias y estudiantes sobre el interior del colegio sustentan estas respuestas. Y con sólo caminar por las calles Urquiza y Moreno, la situación está a la vista: paredes amarillas descascaradas y ventanas sin vidrios. También rejas negras despintadas, desde donde cuelgan resabios de afiches violetas y blancos arrancados. Se alcanzan a leer algunas frases que expresan les alumnes: “Basta de reformas inconsultas”, “Con hambre no se puede estudiar”, “Exigimos que nos escuchen”, “Basta de persecución política”. Estos lemas conforman los argumentos del paro que ya se está llevando a cabo en la Ciudad de Buenos Aires al que convocaron los gremios docentes de Ademys y la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE).

La toma comenzó el viernes 23 a la noche y se levantó el lunes 26 al mediodía, por lo que no hubo clases sólo el lunes a la mañana. ¿Qué represalias sufrieron desde ese día?

Las amenazas empezaron antes de la toma. Nos llegó a través de mensajes de whatsapps de nuestros superiores que si había una toma en un nivel escolar ninguno de los otros podía tener clase por más que no estuviese afectado, como un modo de poner a la comunidad educativa en contra. Además, informaron que los padres iban a pagar las horas de clase de los docentes… un delirio. El mismo viernes 23 estaba en la rectoría haciendo el acta de toma y se cortó la luz, pero volvió a los dos minutos. Me dijeron que me estaba buscando una persona de MIG S.A., que la habían llamado porque había un baño roto, pero nadie la había llamado. Intento hablar con la empresa pero no responden. Cuando estoy por irme, porque en una toma sólo pueden quedarse los estudiantes y sus familias, se cortó la luz en toda la escuela. Eran las ocho y pico de la noche. Bajé corriendo al teatro Cortázar donde estaban reunidos cerca de 300 chicos en asamblea. Algunos lloraban, otros tenían ataques de nervios. Los familiares descubrieron a la persona de mantenimiento que dijo venir “a reparar un baño”, pero que tenía una valija con elementos de electricidad. Pasé la noche en la vereda del colegio hasta las 8 del día siguiente. Volví a casa, dormí un par de horas y cuando estoy saliendo nuevamente a la escuela, encontré una amenaza en el parabrisas del auto que decía que me iban a matar. Cuando llegué al colegio me enteré que ya estaban llamando a familias y a estudiantes amenazándolas. Esa mañana la empresa vino a dar luz pero el operario recibió un llamado en el que le ordenaron cortarla otra vez. Ahí llamamos a la Defensoría del Pueblo que vino y lo primero que hizo fue levantar la térmica: “Acá no hay ningún corte”, dijeron. Hoy la Defensoría está querellando a la empresa por ser partícipe de lo que ocurrió, que fue un acto terrorista. Ya pedimos que esa empresa salga de la escuela porque nos sentimos inseguros.

Por si fuera poco esta persecución, tras la toma nos suspendieron todas las actividades educativas. Habíamos previsto una feria de ciencia y nos la bajaron. Tenemos un proyecto llamado Maliman-Huaco, que son dos localidades sanjuaninas donde desde hace 40 años viajamos a un intercambio cultural y aprovechamos para llevar donaciones. Nos lo prohibieron, argumentando que no había plata para el micro. La conseguimos por ex alumnos y nos contestaron que igual no podemos viajar por la toma. Genera mucha angustia el accionar del Gobierno porteño. No estoy acostumbrado a hablar, pero empecé a dar notas porque entendí que es la única manera de resguardarme. Seguimos en una situación de mucha tensión.

¿Cómo tomaron las decisiones y declaraciones de la Ministra de Educación Soledad Acuña y del Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta?

El miércoles pasado la Defensoría del Pueblo convocó a Acuña a una reunión para mediar y no fue, contestó que no tenía por qué asistir. Eso fue lo último que supimos de parte del Gobierno porteño. Siguieron llegándole a las familias telegramas en los que se les intima a pagar más de un millón de pesos por día de toma. Eso es ilegal, va en contra del derecho a la manifestación. El Centro de Estudiantes tiene una ley que resguarda su potestad a tomar medidas siempre y cuando hayan sido votadas por la mayoría y en este caso un 97% de estudiantes se pronunció a favor. Le siguen tocando el timbre a las familias individualmente para dividirlas. Lo hacen casa por casa, a la madrugada, para que la gente tenga miedo y en lugar de agruparse, se disperse. Por eso es tan importante generar grupalidad.

El Mariano Acosta alberga más de 2 mil estudiantes, en turno mañana y tarde, en cuatro niveles educativos. En el jardín 100, en la primaria 900, en la secundaria 750 y en el terciario 300. Una de esas alumnas que estudia en el profesorado, a poquísimas materias de recibirse de maestra, saca de su mochila el sanguche que le dieron como vianda: solo tiene un par de fetas de queso. “Antes traía jamón pero ya no. Viene eso con una barrita de cereal, nada más”. Julio completa: “Además de que muchos días no alcanzan las que recibimos, el valor nutricional es bajo. La barra de cereal es pura azúcar”.

En las aulas del colegio que en 2024 cumplirá 150 años (fue inaugurado el 16 de junio de 1874) hay 350 docentes. Sobre su situación profundiza Pasquarelli: “No se habla de nuestra salud. Se instala que faltamos, pero no de las consecuencias: las condiciones paupérrimas y denigrantes en que laburamos. Hoy la mayoría de los docentes sufre burnout, un estado de estrés, de hipersensibilización. En un momento mundial muy complejo, saliendo de una pandemia, en vez de contención recibimos agresiones”.

¿Por qué el gobierno porteño obra de esta manera?

Porque cree que la educación es un gasto y no una inversión. Por eso decide que los estudiantes hagan pasantías en empresas, para ayudarlas con mano de obra gratis. Hay un ataque sistemático a la educación, a la formación y a la cultura y así se empieza a construir la ignorancia del pueblo, una intencionalidad de analfabetizar intelectualmente a la gente para dominarla. Las familias dejan de anotar a sus hijos en escuelas públicas por la criminalización de presentarla como algo donde caés, cuando lo que realmente buscan es que se caiga. La matrícula baja porque las familias pierden el presentismo en sus trabajos si no pueden llevar a sus pibes a los colegios porque hay paro. Ahí es cuando muchos piensan como alternativa la enseñanza privada. No quiero caer en la dicotomía de lo público bueno y lo privado malo, todos tienen que elegir, el tema es cuando las condiciones no son iguales. Quieren que la escuela pública se caiga gradualmente porque hay un gran negocio: cada vez se crean más escuelas privadas, con cuotas más bajas. El Mariano Acosta no excede a esto; les encantarían privatizarlo, lo arreglarían maravillosamente, pero saben que no podrán”.

En el frente de la escuela, a cada costado de la bandera argentina, flamean la bandera de la diversidad y la whipala. “Esto es lo que no se banca el ministerio”, afirma Pasquarelli, entre libros, discos y cuadros, sentado en el sillón de su hogar. Cuenta que nunca militó partidariamente y que hace “poquito” se agremió al sindicato de Salud Pública y a UTE. Y cuenta también que no tiene miedo, pero “sí mucha bronca e impotencia por los discursos de odio instalados con mayor fuerza”. Subraya: “Cada vez que llego a casa no sé si se cayó un vidrio o un techo. Necesito que la sociedad nos escuche, decirles que no somos enemigos, que la escuela pública busca generar pensamiento crítico, no adoctrinamiento”.

¿Qué avizorás de lo que se viene?

La derecha viene golpeando de distintos lugares y especula con el desgaste; no buscan un cambio de un día para el otro, pero sí tienen claro el objetivo final, entonces van como la gota que socava la piedra. Lo que seguro avizoro es un futuro de lucha, con estudiantes formados. Lo que está pasando ahora genera que las y los alumnos se den cuenta la importancia de estudiar, porque deben salir a hablar y no pueden decir cualquier boludez; entonces se preocupan, se ocupan, se reúnen, leen, debaten con contenido. Es un efecto colateral que está sucediendo y es esperanzador que así sea.

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Italia, entre el triunfo de la ultraderecha y los signos de la resistencia: escuelas tomadas, ecología y mujeres en la calle

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¿Es derecha, neofascismo, posfascismo? ¿En qué se diferencian? ¿Qué significará el gobierno de Giorgia Meloni? Sus alianzas, las democracias llamadas “iliberales”. Y las resistencias: escuelas tomadas, las mujeres en las calles defendiendo el aborto seguro legal y gratuito, movimientos contra la crisis climática, y por la renta ciudadana frente al riesgo de desempleo y la inflación. Panorama desde Italia en pleno otoño, rumbo a un largo invierno, y cuáles serían los signos para pensar una primavera.

Por Giansandro Merli para lavaca.org

La pregunta que millones de italianos recibimos estos días de amigos y familiares que viven en el extranjero es la misma: «¿Van a tener un gobierno fascista?». La respuesta es no, al menos por ahora. Sin embargo, tendremos un gobierno de extrema derecha que desplazará todo el eje político europeo mucho más hacia la derecha.

Pero vamos a por partes.

Fratelli d’Italia tiene un vínculo directo con el Movimiento Social Italiano (MSI), del cual lleva la llama tricolor en el símbolo. Este último es el partido fundado en 1946 por algunos veteranos de la República de Saló, el régimen colaboracionista con los nazis alemanes que se mantuvo en pie entre 1943 y 1945. Hasta principios de la década de 1950 se caracterizó por una actividad violenta y clandestina, desde palizas hasta bombas. Posteriormente vivió una fase de normalización que alcanzó su punto máximo en el apoyo externo al gobierno del democratacristiano Fernando Tambroni en 1960 (lo que provocó disturbios en todo el país y la caída del propio gobierno).

En la década de 1970 el MSI atravesó un período de fuerte relación con la violencia. A partir de la década siguiente intentó construir una fachada más institucional. Se disolvió en 1995 para crear la alianza Alliance Nazionale (AN). Esta organización ha renunciado públicamente a los referentes ideológicos del fascismo cortando el cordón umbilical con su propia historia. El objetivo: presentarse como una fuerza política con derecho a gobernar. Fratelli di Italia nació 17 años después, en 2012, de una escisión de algunos exponentes de AN liderados, entre otros, por Giorgia Meloni. la ganadora de las recientes elecciones.

La fundación del nuevo partido, sin embargo, no se basó en el rechazo explícito al fascismo, ni a la tradición del MSI. Es una diferencia importante con el camino político de AN.

En la noche del domingo pasado, en el primer discurso tras la votación, Meloni dedicó la victoria «a los que ya no están» y a todos los que han tenido que sufrir la marginación de la vida política y social. Es decir, sus compañeros caídos y los neofascistas que, se dice en Italia, «vivieron en las cloacas”, como si fueran ratones.

Aunque en las últimas elecciones las fuerzas explícitamente neofascistas se juntaron en otro partido llamado Italexit es obvio que para el mundo de la extrema derecha y para sus referentes simbólicos y culturales la victoria de la FdI representa un hecho histórico. Hasta hace unos años hubiera sido impensable imaginar un líder posfascista al frente de Italia.

Eso impensable está a punto de suceder. Sin embargo, es difícil que esto determine, al menos en el corto plazo, un punto de inflexión autoritario. A lo largo de la campaña electoral, Meloni mantuvo un tono bajo para tranquilizar a los mercados y otros líderes europeos y de la OTAN. Dijo que elegirá algunos ministros, en especial los de Economía y Relaciones Exteriores, junto al presidente de la República Sergio Mattarella. Esto significa que habrá una buena recepción por parte de la Unión Europea (UE) y la alianza atlántica (OTAN).

Algunos expedientes y la primera ley de presupuestos del nuevo gobierno serán tratados bajo la supervisión de Mario Draghi, el expresidente del Banco Central Europeo que preside el gobierno de unidad nacional aún en funciones. Paradójicamente, el de Meloni fue el único partido que se le opuso, aunque no de forma especialmente dura. Ahora que ha ganado las elecciones, su programa continuará, al menos al principio y con respecto a algunas cuestiones económicas fundamentales.

En definitiva, ante un otoño que corre el riesgo de ser explosivo para los precios disparados de la energía y demás servicios, tormenta económica anunciada, amenaza nuclear y guerra a las puertas, parece que la líder de la FdI quiere evitar sobresaltos. Especialmente en el campo de las relaciones internacionales. Esto no le impedirá afirmar ciertos contenidos identitarios caros a su derecho, tanto en términos de bienestar y distribución de recursos, como en términos de derechos civiles e inmigración. Mientras se siguen buscando los nombres de los ministros, ya se discute cómo cancelar o limitar los ingresos de la ciudadanía, se anuncia apoyo a la presencia de asociaciones antiaborto en hospitales donde se practica la interrupción voluntaria del embarazo y habrá un endurecimiento con respecto a la migración.

Durante la campaña electoral, Meloni incluso habló de un imposible «bloqueo naval» con unidades militares italianas frente a las costas de Libia para detener las salidas de inmigrantes que buscan refugiarse en Italia y otros países europeos.

En todo caso, es de lo que hagan Europa y Estados Unidos de donde dependerá la capacidad de Meloni para transformar la estructura estatal de manera más profunda. Importantes exponentes de su partido ya han anunciado la voluntad, difícil de alcanzar, de establecer la prioridad del derecho nacional sobre el europeo. Sería una bomba para la UE, con efectos mucho más disruptivos que los provocados por la adopción de medidas similares por parte de los países de Europa del Este. La derecha italiana mira con gran interés las «democracias iliberales» de Polonia y Hungría (a pesar de que la postura de esta última sobre la guerra y las sanciones ha abierto grietas).

Más que fascismo histórico, este es el verdadero modelo de la FdI.

Meloni ha deseado públicamente que los neofascistas de Vox, con los que tiene alianza, también puedan entrar en el próximo Gobierno español. Como ha ocurrido recientemente en Suecia: en una de las patrias de la socialdemocracia ya se ha roto la línea entre los conservadores moderados y la extrema derecha, permitiendo que estos últimos se incorporen al ejecutivo. Si ocurriera lo mismo en España y en otros países, el eje de la extrema derecha en el gobierno podría fortalecerse y volverse capaz de imponer profundas transformaciones en un sentido reaccionario a los sistemas políticos, tanto de la UE como de los países miembros.

FUERA DEL PARLAMENTO

48 horas antes de que dos de cada tres italianos fueran a poner una papeleta en una urna, 80 plazas en toda Italia se llenaron con decenas de miles de jóvenes de Fridays for Future. Desde hace cuatro años piden una transformación radical del sistema productivo para evitar una catástrofe ambiental. En Italia, esta «generación verde», especialmente la parte más organizada, insiste en la necesidad de combinar el clima y la justicia social. Objetivo: imponer la transición ecológica y que la paguen los ricos. El diálogo con sectores de los sindicatos y referentes de los conflictos obreros, como el de la fábrica GKN ocupada por los trabajadores y que se ha convertido en un centro de recomposición política de los movimientos continúa, y podría acelerarse ante un gobierno lleno de clima negacionistas climáticos dispuestos a dar continuidad económica a la agenda neoliberal.

Sin embargo, menos de 12 horas después del anuncio de la victoria de la FdI, en una escuela secundaria en el centro de Milán, los estudiantes abrieron la puerta y ocuparon la escuela. Coincidentemente, es el instituto al que asistió otro derechista, Matteo Salvini, cuando era joven.

Fue una pequeña protesta que sin embargo envió una gran señal: los estudiantes están listos para movilizarse contra el avance de la derecha. En estas horas los colectivos de las escuelas de Roma y de muchas otras ciudades debaten si ocupar las aulas antes o después de la formación del nuevo gobierno. Este otoño promete ser caluroso para el mundo de la educación, más que el de 2021 en el que ya se había visto una reanudación de las movilizaciones.

La primera gran movilización contra el próximo gobierno de Meloni, sin embargo, fue la feminista. Sólo podría ser así. Desde 2016, las plazas, escuelas y centros sociales italianos se ven inundados por una ola fucsia llamada Non Una Di Meno (ni una menos, en italiano).

Tres días después de la votación, en el día internacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito que se celebra el 28 de septiembre, de Verona a Palermo, de Turín a Nápoles, de Milán a Roma, las calles se llenaron del movimiento que lanzó la oposición feminista a la primera ministra. Una oposición política pero también antropológica, sobre todo entre los chicos y chicas más jóvenes. Para ellos, el proyecto de una sociedad de derecha, representado por el lema «Dios, patria y familia», no es más que un extraño hallazgo arqueológico que repentinamente tomó protagonismo.

Manifestación de Non Una Di Meno, Roma 28/09/2022

Otro plano en el que hay cierto fermento es el de la defensa de la Renta de Ciudadanía (RdC) y la batalla por el salario mínimo (que no existe en Italia). En este momento está en marcha un debate entre algunas propuestas organizativas y se están dando las primeras discusiones de asambleas, especialmente entre organizaciones sociales y sindicatos. La voluntad de la derecha de atacar la Renta de Ciudadanía podría abrir un espacio de conflicto, como el impacto de la inflación en los trabajadores, el riesgo de cierre de fábricas y aumento del desempleo.

Se viene un largo invierno en el horizonte.

Solo la capacidad de intersección y convergencia de las fuerzas de oposición social, ecologista y feminista, es la que puede acercarnos a una nueva primavera.

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Los otros protagonistas de 1985

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El estreno de Argentina, 1985, representa un hecho cinematográfico y a la vez la posibilidad de reconstruir un evento que forma parte de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Uno de los aspectos novedosos de la película es cómo se muestra al grupo de jóvenes sub-30 que en 1985 trabajó en la trastienda de la Fiscalía del Juicio a las Juntas. Eran «los chicos de la Fiscalía». MU reunió en su sede a parte de aquel equipo que acompañando a los fiscales Julio Strassera y Luis Moreno Ocampo se puso al hombro la construcción –en cinco meses– de una de las acusaciones más complejas de la historia.

Por qué le decían “loco” a Strassera, el horario para las amenazas, las situaciones que más impactaron a esta muchachada que mostró cómo hacer para estar a la altura de la historia, y no resignarse a lo posible. Por Sergio Ciancaglini.

Entre ellos, se referían a Julio Strassera quinieleramente como “22”, o directamente “el loco”.

Lo cuentan y ríen. La risa evapora el tiempo y vuelven a parecer ese grupo veinteañero que hace 37 años tuvo un trabajo insólito y desmesurado: colaborar en la Fiscalía de la Cámara Federal en la estructuración de la acusación judicial más compleja que pudiera imaginarse porque involucraba homicidios (y femicidios, digamos hoy), desapariciones masivas, torturas, vuelos de la muerte: el terrorismo de Estado en dosis alucinadas que había controlado al gobierno y al país hasta un año y medio antes. 

En la foto de portada Scipioni, Delgado, Somigliana y Palacios hoy. En esta, los cuatro en 1985 junto al ya fallecido Nicolás Corradini (derecha), Adriana y Marcela, dos colaboradoras de aquellas épocas.

El rol de esos jóvenes es también protagonista crucial de la película Argentina, 1985 dirigida por Santiago Mitre. El rol de quienes, acaso inesperadamente, fueron convocados para colaborar con la estructuración de los datos, los casos, los centros clandestinos, y la acusación que derivó en el alegato pronunciado por el fiscal Julio César Strassera y su adjunto Luis Moreno Ocampo contra los jerarcas de las tres primeras juntas militares de la dictadura 1976-1983 (Videla, Massera, Agosti, Viola, Lambruschini, Graffigna, Galtieri, Anaya, Lami Dozo).

Aquel alegato y sus consecuencias, la serie de peripecias y contradicciones que atravesaron la Sala de Audiencias de la Cámara Federal, son las que Mitre reconstruye en el film, dándole un particular valor a ese elenco juvenil que aprendió sobre la marcha a hacer lo suyo ante un juicio histórico e inédito en el mundo. Aclaración personal: los conocí en aquel momento al cubrir periodísticamente las audiencias. Y fue un privilegio reunirlos ahora en MU para esta nota, hecha antes de haber podido ver la película.

“Yo era responsable de las fichas manuscritas para incluir cada caso en la acusación; las tenía en una caja de zapatos. Pero en esa precariedad había a la vez una potencia de trabajo que nunca más volví a ver”, cuenta Javier Scipioni (20 años en 1985).

“Yo venía de otro ambiente social, y me sentí un boludo cuando por el juicio pude conocer todo lo que había pasado con las desapariciones, las torturas y las muertes”, reconoce Lucas Palacios (veterano del grupo, 27 años en 1985).

“Strassera y Moreno Ocampo eran los jefes, obvio, pero se sometía todo a discusión en el grupo”, recuerda Sergio Delgado, 23 años entonces.

“La Cámara Federal tomó el juicio en octubre del 84, éramos muy pocos en la fiscalía, hubo que hacer todo principalmente en los últimos tres meses”, explica Carlos Maco Somigliana que también andaba por los 23.

La pistola de Strassera

Ya no están: Judith König (21 años durante el juicio, luego contadora y experta del Ministerio Público Fiscal en causas de delitos financieros, fallecida este año), Nicolás Corradini (otro sub-30 que como abogado fue luego socio del estudio de Strassera), Mabel Colalongo (fiscal en Santa Fe en los juicios por delitos de lesa humanidad) y Carlos Somigliana (padre), empleado judicial y sobre todo Dramaturgo y Periodista: palabras que en este caso corresponde escribir con mayúsculas. Judith, al igual que Maco, participó en un cameo de la película que hace algunos guiños de entramado entre presente y pasado.

Lanzani (Moreno Ocampo), Darín (Strassera) y el grupo que en la película protagoniza a quienes colaboraron en la fiscalía para materializar la acusación contra los jefes militares.

Lucas trabajó en el estudio de Luis Moreno Ocampo hasta hace cinco años. Javier se recibió de abogado y psicólogo e integra la Defensoría General, dedicado a situaciones de vulnerabilidad de personas involucradas en causas penales. Sergio integra la Cámara de Apelaciones en lo Penal, Contravencional y de Faltas de la CABA. Maco (antropólogo) trabaja en la Procuración y forma parte del Equipo Argentino de Antropología Forense.

¿Por qué le decían loco a Strassera? Maco no duda: “Porque era loco”. Lucas: “Una vez recibió a un periodista, sacó una pistola y le disparó. Era una pistola de juguete, de cebita. O agarraba el teléfono y llamaba a algún abogado conocido haciéndose pasar por militar, y cuando le preguntaban quién era, él respondía: ‘el capitán poronga’”, dice sobre la versión judicial de Tangalanga.

Sergio: “Yo lo conocía familiarmente, y me daba miedo lo que pudiera llegar a decir en el juicio, pero nunca le escuché una puteada”.

Maco: “Fue al revés: se manejó como pez en el agua, les saltaba a los defensores todas las veces que hacía falta y les daba mucha seguridad a las personas que testimoniaban. Hay que pensar que no existía la justicia oral en el país: eso también se aprendió sobre la marcha”.  

La picana descompuesta

Trabajaban desde las 8 de la mañana y a veces las audiencias terminaban durante la madrugada.

Javier: “El testimonio que más me impactó fue el de Adriana Calvo. Su parto esposada, una cosa monstruosa. Era un parto y a la vez una violación. Y lo que contó Carlos Lordkipanidse, secuestrado en la ESMA. Mientras lo picaneaban le ponían a su bebé desnudo contra el pecho. Él no sabía si le llegaba la electricidad”.

Recuerdan el testimonio de Mario Villani, doctor en física que transitó tres centros clandestinos del Ejército. Los militares le dieron para arreglar una picana, y él contó durante el juicio que lo hizo pero bajándole el voltaje para que otros torturados sufrieran una menor descarga eléctrica.

Sergio y su asombro: “De chico, en 1976, había leído horrorizado en La Nación el caso de 30 personas torturadas y muertas: la masacre de Fátima. Habían aparecido los cadáveres dinamitados. En ese artículo Harguindeguy (general y ministro del Interior) decía que iban a investigar hasta las últimas consecuencias. El juicio demostró los cuerpos venían de Coordinación Federal, que dependía de él”. 

Lucas: “Lo más tremendo para mí era el relato de la peregrinación de los familiares buscando a sus hijos. Contaban la desesperación que tenían, cómo encararon cada búsqueda, cada reclamo, sin encontrar nunca respuesta. Era desgarrador”.

Fueron condenados a perpetua Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera, a 17 años Roberto Viola, a 8 años Armando Lambruschini y a 4 años Orlando Agosti. Sobre las más bajas de esas condenas, las absoluciones y el Punto 30 de la sentencia que ordenaba seguir investigando a los que ejecutaron el plan criminal, dice Sergio Delgado: “Creo que a los jueces les dio culpa porque respondieron políticamente a la consigna de quitarle responsabilidad a la Fuerza Aérea y a la última Junta”.

Maco: “Aborrecimos la sentencia en su momento, aunque yo creo que los jueces cambiaron mucho durante la audiencia porque estaban como en La Naranja Mecánica, obligados a ver y a escuchar todo lo que había pasado. Supongo que el Punto 30 fue un modo de querer estar a la altura de lo que habían escuchado, y por eso ordenaron seguir juzgando”. 

Horarios y demonios

Cuentan que estuvieron contra las posteriores leyes de impunidad. “Strassera también las rechazaba, Moreno Ocampo decía que la Obediencia Debida era desagradable pero constitucional”, plantea Maco.

Sobre la tarea que les tocó realizar: “Había mística de trabajo. Pese a lo que escuchábamos cada día, estábamos felices por poder hacer algo como eso”. Recuerdan que las amenazas telefónicas eran cotidianas. Cuando las recibía Judith contestaba: “El horario para amenazas es de 8.30 a 9.30”.

Supieron que la policía les dijo a los jueces que no se hicieran problema por la seguridad, con una salvedad: “Pero no se suban al auto con Strassera”. Explican que estaban “desaforadamente” en contra de la teoría de los dos demonios. “El juicio mostró que no se podían comparar los delitos cometidos desde el Estado con cualquier otro. Era una discusión zanjada jurídicamente”, relatan estos jóvenes que supieron mostrar cuánto se puede hacer contra la pulsión de muerte, contra la resignación, cuando se trata de intentar algo en favor de ideas bellas y amenazadas en demasiados horarios de la historia, como la vida y la justicia.

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