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Chau glifosato

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(Incluye el programa Decí Mu con las voces que originaron esta prohibición de fumigar glifosato en zonas pobladas, y la nota publicada en Mu sobre el caso San Jorge: Narco soja).
El poder judicial de Santa Fe, en fallo firme del juez Tristán Martínez, y en consonancia con lo plantado por la Cámara de Apelaciones de Santa Fe, prohibió las fumigaciones en el Barrio Urquiza, de San Jorge, a menos de 800 metros de las viviendas, y a menos de 1.500 si se trata de fumigaciones aéreas. Se trata de un precedente inédito, que confirma en qué medida son razonables las denuncias de vecinos y médicos de todo el país, cuando verifican un cúmulo de enfermedades (desde respiratorias y dermatológicas hasta casos de cáncer, abortos espontáneos y malformaciones) que padecen las personas sometidas a estos venenos.

Chau glifosato

Ailén tiene 3 años. Desde los 5 días de vida sufrió los efectos de los agrotóxicos. De espaldas a la soja, su caso provocó la decisión judicial de prohibir las fumigaciones a 800 metros de las casas.


El fallo surge en San Jorge (20.000 habitantes, uno de los riñones sojeros del país) a partir de las denuncias de Viviana Peralta y su marido José Cavigliasso sobre el modo en que cada fumigación afectaba a su hija Ailén (que en mayo cumplirá 4 años) desde que tenía 5 días de vida. Se formó Vecinos Autoconvocados del Barrio Urquiza y Viviana terminó arrojándole ladrillazos a los “mosquitos”, las fumigadoras terrestres que transitaban frente a su casa (ver más abajo). El Centro de Protección a la Naturaleza (Cepronat) acompañó el caso como parte de la campaña nacional “Paren de fumigar”.
“Roundup y otros”
Uno de los fallos del juez Martínez explica: “La toxicidad de los formulados comerciales con glifosato (Roundup y otros) fue documentada en estudios científicos independientes, para distintos organismos que componen la biodiversidad de nuestra región”. La Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Santa Fe había requerido a la Universidad del Litoral y al Ministerio de Producción provincial datos, informes y estudios sobre el impacto de los agrotóxicos para la salud y la biodiversidad. El ministerio no acató esa orden judicial, lo que lleva al juez a lo obvio: “Esa omisión, sumado a que la provincia de Santa Fe no se expidió cuando se le requirió su manifestación en la medida de su interés, comienzan y terminan por dirimir la cuestión por el propio peso de su rol”. Traducción: no hubo informes ni argumentos científicos que defendieran la inocuidad del glifosato.
El caso enfrentó además judicialmente a los vecinos con autoridades tanto provinciales (gobernación de Hermes Binner, socialista) como municipales (intendente kirchnerista Enrique Marucci), que defendieron explícitamente las fumigaciones, mostrando el aval de gran parte de la clase política hacia el negocio sojero. El gobernador Binner criticó también este fallo postulando que “hay que desmitificar la toxicidad del glifosato”, idea que no ha logrado convencer a los vecinos enfermos. Binner sugiere que no hay estadísticas que demuestren el envenenamiento (pero si no las hay, es porque las propias autoridades no han hecho los estudios correspondientes, como lo manifiesta el fallo). Sin embargo la provincia de Chaco si realizó un estudio en localidades cercanas a las fumigaciones, que detectó que en diez años los casos de cáncer infantil se incrementaron en un 300%, y los nacimientos de niños con malformaciones aumentaron en un 400%. Volviendo a San Jorge, el otro principio que rescata el fallo es el precautorio: la prohibición ante el solo riesgo y amenaza para la salud.

Decí Mu en San Jorge: triunfo a pulmón
Bloque 1
[audio:https://media.lavaca.org/audios/decimu-online/decimu2010-32-1.mp3]
Bloque 2
[audio:https://media.lavaca.org/audios/decimu-online/decimu2010-32-2.mp3]

Aquí presentamos la nota de tapa de Mu (Narco soja, El punto límite, de abril 2010), un viaje a San Jorge con la historia de Ailén, Viviana y todo lo que dio nacimiento a este fallo, y el programa Decí Mu: San Jorge, triunfo a pulmón.

Chau glifosato

La familia del obrero José Cavigliasso y Viviana Peralta, los padres de Ailén. Cruzando la calle se hacían las fumigaciones que enfermaron a la beba. Cuando se prohibieron, magia: Ailén se curó.


Narcosoja
El punto límte

Viviana Peralta comenzó tirándole ladrillos a los aviones que fumigaban el campo de soja vecino, desesperada porque su beba de 5 días no podía respirar. La justicia le dio la razón y ordenó parar el bombardeo de agroquímicos. El fallo fue apelado por todos los que comen de la generosa mano del agronegocio. El caso se convirtió así en una manera concreta de entender, a escala humana, lo que representa hoy la soja dependencia.
“En casos controvertidos
científicamente, se torna
muy relevante considerar las
historias de vida, las experiencias, los saberes y conocimientos de quienes
viven cotidianamente expuestos al
riesgo de que se trate, en este caso los
agroquímicos. Es necesario revalorizar el sentido común debido a que
la ciencia no puede responder
a todos los interrogantes.”

(Del fallo de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Santa Fe, Sala Segunda, que prohibió las fumigaciones con agroquímicos en los campos de soja cercanos al Barrio Urquiza, de San Jorge).
Viviana Peralta, 34 años, seis hijos, tomó dos decisiones científicas:
1) No entró al campo de soja frente a su casa, por el que pasaba un enorme camión fumigador al que llaman “mosquito”, para cuidarse de ser procesada por invasión a la propiedad privada.
2) Como su hija Ailén, un año, sufría un bronco espasmo recurrente (en la propiedad privada de sus pulmones) desde el quinto día de vida, Viviana, del lado de acá del alambrado, comenzó a tirarle ladrillazos al “mosquito”.
Esta historia de octubre de 2008 continuó luego con la organización de los Vecinos Autoconvocados del Barrio Urquiza (ubicado en San Jorge, provincia de Santa Fe, Argentina, América Latina, Planeta Tierra, Sistema Solar, Vía Láctea, Universo). Lo que empezó a los ladrillazos derivó en una inusual sentencia del juez Tristán Martínez, que en marzo de 2009 prohibió las fumigaciones.
Resultó terapéutico: Ailén se curó. Y también los otros chicos y grandes del barrio con síntomas similares, o alergias, diarreas, espasmos, brotes, mareos y toda una enciclopedia de enfermedades que apenas son índice de otras aún peores.
Los sojeros apelaron el fallo, aunque ya no pudieron fumigar en el campo frente a la casa bella y humilde que Viviana y su marido José Cavagliasso construyeron con sus manos, ilusiones y hormonas. También se sintieron agraviados por el fallo y lo apelaron, la Municipalidad de San Jorge (intendente kirchnerista Enrique Marucci) y el gobierno provincial (socialista Hermes Binner). Entre sojeros que fumigan, y familias que denuncian un ataque para la salud pública, los funcionarios actúan judicialmente contra las familias (como lo haría en ese caso el llamado “arco opositor” tan pro sojero como el oficialista).
La Cámara de Apelaciones de Santa Fe ratificó el fallo con argumentos como el que inicia esta crónica, que quiebran la típica criminalización de las víctimas y la tendencia a inclinar la balanza hacia el lado del poder económico.
Síntesis de algunas ideas del fallo:

  • Explica que estos conflictos se enmarcan en desinformación interesada, descoordinación en la gestión pública e insolidaridad con los posibles afectados.
  • Frente al peligro de daño irreversible, la falta de certeza científica no debe impedir adoptar medidas concretas –en función de los costos– que protejan el medio ambiente y la salud. Plantea al propio poder judicial repensar que “los avances tecnológicos no son poderes que se legitiman a sí mismos”.
  • La preeminencia en estos casos no la tienen “los intereses sectoriales de nadie”, sino la salud pública y el medio ambiente.
  • Atiende la crítica de biólogos como Lilian Joensen quien sostiene que las clasificaciones internacionales (incluso de la Organización Mundial de la Salud) sobre la toxicidad del glifosato no están basadas en estudios propios o independientes “sino que se trata de de revisiones de estudios no publicados hechos por las empresas mismas”.
  • Utiliza el concepto de “paradigma ambiental”, que reconoce como sujeto a la naturaleza, y otorga preeminencia a los bienes colectivos por sobre los individuales.

Rescata la serie de estudios sobre malformaciones, cáncer, alteraciones genéticas, en el sistema reproductivo y otras enfermedades provocadas por el glifosato.
La Cámara invirtió la carga de la prueba: en lugar de que las familias tengan que demostrar que sus padecimientos no son efecto de un curso de arte dramático, otorgó seis meses al gobierno de Santa Fe para que presente un estudio con la Universidad del Litoral, que determine el grado de toxicidad de los agroquímicos. Traducción: deberán demostrar que el glifosato no contamina. Se trata del herbicida sin el cual es imposible cultivar la soja transgénica. En el país más adicto y dependiente de la soja en el mundo –en términos territoriales, empresarios, políticos y mediáticos– todo esto promete ponerse interesante no sólo para el futuro de San Jorge sino de todo un territorio que imagina haber logrado la libertad hace 200 años.
Como no saben muy bien con qué saldrán los gobiernos y los universitarios con sus estudios, Viviana y José siguen ampliando y mejorando la casa, pero les sobran muchos ladrillos. Los grupos transgénicos andan tensos y con combustible: el Cepronat, Centro de Protección a la Naturaleza, denunció que apareció incendiado el auto de David Ercole, uno de los autoconvocados. Mientras varios vecinos empiezan a no entender muy bien cuál es el negocio de la soja, Ailén cumplirá tres años en mayo, respirando tranquila. Por ahora.

Chau glifosato

Alicia Boscatto, subjefa del Registro Civil de San Jorge, llevó una cuenta personal sobre los fallecimientos provocados por cáncer en San Jorge: 30%, y pueden ser más. El doctor Ángel Bracco sugiere que el efecto endócrino del glifosato provoca también disfunciones sexuales y consumo récord de Viagra


Banquinas transgénicas
No es habitual ver banquinas transgénicas, como en la ruta 178 que lleva a San Jorge. Llega casi hasta el asfalto. A 145 kilómetros de la ciudad de Santa Fe, con 20.000 habitantes, San Jorge fue considerada en otra era la Capital de la Industria Alimentaria por la diversidad de sus producciones: tambos, carnes, cereales. La adicción sojera no debe achacársele a San Jorge; se trata de un proceso que impera en la Argentina desde los 90. La rentabilidad de la soja se suma a otro elemento irresistible: “El otro día un productor de 200 hectáreas me contaba que trabaja dos semanas, y de eso vive el resto del año”, relata David, el vecino del auto quemado. El sueño de la riqueza sin trabajo para un sector es el heredero genético, entre otras, de la teoría del granero del mundo, la apertura económica (militares, Martínez de Hoz y lo que luego se llamó patria financiera), endeudamiento externo con estatización de las pérdidas (militares, Domingo Cavallo), privatizaciones, desindustrialización y 1 a 1 (Menem-Cavallo), y otras creaciones de esa estirpe, que se propagandizan a través de las empresas periodísticas con un paquete de justificaciones (incluso “científicas”) que tachan cualquier pensamiento diferente como una negación del progreso, o cosas aún peores. Cuando esas fiestas se derrumban, siempre queda un porcentaje de la sociedad más cerca del abismo.
Cómo reunirse con un intendente
Cerca de la ruta sojizada está el Barrio Urquiza. Frente a la casa de José y Viviana está uno de los campos que fumigaban hasta que en marzo de 2009 se produjo el primer fallo de prohibición. “Mire, en un año volvió a estar verde, y hay pájaros” señala Viviana, a quien le dicen Flaca, mujer morena, con la paciencia ancestral de haber criado seis hijos. Su vecina, Patricia Junco, joven, simpática, tres hijos, agrega algo para enmarcar: “Pero el veneno secó a todos los paraísos, y se cayeron”. Ambas mujeres transmiten: sorpresa, inteligencia, hartazgo y una determinación no negociable a garantizarle la vida a sus hijos.
Desde que nació en 2007, Ailén no había tenido nunca 10 días seguidos de buena salud. “Su mejor período fueron los cuatro primeros días. Al quinto ya le agarró el ataque” describe Viviana. “A mis otros hijos les había pasado, pero no tanto. Y una se va dejando estar”.
Los médicos confirmaban el miedo. “Un neumonólogo de Rosario que me dijo: ‘el 99 % que es por la fumigación, pero no vas a poder hacer nada contra ellos. Te conviene pedirles que te compren una casa en el centro, y te mudás’. Pero esta casa la construimos con mi marido. Ellos hacen el mal, que se vayan, yo no”, cuenta ahora Viviana, que no volvió a ver al neumonólogo.
La pediatra Marcela Crespo ni se sorprendió con los broncoespamos de la beba (y terminaría agregando ante el juez su experiencia clínica sobre el sorprendente crecimiento de abortos espontáneos y malformaciones de bebés).
Patricia también tuvo a uno de sus tres hijos, Alexis Cabral, ahogado por las fumigaciones: “Nos enteramos que a gente de otros lugares les hacían juicio si entraban al campo a parar las máquinas. Llamábamos a la policía y no venía, o tardaba tanto que las máquinas ya se habían ido”.
¿Qué efecto les provocaba a ellas la fumigación? Viviana: “Te da picazón en la cara, en la piel, se te duerme la lengua, la boca queda pesada, los ojos te arden. Cuando iba a la policía no podía hablar bien por eso, pero lo mío es nada comparado con lo de la nena”.
Los vecinos decidieron ir a ver al intendente. “Le explicamos cómo se mueren los animales y se enferma la gente”, cuenta Viviana, que ya tenía un inhalador permanente para rociar a Ailén ante cada ataque, y darle tiempo de llegar corriendo al hospital. “Parecía que se me moría en los brazos. Estaba inflamada por los corticoides, y como morada, negrita”. El intendente escuchó el relato. Patricia: “Sabía todos nuestros nombres, se los había estudiado, y dónde trabaja cada uno. Les interesa saber de la vida de nosotros para tenerte agarrado. Había otro tipo que decía que teníamos como una psicosis”. Viviana se iba poniendo más morada que Ailén, pero de indignación: “El intendente dijo: ‘Hay que ver en qué condiciones vive la nena’, como si fuéramos no sé qué. Pero usted ve cómo vivimos” (A quien le interese: la casa es impecable, toda de material, abrigada, cuidada. Queda para otra vez ver en qué condiciones vive el intendente).
“Yo le dije: mándenos un asistente social. Ni me contestó. Dicen cosas que a uno le duelen, buscan sacarte, para que reacciones. El intendente entonces dijo que si el dueño quería, podía seguir fumigando también con aviones. Y terminó la charla. Una burla. Yo no contesté, porque no agravio ni falto el respeto. Si no, encima después te dicen violento, mal educado, quilombero –con perdón–, o persona no grata. Pero me fui pensando: ‘Vos no sabés a quién le sacaste la lengua’”.
El señor Marucci ya se debe haber enterado.
Amparo y cachetes sucios
Las familias de Barrio Urquiza empezaron a hacer denuncias y algunos vecinos los conectaron con grupos como el Cepronat, de Santa Fe, que además participaba en la campaña Paren de Fumigar. Nació la idea de promover un recurso de amparo, un pedido de auxilio al poder judicial. En Andalgalá (ver mu 32) la asamblea El Algarrobo terminó bautizando Amparo a su perra mascota, por la cantidad de recursos de ese tipo que tuvieron que presentar contra las mineras.

“Fuimos todos a ver al juez Tristán Martínez. Dijo que para hacer un amparo había que poner como garantía una propiedad, una casa” relata Viviana. “Yo me largué a llorar. ¿Qué propiedad, si no tenemos nada? ¿Y si perdemos? Le dije: es medio vieja, pero tengo una moto”. El juez negó con la cabeza. Patricia propuso como prenda todas las bicicletas de la gente del barrio. Tampoco. En la reunión estaba Lucas Baima, del cercano pueblo Las Petacas, que venía denunciando otro infierno, el de los “chicos bandera”, menores usados en los campos de soja para marcarle a los aviones las líneas de fumigación. Viviana: “Lucas me dijo: te doy mi auto como garantía. Le contesté: no, tenemos que resolverlo nosotros mismos” (Lucas falleció tiempo después, y ya es un emblema para los vecinos de la región). Finalmente quedó como garantía el Renault 19 del hermano de Patricia: “¿Cómo no lo voy a poner, si hablamos de la salud de todos ustedes?” le dijo.

El amparo se hizo para que sojeros como Gustavo Gaillard y Víctor Hugo Villarnovo, se alejen a no menos de 800 metros (fumigaciones terrestres) o 1.500 metros (aéreas).

¿Conclusión sobre el juez Martínez? “Para mí es un re capo” define Viviana. Ailén vuelve de jugar con sus hermanos, con la cara sucia. “Desde que pararon de fumigar la nena anda de aquí para allá, en patas, se moja, juega. Nunca más fui al médico por esto”.

El juez no habla con la prensa (“ya tiene demasiadas presiones en contra” dicen quienes lo conocen). El camarista Enrique Müller, cuyo voto fundó el fallo de la Cámara de Apelaciones (con el apoyo de sus pares Armando Drago y María Cristina de Césaris de Dos Santos Freire), aceptó atender a mu telefónicamente, sin hacer declaraciones, salvo una cita de Francis Bacon (1561-1626), que proyecta el sentido de su voto: “No podemos dominar a la naturaleza sino obedeciéndola”.

Glifosato + Viagra

La propuesta más rara que recibió Viviana provino del señor Leonardo Nonino, propietario de otro campo cercano. “Me dijo: ‘como tengo que fumigar, te pago un hotel y te vas un par de días con tu familia’. Le respondí: ‘¿Y el resto del barrio?’ No entienden. No quiero plata, no quiero mudarme, no quiero hoteles, solamente queremos que nos dejen tranquilos”.

La recorrida por San Jorge lleva al club del mismo nombre, que además de todos los deportes tiene cultivada soja en uno de sus predios. Los silos cerealeros están en el medio de la ciudad, por ejemplo, frente a la escuela San José de Calasanz, cuya directora María Angélica Tamone, confirmó a mu que en los últimos años murieron tres maestras de cáncer, sin que nadie logre hacer más que alarmarse y sospechar. La Obra Social del Sindicato de Fideeros y Afines comparte la alarma. Héctor Lombartte, tesorero del gremio: “Le puedo decir que en los últimos tres años, los casos de cáncer que atendemos crecieron entre un 300 y un 400 por ciento. Estamos organizando un encuentro para tratar el tema y ahí daremos a conocer todos los datos. Los sojeros están apoyados por los gobiernos provincial y nacional, que tienen un espíritu puramente recaudatorio. La salud queda en segundo plano”.

Carlos Manessi, del Cepronat, da un paso más: “Queremos que se discutan la contaminación, las enfermedades, pero además todo este modelo de producción que genera desempleo, porque expulsa del campo a gente que termina en las periferias de las ciudades. Son refugiados ambientales. Los gobiernos les dan planes sociales, que financian con la recaudación que obtienen de la soja. Es un círculo vicioso terrible”. David Ercole, bombero voluntario que entendió todo tras ser fumigado por un “mosquito”, lo cual le produjo un espasmo de glotis y diarreas planetarias, agrega: “La gente se va hacinando en las ciudades, sin trabajo, sin educación y así se busca atacar la materia prima que es la neurona”, dice, como si hablara de otra desertificación.

Gerardo y Roxana tienen una casa de decoración frente a la plaza principal, y simpatía hacia el boom sojero: “Hay más dinero, más movimiento. Es cierto que no hay más tambos, ni ganado y hoy si usted va al campo, va a notar que ya nadie vive allí. Pero si no encuentran rentabilidad, van a lo seguro, la soja”. Roxana: “Lo de las enfermedades se nota mucho, pero los productores mismos no sé si se enferman. Claro, viven en el centro”.

Más experiencias. Alicia Boscatto es subjefa del Registro Civil. Por curiosidad personal (y familia con antecedentes) empezó a anotar qué porcentaje de fallecimientos fueron provocados por cáncer en San Jorge. Resultados: en 2008, 16,20 %; 2009, 25,74%. “Y en el primer trimestre de este año, más del 30 %” informa Alicia, “pero lo grave es que en muchas de las otras defunciones, los médicos ponen como causa el ‘paro cardio respiratorio’, sin aclarar cuál fue la enfermedad primaria que lo provocó. Y que a mucha gente la llevan a atender a Rosario y se muere allá. O sea que el porcentaje puede ser mucho mayor”.

El doctor Angel Bracco es médico clínico: “Lo que se ve en el consultorio es que además de las alergias severas, hay cuadros de hipotiroidismo, cáncer de tiroides y de páncreas, por ejemplo, que superan cualquier casuística conocida. Falta ahora establecer la relación entre la producción y las enfermedades. La economía es importante, pero no a expensas de las personas. El estado de la salud pública aquí es inversamente proporcional al enriquecimiento sojero”. Dato sorpresa: “El efecto endócrino de estos herbicidas está demostrado, y genera enormes alteraciones y disfunciones sexuales. A los casos de esterilidad, cada vez mayores, hay que agregarle… mire, la verdad es que el Viagra en San Jorge es lo que más se vende, incluso entre jóvenes de menos de 40 y 30 años. Cuando se estudien estos temas, creo que ahí hay otra patología escondida, en varios casos con el mismo origen”. Bracco no quiere cargar culpas sobre los productores. “Conozco a varios que son responsables, dispuestos a cumplir la ley, pero hay falta de control por parte del Estado. Creo que se vienen problemas de salud pública que van a ser más costosos que todo lo que se obtenga hoy por la soja. Además, la historia enseña que esa tendencia al monocultivo fue siempre una desgracia para todos los países que lo aplicaron”.

El Cepronat y otras organizaciones están juntando firmas para que el gobernador Binner provincialice de algún modo el fallo judicial. En Barrio Urquiza los chicos están jugando afuera. Viviana Peralta reconoce: “Yo no celebro, porque no quiero perjudicar a otros. Pero que no me perjudiquen”. José muestra un proyecto de cartel que imagina con la foto de Ailén y la frase “no me maten”. Enfrente se ve el campo donde ya no hay paraísos, pero donde la biología empieza a hacer lo suyo. ¿Será que toda esta historia (social, política, económica, de ideas y de glándulas) debe leerse como una batalla entre la fertilidad y la esterilidad?

Viviana medita ante el mate dulce: “La soja es oro para algunos pero nosotros, ¿qué somos? ¿Menos que el ganado chino? Todos miran para arriba, para los que ganan plata. Nosotros no importamos”. En la cocina, da de mamar a su hija (otro modo de levantarle las defensas). Y luego postula una idea cuya aplicación sistemática podría mejorar algo del universo conocido. “Vamos a seguir esto hasta el final porque no tienen derecho, con perdón, a jodernos la vida. ¿Sabe qué cambió con todo lo que hicimos? Que ya no tengo miedo. Y que ahora podemos dormir tranquilos”.

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La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt

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Tercera entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, que se propone así transmitir el valor de la constancia, de los pies en el espacio público, de la gota a gota que orada la piedra, la no violencia contra la violencia, su valor social, su peso histórico, sus 40 años de coreográfico diseño: media hora, todos los jueves, 2.391 veces al 15 de enero, fecha a la que corresponde esta cobertura realizada por la fotógrafa Cecilia Bethencourt. Toda la producción será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Hermanas pertenecientes a la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo, marchan en la Ronda de numero 2391 por la lucha de la Memoria, la Verdad y la Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

“Elegí trabajar interviniendo las fotos a través de la perforación de las imágenes como acto de resiliencia y lucha para llenar de luz el valor de la constancia, la memoria, esa huella que queda en cada paso de esfuerzo de Las Madres de Plaza de Mayo. Una luz que habla de la resistencia, la fortaleza, un atravesar la violencia con la no violencia, un reclamo por la Verdad y la Justicia”.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo se colaca el pañuelo blanco sobre su cabeza, simbolo con el que se identifican a lo largo de estos años para reclamar por sus hijos desaparecidos en la dictadura militar durante la Ronda de los jueves numero 2391 en Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo, perteneciente a la Asociación llega a Plaza de Mayo para marchar en la Ronda de los jueves numero 2391 en reclamo de Verdad y Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Carmen perteneciente a la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, marcha junto a militantes, activistas y turistas en la Ronda numero 2391 en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

Sobre Cecilia Bethencourt

IG @cebethania
Es fotógrafa, psicóloga y comunicadora audiovisual. A través de su trabajo explora temas de construcción de identidad, cuerpos, sexualidad, memoria y procesos de transformación con un enfoque transdisciplinario. Centrándose en nuevas formas y posibilidades de vinculación. En el año 2022 edito su primer libro “Otra Piel” trabajo fotográfico de autorretratos realizado en pandemia. Actualmente trabaja en sus dos nuevos proyectos multidisciplinarios uno sobre el cuerpo en las trabajadorxs sexuales y sus derechos negados y otro sobre la desintegración del lenguaje, recuerdo y memoria.

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“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

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La comunidad mapuche lof Paillako realizó una recuperación territorial en 2020, dentro del Parque Nacional Los Alerces, en lo que históricamente fue hábitat mapuche tehuelche. Días después de iniciarse el fuego, Ignacio Torres apuntó como responsable a la comunidad y puntualmente a uno de sus integrantes, Cruz Cardenas, con pruebas inexistentes. El “mapuchómetro” y los incendios que vienen desde 2008. Las no respuestas del gobernador y del presidente interino del Parque. El comunicado de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro, lo que dice la Constitución y la respuesta de toda una comunidad que cuenta cómo, desde su cosmovisión, la vida se vive de otra manera.

Texto: Francisco Pandolfi/ Fotos: Nicolás Palacios

desde Esquel

El jueves 25 de enero por la noche comenzó el incendio en el Parque Nacional Los Alerces que, dentro de su jurisdicción y fuera de sus límites ya en tierras provinciales, quemó alrededor de 8 mil hectáreas. Cinco días después del primer foco, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, afirmó lo siguiente sobre las responsabilidades del fuego:

“Una vez controlado el incendio vamos a empezar con una investigación muy fuerte para quienes hacen esto desde hace muchos años en Chubut. Lo hacen para tomar tierras. Son delincuentes que tienen un negocio inmobiliario. El problema no son los pueblos originarios sino estos delincuentes que bajo falsas banderas toman tierras en Neuquén, en Río Negro, en Chubut y creo que es momento de ponerle un parate definitivo”.

“Hay que separar los pueblos originarios de los delincuentes que no están legalmente constituidos, como es el caso de la toma en el Parque Nacional Los Alerces, que no tiene nada que ver con los pueblos originarios. El delito es del exbrigadista Cruz Cardenas que se autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido. Quiero hacer esta diferenciación: en Chubut convivimos en total armonía con Pueblos Originarios, que es gente trabajadora y de bien y no tiene nada que ver con estos pseudo mapuches que se embanderan para cometer delitos, tomar tierras, amedrentar a los vecinos, incendiar campos y zonas privadas”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Escenas del bosque incendiado en la Patagonia. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Apuntados por el gobernador

Al escuchar estas declaraciones en Radio Rivadavia –luego replicadas por una tropa de medios de comunicación– se podría presumir que absolutamente todas las pruebas existentes en la causa judicial por el incendio, que lo lleva el Tribunal Federal de Esquel, condenan como autor a Cruz Cardenas, integrante de la comunidad mapuche Paillako.

Sin embargo, hasta el momento no hay absolutamente ningún indicio que culpe a Cruz Cardenas ni a nadie de la lof.

Desde lavaca intentamos comunicarnos con Ignacio Torres para preguntarle qué pruebas ostenta para asegurar lo que dijo tres semanas atrás, el domingo 28 de enero. Hasta el cierre de la edición de esta nota, no había respondido al pedido de entrevista.

La comunidad mapuche Paillako (“tranquilo”, en mapuzungun) recibe a este medio para charlar, como una especie de derecho a réplica, sobre el señalamiento del máximo mandatario provincial. El encuentro se da en ronda dentro de la comunidad, que está dentro de los límites del Parque Nacional Los Alerces, que a su vez está dentro de lo que históricamente fue territorio habitado por el pueblo mapuche-tehuelche.

Hace cuatro años que la lof Paillako inició la recuperación de su territorio en ese lugar, donde hace más de cien años vivieron sus ancestros. “Mis abuelos paternos se instalaron un tiempo antes de la creación de Parques Nacionales (1937), que cuando llegó empezó con los desalojos y sometimientos hacia las poblaciones. Antes acá era todo abierto y Parques achicó y cerró espacios, hasta llegar al día de hoy que para hacer cualquier cosa debés pedirle permiso, ya sea para hacer un baño o poner una chapa”, cuenta Cruz Cardenas, el apuntado por Torres y compañía.

Tiene 35 años, le dicen “Lemu” y trabajó varios años como brigadista. Aunque no está acostumbrado a dar notas, consensuaron colectivamente salir a hablar. “Necesitamos que se difunda lo que está pasando acá. Esto es día a día y están avanzando contra nosotros; acaban de arrestar a un peñi de otra comunidad (Matías Santana, testigo en la desaparición y muerte de Santiago Maldonado), están cazando mapuche por todos lados”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Cruz Cárdenas, señalado por el gobernador. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Mapuchómetro

El gobernador se refirió a Cárdenas como quien se “autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido”.

Reflexiona Cruz: “El ser mapuche siempre lo sentí, aunque mis padres no se reconocían así; me decían que mi apellido era español, no mapuche. Junto a una machi (líder espiritual) fui haciendo mi propio camino de reconocimiento y comprendí la importancia de reivindicar y recuperar el territorio. Acá se dio la resistencia de las poblaciones preexistentes y las masacres winkas; estuvieron los invasores, con sus armas poderosas. Eso generó nuestra recuperación del territorio hace cuatro años”. Va más allá: “Cada familia tiene un proceso de reconstrucción, en lo espiritual, en la lengua”.

Maru, a su lado, también conforma la comunidad. Su compañero es mapuche y ella pertenece al pueblo charrúa. Tiene a su pichi (pequeño) en brazos. “Uno de los motivos para preservar el territorio es el acompañar a las crianzas, que tengan una alimentación real, que no se críen pensando que la comida crece en una góndola, sino que sepan que viene de la tierra, cómo cultivarla; que entiendan cómo criar, cuidar y respetar a un animal, incluso si lo van a comer; que puedan crecer más sanos y que si se enferman, conozcan la medicina que también crece en la tierra”.

A la izquierda está Lliuto, lamien (hermana) de la lof: “El ser mapuche no tiene que ver con lo externo, sino por lo que uno siente, la conexión con el lugar. Es un bajón que el gobernador utilice un mapuchómetro cuando habla. Es difícil conectarse con el entorno rodeados de cemento, de ruido, del estrés que nos provoca la rutina. Cuando uno quiere volver al territorio siempre está latente la pregunta, ¿cuál es el mío? Ahí caemos en la realidad de que somos un pueblo que quisieron exterminar, que sufrió un genocidio, que hubo mucha tristeza. Mis abuelos dejaron de hablar en mapudungun para resguardar a sus hijos y a sus nietos, porque les pegaban en la escuela. Por esa historia, este proceso lo atravesamos con mucho dolor, pero lo encaramos con más fuerza para reivindicar nuestra tierra, que nos siguen negando hoy”.

Enlaza la cosmovisión mapuche con lo que está pasando en Los Alerces. “Si uno tiene un vínculo con el territorio, si puede sentir esa conexión, se es mapuche en todos lados; siempre con respeto, claro. Por eso jamás se nos ocurriría hacer un daño como provocar un incendio; nos duele un montón saber que se están perdiendo años y años de vida… porque la vida va más allá de lo humano y nosotros luchamos por defender lo que hay a nuestro alrededor”.

Foto Nicolás Palacios para lavaca

¿Quién negocia con las tierras?

Tras las declaraciones del gobernador, la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro repudió sus dichos: “Sobre el pueblo mapuche históricamente se ha construido la imagen de la violencia: invasor, asesino y ahora terrorista, negando su preexistencia al Estado. Este discurso ha sido utilizado para avalar la violencia estatal, que hace 145 años ocupó el territorio de la Patagonia, luego de la campaña genocida. En la actualidad la defensa del territorio por parte de las comunidades mapuche tehuelche frente al extractivismo salvaje es catalogada como terrorismo. Este argumento pretende ser utilizado para enviar nuevamente al Ejército al territorio”.

En otro fragmento, denuncian: “En este discurso anti-mapuche, el gobernador se arroga el derecho de reconocer quién es mapuche y quién no, algo claramente contrario a derecho. Años atrás éramos quienes poníamos en amenaza la soberanía argentina, ¿hoy somos quienes incendiamos nuestro propio territorio? El gobernador expresa que la intencionalidad de los incendios y la responsabilidad del pueblo mapuche tehuelche están dadas porque detrás de cada conflicto comunitario hay un negocio inmobiliario de tierras. Es ilógico, no somos nosotros quienes negociamos el territorio con empresarios extranjeros. No somos nosotros los invasores. No somos nosotros quienes provocamos los incendios de nuestro propio territorio”.

La comunidad Paillako además de defenderse de las acusaciones del gobierno provincial, también denuncia atentados: “En los cuatros años que lleva esta recuperación, intentaron prendernos fuego ocho veces, porque no quieren que estemos acá”, afirma Cruz Cardenas. “Es muy doloroso la destrucción; lo que se está perdiendo en el bosque costará muchos años en volver. Se regenerará si se cuida como se debe, si es que estos fuegos no se originan para explotar la montaña, para limpiar y después hacer algún emprendimiento”.

–Con las leyes actuales de Parques Nacionales las tierras no se pueden vender.

–Cruz: Muchos dicen que en Parques Nacionales no pueden hacerse negocios inmobiliarios, ni explotaciones, pero hay muchas hectáreas quemadas que ya no corresponden a Parque, son parte de terrenos fiscales de la provincia.

–Lliuto: En el Parque hay una gran cantidad de negociados, emprendimientos inmobiliarios que no lo tiene la gente mapuche…

Cruz, ¿por qué creés que el ensañamiento fue hacia vos?

–Ellos saben que para cualquier explotación y mega proyecto que dañe la tierra, van a tener una oposición del pueblo mapuche. Entonces, esto les sirve para pedir con más fuerza que nos desalojen y poner a la gente en nuestra contra para sacarnos del camino.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

El bosque sigue humeando tras los incendios. Foto Nicolás Palacios para lavaca

Preexistencia sin valor

Cruz Cardenas, junto a su compañera, fueron denunciados por el delito de usurpación cuando llevaron a cabo la recuperación territorial. El abogado defensor, Gustavo Franquet, le explica a lavaca: “La acusación de usurpación no tiene ningún sustento, porque las familias de Cruz y de su compañera son pobladoras del lugar, han estado históricamente ahí; ellos hicieron una recuperación de su identidad e inmediatamente comenzó el hostigamiento de Parques Nacionales y la denuncia por usurpación. La respuesta que reciben del Estado no es de reconocimiento, ni de respeto a ese proceso entendiendo que son pueblos preexistentes como dice la Constitución Nacional y que tienen derecho a recuperar y construir plenamente su identidad. No, al contrario, lo que supuestamente te lo dan en las grandes palabras que figuran en la Constitución, después te lo sacan en las mezquindades de los funcionarios y del Poder Judicial”.

La causa está elevada a juicio en el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia. En las declaraciones que hizo Torres dijo que “la causa es por una toma de hace varios años, de 2016”. El mismísimo expediente lo desmiente, ya que la recuperación data de enero de 2020. Dice Franquet: “La cantidad de cosas sin sentido que dijo el gobernador de Chubut… Esta gente es todo el tiempo así, está acostumbrada a decir cualquier cosa. Evidentemente decir cualquier cosa es la característica de esta época, pero claro que tuvo una intención: lo hizo para apretar a que los desalojen”.

La vegetación que sobrevive, y la que quedó incendiada en la ladera de uno de los cerros. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

5 grandes incendios en 15 años

Este incendio no es el primero que ocurre en este Parque. En los últimos quince años hubo cuarenta focos intencionales y cinco grandes fuegos que arrasaron en 2008, 2015, 2016, 2023 y 2024 alrededor de 17 mil hectáreas.

La anterior gestión del Parque Nacional Los Alerces había iniciado una mesa de diálogo con la lof Paillako para destrabar el conflicto. “Habíamos llegado a un buen acuerdo; la negociación implicaba varios puntos, entre ellos que nosotros habilitemos un camino que cerramos por seguridad cuando hicimos la recuperación, y desde Parque se iba a reconocer nuestro territorio. Para eso nos exigieron tener una personería jurídica, que en verdad nosotros no creemos necesario tener, pero igual la hicimos. Sin embargo, el intendente de Parque (Hernán Colomb) renunció en agosto pasado y el diálogo se cortó”.

Dice la comunidad: “A raíz de los últimos incendios, levantamos el bloqueo del camino que habíamos hecho; hablamos con los brigadistas y razonamos que lo mejor era habilitar ese lugar y que se volviera a utilizar ese camino”.

Hoy en día, Parques Nacionales no tiene autoridades elegidas. El directorio está acéfalo y en el Parque Nacional Los Alerces se nombró como interino al guardaparques Danilo Hernández Otaño, con quien la comunidad aún no tuvo contacto. El pedido de entrevista previo a la publicación de esta nota, no fue contestado.

Re-existir

En Paillako hay vacas, caballos, gallinas, abejas y anhelan a que pronto haya ovejas también. Hay huertas familiares, comunes entre varias rucas (casas) y hay una siembre comunitaria, entre la totalidad de la lof. “Acá se da muy bien la papa, la haba, el ajo, las arvejas, el trigo; los cereales se dan casi todos”, dice Maru. Agrega Cruz: “También los árboles frutales, como manzanas, ciruelas, guindas, frambuesas y frutillas. Nuestro propósito es ir haciendo mayores escalas para garantizar una buena alimentación y que nos permita hacer intercambios”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Vida vegetal y vida humana: una idea de comunidad. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

¿Qué molesta de que estén acá? Intercalan la voz, en ronda, y confeccionan una respuesta común: “Nada, nada, no les estamos molestando en nada. Si les molesta es porque somos mapuche. Porque ni siquiera es que jodemos al turismo. Pensemos: quienes perjudican el turismo son los que le echan miedo al turista por la existencia del mapuche, esas personas generan los problemas, no nosotros. Y otra cosa: la comunidad tiene menos de 2 mil hectáreas, mientras que el Parque Nacional Los Alerces cuenta con 250 mil. O sea, tampoco es que estamos tomando el parque, ¿no?”.

Agregan: “Creemos que lo que jode es que nunca vamos a estar de su vereda, nunca pensaremos en explotar la tierra para hacer plata y hacerla bosta. Hoy ni siquiera se puede acampar gratis en el Parque (dormir una noche en un camping oscila entre 12 mil y 14 mil pesos), antes era todo libre y ahora la mayoría es privado. Por eso es importante recordar que las leyes de Parque están hechas en tiempo de dictadura (firmadas por Jorge Rafael Videla); en base a eso se manejan hoy”.

Cierra la comunidad, entre mate y mate, mientras los pichis corren, comen frutas, se caen y se vuelven a parar: “Se viene difícil el futuro, complicado, eso lo sabemos; nosotros tenemos que estar fuertes, amparados por las fuerzas que nos protegen en este lugar; acá vamos a resistir, no pueden sacarnos de nuestro territorio, no vamos a permitir más desalojos”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

La reunión de parte de la comunidad con lavaca. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

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Nota

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

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El incendio generado en el Parque Nacional Los Alerces, que ya lleva quemadas alrededor de 8 mil hectáreas, se extendió a la población rural de Alto Río Percy, a 13 kilómetros de la ciudad de Esquel, en Chubut. La casa más alejada es la de Gisela y Lorena, dos amigas que debieron autoevacuarse con las llamas a menos de quinientos metros. Creyeron que habían perdido todo, pero su casa se salvó. Alrededor, se quemó todo. La explicación de lo inexplicable. La falta de prevención. La vida en un paraíso, ahora arrasado por el fuego. Y una colecta colectiva, para empezar la reforestación. Desde Esquel. Texto: Francisco Pandolfi

Dos pasos y medio. Ni más ni menos. 

Sesenta centímetros.

Ni más ni menos.

No hay nadie en el poblado rural Alto Río Percy, donde viven alrededor de cien personas en las afueras de la ciudad chubutense de Esquel, que no hable de “milagro”, de “cosa de mandinga”, “de creer o reventar”, “de algo fuera de lo común, nunca visto”.

Acá, todo lo que se ve es impresionante. Impresionantemente triste. Impresionantemente carbonizado.

Y en medio de todo quemado, una casa sin quemar.

La vida, como oasis en un desierto rodeado de muerte.  

Autoevacuadas

El fuego en el Parque Nacional Los Alerces comenzó el 25 de enero y una semana después, el domingo 4 de febrero, arrasó con centenares de hectáreas del Percy. En total, ya se quemaron alrededor de 8000 hectáreas, el fuego continúa activo y, aunque según las autoridades el fuego está controlado, preocupan las condiciones meteorológicas (más de 30 grados) y que sigan prendidos varios focos.

Uno de ellos está ahí nomás de una casita hermosa que levantaron con muchísimo esfuerzo Gisela Finocchiaro y Lorena Domínguez, amigas desde hace más de 15 años. La nombraron Monte Lontano. Lontano, en italiano, significa lejano. 

Esta casita es la última del poblado, la más alejada. Tan distanciada que, cuando empezó el fuego en Los Alerces, y previendo que podría avanzar hacia el Percy, colgaron un cartel a un kilómetro del hogar, para avisarle a las autoridades que más allá había una vivienda. El cartel voló por el calor. Y ellas debieron irse cuando las llamas se les vinieron encima: “El domingo 4 de febrero fue el momento más crítico; el fuego se acercó bastante y decidimos irnos a Esquel, que está a 13 kilómetros, con la convicción de que el incendio no alcanzaría la casa. Pero ni bien llegamos, nuestro vecino Fabián nos llamó para decirnos que ya estaba muy cerca, que lo mejor era volver a sacar lo más importante. Regresamos y el fuego ya estaba detrás nuestro, a 500 metros; nos quedamos paralizadas, nuestra casa que habíamos hecho con tanto cariño y amor, no iba a zafar. En esos minutos le rogamos a Defensa Civil que bajaran nuestras cosas, pero debimos autoevacuarnos solas. Por una aplicación de la NASA, seguimos el devenir del fuego y vimos cómo había pasado por nuestra casa, pero a la mañana siguiente nos llamaron que se había salvado; no lo podíamos creer”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Gisela y Lorena en el bosque quemado a metros de su casa / Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Prevenir para no curar

Gise invita a pensar: “No nos gusta generar discordia por cómo debimos autoevacuarnos, pero sí nos parece importante contar lo que pasó. Al tener un vehículo pudimos sacar algunas cosas en tiempo récord, pero a nivel país debemos prepararnos de otra manera; hay que tener cuadrillas ya preparadas y no esperar a que pase algo para saber qué es lo que se puede hacer; hay que ganarle de mano al fuego, tener los caminos preparados; si queremos bosques nativos hay que cuidarlos, limpiarlos; acá no se puede llegar donde está el fuego porque no está preparado el área o los suficientes recursos para atacar el fuego. Hace más de 15 años que a Alto Río Percy no le dan bola; el intendente acaba de asumir y este fue su bautismo; confío que todo va a cambiar, pero necesita ayuda de provincia y nación”. 

Lore invita a pensar: “No podés tener brigadistas sin estar en planta permanente, contratados, con un mísero sueldo. Están arriesgando su vida… Me da la sensación de que el gobierno improvisa, va viendo en el camino lo que va pasando, pero todo lo que está en juego es vida. Desde el insecto más pequeño, los árboles, los animales hasta la gente que vivimos acá; estamos hablando de vidas. Alto Río Percy es parte del ejido municipal de Esquel, hoy es noticia nacional, pero nunca se le prestó atención; la gente tiene problemas en el invierno para arrear los animales, no se limpian los caminos, no hay agua, no hay gas”.

Cementerio en el paraíso

Los postes de ciprés que sostienen la casa a un metro de altura están tiznados. Los vidrios que dan a la sala de estar y a la cocina están quebrados. El que da a una habitación en el primer piso, a seis metros de altura, también. ¿Cómo no explotaron? “Pusimos doble vidrio y se rompió la placa del exterior, pero soportó la interna. De haber sido un vidrio común, la casa estaría toda quemada, porque una vez que agarraba las cortinas y luego la madera, chau”. 

Dentro del hogar todo está intacto; con cenizas y un leve olor a humo, pero nada haría imaginar lo que se ve a través de esos vidrios resquebrajados: un cementerio de árboles en medio del paraíso. Esqueletos de un bosque que ya nunca será igual. “Era el hábitat natural de muchas especies nativas que han muerto. Se quemaron lengas, ñires, lauras, radales, todo el bosque nativo. Respecto a la fauna, no sabemos cuántos animales se quemaron y cuántos se escaparon, en una zona donde hay ciervos, liebres, huemules, chanchos jabalíes, pumas, vacas y muchas aves. Esto es una catástrofe natural inconmensurable, a nuestro vecino más cercano, que está a mil metros de acá, se le quemó el 85% de su campo y el fuego quedó a menos de cien metros de su casa”. 

El olor a quemado penetra por las fosas nasales, aunque lo peor se lo llevan los ojos. Todo es gris alrededor de Monte Lontano. O casi todo. Las chicas están sentadas en el deck de madera. Contemplan hacia adelante, literal y metafóricamente. “Miramos el filo del pasto seco, lo que dejó el fuego y es inevitable pensar qué hubiera pasado si se quemaba la casa. Posiblemente hubiéramos vendido todo, o regalado, porque quién te va a comprar esto si no tiene bosque. Quizá nos hubiéramos ido, incluso de la ciudad”. 

Reflexiona Lore: “Tomamos este mensaje que nos da la naturaleza, que tuvo una fuerza imparable y esquivó a la casa dándonos un mensaje. La naturaleza nos quiere acá y vamos a reforestar para poner este lugar mucho mejor de lo que estaba. Teníamos un proyecto a futuro que era construir unos dormis para alojar a turistas”. 

La interrumpe Gise: “Lo tenemos, no hablemos en tiempo pasado”. 

“Es verdad, lo tenemos”. Sonríe Lore y agrega: “Retrocedimos un montón de casilleros, pero lo vamos a lograr en algún momento”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Alto Río Percy, poblado rural arrasado por el fuego / Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Un desastre que no termina

El terreno lo compraron en 2018 y a inicios de 2019 empezaron a construirlo, con la ayuda del papá y los hermanos de Lore que son albañiles. A finales de ese año comenzaron a habitarlo. “En esta casa veo a mi papá, que falleció hace un año por una grave enfermedad; veo el esfuerzo de mis hermanos; veo a mi sobrinos chiquitos, que les encanta venir. Como no hay señal, no usan el celular, no están detrás de una pantalla y salen a buscar huesos de dinosaurios, a explorar el bosque; saben que no deben matar insectos ni arrancar ramas de los árboles. Tal vez sean ellos quienes vean esto totalmente verde, como alguna vez existió”.

El fuego sigue activo en todos sus frentes (en la cola, que es en la zona del cerro Centinela donde se originó el incendio; en la cabeza, que es en el Percy; y en los flancos derecho e izquierdo). Contextualiza Lore: “Hay árboles de hasta 200 años quemados y esto no terminó, es un desastre. Se levanta el viento y se reactiva el fuego; hay camionetas, helicópteros y aviones trabajando todo el día, es un caos todavía”.

Completa: “El fuego se originó de forma intencional, no hay dudas; se hicieron dos focos simultáneos dentro del bosque en una zona que no es accesible, que no todo el mundo conoce y que hay que saber llegar y luego salir después de hacer fuego; todavía no hay elementos para culpabilizar a nadie”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Lengas, ñires, radales, algunas de las especies carbonizadas /Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Colecta colectiva

Lo que se pisa es pura cenizas. Y con los pasos, lo que se huele es puro humo. Se ve un caño de plástico de un biodigestor destrozado por el fuego; se ve una mesa de roble en la que los sobrinos de Lore juegan a tomar el té, que sobrevivió. Se ven raíces sobresalidas y muertas, troncos y ramas carbonizadas; se ve una parra de uva rosada que le regaló la abuela de Gise, antes de fallecer unos meses atrás, que también sobrevivió. Debajo del piso flotante, se ven enormes troncos de leña que habían juntado para calefaccionar el hogar. El fuego quedó a centímetros de ahí. Un poco más allá del escenario sombrío y calcinado, la belleza de los cerros Colorados y Nahuelpan; los morros coloridos y un ecosistema que fusiona la estepa patagónica y el bosque andino. “Este lugar es maravilloso. Tenemos montaña. Tenemos ríos. Tenemos lagos; tenemos agua que brota de las montañas. Nosotras sacábamos agua de una vertiente, que el fuego la arrasó, al igual que la manguera que teníamos y el estanque”, siente Lorena, de 34 años. 

La escucha Gise, de 39, que comparte: “El otro día fuimos a preguntar cuánto nos costaba comprar los metros de manguera que necesitamos para sacar el agua de la casa del vecino más próximo y casi nos largamos a llorar. Para nosotras hoy es imposible comprarlos. Hace cinco años salía ocho veces menos de lo que sale ahora. Sin agua, además de no poder vivir, tampoco podremos reforestar”. 

A las chicas se les quemaron 700 metros de manguera de dos pulgadas. Ahora necesitan 1000 metros. Comprar de una pulgada y abaratar los costos, les sale más de un millón de pesos. Los 1500 metros de alambrado también se quemaron. Reponerlos cuesta un millón ochocientos mil pesos. También se incineraron filtros, postes, varillas, caños, la tranquera y el estanque. 

Para colaborar con Gise y Lore, comenzamos desde lavaca una campaña de donación a esta cuenta:

Gisela Roxana Finocchiaro
CVU: 0000003100033965245782
Alias: SICILIANA.NEL.CUORE
CUIT/CUIL: 27308957700
(Por transferencia bancaria o Mercado Pago)

“Mucha gente se comunicó de afuera, de La Plata, Formosa, Mendoza, Córdoba,  Buenos Aires para ayudar; eso nos llena el alma. Las pérdidas materiales duelen, pero la pérdida invaluable es el bosque, aunque estamos convencidas que lo vamos a recuperar”, sienten y comparten ambas. “Teóricamente, desde provincia, nación y empresas privadas pusieron mucha guita, esperemos que llegue donde realmente hace falta. Los damnificados estamos a la vista. Ojalá que no haya que esperar, porque la gente se cansa de esperar”.

Piano, piano

–¿Hay algo que quisieran agregar para terminar la nota? 

–Lore: Que ese domingo la pasamos muy feo. Que cuando tuvimos que cerrar la puerta, le dije a Gise que dejara puesta la llave, que para qué iba a cerrar… Gise agarró una virgencita y empezó a rezarle, y yo le pedí a mi papá que no permitiera que se quemara la casa.

–Gise: Somos las últimas pobladoras del Percy, pero fuimos las primeras para el fuego. Por eso Monte Lontano, estamos en la loma del culo, quién nos mandó acá…

Se ríe Gise. Se ríe Lore. Se ríen juntas. Después de la charla, después de las fotos, se levantan y van a buscar las botellas de agua que pudieron cargar desde la ciudad de Esquel, y empiezan a regar zonas carbonizadas, pero con un hilito verde, con un pastito, con alguna raíz que aparenta estar viva. “Piano Piano va lontano”, dice Gise en italiano, y luego lo traduce al castellano: “Despacio, despacio, se llega lejos”.

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