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Diana Sacayán: memoria viva y futuro trava, por Marlene Wayar

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Hoy se realiza una nueva audiencia del juicio oral que juzga el travesticidio de Diana Sacayán. La exigencia de justicia es un reclamo social que refleja el legado que dejó la vida de Diana, una de las referentes del movimiento travesti argentino, que ayudó a construir con su claridad y sensibilidad. Para conocer a Diana y a esa vida, conversamos con Marlene Wayar, quien traza con sus recuerdos un perfil político de esa militante y pensadora que todes extrañamos.
Diana Sacayán: memoria viva y futuro trava, por Marlene Wayar
Por Florencia Paz Landeira para lavaca.org
Continúan las audiencias públicas por el asesinato de Diana Sacayán. Su legado y la lucha travesti están revolucionando el mundo jurídico con la categoría de “travesticidio”, incorporada en la carátula por el crimen, y también están revolucionando sus espacios. Una vez más, el lunes 19 la Plaza Lavalle se empapeló con afiches con el rostro de Diana y sus principales consignas. El encuentro, los abrazos, un escenario y una radio abierta desafiaron las lógicas de invisibilización que suele atravesar a la violencia contra la población trans. Faltan aún dos audiencias que serán los lunes 26 de marzo y 9 de abril. La búsqueda de justicia lleva ya más de dos años, pero esta instancia de juicio oral se presenta como una nueva oportunidad para repensar la transfobia, el movimiento travesti y, por supuesto, recordar a Diana. En esa lucha se planta firme su compañera Marlene Wayar, activista trans, quien evoca en esta entrevista con lavaca el contexto del travesticidio de Diana, su memoria viva y proyecta, sobre sus bases, los sueños de un movimiento que va en busca de lo imposible.

¿Cómo interpretar el juicio de Diana desde lo jurídico y desde lo político?

Estoy confiada en lo jurídico, me parece que es de esos casos que facilitan que al juez le convenga sentar precedente, hacerse ver y dictar una condena ejemplar. Lo que no quita que en este proceso de visibilizar la búsqueda de justicia aparezcan cuestiones que no están buenas. Por ejemplo, que muchas de las personas que han colaborado en el proceso apelen al currículum de Diana para argumentar que fue un travesticidio. Y el travesticidio es con o sin currículum: la muerte de cualquiera de las chicas es injusta. Que haya gente que cree tener derecho a torturar, a quitar la vida, es espantoso. Son esas estrategias movidas por buenas intenciones, pero que pueden tener efectos contraproducentes. Es como cuando desde el activismo se plantea la estrategia de pedir el plebiscito por el derecho al aborto porque lo vamos a ganar. Pero el punto es que los derechos humanos no se plebiscitan. En este caso es lo mismo. Es aleatorio, es contingente el currículum de Diana; su muerte no vale ni más ni menos por eso. La muerte nunca debería ser un rédito político.

¿Cómo podemos politizar estos crímenes sin entrar en esas mezquindades?

Justo ahora en paralelo sucede lo de Marielle Franco en Brasil. Está bueno que estas muertes nos convoquen, que nos arremetan, que nos muevan, pero hay que tener cuidado con usar a las personas, a su memoria, con cuestiones mezquinas. Ambas son sujetas políticas. No quiero decir que hay que despolitizar, porque sus vidas y sus muertes fueron políticas, pero no cruzar la línea de lo redituable. Nosotras nunca hemos usado a nuestra muertas: solo hemos trabajado por visibilizar la realidad del colectivo. A Lohana le decían mucho: “venís, me tirás las 150 muertas en el escritorio y ahí empieza la discusión política”. Pero eso es así. Ustedes primero nos mataron. Pero en nuestro activismo le damos un giro político a esas muertes que no tiene que ver con regodearse en el victimismo, en lo macabro, en el detalle del suceso. Esta es la realidad y desde acá tenemos que partir, no lo podemos desconocer. Pero hay un respeto por la integridad, la intimidad de las víctimas que hay que sostener.

Diana Sacayán: memoria viva y futuro trava, por Marlene Wayar

Marlene Wayar, retratada en MU Trinchera Boutique junto a una foto de Lohana Berkins.

¿Cómo se cruza la vivencia de este juicio en términos políticos con un plano más íntimo?

Me va exponiendo de diferentes maneras. En primer lugar, podría haber sido yo. Te distraés un minuto porque te gustó una sonrisa y de ahí hasta el calvario no para. Porque las travas estamos condenadas a caminar en el riesgo, como cuando estamos en situación de prostitución, salimos a un campo minado donde puede suceder lo que sea. En general, yo he tenido el aprendizaje, la enseñanza de otras del ojo avizor, de estar conversando con alguien, en los tres o cinco minutos que dura un planteo de las condiciones. Tanta plata, voy acá o voy allá, esto no, esto sí, y mientras tanto saber de qué es capaz esa persona. ¿Me va a pagar o no me va a pagar?, ¿va a querer esto o lo otro?, ¿es un pesado?, ¿está borracho o no? ¿Me va a matar o no me va a matar? Y ese es un aprendizaje muy fino que vas haciendo en el mientras tanto, a través de la experiencia. Hay algo de eso que teníamos nosotras que por lo menos te preparaba, una suerte de transmisión intergeneracional que me parece que se va perdiendo por cuestiones contextuales, epocales, porque estamos más mediatizadas, porque estamos más solas, más aisladas, no son tantas las redes, no convivimos tanto, el medio social te separa, te divide, te fragmenta. Antes estábamos todas juntas, aprendiendo las más chicas de las más viejas. Las distracciones de la tecnología, de la pantalla, te colocan en otra realidad. Que te invita a no ver, a evadirte, a buscar alivio en esa irrealidad. Esto nos perjudica. Todo el tiempo el contexto se quiere mostrar ficcional en cuanto a la inclusión, la aceptación de la pluralidad, de la diversidad, y una quiere convencerse de eso, pero te distrae de estar preparada para un contexto que en la práctica no es así.

¿Cómo se viven en el día a día esas contradicciones entre lo discursivo y la práctica?

Algo tan sencillo como que un día el policía al que siempre le pagás, por algún motivo te puso la droga a vos y en lugar de ir otra presa por una causa armada de droga, caés vos. Porque ese día no hubo otra. En este momento, no tenemos la capacidad para salir comunitariamente de esta falta de horizonte. Esta fragmentación nos hace perder de vista que sigue siendo sistemático y muy complejo. Nuestro colectivo ha desarrollado históricamente estrategias de supervivencia fundadas en la transmisión oral. Las redes sociales no pueden suplir eso. Porque son las instituciones, porque es la sociedad, por hay una sociedad que tiene miedo, que está intervenida por la implementación del miedo, del terror. Y resulta cada vez más difícil tejer alianzas, redes que superen los particularismos. Por otro lado, el problema es que nos llega el marketing de la “Argentina igualitaria” y otros discursos de empoderamiento que te dicen que no tenés por qué soportar una situación de violencia. Y entonces, un día ponés los límites. Pero la verdad es que muchas veces no podés decirle al policía en un lugar oscuro que no le vas a dar el documento, o que se vaya a la mierda, que esta vez no le vas a tirar la goma. Hasta que los discursos no se hagan práctica, no podés exponer tu vida, te deja sola. Esa convicción no puede ser en soledad. La construcción tiene que ser colectiva, no podemos quedarnos en lo individual. Me parece que lo mismo vale para las mujeres. Porque así llega el día en que dijiste “basta”, pero estabas sola. Primero hay que salir corriendo, abrazarse a lo que sea y desde ahí decir basta. Si no, lo que sucede es que estás en una encerrona trágica, porque estás sola, porque somos finitas, porque nuestros cuerpos son vulnerables.

En relación a la lucha contra la violencia, ¿cómo ves las alianzas con el movimiento de mujeres en iniciativas como las del 8M?

Es un desafío muy grande por delante construir esas redes a partir de consensos mínimos, de juntarnos, de pelear por el espacio público como fue justamente en el paro de mujeres. En el 8M, nosotras las travas no teníamos comunitariamente dónde hacer paro. Porque nuestro paro no es visible si no lo transformamos en algo político. No tenemos trabajo, en general no tenemos niños todo el tiempo a cargo, no se nota nuestra ausencia en los trabajos formales ni en los informales, ni en las tareas de cuidado, pero es importante que estamos en el consenso de “basta de violencia”. Porque se trata de construir una estrategia que a futuro nos dé la posibilidad de que toda esta masa nos albergue, nos abrace, nos continúe conteniendo. Creo que Diana y también Lohana fueron grandes articuladoras con grupalidades impensadas en el feminismo, en el campo popular. Y nuestra participación en esos espacios es transformadora, hace que esos movimientos vean algo que no pudieron ver en su momento. Como por ejemplo, con el caso de Sandra Cabrera y otras compañeras que han muerto por violencia institucional o social. Por lo menos, generar la pregunta de por qué no se mueven por nosotras como se movieron por Fuentealba. Por qué una docente no es lo mismo que un docente. Que hoy haya movimientos diversos que sostengan la bandera de justicia por el travesticidio de Diana habla de la riqueza de estas biografías, de lo que han logrado. Pero también de que debemos insistir por que se consigan resultados diferentes. Por ejemplo, preguntarnos por qué no hay un colectivo de madres y padres de travas asesinadas, o de travas en prostitución.

¿Cómo se relaciona esta posibilidad de generar alianzas múltiples con la reflexión sobre la propia identidad en términos complejos, multidimensionales?

Nosotras vivimos muy concretamente la forma en la que opera esa transversalidad, ese cruce del género, con la clase y con la raza. Son marcadores que se van sumando, te van posicionando. Estás parada en otro lado, te pasan otras cosas, tenés distintas posibilidades. Y, por otro lado, porque crecimos con la violencia, la discriminación, el insulto, tenemos mucha capacidad para colectivizar experiencias y necesidades. Diana era un gran ejemplo de eso. No le resbalaba ninguna lucha. Ella era muy consciente de su identidad trava, pero también de su condición de clase, de pobreza, de ver a su madre enfrentarse con muchos hijos al hambre. Era muy consciente sobre los efectos que la pobreza tenía sobre el cuerpo. Los efectos de no tener una dieta equilibrada, los efectos de las intoxicaciones por el agua contaminada por el Ceamse. No le pasaba por al lado, tenía que estar ahí. Porque a pesar de su posición subordinada por ser travesti, Diana nunca renunció a la posibilidad de reclamar. Tenía su perfil fiera, necesitaba hacer, era hacedora, hacer y terminar. No le cerraban los puntos suspensivos. Diana fue la primer trava piquetera. Y en esas luchas, era vocera de toda una comunidad, era ella en quien los vecinos y las vecinas confiaban por su capacidad de analizar la situación, por su capacidad para argumentar un reclamo y por no bajarse del caballo nunca, de estar ahí, discutiendo con cualquiera, sin dejarse meter la impresión de que vos venís de la universidad de la pindonga o que sos del municipio. Y tenía también la posibilidad de acompañar luchas con mucho amor, como la forma en que abrazó la lucha por Luciano Arruga. En la desaparición y la muerte de Luciano se hicieron nudo muchas otras muertes e injusticias. Y también porque le tocaba muy de cerca. El gatillo fácil era algo que no le resbalaba porque le sucedía en su barrio, no tenía posibilidad de distancia. Y, a parte, los pibes como Luciano eran los pibes de los que Diana se enamoraba. Le gustaba el pibe de su barrio, con camperita de jean, con la mochila negra llena de pins, flaquito, pobre como ella.

En relación al deseo y el amor, ¿cómo podemos pensar el nivel de la transfobia ligado a lo afectivo?

Siempre está la posibilidad del enemigo. En nuestro caso no se trata de parejas estables como sucede con las mujeres, son engaños con desenlaces rápidos. Nos interpela a todas. Es muy hipócrita en el sentido de que está fundado en el odio. Pero la raíz última también del otro también es el deseo. De que yo no exista para que no le despierte el deseo a él. Esto que se nos ha inculcado siempre a las feminidades. Por el solo hecho de existir estamos tentando a otro. Somos las demoníacas, el pecado, portamos ese peligro y, en nuestro caso, es doble porque es un deseo socialmente condenado. No quiere decir que no exista. Este deseo les nace y hay un juez-verdugo que es el que te condena a vos mismo. Puede haber toda una sociedad hoy hablando de igualdad, de diversidad, de amorosidad, sin embargo está muy internalizada la condena al deseo y amor que generamos las travas. La única manera en que no sienta este deseo es matando aquello que lo despierta. Y Diana provocaba mucho deseo. Ella tenía un anecdotario amoroso enorme. De los lugares más insólitos e instantáneos. Hasta en televisión. Me acuerdo que una vez la habían invitado a hablar sobre cupo laboral trans y Guido Suller la acusó de estar curtiéndose al camarógrafo detrás de cámara. ¿A quién le importa? Pero nos habla de Diana, de su capacidad de seducción. Seducía donde iba, no desde el artificio, no la drag queen, no la montada, era muy lavada en su maquillaje, hablaba desde su contextura física, desde sus rasgos indios, manejaba la seducción de una manera que a mí muchas veces me sorprendía.

¿Qué recordás de su experiencia con las muxes en México?

Ella fue a las velas muxe en Oaxaca. Allá las muxes no tienen el problema de una severa discriminación social como acá, están más o menos insertas, no están inmunizadas contra el occidentalismo, pero no hay tanta exclusión, la prostitución por ejemplo no aparece como la única alternativa. Pero en ese momento empezaron a reclamar de manera firme poder pensarse en el amor, en las relaciones, porque para ellas no estaría habilitado en Oaxaca el matrimonio. Pueden ser las amantes de cualquier hombre, pero ese hombre va a tener una mujer, y ni la mujer ni la muxe van a poder tener otro amante. Ellas reclaman la posibilidad de ser sujetas de deseo legítimas. Y a Diana eso le cerró un capítulo en su vida, porque en la multiplicidad de relaciones instantáneas, ella sabía de la pasión y del amor que generaba en los demás, que generamos las travas, y lo que hay que superar es esa barrera social. Que puedas ir caminando agarrada de la mano. Ese era el reclamo de ella, a la masculinidad, a tantos desamores.

¿Qué rol cabe demandar a los varones en este proceso?

Va a ser sanador socialmente el momento en que los varones puedan también reconocer el daño que se hacen en tanto víctimas también de este sistema, puedan desarmar y repensar su masculinidad. Y nosotras podremos ayudar desde nuestra experiencia a que procesen el haber sido sistemáticamente humillados y forzados a responder a un mandato de macho. Porque también en un punto entendemos la raíz de que hubiera tipos que salían a la Panamericana a hacer tiro al blanco con las travestis que estaba prostituyéndose, porque tiene que ver con vidas de mierda, que creen que ahí van a conseguir el alivio, que ahí van a poder sentirse machos. Porque están tan impotentes frente a las instituciones, frente otros hombres que manejan las instituciones, frente a los gobiernos, frente a las condiciones laborales… Creen que pueden reconstruir eso que les falta a través del maltrato hacia nosotras, sus parejas, amantes, hijas, etc. Y no es abusando de condiciones puntuales de poder o jerarquía, que vas a construir tu masculinidad. También tenemos la experiencia las travas de que no es gratuito el golpe. Con Diana hablábamos mucho respecto de cierta personas que en la jerga llamamos “esclavitas”, que vienen y te ofrecen mucha plata y quieren que los humilles, que los maltrates. Y en el primer análisis es redituable, te exponés menos. Pero desempeñar ese rol, sobre todo cuando no sos actriz y está tu subjetividad puesta en juego, se lleva puesto mucho en vos. No es algo que elegimos ser, la violentadora. Lo vas cargando. En principio, lo tapás, riéndote de ellos colectivamente, pero terminamos pagando precios carísimos. Terminás haciendo el papel de una toturadora por plata. A mí me tocó en alguna ocasión saber que el otro es militar y empezar a fantasear de alguna forma qué habrá hecho ese otro, qué culpa está pagando conmigo, a qué estoy siendo funcional. Por otro lado pienso, yo soy la puta, necesito esta plata y punto. Pero termina siendo un peso demasiado grande. Pensábamos mucho con Diana por qué teníamos que hacer ese papel, cuánto estoy degradando de mi propia identidad frente a ese otro al acordar ese rol. Es otra expresión de la violencia que padecemos como colectivo.

¿De qué se trata tu proyecto de ley de reparación histórica para el colectivo trans?

Históricamente en nuestro movimiento LGTBI y en el movimiento trans hay como dos posiciones: la de conseguir lo posible y otra, en la que me inscribo, de ir por lo imposible. En mi caso, yo necesito irme de este mundo sabiendo que los niños y las niñas no van a nacer en las condiciones que nací yo ni que nacimos todas nosotras. Necesitamos una ley que nos saque del barro, que nos saque del barro que crea la heterosexualidad. Quiero que este país aprenda, que se empiece a cuidar de las acciones que comete, por las consecuencias que provocan. Esas consecuencias se van a pagar caro. Es un proyecto de ley que yo amasé durante muchísimo tiempo. Lo trabajé a partir de legislación comparada, mirando los resarcimientos a las víctimas del terrorismo de estado y también algo de lo que sucedió con las víctimas del Holocausto en la Alemania nazi. Después me suma Claudia que era más clara la experiencia de afrodescendientes tras la abolición de la esclavitud en EEUU. La intención es establecer una reparación a partir de lo que ha sido un plan sistemático desde el Estado, con gobiernos democráticos y dictatoriales, y con connivencia de la sociedad que hace parte de ese propio Estado. Con distintas responsabilidades, como por ejemplo aquellos que han sido parte de fuerzas de seguridad que nos han perseguido y violentado muy especialmente. Pero implica a todos porque nadie ha sido indiferente al movimiento travesti, que ha denunciado estas cuestiones permanentemente. Una sociedad que desde la infancia nos ha perseguido, invisibilizado y excluido de las instituciones. Que violaron nuestros derechos sistemáticamente. Una sociedad que intentó convencernos de que no somos sujetas deseables, amorosas, vivibles, apreciables, queribles. Desandar todo eso es muy difícil. Con qué van a pagarnos habernos sacado la posibilidad de ser escolta de la bandera, o ser elegida mejor compañera de la clase, o irte de viaje de egresados. El entrenamiento de seguir un estudio sistemático. La condena a una vida expuesta al alcoholismo, la drogadicción, el cansancio, el hambre. No tenemos la memoria, la voluntad, la esperanza, porque nos las han degradado. No hay números para calcular esto. Lo que nos inspira es que haya un cambio, que haya una educación desde la diversidad en todas las escuelas desde nivel inicial hasta universitario. Romper la ESI para ir hacia toda la currícula. Los seres humanos no nos relacionamos solo sexualmente. Que los niños y las niñas puedan disfrutar plenamente de su infancia, de sus deseos, de sus juegos. Quiero que se cuiden de esto. Quiero que empiecen a preocuparse todas las instituciones por tener un cupo trans. Adonde sea que llegue una persona trans, que la reciban como un reina, porque este país nos llevó la vida. Tenemos menos de 40 años de expectativa de vida y no ha sido solo la policía. La policía ha sido solo el instrumento de toda una sociedad. Queremos que de inmediato, de manera urgente, se deje de mutilar a los nenes y las nenas intersex en los hospitales públicos y privados. Que dejen de llenarnos de la palabra hombre y la palabra mujer, que nos dejen vivir la experiencia. Somos las únicas sujetas sobre las que la experimentación médica ocurre continuamente, sin ningún protocolo. Practican con nosotras como si fuéramos cualquier ratita blanca. La ley de reparación para mí tiene que ser compleja, seria, tiene que haber un instituto encargado de monitorear a los organismos públicos, que se ocupe de mantener activa la memoria trans. Y es también necesaria la ley a modo de disculpa pública y colectiva, porque es terrible vivir en el remordimiento: es un obstáculo para la construcción de la política viva, de la cotidianidad.

Observatorio Lucía Pérez

30 femicidios en el primer mes del año

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A Rosa, a Anabella y a Yamila 20, 29 y 39 años las asesinaron el primer día del año: en Budge, en Burzaco, y en Pergamino.

El femicidio de Rosa fue frente a sus dos hijos menores. 

Desde ese día hasta hoy registramos 30 femicidios en todo el país: uno por día, sin freno. 

30 femicidios en el primer mes del año

Conocemos el nombre de cada una de las 30 asesinadas. En muchos casos también su cara porque recuperamos la foto para ponerle cuerpo a esa vida que nos quitaron. Registramos sus edades, donde vivían, cómo pasó. Buscamos también el nombre del sospechoso, su edad, si había algún vínculo. Indagamos en los datos que debe dar el Poder Judicial: quién lleva adelante la investigación y cuál es la carátula. 

Mientras escribimos este informe se confirma, por parte de los fiscales de la causa, que Berenice González (23 años y un hijo de 4) fue drogada y violada en la ciudad de Victoria, Entre Ríos. Luego del abuso sufrió un colapso, murió en el hospital a donde había sido trasladada después de que la encontraran en la calle. Hay dos detenidos: Daniel Castañeda, 46 años, acusado del suministro de material estupefaciente en concurso con abuso sexual con acceso carnal; y una amiga de Berenice, de 25 años, acusada de facilitación del encuentro sexual a cambio de la obtención de drogas. 

La muerte de Berenice no está caratulada en la justicia aún como femicidio. Su hijito, huérfano, jamás podrá acceder a la ayuda económica que siempre tarde, entrega la ley Brisa.

30 femicidios en el primer mes del año

Hechos vs teorías

Este mes, también, la Fiscalía General de Chubut, por primera vez, restringió información sobre un femicidio alegando la tesis de la “mímesis” promocionada por Rita Segato. Se trata de un texto de una alumna brasileña, que Segato tuteló, que relaciona estos crímenes con los relatos mediáticos. 

En el contexto de degradación del ministerio de las Mujeres y el desmantelamiento de programas y líneas de atención a violencias de género, sumado a la total ausencia de programas de prevención, estas órdenes de silencio a la prensa nos resultan totalmente funcionales a la ausencia de política oficial, especialmente si se tiene en cuenta que, según los 4.623 casos que registra nuestro padrón, esta tesis no tiene ningún sustento en cifras concretas. 

Sin embargo, no hay textos académicos que se refieran a la relación entre el narcotráfico y la violencia femicida, donde sí aparece claramente una mímesis, por cierto no atribuible a los medios de comunicación, como frivoliza la teoría promovida por Segato.

30 femicidios en el primer mes del año

 

El femicidio de Berenice reproduce los pasos de los que en nuestro padrón clasificamos como Femicidios Territoriales. Por ejemplo:

En 2016 en Mar del Plata asesinaban a Lucía Pérez, 16 años: a los responsables se los encontró primero culpables de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser cometido en perjuicio de una menor de edad, pasaron años hasta que se los juzgó por femicidio. También Lucía fue presentada a sus asesinos por una amiga consumidora.

En 2017, en Tigre, Luna Ortiz, 19 años, drogada, alcoholizada y trasladada en un raid en el que intercambiaban violación por droga: su crimen no fue juzgado como femicidio. El único condenado fue encontrado responsable del delito de “suministro gratuito de estupefacientes destinado al consumo personal, en concurso real con homicidio imprudente”. Hoy está libre, viviendo a pocas cuadras de la familia de Luna, que consiguió, tras años de movilizaciones, que a través de un juicio cesura pudiese reabrirse el debate sobre su crimen. 

Esta misma mecánica con la que opera la máquina femicida es reproducida en Mar del Plata, San Martín o Victoria, territorios muy distantes y diferentes, pero donde la desigualdad social produce lo mismo: consumos problemáticos que convierten los cuerpos femeninos en mercancías y a las masculinidades de una franja etaria similar (45/55 años), tan dañadas por el sistema, en seres capaces de destrozar cuerpos adolescentes, produciendo crímenes brutales, que luego el Poder Judicial juzga con prejuicios cómplices y arbitrarios.

Esta mímesis real y concreta desnuda una realidad que duele, crece y que podemos detener si no nos ciegan con teorías construidas desde lejanías, por prejuiciosas distancias de clase y raza, y por foráneas: otra galaxia.

Desde el Observatorio Lucía Pérez proponemos hace tiempo la categoría de “femicidios territoriales” para intentar comprender la singularidad de crímenes como los de Berenice, Lucía o Luna. Femicidios que no se ajustan a los modelos epistémicos tradicionales de la teoría de género y que no hablan de vínculos de pareja e intimidad, sino de tramas de narcocriminalidad e impunidad territorializadas, con participación (pasiva o concreta) de agentes estatales tales como policías, gendarmes y fiscales. 

30 femicidios en el primer mes del año

También proponemos que todo análisis de la violencia femicida parta de su contexto: el territorio, porque allí están las raíces, pero también las alas. Es la comunidad quien tiene la posibilidad de cambiar esta realidad que nos mata.

Por último reiteramos una alerta: el lavado epistémico que representa la ausencia de trabajos de investigación académica que analice la relación entre narcotráfico que en su escala territorial se transforma siempre en narcomenudeo y la violencia femicida.

30 femicidios en el primer mes del año

La información de enero 2024:

30 femicidios, uno por día 

4 víctimas eran menores de edad.

14 infancias huérfanas 

31 marchas exigiendo paren de matarnos

19 tentativas de femicidios

2 desaparecidas 

1084 días sin Tehuel

Toda la  información en www.observatorioluciaperez.org

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Nota

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio

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Llegando a los últimos días del año, Mónica Ferreira pensó que iba a poder festejar el 2024 con la tranquilidad de que su hija estaba en paz. Pero el veintiocho de diciembre por la mañana recibió un llamado. Del otro lado, el abogado Diego Szpigel: “Te tengo que dar una mala noticia: los asesinos de tu hija están sueltos”. Esas fueron las palabras que generaron que la familia de Araceli Fulles volviera a derrumbarse. “Sentí lo mismo que cuando encontraron su cuerpo: como si la hubieran vuelto a matar” dice Mónica. Por eso decidió hacer lo mismo que aquel día: movilizar al barrio. Cómo sigue este reclamo de justicia.

Por Delfina Pedelacq para lavaca.org

Fotos: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Son las cuatro de la tarde del viernes cinco de enero, el sol raja el asfalto de las calles de Barrio Sarmiento en San Martín. Más de cien personas se concentraron en la intersección de las calles Cabildo y Campichuelo para visibilizar, en el barrio de Araceli Fulles, que sus asesinos están sueltos otra vez. Muchas son madres o familiares de otras víctimas de femicidio que llegaron para acompañar este reclamo. Una a una se colocan detrás de la bandera que grita el reclamo de justicia, para caminar hasta la plaza donde Araceli fue vista por última vez, en marzo de 2017. Mónica lleva en su antebrazo derecho un tatuaje con la cara de su hija. Mira al cielo, lo besa y comienzan a caminar.

Rastros

La Sala I del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires absolvió a Marcelo Ezequiel Escobedo, Hugo Martín Cabañas y Carlos Damián Cassalz, quienes habían sido condenados a perpetua el 4 de noviembre de 2021 por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 de San Martín. El 29 de diciembre pasado, los jueces Daniel Carral, Victor Violini y Ricardo Maidana ordenaron su inmediata liberación, cuestionando el accionar de un perito. Tras 25 días de búsqueda, fue este perito, con su perro adiestrado en la búsqueda de personas, quien encontró el cuerpo de Araceli Fulles en la casa de Dario Badaracco y marcó en el corralón de Cassalz los lugares donde habría estado Araceli.

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Mónica, mamá de Araceli. Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Los magistrados en su fallo pidieron que la Fiscalía General de San Martín investigue la actuación del perito Marcos Herrero en esta causa, ante la posible comisión de un delito de acción pública y solicitaron al presidente de la Suprema Corte de Justicia bonaerense y a la Procuración General que “se evalúe la posibilidad de establecer protocolos de actuación en materia de rastros odoríficos, así como en la acreditación de las certificaciones y habilitaciones de los binomios guía-can idóneos para esa tarea, en función de lo corroborado en esta causa y otros antecedentes”.

Después de conocer el fallo, el abogado de la familia Fulles, Diego Szpigiel presentará un recurso ante la Corte Suprema de Justicia de la provincia de Buenos Aires: “No nos vamos a quedar con esta resolución porque la entendemos absolutamente arbitraria”.

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Araceli Fulles: El sabor de la justicia

Cinco cuadras caminó la multitud hasta llegar a la Plaza “Soberanía Nacional”, donde también se encuentra un monolito en homenaje a Araceli. Es una imagen grande de su cara, abajo tiene una inscripción que dice: “Vamos negrita: bailá hasta el fin”. Monica abre despacio la reja que lo protege, levanta un cuadro y mantiene durante algunos minutos su mirada fija en él. Es una foto escolar de tercer año de Araceli: “3ro D, Señorita Maria Luisa”.

“Se me va a ir la vida, pero quiero que mi hija descanse en paz. Voy a seguir luchando y quiero que me acompañen siempre” dijo Monica ante toda la gente que participó de la movilización. “Ahora no se trata tampoco de llorar, se trata de recuperar fuerza para luchar por ella y por todas las mujeres, porque lamentablemente estos jueces corruptos han largado a estos asesinos, van a estar sueltos y le puede pasar a cualquier mujer. Tanto Carral, Violini y Maidana son más asesinos que los que mataron a mi hija, porque la volvieron a matar. Son los mismos que también soltaron a los femicidas de Anahí Benítez y Luna Ortiz”.

Alrededor del monolito se forma una ronda. Le acercan a Mónica un megáfono. La mayoría de las personas que están en la plaza se arriman a escuchar. “Nosotros queremos vivir libres. A ellos les dieron perpetua y no la cumplen: están en la calle. Mi hija está en el cementerio y no la saco nunca más. Somos nosotros los que tenemos que vivir con este dolor hasta el día de nuestra muerte”, dice Mónica, sin contener el llanto. Ricardo Fulles la aprieta en sus brazos y le seca las lágrimas.

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Con la voz quebrada y agarrada fuerte de su mano, Marisa (mamá de Luna Ortiz) toma la palabra: “Luchar sirve, no nos vamos a quedar en nuestras casas llorando porque siempre se nos hizo difícil con esta justicia. Esta es la justicia que nos dan con sabor a nada, que los encierran un par de años como para decir acá ya está y después los vuelven a liberar. En estas causas hay mucha mugre y queremos que los asesinos estén donde tienen que estar, en la cárcel. Y basta de jueces y fiscales corruptos”.

Familiares de víctimas de violencias como Candela Sol Rodríguez, Natalia Sabán, Zaira Rodríguez, Luna Ortiz, Andrea Jara, Damián Castillo, Nicolás Duarte, Laura Iglesias, Lucia Costa entre otros, acompañan a la familia de Araceli durante esta primera jornada de lucha del año. La familia de Lucía Pérez y la campaña “Somos Lucía” se sumaron al reclamo y llevaron adelante una acción en Mar del Plata. También está presente el Padre Adolfo Benassi y la monja Martha Pelloni. “Esta es nuestra nueva familia”, dirá Mónica después de mencionarlos a todos y todas, “porque pasamos lo mismo, sabemos el dolor que cada uno siente porque también lo sentimos.”

Araceli Fulles: la mala noticia y la respuesta del barrio
Foto: Evelyn Schonfeld para lavaca.org

Cómo sigue

La movilización llegó a la plaza Soberanía Nacional y después de un pequeño acto, volvió hasta el lugar de salida. Con el objetivo de que el barrio se entere y conozca el nombre de los jueces que permitieron que los asesinos de Araceli estén nuevamente libres.

“El día que me digan: Señora, usted consiguió la perpetua para todos, no solamente por Araceli sino por todas las demás, ese día voy a poder descansar e irme con mi hija, porque lo que más anhelo es eso. Algún día voy a reencontrarme con vos, mamita”, dirá Mónica.

“¿El poder siempre gana? No, vamos a luchar hasta el final, hasta las últimas consecuencias”, finaliza Mónica y agradece a todos por el acompañamiento. Estas movilizaciones por el distrito se realizarán durante todo enero y cuando termine la feria judicial, el objetivo es llegar a La Plata, frente a la Cámara de Casación, para visibilizar también quienes fueron los responsables de que hoy los asesinos de Araceli estén libres.

En la esquina de Campichuelo y 25 de mayo hay un mural donde se la puede ver sonriente, como si saliera de la pared. Coronando su imagen hay una frase que Araceli había posteado en su Facebook, tiempo antes de su femicidio. “La vida es como un restaurante: nadie se va sin pagar”.

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Mu189

Femicidios y territorio: la tesis del Observatorio Lucía Pérez

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Qué revela la cantidad de crímenes registrados por el único padrón autogestivo y público del país en este 2023. Otro informe anual que esta vez se sitúa en Mar del Plata para analizar desde un territorio concreto cómo funciona la máquina femicida. Cómo se mata, cómo se muere, cómo se tejen las violencias, las relaciones con el medioambiente, los derechos humanos y el extractivismo. Una tesis sobre la importancia de pensar la complejidad desde el territorio, en un número especial.

Texto: Claudia Acuña

Fotos: Sebastián Smok

Femicidios y territorio: la tesis del Observatorio Lucía Pérez
Movilización contra los femicidios en la ciudad, que ocupó unas diez cuadras, a propósito del Día Internacional de la Lucha contra la Violencia hacia la Mujer. Ante la falta de justicia, las mujeres revelan las caras de los femicidas. Fotos: Sebastián Smok.

Al comenzar a escribir esta nota nuestro padrón público de femicidios y travesticidios registra 4.550 crímenes. Cada uno es nombres, edades, fechas, localidades, imputaciones, modalidades y resoluciones judiciales. Actualizar diariamente este padrón nos interpela todos los días, no porque nos cuestione el para qué si no porque nos impone el porqué y, más impotentemente, el hasta cuándo.

En este largo trayecto mucha de la información que allí se recopila no representa para nuestro Observatorio “casos”. Son familias, infancias huérfanas, barrios, vecinas, asambleas y herramientas creadas y sostenidas durante años en el camino de la búsqueda no solo de justicia, sino de algo más trascendente para cada tejido social involucrado: Nunca Más.

Es esta tensión entre la acumulación de datos y de relaciones la que nos desafía a reflexionar críticamente sobre lo que esta sistematización puede aportar a esas batallas contra la violencia. Y, al mismo tiempo, la que nos obliga -al construirla- a ponderar la relevancia de los marcos teóricos que se han aportado recientemente, con una hipótesis incómoda: qué relación hay entre los relatos académicos “de género” –que consagran quienes saben de este “tema”-, la realidad y la incapacidad para politizar acciones concretas que permitan prevenir este dolor social que parece no tener otro destino que el de la reiteración sistemática.

La primera dificultad a enfrentar es la trama de estas violencias. Su complejidad, su multidiversidad, su raíz histórica, su actualidad y sus diversas variantes tienden a que la lectura parcial, sesgada y disciplinaria responda supuestas preguntas que ya tienen respuestas concebidas de antemano, certezas que se aplican sobre partes o sobre el todo, para concluir en mandamientos teóricos que refuerzan prejuicios morales: la violencia patriarcal está mal. Pero está y goza de un impulso continuo que no podemos detener. Funciona, y muy bien.

¿Entonces?

¿Qué está mal?

La época, el sistema, las representaciones políticas y el funcionamiento de las instituciones–el Estado, el Poder Judicial, los medios, etc., en las cuales hemos depositado enteramente la supuesta solución de estos crímenes- mitigan con su funcionamiento atroz, cómplice y corrupto todas las responsabilidades que podamos tener quienes intentamos analizar estas violencias. Pero las tenemos. 

Nombrar en una nota o un artículo académico un femicidio o 4.569 nos compromete a honrar la vida, su condición sagrada. Con ese compromiso compartimos lo que por ahora tenemos: preguntas y formas de hacer. Las buscamos en trabajos académicos y en barrios, en personas que sufren y en aquellas que las escuchan. Son incógnitas a revelar comunitariamente y prácticas que hicieron y luego, pusieron en palabras lo hecho como forma de criar lo que nos falta y nutrir lo que necesitamos.  

De eso se trata este informe.

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Primera pregunta

“¿Cómo salir de este continuum de violencia? ¿Cómo reconocerla para erradicarla, cómo revivir experiencias que hemos enterrado adentro de nosotras, para sobrevivir?”. La que nos y se interroga es Giulia Marchese, geógrafa italiana, investigadora de las violencias que sufren mujeres y pueblos indígenas en México, integrante de GeoBrujas y del Instituto de Geografía Humana de la Universidad de Frankfurt. La pregunta es parte del artículo “Del cuerpo en el territorio al cuerpo-territorio: elementos para una genealogía feminista latinoamericana de la crítica a la violencia”, donde expone exactamente eso: preguntas y elementos. El principal es el que nos interesa: qué entendemos por territorio y por qué puede ser esa la clave para analizar estas violencias.

Marchese lo define primero según los preceptos sistémicos dominantes:

“La palabra ‘territorio’ viene del latín ‘territorium’, término que de un lado está etimológicamente vinculada a ‘territor’, que significa ‘quién posee la tierra’ y del otro está vinculada a ‘terrorem’, terror. En las Ciencias Sociales, el territorio ha sido ubicado como la parte del espacio que pertenece a un Estado: literalmente en donde se extiende el terror, el poder, la autoridad. El territorio entonces es el ámbito definido por el ejercicio del poder, o sea la producción del miedo: una noción que no tiene nada de natural, sino es totalmente política” (Farinelli, 2008: 29).

Dentro de esta organización del territorio distingue las “zonas de ser” y las “zonas de no ser” diferenciadas por la maquinaria de producir despojo y acumulación. “El principal instrumento de la acumulación por desposesión es la violencia, y sus agentes son, indistintamente, poderes estatales, paraestatales y privados, que en muchos casos trabajan juntos pues comparten los mismos objetivos”. Esa organización que consagra ciudadanías privilegiadas y despojadas está sexualizada y racializada. Sigue Marchese: “En esta geopolítica de la producción, las zonas de operación y penetración a nivel extractivo están interconectadas por una infraestructura de corredores multimodales” y señala estas zonas como una posible “geopolítica de la violencia sexual”. Son las fronteras o “territorios fronterizados”, escenarios de la imprescindible movilidad que requiere el despojo extraccionista y el narcotráfico, dualidades que cada vez más se nos presentan como dos caras del mismo sistema. Así Marchese nos invita a pensar como fronteras no sólo aquellas marcadas en línea de puntos en los mapas, sino por el sistema productivo, por ejemplo los puertos y los suburbios.

Rosario (informe 2022) y Mar del Plata (el de este año) nos convocó desde esta perspectiva.

Segunda pregunta

“¿Qué tipo de subjetividad se construye dentro del capitalismo para que existan personas que son exterminables como condición para la reproducción del sistema?”, cuestiona Marchese. La construcción de subjetividad es una tarea multidisciplinaria y universal: condiciona todo, no limitándose a las personas sino a las representaciones que las sociedades construyen, las formas de ser, de hacer, de proyectar, de estar juntas, los sueños y las  pesadillas. Y aunque el sistema haya desterrado de nuestro imaginario la concepción que nuestros ancestros tienen del territorio, ahí está, en la realidad, manifestándose en sus formas de sacrificio. “El territorio es lo que permite existir, vivir”, nos recuerda Marchese. Y quizás por eso mismo ahí habitan los femicidios.

Resignarse a que hoy la concepción del territorio esté unida a su defensa es una derrota del imaginario colectivo. “El territorio se queda atrapado en la lógica reactiva, como concepto relacional que nace frente al reclamo, a la defensa, a la acción frente al despojo”, advierte Marchese.

Tercera pregunta

“¿Es posible trazar estrategias de autodefensa de la violencia reapropiándonos de un concepto de territorialidad positivo? ¿Qué papel juegan los conceptos de cuerpo y territorio en este esfuerzo?”, interroga Marchese. Enuncia entonces una posibilidad en juego: “El territorio es lo que permite existir, vivir. Es una construcción y un concepto histórico. Es memoria del espacio ocupado físicamente, fuente del poder público, y es necesario volverlo, regresarlo, re-entenderlo como sustento material de la vida. Tanto el cuerpo como la tierra son elementos que generan las condiciones para la reproducción de experiencias vitales, y para reapropiarnos de nuestros territorios es un esfuerzo fundamental para contraponer y erradicar la violencia. Cada cuerpo tiene una historia y una geografía distinta, pero es necesario un proceso colectivo para reconocer el territorio y reapropiarlo para su rehabitabilidad”.

Cuarta pregunta

¿Cómo hacerlo?

Es la filósofa dominicana Yuderkys Espinosa Miñoso quien nos invita a encontrar respuestas  volviendo “la mirada hacia allí donde hemos dejado de mirar para encontrar lo que tan diligentemente hemos estado dispuestas a desechar en nuestra complicidad con el relato moderno, dar valor y recuperar los saberes producidos por las mujeres que han sido vistas como que no saben o que no tienen razón”.

Pensar estos posibles ante el precipicio que nos abre hoy la realidad argentina es utópico, pero por eso mismo es la responsabilidad que tenemos para crear otras condiciones de realidad que nos permitan orientarnos en las tinieblas.

Pensar estos 4.550 femicidios como el listado de rebeldías que se producen todos los días en las trincheras de la cotidianeidad, en la trama íntima de aquello que por resumir vamos a denominar patriarcado, pero que es sistema de producción y es política y es, fundamentalmente, la batalla que nos obligan a dar estos tiempos, seamos o no conscientes de que se está librando en nuestros cuerpos.

Pensar que con nuestros pies en las dolientes fronteras crecen las raíces del saber y las alas de nuestros deseos. Y abrazarnos en ellos.

Al terminar de escribir esta nota nuestro padrón público de femicidios y travesticidios registra 4.569 crímenes.

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