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Editar sin patrón: el fenómeno de las revistas culturales

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Un libro coordinado y compilado por el docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y periodista de La Pulseada, Daniel Badenes, recoge la experiencia política y profesional de las revistas culturales independientes. El trabajo demuestra un sector emergente en la producción cultural del país: en Argentina hay más de 200 publicaciones autogestivas que confirman día a día que otra forma de construir comunicación es posible. A partir de testimonios y métodos de investigación académicos, los textos indagan sobre el proceso autogestivo de las revistas, sus estrategias de financiamiento y sus problemas de distribución. El libro será presentado hoy a las 20 horas en Malisia, diagonal 78 esquina 6, La Plata. El 30 de junio se presentará en #MU. Aquí compartimos la introducción.
Las revistas culturales como sector y como movimiento
Por Daniel Badenes

“El brillo en los ojos de los que están haciendo una revista es una cosa inefable: están haciendo algo que va a tener carácter… es un juego contra la historia” (Noé Jitrik, en Dámaso Martínez, 1993)

“Una revista independiente es una revista que no tiene otros dueños que los que la hacen y que no tiene negocios paralelos más que el periodismo”, dice Ingrid Beck, directora de Barcelona. “Se mueve ideológicamente según sus convicciones, no según criterios económicos”.
Convicción. Vocación. Pasión. Es eso lo que reúne a cerca de 200 publicaciones que actualmente integran la Asociación de Revistas Culturales Independientes de la Argentina (ARECIA). Lo que hacen no es una mercancía. Diversas en sus contenidos y en sus estéticas, todas implican otra forma de producir, que no busca multiplicar el lucro para considerar sostenible a un medio, sino la justa remuneración del trabajo realizado en forma autogestionada. Muchas veces no lo logran, pero siguen adelante: “Sabemos que cada uno daría la vida por lo que hace. Somos acción, intransigencia y rebeldía”, define Claudia Acuña, referente del colectivo Lavaca, que edita Mu: “Por todo lo que mueren los demás, que es el prestigio, a nosotros no nos mueve un pelo. Sí nos mueve y nos podemos llegar a matar si alguien se mete con nuestro producto, porque es nuestra vida. Entre revista y vida, no hay diferencia”.
Lavaca nació al calor de las protestas del 19 y 20 de diciembre de 2001, produciendo crónicas que circularon por internet. Eran periodistas experimentados cansados de la lógica de los medios comerciales. Organizados en cooperativa, desde 2006 editan el periódico Mu, y además hacen radio, enseñan, editan libros y sostienen un espacio cultural. La idea original de Barcelona también data de 2001, aunque recién salió a la calle en septiembre de 2003, burlándose del diario Clarín y criticando, desde la parodia, al periodismo de la época. Ambos fueron fundadores de la asociación que hoy reúne a centenares de revistas, de distintos lugares y tiempos.
“Las revistas culturales nos hemos constituido como un espacio de legitimación de la palabra, de la investigación, del debate, en donde la ética periodística sigue teniendo valor y la calidad de los productos realizados no tiene nada que envidiarle a los medios hegemónicos”, afirma desde Rafaela, provincia de Santa Fe, el grupo de jóvenes que edita la revista Mural. Son seis. Estudian en la universidad -privada: la única a la que tienen acceso en su ciudad- pero se conocieron en la militancia social y política. “Decidimos hacer Mural porque creemos que en nuestra ciudad al igual que en todo el mundo, se difunde solo una mirada de la realidad, que es la realidad de los dueños de todo, una mirada que invisibiliza muchas otras formas de decir, hacer y pensar”. En Rafaela, Mural es la tribuna de los que quieren otro mundo: “queremos denunciar lo injusto, lo que genera desigualdad y también queremos mostrar los procesos organizativos desde abajo”. ¿Quién los banca? Ellos. “En Mural no hay patrón, no hay editores que dicen que sale o no dependiendo de los intereses económicos de un grupo empresarial. Las decisiones se toman de manera colectiva y democrática. Con la revista apostamos a otra forma de construir y trabajar en un medio”. Cada número de Mural trae el rostro de Silvia Suppo, una sobreviviente de la dictadura asesinada a puñaladas en marzo de 2009. Un supuesto robo. En el pueblo, todos saben otra cosa. Pero nadie dice.
La imagen de Suppo en la contratapa de la revista no es una buena estrategia para salir a vender publicidad. Sí para mostrar que otra comunicación es posible.
En Rafaela hay reglas implícitas para hacer un periodismo “rentable”:
No cuestionar la soja.
No mencionar los agrotóxicos.
No hablar de negocios inmobiliarios.
No investigar el transporte.
Es decir: no hacer periodismo.
La historia se repite pueblo a pueblo. Al igual que las radios comunitarias, allí donde las hay, las publicaciones independientes libran batallas cotidianas contra la monopolización de las voces, los contenidos y las estéticas. Y lo más importante: hablan sin restricciones de política, de género, de música, de filosofía, de artes visuales y prácticas corporales, entre otros temas. Viven de lo que dicen y no de lo que callan, como los grandes medios comerciales.
En Bariloche, los que dicen se llaman Al Margen y llevan doce años dando batalla. Al igual que La Pulseada -la revista de la que formo parte en la ciudad de La Plata- creció junto a un intenso trabajo social con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. “Al Margen es una organización social que, entre otras actividades, edita una revista de la calle”, define Sebastián Carapezza, el coordinador editorial: “La revista es quizás la parte más visible, pero entre los compañeros se han ido desarrollando otros brazos”. Tienen una cooperativa de construcción, donde trabaja una decena de jóvenes; “El semillero”, donde brindan talleres artísticos y de oficio y hacen actividades culturales en los barrios. Participan de mesas y redes por la niñez y adolescencia, y siempre buscan articular con otros medios de comunicación populares. “Todo eso es Al Margen”, resume Carapezza. “En nuestro caso el proceso se dio a la inversa de lo que marca cierta lógica de las organizaciones. Primero nació la revista y después creció la organización social, la dimensión política. Hoy lo que hace interesante al proyecto es la variedad de actividades que desarrollamos en diferentes planos”.
Los editores lo saben bien: la comunicación es política y todos los medios tienen intereses. La pregunta es cuáles.
Detrás de quienes concentran el panorama mediático hay soja, petróleo, timba financiera, concesiones de aeropuertos y autopistas, minería ultracontaminante, negocios con el deporte y mucho más.
Detrás de las revistas independientes hay organizaciones sociales, centros culturales, cooperativas de trabajo, editores y editoras con vocación por lo que hacen. Tanta, que lo hacen incluso contra los designios contables: cuando los números no les dan, hacen fiestas, organizan crowfoundings, dan talleres, piden préstamos y ensayan proyectos para cuanta convocatoria afín aparece. De esas múltiples estrategias se ocupa Gustavo Zanella en uno de los textos iniciales de esta compilación. En otro capítulo, por su parte, Verónica Stedile Luna afirma:
si algo caracteriza a estas revistas es que sobreviven como tales por la vitalidad de quienes las hacen y las sacan a la calle buscando estrategias para no ser devorados por la maquinaria de las distribuidoras o de la supresión informativa en las redes sociales.
Y agrega:
Por un curioso desplazamiento semántico, el término ´independiente´ ha designado, en este grupo de revistas, un sentido de horizontalidad para el trabajo, donde la agenda se discute en asambleas, así como también una procedencia ´plebeya´ de los fondos con que se financian estos medios (…). Finalmente, la independencia se asocia a una libertad de agenda, pero no respecto de una posición, ya que una revista política no puede pensarse por afuera del compromiso con una idea por decir o una decisión por tomar.
Independientes y autogestivas, entonces, por oposición a las corporativas y patronales. No hablan de “chicas” y “grandes”, como clasifica el discurso del actual ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad, quien mientras anunciaba el desguace del poder regulatorio del Estado prometía que iban a “ayudar a los medios más chicos”.
Según calculan año a año los censos de ARECIA, los revistas culturales independientes están lejos de ser marginales: en suma, contando revistas impresas y webs, el sector aglutina un promedio de cinco millones de lectores mensuales, y realiza un aporte significativo a la industria gráfica, que en 2016 ascendió a 4.095.703 millones de pesos por mes, destinados a pymes en distintas regiones del país.

Una mirada de conjunto

Como veremos en el capítulo 3, uno de los grandes méritos de la asociación formada en 2011 fue generar la noción de un “sector” de revistas culturales. A ello han contribuido informes anuales realizados a partir de censos entre sus asociadas. Como se explica en el último documento presentado, “su repetición periódica permite trazar series para observar las transformaciones del sector, que son producto de las políticas públicas o de su ausencia, del avance de las corporaciones económicas” y también del trabajo asociativo.
Al principio, la información de esos censos coexistió y se cruzó con la de una base de datos realizada por la Secretaría de Cultura de la Nación desde 2010. No obstante, la salida de Rodolfo Hamawi de la Dirección Nacional de Industrias Culturales, a fines de 2014, interrumpió ese interés gubernamental por las revistas culturales, y tras el cambio de gobierno en diciembre de 2015 desapareció todo rastro de lo trabajado en la web del Ministerio de Cultura. Los informes de ARECIA son prácticamente la única fuente informativa sobre el sector, aún con sus limitaciones:

  • La muestra es representativa, si bien no abarca la totalidad de las revistas culturales. La experiencia indica que entre un 20 y un 30% de las revistas no completan el censo en el tiempo de la convocatoria pero sí lo hacen a posteriori, incorporándose así a los listados de la Asociación. Por ejemplo: el Cuarto Informe analizó 178 revistas, pero meses después eran 220 las revistas registradas en AReCIA. En tanto, en 2014 el censo analizaba 213 asociados pero otros 68 se incorporaron luego del cierre del Informe. En todos los casos, para poder construir una serie comparativa, se toman aquí los números al cierre de cada censo.

Por otra parte, si bien AReCIA constituye la principal entidad representativa del sector, siempre habrá revistas no asociadas, que quedan fuera de la estadística.
Esos informes han acercado una primera radiografía del sector: datos como la periodicidad -la más frecuente es la mensual- y la tirada de las revistas impresas -en promedio, 3100 ejemplares- hasta el esquema de costos, atravesado por problemas estructurales como el acceso al papel, insumo básico que utilizan la mayoría de los editores (salvo las revistas exclusivamente digitales, que crecen año a año) y que presenta aumentos constantes y nunca justificados. Vale decir: sin corporaciones detrás, los editores independientes pagan el papel mes a mes, al contado, sin acceso a financiamientos blandos ni participación en la cuota estatal de papel en lo que refiere a la producción de Papel Prensa.
Otro aspecto interesante es el que apunta a las formas de distribución de las revistas impresas, que revela aspectos dilemáticos del circuito formal -trabajados por Ivana Nitti en la capítulo 5- pero también características que identifican a las revistas culturales. Los editores de revistas utilizan un gran abanico de modalidades para poner en circulación sus publicaciones. Entre ellos, los canales tradicionales -kioscos de diarios y librerías- se muestran como las opciones de menor peso:

  • Las estrategias múltiples de las revistas autogestivas combinan suscripción; presencia en centros culturales, universidades, espacios políticos, comercios, consultorios y lugares afines a la temática de cada publicación (sean ambientes titiriteros, comiquerías, asambleas vecinales o clubes deportivos); participación en eventos (ferias, recitales y otros); y reparto mano en mano. Muchos de ellos dan cuenta, asimismo, de “una inherente cercanía y contacto de los editores con sus lectores”. En el capítulo 8, Sofía Castillón aborda esta cuestión en relación a las revistas de poesía, e identifica en los ciclos y festivales literarios no sólo un ámbito de distribución sino también de formación de identidad y de legitimación.

Los informes de ARECIA han permitido también ver el espesor histórico del sector. Si bien el principal grupo de integrantes está constituido por las revistas creadas a partir del 2011 -el año en que se formó la Asociación-, hay otras que tienen varias décadas, como Actualidad Psicológica (1975), Lilith (1978), Qué hacemos (1979), Tiempo Latinoamericano (1982) o Kiné (1992): han visto pasar los gobiernos y sobrevivido a recesiones, inflación y corralitos.
La cuarta parte de las asociadas a ARECIA, de hecho, preexisten a la crisis de 2001 que para muchos aparece como un momento fundante de la cultura autogestiva. En reconocimiento a esa historia, el capítulo 6 propone un repaso por la producción de revistas desde mediados del siglo XX, como parte de la sistematización de la experiencia política y profesional de los editores sin patrón.

En busca de una definición

Ahora bien, ¿qué es una revista cultural independiente? Estamos, sin duda, frente a un sector esquivo a las definiciones.
Difícilmente pueda encontrarse una formulación única y taxativa que abarque a cada uno de los títulos aludidos en la suma de los textos que componen este libro. Podría haberse ensayado una, y luego excluir a toda referencia que no encajara. Sin embargo, fue adrede incluirlas a todas, en lugar de ceder a un rigor clasificatorio que habría otorgado en tranquilidad al investigador lo que quitaba de dinamismo y diversidad al objeto que nos convoca.
Al no haber un único tipo de revista cultural, plantear una “análisis panorámico” puede implicar una decisión epistemológica más que una falencia investigativa. Desde ese punto de vista se construyó esta compilación. Necesitamos en todo caso definiciones amplias, como la que propone Tarcus (2007) a la hora de construir un catálogo,
incluyendo no sólo revistas de literatura (poesía, narrativa, crítica), sino también otros géneros (como revistas teóricas, de teatro, de cine, de música), así como publicaciones de otras áreas de la cultura: revistas de antropología, filosofía, historia, educación y ciencias sociales en general. Las revistas abiertamente político-partidarias y las político-periodísticas se han catalogado por separado. Se han mantenido aquí, sin embargo, ciertas revistas culturales editadas por corrientes políticas, por ser representativas del campo intelectual argentino (…).
Hay además una afectación histórica en la noción de revista cultural, que no se puede pensar ajena a los contextos. Como veremos en el capítulo 6, hubo momentos históricos en los que lo cultural estuvo particularmente atravesado por lo político, en los que resulta difícil trazar el límite entre las revistas culturales-políticas y las revistas sencillamente políticas.
Por otra parte, si la definición es temática -es decir, si lo que hace cultural a una revista son sus temas-, nuestro universo se expande o se restringe en función del concepto de cultura con el que trabajemos. En un sentido antropológico amplio, las problemas ambientales, las cuestiones de género y el debate político pueden ser consideradas cuestiones culturales. Y así se diluye, o al menos se hace porosa, la frontera entre la revista cultural y la revista de interés general.
En el censo que ARECIA realiza anualmente desde 2012, una de las primeras preguntas refiere a las temáticas de la publicación. El cuestionario virtual incluye posibles respuestas: literatura, artes escénicas, artes visuales, ciencias sociales, humor e historietas, música, arquitectura y urbanismo, género. Entre las opciones figura “interés general”. Y lo más llamativo: ¡es la opción más elegida!, seguida por las revistas sobre “Pensamiento y Política”. Recién después vienen las expresiones artísticas típicamente asociadas al periodismo cultural. La suma de quienes responden “interés general”, “política” y “otro” -es decir, lo más inespecífico respecto a “lo cultural” en un sentido clásico- abarca el 60% de las asociadas. En una primera enunciación suena extraño, pero no si lo pensamos dos veces. A la luz de la historia: ¿qué casillero hubiesen marcado Martín Fierro, Sur o Sexto Continente? ¿Cuál Pasado y Presente o Los Libros? ¿Y El Periodista de Buenos Aires, El Porteño, La Maga?
En otras palabras, la sola caracterización temática resulta insuficiente para definir a una revista cultural. Necesitamos echar mano a otras definiciones, que muchas veces tienen que ver con el tipo de mirada. Para Aníbal Ford, por ejemplo,
el periodismo cultural no se define por el campo -como lo puede ser el periodismo especializado en la literatura, la plástica o el cine-, aunque los influya, sino por una especial manera de ver -que en cierta medida no es ni la específica de la sociología, ni de la antropología, ni de las ciencias sociales, ni tampoco de la estética- cualquier práctica social (…) Esa manera de ver que nos lleva a reparar en las estrategias comunicacionales, en las retóricas, en los sistemas de conocimiento -como construcción de sentido, percepción, memoria, anclaje, conjetura-, tanto en una obra de vanguardia cinematográfica o literaria como en una charla cotidiana, en la invención tecnológica, en los subsuelos epistemológicos de lo político, en la historia de un río, en el humor, en las invenciones para sobrevivir o en cualquiera otra costumbre, mentalidad o como quiera llamársele, ´jailaife´ o ´rante´, referente a cómo razonamos y le damos sentido a la vida y la muerte.
Desde este punto de vista, pues, hacer una revista cultural sería algo así como practicar el enfoque de los estudios culturales -en su sentido más transdisciplinar y más político- en el abordaje y la construcción de una agenda pública. Hay también una vocación de intervención; como proponía Noé Jitrik en un debate sobre revistas culturales realizado en 1992:
…tengo que tratar de explicarme por qué queremos hacer revistas, qué nos mueve, sea cual fuere su destino. A mi me parece que es algo así como una voluntad de participación, un deseo de ser vehículo de algo. Y este sería el aspecto más legítimo de esta estructura que se llama revista de cultura: ser vehículo de algo. Y eso implica un rasgo de generosidad.
Llegados a este punto emergen otras ideas, como la de las revistas como bancos de prueba y las nociones de comunidades y de redes; la necesidad de enfocar las revistas como estructuras de sociabilidad y formas de participación. Otra clave, así, es la noción de militancia o de proyecto de intervención.
En todos esos aspectos subyace una definición donde lo cultural se opone a lo comercial. La revista cultural es una revista que no se construye a partir de la lógica de la mercancía, lo cual no quiere decir que no tenga precio de tapa, o que no incluya publicidad en sus páginas.
En esa oposición a lo comercial hay una proximidad al movimiento de los medios comunitarios, expresión que desde mediados de los ´80 tiende a estar asociada a experiencias de radio. Revistas culturales, radios comunitarias, televisoras alternativas se emparentan en una condición sin fines de lucro y en proyectos que, aún con una gran pluralidad ideológica, intervienen como formas de democratización de la palabra.
En los últimos años, en parte por el peso que tuvo el debate social de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en la definición de la agenda y en parte por el interés que despierta la innovación tecnológica, dentro del campo académico de la comunicación el estudio de los medios estuvo centrado en los audiovisuales.
Basta repasar las ponencias presentadas en las principales jornadas realizadas en 2016. Entre los casi 600 trabajos recibidos que suman el Congreso de la REDCOM -el más numeroso-, la jornada de la Red de Investigadores y el encuentro nacional de FADECCOS, las investigaciones sobre revistas se cuentan con los dedos de una mano. Y en todas ellas, la revista es el lugar donde analizar otros problemas: la sátira política, los discursos sobre el género, el periodismo literario. No hay ningún análisis sobre la práctica profesional del editor ni se encara una economía política de las revistas, problemas a los que buscará aproximarse este libro.

Una ecología de saberes

Como se puede advertir en el apartado que presenta a los autores, casi todos los investigadores e investigadoras que participamos de este libro somos, también, hacedores de revistas. En rigor, podría decirse que las inquietudes que se plasman aquí vinieron desde afuera de la academia. Algo que nos remite a la noción de ecología de saberes propuesta por Boaventura de Souza Santos, que es “por así decirlo, una forma de extensión en el sentido contrario, desde fuera de la universidad hacia adentro. Consiste en la promoción de diálogos entre el saber científico y el humanístico, que la universidad produce, y los saberes (…) que circulan en la sociedad”.
El recorrido realizado dentro de la Universidad Nacional de Quilmes es ilustrativo en ese sentido. Empieza en 2011, cuando con un grupo de docentes, graduados y estudiantes armamos el proyecto de extensión que adoptó el nombre “El sur también publica”, para contribuir a la “construcción y fortalecimiento de redes de medios” gráficos ajenos al circuito comercial. La iniciativa buscaba mapear e iniciar un trabajo conjunto con “periódicos comunitarios, revistas ´de calle´, publicaciones culturales independientes, diarios escolares, etcétera” de la región donde interviene la universidad. Pocos meses antes se había conformado la Asociación de Revistas Culturales Independientes, con la que establecimos una fructífera relación: desde entonces, “El sur también publica” acompañó cada Foro organizado por esa entidad, que en 2016 decidió hacer su encuentro anual en la propia universidad, junto a la sexta edición de nuestra Fiesta del Libro y la Revista. También fue la UNQ la primera institución académica donde se debatió el Proyecto de Ley de Fomento promovido por las revistas culturales asociadas.
En 2013, cuando en una nueva convocatoria de proyectos renovamos la apuesta de “El sur también publica” -con más participantes y más avales sociales-, en el ítem titulado Impacto institucional esperado, escribimos un nuevo objetivo: “Instalar la problemática de la edición independiente y autogestiva de libros y revistas en la agenda académica, propiciando su tratamiento en los cursos donde sea pertinente y la formación de futuras líneas de investigación”.
Desde entonces, cada año la materia de Derecho de la comunicación presenta la situación de las revistas autogestionadas; como también el curso de Periodismo y Géneros Narrativos las ha adoptado como objeto de trabajo con gran interés. En el campo de la investigación, donde las revistas estaban prácticamente ausentes como objeto de estudio, en 2015 se acreditó un primer proyecto vinculado al tema en el marco del programa Tecnologías Digitales, educación y comunicación. Pero fue la convocatoria especial de proyectos “orientados a la Práctica Profesional” para 2016-2017 la que nos animó a proponer una “sistematización de la experiencia político-profesional de las revistas culturales independientes”. Allí advertimos:
(…) Son escasas las aproximaciones que abordan al sector en tiempo presente, atendiendo en forma articulada a la estructura económica del sector, la organización social del trabajo profesional y sus formas de asociatividad. Abordarla de esta manera implica pensar la edición cultural independiente como un movimiento, caracterizado por su diversidad pero también por una acción disruptiva de conjunto en relación al ´mercado´ de diarios y revistas.
En el mismo proyecto escribimos que las prácticas profesionales de este sector “pueden definirse como ´sin patrón´ en un doble sentido: por un lado, por el carácter autogestivo de estos emprendimientos; por otro, por ser espacios de innovación en términos profesionales, que lejos de repetir moldes o esquemas preestablecidos, constituyen laboratorios de nuevas narrativas y estéticas”.
A partir de esas ideas se organiza este libro. La primera parte está dedicada precisamente a pensar la autogestión y la asociatividad de las revistas culturales desde distintos puntos de vista. En el capítulo inicial, Lucas Pedulla piensa una praxis autogestiva que se asocia, en la voz de los actores, a valores de horizontalidad, solidaridad, compromiso, no alienación ni explotación, periodismo digno (un fragmento de este capítulo puede leerse en Revista NaN: https://lanan.com.ar/autogestion-periodismo/). El texto sintetiza los principales aportes de su tesina de licenciatura, uno de los pocos trabajos enfocados en esta temática. Allí, las nuevas formas de convivencia y las formas éticas de trabajo aparecen como desafíos en un proceso no exento de dificultades, asociadas a la perduración de un “habitus salarial” que impregna las prácticas cotidianas.
El desafío tampoco es sencillo desde lo económico, y allí pone el foco el segundo capítulo, dedicado a las estrategias de financiamiento -en muchos casos, de subsistencia- de revistas que, como se dijo alguna vez con ironía, no tienen fines de lucro pero tampoco quisieran tener fines de pérdida. El texto de Gustavo Zanella, además de un análisis de las fuentes de ingreso de los colectivos que editan revistas independientes, confirma dos rasgos característicos del sector: la creatividad y la vocación. A diferencia de los gerentes de las corporaciones que publican revistas, estos editores y editoras dejan la vida en sus proyectos: eso es parte de lo que hace del sector (económico) un movimiento (social), junto a la voluntad de tejer redes y encontrarse con otros, que ha dado lugar a la formación de ARECIA. El tercer capítulo, en este sentido, da cuenta de la asociatividad entre revistas, que no empieza con la organización formada en 2011, aunque la historia encuentra en ésta la experiencia más duradera y afianzada. Y se resume en un lema reiterado: “Nosotros no competimos, compartimos”.
Buena parte de las razones y el trabajo de la Asociación de Revistas Culturales Independientes están vinculadas a cuestiones estructurales que condicionan y asfixian al sector. En la segunda parte del libro, dos estudiantes de la Maestría en Industrias Culturales abordan algunos de esos problemas. Sofía Castillón sintetiza la cuestión regulatoria y repasa distintas leyes y decretos que atañen a los medios gráficos desde la sanción de la Constitución en 1853. La autora incluye en su recorrido al Estatuto Periodista Profesional, una gran conquista de los empleados de prensa, aunque reconoce la dificultad de la legislación para comprender y amparar” el trabajo sin patrón. Por su parte, Ivana Nitti profundiza la problemática de la distribución de diarios y revistas, cuyos mecanismos tradicionales hoy están cartelizados y son una barrera para las publicaciones independientes.
Ambos trabajos son un llamado de atención sobre la escasa regulación del sector, que equivale a la vigencia de la “ley del más fuerte” y atenta contra la libertad de expresión. Vale la pena traer este debate aquí, ya que a diferencia del ámbito del audiovisual y las telecomunicaciones, donde la necesidad de que el Estado intervenga está ampliamente asumida -debido a la finitud del espectro radioeléctrico-, no hay tanto consenso en relación a las industrias de la edición continua. Sin embargo, como hemos planteado en un artículo reciente, tanto el papel como los sistemas de distribución pueden ser considerados facilidades esenciales, según una expresión que tiene más de 100 años en la doctrina antimonopolio norteamericana y que llama la atención sobre los abusos en relación a activos e infraestructuras que son indispensables. Es necesario, pues, un Estado que regule, que fomente, que distribuya los recursos en un sentido progresivo.
El problema del papel tiene larga data para las revistas. En la década del ´40 fue un gran tema la escasez del papel -en su mayoría importado-, que el peronismo intentó regular emulando la interesante experiencia de Lázaro Cárdenas en México, lo que profundizó un estigma por el “control de los medios” cuya aplicación selectiva en varios trabajos de la historia disciplinar aún no sido problematizada seriamente. En los ´60 y ´70, distintas editoriales se ocuparon de problemas en el sistema de distribución, que la mayoría de las veces buscaron ajustar por el más débil: las publicaciones independientes.
Algo de esa historia se recupera en la tercera parte del libro, con un texto que traza un panorama de las revistas políticos-culturales desde la década del ´50 hasta la actualidad. Este largo capítulo es tributario de una serie de clases dictadas en el curso “Revistas Culturales Argentinas” que propuso la Maestría en Ciencias Sociales y Humanidades de la UNQ en el ciclo lectivo 2016, y encuentra un antecedente también en la muestra gráfica “Andamios, barricadas y refugios” preparada para la quinta edición de la Fiesta del Libro y la Revista y convertida luego en itinerante. En esta versión ampliada, más de cien títulos pincelan un mapa siempre inacabado, que se detiene en algunos hitos clave, repara en trayectorias que unen unas etapas con otras, y repone la historia que subyace a muchos dilemas con plena actualidad, incluida la discusión -también inacabada- sobre el carácter “independiente” de una publicación.
La mirada a la historia ayuda a comprender también la gran diversidad señalada antes sobre el sector, que no se define en una cuestión temática y tampoco de escala. Basta desempolvar, a modo de ejemplo, el aporte que llevaron Sylvia Schulein y Soledad Robina al seminario “Comunicación y Pluralismo: alternativas para una década” organizado en 1982 por el Instituto Latinoamericano de Estudios Trasnacionales (ILET) en México, que constituye un hito en los debates sobre comunicación en América Latina. Aquel encuentro constató una multiplicidad de experiencias de comunicación popular  “capaces de hacer de la información un bien social más que un artículo de consumo mercantil”. Por entonces se usaba la expresión “prensa alternativa”. Las autoras señalaron que para el caso argentino:
Existen revistas de dos o tres páginas producidas por grupos de campesinos u obreros que no llegan a tirar 200 ejemplares y hay otras, similares en su formato y calidad a las revistas del sistema, que tienen una circulación de más de 200.000 ejemplares como la revista ´Humor´ de Argentina. ¿Qué es lo que tiene en común ´Humor´ con una revista de barrio para que ambas integren esta dimensión de revistas alternativas? La respuesta es que a pesar de los variados contextos que expresan, estas publicaciones responden a las necesidades sociales profundas, no siempre homogéneas en la medida que incluyen a diferentes sectores sociales, pero planteando situaciones y problemáticas que no son recogidas por los medios dominantes del sistema. (Schulein y Robina, 1983: 156)
Desde esa necesidad profunda es que siempre aparecen nuevas publicaciones. La vocación persiste socialmente. Como escribe Stedile Luna, “las revistas siempre se están haciendo, como fantasía, deseo, planes, índices, o en los trotes tiranos de una deadline”. Cada revista esboza una comunidad. Y si siempre fueron laboratorio, hoy más que nunca, en tiempos del fin del periodismo, son espacios de innovación en el campo de la escritura, de búsqueda de otros posibles, de práctica genuina frente a una profesión devenida en engranaje de operaciones que la exceden.
De eso habla la cuarta y última parte del libro, al analizar las prácticas y las texturas de revistas que ejercen un periodismo digno, publicaciones de poesía que le dan aire a la palabra y otras que despliegan el ensayo cultural para pensar la época. Estas ediciones sin patrón -nos dice Cora Gornitzky- incorporan otra mirada: “Rompen con el periodismo de fuentes autorizadas, inauguran nuevos puntos de vista, relatan desde otra geografía los mismos acontecimientos (…) Con rigor narrativo, con una poética innovadora, con nuevas preguntas, toman riesgos estéticos y políticos para abrir lo que el poder obtura”.
Tiempo atrás, la editora de Mu Claudia Acuña nos dijo en una entrevista: “Para mí este momento es una fiesta: antes, hacer periodismo era repetir una fórmula; ahora, hacer periodismo es crear algo nuevo”. Con este libro queremos contribuir a ese emergente, no por la fascinación que genera la novedad -muy común en la academia- sino por la convicción de que involucra algo profundamente transformador. Apostamos así a esa ecología de saberes que nos confirma la pertinencia social de nuestras prácticas y nos hace proyectar también una Universidad capaz de resquebrajar sus propios moldes.

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La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt

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Tercera entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, que se propone así transmitir el valor de la constancia, de los pies en el espacio público, de la gota a gota que orada la piedra, la no violencia contra la violencia, su valor social, su peso histórico, sus 40 años de coreográfico diseño: media hora, todos los jueves, 2.391 veces al 15 de enero, fecha a la que corresponde esta cobertura realizada por la fotógrafa Cecilia Bethencourt. Toda la producción será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Hermanas pertenecientes a la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo, marchan en la Ronda de numero 2391 por la lucha de la Memoria, la Verdad y la Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

“Elegí trabajar interviniendo las fotos a través de la perforación de las imágenes como acto de resiliencia y lucha para llenar de luz el valor de la constancia, la memoria, esa huella que queda en cada paso de esfuerzo de Las Madres de Plaza de Mayo. Una luz que habla de la resistencia, la fortaleza, un atravesar la violencia con la no violencia, un reclamo por la Verdad y la Justicia”.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo se colaca el pañuelo blanco sobre su cabeza, simbolo con el que se identifican a lo largo de estos años para reclamar por sus hijos desaparecidos en la dictadura militar durante la Ronda de los jueves numero 2391 en Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo, perteneciente a la Asociación llega a Plaza de Mayo para marchar en la Ronda de los jueves numero 2391 en reclamo de Verdad y Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Carmen perteneciente a la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, marcha junto a militantes, activistas y turistas en la Ronda numero 2391 en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

Sobre Cecilia Bethencourt

IG @cebethania
Es fotógrafa, psicóloga y comunicadora audiovisual. A través de su trabajo explora temas de construcción de identidad, cuerpos, sexualidad, memoria y procesos de transformación con un enfoque transdisciplinario. Centrándose en nuevas formas y posibilidades de vinculación. En el año 2022 edito su primer libro “Otra Piel” trabajo fotográfico de autorretratos realizado en pandemia. Actualmente trabaja en sus dos nuevos proyectos multidisciplinarios uno sobre el cuerpo en las trabajadorxs sexuales y sus derechos negados y otro sobre la desintegración del lenguaje, recuerdo y memoria.

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“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

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La comunidad mapuche lof Paillako realizó una recuperación territorial en 2020, dentro del Parque Nacional Los Alerces, en lo que históricamente fue hábitat mapuche tehuelche. Días después de iniciarse el fuego, Ignacio Torres apuntó como responsable a la comunidad y puntualmente a uno de sus integrantes, Cruz Cardenas, con pruebas inexistentes. El “mapuchómetro” y los incendios que vienen desde 2008. Las no respuestas del gobernador y del presidente interino del Parque. El comunicado de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro, lo que dice la Constitución y la respuesta de toda una comunidad que cuenta cómo, desde su cosmovisión, la vida se vive de otra manera.

Texto: Francisco Pandolfi/ Fotos: Nicolás Palacios

desde Esquel

El jueves 25 de enero por la noche comenzó el incendio en el Parque Nacional Los Alerces que, dentro de su jurisdicción y fuera de sus límites ya en tierras provinciales, quemó alrededor de 8 mil hectáreas. Cinco días después del primer foco, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, afirmó lo siguiente sobre las responsabilidades del fuego:

“Una vez controlado el incendio vamos a empezar con una investigación muy fuerte para quienes hacen esto desde hace muchos años en Chubut. Lo hacen para tomar tierras. Son delincuentes que tienen un negocio inmobiliario. El problema no son los pueblos originarios sino estos delincuentes que bajo falsas banderas toman tierras en Neuquén, en Río Negro, en Chubut y creo que es momento de ponerle un parate definitivo”.

“Hay que separar los pueblos originarios de los delincuentes que no están legalmente constituidos, como es el caso de la toma en el Parque Nacional Los Alerces, que no tiene nada que ver con los pueblos originarios. El delito es del exbrigadista Cruz Cardenas que se autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido. Quiero hacer esta diferenciación: en Chubut convivimos en total armonía con Pueblos Originarios, que es gente trabajadora y de bien y no tiene nada que ver con estos pseudo mapuches que se embanderan para cometer delitos, tomar tierras, amedrentar a los vecinos, incendiar campos y zonas privadas”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Escenas del bosque incendiado en la Patagonia. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Apuntados por el gobernador

Al escuchar estas declaraciones en Radio Rivadavia –luego replicadas por una tropa de medios de comunicación– se podría presumir que absolutamente todas las pruebas existentes en la causa judicial por el incendio, que lo lleva el Tribunal Federal de Esquel, condenan como autor a Cruz Cardenas, integrante de la comunidad mapuche Paillako.

Sin embargo, hasta el momento no hay absolutamente ningún indicio que culpe a Cruz Cardenas ni a nadie de la lof.

Desde lavaca intentamos comunicarnos con Ignacio Torres para preguntarle qué pruebas ostenta para asegurar lo que dijo tres semanas atrás, el domingo 28 de enero. Hasta el cierre de la edición de esta nota, no había respondido al pedido de entrevista.

La comunidad mapuche Paillako (“tranquilo”, en mapuzungun) recibe a este medio para charlar, como una especie de derecho a réplica, sobre el señalamiento del máximo mandatario provincial. El encuentro se da en ronda dentro de la comunidad, que está dentro de los límites del Parque Nacional Los Alerces, que a su vez está dentro de lo que históricamente fue territorio habitado por el pueblo mapuche-tehuelche.

Hace cuatro años que la lof Paillako inició la recuperación de su territorio en ese lugar, donde hace más de cien años vivieron sus ancestros. “Mis abuelos paternos se instalaron un tiempo antes de la creación de Parques Nacionales (1937), que cuando llegó empezó con los desalojos y sometimientos hacia las poblaciones. Antes acá era todo abierto y Parques achicó y cerró espacios, hasta llegar al día de hoy que para hacer cualquier cosa debés pedirle permiso, ya sea para hacer un baño o poner una chapa”, cuenta Cruz Cardenas, el apuntado por Torres y compañía.

Tiene 35 años, le dicen “Lemu” y trabajó varios años como brigadista. Aunque no está acostumbrado a dar notas, consensuaron colectivamente salir a hablar. “Necesitamos que se difunda lo que está pasando acá. Esto es día a día y están avanzando contra nosotros; acaban de arrestar a un peñi de otra comunidad (Matías Santana, testigo en la desaparición y muerte de Santiago Maldonado), están cazando mapuche por todos lados”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Cruz Cárdenas, señalado por el gobernador. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Mapuchómetro

El gobernador se refirió a Cárdenas como quien se “autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido”.

Reflexiona Cruz: “El ser mapuche siempre lo sentí, aunque mis padres no se reconocían así; me decían que mi apellido era español, no mapuche. Junto a una machi (líder espiritual) fui haciendo mi propio camino de reconocimiento y comprendí la importancia de reivindicar y recuperar el territorio. Acá se dio la resistencia de las poblaciones preexistentes y las masacres winkas; estuvieron los invasores, con sus armas poderosas. Eso generó nuestra recuperación del territorio hace cuatro años”. Va más allá: “Cada familia tiene un proceso de reconstrucción, en lo espiritual, en la lengua”.

Maru, a su lado, también conforma la comunidad. Su compañero es mapuche y ella pertenece al pueblo charrúa. Tiene a su pichi (pequeño) en brazos. “Uno de los motivos para preservar el territorio es el acompañar a las crianzas, que tengan una alimentación real, que no se críen pensando que la comida crece en una góndola, sino que sepan que viene de la tierra, cómo cultivarla; que entiendan cómo criar, cuidar y respetar a un animal, incluso si lo van a comer; que puedan crecer más sanos y que si se enferman, conozcan la medicina que también crece en la tierra”.

A la izquierda está Lliuto, lamien (hermana) de la lof: “El ser mapuche no tiene que ver con lo externo, sino por lo que uno siente, la conexión con el lugar. Es un bajón que el gobernador utilice un mapuchómetro cuando habla. Es difícil conectarse con el entorno rodeados de cemento, de ruido, del estrés que nos provoca la rutina. Cuando uno quiere volver al territorio siempre está latente la pregunta, ¿cuál es el mío? Ahí caemos en la realidad de que somos un pueblo que quisieron exterminar, que sufrió un genocidio, que hubo mucha tristeza. Mis abuelos dejaron de hablar en mapudungun para resguardar a sus hijos y a sus nietos, porque les pegaban en la escuela. Por esa historia, este proceso lo atravesamos con mucho dolor, pero lo encaramos con más fuerza para reivindicar nuestra tierra, que nos siguen negando hoy”.

Enlaza la cosmovisión mapuche con lo que está pasando en Los Alerces. “Si uno tiene un vínculo con el territorio, si puede sentir esa conexión, se es mapuche en todos lados; siempre con respeto, claro. Por eso jamás se nos ocurriría hacer un daño como provocar un incendio; nos duele un montón saber que se están perdiendo años y años de vida… porque la vida va más allá de lo humano y nosotros luchamos por defender lo que hay a nuestro alrededor”.

Foto Nicolás Palacios para lavaca

¿Quién negocia con las tierras?

Tras las declaraciones del gobernador, la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro repudió sus dichos: “Sobre el pueblo mapuche históricamente se ha construido la imagen de la violencia: invasor, asesino y ahora terrorista, negando su preexistencia al Estado. Este discurso ha sido utilizado para avalar la violencia estatal, que hace 145 años ocupó el territorio de la Patagonia, luego de la campaña genocida. En la actualidad la defensa del territorio por parte de las comunidades mapuche tehuelche frente al extractivismo salvaje es catalogada como terrorismo. Este argumento pretende ser utilizado para enviar nuevamente al Ejército al territorio”.

En otro fragmento, denuncian: “En este discurso anti-mapuche, el gobernador se arroga el derecho de reconocer quién es mapuche y quién no, algo claramente contrario a derecho. Años atrás éramos quienes poníamos en amenaza la soberanía argentina, ¿hoy somos quienes incendiamos nuestro propio territorio? El gobernador expresa que la intencionalidad de los incendios y la responsabilidad del pueblo mapuche tehuelche están dadas porque detrás de cada conflicto comunitario hay un negocio inmobiliario de tierras. Es ilógico, no somos nosotros quienes negociamos el territorio con empresarios extranjeros. No somos nosotros los invasores. No somos nosotros quienes provocamos los incendios de nuestro propio territorio”.

La comunidad Paillako además de defenderse de las acusaciones del gobierno provincial, también denuncia atentados: “En los cuatros años que lleva esta recuperación, intentaron prendernos fuego ocho veces, porque no quieren que estemos acá”, afirma Cruz Cardenas. “Es muy doloroso la destrucción; lo que se está perdiendo en el bosque costará muchos años en volver. Se regenerará si se cuida como se debe, si es que estos fuegos no se originan para explotar la montaña, para limpiar y después hacer algún emprendimiento”.

–Con las leyes actuales de Parques Nacionales las tierras no se pueden vender.

–Cruz: Muchos dicen que en Parques Nacionales no pueden hacerse negocios inmobiliarios, ni explotaciones, pero hay muchas hectáreas quemadas que ya no corresponden a Parque, son parte de terrenos fiscales de la provincia.

–Lliuto: En el Parque hay una gran cantidad de negociados, emprendimientos inmobiliarios que no lo tiene la gente mapuche…

Cruz, ¿por qué creés que el ensañamiento fue hacia vos?

–Ellos saben que para cualquier explotación y mega proyecto que dañe la tierra, van a tener una oposición del pueblo mapuche. Entonces, esto les sirve para pedir con más fuerza que nos desalojen y poner a la gente en nuestra contra para sacarnos del camino.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

El bosque sigue humeando tras los incendios. Foto Nicolás Palacios para lavaca

Preexistencia sin valor

Cruz Cardenas, junto a su compañera, fueron denunciados por el delito de usurpación cuando llevaron a cabo la recuperación territorial. El abogado defensor, Gustavo Franquet, le explica a lavaca: “La acusación de usurpación no tiene ningún sustento, porque las familias de Cruz y de su compañera son pobladoras del lugar, han estado históricamente ahí; ellos hicieron una recuperación de su identidad e inmediatamente comenzó el hostigamiento de Parques Nacionales y la denuncia por usurpación. La respuesta que reciben del Estado no es de reconocimiento, ni de respeto a ese proceso entendiendo que son pueblos preexistentes como dice la Constitución Nacional y que tienen derecho a recuperar y construir plenamente su identidad. No, al contrario, lo que supuestamente te lo dan en las grandes palabras que figuran en la Constitución, después te lo sacan en las mezquindades de los funcionarios y del Poder Judicial”.

La causa está elevada a juicio en el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia. En las declaraciones que hizo Torres dijo que “la causa es por una toma de hace varios años, de 2016”. El mismísimo expediente lo desmiente, ya que la recuperación data de enero de 2020. Dice Franquet: “La cantidad de cosas sin sentido que dijo el gobernador de Chubut… Esta gente es todo el tiempo así, está acostumbrada a decir cualquier cosa. Evidentemente decir cualquier cosa es la característica de esta época, pero claro que tuvo una intención: lo hizo para apretar a que los desalojen”.

La vegetación que sobrevive, y la que quedó incendiada en la ladera de uno de los cerros. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

5 grandes incendios en 15 años

Este incendio no es el primero que ocurre en este Parque. En los últimos quince años hubo cuarenta focos intencionales y cinco grandes fuegos que arrasaron en 2008, 2015, 2016, 2023 y 2024 alrededor de 17 mil hectáreas.

La anterior gestión del Parque Nacional Los Alerces había iniciado una mesa de diálogo con la lof Paillako para destrabar el conflicto. “Habíamos llegado a un buen acuerdo; la negociación implicaba varios puntos, entre ellos que nosotros habilitemos un camino que cerramos por seguridad cuando hicimos la recuperación, y desde Parque se iba a reconocer nuestro territorio. Para eso nos exigieron tener una personería jurídica, que en verdad nosotros no creemos necesario tener, pero igual la hicimos. Sin embargo, el intendente de Parque (Hernán Colomb) renunció en agosto pasado y el diálogo se cortó”.

Dice la comunidad: “A raíz de los últimos incendios, levantamos el bloqueo del camino que habíamos hecho; hablamos con los brigadistas y razonamos que lo mejor era habilitar ese lugar y que se volviera a utilizar ese camino”.

Hoy en día, Parques Nacionales no tiene autoridades elegidas. El directorio está acéfalo y en el Parque Nacional Los Alerces se nombró como interino al guardaparques Danilo Hernández Otaño, con quien la comunidad aún no tuvo contacto. El pedido de entrevista previo a la publicación de esta nota, no fue contestado.

Re-existir

En Paillako hay vacas, caballos, gallinas, abejas y anhelan a que pronto haya ovejas también. Hay huertas familiares, comunes entre varias rucas (casas) y hay una siembre comunitaria, entre la totalidad de la lof. “Acá se da muy bien la papa, la haba, el ajo, las arvejas, el trigo; los cereales se dan casi todos”, dice Maru. Agrega Cruz: “También los árboles frutales, como manzanas, ciruelas, guindas, frambuesas y frutillas. Nuestro propósito es ir haciendo mayores escalas para garantizar una buena alimentación y que nos permita hacer intercambios”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Vida vegetal y vida humana: una idea de comunidad. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

¿Qué molesta de que estén acá? Intercalan la voz, en ronda, y confeccionan una respuesta común: “Nada, nada, no les estamos molestando en nada. Si les molesta es porque somos mapuche. Porque ni siquiera es que jodemos al turismo. Pensemos: quienes perjudican el turismo son los que le echan miedo al turista por la existencia del mapuche, esas personas generan los problemas, no nosotros. Y otra cosa: la comunidad tiene menos de 2 mil hectáreas, mientras que el Parque Nacional Los Alerces cuenta con 250 mil. O sea, tampoco es que estamos tomando el parque, ¿no?”.

Agregan: “Creemos que lo que jode es que nunca vamos a estar de su vereda, nunca pensaremos en explotar la tierra para hacer plata y hacerla bosta. Hoy ni siquiera se puede acampar gratis en el Parque (dormir una noche en un camping oscila entre 12 mil y 14 mil pesos), antes era todo libre y ahora la mayoría es privado. Por eso es importante recordar que las leyes de Parque están hechas en tiempo de dictadura (firmadas por Jorge Rafael Videla); en base a eso se manejan hoy”.

Cierra la comunidad, entre mate y mate, mientras los pichis corren, comen frutas, se caen y se vuelven a parar: “Se viene difícil el futuro, complicado, eso lo sabemos; nosotros tenemos que estar fuertes, amparados por las fuerzas que nos protegen en este lugar; acá vamos a resistir, no pueden sacarnos de nuestro territorio, no vamos a permitir más desalojos”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

La reunión de parte de la comunidad con lavaca. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

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Nota

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

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El incendio generado en el Parque Nacional Los Alerces, que ya lleva quemadas alrededor de 8 mil hectáreas, se extendió a la población rural de Alto Río Percy, a 13 kilómetros de la ciudad de Esquel, en Chubut. La casa más alejada es la de Gisela y Lorena, dos amigas que debieron autoevacuarse con las llamas a menos de quinientos metros. Creyeron que habían perdido todo, pero su casa se salvó. Alrededor, se quemó todo. La explicación de lo inexplicable. La falta de prevención. La vida en un paraíso, ahora arrasado por el fuego. Y una colecta colectiva, para empezar la reforestación. Desde Esquel. Texto: Francisco Pandolfi

Dos pasos y medio. Ni más ni menos. 

Sesenta centímetros.

Ni más ni menos.

No hay nadie en el poblado rural Alto Río Percy, donde viven alrededor de cien personas en las afueras de la ciudad chubutense de Esquel, que no hable de “milagro”, de “cosa de mandinga”, “de creer o reventar”, “de algo fuera de lo común, nunca visto”.

Acá, todo lo que se ve es impresionante. Impresionantemente triste. Impresionantemente carbonizado.

Y en medio de todo quemado, una casa sin quemar.

La vida, como oasis en un desierto rodeado de muerte.  

Autoevacuadas

El fuego en el Parque Nacional Los Alerces comenzó el 25 de enero y una semana después, el domingo 4 de febrero, arrasó con centenares de hectáreas del Percy. En total, ya se quemaron alrededor de 8000 hectáreas, el fuego continúa activo y, aunque según las autoridades el fuego está controlado, preocupan las condiciones meteorológicas (más de 30 grados) y que sigan prendidos varios focos.

Uno de ellos está ahí nomás de una casita hermosa que levantaron con muchísimo esfuerzo Gisela Finocchiaro y Lorena Domínguez, amigas desde hace más de 15 años. La nombraron Monte Lontano. Lontano, en italiano, significa lejano. 

Esta casita es la última del poblado, la más alejada. Tan distanciada que, cuando empezó el fuego en Los Alerces, y previendo que podría avanzar hacia el Percy, colgaron un cartel a un kilómetro del hogar, para avisarle a las autoridades que más allá había una vivienda. El cartel voló por el calor. Y ellas debieron irse cuando las llamas se les vinieron encima: “El domingo 4 de febrero fue el momento más crítico; el fuego se acercó bastante y decidimos irnos a Esquel, que está a 13 kilómetros, con la convicción de que el incendio no alcanzaría la casa. Pero ni bien llegamos, nuestro vecino Fabián nos llamó para decirnos que ya estaba muy cerca, que lo mejor era volver a sacar lo más importante. Regresamos y el fuego ya estaba detrás nuestro, a 500 metros; nos quedamos paralizadas, nuestra casa que habíamos hecho con tanto cariño y amor, no iba a zafar. En esos minutos le rogamos a Defensa Civil que bajaran nuestras cosas, pero debimos autoevacuarnos solas. Por una aplicación de la NASA, seguimos el devenir del fuego y vimos cómo había pasado por nuestra casa, pero a la mañana siguiente nos llamaron que se había salvado; no lo podíamos creer”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Gisela y Lorena en el bosque quemado a metros de su casa / Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Prevenir para no curar

Gise invita a pensar: “No nos gusta generar discordia por cómo debimos autoevacuarnos, pero sí nos parece importante contar lo que pasó. Al tener un vehículo pudimos sacar algunas cosas en tiempo récord, pero a nivel país debemos prepararnos de otra manera; hay que tener cuadrillas ya preparadas y no esperar a que pase algo para saber qué es lo que se puede hacer; hay que ganarle de mano al fuego, tener los caminos preparados; si queremos bosques nativos hay que cuidarlos, limpiarlos; acá no se puede llegar donde está el fuego porque no está preparado el área o los suficientes recursos para atacar el fuego. Hace más de 15 años que a Alto Río Percy no le dan bola; el intendente acaba de asumir y este fue su bautismo; confío que todo va a cambiar, pero necesita ayuda de provincia y nación”. 

Lore invita a pensar: “No podés tener brigadistas sin estar en planta permanente, contratados, con un mísero sueldo. Están arriesgando su vida… Me da la sensación de que el gobierno improvisa, va viendo en el camino lo que va pasando, pero todo lo que está en juego es vida. Desde el insecto más pequeño, los árboles, los animales hasta la gente que vivimos acá; estamos hablando de vidas. Alto Río Percy es parte del ejido municipal de Esquel, hoy es noticia nacional, pero nunca se le prestó atención; la gente tiene problemas en el invierno para arrear los animales, no se limpian los caminos, no hay agua, no hay gas”.

Cementerio en el paraíso

Los postes de ciprés que sostienen la casa a un metro de altura están tiznados. Los vidrios que dan a la sala de estar y a la cocina están quebrados. El que da a una habitación en el primer piso, a seis metros de altura, también. ¿Cómo no explotaron? “Pusimos doble vidrio y se rompió la placa del exterior, pero soportó la interna. De haber sido un vidrio común, la casa estaría toda quemada, porque una vez que agarraba las cortinas y luego la madera, chau”. 

Dentro del hogar todo está intacto; con cenizas y un leve olor a humo, pero nada haría imaginar lo que se ve a través de esos vidrios resquebrajados: un cementerio de árboles en medio del paraíso. Esqueletos de un bosque que ya nunca será igual. “Era el hábitat natural de muchas especies nativas que han muerto. Se quemaron lengas, ñires, lauras, radales, todo el bosque nativo. Respecto a la fauna, no sabemos cuántos animales se quemaron y cuántos se escaparon, en una zona donde hay ciervos, liebres, huemules, chanchos jabalíes, pumas, vacas y muchas aves. Esto es una catástrofe natural inconmensurable, a nuestro vecino más cercano, que está a mil metros de acá, se le quemó el 85% de su campo y el fuego quedó a menos de cien metros de su casa”. 

El olor a quemado penetra por las fosas nasales, aunque lo peor se lo llevan los ojos. Todo es gris alrededor de Monte Lontano. O casi todo. Las chicas están sentadas en el deck de madera. Contemplan hacia adelante, literal y metafóricamente. “Miramos el filo del pasto seco, lo que dejó el fuego y es inevitable pensar qué hubiera pasado si se quemaba la casa. Posiblemente hubiéramos vendido todo, o regalado, porque quién te va a comprar esto si no tiene bosque. Quizá nos hubiéramos ido, incluso de la ciudad”. 

Reflexiona Lore: “Tomamos este mensaje que nos da la naturaleza, que tuvo una fuerza imparable y esquivó a la casa dándonos un mensaje. La naturaleza nos quiere acá y vamos a reforestar para poner este lugar mucho mejor de lo que estaba. Teníamos un proyecto a futuro que era construir unos dormis para alojar a turistas”. 

La interrumpe Gise: “Lo tenemos, no hablemos en tiempo pasado”. 

“Es verdad, lo tenemos”. Sonríe Lore y agrega: “Retrocedimos un montón de casilleros, pero lo vamos a lograr en algún momento”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Alto Río Percy, poblado rural arrasado por el fuego / Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Un desastre que no termina

El terreno lo compraron en 2018 y a inicios de 2019 empezaron a construirlo, con la ayuda del papá y los hermanos de Lore que son albañiles. A finales de ese año comenzaron a habitarlo. “En esta casa veo a mi papá, que falleció hace un año por una grave enfermedad; veo el esfuerzo de mis hermanos; veo a mi sobrinos chiquitos, que les encanta venir. Como no hay señal, no usan el celular, no están detrás de una pantalla y salen a buscar huesos de dinosaurios, a explorar el bosque; saben que no deben matar insectos ni arrancar ramas de los árboles. Tal vez sean ellos quienes vean esto totalmente verde, como alguna vez existió”.

El fuego sigue activo en todos sus frentes (en la cola, que es en la zona del cerro Centinela donde se originó el incendio; en la cabeza, que es en el Percy; y en los flancos derecho e izquierdo). Contextualiza Lore: “Hay árboles de hasta 200 años quemados y esto no terminó, es un desastre. Se levanta el viento y se reactiva el fuego; hay camionetas, helicópteros y aviones trabajando todo el día, es un caos todavía”.

Completa: “El fuego se originó de forma intencional, no hay dudas; se hicieron dos focos simultáneos dentro del bosque en una zona que no es accesible, que no todo el mundo conoce y que hay que saber llegar y luego salir después de hacer fuego; todavía no hay elementos para culpabilizar a nadie”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Lengas, ñires, radales, algunas de las especies carbonizadas /Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Colecta colectiva

Lo que se pisa es pura cenizas. Y con los pasos, lo que se huele es puro humo. Se ve un caño de plástico de un biodigestor destrozado por el fuego; se ve una mesa de roble en la que los sobrinos de Lore juegan a tomar el té, que sobrevivió. Se ven raíces sobresalidas y muertas, troncos y ramas carbonizadas; se ve una parra de uva rosada que le regaló la abuela de Gise, antes de fallecer unos meses atrás, que también sobrevivió. Debajo del piso flotante, se ven enormes troncos de leña que habían juntado para calefaccionar el hogar. El fuego quedó a centímetros de ahí. Un poco más allá del escenario sombrío y calcinado, la belleza de los cerros Colorados y Nahuelpan; los morros coloridos y un ecosistema que fusiona la estepa patagónica y el bosque andino. “Este lugar es maravilloso. Tenemos montaña. Tenemos ríos. Tenemos lagos; tenemos agua que brota de las montañas. Nosotras sacábamos agua de una vertiente, que el fuego la arrasó, al igual que la manguera que teníamos y el estanque”, siente Lorena, de 34 años. 

La escucha Gise, de 39, que comparte: “El otro día fuimos a preguntar cuánto nos costaba comprar los metros de manguera que necesitamos para sacar el agua de la casa del vecino más próximo y casi nos largamos a llorar. Para nosotras hoy es imposible comprarlos. Hace cinco años salía ocho veces menos de lo que sale ahora. Sin agua, además de no poder vivir, tampoco podremos reforestar”. 

A las chicas se les quemaron 700 metros de manguera de dos pulgadas. Ahora necesitan 1000 metros. Comprar de una pulgada y abaratar los costos, les sale más de un millón de pesos. Los 1500 metros de alambrado también se quemaron. Reponerlos cuesta un millón ochocientos mil pesos. También se incineraron filtros, postes, varillas, caños, la tranquera y el estanque. 

Para colaborar con Gise y Lore, comenzamos desde lavaca una campaña de donación a esta cuenta:

Gisela Roxana Finocchiaro
CVU: 0000003100033965245782
Alias: SICILIANA.NEL.CUORE
CUIT/CUIL: 27308957700
(Por transferencia bancaria o Mercado Pago)

“Mucha gente se comunicó de afuera, de La Plata, Formosa, Mendoza, Córdoba,  Buenos Aires para ayudar; eso nos llena el alma. Las pérdidas materiales duelen, pero la pérdida invaluable es el bosque, aunque estamos convencidas que lo vamos a recuperar”, sienten y comparten ambas. “Teóricamente, desde provincia, nación y empresas privadas pusieron mucha guita, esperemos que llegue donde realmente hace falta. Los damnificados estamos a la vista. Ojalá que no haya que esperar, porque la gente se cansa de esperar”.

Piano, piano

–¿Hay algo que quisieran agregar para terminar la nota? 

–Lore: Que ese domingo la pasamos muy feo. Que cuando tuvimos que cerrar la puerta, le dije a Gise que dejara puesta la llave, que para qué iba a cerrar… Gise agarró una virgencita y empezó a rezarle, y yo le pedí a mi papá que no permitiera que se quemara la casa.

–Gise: Somos las últimas pobladoras del Percy, pero fuimos las primeras para el fuego. Por eso Monte Lontano, estamos en la loma del culo, quién nos mandó acá…

Se ríe Gise. Se ríe Lore. Se ríen juntas. Después de la charla, después de las fotos, se levantan y van a buscar las botellas de agua que pudieron cargar desde la ciudad de Esquel, y empiezan a regar zonas carbonizadas, pero con un hilito verde, con un pastito, con alguna raíz que aparenta estar viva. “Piano Piano va lontano”, dice Gise en italiano, y luego lo traduce al castellano: “Despacio, despacio, se llega lejos”.

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“Vamos a reforestar para devolver el bosque que había” / Nicolás Palacios para lavaca

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