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El agua mala, o cómo atacar a vecinos autoconvocados

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La Policía de La Pampa y el secretario de Seguridad de esa provincia cruzaron el límite fronterizo con Buenos Aires para reprimir una protesta de vecinos autoconvocados y lograr la construcción de un canal clandestino que escurriera el agua de campos pampeanos sojeros a pueblos bonaerenses.
Sansinena y Villa Sauze son dos pequeños pueblos del noroeste de Buenos Aires, ubicados en el límite geográfico con La Pampa. En un mapa, son dos diminutos puntitos –no superan los 600 habitantes– que prácticamente rozan la línea que demarca la división política entre ambas provincias.
Que ambas localidades estén en el límite interprovincial no es sólo un dato de color, sino de total relevancia ya que la Policía de La Pampa –con su ministro de Seguridad, Juan Carlos Tierno, a la cabeza– cruzó a la de Buenos Aires para reprimir, fuera de su jurisdicción, un reclamo de los vecinos de los dos pueblos bonaerenses que querían impedir la construcción de un canal clandestino cuyo objetivo era que el agua que inunda los campos sojeros pampeanos producto del desborde del Río V drene hacia territorio bonaerense, con riesgo de inundación y aislamiento para ambas poblaciones.
El saldo de la represión fue de 24 heridos –entre ellos una nena de 6 años y un joven de 25 que aún permanece internado, intentando salvar una de sus piernas– por balas de goma, gas pimienta y bastonazos. El acto brutal fue llevado a cabo por un cuerpo especial de infantería del gobierno de La Pampa liderado por su Ministro de Seguridad, ex intendente de Santa Rosa destituido por abuso de poder y con antecedentes de represión.
El agua mala, o cómo atacar a vecinos autoconvocados
Ministro a los bastonazos
 
El martes pasado, 9 de febrero, los vecinos se autoconvocaron en la intersección de la ruta provincial 2 y el Meridiano V, el camino de tierra que marca el límite entre Buenos Aires y La Pampa, a la altura de la localidad de Villa Sauze (partido de General Villegas).
Estaban anoticiados de que el Gobierno de La Pampa (PJ), en acuerdo con el intendente de Villegas (Cambiemos), habían decidido desviar el agua del Rio V por ese camino, lo que provocaría posibles inundaciones en Sauze y en Sansinena (partido de Rivadavia). Unos kilómetros más al norte, Banderaló (Villegas) ya estaba recibiendo el agua. Lógicamente, querían evitar que abrieran ese canal sin consulta previa.
Los primeros vecinos en llegar se encontraron con máquinas de Vialidad de La Pampa y una gran presencia policial, apostada sobre territorio pampeano.  Entre ellos estaba Emilia de la Iglesia, vecina de Sansinena y directora del grupo de teatro comunitario de Rivadavia y General Pico, La Comunitaria. Su voz del otro lado del teléfono suena perturbada, alerta: urgente. “Estábamos preocupados por la situación. Cuando llegamos, del lado de Buenos Aires estaba la delegada municipal de Villa Sauze y dos policías de la patrulla rural; del de La Pampa, maquinarias para hacer el canal y muchos efectivos”.
Eran las ocho y el sol ya estaba extinguiéndose: se venía la noche.
Los vecinos armaron un cordón para impedir el trabajo de las máquinas y exigir la presencia de las autoridades locales para que el conflicto se resolviese por vías institucionales.
Estaban en eso cuando el ministro de Seguridad de La Pampa, Juan Carlos Tierno, empezó a increparlos: “Vamos a pasar como sea para hacer el canal”, gritó. Los vecinos le respondieron: “Esto es territorio de Buenos Aires y estamos esperando a las autoridades”.
No hubo más diálogo. Las que hablaron a continuación fueron las balas. Y los golpes: la represión.
Emilia enumera los hechos: “Tierno hizo avanzar a los efectivos policiales, todos fuertemente armados. Yo vi al jefe de la Policía, Roberto Ayala, hacer un gesto con la cabeza y ahí se desató la represión. Otros vecinos, además, vieron al propio Ministro agarrando un bastón de policía y dando golpes él mismo”.
Sigue: “Empezaron a avanzar por sobre nuestro cordón. Ninguno pensó que podía pasar esto. Yo estaba en pollera y sandalias, imaginate”. Empezaron a disparar balas de goma indiscriminadamente, a poca distancia y apuntando a los cuerpos de los vecinos: nenes, jóvenes, adultos y personas mayores; las familias que queríamos evitar quedar bajo el agua”, completa.
A David Díaz, un joven de 25 años, le dispararon a sólo un metro de distancia: recibió balazos en ambas piernas y todavía permanece internado a la espera de una segunda operación. Otro vecino recibió un tiro en la frente; Emilia, un balazo en la pantorrilla; otras mujeres en la espalda y en el pecho. En total hubo 24 heridos, incluyendo una nena de 6 años. Todos los testigos responsabilizan a Tierno y hasta coinciden en la frase utilizada por el funcionario a los efectivos policiales: “Metan balas, vamos, metan balas”.
Norberto Gastaldi recibió una herida en el pecho y otra en la frente. Afirma: “El ministro Tierno estaba al frente y de prepo intentó pasar él primero y luego bajó gente de la Policía Montada”.
Néstor Díaz es el padre de David y está con él en el hospital Gobernador Centeno de General Pico (La Pampa), adonde fue derivado por el impacto de las balas. Notablemente afectado, brinda información sobre el estado de salud de su hijo: “Tuvo fractura de tibia y peroné, las balas le cortaron dos tendones y le molieron el hueso. Le sacaron 18 perdigones de bala y luego de la operación le dejaron un hueco en la pierna porque falta carne y músculo para poder coser la herida. Debe esperar que se regenere la piel para someterse a una nueva operación en la que le van a colocar un tutor”.
Un tutor es un fijador externo de metal usado en cirugía ortopédica para fijar el hueso y prevenir el riesgo de fractura. Se compone de dos barras de metal y diversas varillas que penetran en la piel para fijarse sobre el hueso.
El agua mala, o cómo atacar a vecinos autoconvocados
La represión y las topadoras
 
Detrás de la balacera, avanzaban las máquinas. Los autoconvocados habían puesto los autos sobre el Meridiano, cortando el paso. Las máquinas los esquivaron y recorrieron un trayecto en donde comenzaron a realizar un canal de 20 metros para que pasase el agua. Mientras, las fuerzas de Tierno reprimían y armaban un cordón para impedir el paso.
La voz de Emilia se carga de angustia e impotencia, pero no deja de contar: “Estábamos desesperados. Ahí mismo armamos la lista de heridos. La hice yo personalmente. Cuando llegó Javier Reynoso (jefe comunal de Rivadavia), le entregamos la lista de heridos y las más de 40 vainas de balas de goma para que quedara asentado”. “El intendente de Rivadavia –el de Villegas nunca apareció e incluso dejó la zona liberada– llegó con funcionarios y concejales y tampoco lo dejaban pasar el cordón policial. Ahí volvieron a tirar gas pimienta, hasta que lo dejaron cruzar por ser una autoridad, pero no pudo detener el trabajo de la retroexcavadora; sacó algunas fotos para la presentación judicial y llamó a la policía bonaerense”, agrega.
Así se formaron dos cordones de efectivos policiales enfrentados entre sí: uno en territorio bonaerense, otro en el pampeano. Parecía una película de época en la que dos bandos esperan una señal para enfrentarse.
Esa señal no llegó nunca.
Ya eran casi las cuatro y media de la mañana.
Unas horas después, Reynoso y los vecinos realizaron una denuncia penal ante la Justicia Federal por la represión y por el delito de intervenir en una provincia ajena. Denunciaron a Tierno, al jefe de Policía, Roberto Ayala, al secretario de Recursos Hídricos, Javier Schlegel, y al propio gobernador Verna.
Además, la Comisión de Derechos Humanos de Rivadavia –de la que Emilia de la Iglesia es vicepresidenta– convocó a una reunión de urgencia. Tras ella, y con el apoyo de los organismos nacionales, emitieron una declaración en la que reclaman la destitución de Juan Carlos Tierno por la represión; el juicio político al gobernador pampeano “por avalar e instigar los ilícitos” y “usurpar otra jurisdicción con sus fuerzas policiales”; además de solicitar informes al intendente de General Villegas, Eduardo Campana, y a la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, por “haber dejado en estado de indefensión a los vecinos de Villa Sauze y Sansinena”.
 
Ningún Tierno
 
Juan Carlos Tierno es el ministro de Seguridad de La Pampa. Asumió el cargo recientemente, por decisión del gobernador Carlos Verna. El funcionario que ordena reprimir a familias y que también reparte palos él mismo tiene un pasado tan oscuro que en vez de su curriculum lo que hay que detallar es su prontuario.
En 1983 fue asesor letrado del ex gobernador Rubén Marín. Se alejó en medio del escándalo por supuestas golpiza a una novia. Siguió como asesor en el Senado de la Nación. Después fue asesor legal de Oscar Jorge en su paso por la intendencia de Santa Rosa en los años ’90. Asumió como director del Banco de La Pampa en 1997. En 2003 fue nombrado ministro de Gobierno por el gobernador Carlos Verna (que ahora volvió a ser electo gobernador): Tierno fue eyectado del cargo tres años después, envuelto en denuncias por violaciones a los derechos humanos y apremios en comisarías.
Su derrotero siguió como candidato a intendente de Santa Rosa, tras ganar la interna del PJ. Asumió el 10 de diciembre de 2007 y fue destituido 87 después, acusado por abuso de poder. En diciembre fue condenado por la Cámara del Crimen Nº 1 a dos años de prisión y cuatro de inahabilitación, pero apeló la sentencia, que continúa en los laberintos judiciales.
Una ex empleada doméstica fue testigo de la violencia machista de Tierno: “Le pegaba a la mujer delante de los niños”, sostuvo un par de años atrás. La mujer describió que imperaba un ambiente de verdadero terror en la casa que entonces compartía Tierno con su primera esposa y madre de sus dos hijos mayores, hoy ya veinteañeros. Al separase, su ex esposa tuvo que huir por caminos alternativos para evitar que la mano larga de Tierno le bloqueara el paso. En aquel momento, Tierno era asesor letrado del ex gobernador Juan Carlos Marín y a la vez encabezaba una comisión provincial de… ¡defensa de los derechos humanos!
No es la única denuncia por violencia que tiene en su haber: en 1984 una ex novia suya terminó internada durante varios días en una clínica privada, con lesiones y quemaduras de cigarrillos en los pezones y el vientre. El policía provincial que le tomó declaración fue inmediatamente confinado a una lejana seccional del oeste pampeano y el sumario con la denuncia desapareció.
Por si fuera poco, sus parejas no son sus únicas víctimas. En sus 87 días como intendente de Santa Rosa quiso pelearse a golpes con trabajadores mercantiles que habían montado una carpa frente a la intendencia en reclamo de un plus salarial. Además, a los pocos días prohibió que los menores de 12 años circularan en bicicleta, subió un 49 por ciento las tasas municipales, incrementó hasta un mil por ciento el monto las multas de tránsito, prohibió la actividad de limpiaparabrisas y malabaristas en todas las calles y se enfrentó con los empleados del municipio. También creó por decreto una policía propia, cuya sede instaló en el Centro Municipal de Cultura de Santa Rosa, no sin antes expulsar a todos los artesanos que trabajaban ahí. Con esa fuerza policial, solía encabezar operativos nocturnos en los boliches de la ciudad. Ante las primeras protestas que reclamaban “fuera Tierno”, no tuvo ningún reparo en calificar a los manifestantes de “subversivos y sediciosos”.
Frente a la dimensión de cada uno de estos hechos, no sorprende que Tierno haya arrancado a los golpes contra los vecinos que querían detener las obras que afectan sus territorios.
Pero aunque sea un impresentable, Tierno es sólo un exponente –sin dudas importante– de un modelo que prefiere inundar pueblos habitados para salvar la renta de los monocultivos sojeros. Es por eso que los autocovocados se preguntan por qué Verna y Tierno tenían tanto apuro en abrir un canal clandestino en otra provincia, cuando ningún pueblo de La Pampa corría riesgo de inundarse. Los únicos afectados eran los campos de soja de miles de hectáreas.
“Abrir ese paso sin ningún tipo de control afecta a la localidad de Villa Sauze, que tuvo que poner barreras contra el agua, y a Sansinena, que está haciendo un montón de contenciones. Es tremendo porque los pueblos se quedan aislados. Son localidades habitadas por trabajadores rurales de bajos recursos; los que tienen grandes extensiones de tierra viven en las grandes ciudades”, advierten los vecinos.
En ese sentido, señalan: “No se respetó nada y si hubiese sido esa la decisión, los pueblos merecen saber si van a ser destinados a ser un reservorio de agua o no. Es algo muy sensible porque hay muchas familias en riesgo. Los problemas del agua se tienen que resolver salvaguardando a las poblaciones, teniendo en cuenta sus decisiones, y no a los dueños de la soja”.
 
No nos inunden
 
Las inundaciones y los desbordes del Río V son un problema crónico que desde 1979 afecta, sobre todo, a los pueblos de Sansinena, Banderaló y Villa Sauze. Desde entonces, no hubo ninguna solución concreta.
El Río V nace en San Luis y atraviesa el sur de Córdoba, La Pampa y Buenos Aires. Aunque la mayoría de los años está seco, cuando crece el promedio de lluvias, se desborda en la zona del norte pampeano y el noroeste bonaerense. La desforestación y el avance del monocultivo complican el drenaje natural de los suelos. Terraplenes, canalizaciones y desvíos complejizan la trama. La situación genera un conflicto diplomático entre las provincias involucradas, cuyas autoridades participan del juego del gran bonete pasándose uno a otro las responsabilidades. En estos años nunca se construyeron obras definitivas ni funcionó un organismo común entre las partes.
Antes de enviar a su ministro de Seguridad y al jefe de Policía a reprimir, el gobernador Verna había señalado a sus pares de Buenos Aires y Córdoba, María Eugenia Vidal y Juan Schiaretti, por “no responder” sus notas en las que alertaba por la situación. “Creo que si al gabinete de la provincia de Buenos Aires le preguntan por Sansinena, no lo saben encontrar en el mapa”, había chicaneado. Además, había amenazado: “Yo no me voy a quedar con agua de la provincia de Buenos Aires. Vamos a bajar el nivel del Meridiano V para asegurarnos que el mismo caudal de agua que entre en la provincia, se vaya”. Ésa fue la promesa que Tierno hizo cumplir a balazos y que Verna definió como “una escaramuza”.
En 2001, Sansinena fue una de las localidades más afectadas por el desborde del río. En ese entonces, los vecinos hicieron decenas de movilizaciones. En una de ellas, la mamá de Emilia encaró al entonces ministro de Obras Públicas de Buenos Aires, Julián Domínguez, reciente ex presidente de la Cámara de Diputados Nacional. Muy suelto de cuerpo, el polifuncionario sostuvo que Sansinena iba a ser “un reservorio de agua”.
Es por eso que la voz de Emilia se escucha ahora más húmeda y triste del otro lado del teléfono. Esa voz entrecortada dice: “No queremos repetir la historia como farsa. Pasaron 16 años ¿y no pasó nada? No nos inunden de nuevo”.
 

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La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt

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Tercera entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, que se propone así transmitir el valor de la constancia, de los pies en el espacio público, de la gota a gota que orada la piedra, la no violencia contra la violencia, su valor social, su peso histórico, sus 40 años de coreográfico diseño: media hora, todos los jueves, 2.391 veces al 15 de enero, fecha a la que corresponde esta cobertura realizada por la fotógrafa Cecilia Bethencourt. Toda la producción será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Hermanas pertenecientes a la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo, marchan en la Ronda de numero 2391 por la lucha de la Memoria, la Verdad y la Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

“Elegí trabajar interviniendo las fotos a través de la perforación de las imágenes como acto de resiliencia y lucha para llenar de luz el valor de la constancia, la memoria, esa huella que queda en cada paso de esfuerzo de Las Madres de Plaza de Mayo. Una luz que habla de la resistencia, la fortaleza, un atravesar la violencia con la no violencia, un reclamo por la Verdad y la Justicia”.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo se colaca el pañuelo blanco sobre su cabeza, simbolo con el que se identifican a lo largo de estos años para reclamar por sus hijos desaparecidos en la dictadura militar durante la Ronda de los jueves numero 2391 en Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo, perteneciente a la Asociación llega a Plaza de Mayo para marchar en la Ronda de los jueves numero 2391 en reclamo de Verdad y Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Carmen perteneciente a la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, marcha junto a militantes, activistas y turistas en la Ronda numero 2391 en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

Sobre Cecilia Bethencourt

IG @cebethania
Es fotógrafa, psicóloga y comunicadora audiovisual. A través de su trabajo explora temas de construcción de identidad, cuerpos, sexualidad, memoria y procesos de transformación con un enfoque transdisciplinario. Centrándose en nuevas formas y posibilidades de vinculación. En el año 2022 edito su primer libro “Otra Piel” trabajo fotográfico de autorretratos realizado en pandemia. Actualmente trabaja en sus dos nuevos proyectos multidisciplinarios uno sobre el cuerpo en las trabajadorxs sexuales y sus derechos negados y otro sobre la desintegración del lenguaje, recuerdo y memoria.

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“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

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La comunidad mapuche lof Paillako realizó una recuperación territorial en 2020, dentro del Parque Nacional Los Alerces, en lo que históricamente fue hábitat mapuche tehuelche. Días después de iniciarse el fuego, Ignacio Torres apuntó como responsable a la comunidad y puntualmente a uno de sus integrantes, Cruz Cardenas, con pruebas inexistentes. El “mapuchómetro” y los incendios que vienen desde 2008. Las no respuestas del gobernador y del presidente interino del Parque. El comunicado de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro, lo que dice la Constitución y la respuesta de toda una comunidad que cuenta cómo, desde su cosmovisión, la vida se vive de otra manera.

Texto: Francisco Pandolfi/ Fotos: Nicolás Palacios

desde Esquel

El jueves 25 de enero por la noche comenzó el incendio en el Parque Nacional Los Alerces que, dentro de su jurisdicción y fuera de sus límites ya en tierras provinciales, quemó alrededor de 8 mil hectáreas. Cinco días después del primer foco, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, afirmó lo siguiente sobre las responsabilidades del fuego:

“Una vez controlado el incendio vamos a empezar con una investigación muy fuerte para quienes hacen esto desde hace muchos años en Chubut. Lo hacen para tomar tierras. Son delincuentes que tienen un negocio inmobiliario. El problema no son los pueblos originarios sino estos delincuentes que bajo falsas banderas toman tierras en Neuquén, en Río Negro, en Chubut y creo que es momento de ponerle un parate definitivo”.

“Hay que separar los pueblos originarios de los delincuentes que no están legalmente constituidos, como es el caso de la toma en el Parque Nacional Los Alerces, que no tiene nada que ver con los pueblos originarios. El delito es del exbrigadista Cruz Cardenas que se autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido. Quiero hacer esta diferenciación: en Chubut convivimos en total armonía con Pueblos Originarios, que es gente trabajadora y de bien y no tiene nada que ver con estos pseudo mapuches que se embanderan para cometer delitos, tomar tierras, amedrentar a los vecinos, incendiar campos y zonas privadas”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Escenas del bosque incendiado en la Patagonia. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Apuntados por el gobernador

Al escuchar estas declaraciones en Radio Rivadavia –luego replicadas por una tropa de medios de comunicación– se podría presumir que absolutamente todas las pruebas existentes en la causa judicial por el incendio, que lo lleva el Tribunal Federal de Esquel, condenan como autor a Cruz Cardenas, integrante de la comunidad mapuche Paillako.

Sin embargo, hasta el momento no hay absolutamente ningún indicio que culpe a Cruz Cardenas ni a nadie de la lof.

Desde lavaca intentamos comunicarnos con Ignacio Torres para preguntarle qué pruebas ostenta para asegurar lo que dijo tres semanas atrás, el domingo 28 de enero. Hasta el cierre de la edición de esta nota, no había respondido al pedido de entrevista.

La comunidad mapuche Paillako (“tranquilo”, en mapuzungun) recibe a este medio para charlar, como una especie de derecho a réplica, sobre el señalamiento del máximo mandatario provincial. El encuentro se da en ronda dentro de la comunidad, que está dentro de los límites del Parque Nacional Los Alerces, que a su vez está dentro de lo que históricamente fue territorio habitado por el pueblo mapuche-tehuelche.

Hace cuatro años que la lof Paillako inició la recuperación de su territorio en ese lugar, donde hace más de cien años vivieron sus ancestros. “Mis abuelos paternos se instalaron un tiempo antes de la creación de Parques Nacionales (1937), que cuando llegó empezó con los desalojos y sometimientos hacia las poblaciones. Antes acá era todo abierto y Parques achicó y cerró espacios, hasta llegar al día de hoy que para hacer cualquier cosa debés pedirle permiso, ya sea para hacer un baño o poner una chapa”, cuenta Cruz Cardenas, el apuntado por Torres y compañía.

Tiene 35 años, le dicen “Lemu” y trabajó varios años como brigadista. Aunque no está acostumbrado a dar notas, consensuaron colectivamente salir a hablar. “Necesitamos que se difunda lo que está pasando acá. Esto es día a día y están avanzando contra nosotros; acaban de arrestar a un peñi de otra comunidad (Matías Santana, testigo en la desaparición y muerte de Santiago Maldonado), están cazando mapuche por todos lados”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Cruz Cárdenas, señalado por el gobernador. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Mapuchómetro

El gobernador se refirió a Cárdenas como quien se “autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido”.

Reflexiona Cruz: “El ser mapuche siempre lo sentí, aunque mis padres no se reconocían así; me decían que mi apellido era español, no mapuche. Junto a una machi (líder espiritual) fui haciendo mi propio camino de reconocimiento y comprendí la importancia de reivindicar y recuperar el territorio. Acá se dio la resistencia de las poblaciones preexistentes y las masacres winkas; estuvieron los invasores, con sus armas poderosas. Eso generó nuestra recuperación del territorio hace cuatro años”. Va más allá: “Cada familia tiene un proceso de reconstrucción, en lo espiritual, en la lengua”.

Maru, a su lado, también conforma la comunidad. Su compañero es mapuche y ella pertenece al pueblo charrúa. Tiene a su pichi (pequeño) en brazos. “Uno de los motivos para preservar el territorio es el acompañar a las crianzas, que tengan una alimentación real, que no se críen pensando que la comida crece en una góndola, sino que sepan que viene de la tierra, cómo cultivarla; que entiendan cómo criar, cuidar y respetar a un animal, incluso si lo van a comer; que puedan crecer más sanos y que si se enferman, conozcan la medicina que también crece en la tierra”.

A la izquierda está Lliuto, lamien (hermana) de la lof: “El ser mapuche no tiene que ver con lo externo, sino por lo que uno siente, la conexión con el lugar. Es un bajón que el gobernador utilice un mapuchómetro cuando habla. Es difícil conectarse con el entorno rodeados de cemento, de ruido, del estrés que nos provoca la rutina. Cuando uno quiere volver al territorio siempre está latente la pregunta, ¿cuál es el mío? Ahí caemos en la realidad de que somos un pueblo que quisieron exterminar, que sufrió un genocidio, que hubo mucha tristeza. Mis abuelos dejaron de hablar en mapudungun para resguardar a sus hijos y a sus nietos, porque les pegaban en la escuela. Por esa historia, este proceso lo atravesamos con mucho dolor, pero lo encaramos con más fuerza para reivindicar nuestra tierra, que nos siguen negando hoy”.

Enlaza la cosmovisión mapuche con lo que está pasando en Los Alerces. “Si uno tiene un vínculo con el territorio, si puede sentir esa conexión, se es mapuche en todos lados; siempre con respeto, claro. Por eso jamás se nos ocurriría hacer un daño como provocar un incendio; nos duele un montón saber que se están perdiendo años y años de vida… porque la vida va más allá de lo humano y nosotros luchamos por defender lo que hay a nuestro alrededor”.

Foto Nicolás Palacios para lavaca

¿Quién negocia con las tierras?

Tras las declaraciones del gobernador, la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro repudió sus dichos: “Sobre el pueblo mapuche históricamente se ha construido la imagen de la violencia: invasor, asesino y ahora terrorista, negando su preexistencia al Estado. Este discurso ha sido utilizado para avalar la violencia estatal, que hace 145 años ocupó el territorio de la Patagonia, luego de la campaña genocida. En la actualidad la defensa del territorio por parte de las comunidades mapuche tehuelche frente al extractivismo salvaje es catalogada como terrorismo. Este argumento pretende ser utilizado para enviar nuevamente al Ejército al territorio”.

En otro fragmento, denuncian: “En este discurso anti-mapuche, el gobernador se arroga el derecho de reconocer quién es mapuche y quién no, algo claramente contrario a derecho. Años atrás éramos quienes poníamos en amenaza la soberanía argentina, ¿hoy somos quienes incendiamos nuestro propio territorio? El gobernador expresa que la intencionalidad de los incendios y la responsabilidad del pueblo mapuche tehuelche están dadas porque detrás de cada conflicto comunitario hay un negocio inmobiliario de tierras. Es ilógico, no somos nosotros quienes negociamos el territorio con empresarios extranjeros. No somos nosotros los invasores. No somos nosotros quienes provocamos los incendios de nuestro propio territorio”.

La comunidad Paillako además de defenderse de las acusaciones del gobierno provincial, también denuncia atentados: “En los cuatros años que lleva esta recuperación, intentaron prendernos fuego ocho veces, porque no quieren que estemos acá”, afirma Cruz Cardenas. “Es muy doloroso la destrucción; lo que se está perdiendo en el bosque costará muchos años en volver. Se regenerará si se cuida como se debe, si es que estos fuegos no se originan para explotar la montaña, para limpiar y después hacer algún emprendimiento”.

–Con las leyes actuales de Parques Nacionales las tierras no se pueden vender.

–Cruz: Muchos dicen que en Parques Nacionales no pueden hacerse negocios inmobiliarios, ni explotaciones, pero hay muchas hectáreas quemadas que ya no corresponden a Parque, son parte de terrenos fiscales de la provincia.

–Lliuto: En el Parque hay una gran cantidad de negociados, emprendimientos inmobiliarios que no lo tiene la gente mapuche…

Cruz, ¿por qué creés que el ensañamiento fue hacia vos?

–Ellos saben que para cualquier explotación y mega proyecto que dañe la tierra, van a tener una oposición del pueblo mapuche. Entonces, esto les sirve para pedir con más fuerza que nos desalojen y poner a la gente en nuestra contra para sacarnos del camino.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

El bosque sigue humeando tras los incendios. Foto Nicolás Palacios para lavaca

Preexistencia sin valor

Cruz Cardenas, junto a su compañera, fueron denunciados por el delito de usurpación cuando llevaron a cabo la recuperación territorial. El abogado defensor, Gustavo Franquet, le explica a lavaca: “La acusación de usurpación no tiene ningún sustento, porque las familias de Cruz y de su compañera son pobladoras del lugar, han estado históricamente ahí; ellos hicieron una recuperación de su identidad e inmediatamente comenzó el hostigamiento de Parques Nacionales y la denuncia por usurpación. La respuesta que reciben del Estado no es de reconocimiento, ni de respeto a ese proceso entendiendo que son pueblos preexistentes como dice la Constitución Nacional y que tienen derecho a recuperar y construir plenamente su identidad. No, al contrario, lo que supuestamente te lo dan en las grandes palabras que figuran en la Constitución, después te lo sacan en las mezquindades de los funcionarios y del Poder Judicial”.

La causa está elevada a juicio en el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia. En las declaraciones que hizo Torres dijo que “la causa es por una toma de hace varios años, de 2016”. El mismísimo expediente lo desmiente, ya que la recuperación data de enero de 2020. Dice Franquet: “La cantidad de cosas sin sentido que dijo el gobernador de Chubut… Esta gente es todo el tiempo así, está acostumbrada a decir cualquier cosa. Evidentemente decir cualquier cosa es la característica de esta época, pero claro que tuvo una intención: lo hizo para apretar a que los desalojen”.

La vegetación que sobrevive, y la que quedó incendiada en la ladera de uno de los cerros. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

5 grandes incendios en 15 años

Este incendio no es el primero que ocurre en este Parque. En los últimos quince años hubo cuarenta focos intencionales y cinco grandes fuegos que arrasaron en 2008, 2015, 2016, 2023 y 2024 alrededor de 17 mil hectáreas.

La anterior gestión del Parque Nacional Los Alerces había iniciado una mesa de diálogo con la lof Paillako para destrabar el conflicto. “Habíamos llegado a un buen acuerdo; la negociación implicaba varios puntos, entre ellos que nosotros habilitemos un camino que cerramos por seguridad cuando hicimos la recuperación, y desde Parque se iba a reconocer nuestro territorio. Para eso nos exigieron tener una personería jurídica, que en verdad nosotros no creemos necesario tener, pero igual la hicimos. Sin embargo, el intendente de Parque (Hernán Colomb) renunció en agosto pasado y el diálogo se cortó”.

Dice la comunidad: “A raíz de los últimos incendios, levantamos el bloqueo del camino que habíamos hecho; hablamos con los brigadistas y razonamos que lo mejor era habilitar ese lugar y que se volviera a utilizar ese camino”.

Hoy en día, Parques Nacionales no tiene autoridades elegidas. El directorio está acéfalo y en el Parque Nacional Los Alerces se nombró como interino al guardaparques Danilo Hernández Otaño, con quien la comunidad aún no tuvo contacto. El pedido de entrevista previo a la publicación de esta nota, no fue contestado.

Re-existir

En Paillako hay vacas, caballos, gallinas, abejas y anhelan a que pronto haya ovejas también. Hay huertas familiares, comunes entre varias rucas (casas) y hay una siembre comunitaria, entre la totalidad de la lof. “Acá se da muy bien la papa, la haba, el ajo, las arvejas, el trigo; los cereales se dan casi todos”, dice Maru. Agrega Cruz: “También los árboles frutales, como manzanas, ciruelas, guindas, frambuesas y frutillas. Nuestro propósito es ir haciendo mayores escalas para garantizar una buena alimentación y que nos permita hacer intercambios”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Vida vegetal y vida humana: una idea de comunidad. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

¿Qué molesta de que estén acá? Intercalan la voz, en ronda, y confeccionan una respuesta común: “Nada, nada, no les estamos molestando en nada. Si les molesta es porque somos mapuche. Porque ni siquiera es que jodemos al turismo. Pensemos: quienes perjudican el turismo son los que le echan miedo al turista por la existencia del mapuche, esas personas generan los problemas, no nosotros. Y otra cosa: la comunidad tiene menos de 2 mil hectáreas, mientras que el Parque Nacional Los Alerces cuenta con 250 mil. O sea, tampoco es que estamos tomando el parque, ¿no?”.

Agregan: “Creemos que lo que jode es que nunca vamos a estar de su vereda, nunca pensaremos en explotar la tierra para hacer plata y hacerla bosta. Hoy ni siquiera se puede acampar gratis en el Parque (dormir una noche en un camping oscila entre 12 mil y 14 mil pesos), antes era todo libre y ahora la mayoría es privado. Por eso es importante recordar que las leyes de Parque están hechas en tiempo de dictadura (firmadas por Jorge Rafael Videla); en base a eso se manejan hoy”.

Cierra la comunidad, entre mate y mate, mientras los pichis corren, comen frutas, se caen y se vuelven a parar: “Se viene difícil el futuro, complicado, eso lo sabemos; nosotros tenemos que estar fuertes, amparados por las fuerzas que nos protegen en este lugar; acá vamos a resistir, no pueden sacarnos de nuestro territorio, no vamos a permitir más desalojos”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

La reunión de parte de la comunidad con lavaca. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

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Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

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El incendio generado en el Parque Nacional Los Alerces, que ya lleva quemadas alrededor de 8 mil hectáreas, se extendió a la población rural de Alto Río Percy, a 13 kilómetros de la ciudad de Esquel, en Chubut. La casa más alejada es la de Gisela y Lorena, dos amigas que debieron autoevacuarse con las llamas a menos de quinientos metros. Creyeron que habían perdido todo, pero su casa se salvó. Alrededor, se quemó todo. La explicación de lo inexplicable. La falta de prevención. La vida en un paraíso, ahora arrasado por el fuego. Y una colecta colectiva, para empezar la reforestación. Desde Esquel. Texto: Francisco Pandolfi

Dos pasos y medio. Ni más ni menos. 

Sesenta centímetros.

Ni más ni menos.

No hay nadie en el poblado rural Alto Río Percy, donde viven alrededor de cien personas en las afueras de la ciudad chubutense de Esquel, que no hable de “milagro”, de “cosa de mandinga”, “de creer o reventar”, “de algo fuera de lo común, nunca visto”.

Acá, todo lo que se ve es impresionante. Impresionantemente triste. Impresionantemente carbonizado.

Y en medio de todo quemado, una casa sin quemar.

La vida, como oasis en un desierto rodeado de muerte.  

Autoevacuadas

El fuego en el Parque Nacional Los Alerces comenzó el 25 de enero y una semana después, el domingo 4 de febrero, arrasó con centenares de hectáreas del Percy. En total, ya se quemaron alrededor de 8000 hectáreas, el fuego continúa activo y, aunque según las autoridades el fuego está controlado, preocupan las condiciones meteorológicas (más de 30 grados) y que sigan prendidos varios focos.

Uno de ellos está ahí nomás de una casita hermosa que levantaron con muchísimo esfuerzo Gisela Finocchiaro y Lorena Domínguez, amigas desde hace más de 15 años. La nombraron Monte Lontano. Lontano, en italiano, significa lejano. 

Esta casita es la última del poblado, la más alejada. Tan distanciada que, cuando empezó el fuego en Los Alerces, y previendo que podría avanzar hacia el Percy, colgaron un cartel a un kilómetro del hogar, para avisarle a las autoridades que más allá había una vivienda. El cartel voló por el calor. Y ellas debieron irse cuando las llamas se les vinieron encima: “El domingo 4 de febrero fue el momento más crítico; el fuego se acercó bastante y decidimos irnos a Esquel, que está a 13 kilómetros, con la convicción de que el incendio no alcanzaría la casa. Pero ni bien llegamos, nuestro vecino Fabián nos llamó para decirnos que ya estaba muy cerca, que lo mejor era volver a sacar lo más importante. Regresamos y el fuego ya estaba detrás nuestro, a 500 metros; nos quedamos paralizadas, nuestra casa que habíamos hecho con tanto cariño y amor, no iba a zafar. En esos minutos le rogamos a Defensa Civil que bajaran nuestras cosas, pero debimos autoevacuarnos solas. Por una aplicación de la NASA, seguimos el devenir del fuego y vimos cómo había pasado por nuestra casa, pero a la mañana siguiente nos llamaron que se había salvado; no lo podíamos creer”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Gisela y Lorena en el bosque quemado a metros de su casa / Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Prevenir para no curar

Gise invita a pensar: “No nos gusta generar discordia por cómo debimos autoevacuarnos, pero sí nos parece importante contar lo que pasó. Al tener un vehículo pudimos sacar algunas cosas en tiempo récord, pero a nivel país debemos prepararnos de otra manera; hay que tener cuadrillas ya preparadas y no esperar a que pase algo para saber qué es lo que se puede hacer; hay que ganarle de mano al fuego, tener los caminos preparados; si queremos bosques nativos hay que cuidarlos, limpiarlos; acá no se puede llegar donde está el fuego porque no está preparado el área o los suficientes recursos para atacar el fuego. Hace más de 15 años que a Alto Río Percy no le dan bola; el intendente acaba de asumir y este fue su bautismo; confío que todo va a cambiar, pero necesita ayuda de provincia y nación”. 

Lore invita a pensar: “No podés tener brigadistas sin estar en planta permanente, contratados, con un mísero sueldo. Están arriesgando su vida… Me da la sensación de que el gobierno improvisa, va viendo en el camino lo que va pasando, pero todo lo que está en juego es vida. Desde el insecto más pequeño, los árboles, los animales hasta la gente que vivimos acá; estamos hablando de vidas. Alto Río Percy es parte del ejido municipal de Esquel, hoy es noticia nacional, pero nunca se le prestó atención; la gente tiene problemas en el invierno para arrear los animales, no se limpian los caminos, no hay agua, no hay gas”.

Cementerio en el paraíso

Los postes de ciprés que sostienen la casa a un metro de altura están tiznados. Los vidrios que dan a la sala de estar y a la cocina están quebrados. El que da a una habitación en el primer piso, a seis metros de altura, también. ¿Cómo no explotaron? “Pusimos doble vidrio y se rompió la placa del exterior, pero soportó la interna. De haber sido un vidrio común, la casa estaría toda quemada, porque una vez que agarraba las cortinas y luego la madera, chau”. 

Dentro del hogar todo está intacto; con cenizas y un leve olor a humo, pero nada haría imaginar lo que se ve a través de esos vidrios resquebrajados: un cementerio de árboles en medio del paraíso. Esqueletos de un bosque que ya nunca será igual. “Era el hábitat natural de muchas especies nativas que han muerto. Se quemaron lengas, ñires, lauras, radales, todo el bosque nativo. Respecto a la fauna, no sabemos cuántos animales se quemaron y cuántos se escaparon, en una zona donde hay ciervos, liebres, huemules, chanchos jabalíes, pumas, vacas y muchas aves. Esto es una catástrofe natural inconmensurable, a nuestro vecino más cercano, que está a mil metros de acá, se le quemó el 85% de su campo y el fuego quedó a menos de cien metros de su casa”. 

El olor a quemado penetra por las fosas nasales, aunque lo peor se lo llevan los ojos. Todo es gris alrededor de Monte Lontano. O casi todo. Las chicas están sentadas en el deck de madera. Contemplan hacia adelante, literal y metafóricamente. “Miramos el filo del pasto seco, lo que dejó el fuego y es inevitable pensar qué hubiera pasado si se quemaba la casa. Posiblemente hubiéramos vendido todo, o regalado, porque quién te va a comprar esto si no tiene bosque. Quizá nos hubiéramos ido, incluso de la ciudad”. 

Reflexiona Lore: “Tomamos este mensaje que nos da la naturaleza, que tuvo una fuerza imparable y esquivó a la casa dándonos un mensaje. La naturaleza nos quiere acá y vamos a reforestar para poner este lugar mucho mejor de lo que estaba. Teníamos un proyecto a futuro que era construir unos dormis para alojar a turistas”. 

La interrumpe Gise: “Lo tenemos, no hablemos en tiempo pasado”. 

“Es verdad, lo tenemos”. Sonríe Lore y agrega: “Retrocedimos un montón de casilleros, pero lo vamos a lograr en algún momento”.

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Alto Río Percy, poblado rural arrasado por el fuego / Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Un desastre que no termina

El terreno lo compraron en 2018 y a inicios de 2019 empezaron a construirlo, con la ayuda del papá y los hermanos de Lore que son albañiles. A finales de ese año comenzaron a habitarlo. “En esta casa veo a mi papá, que falleció hace un año por una grave enfermedad; veo el esfuerzo de mis hermanos; veo a mi sobrinos chiquitos, que les encanta venir. Como no hay señal, no usan el celular, no están detrás de una pantalla y salen a buscar huesos de dinosaurios, a explorar el bosque; saben que no deben matar insectos ni arrancar ramas de los árboles. Tal vez sean ellos quienes vean esto totalmente verde, como alguna vez existió”.

El fuego sigue activo en todos sus frentes (en la cola, que es en la zona del cerro Centinela donde se originó el incendio; en la cabeza, que es en el Percy; y en los flancos derecho e izquierdo). Contextualiza Lore: “Hay árboles de hasta 200 años quemados y esto no terminó, es un desastre. Se levanta el viento y se reactiva el fuego; hay camionetas, helicópteros y aviones trabajando todo el día, es un caos todavía”.

Completa: “El fuego se originó de forma intencional, no hay dudas; se hicieron dos focos simultáneos dentro del bosque en una zona que no es accesible, que no todo el mundo conoce y que hay que saber llegar y luego salir después de hacer fuego; todavía no hay elementos para culpabilizar a nadie”.

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Lengas, ñires, radales, algunas de las especies carbonizadas /Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Colecta colectiva

Lo que se pisa es pura cenizas. Y con los pasos, lo que se huele es puro humo. Se ve un caño de plástico de un biodigestor destrozado por el fuego; se ve una mesa de roble en la que los sobrinos de Lore juegan a tomar el té, que sobrevivió. Se ven raíces sobresalidas y muertas, troncos y ramas carbonizadas; se ve una parra de uva rosada que le regaló la abuela de Gise, antes de fallecer unos meses atrás, que también sobrevivió. Debajo del piso flotante, se ven enormes troncos de leña que habían juntado para calefaccionar el hogar. El fuego quedó a centímetros de ahí. Un poco más allá del escenario sombrío y calcinado, la belleza de los cerros Colorados y Nahuelpan; los morros coloridos y un ecosistema que fusiona la estepa patagónica y el bosque andino. “Este lugar es maravilloso. Tenemos montaña. Tenemos ríos. Tenemos lagos; tenemos agua que brota de las montañas. Nosotras sacábamos agua de una vertiente, que el fuego la arrasó, al igual que la manguera que teníamos y el estanque”, siente Lorena, de 34 años. 

La escucha Gise, de 39, que comparte: “El otro día fuimos a preguntar cuánto nos costaba comprar los metros de manguera que necesitamos para sacar el agua de la casa del vecino más próximo y casi nos largamos a llorar. Para nosotras hoy es imposible comprarlos. Hace cinco años salía ocho veces menos de lo que sale ahora. Sin agua, además de no poder vivir, tampoco podremos reforestar”. 

A las chicas se les quemaron 700 metros de manguera de dos pulgadas. Ahora necesitan 1000 metros. Comprar de una pulgada y abaratar los costos, les sale más de un millón de pesos. Los 1500 metros de alambrado también se quemaron. Reponerlos cuesta un millón ochocientos mil pesos. También se incineraron filtros, postes, varillas, caños, la tranquera y el estanque. 

Para colaborar con Gise y Lore, comenzamos desde lavaca una campaña de donación a esta cuenta:

Gisela Roxana Finocchiaro
CVU: 0000003100033965245782
Alias: SICILIANA.NEL.CUORE
CUIT/CUIL: 27308957700
(Por transferencia bancaria o Mercado Pago)

“Mucha gente se comunicó de afuera, de La Plata, Formosa, Mendoza, Córdoba,  Buenos Aires para ayudar; eso nos llena el alma. Las pérdidas materiales duelen, pero la pérdida invaluable es el bosque, aunque estamos convencidas que lo vamos a recuperar”, sienten y comparten ambas. “Teóricamente, desde provincia, nación y empresas privadas pusieron mucha guita, esperemos que llegue donde realmente hace falta. Los damnificados estamos a la vista. Ojalá que no haya que esperar, porque la gente se cansa de esperar”.

Piano, piano

–¿Hay algo que quisieran agregar para terminar la nota? 

–Lore: Que ese domingo la pasamos muy feo. Que cuando tuvimos que cerrar la puerta, le dije a Gise que dejara puesta la llave, que para qué iba a cerrar… Gise agarró una virgencita y empezó a rezarle, y yo le pedí a mi papá que no permitiera que se quemara la casa.

–Gise: Somos las últimas pobladoras del Percy, pero fuimos las primeras para el fuego. Por eso Monte Lontano, estamos en la loma del culo, quién nos mandó acá…

Se ríe Gise. Se ríe Lore. Se ríen juntas. Después de la charla, después de las fotos, se levantan y van a buscar las botellas de agua que pudieron cargar desde la ciudad de Esquel, y empiezan a regar zonas carbonizadas, pero con un hilito verde, con un pastito, con alguna raíz que aparenta estar viva. “Piano Piano va lontano”, dice Gise en italiano, y luego lo traduce al castellano: “Despacio, despacio, se llega lejos”.

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