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El cuarto de Lucía: una instalación artística en la rambla de Mar del Plata

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Este domingo se estrenará El cuarto de Lucía, arte contra la violencia femicida, una instalación que reproducirá de forma fiel el cuarto de la joven asesinada en octubre de 2016, en la rambla emblemática de la ciudad balnearia, precisamente el día en que la joven cumpliría 21 años. “Se trata de un espacio íntimo expuesto en el espacio público que intenta, así, transmitir y compartir el dolor que representa para cada familia esos crímenes y, a la vez, el espacio de los sueños convertido con esa ausencia en pesadilla”, explica la familia. La acción se planificó en 15 días entre una charla de Marta Montero, mamá de Lucía, con la periodista y escritora Claudia Acuña, a partir de la que se conformó un equipo de trabajo con el Teatro Auditorium, Almacenes Culturales y la Campaña Nacional Somos Lucía. En esta charla con lavaca, Marta explica qué implica la instalación y cómo convertir el dolor en arte.

El cuarto de Lucía: una instalación artística en la rambla de Mar del Plata

“Lo que vamos a mostrar este fin de semana es otro lugar, otra visión. Porque vamos a mostrar el cuarto de una adolescente, como lo tiene cualquier adolescente, que va a poder verse reflejada en ese cuarto, y que quizá esté atravesando una situación de violencia. Cualquier adolescente tiene ese mundo de pensamiento y de maravillas, y es lo que vamos a poner en valor para que sea mirado por otros ojos, por gente que sale a caminar, con nietos, con sobrinos, o sola. Es poder pensar que Lucía no hacía otra cosa más que cualquier adolescente, y ahí podemos empezar a poner otra mirada y a generar empatía con la víctima. Es una forma también de enseñarnos cómo poder salir adelante y tener herramientas en la vida”.

Marta Montero, mamá de Lucía Pérez, habla de un evento histórico que ocurrirá este domingo en la rambla de Mar del Plata: allí, en el lugar más emblemático de la ciudad balnearia, se estrenará Los ojos de Lucía, arte contra la violencia femicida, una instalación que reproducirá de forma fiel el cuarto de la joven de 16 años asesinada en octubre de 2016.

“Se trata de un espacio íntimo expuesto en el espacio público que intenta, así, transmitir y compartir el dolor que representa para cada familia esos crímenes y, a la vez, el espacio de los sueños convertido con esa ausencia en pesadilla”, explicó la familia.

La idea brotó de una conversación de Marta con la escritora y periodista Claudia Acuña, fundadora de MU. Luego, Marta habló con el programa Almacenes Culturales, de la municipalidad de General Pueyrredón, que acercó la propuesta a la dirección del mítico Teatro Auditorium. Así se conformó un equipo de trabajo que, junto a la Campaña Nacional Somos Lucía y la Revista MU, logró concretarlo en 15 días y se estrenará este domingo a las 17 horas.

Esa fecha, 14 de febrero, coincide con el día de cumpleaños de Lucía.

Y dice Marta: “Lucía cumpliría 21 años este domingo. Recordarla de esta manera, y ver su cuarto así a cuatro años de su muerte, es muy emblemático para nosotros. La gente va a ver una habitación que perteneció a una adolescente de 16 años que no está con nosotros, pero cuando estuvo, este era su deseo, su anhelo, su amor. Esa es la luz de Lucía, porque no hacemos más que trabajar desde el amor. Por eso, estoy feliz y agradecida”.

La presión social

No hay día que Marta Montero no esté poniendo el cuerpo, acompañando a otras familias y visibilizando qué implica la violencia machista. El miércoles, Marta realizó junto a otras familias el encuentro de Familiares Sobrevivientes de Femicidios frente a los Tribunales de Mar del Plata. Ella es una de las fundadores de ese colectivo que comenzó a tejerse en diciembre de 2019, en Plaza de Mayo, y cada segundo miércoles de cada mes, donde se reunían madres, padres y hermanas de niñas y mujeres asesinadas. El encuentro del miércoles había sido convocado previo al femicidio de Úrsula Bahillo, en Rojas, de forma simultánea en Plaza de Mayo, Mar del Plata, San Martín, Moreno, Palpalá (Jujuy) y Capilla del Monte (Córdoba). El colectivo ya entregó cinco cartas al presidente Alberto Fernández con pedido de audiencia.

Las acciones de esta semana llegaban con la conmoción del femicidio de Úrsula, la inacción estatal y judicial, y la represión a sus amigas, lo que concitó la cobertura de medios comerciales a las diversas actividades. Marta cuenta el diálogo que tenía con cada periodista: “Yo no voy a usar a una muerta. A Úrsula le hicieron la misma salvajada que a las otras 43 que nos mataron en los 42 días que vamos años: todas tenían denuncias, las violaron, las quemaron. ¿A nadie le llamó la atención? ¿No se dan cuenta de lo que está pasando?”.

Marta conecta el encuentro del miércoles con la movilización a Tribunales de la familia de Claudia Repetto, la mujer de 53 años asesinada por su expareja, Ricardo Rodríguez, en Mar del Plata en marzo del año pasado. Marcharon porque Rodríguez iba a ser trasladado a prestar declaración indagatoria. La llegada implicó algunos momentos de tensión que terminó con la Infantería reprimiendo con balas de goma. Había niños pequeños. Las balas pararon después de la intervención de las madres. Lograron, además, que la causa se recaratule como femicidio.

Marta subraya: “Hay una presión social muy grande. Hay mujeres con mucha espalda bancando esto, y a nosotras no nos banca nadie, ni con plata ni con políticos. Estamos en la puerta de poder exigir otras cosas. Es tan grande la presión que vamos a lograr que el Presidente no sólo nos escuche, sino que empiecen a trabajar. Pero no desde sus ministerios, sino desde la voz y la mirada de otras mujeres. Que sepa lo que necesitamos: una pulsera no sirve, una restricción no sirve, una mujer encerrada no sirve. Ya lo probaron y nos siguen matando. Nos tienen que escuchar, porque ya mucho está fallando de parte de ellos”.

El cuarto de Lucía: una instalación artística en la rambla de Mar del Plata

Otro lenguaje

El mediodía del 8 de octubre de 2016, Lucía llegó hasta la puerta de su colegio, donde estaba estacionada una camioneta dedicada a la venta de droga. Fue la última vez que la vieron con vida. Por su crimen fueron acusados Juan Pablo Offidani, Matías Gabriel Farías y Alejandro Maciel. El 26 de noviembre de 2018 el Tribunal Oral N.º 1 de esa ciudad, integrado por los jueces Aldo Carnevale, Pablo Viñas y Facundo Gómez Urso, condenó a Offidani y Maciel por el delito de tenencia de drogas con intención de venta, y absolvió a todos por el abuso sexual y el femicidio. Tras una larga y sostenida lucha social ese fallo fue anulado el 12 de agosto de 2020. Ahora, el Poder Judicial deberá realizar un nuevo juicio, que hasta hoy no tiene fecha de inicio.

Marta se enteró esta semana que el juez Viñas sigue teniendo injerencia en la causa, por lo que requirieron a la Cámara de Casación. También se enteró que los jueces Viñas y Gómez Urso serían los que tomarían intervención en la causa por el femicidio de Natalia Melmann, ocurrido hace 20 años el 4 de febrero 2001. La familia Melmann pidió que se los aparte. Dice Marta: “Acá está pasando algo más siniestro: no es sólo que estos siniestros no pueden estar, sino que hay que hablar de complot, de intereses y de mafias metidas”.

Por ese motivo, la instalación artística de este domingo en la rambla, dice Marta, implicará otro lenguaje. “Estoy muy feliz y agradecida porque es pensar desde el amor que tengo con ella, que muchas personas tienen con ella y que tienen con nosotros también”.

Marta pide agradecer personalmente a quienes forman parte del equipo de trabajo de la instalación: Campaña Nacional Somos Lucía Marcelo Marán, director del Teatro Auditorio; Hector Martiarena, de Almacenes Culturales; Alejandra Vilar, escenógrafa; Juan Ignacio Echeverría, escenógrafo; Natalia Benciarte, muralista; Claudia Acuña, escritora y periodista; Sebastián Smok, diseñador de lavaca.

El cuarto de Lucía, arte contra la violencia femicida

Inauguración: domingo 14 de febrero desde las 17 hs. en la rambla de Mar del Plata, en la recova del ingreso al teatro Auditorium.

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Residencia (A)narcocapitalismo y cuerpos sociales: puesta en escena

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Un espacio de formación, experimentación y creación impulsado por el Observatorio Lucía Pérez que permitió el intercambio de disciplinas, lenguajes, miradas, culturas, realidades y contextos. Con el apoyo de Iberescena, durante una semana compartimos teorías y prácticas con expertas en entrenamiento sensible del cuerpo colectivo: Avelina Rogel de Ecuador, Federica Folco de Uruguay, y Susy Shock de Argentina. – Video: Bruno Ciancaglini

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La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

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Este domingo 12 de mayo falleció Andrea Amarante (42 años), con el cuerpo quemado en un 75%. Era la tercera de las víctimas del incendio provocado en Barracas, Buenos Aires, hace una semana. El domingo pasado Justo Fernando Barrientos incendió la habitación de un hotel de la calle Olavarría al 1600 donde vivían cuatro mujeres, vecinas suyas. Pamela Cobas, 52 años, murió el lunes. El miércoles falleció Mercedes Roxana Figueroa (52) y Andrea hoy. Sofía continúa internada. Barrientos intentó suicidarse cortándose el cuello con una sierra: también fue internado pero apenas le dieron el alta quedó detenido. Lavaca estuvo en el lugar tratando de reconstruir lo que ocurrió. Las voces de los vecinos y vecinas y de la dueña del hotel.

Texto Francisco Pandolfi.

Afuera no quedan rastros de lo que pasó el domingo rozando la medianoche. Ya no hay consigna policial. Ni conmoción ni medios de comunicación.

La puerta de calle –de chapa, bordó, gastada– está cerrada. De un lado, una persiana de metal amarrada entre cables. Del otro, las persianas abiertas de par en par: si no fuera por Juan, el vecino que desde su habitación trabaja arreglando ropa, daría la sensación que este hotel familiar estuviese totalmente abandonado.

Olavarría 1621, Barracas, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

Así quedó parte de la habitación quemada.

Allí Justo Fernando Barrientos, uno de los inquilinos del hotel, prendió fuego la habitación donde vivían dos parejas de mujeres. La investigación judicial reside en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 14, a cargo de Edmundo Rabbione. Pamela Cobas, de 52 años, falleció por las quemaduras el lunes en el Hospital del Quemado. Mercedes Figueroa murió este miércoles 8 de mayo y Andrea Amarante hoy, una semana después. Sofía, internada en el Penna, está fuera de peligro. Justo Fernando Barrientos intentó suicidarse, lo internaron en el Argerich y luego quedó detenido por la Policía de la Ciudad.

Juan acepta hablar con lavaca. Cuenta que vive en el hotel desde hace 22 años, que siempre la debió remar un montón: muestra los callos de la mano para acreditarlo. Cuenta que vivió un año en el Parque Lezama, que se la rebuscó trabajando toda la vida, que mucho tiempo fue mantero y otras muchas, también, fueron las veces que terminó en un calabozo porque la policía le quería sacar su poca mercadería. Y que cuando no había nada que vender, se tomaba el tren Roca en Constitución, hasta Glew, donde se colgaba de los árboles, cosechaba eucaliptus, laurel y romero, y con ellos hacía ramitos que ofrecía para parar la olla.

Dice que ahora la cosa está muy jodida. Que vende en la feria de la calle Patricios. Que hasta hace una semana pagaba 50 mil pesos la piecita, pero que el viernes pasado le aumentaron a 60 mil. Y está enojado, también, porque el mismísimo lunes, un puñado de horas después del incendio, el yerno de la dueña pasó a cobrar y le pidió 70. “Acá no tenemos agua caliente; me tengo que bañar calentándome una ollita. ¿A vos te parece? Tampoco tenemos luz en los baños ni en la cocina, que son compartidos”.

Juan dice que conocía sólo de vista a las chicas y a Justo Fernando Barrientos; que nunca había escuchado ningún problema, y que estaba durmiendo cuando pasó lo que pasó. Y también me aconseja, cuando lo ve venir a Eduardo: “ahí está el encargado; hablá con él”.

Mientras abre la puerta, Eduardo se presenta como un “changarín” que trabaja como pintor “y de lo que haga falta”. Tiene 59 años bien disimulados y vive en el hotel desde el 2016, a cambio de la limpieza y la mantención del lugar. “Estamos muy mal económicamente; los precios en el supermercado no bajan y hay que dejar de comer; o elegir cuándo hacerlo. ¡Andá a comprar un litro de aceite hoy! Para vivir hay que gastar diez lucas por día, ¿y quién tiene esa plata?”.

Contextualiza la trama social del hotel: “Lo habita gente trabajadora y también que está en la indigencia; que vivía en la calle y se viene acá porque no es un alquiler caro. Por esta zona hay cada vez más gente en situación de calle, porque no hay laburo”. Sigue: “Todo se está poniendo más bravo. Lo veo en mí y en el resto: para que alcance, hay que levantarse más temprano y volver más tarde de hacer changas. En el hotel somos todos pobres, y ni trabajando a full llegás a fin de mes. Está jodida la vida”.

¿Percibís una relación entre el crimen y el contexto? “Sí, claro. La violencia sucede a raíz de lo que nos pasa a nivel social. Trae un montón de problemas el cómo vivimos. Este es un barrio tranquilo, este hotel es un lugar tranquilo para dormir, aunque ahora aparecen un montón de notas diciendo mentiras sobre lo que pasaba acá adentro”.

La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

El baño al que llevaron a las chicas quemadas: “Se pusieron abajo de la ducha, pero ya estaban muy incendiadas… muy incendiadas; sin pelo ya”.

¿Por qué Justo Fernando Barrientos hizo lo que hizo? “Yo no sé lo que pasó. Nunca había escuchado una discusión entre ellos. Con él y las chicas mi relación era hola y chau. A él siempre lo veíamos andar en bicicleta, y hace dos o tres meses me llamó la atención que no la tenía y entonces le pregunté; me dijo que estaba mal porque se la habían robado en Pompeya. Hace changas, creo que es plomero”.

Se abre la puerta y María Rosa, la dueña del hotel, está sentada en uno de los escalones por los que se entra. Grita (me grita): “¿Vos querés saber qué pasó? Yo te voy a contar lo que pasó, porque acá todo el mundo viene a preguntar, pero nadie viene a traer soluciones”. María Rosa tiene 89 años, un crucifijo enorme en el pecho y la tonada gallega. “Hasta me hicieron una denuncia ahora, ¿vos podés creer? Algunos me deben 7, 8 meses de alquiler y encima me denuncian a mí, diciendo que no andaban los matafuegos cuando tengo todo en regla. Eso me tenés que venir a preguntar, que tuve que comprar unos materiales y ni le pude pagar a la señora de la ferretería, que me conoce y me fío; que estoy esperando que me paguen un alquiler y con eso pagarle al plomero que está haciendo arreglos”.

Después del inicio catártico, pregunta qué medio de comunicación es el que ahora está sentado a su lado. Y asegura: “Yo le digo toda la verdad. Hay que ver más allá del incendio; lo que pasó fue una desgracia. Porque yo le voy a decir una cosa, las dos chicas…”. La charla se interrumpe. Y María Rosa empieza a darle explicaciones, sin que se las pida, a la señora rubia que acaba de pararse frente a ella. “Ya estoy arreglándolo doñita, ¿le cayó agua?”. La mujer, de cuarentilargos o cincuentipocos, le responde con respeto, como si acabara de tomarse un sedante, o de apretar el freno de mano, para no mandarla a la mierda:

–No, no. Hace más de un mes que cae agua, pero cada vez más. Había una grieta, y después se hizo otra.

–Ahí está el plomero, ¿quiere ir a ver? Suba, suba pa’ que vea.

–No, no, yo quiero que lo resuelva, porque ya se me arruinó la cocina y me está arruinando todo.

–Lo que pasa es que la gente no me paga. Estoy cobrando 50 mil pesos y la gente no me paga. Me deben 7, 8, 9 meses, no puedo hacer milagros porque tengo que pagar la luz, el gas y el agua, porque si no me cortan y hay gente que sí paga.

–Yo sé que esta semana es complicada por lo que pasó, que por ahí no es momento, pero yo quiero que entienda una cosa: usted tiene sus problemas y yo tengo los míos, y a mí se me está viniendo la casa abajo en aspectos que no son de mi injerencia, que no los puedo arreglar porque están dentro de su casa.

–Sí doña, lo sé; ya lo están arreglando. Entiéndame, doña; no hay plata, la gente no me paga.

La “doña” se va y María Rosa continúa su relato: “Decía que las chicas nunca tuvieron ningún problema, que ellas me pagaban siempre; y el hombre lo mismo, cumplía todos los meses”.

La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

Así quedó la habitación tras el incendio.

¿Qué pasó la madrugada del lunes? “Yo muy bien no sé; conmigo se comportaban siempre de manera normal, el señor y las chicas. Nunca tuve un problema, nunca. Ni un sí ni un no. Lo que sé es que las chicas dormían de día y de noche estaban levantadas; entonces si usted trabaja de día y quiere dormir de noche, hasta los pasos se sienten, y eso es lo que pasó. En los hoteles pasa esto, se habla fuerte y el hombre se habrá cansado de eso. Se ve que tiró algo inflamable y ahí prendió fuego”.

María Rosa llegó al país a sus 19 años de las Islas Canarias, tiene 4 hijos y hace cuatro décadas compró este hotel “con sangre”, porque el crédito que sacó “tenía unos intereses impagables”. Asocia: “Como los créditos UVA de hoy”. También comenta que las últimas horas estuvo yendo de hospital a hospital para ver a las chicas y al hombre. Cuando le menciono que Pamela murió (hasta el momento de la charla era la única fallecida), que Justo Barrientos la asesinó, me dice que no. Que no puede ser. Pero fue.

En el libro de actas del hotel estaban registradas dos de las cuatro mujeres: Pamela y Mercedes. La dueña sabía que se habían sumado otras dos hacía algunos meses, pero como vivían lejos les daba “lástima” decirles que se fueran. En el registro interno del hotel figura que Justo Fernando Barrientos tiene 72 años.

María Rosa retoma la catarsis: “Acá hay 20 piezas divididas en tres pisos y hasta hace una semana cobraba 50 mil pesos cada una; están todas llenas, algunos me pagan por mes, otros por día. ¿Qué hago yo con esa plata? Este mes lo tuve que aumentar a 60 mil. O sea, 2 mil por día. ¿A usted le parece? Un litro de vino vale eso; un sachet de leche vale eso. ¿Estoy cobrando mucho? Y subí porque este mes vino muy cara la luz, el agua, el gas. ¡Más de 200 mil tengo que pagar de cada impuesto! Si antes pagaba un peso, ahora pago 6; es una barbaridad”.

Se explaya sobre el crimen: “Fue un momento de calentura. ¿No vio lo que pasa en los matrimonios? ¿Y cómo matan a los chicos? Es un momento donde la gente se aparta de Dios y el diablo la toma. Yo creo que pasó eso”. ¿Alguna vez Justo Fernando Barrientos le hizo algún comentario en contra de las chicas? “No, y eso que yo hablaba con él. Él vive en el hotel desde hace seis años; las chicas hace dos. Este lugar es tranquilo; fíjese, escuche; no se siente nada; pero bueno, se ve que de noche había ruido, aunque él nunca me dijo nada”.

¿Alguna vez escuchó que en el hotel discriminaran a las chicas porque eran pareja?

“No, no. Cada una hace de su cuerpo lo que quiere. Mire usted que hasta el Papa lo acepta”. Luego sugiere: “Tenés que hablar con Don Miguel, él fue quien las ayudó a las chicas, que las llevó al baño cuando se incendió la pieza”.

Miguel está en su habitación del primer piso, donde también vivían las chicas y Justo Fernando Barrientos. Miguel lleva puesta una camiseta de fútbol de la Juventus, de Italia. Pide no grabar la conversación y luego va a requerir, acentuando la voz, que esta nota refleje las palabras tal cual las dice. “Yo hablé en una nota televisiva y dije que ellas eran conflictivas y me empezaron a criticar, pero me sacaron de contexto; quise decir que discutían entre ellas. Yo sé que al decir esto van a decir que soy un machirulo. Fernando (lo llama por su segundo nombre) era un tipo que no hablaba con nadie, era educado. Ellas tenían una vida diferente; hacían ruido de noche y llegó un momento que el hombre explotó. No es justificable todo lo que hizo, no tiene perdón de Dios, pero explotó; le agarró un brote psicótico”.

Reitera: “Te pido que lo pongas como yo te lo digo”.

Y arranca su relato: “Eran como las doce y pico de la noche, estaba acostado y sentí como si hubiera explotado una pyrex. Empezamos a escuchar gritos. Para ese momento, Fernando ya había tirado lo que aparentemente fue una especie de bomba; tiró alcohol y salieron las dos chicas quemadas, gritando; con dos vecinos de arriba intentamos apagar el fuego, ayudarlas; las chicas fueron al baño, se pusieron abajo de la ducha, pero ya estaban muy incendiadas… muy incendiadas; sin pelo ya”.

Sigue: “Este hombre subió arriba, con una sierra y se cortó el cuello. Después vinieron los bomberos, la policía y el SAME. Eso es lo que ocurrió, nada más”.

Para usted ¿fue un crimen de odio por la orientación sexual de las chicas?

–No sé el pensamiento de Fernando al respecto.

–¿Alguna vez había tenido un brote similar al que describe?

–No. Que quede claro que no lo justifico: es atroz lo que hizo. Jamás… creo, porque uno nunca sabe cómo puede reaccionar la cabeza de uno, me podría pasar a mí. Es una locura lo que ha pasado.

Miguel, que vive en el hotel desde hace 12 años, dice: “acá vive gente trabajadora” y señala con las manos a distintas piezas: “Jubilado; jubilado; jubilado (se señala); ese muchacho hace delivery; jubilado; ese es vendedor ambulante; jubilado; ese muchacho no sé a qué se dedica; el que entró recién acaba de volver de trabajar y se fue a las 6 de la mañana. Yo soy jubilado, pero tengo que seguir laburando: me levanto a las 4 de la madrugada porque a las 6 empiezo a preparar los paquetes que entrego en el correo”.

Afuera, en la puerta de entrada, no quedan rastros de lo que pasó, pero adentro hay un montón. No sólo en la pieza de las chicas, donde la ropa está apilada en el piso; mojada; quemada. También hay rastros en el estado general de este hotel de paredes descascaradas, de olor a humedad, de servicios básicos que escasean, de márgenes en el centro de un barrio que desde hace años es imán para inversores de proyectos inmobiliarios.

A las certezas de que Pamela, Mercedes y Andrea fueron asesinadas y de que Justo Fernando Barrientos fue quien las mató, le sigue una catarata de dudas: ¿Cuántas capas tiene esta historia? ¿Cuántas complejidades atraviesan al crimen? ¿Qué nos dice esta mansión deteriorada de Barracas, además de decirnos que ellas ya no nos podrán decir? Miguel cree que para entender lo que pasó no alcanza con mirar el horror de esta pieza. Después de aclarar por enésima vez que ponga todo tal cual lo dijo, cierra: “Somos un país sin esperanza, somos una sociedad enferma”.

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102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez

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En lo que va del año el Observatorio Lucía Pérez, primer padrón autogestionado y público de violencia patriarcal, registró 102 femicidios y travesticidios en todo el país. Durante el último mes fueron 13 femicidios y un travesticidio: el de Dámaris Julieth León Guamán, en el barrio porteño de Almagro, 38 años. El asesinato de Damaris generó movilizaciones: fue una de las 118 marchas que se registraron durante el año; practicamente una por día.

102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez

Como resultado de los 102 femicidios y travesticidios se registraron además 65 huerfanxs por femicidios.

Además, en lo que va del 2024, se registraron 75 tentativas de femicidios.

Y llevamos 1174 días preguntándonos ¿dónde está Tehuel de la Torre?

102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez
102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez

No son cifras:es la cartografía de la violencia patriarcal.

El Observatorio Lucía Pérez es una herramienta de análisis, debate y acción creada por Cooperativa lavaca. Se elaboran una serie de padrones que compartimos en la web de manera libre, los cuales comenzaron a confeccionarse en talleres que realizamos con víctimas de violencias, familias sobrevivientes de femicidios, organizaciones sociales y activistas del movimiento trans. Los datos así recogidos, sumados al seguimiento de lo publicado en medios de todo el país, son luego chequeados y precisados con fuentes judiciales y periodísticas.

Todo la información que producimos es de público y libre acceso en en www.observatorioluciaperez.org

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