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Femicidio de la periodista Griselda Blanco: “Pedimos seguridad y recursos”

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El hijo de Griselda Blanco, la periodista correntina asesinada en mayo en Curuzú Cuatiá, brindó una conferencia de prensa en el Salón Blanco de la Cámara de Diputados de la Nación junto a su abogada. Acompañado de referentes de Fatpren, Periodistas Argentinas y Familiares Víctimas de Femicidios, contó a diputadas nacionales el estado de la causa: la negativa de la fiscal a tratar el caso como un femicidio, la participación de la policía local en la investigación, y las sospechas en torno al crimen. “Lo que pido es justicia”, exigió.

Fabián Cesani cruza el Salón Blanco de la Cámara de Diputados de la Nación y se sienta en el centro de la mesa. Es uno de los dos hijos de Griselda Blanco, la periodista correntina asesinada el 20 de mayo en Curuzú Cuatiá y viajó más de 600 kilómetros para denunciar las trabas en la investigación, que la causa sigue caratulada como “homicidio simple” y no como femicidio, que la policía sospechosa sigue implicada en la investigación, y que no entiende cómo pudieron asesinar así a su madre, trabajadora de prensa, en democracia.

Femicidio de la periodista Griselda Blanco: “Pedimos seguridad y recursos”

Marta, la madre de Lucía Pérez, la abogada Andrea Tribbia y Fabián Cesani, el hijo de la periodista correntina Griselda Blanco, durante la conferencia en la Cámara de Diputados. Fotos Lina Etchesuri.

Lo acompaña su abogada Andrea Tribbia y juntos llegaron en la tarde del martes al centro porteño para realizar una conferencia de prensa en la Cámara Baja, junto a la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa de la Argentina (FATPREN), la colectiva Periodistas Argentinas, y el movimiento Familiares Víctimas de Femicidios.

La fundadora de Periodistas Argentinas (PA) y de Lavaca, Claudia Acuña, subrayó que Fatpren y Periodistas Argentinas están comprometidas para esclarecer el crimen. Acuña y la periodista Nancy Pazos conformaron la delegación de PA que viajó a Curuzú y se entrevistó con la fiscal María José Barrera Sahagun y los jefes de la Policía Federal y Provincial. «Cuando nuestra comisión llega a Curuzú Cuatiá, el panorama que teníamos era de un periodista preso con una causa armada y una periodista asesinada», recordó. Describió que, al momento de entrevistarse con la fiscal, la policía local estaba presente en el lugar: «Seguimos preguntándonos qué hace la policía implicada en la causa del femicidio de nuestra colega». También apuntó que ninguna de las pistas que dejó Griselda (denuncias y amenazas por su actividad periodística) fue indagada por la Justicia, mientras que la fiscal caratuló el crimen como un «homicidio simple», lo que abrió la posibilidad al sospechoso de pedir un juicio abreviado para obtener una pena menor. «El fiscal general, por suerte, lo rechazó», sostuvo.

Femicidio de la periodista Griselda Blanco: “Pedimos seguridad y recursos”

César, durante su conferencia en la Cámara de Diputados. Dijo sobre Griselda: «Mi madre decía verdades que pasaban en el pueblo y que lamentablemente a mucha gente le molestaba.» Fotos Lina Etchesuri

Y cerró: «Estamos preocupadas por el estado de la investigación. Seguimos preguntando por qué la policía sigue involucrada. Pedimos que se haga efectivo su apartamiento. No nos sorprende cómo la fiscal trató a la víctima. Queremos que lo conozcan por boca de su hijo».

“Mi madre no tenía miedo”

Fabián tomó el micrófono: «Desde el lado humano les puedo hablar de mi madre como persona. Era una persona muy tierna, simpática y sobre todo empática. Se comprometía a resolver muchas causas sociales de Curuzú. Mucha gente humilde del día a día que mi mamá se comprometía a ayudar. Juntaba comestibles, ropa. Y algo muy importante: resaltar las irregularidades que pasaban en el pueblo. Mi madre no tenía miedo. Decía verdades que pasaban en el pueblo y que lamentablemente a mucha gente le molestaba. Qué loco hablar de democracia hoy cuando en lo que le pasó a mi madre no hay nada de democracia. Siento que la callaron. Ella decía muchas verdades que pasaban en el pueblo a fin de resolverlas».

Fabián también puso el foco sobre la fiscal: «Estamos en plena investigación, pero no entiendo la postura de la fiscal: inició bien su trabajo y, de un día a otro, imputa a este señor (Darío Holzweissig, único detenido) como homicidio simple. ¿Por qué cambia? Hay muchas cosas que no entiendo. Lo que sigo pidiendo es que se haga justicia y se esclarezca el caso de mi madre. Tenemos trabas y no entiendo por qué. Yo le dije a mi hermano, cuando la despedimos: lo que nos queda hacer es pedir justicia por ella. Vamos a ir hasta las últimas».

Fabián también reclamó por un perito que investigue las irregularidades. Mencionó que en Curuzú se «corrió la voz» que Griselda era una «extorsionadora»: «Estuvimos averiguando y a lo largo de todo el material no pudimos escuchar un audio, un mensaje de extorsión. Es falso. Mi mamá no era ninguna extorsionadora. Esto se estaba instalando para mantener la figura de homicidio simple. Pero esto no fue un homicidio simple. Fue un femicidio y no vamos a parar hasta que tomen carácter de esto».

“Fue víctima de un femicidio atroz”

Luego, habló la abogada: «Griselda fue atrozmente asesinada por su femicida en su hogar. Venimos a suplicarles que se investigue como se tiene que investigar. Hay mucho material, muchas líneas de investigación. Y se tiene que terminar el tema que Griselda era una extorsionadora. Jamás extorsionó a nadie: fue víctima de un femicidio atroz. No se puede decir que acá no hubo femicidio. Que quede bien claro. Hoy necesitamos muchas cosas. La primera es seguridad para estas dos criaturas que quedaron huérfanas». A su vez, destacó la necesidad de recursos: «Necesitamos recursos técnicos idóneos para analizar el perfil del femicida. El vínculo que tenía con el femicida. Expertos técnicos para analizar si se ha borrado o alterado material, porque tenemos sospechas que haya ocurrido. Necesitamos recursos que no podemos pagar y pedimos a las autoridades para que puedan apoyarnos».

También pidió a la fiscal que cambie el tipo de imputación: «Necesitamos que la fiscal reconsidere la figura que se está atribuyendo a la causa. Que se tome el tiempo de escuchar. Que analice los 2 terabytes de información que tiene. No puede decir que hay un homicidio siemple si simplemente escucha. Tiene que escuchar. No más».

Sobre el detenido: «Necesitamos saber si el que está detenido es autor material e intelectual, o si fue simplemente material. Si hay cómplices. Acá hay información que Griselda manejaba y espero que la estén investigando. No sé si, por su naturaleza, corresponde a la fiscal de Curuzú o corresponde a otra instancia».

Y cerró: «Pedimos justicia, claridad y objetividad. Que haya líneas de investigación. Esto no puede seguir pasando. Van más de 3700 víctimas de femicidios y transfemicidios. No se pueden olvidar de mirar una causa con perspectiva de género. Que la fiscal tenga empatía. Pedimos justicia para que nunca más haya una Griselda Blanco por miedo a contar lo que esté contando. Y que funcionen también los organismos de control porque, si no, tenemos que salir a hacer esto: pedir justicia».

“Queremos que alguien haga algo porque nadie hace nada”

A continuación, habló Marta Montero, mamá de Lucía Pérez, que durante la mañana había estado acompañando a la familia de Luna Ortiz en los Tribunales de San Isidro: “Estamos acompañando a los hijos de Griselda como si fueran mis hijos. Cómo no los vamos a acompañar si son ellos los que quedan solos, tristes y desamparados de todo. Fíjense todo lo que tenemos que hacer las familias cuando esto debería funcionar como corresponde. ¿Qué es lo que se tiene tanto miedo? ¿Por qué los fiscales están tan adoctrinados? Cuando hay policía en el medio, droga, corrupción, cuesta tanto. ¿Por qué tenemos que hacer todo esto para poder tener lo que corresponde, que es, ni más ni menos, que justicia por nuestro ser querido?”.

Luego fue el turno de Susana Reyes, mamá de Cecilia Basaldúa, asesinada en 2020. Su familia fue recibida la semana pasada por el Fiscal General de Córdoba y están impulsando un juicio político a la exfiscal del caso: “Vemos que todos los casos son iguales: está la policía, la fiscalía, el poder judicial y el político. No respetan la vida de nadie. Queremos que alguien haga algo porque nadie hace nada. Hay que andarles atrás todo el tiempo. Nuestras hijas merecen respeto. Nadie es dueño de quitarle la vida a nadie”. Miró a Fabián y le dijo: “Queremos acompañarlos y gracias por luchar. No vamos nunca a bajar los brazos”.

Susana le pasó el micrófono a la secretaria de Mujeres y Género de Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA, integrante de Fatpren), Micaela Polak: “Griselda sufrió una muerte violenta. Un femicidio. Y claramente tuvo una vida laboral violenta porque antes fue víctima de la precarización laboral. Solo tuvo un acompañamiento por parte del sindicato de prensa de Corrientes, que acompañó el reclamo de una investigación profunda”. Y subrayó la necesidad de una investigación que agote todas las hipótesis del caso.

La última en hablar fue la diputada nacional del Frente de Izquierda-Unidad, Romina Del Plá: “No están solos y es importante que quede muy en claro. Estuvimos acompañando a la familia de Luna Ortiz y miren qué paradoja: allá familiares que se movilizan por el femicidio de sus hijas y aquí hijos que se movilizan por el femicidio de sus madres. Esta situación de violencia hacia mujeres y trabajadores es muy seria en todo el país. Por más que hayamos tenido un 3J, esto no significó que se hayan resuelto los problemas sino todo lo contrario. Aparecen los estados involucrados en estos crímenes. Y aparecen todo tipo de obstáculos, donde se trata de enchastrar a la víctima en lugar de ir por los femicidas”.

Al terminar la conferencia, Fabián y su abogada recibieron la invitación para concurrir a la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara de Diputados. Fueron recibidos por la presidenta de la Comisión, la diputada Mónica Macha (Frente de Todos), junto a representantes de Periodistas Argentinas, Fatpren y Familiares Víctimas de Femicidios.

Macha se comprometió a velar por la seguridad de la familia en Curuzú Cuatiá.

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Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

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En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. En la Argentina mileísta, cada 38 horas una persona es atacada a causa de su orientación sexual o identidad de género. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari

En la Argentina mileísta, cada 38 horas una persona es atacada a causa de su orientación sexual o identidad de género. En Cañuelas, un hombre le prendió fuego a la casa de una pareja de lesbianas. En Recoleta, dos mujeres, de 26 y 24 años, caminaban de la mano cuando un hombre las frenó y las increpó: una terminó con la nariz fracturada; la otra, con lesiones en la mano. En Palermo, un joven gay fue brutalmente golpeado y le rompieron la mandíbula. En Neuquén, Azul Mía Natasha Semeñenko fue asesinada, sin haber podido “ser Azul del todo” porque no recibió su hormonización.

Ninguno de estos hechos violentos de 2025 fue excepcional. El año pasado se registraron 227 crímenes de odio contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans (travestis, transexuales y transgéneros) y otras identidades disidentes. Según el informe anual del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+, fue el año más violento desde la creación de este organismo, con un crecimiento de más del 60% respecto de 2024, cuando se habían registrado 140 casos. Se trata, dice el relevamiento, de un aumento “abrupto, excepcional y cualitativamente distinto a la progresión observada en los años anteriores”.

La violencia por odio hacia el colectivo LGBT+ se intensificó en un contexto de desmantelamiento de políticas públicas, vaciamiento de organismos de protección, paralización de la agenda legislativa en materia de derechos y consolidación de discursos fascistas que estigmatizan a la diversidad.

Para María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación de la Ciudad de Buenos Aires e integrante de la Federación Argentina LGBT+ (FALGBT), el drástico aumento de estos crímenes en Argentina no puede separarse de los discursos de odio que provienen del gobierno nacional. “Tanto el presidente como funcionarios y allegados se expresan de manera violenta y discriminatoria hacia la comunidad LGBT en general y, principalmente, hacia la comunidad trans”, describe Rachid. “Y eso –agrega– genera mayor violencia y discriminación en la vida cotidiana. Esos discursos terminan legitimando, avalando y fomentando la violencia hacia nuestra comunidad”.

Esa realidad se percibe en lo cotidiano. Ayito Cabrera, director y fundador de la organización Espacio Tolomocho –que nuclea a personas trans con discapacidad–, advierte que el aumento no se limita a los casos visibles, sino que se expresa en formas más silenciosas y estructurales de violencia, atravesadas por la precarización económica y el desfinanciamiento.

“Los pedidos de ‘apañe’ de personas trans se multiplicaron considerablemente”, resume. Ese crecimiento, explica, tiene directa vinculación con la dificultad de acceder a un trabajo que permita sostener condiciones básicas de vida: comer cuatro veces al día, estudiar y alquilar. Cientos de personas travestis, trans y no binarias perdieron sus empleos en ámbitos estatales y muchas se quedaron sin acceder a medicamentos o tratamientos.

RADIOGRAFÍA

El informe elaborado por la FALGBT y las Defensorías del Pueblo de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires permite visibilizar la violencia cotidiana y su naturaleza.

Más de un tercio de los casos corresponde a ataques contra el derecho a la vida, que incluyen asesinatos, suicidios o muertes vinculadas a condiciones estructurales, mientras que casi dos tercios son agresiones físicas que no terminaron en muerte. Rachid aclara que hay un subregistro, “porque hay casos donde no se desarrolla ninguna línea de investigación relacionada a la posibilidad de un crimen de odio”.

En ese punto aparece uno de los datos más significativos del período: las agresiones físicas se duplicaron en un año y pasaron de 73 a 147 casos, un incremento del 101,4%.

Las muertes vinculadas a crímenes de odio se mantienen altas y con un patrón sostenido. En 2024 se registraron 67 casos (17 asesinatos, 44 muertes por violencia estructural y 6 suicidios), mientras que en 2025 la cifra ascendió a 80 (16 asesinatos, 53 muertes por violencia estructural y 11 suicidios), es decir, un aumento del 19,4%. Ese crecimiento incluye un dato especialmente preocupante: los suicidios casi se duplicaron en un año.

Las mujeres trans siguen siendo las más afectadas y concentran el 62,56% de los casos registrados. En segundo lugar se ubican los varones gays (22,03%), seguidos por varones trans (7,93%), lesbianas (5,73 %) y personas no binarias (1,76%).

Pero el documento advierte algo más: es un fenómeno que se expande. Entre 2024 y 2025, los ataques contra varones trans pasaron de 5 a 18 casos. Y las agresiones contra personas no binarias, que ni siquiera aparecían en registros anteriores, se duplicaron.

Ayito Cabrera describe con crudeza cuando además hay intersección de violencias. “Quienes somos personas trans con discapacidad vivimos una doble vulnerabilidad y una discriminación estructural histórica”, advierte. En ese contexto, señala, la falta de políticas públicas agrava condiciones ya precarias y profundiza el abandono.

Para el fundador de Espacio Tolomocho, las identidades trans –en especial, las transmasculinidades– se convirtieron en blanco de discursos que buscan deslegitimar derechos conquistados. “En esta intersección, nuestra identidad se ha convertido en chivo expiatorio de una campaña internacional de las derechas globales. En nuestro territorio, eso se traduce en necesidades básicas –salud, vivienda, trabajo– gravemente afectadas: las hormonas se han vuelto prácticamente inaccesibles, la atención sanitaria se deteriora y la falta de empleo impide sostener una vivienda”, detalla Ayito.

En este sentido, las cifras no pueden interpretarse de forma aislada, sino como parte de un entramado de violencias estructurales, simbólicas e institucionales que impactan de lleno en las condiciones de vida.

Otro tema preocupante es un crecimiento sostenido de agresiones en comisarías y establecimientos penitenciarios, junto con un dato que marca un punto de quiebre: la participación de fuerzas de seguridad pasó de 17 casos en 2024 a 64 en 2025. Esto consolida a la violencia institucional como uno de los principales vectores de agresión, en especial contra la población trans y, en particular, contra las mujeres trans.

Rachid señala que esto no resulta sorpresivo. “Cuando aparecen o se instalan gobiernos de derecha, las fuerzas de seguridad se sienten más avaladas para ejercer su violencia hacia los grupos vulnerados en general y la población LGBT en particular”, explica.

LA ANTIAGENDA

El hecho de que el registro más alto de toda la serie histórica del Observatorio se produzca durante el gobierno de Javier Milei es un dato cargado de sentido. Desde que comenzó su mandato, siguiendo la agenda de ultraderecha de su amigo Donald Trump, el presidente argentino promovió discursos que cuestionan derechos, deslegitiman identidades de género diversas y contribuyen a habilitar formas más intensas de violencia contra las personas LGBT+, como quedó demostrado durante su intervención en Davos en enero de 2025.

Esa violencia simbólica vino acompañada de la eliminación de programas, organismos y dispositivos estatales que cumplían funciones centrales en la prevención de la violencia y el acompañamiento de las víctimas. La disolución del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), por ejemplo, dejó a la población LGBT+ sin un canal institucional específico para denunciar actos discriminatorios. El informe lo sintetiza en una frase que funciona como advertencia: “Allí donde el Estado se retira, el odio encuentra condiciones para expandirse”.

Esa relación entre discurso y violencia también aparece en la experiencia cotidiana de las organizaciones. Para María Rachid, los informes no solo marcan un aumento de los crímenes de odio, sino que evidencian su vínculo con los discursos que circulan desde el poder.

Agrega que, a partir de expresiones públicas de funcionarios y del propio Milei, se produjo un cambio perceptible: crecieron las denuncias, las consultas y también la violencia cotidiana. “Hay evidencia de esa relación directa. Lo muestran los informes, pero también se puede ver en las redes sociales de cualquier organización LGBT”, plantea Rachid.

Ocurre que cuando esos discursos provienen de una voz de autoridad como lo es el Poder Ejecutivo Nacional, el impacto es concreto. No solo habilitan la violencia, también la legitiman.

Desde el Espacio Tolomocho explican que lo que antes circulaba como insulto marginal hoy es retomado por funcionarios y medios, ampliando su alcance y su legitimidad social, y habilitando agresiones físicas, institucionales y discursivas con mayor impunidad.

Las consecuencias de ese proceso también se observan en el acceso a derechos básicos, como la ley de cupo laboral. Los despidos en la administración pública y la falta de implementación efectiva de estas normativas profundizaron la exclusión de la población trans y empujaron a muchas personas a situaciones de extrema precarización.

En este contexto, espacios como Tolomocho adquieren otro sentido y se transforman en redes de contención y cuidado, un recurso fundamental en tiempos hostiles. “Somos personas trans con discapacidad profesionales en nuestras áreas, editamos libros, hacemos muestras de arte, damos clases, trabajamos en accesibilidad. Apostamos a la educación y al arte como formas de construir otra sociedad”, explican.

En un clima social marcado por el ascenso de los discursos de odio, la discriminación y el individualismo, la respuesta vuelve a ser colectiva. La organización, la denuncia y la presencia en las calles se tornan fundamentales ante una avanzada antiderechos que tiene en el propio Estado nacional a uno de sus impulsores.

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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El 3J porteño: Vamos

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Por Claudia Acuña

Fotos: Juan Valeiro

Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

El 3J porteño: Vamos

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A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.

“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

El 3J porteño: Vamos

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Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.

Quizá no sea una suerte, pero casi.

Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

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