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Feminismo sin patrón

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(lavaca en Guatemala) En un salón repleto de blusas bordadas con colores bellísimos, sonrisas cómplices y miradas ávidas, la guatemalteca Ana Patricia Castillo abre la primera jornada del encuentro Economía Feminista para la vida definiendo en pocas palabras todo un plan de acción: “Nos preocupa el patriarcado como orden jerárquico y los mitos e interpretaciones que de allí derivan sobre la realidad económica. Nos preocupa el sistema de pensamiento en el cual el machismo y el racismo están imbricados. Nos preocupa la invisibilidad de las mujeres en los modelos macroeconómicos. Nos preocupan los modelos de desarrollo basados en el extractivismo, la contaminación y la pérdida de diversidad. Nos preocupa la ecología y la conservación de recursos. Nos preocupa la discriminación y segregación laboral de las mujeres. Nos preocupa que en las estadísticas no aparecemos: en las cuentas del mundo no aparecemos. Nos preocupa nombrar el trabajo que hacemos las mujeres”. Completa luego Tita Godinez: “Las mujeres somos topía, no utopía. Constituimos la prueba concreta de que se puede producir de otra manera y con otras lógicas”.
A partir de allí esas preocupaciones se convirtieron en ocupaciones que fueron hilvanando la jornada desde las 8 de la mañana hasta las 6 con conversaciones que tuvieron tres capítulos en los cuales quince expositoras compartieron sus investigaciones, experiencias, datos y proyectos. Estos son algunos de los conceptos compartidos en el primer round de intercambio:
Abrir la cancha
Ana Silvia Monzón, de FLACSO, fue la encargada de desplegar qué significa la Economía Feminista como disciplina y como herramienta. Luego, la economista Natalia Quiroga tiró estas primeras piedras:

  • “La economía feminista es un campo de reflexión e investigación en el cual señalar la condición racista y patriarcal de la economía occidental que se sostiene, entre otras cosas, a partir de negar el trabajo femenino”.
  • “Desde su irrupción, la arena de la economía feminista era la desigualdad, hasta que desde América Latina pateamos ese tablero como único espacio de disputa política y teórica”. En términos menos académicos, lo que plantea Natalia Quiroga es que el gran aporte de América Latina a la teoría económica feminista consiste en agrandar la cancha porque así lo están haciendo nuestras luchas. “Hablar sólo de igualdad en las condiciones de explotación no nos resuelve hoy la batalla principal contra este sistema”. Y esa batalla es nada menos que contra la muerte. “Lo teórico, entonces, se resuelve al poner en el centro a la vida” para responder así a la necesidad urgente de nuestra época, que es la de “garantizar la vida de todes, no solo la humana”.
  • Se trata, también, de “no pensar en garantizar la vida en términos individuales, sino en términos territoriales. El feminismo que surge desde esa perspectiva platea que en nuestro continente se está llevando ahora mismo una batalla por las condiciones de reproducción. Eso expresan las protestas en Chile, Honduras o Ecuador: no son manifestaciones contra la explotación laboral, sino para defender condiciones de vida indispensables, que se expresan como defensa de la salud y la educación pública, por ejemplo, pero que implican una disputa central sobre los destinos sociales que dictan el FMI o el Banco Mundial y que los gobiernos garantizan con ocupaciones militares de territorios y represiones cada vez más brutales. Se trata de una batalla por el control de cuerpos y territorios”.
  • “Cuando hablamos de feminismo hablamos de un sujeto político que nunca fue reconocido como portador de un proyecto emancipador, al que se le ha negado conocimientos, soberanías y pensamiento crítico. Son las mujeres indígenas y afro las que nos han legado este feminismo sin patrón, alimentado con los proyectos de vida de cada comunidad. No podemos, entonces, decirles a las compañeras mayas cómo deben luchar. Lo que podemos es intercambiar experiencias para así darles fuerzas a nuestras luchas”.
  • “El neoliberalismo triunfa cada vez que nos convence que cómo vivimos es un problema privado. Triunfa cada vez que convierte a nuestros Estados en una herramienta de cuidado de los monopolios. Un ejemplo es Argentina, en la cual el Estado dedica sus esfuerzos a pagar el 80% de interés a la renta especulativa -la tasa más alta del mundo- y aumenta en forma sideral las tarifas de gas, luz y agua, servicios indispensables para la vida”.
  • “Politizar la producción de las mujeres es la forma de que se caiga este modelo de saqueo porque este modelo solo se puede sostener si se invisibiliza nuestra explotación. Politizar significa decir: las mujeres no vamos a seguir siendo la zona de sacrificio. Politizar significa asumir que vivimos en un continente rico, sin recursos escasos: el extractivismo es el que produce la pobreza que padecemos”.

 
Nuestro tiempo y nuestra vida
Feminismo sin patrón
 
¿Qué es el tiempo? comienza preguntando Karina Peruch, guatemalteca experta en estadísticas. Didácticamente, explica el sentido cultural, sexual y productivo que tiene ese tiempo en nuestra época: “Cualquiera de nosotras puede decir exactamente cuál en su horario de trabajo en una oficina, pero difícilmente podrá decir cuánto tiempo le insume por mes lavar los trastos”.
“El tiempo es un recurso escaso”, dirá Peruch para explicar cómo las mujeres si lo gastan en tareas cotidianas (10 mensuales horas en lavar trastos, precisa) lo pierden de invertir en conocimiento (estudiar, leer, capacitarse), descansar o participar de la vida política. Eso, explica, tiene nombre: se llama desigualdad.
¿Qué es la vida? interroga luego la economista Sonia Escobedo. La respuesta llega de su larga experiencia con mujeres de comunidades originarias guatemaltecas con las que ha reflexionado sobre las consecuencias de los modelos neoliberales, los cuales describe como una “macro opresión con múltiples e imbricados procedimientos extractivos”. Nos recordará Sonia que ya hemos aprendido duramente qué significa para nuestras vidas la reducción del Estado o las privatizaciones de servicios, pero que nos es más difícil reconocer cómo la prédica neoliberal “arrasó con nuestra capacidad de soñar otras formas de producción y de vida y la esperanza de transformación. El despojo incluye no poder imaginar un mundo diferente”.
Para recuperar esos horizontes las comunidades hicieron memoria. Y desde esa memoria comenzaron a analizar las batallas actuales. “el patriarcado nos quiere en casa, pero el capitalismo nos quiere trabajando para otros.” No es una paradoja, porque el resultado es la acumulación de explotaciones. Para escapar a esta encerrona, hay que abrir la postal y mirar nuestras vidas como parte de algo enorme. Sonia lo llama “la red de la vida” y la muestra en una diapositiva que describe el tejido que nos une a todo lo vivo. “Lo que se mueve y lo que no se mueve, lo visible y lo invisible”.
“Como Humanidad no somos ni todo ni lo más importante”, nos recordará Sonia, antes de compartir cómo han trabajado un concepto ancestral y eterno, aquel en que “los tiempos no tienen tiempo ni el orden, orden”. Son los tiempos comunitarios, aquellos que nos crian, nos sacuden y nos mecen.
 
Palabra clave: autonomía
 
La mexicana Patricia Rodríguez, integrante del Instituto de Estudios Económicos de la UNAM, señala lo inútil que es hablar de “la brecha salarial” en estos tiempos. Para demostrarlo comparte unos gráficos que demuestran que la pobreza no tiene sexo: los salarios peor pagos son los más igualitarios. “Sabemos, también, que aquellas mujeres que pueden lograr un mejor salario no siempre tienen soberanía sobre el manejo de ese dinero”. Propone entonces que la Economía Feminista proclame la autonomía económica como bandera, porque de esa forma pone el dedo en las llagas a drenar: no solo en la producción, sino en la distribución; no solo en la igualdad, sino en el poder. “Proclamar ´igual trabajo, igual pago´ no es lo mismo que exigir una redistribución de la riqueza social, un concepto que incluye -además de la equidad salarial- el reconocimiento del trabajo de cuidados, por ejemplo”, apunta Rodríguez. Y concluye: “Reconocimiento y retribución: eso es autonomía”. La economista Natalia Quiroga completa: “Estamos hablando de una autonomía comunitaria y territorial porque la autonomía nunca es individual, siempre es colectiva”.
Es la hora de la pausa y de las frutas. Bananas, ciruelas y manzanas.
Luego, el segundo round, que incluye enseñanzas para politizar la olla, entre otras sabrosas recetas.
 
Masticando resistencia
Feminismo sin patrón
Gladys Alfaro llega desde Chiapas, México, para compartir su experiencia con la Red de Mujeres, un tejido bordado por trece organizaciones que batallan contra la violencia femicida y el despojo de sus territorios. “Nuestro aporte es cómo vivimos. Tenemos una concepción del tiempo contraria a las manecillas del reloj capitalista. Lo menos importante para el sistema es lo más importante para nosotras. Es vital para nosotras indagar qué pasa con nuestros cuerpos, así como qué pasó con nuestras comunidades antes de nosotras. No somos cuadradas ni verticales. Nuestra tarea es politizar la vida cotidiana de las mujeres. Preguntarnos todos los días: qué queremos hacer y qué no queremos. Y responderla pensando en el bien común. Queremos justicia, paz, democracia, sí. Y comenzamos a construirla en lo concreto: en la olla. Comer sanamente es nuestra resistencia. Producir nuestra comida comunitariamente, procesarla y compartirla todas juntas. No alimentar ni al patriarcado ni al capitalismo es politizar la olla porque eso representa disputar la reproducción de la vida. Comemos sanamente y estamos más sanas.  Nos enfermamos menos porque comemos mejor. Eso lo vemos y lo sentimos: es un indicador de que estamos caminando hacia una vida digna”.
Alejandra Bonilla integra una organización de mujeres mayas campesinas. De allí trae una pregunta: “ ¿Por qué a las empresas no les importa fumigarnos con veneno?.”
Comienza entonces a trazar el recorrido de cómo llegamos a este desquicio y también señalando la trinchera para resistirlo: la cocina.

  • “El concepto colonial sobre cómo ubicaron nuestros espacios: centro/periferia. En esa concepción nos ha afectado nuestra forma de pensar. Por ejemplo, necesitamos referentes para pensar lo que nos pasa, o nos da temor pensar rompiendo. Asi posicionan nuestros territorios y nuestros pensamientos. Ubicaron nuestros pensamientos en oposición al desarrollo, al progreso. Lo moderno son los otros. Ese centro tiene la verdad, y todo lo que se por fuera es subordinado”.
  • “Otro concepto colonial: lo importante, lo válido es una visión del mundo los bienes. Las vidas deben estar al servicio de esos centros. Los territorios deben ser sacrificados para construir una hidroeléctrica: el progreso dice que ahí tiene que vivir una hidroeléctrica y no nosotras”.
  • “Desde la gran invasión colonial empezó el gran despojo que tiene hitos o momentos donde el centro absorbe los bienes, cuerpos, vidas. Hay resistencia también. Pero algo está pasando ahora. Las compañeras me preguntan: ¿por qué ahora estamos sufriendo esta avanzada contra nuestros espacios? Esas relaciones se dieron antes, pero no tan agresivas. Se trata de una gran avanzada, muy agresiva, de despojo. Quieren tragrarse todo: nadie puede quedar afuera de la reproducción del capital trasnacional”.
  • “Las comunidades son peligrosas por eso: porque no reproducen el capital transnacional. Y el punto es que esa autonomía es resistencia e insubordinación”.
  • “Las poblaciones ven destruir sus territorios todos los días, pero el resto lo nota recién cuando es noticia que arde el Amazonas, aunque todos los días en nuestra América se talan árboles, se contaminan las aguas y se envenenan los suelos”.
  • “Hay una relación directa entre las políticas que padecemos y lo que hacen las mineras, petroleras y el agronegocio, que son las prácticas de esa economía de muerte. En esa economía de muerte nos va quitando no solo la tierra o bienes, sino nuestras formas de pensar y de hacer”.
  • “Nosotras tenemos otra relación con la naturaleza. En todas las comunidades tuvimos prácticas de producción colectivas. ¿Cuántas quedaron? Pocas. Las actividades colectivas van desaparecieron porque se fomenta la individualización Y así, de poco, se produce la destrucción del conocimiento: el uso medicinal de las plantas, el cultivo de ciertos alimentos, la forma de producir agricultura sana. Hemos visto cómo en zonas dónde hasta hace diez años se producía maíz sano hoy ya no se sabe cómo hacerlo. Son conocimientos que si no se transmiten durante tres generaciones, se pierden. Ese conocimiento, nos dicen, no es ciencia”.
  • “Nuestros cuerpos, nuestras vidas, son expresión de conflicto en los territorios. Son cuerpos de campesinas e indígenas enfermas por los niveles de contaminación, por tomar agua contaminada, por haber deteriorado la dieta, por comer en lugar de frijoles, pan de trigo. Son cuerpos que sufrieron la violencia de las avionetas fumigando venenos”.
  • “Las políticas y el despojo de recursos hoy tienen una manera agresiva de terminar con lo poco que nos queda. Por ejemplo, el sistema que controla la salud animal (Senasa), persigue nuestra producción de gallinas y cerdos bajo el supuesto de que contamina las producciones agroindustriales. Otra: el Estado promueve una ley de registro de todas las semillas. Significa entregarle a ese Estado protector de monopolios la base de datos genética de todas nuestras comunidades. Es la desaparición de los bienes comunitarios. Las semillas deben ser libres como las mujeres: esa es ahora nuestra consigna.”
  • “¿Qué hacemos entonces? Organizamos intercambio de semillas. Altares de semillas. Y en esta batalla, la cocina es nuestra trinchera: todas las personas deben cocinar. La cocina es un espacio muy importante para la vida y hay que darle el valor político que realmente tiene. Cocinamos para fortalecer la siembra en defensa de la biodiversidad”.

 
Feminismo sin patrón
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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

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MU 213: Movete

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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

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MU 212: El fin de un mundo

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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.




MU 212: El fin de un mundo

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur


Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande


Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera

De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito

Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable. 

FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

La guerra invisible: la Antártida en la mira


Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?

SERGIO CIANCAGLINI




MU 212: El fin de un mundo

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.

Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.

POR LUCAS PEDULLA




MU 212: El fin de un mundo

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial

En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.

POR CLAUDIA ACUÑA




MU 212: El fin de un mundo

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio

Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.

POR MARÍA DEL CARMEN VARELA

Patagonia rebelde

Crónicas del más acá por Carlos Melone.




MU 212: El fin de un mundo

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot

Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.

POR FRANCO CIANCAGLINI




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