Nota
#FreeAssange en Sociales: cuando informar es delito
El viernes fue la jornada global para exigir el fin de la persecusión a Julián Assange. En la Facultad de Sociales un acto conectó en directo con Assange, quien eligió exponer su mirada sobre la coyuntura europea, la salida del Reino Unido de la Unión Europea y el rol de Estados Unidos. Geopolítica y libertad de expresión quedaron así expuestas, dejando en claro lo grave de este caso: la criminalización de la difusión
El viernes fue la jornada global para exigir el fin de la persecusión a Julián Assange. En la Facultad de Sociales un acto conectó en directo con Assange, quien eligió exponer su mirada sobre la coyuntura europea, la salida del Reino Unido de la Unión Europea y el rol de Estados Unidos. Geopolítica y libertad de expresión quedaron así expuestas, dejando en claro lo grave de este caso: la criminalización de la difusión.

Assange. Foto de archivo
En la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA no anda el wifi. Mala noticia para el día en que la sede de Constitución debe tirar un puente a la embajada de Ecuador en Reino Unido, donde se asila Julian Assange. Entre cables, cámaras y gente que se ruza, Tristan Bauer – uno de los organizadores- camina por las paredes, mientras van llegando los cuatro oradores dispuestos a pilotear la ausencia de la palabra de Assange en el acto que grita por su liberación, para sumarse al coro de la jornada global que se organizó con la consigna #FreAssange. Pero estamos en una charla sobre los desafíos del hacktivismo -entre otras cosas- y un avezado logra reflotar el sistema. “Hay Internet” es la noticia que festejan las más de cien personas que se acercaron hasta aquí un viernes a la tarde.
Camino a Ecuador
Julian Assange lleva cuatro años viviendo en tres cuartos. Tiene un brazo afectado y le falta de atención médica. “Peor que una prisión”, define el periodista Santiago Odonnell, uno de los disertantes que lo visitó en cuatro ocasiones. Alicia Castro, la ex embajadora argentina en Londres también lo visitó y asiente con la cabeza. Luego, cuando aparezca por la web, Assange intentará mostrarse distendido: coloca frente a la cámara al gato que lo acompaña en su oficina-prisión.
Las razones por las que se encuentra aislado, conectado a través de Internet, también son extrañas: Assange cuenta con dos órdenes de arresto en Suecia, donde está acusado de los delitos dde violación, abuso sexual y coacción, aunque está claro que su persecución tiene un trasnfondo (geo)políticos.
La causa por abuso sexual fue desestimada por la fiscal general de Estocolmo en 2010, pero ese mismo año se ordenó reabrir la investigación. Assange permaneció oculto desde el inicio del caso y luego se supo que no estaba en Suecia sino en Londres. La policía sueca solicitó así la intervención de Interpol y el 7 de diciembre de 2010 Assange se presentó en una comisaría y quedó detenido por diez días. Luego, en arresto domiciliario por 550 días. Hasta que en agosto de 2012 el canciller de Ecuador, Ricardo Patiño, anunció la decisión de la República del Ecuador de conceder asilo a Julian Assange en su embajada en Londres.
Assange plantea que en Suecia no cuenta con todas las garantías procesales y sospecha de la posibilidad de su extradición a los Estados Unidos, el país más afectado por las revelaciones difundidas en Wikileaks, el sitio que fundó. Tiene motivos para estar precavido: Chelsea Manning, la soldado y analista de inteligencia el ejército norteamericano que filtró miles de documentos a Wikileaks fue condenada a 35 años de prisión.

La telefonferencia con Assange
El verdadero motivo
El verdadero motivo de la persecución a Assange lo explica uno de sus compañeros presente en la charla, Joseph Farrell, otra de las pocas caras conocidas de WikiLeaks: “Se reveló contra el país más poderoso del mundo”. Farrel se refiere a la publicación de miles de documentos de la guerra de Irak (391.831 que revelaron los alcances de la invasión: torturas, asesinato de civiles y más) y de la guerra de Afganistán (92.000 documentos), y más tarde, documentos diplomáticos del Departamento del Estado norteamericano.
Otro de los logros de Assange, Farrell y equipo fue tejer una red global para traducir toda esa información a 16 idiomas, tener presencia en 100 países con más de 700 nodos globales y ser fuente de información de tradicionales diarios comerciales.
“Como consecuencia directa de ese acto Julian fue privado de su libertad y está destinado a pasar sus días en un cuarto pequeño en una embajada en Londres, separado de sus hijos”, dijo Farrell, una de las personas que estuvo junto a Assange los últimos seis años de Wikileaks, los más movidos. “En el mismo año (2010) se abrió una investigación -confirmada en mayo de este año- que busca procesar a Julian y a otros de Wikileaks, probablemente a mí también”, cuenta. “Se revelaron documentos del proceso judicial que demuestran que los crímenes que buscan acusarnos incluyen terrorismo y espionaje”, dice Farrell, y traduce: “A las publicaciones las llaman terrorismo y al periodismo, espionaje”.
Farrell exige, nada menos, un proceso judicial que respete las garantías de Assange, algo que hasta ahora no ha ocurrido. Cuenta Farrell: “Los fiscales suecos interrogaron a 44 personas en el Reino Unido, pero a Julian no le ha sido dada la posibilidad de contar su versión y responder a las acusaciones en su contra”. Respecto a esto, la Corte Suprema de Suecia falló en contra la fiscal general de ese país por no brindarle esa posibilidad, pero el proceso sigue.
Las palabras finales del otrora editor de Wikileaks sintetizaron la jornada: “Él peleó por nuestros derechos y es por eso que nosotros debemos pelear por los de él. Liberen a Julian Assange”.
Últimas noticias
A las 18:30 en punto apareció un Assange canoso en pantalla, con un fondo blanco. Saco, camisa y corbata y barba de pocos días. Saluda, muestra a al gato que lo acompaña y cuenta que no pudo dormir en toda la noche “pensando en la salida del Reino Unido de la Unión Europea”.
Assange arranca por la coyuntura: “En este momento en el Reino Unido tenemos una guerra civil entre dos partes de partido Conservador”. Fiel a su estilo, manotea “su cable favorito” de una de las partes (que define como “la transatlántica”), que según él sintetiza el tironeo que vive el país donde se asila. Luego, conecta esa información con las causas que lo mantienen encerrado. Assange lee un cable “escrito para Washington por el embajador estadounidense en el Reino Unido”. Dice esa cable: “Queremos un régimen pro Estados Unidos”. Assange: “Estas son las personas con las que he estado lidiando estos 4 años”.
Assange se esfuerza por tirar puentes con Argentina, para complacer al auditorio, y compara: “No tengo el currículum de la Ministra de Asuntos Exteriores de Argentina, pero todo indicaría que se puede pensar de esta manera”.
Sigue luego con el Brexit: para resumir, la mayoría de las personas votaron que el Reino Unido dejara la UE, y el Primer Ministro anunció su renuncia. Assange plantea que son cuatro los grupos de poder que pujaban en diferentes direcciones: la derecha que se quería quedar en la UE, bancando lo que llama “el imperio de Estados Unidos”; la derecha que votó por irse y apostar al “viejo imperio” del Reino Unido; la izquierda que planteaba quedarse en la UE, definida por Assange con la frase “otro mundo no es posible”; y la izquierda que quería irse planteando que sí era posible otro mundo.
“A pesar de que Hillary Clinton, Obama y todo el poder mundial pidieron permanecer, la gente votó lo contrario”. Entonces: “Llega a su fin la capacidad de Estados Unidos para manejar a la Unión Europea”. Luego dedicó un párrafo a la situación Malvinas: “A mediano plazo hay manera de mejorar la resolución de conflictos entre Argentina y Reino Unido”. Aunque “es cierto que está el Movimiento Nacionalista de rechazo a la UE. Si este ánimo nacionalista no baja, va a ser difícil negociar. Pero la posición ha mejorado”.
¿Por qué la gente votó la salida? Assange analiza: “Sí tiene que ver con el racismo, sí con la inmigración, pero también tiene que ver con que toda una clase social se habían convertido en inmigrantes a pesar de haber nacido en el Reindo Unido. A qué me refiero con eso: el inmigrante, el refugiado, hoy no tiene poder en la sociedad. La clase trabajadora de este mismo país también empezó a sufrir ese mismo destino. Así que se pusieron en contra del establishment. En contra del poder del establishment de Estados Unidos. E hicieron exactamente lo opuesto de lo que les habían dicho que hicieran. Y sí, en parte beneficia a la derecha populista. Pero también beneficia a la izquierda populista”.
Assange cuenta que el próximo lunes habrá una reunión de emergencia entre la mandantaria alemana Ángela Merkel, el presidente del Concejo Europeo, el presidente de Francia y el primer ministro de Italia “para estructurar una nueva Union Europea de la cual otros países no puedan desprenderse”.
Sus conclusiones al respecto son dos:
- En este momento en Europa puede pasar cualquier cosa.
- Europa intenta recuperar legitimidad política y no simplemente ser un refugio para los grandes banqueros.
Así, la conexión #FreeAsange deja en claro que en estos tiempos difundir otras lecturas de la coyuntura encarna en su figura un delito. Y que eso nos pone a todxs en peligro.
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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