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Fue femicidio: en atento silencio y durante 5 horas cientos de personas escucharon el pedido de perpetua para los imputados por el crimen de Lucía

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Gracias a una colecta autogestiva, por primera vez en la historia pudo seguirse desde la calle una audiencia de alegatos acusatorios, algo que se originó porque el Poder Judicial utilizó una sala diminuta para un juicio enorme: el femicidio de Lucía Pérez. Lo que escucharon esas personas durante más de cinco horas, en atento silencio y tomando nota, fue la condena pedida por la querella: perpetua para Matías Farías y para Juan Pablo Offidani por considerarlos responsables de violar y matar a la joven de 16 años. El pedido del fiscal Leandro Arévalo: perpetua para Farías y 20 años de reclusión para Offidani. El repaso de los chats, las declaraciones claves, y lo que se seguirá investigando: el falso testimonio del médico que firmó el acta de defunción, la operación de encubrimiento, y si hubo más personas en la escena del crimen.

En una jornada histórica dada por el contexto callejero las partes acusatorias fundamentaron las penas solicitadas para los dos imputados por el femicidio de Lucía Pérez. El fiscal Leandro Arévalo solicitó prisión perpetua para Matías Farías por considerarlo «autor penalmente responsable de abuso sexual con acceso carnal agravado por resultar en la muerte, y agravado por suministrar estupefacientes, en marco de un contexto de violencia de género, en concurso ideal con la figura de femicidio»; y 20 años de reclusión para Juan Pablo Offidani, por considerarlo colaborador secundario, figura agravada por la vulnerabilidad de la víctima.  

Por su parte, las abogadas Florencia Piermarini y Verónica Heredia -que representan a la familia Pérez Montero- pidieron la misma pena para ambos imputados: perpetua. A diferencia del alegato del fiscal Arévalo, las abogadas expusieron cómo Offidani fue partícipe primario de la violación seguida de muerte de Lucia.

Las irregularidades del proceso

En el inicio del alegato el fiscal Leandro Arévalo pidió públicamente disculpas como parte del Ministerio Público Fiscal por los errores y perjuicios causados por los anteriores fiscales en el juicio, y aclaró que esa falla generó pérdida de pruebas. Puntualizó algunos de esos “errores”: las irregularidades en el acta inicial realizada en el domicilio de Farías, el no secuestro de celulares, la no realización del test de orina y sangre en ese primer momento, que Farías haya dormido en su casa la noche siguiente de la muerte de Lucía, entre otras. Además agregó que no hubo autopsia sino hasta 24 horas más tarde. Y que inexplicablemente la fiscalía anterior aceptó que el imputado Farías presente su declaración redactada por su abogada defensora, sin dar lugar a preguntas. También explicó las dificultades de acceder a los cruces de llamadas. 

Otra irregularidad: “Inconcebiblemente la instrucción permitió que un imputado (Matías Farías) entregue su declaración escrita por su defensora. Tenemos un código procesal que marca el confronte como la regla básica. No respondió preguntas y ahí cerraron el acta. Es inconcebible: se desperdició un acto valiosísimo”.  

El fiscal Arévalo explicó que hubo datos borrados del celular de Matías Farías, ya que 48 horas después, en el día de la detención, ya tenía otro chip. A su vez, Juan Pablo Offidani, también borró información clave de su teléfono. Tampoco se pudieron recuperar las conversaciones que ambos imputados mantuvieron el día del crimen: borradas. Toda esta pérdida de pruebas fue posible porque ninguno de esos teléfonos fueron retenidos en el momento en que ambos dejaron el cuerpo ya muerto de la adolescente en la salid de salud de La Serena.

Durante su exposición el fiscal resaltó : “Nuestra formación nos hizo creer que la formación androcéntrica era normal: casos como este nos hacen sacar el antifaz de los ojos”. En ese sentido puso el eje en que los actos de Lucía Pérez y Matías Farías no pueden ser “tomados como acto de iguales». Se preguntó: “¿Cómo vamos a hablar que son iguales una persona de 16 años y vive con sus padres y alguien que tiene dos hijos y fue condenado por venta de estupefacientes a menores?”. 

Este argumento fue retomado por las abogadas de la familia, para derribar el mito de una relación sexual consentida, principal argumento de las defensas de los acusados.

Los chats de Farías: “Buscame chicas”

El fiscal dio cuenta de que Matías Farías le había dicho a Belén, compañera de colegio de Lucía y nexo entre ambos, la frase textual: “Buscame chicas”. Concluyó al respecto el fiscal: “No iban a la puerta del colegio solo a buscar clientes para venderles drogas: iban a buscar alguien con quien satisfacer su apetito sexual, iban a buscar nenas”.

También resaltó el acoso de Farías el día previo: la cantidad y frecuencia de los mensajes que le vio, las veces que Lucía lo rechazó y trató de esquivarlo, hasta que finalmente aceptó verlo. El fiscal reveló el motivo: Farías le había «fiado» marihuana el día anterior, y con el cobro fue la excusa para acosar. «¿Qué dealer fia droga? Es inaudito, salvo que tenga otra finalidad», remató Arévalo. ¿Cúal era? La respuesta del fiscal: “Lucía fue a la casa de Farías a saldar una deuda”. Y remarcó: “No encontramos en la vida de Lucía algún indicador de que tenga un interés en Farías. La falta de interés está también en el propio chat”. 

El rol de Offidani

Recordó que los “ informes dan cuenta de una violencia en la relación sexual”, y que eso se evidencia en la presencia de equimosis. “Hay de todo menos consentimiento”, dijo. 

A Juan Pablo Offidani el fiscal lo describió como “socio” de Farías y aseguró, citando pruebas: “Offidani sabía perfectamente lo que iba a hacer, lo que iba a buscar». Remarcó su «carácter perverso que demuestra ser un adicto a la pornografía”, dado que el historial de búsquedas de Offidani “es una inagotable conexión de visitas a sitios de pornografía de cualquier tipo. Más del 50% de la búsqueda web de Offidani está vinculada a pornografia”. Según detalló el fiscal, en la mayoría de esos vídeos aparecen mujeres en situación de sometimiento y de violencia.

Por ello Arévalo sostuvo los mismos agravantes para ambos imputados: 

  • Ponderó la edad de la víctima
  • El aprovechamiento de su vulneravilidad
  • La violencia sexual, teniendo en cuenta las lesiones constatadas
  • El contexto generalizado de violencia de género
  • Y el carácter oneroso del suministro de estupefacientes

El alegato fiscal terminó con la lectura de un chat que mantuvo en esos días Lucía con su mejor amigo, a quien le dice: «Ahi llegó mi mamá. Trajo fiambre y caramelos. Y si: soy mamera».

«Esa era Lucía», concluyó el fiscal.

La falta de consentimiento 

Luego de un cuarto intermedio, comenzó el alegato de la querella. La abogada Florencia Piermarini centró su intervención en el rol de Farías y, en particular, la jurisprudencia penal sobre un tema clave para evaluar la sentencia: el consentimiento. “No se puede presumir bajo ningún punto de vista el consentimiento de Lucía Pérez”. Agregó que la joven era “triplemente vulnerable” por su edad, por ser mujer y por ser a quien le estaban vendiendo droga. 

Otro punto central fueron las lesiones encontradas en el cuerpo de Lucía. Explicó detalladamente una en particular: las marcas que tenía en el sacro, que según declararon las peritos solo puede originarse por la presión con violencia sobre una superfecie dura. Recordó entonces que los jueces, en la visita ocular al lugar del crimen, pudieron apreciar la coincidencia de las rústicas tablas de madera que forman el piso del cuatro. También recordó que una de las peritos explicó que por la posición del cuerpo era imposible que el sacro apoyara sobre el piso, salvo que se le levantaran las piernas bruscamente. Expresó entonces que eso era exactamente lo que Farías había hecho con Lucía: levantarle las piernas para penetrarla analmente. El detalle: lo hizo mientras la adolescente «comenzaba su proceso de muerte».

“Las lesiones son prueba de la falta de consentimiento de Lucía”, concluyó.

Se preguntó Piermarini: “¿De qué consentimiento estamos hablando? ¿El de una niña, de una mujer de 16 años drogada por un dealer y violada en forma brusca e intensa, mientras se estaba muriendo? Sin consentimiento la actividad sexual es una agresión sexual”. Dijo entonces que “considerar el consentimiento es ilegal y anticonstitucional».

La querella sintetizó así la situación del imputado: «Farías, un dealer que le dio a Lucía una cantidad indeterminada de cocaína mientras la violaba y le causó la muerte. Farías sabía lo que hacía: le suministró cocaína a una menor de edad para someterla sexualmente. Sabía que “el sexo brusco, intenso y violento en coordinación con consumo de drogas podía causar la muerte. Lo sabía por haber sido consumidor y por ser vendedor de drogas. Su muerte era un resultado probable, y no le importó”. 

Partícipe necesario

La abogada Verónica Heredia apuntó sobre el otro imputado Se preguntó: «¿Qué hacía Offidani mientras Farías violaba y drogaba a Lucía Pérez?”. Respondió: “Offidani tenía marihuana, drogas para vender a menores de edad, le había vendido a Lucía. También sabemos que era una persona que consumía todos los días cocaína, y que era un gran admirador de la potencia sexual de Farías, su compadre”. Luego detalló que entre las 12.54 hasta las 16.24 de la tarde del 8 de octubre de 2016 Offidani no usó su celular. “¿Qué pasó en ese momento? Lucía se estaba muriendo, Lucía estaba siendo drogada y violada por Farías y Offidani estaba de campana, protegiendo toda la actividad de Farías, sabiendo que nadie iba a poder socorrer a Lucía”. Luego, señaló: » A las 13.47 Offidani hizo un llamado que duró 2 minutos, 10 segundos: llamó a su papá, un reconocido escribano marplatense. » Relacionó esa llamado con la inusual llegada a la sala de salud de Serena de Pablo De la Colina, ex subsecretario de Salud municipal, quien se hizo cargo de la guardia y hasta firmó un certificado de defunción en blanco.

“¿Qué pasó entre la llamada que hace Offidani hasta que ingresa a buscar a Lucìa a la casa, alrededor de las 15 horas? En ese trayecto llega De la Colina (el médico) a la salita. Nunca De la Colina había ido a cubrir una guardia a la salita, era sorpresivo. tan sorpresivo fue que dejó un certificado de defunción firmado en blanco”. 

Dijo Heredia: “Entendemos que la participación de Offidani es de colaborador primario para que se produzca la violación y la muerte de Lucía”.  Por eso la abogada que representa a la familia Pérez Montero reclamó para Offidiani la misma pena que el fiscal Arévalo reclamó para Farías: perpetua.

Las investigaciones que se abren

Sobre el médico De la Colina (ex subsecretario de salud marplatense) Heredia solicitó al Tribunal que “se inicie una investigación por el posible delito de falso testimonio y falsificación de documento público”. 

Además solicitaron una investigación del ADN hallado en una colilla de cigarrillo en la cual se detectó una muestra correspondiente a la mezcla de dos individuos, uno es Lucia y otro no se sabe. “Solicitamos que el Ministerio Público Fiscal cumpla su promesa de investigar si hubieron más personas el 8 de octubre de 2016”.

Por último pidió al tribunal que constante cual de los dos informes sobre Farías era el legítimo, ya que bajo al mismo número hay dos contenidos diferentes.

El alegato de las abogadas concluyó pidiendo que se escuche al papá de Lucìa, Guillermo Pérez, quien dijo: «Le pido al Tribunal una condena». Con esas palabras terminó la audiencia.

Afuera, esperaban a la familia cientos de personas que acompañan el reclamo de justicia desde el inicio de este segundo juicio. Entre ellas, muchos familiares de víctimas de femicidios, que tomaron la palabra para apoyar a Marta, Guillermo y Matías, mamá, papá y hermano de Lucía, y para contar sus casos y dar contexto a todo lo que se habla cuando se habla de femicidios: de complicidad policial, de narcos, de Estado cómplice, de falta de justicia. 

Sobre el escenario y rodeada de otras familias Marta Montero dijo: “Los fundamentos y el pedido de perpetua para Offidani y Farías es lo que siempre sostuvimos, porque así fue: fue una cacería de una criatura. Les pido a los jueces que sean los ojos y oídos que Lucía no pudo tener más. Que ellos puedan escuchar a las dos abogadas y al fiscal. Esto fue un femicidio y pedimos perpetua para Juan Pablo Offidani y Matías Farías”. 

Los alegatos de las defensas serán el próximo martes 28 desde las 9 de la mañana.

Se espera que aproximadamente una semana después, los tres jueces den su veredicto.

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Encuentro a la hora del té: Hebe de Bonafini, Chicha Mariani y una reunión para hacer historia

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Tiempo, emoción y galletitas. Memoria, humor y lucidez. Esos fueron algunos ingredientes de una reunión histórica y nutritiva ocurrida en 2010 entre Hebe de Bonafini y María Isabel Chicha Mariani. Una charla para recordar un día como hoy, 4 de diciembre, en el que Hebe cumpliría años, porque cuenta parte del nacimiento de un inédito tipo de movimiento social conformado por mujeres desesperadas ante la desaparición de sus hijas e hijos, nietas y nietos, tras el golpe del 24 de marzo de 1976. ¿Por qué recordar? Porque quienes olvidan todo o tienen amnesia, no saben quienes son hoy, en este momento.

Este encuentro de 2010 ocurrió en La Plata entre dos vecinas: Hebe (fallecida en 2022, quien era presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo) y Chicha (quien fallecería en 2018, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo). Estaban distanciadas desde hacía 29 años, y la propuesta de nota en MU permitió reunirlas. ¿Qué nos dicen sobre el presente los primeros tiempos en la historia de lucha por la aparición de sus hijos y nietos? Los viajes, las gestiones, las anécdotas, la causa de la pelea, sus reflexiones e intercambios, en los principales tramos de esta conversación inolvidable.

Por Sergio Ciancaglini

A las 6 de la tarde sonó el timbre, con una puntualidad de los tiempos en que vida o muerte podían depender de la exactitud de las citas de madres, abuelas y familiares de desaparecidos. En la casa de la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel Chorobik de Mariani, Chicha, había una mesa con tetera, tazas y medialunas, que por un rato desplazaron expedientes judiciales, recortes de diarios y denuncias de su creación más cercana, la Asociación Anahí. A esa casa de la calle 47 de La Plata, llegó Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, con masas, un huevo de Pascua (enviado por Alejandra, su hija) y galletas dietéticas.
Besos, abrazos. Chicha ha perdido casi totalmente la vista. Por eso es Hebe la que dice: “Nos vestimos igual. Estamos en la misma murga”. Las risas ayudaron a sobrellevar la emoción de este encuentro en el que cada palabra y cada silencio tuvieron una carga que mejor que adjetivar, es conocer.
Chicha tiene 86 años, Hebe 81, y ambas una lucidez sin edad.
Se habían distanciado hace 29 años. Se volvieron a ver en marzo, en una exposición sobre Clara Anahí, la nieta que Chicha busca desde noviembre de 1976. Hebe fue a esa muestra en Canal 7, y del reencuentro fugaz nació la idea de una charla con MU. Con tiempo, té y galletitas.

Encuentro a la hora del té: Hebe de Bonafini, Chicha Mariani y una reunión para hacer historia

La reunión en casa de Chicha, después de 29 años distanciadas. Foto: lavaca.org

Sonrisas junto al paraíso

Hebe tiene dos hijos desaparecidos, Jorge y Raúl. A Enrique Mariani, el hijo de Chicha, lo mataron en 1977. En noviembre de 1976, un ataque de la Bonaerense bajo órdenes de Ramón Camps reventó literalmente la casa donde había al menos cinco personas que fueron acribilladas, entre ellas la nuera de Chicha, Diana Teruggi. Allí estaba Clara Anahí, tres meses de edad.
Hebe y Chicha se conocieron en noviembre de 1977, con la llegada a Buenos Aires de Cyrus Vance, enviado del presidente norteamericano James Carter, que iba a participar en un acto en Plaza San Martín. Chicha: “Yo había conocido a Licha (Alicia De la Cuadra, un hijo y una hija embarazada desaparecidos) y me dijo que podíamos ir a darle un ‘testimonio’ a Vance. Yo era una bruta, daba clases de Artes Visuales en el Liceo de La Plata pero no sabía viajar a Buenos Aires. Aprendí que un testimonio era un papel con mi caso. Cuando llegué me quedé paralizada. Estaban los funcionarios, todo lleno de milicos armados, los perros, en otro lugar había mujeres. Todas empezaron a gritar. Y se pusieron los pañuelos que tenían escondidos. Y yo sin saber qué hacer, con el papelito apretado contra el pecho. Vino una mujer corriendo, me dijo: ‘Dame el testimonio’, y se lo llevó a Cyrus Vance. Era Azucena Villaflor, la fundadora de Madres”.
Con Licha ya habían resuelto encontrarse allí mismo con otras mujeres que buscaban a sus nietos. “Nos juntamos abajo de un paraíso, frente al Colegio Militar. Nos debían estar filmando desde adentro. Conocí a Ketty (Beatriz Neuhaus) y me llevé una sorpresa: me saludó con una sonrisa. Y Eva Castillo, lo mismo. Pensé que no tenía que andar con esa cara de desgraciada, si ellas intentaban que el encuentro no fuera tan ingrato”.
Así, el 21 de noviembre, nacía Abuelas. Hebe, intencionadamente: “¿No era el 22 de octubre, entonces?” La diferencia de fechas es parte tal vez de las distancias nacidas con la salida de Chicha de Abuelas, en 1989. “Hubo cosas que no me gustaron y siguen sin gustarme, pero no quiero hablar de eso. No quiero que nada demore el trabajo de buscar a mi nieta”. Hebe: “Pero tu trabajo fue fundamental, y en los momentos más difíciles con vos al frente, fue que lograron recuperar a los primeros 60 chicos. Todos lo sabemos. Y por eso te quiero decir que todas las Madres te mandan un beso grande, te apoyamos totalmente en lo que necesites”.
Chicha se emociona, y me cuenta: “Pero aquel día, cuando me iba a volver, la veo a Hebe que dice: ¿quién va para La Plata? Cuando me acerqué, no me preguntó si quería que fuéramos juntas. Directamente me dijo: ¡vamos!” Se ríen y Hebe agrega datos no descartables: “Los pañuelos eran en realidad los viejos pañales que guardábamos para nuestros nietos. Los habíamos usado primero en octubre, para poder reconocernos en una marcha a Luján. Las que nunca los usaron fueron Azucena, y Esther Careaga, porque decían que parecíamos monjas”. Azucena, Esther y Mary Bianco desaparecieron poco después, en diciembre de 1977, operativo de la ESMA alrededor de la Iglesia de la Santa Cruz, merced a la infiltración de un falso hermano de desaparecidos, que en realidad era Alfredo Astiz.
 

Madre de la bombacha roja

Los viajes de estas dos mujeres recién comenzaban. Chicha empieza a reírse, recordando uno de sus regresos en colectivo, desde Quilmes.
 
Hebe: Yo iba con la carpeta de denuncias, paraguas, piloto, fiambres y chorizos.
Chicha: Y yo llevaba salamines, lo hacíamos medio para disimular, y para hacer algún mandado de paso.
H: Cuando llegamos, me paro, se me cae la pollera, y quedo en bombacha.
C: Escuché la risotada de Hebe, que para no largar los chorizos no se subía la pollera. No la veía bien porque yo iba agarrada a los salamines. Pensé que tenías combinación.
H: ¡No! Para mi las enaguas eran cosa de vieja, y para colmo me habían regalado una bombacha roja y era justo la que llevaba puesta. Más trola imposible.
Otra ronda de té. Chicha toca la mano de Hebe.
 
C: Pero te quiero recordar algo más, también por el 77 o 78. Un día apareciste con vestido celeste, planchadito. La noche anterior se había escuchado un tiroteo. Viniste a avisarme que ibas a ver qué pasaba. Y llevabas una canastita con comida por si había alguien que necesitara algo. Te pregunté si querías que fuera con vos, dijiste que no. Fue una prueba de coraje. Yo no me atrevía a ir.
H: Esas cosas nacen pensando en que si tu hijo está en esa situación…
C: El tema es cómo superar el miedo sin paralizarse.
H: Las mujeres lo sabemos. Es como parir. No pensás en vos, ni en quedarte quietita, pensás que tenés que hacer fuerza para que nazca y sea sano. Pero además, se llevan a tu hijo ¿Hay algo peor, más horrible? Así que nada: hay que seguir.
C: Yo pensaba que si me llevaban no iba a aguantar ni dos minutos en la mesa de torturas. Soy muy sensible al dolor. Mi ilusión era morirme enseguida. Qué tonta, ¿no?
H: Una piensa estupideces. Yo andaba siempre con cepillo de dientes, calzoncillos y pañuelitos en una bolsita, por si encontraba a mis hijos. Todos éramos muy inocentes. Hasta los chicos. Un día entro al cuarto del mayor y estaba con unos amigos, todos atándose. ¿Qué hacen? “Practicamos cómo desatarnos por si nos agarran”. Creían que les iban a dar tiempo.
C: Nunca imaginaron la perversión.
H: Habían preparado todo para saltar a lo del vecino. Pobres. A uno de mis hijos lo encontraron por mi vecina, que dijo que había reuniones en la casa y pasaba algo raro.
C: Pensar que tanta gente pudo ayudar, pero se calló. No sé qué tenemos adentro. El enano fascista.
H: Pero fijate al revés: otro vecino salió a avisarle a mi hijo que lo esperaba la policía, y entonces se lo llevaron a ese vecino. Después lo soltaron, pero el tipo no quería ni verme. Es difícil juzgar.
C: Sí, pero yo veo que tenemos raíces. Hace mucho quiero hacer un libro, la Historia de la Infancia Argentina. Desde los españoles que llevaban chicos y chicas indígenas como esclavos y sirvientes, después los terratenientes con derecho a hacerles hijos a las mujeres campesinas y apropiarse de ellos. El derecho de pernada, que todavía existe, del patrón sobre la primera noche de cada niña. Hagamos un salto: llegan los militares, se llevan a los chicos, y mucha gente lo ve bien. Yo creo que es todo ese residuo ancestral, que produjo la enorme vergüenza de un pueblo que se supone culto, pero no abrió la boca, no tomó la defensa de ningún niño. Me atrevo a decirlo porque es mi pueblo. Pero no puede ser que haya parecido normal que los chicos sean secuestrados y apropiados.
H: Hacé el libro. Nosotras lo podemos imprimir.
C: Te cuento algo más. El secretario de Pío Laghi, monseñor Celli, les dijo a dos abuelas, Elba Ford y Delia Penela: “Dejen de molestar, imagínense los chicos están con familias que pagaron 4.000 pesos por cada uno, eso les dice que los van a cuidar bien”.
 
Hebe da un respingo. “Tengo una información muy importante que contarte cuando estemos solas”.
Les propongo apagar el grabador. “No, totalmente solas. Encerradas en el baño”, dice Hebe, entre las carcajadas de Chicha. ¿El baño es un lugar para intercambiar datos? Hebe: “Claro. Hay cagadas, pero de otra clase”. Chicha: “Me estoy divirtiendo. Mirá, cada una habrá hecho o dicho cosas. Pero somos leales”. En una época engañaron a Chicha diciéndole que podría recuperar a su nieta. “Le hice a Hebe un poder para que cuidase a mis padres por si yo tenía que irme al exterior. Todavía lo tengo guardado”.
 

El día que se distanciaron

Siguen las cataratas de diálogos:
C: ¿Te acordás cuando estuvimos con Sandro Pertini? (Presidente de Italia)
H: Estábamos en un departamentito vacío, con dos camas y dos colchones. Como éramos cuatro (con Elida Galetti y María Del Rosario Cerrutti) nos turnábamos: cama sin colchón, o colchón en el piso. Calentábamos agua en una jarrita para poder bañarnos.
C: Salimos de compras y vos llevabas la comida en una bolsita.
H: Comprar era un lío, como no sabíamos italiano, tenía que hacer el gesto de limpiarme el que te dije para que entendieran de queríamos papel higiénico.
C: Y de repente nos avisan que vayamos urgente al Quirinale, que Pertini nos iba a recibir. Salieron los del protocolo, agarraron nuestros tapados pero Hebe no quería darles el tapadito ni la bolsa de comida.
H: ¡Con lo que nos costaba la comida, mirá si se las voy a dar! Además yo había salido así nomás, con ropa medio feona, no quería sacarme el tapado. Pertini lloró con nosotras, denunció a la dictadura. No lo reconoció a Videla. Fue de los pocos.
C: Pero cuando salimos, en esos salones principescos, había un sillón de terciopelo con la bolsita de nuestra comida.
¿Cuándo se distanciaron?
C: Capaz que ni te diste cuenta. Yo me enojé con vos en la Catedral de Quilmes. Las Madres la habían tomado. Yo las acompañaba. Seríamos 20 entre todas. Hiciste un comentario de esos que hacés vos, fuerte. Yo dije: “No podemos seguir discutiendo”, y me abrí.
H: Ya me acuerdo, fue en 1981, después de la primera Marcha de la Resistencia. Claro, lo querían mucho al obispo (Jorge Novak) y yo le decía de todo. Fue así: terminó la Marcha y nos fuimos para Quilmes. Teníamos termos, frazadas, hasta walkie talkie (en la era pre-celulares y pre-Internet). Estábamos comiendo heladito en la plaza, todas separadas para que nadie se diera cuenta. Juanita Pergament se encargaba de la prensa. Pero llegó antes de tiempo con los periodistas, tiramos los helados y nos metimos corriendo antes de que nos cerraran la Catedral. Se armó un quilombo padre. Y ya ni sé qué le habré dicho al viejo ese. Me decían: “Claro, tomás la Catedral del que sabés que no te va a echar”. Y claro, no iba a ir a una donde nos rajaran. El ayuno duró 12 días, hasta Navidad. Pero es cierto, siempre fui una desbocada. Ella no (señalando a Chicha). Ella lo que tuvo es el rigor, la prolijidad para investigar todo. Impresionante.
C: Mi desesperación era encontrar a Clara Anahí. Todo lo que fuera distraer esa búsqueda para discutir, me sacaba de quicio. Pelear con Hebe no tenía sentido. Además, te acordás que una vez en tu casa te dije: mi hijo está muerto. Mi búsqueda es diferente. Las Abuelas tenemos que recurrir a la justicia. Las Madres tienen otro reclamo. Fue bueno que cada una fuera por su lado.
  

La hora del secreto

Hebe cuenta que a pedido de su hijo Raúl una vez sacó a una mujer y a un chiquito al Brasil, todos con documentos falsos, en plena dictadura. “Lo llevaba en brazos yo, porque si agarraban a la mamá, por lo menos se salvaba la criatura”. Chicha tuvo lo suyo, pero en democracia: “Con Mirta Baravalle, una valiente, llevamos a un chiquito a Brasil, donde tenía familia. La mamá había muerto ese día en el ataque a La Tablada (enero de 1989). Lo hicimos en secreto. Nunca supe de él”.
 
¿Cuáles son las claves para actuar en estas situaciones donde todo parece en contra?
C: Hay que aprender a mirar para afuera de uno, de la casa, captar todo lo que hay alrededor. Aprender todo lo que quepa en el cerebro, en el cuerpo y en la memoria.
H: Es cierto. No pensar en uno. El otro soy yo. Lo que le pasa al otro me pasa a mí. Y no parar. Como hizo Chicha. Lo que está haciendo ahora es muy importante con la Asociación Anahí. Hay que conocer eso. Porque ella tiene un modo especial que le llega mucho a la gente. Hoy como funciona la política, no sirve. Hay que cambiar el estilo. A nadie le interesa hablar de marxismo, trotskismo ni peronismo. No te dan bola. Funciona que haya gente como Chicha, o las cosas que hacemos nosotros con el Ecunhi (Espacio Cultural Nuestros Hijos, en la ex ESMA), con la Universidad, la radio y todo lo demás”.
 
Sobre el presente, Chicha dice: “El gobierno hizo avances, pero para mí falta que apuren a las fuerzas militares para que digan qué pasó con los desaparecidos y los chicos apropiados. Lo saben, tienen el material. Entonces, que digan la verdad”.
Hebe: “¿Te digo lo que te tengo que contar”. Chicha le responde “vamos” y zarpan las dos tras una puerta vaivén. La reunión no fue en el baño, sino en la cocina de la casa de Chicha. Vuelven, sin apiadarse del cronista.
Hebe: No sabés lo que te perdiste.
Chicha: Ya lo sabrás alguna vez.
Hebe: Ella sabe unas cosas. Yo sé otras. Es lo que hicimos siempre. Juntar lo que cada una sabe, y armar el mapa, para saber dónde estamos paradas.

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Orgullo

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Texto de Claudia Acuña. Fotos de Juan Valeiro.

Es cortita y tiene el pelo petiso, al ras en la sien. La bandera se la anudó al cuello, le cubre la espalda y le sobra como para ir barriendo la vereda, salvo cuando el viento la agita. Se bajó del tren Sarmiento, ahí en Once. Viene desde Moreno, sola. Un hombre le grita algo y eso provoca que me ponga a caminar a su lado. Vamos juntas, le digo, pero se tiene que sacar los auriculares de las orejas para escucharme. Entiendo entonces que la cumbia fue lo que la protegió en todo el trayecto, que no fue fácil. Hace once años que trabaja en una fábrica de zapatillas. Este mes le suspendieron un día de producción, así que ahora es de lunes a jueves, de 6 de la mañana a cuatro de la tarde. Tiene suerte, dirá, de mantener ese empleo porque en su barrio todos cartonean y hasta la basura sufre la pobreza. Por suerte, también, juega al fútbol y eso le da la fuerza de encarar cada semana con torneos, encuentros y desafíos. Ella es buena jugando y buena organizando, así que se mantiene activa. La pelota la salvó de la tristeza, dirá, y con esa palabra define todo lo que la rodea en el cotidiano: chicos sin futuro, mujeres violentadas, persianas cerradas, madres agotadas, hombres quebrados. Ella, que se define lesbiana, tuvo un amor del cual abrazarse cuando comenzó a oscurecerse su barrio, pero la dejó hace apenas unas semanas. Tampoco ese trayecto fue fácil. Lloró mucho, dirá, porque los prejuicios lastiman y destrozan lazos. Hoy sus hermanas la animaron a que venga al centro, a alegrarse. Se calzó la bandera, la del arco iris, y con esa armadura más la cumbia, se atrevió a buscar lo difícil: la sonrisa.

Eso es Orgullo.

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Al llegar al Congreso se pierde entre una multitud que vende bebidas, banderas, tangas, choripán, fernet, imanes, aros, lo que sea. Entre los puestos y las lonas que cubren el asfalto en tres filas por toda Avenida de Mayo hasta la Plaza, pasea otra multitud, mucho más escasa que la de otros años, pero igualmente colorida, montada y maquillada. El gobierno de las selfies domina la fiesta mientras del escenario se anuncian los hashtag de la jornada. Hay micros convertidos en carrozas a fuerza de globos y música estridente. Y hay jóvenes muy jóvenes que, como la chica de Moreno, buscan sonreír sin miedo.

Eso es Orgullo.

Orgullo

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Sobre diagonal norte, casi rozando la esquina de Florida, desde el camión se agita un pañuelazo blanco, en honor a las Madres, con Taty Almeyda como abanderada. Frente a la embajada de Israel un grupo agita banderas palestinas mientras en las remeras negras proclaman “Nuestro orgullo no banca genocidios”. Son quizá las únicas manifestaciones políticas explícitas, a excepción de la foto de Cristina que decora banderas que se ofrecen por mil pesos y tampoco se compran, como todo lo mucho que se ofrece: se ve que no hay un mango, dirá la vendedora, resignada. Lo escaso, entonces, es lo que sobra porque falta.

Y no es Orgullo.

Orgullo

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

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Orgullo

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Cómo como 2: Cuando las marcas nos compran a nosotros

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(Escuchá el podcast completo: 7 minutos) Coca Cola, Nestlé, Danone & afines nos hacen confiar en ellas como confiaríamos en nuestra abuela, nos cuenta Soledad Barruti. autora de los  libros Malcomidos y Mala leche. En esta edición del podcast de lavaca, Soledad nos lleva a un paseíto por el infierno de cómo se produce, la cuestión de la comida de verdad, y la gran pregunta: ¿quiénes son los que realmente nos alimentan?

El podcast completo:

Cómo como 2: Cuando las marcas nos compran a nosotros

Con Sergio Ciancaglini y la edición de Mariano Randazzo.

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