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Homenaje a Andrés Carrasco: ciencia sin patrón

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La Facultad de Ciencias Médicas de Rosario homenajeó al Dr. Andrés Carrasco tras su fallecimiento, propuso el Día de la Ciencia Digna y lanzó una de sus propuestas para generar una Red de científicos comprometidos. Además, se leyó uno de los últimos textos de Carrasco. Darío Aranda relata para lavaca experiencias y emociones del acto
rosario
La ciencia no es neutral ni objetiva. La ciencia siempre tiene ideología y un sentido político. La ciencia puede aportar a la liberación o al sometimiento. La ciencia puede ser aliada de las corporaciones o estar al servicio del pueblo. Son algunas de las definiciones de la Declaración Latinoamericana por una Ciencia Digna, un espacio que reúne a medio centenar de científicos de cinco países, críticos al modelo transgénico y al extractivismo. El borrador del escrito fue redactado por Andrés Carrasco, el embriólogo molecular que confirmó en 2009 los efectos devastadores del agroquímico glifosato y que falleció en mayo pasado. Parte de su legado es la conformación de una red de académicos críticos al modelo de ciencia oficial que está al servicio de multinacionales.
La Facultad de Ciencias Médicas de Rosario es un edificio centenario. Una casa de estudios atípica, que por resoluciones del Consejo Superior (mayor órgano colegiado) cuestionó al modelo de agronegocios y a la megaminería. Y el 16 de junio pasado dio otra paso: designó esa fecha como el Día de la Ciencia Digna, en homenaje a Andrés Carrasco, a conmemorarse todos los años.
Damián Verzeñassi es médico, subsecretario académico y docente de la materia Salud Socioambiental. Está en el auditorio de la Facultad y coordina el homenaje a Carrasco. “Hoy es su cumpleaños, 16 de junio, y lo recordamos celebrando su vida, su compromiso, que nos llama a no bajar los brazos”, comienza Verzeñassi, ante los asistentes que no ocultan la tristeza.
Toma la palabra otro Damián, Marino, del Centro de Investigación de Medio Ambiente (CIMA) de la Universidad Nacional de La Plata. Investiga el efecto de plaguicidas y conoció a Carrasco. “Nos forman para ver quién publica el mejor ‘paper’, pero hoy ya no podemos hacer eso, debemos plantearnos qué aportamos a la sociedad”, reclamó. Repasó que en sus estudios confirmó que las plazas de los pueblos agropecuarios tienen más agroquímicos que los propios campos sojeros y sinceró que, al investigar los efectos del modelo agropecuario, muchas veces sus pares le preguntaron lo mismo: “¿No te persigue el Conicet (el mayor órgano oficial de ciencia de Argentina)?”. Remarcó que Carrasco le solía decir que las investigaciones científicas no debían quedar encerradas en el ámbito académico, que debían ser difundidas a la sociedad. Y cuestionó a las cúpulas universitarias: “En la Facultad de La Plata los científicos no supieron del fallecimiento de Andrés, pero sí lo supieron y lamentaron los estudiantes”.
El decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario, Miguel Farroni, afirmó que la premisa de la casa de estudios es el compromiso social de los egresados y que los científicos deben exponerse a la sociedad. Valorizó a Carrasco por animarse a alertar los riesgos en la salud del pueblo y lamentó que muchos otros científicos silencien las consecuencias del modelo transgénico: “Ningún intelectual debe ser asalariado del pensamiento oficial”, chicaneó a quiénes no hablan por temor a perder subsidios o represalias de funcionarios de turno.

Miguel Farroni

Miguel Farroni, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario


 Madres y pueblos fumigados
Daniel Verzeñassi, del Foro Ecologista de Paraná, recordó que los críticos al modelo agropecuario solían ser chicaneado por no tener “fundamentos científicos” en sus cuestionamientos. Y, en ese mismo sentido, revalorizó la importancia de que un académico como Carrasco haya investigado y hablado. “Sentimos que Andrés va a seguir diciendo y haciendo, porque sembró muchísimo. No pudimos estar con él tods las horas que quisimos, pero vamos a estar muchas más horas de las que imáginamos”, aseguró.
Carlos Manessi, del Centro de Protección de la Naturaleza (Cepronat), rindió el homenaje de los pueblos fumigados de Santa Fe a Carrasco y prometió seguir en la lucha. “Andrés nos inspira, seguiremos caminando junto a él. Nos iluminó”.
Sofía Gatica, de Madres de Ituzaingó Anexo de Córdoba, estaba conmovida. Recordó el día que un hombre golpeó la puerta de su casa, se presentó como científico y le dijo que ellas tenían razón en cuanto al efecto de los agroquímicos en la salud. Corría 2009 y Carrasco se acercaba por primera vez a las inspiradoras de su estudio, las Madres de Ituzaingó. Cuando las denuncias de las Madres llegaron a juicio, en 2012, los jueces le preguntaron a Carrasco por qué no había participado de la comisión creada por la Presidenta y encabezada por el Conicet para dilucidar los efectos del glifosato. Gatica resumió: “El Conicet le hizo la vida imposible a Andrés. Y la Presidenta se reúne con Monsanto. ¿Cómo iban a convocar a un científico que denuncia al modelo agropecuario?”.
Gatica apenas podía hablar. Afirmó que Argentina le debe mucho “al doctor Carrasco”, lamentó que muchos no sean conscientes de todo lo que él hizo, pero también se mostró esperanzada: “Las semillas que sembró Carrasco están germinando en toda la Argentina”. 
 Compañera
Alicia Massarini, doctora en ciencias biológicos, investigadora del Conicet y compañera de Carrasco, leyó una carta. “Quiero destacar de Andrés su apego incondicional a los principios éticos que inspiraron su actividad como científico y al mismo tiempo como ciudadano, como ser político. Y en relación con ello una decisión crucial: elegir entre las normas de legitimación del saber científico que impone la academia y las normas éticas que deberían orientar la responsabilidad social de los científicos. Andrés optó sin dudarlo por su compromiso con la sociedad”.
Detalló que, por esa elección de vida, pasó a ser blanco de agresiones y aprietes de abogados y matones de las empresas, pero sobre todo de una incesante campaña de desprestigio sin precedentes en la historia de la ciencia nacional, que no cesó ni cuando los resultados de sus investigaciones fueron publicados en una prestigiosa revista científica internacional. “Aunque nos llene de indignación este comportamiento de funcionarios, científicos y tecnócratas funcionales al modelo hegemónico, no debe asombrarnos. La desobediencia de Andrés desnudaba el lado oscuro y devastador de un modelo de producción agropecuaria basado en una tecnociencia instrumental, mercantil e irresponsable que se presentaba como virtuosa y progresiva”, denunció.
Reivindicó que que el saber científico no es neutral y destacó que Carrasco mostraba que había dos maneras de hacer ciencia: una “pueblocéntrica” inspirada en las necesidades sociales más acuciantes y otra “empresocéntrica”, funcional a la lógica del sistema, proveedora de insumos  tecnocientíficos y de un discurso legitimador que se reclamaba como universal y objetivo. “Andrés interpeló la lógica de la comunidad científica”, afirmó.
Hizo especial hincapié en que Carrasco no ubicaba su investigación como un verdad absoluta, sino como una contribución que cobraba sentido junto a otros saberes, los de los pueblos que desde hace años padecen, resisten y saben que los agrotóxicos enferman y matan. “Andrés supo que esta era una lucha fundamental en Latinoamérica y no dudó en poner todo su empeño y energía en estrechar lazos, intercambiar experiencias y ofrecer todo su saber al servicio de las causas que los movimientos sociales”, detalló Massarini. Y aseguró que Carrasco reinstaló el debate iniciado en latinoamericanos por Oscar Varsavsky, Amílcar Herrera o Jorge Sábato respecto a la no neutralidad de la ciencia y que reclamaban la necesidad de apostar a un proyecto propio, acorde a las necesidades y prioridades de los pueblos.
Ya con un nudo en la garganta, Massarini leyó las últimas oraciones: “Maestro, médico, científico, militante de la vida, compañero. Andrés, íntegro, único, indispensable. Andrés, siempre presente en nuestras luchas, siempre en nuestros sueños”.
 Científicos comprometidos
Carlos Vicente, de la organización internacional GRAIN, presentó un escrito de Andrés Carrasco, puntapié para el lanzamiento de la la Red de Científicos Comprometidos. Un texto largo, por momento con explicaciones técnicas que detalla por qué los transgénicos han demostrado su fracaso y confirmado su perjuicios a la salud y el ambiente. También, claro, el texto contiene aportes que no se disfraza de falsa neutralidad ni sin ideología (como suele argumentar buena parte del establishment científico):
-“El modelo de agronegocios y el control territorial: la apropiación por despojo de tierras y territorios debe ser vista en el marco de un diseño geopolítico extendido a lo largo y ancho de América Latina y que forma parte de un proyecto de dominación y control de la producción de alimentos mediante la diseminación legal e ilegal, de semillas genéticamente modificadas o transgénicas. Derogando así  la soberanía alimentaria de nuestros pueblos”.
-“El modelo extractivista, es una pieza fundamental del modelo neocolonial de apropiación por despojo. Es imposible entenderlo sino a través de un fuerte protagonismo de una tecnología amañada y con fundamentos científicos frágiles en concepción”.
-“Existe una ciencia cada vez más dependiente de los poderes hegemónicos, violando el derecho a una ciencia autónoma para beneficio directo de la sociedad”.
-“Los cultivos transgénicos son vehículos diseñados no para alimentar al mundo, sino para la apropiación sistemática e instrumental de la naturaleza; y sin duda un instrumento estratégico de control territorial, político y cultural, de una nueva etapa neocolonial”.
-“Los pueblos latinoamericanos tienen el derecho irrenunciable a desarrollar una ciencia transparente, autónoma y que sirva a sus intereses”.
-(Empresas y gobiernos) “Violan procesos biológicos con procedimientos rudimentarios, peligrosos y de consecuencias inciertas que mezclan material genético de las plantas con el de distintas especies (vegetales y animales)”.
-“El círculo se cierra al ocultar el condicionamiento y cooptación de instituciones como las universidades públicas y el sistema científico por las fuerzas económicas y políticas que operan en la sociedad. Logran así el mérito de ser la parte dominada de la hegemonía dominante”.
-“La manipulación genética es solo una tecnología y afirmamos que hoy no tiene una base científica sólida por lo que constituye un peligro para el equilibrio natural y la diversidad biológica y por lo tanto para el proceso evolutivo cuando ésta se aplica en la naturaleza”.
-“Hay grandes negocios y un enorme relato legitimador que los científicos honestos no podrán evitar interpelar, aunque las empresas transnacionales compren todas las editoriales de revistas científicas o bloqueen las publicaciones y voces que interpelan el sentido de la ciencia neoliberal-productivista. La ciencia, su sentido del para qué, para quién y hacia dónde, están en crisis y nosotros en la patria grande no podemos fingir demencia si queremos sobrevivir soberanamente”.
-“Ante el peligro de esta embestida neocolonial es urgente el debate sobre la autonomía en los países periféricos ante la prepotencia de las corporaciones y sus gobiernos en América Latina”.
 
El texto, escrito por Andrés Carrasco semanas antes de su fallecimiento, esboza conclusiones que también son llamados a la acción: “La activación del principio precautorio ambiental, biológico y alimentario debe ser inmediata. Debido a la debilidad y la falacia de los argumentos de los defensores (de los transgénicos), es urgente la prohibición absoluta de todo OGM en el territorio Latinoamericano” y, por otro lado, remarca la “necesidad urgente” de establecer un red de científicos con concepciones respetuosas de la complejidad y con capacidad de interpelar a las empresas y las comunidades científicas que sostienen y promueven los OGM”.
A la lectura le siguió el aplauso de todos los asistentes. El sueño de Andrés Carrasco, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad de América Latina, comenzaba a andar. A los pocos días, ya había más de 50 reconocidos y respetados académicos de Argentina, México, Ecuador, Costa Rica y Brasil.
Presente
Los hijos de Carrasco (Luciana y Andrés) y el nieto (Lucas, de 12 años) seguían el homenaje desde el fondo del auditorio, emocionados. Se acercaba el cierre del acto y Sofía Gatica, de Madres de Ituzaingó, pidió que sea ellos quienes hablen. Luciana pidió disculpas pero no podía hablar. Andrés Carrasco hijo agradeció el homenaje y pidió no bajar los brazos. Se excusó en que el hablar en público no era lo suyo, pero emocionó a todos.
Cuando el aplauso de cierre daba paso a la despedida, Lucas Vaca, de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida (de Córdoba, donde se oponen a instalación de Monsanto) tomó la palabra y, entre lágrimas y puño en alto, emitió un grito de lucha al que se sumaron todos los asistentes: “¡Andrés Carrasco… presente. Hoy y siempre!”.
Carrasco ya es semilla.
 
 

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Iglesia de la Santa Cruz: las Madres, las monjas y la genética de una resistencia

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Este 2022 se cumplen 45 años de la desaparición y muerte de tres Madres de Plaza de Mayo, incluyendo a la fundadora del grupo, Azucena Villaflor de Devincenti, dos monjas francesas, y familiares que las acompañaban en un operativo que tuvo como centro la Iglesia de la Santa Cruz, en Buenos Aires.   

El episodio sigue siendo un manual de historia argentina, cruzado tanto por la infiltración y traición de Alfredo Astiz, como por el sencillo heroísmo de mujeres como Esther Careaga, entre tantas. Este es uno de los abordajes posibles a esa historia, para entenderla no como memoria en freezer, o reducida a la grandilocuencia, sino como la genética de una época.

Aquí, el trabajo realizado por lavaca.org, que en la propia Santa Cruz ha sido frecuentemente tomado como tema de lectura, reflexión y sensibilización. Una crónica que sirve para relacionar tiempos y situaciones, y para que el recuerdo no paralice sino que estimule vida y acciones pensadas en tiempo presente. por Sergio Ciancaglini.


EL ALTAR DE LA MEMORIA


La primera Madre de Plaza de Mayo secuestrada por la dictadura argentina fue Esther Ballestrino de Careaga, el 8 de diciembre de 1977 en la misteriosa y bella iglesia de la Santa Cruz, ubicada en la calle Estados Unidos al 3100, de Buenos Aires. La segunda madre desaparecida estaba un paso más atrás y se llamaba María Eugenia Ponce de Bianco. La tercera, fue secuestrada dos días después. Su nombre: Azucena Villaflor de Devincenti, la fundadora de Madres de Plaza de Mayo.
Tal fue el resultado de la operación de infiltración que realizó el oficial de la marina Alfredo Astiz (disfrazado de “Gustavo Niño”) que le permitió identificar a quienes desde ese día siguen sin aparecer: además de las madres, las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, Patricia Oviedo, Gabriel Horane, José Julio Fondevilla, Horacio Elbert, Raquel Bulit, Remo Berardo y Angela Aguad de Genovés.
Sobre lo que aquí se narra debe aclararse que cualquier parecido con la ficción, lamentablemente, es pura coincidencia.


Esther Careaga no usaba su nombre. Todos la conocían como Teresa. Un apodo que le pusieron casi al azar en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Paraguaya, militante política del febrerismo en su país, opuesta a la dictadura de Alfredo Stroessner, ella y su marido terminaron exiliándose en la Argentina, y conocían las ventajas de los apodos en tiempos de represión.
Esther-Teresa era un personaje particular en el grupo de madres, que en gran medida venían de tener nula participación política, mucha tarea como amas de casa, y la sorpresa tenebrosa de descubrir de pronto que sus hijos ya no estaban.
¿Dónde estaban?
Empezaron a buscar. Fueron a comisarías, juzgados, cuarteles. Comenzaron a reconocerse, y a conocerse. Esther comenzó por ser una suegra de desaparecidos. El marido de una de sus hijas, Manuel Cuevas, había sido secuestrado. Cuenta Ana María Careaga, la otra hija de Esther:
-A Manuel le decían Pancho. Su familia era muy humilde y mi mamá los ayudaba a buscar. En mi casa la política había sido siempre una cuestión cotidiana. Recibíamos a todos los perseguidos del Paraguay, estuvo de visita Salvador Allende antes de ser presidente de Chile. Mi mamá había llorado cuando mataron al Che Guevara: quiero decir, la política con un alto grado de compromiso era cosa de todos los días.

Un caso bien diferente, si se quiere, al de la actual integrante de la Línea Fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas, que reconoce que hasta aquel momento ni siquiera había pensado en trabajar, salvo dictando clases de costura a sus vecinas.

La locura de la misericordia

Esther buscaba a su yerno y conoció a otras mujeres, entre ellas Azucena Villaflor de Devincenti. Uno de los puntos de encuentro de estos familiares era la capilla Stella Maris, en Retiro, donde un monseñor, Emilio Graselli recibía a quienes buscaban, revisando un fichero. Su actitud servía para enloquecer aún más a esas
personas. Recuerda Nora Cortiñas:
-A mí una vez me informó que mi hijo Carlos se había ido con otra mujer, por eso había desaparecido. A otra mamá la recibió mostrándole una cruz roja junto al nombre de su hijo: «Está muerto, pero venga dentro de 10 días». A los 10 días le dijo que no estaba muerto. A mí me dijo: «Su hijo debe estar bien alimentado, vestido,
andando en auto para ‘marcar’ por la calle a amigos o conocidos». Me estaba diciendo que mi hijo era un delator.
Un día de abril Azucena reunió a los familiares que sostenían estos diálogos con tal personaje, y dijo lo obvio. Nada positivo surgiría de tal contacto con la perversión:
-Tenemos que ir a la Plaza de Mayo, que nos vean, que nos escuchen.
Graselli actualmente enseña religión a jovencitas en el Colegio de la Misericordia, confirmando que hay zonas de la Iglesia impermeables a la verdad, o con memoria esclerótica.
Azucena propuso que quienes se arriesgaran a tal exposición fueran las mujeres, creyendo que los militares y policías no se sobrepasarían con ellas. El 30 de abril de 1977, 14 mujeres lograron sobreponerse al miedo y se reunieron en la Plaza de Mayo. Era sábado. Descubrieron que muy poca gente andaba por allí. Azucena comprendió que convendría ir un día hábil. Alguien propuso el viernes siguiente. Una
madre planteó un reparo:
-El viernes tiene la letra «r». Trae mala suerte. Es día de brujas.
Esto eliminaba también martes y miércoles, por lo que se sugirió los lunes. Recuerda Nora:
-Parece que otra madre dijo que los lunes es día de lavado de ropa. Así que quedó el jueves. Y Azucena propuso las 15.30 porque era el horario de más tránsito, después del cierre de los bancos, la Bolsa, y con mucha gente andando por allí.
Las madres comenzaron a adueñarse de la plaza.
Había algunas tías, como las hermanas de María Adela Gard de Antokoletz, y una suegra. Pero Esther Careaga se transformaría literalmente en una madre de Plaza de Mayo el 30 de junio de 1977, cuando secuestraron a Ana María, su hija de 16 años.


El saco de lana rosa


Ana María Careaga estaba embarazada de tres meses. La panza ni se notaba en ese cuerpo de niña grande, pero ella reconoce que vestía de embarazada y caminaba como embarazada, como para que el mundo estuviese al tanto de la noticia.
Ella y su marido Jorge habían buscado con entusiasmo un bebé, y ni soñaban con ocultar esa felicidad.
La militancia de Ana María, por obvias razones de edad, correspondía a la escuela secundaria, pero además era la entera familia Careaga la que estaba en la mira; su domicilio había sido allanado por la policía más de una vez, y habían secuestrado material de Naciones Unidas que los Careaga poseían por su carácter de exiliados.
El 13 de junio hacía frío, Ana María iba a encontrarse con su padre y su marido en Corrientes y Juan B. Justo. Su madre le había tejido un saco de lana gruesa, rosa fuerte, y ella andaba con la cabeza revoloteando entre el embarazo y el futuro, sin percibir un gran operativo de «zona liberada» (que permitía a los grupos paramilitares secuestrar impunemente): la policía había desviado el tránsito de ambas avenidas, lo que permitió que un par de individuos capturaran a Ana María introduciéndola a la fuerza en un automóvil que aceleró rumbo a lo desconocido.
Empezaba a ser una desaparecida.
El Club Atlético fue uno de los campos de concentración manejados por la Policía Federal, bajo la órbita del Primer Cuerpo de Ejército. Quedaba en Paseo Colón entre San Juan y Cochabamba. Los secuestrados eran vendados (tabicados), arrojados en celdas, les ponían grilletes en los pies, y así eran conducidos a las cotidianas sesiones de tortura.
La intensidad de los tormentos aplicados sobre el cuerpo de Ana María Careaga queda descripta por un dato técnico: ocho años después, con motivo del Juicio a las Juntas Militares, ella tuvo que pasar por exámenes médicos que corroboraron lo que había ocurrido. Fue uno de los pocos casos en los que pudo darse por físicamente probada la existencia de torturas, según consta en la propia sentencia, por sus secuelas verificadas años después.

Dice Ana:
-Los médicos me sacaban pedacitos de piel, muestras de las marcas que me habían hecho con cigarrillos. Hicieron estudios histopatológicos. Los rastros de picana desaparecen antes, por eso la usan tanto.

No alcanzan las palabras. Decir que Ana fue torturada «salvajemente» sería una descortesía hacia los salvajes.

Lo inquietante es que fue racionalmente torturada.

Además de la picana y las brasas, tuvieron que operarla posteriormente de un absceso en el brazo, y le rompieron un tímpano de un golpe.
Nunca les dijo a sus captores –los policías– que estaba embarazada. En abstracto podría suponerse que revelar ese dato podría haberla ayudado. A ella le funcionó, en cambio, un instinto de conservación muy primario:
-Mi terror era, por ejemplo, que agarraran a alguien de mi familia, o a un amigo. Y me parece que sentí lo mismo con lo del embarazo. Me parecía que en la tortura me iban a amenazar hasta con eso.

Ana sintió que callar era proteger al bebé, aunque la violencia de la tortura le hizo pensar que lo había perdido.
-Pedías ir al baño, y te sacaban para torturarte. Te hacías encima, y te sacaban para torturarte. Llorabas, y te sacaban para torturarte. No podías hablar. En la celda tenías que estar acostada porque si te parabas o caminabas se escuchaba el ruido de las cadenas, y te llevaban a torturar. Una vez que me llevaban al baño me rasqué la nariz, pensaron que quería sacarme la venda de los ojos y empezaron a pegarme.
Ana decidió aguantar, quedarse quieta, no llorar jamás, y pronunciar los mínimos susurros posibles.
Cada secuestrado tenía un código compuesto por una letra y dos números. Ana era K04. Pero también le endilgaron espontáneamente un apodo acorde con su edad: Piojo.


¿Qué es resistir?


Tuvo otra reacción que todavía hoy Ana no sabe a qué atribuir: nunca gritó mientras la torturaban. Respiraba profundamente, resistía la picana, luego soltaba el aire. Los policías creyeron que estaba haciendo una especie de yoga antirrepresivo. La respuesta fue incrementar la intensidad de las descargas eléctricas.
Tuvo como compañera de celda a una psicóloga de 40 años. Se apoyaban y alentaban mutuamente cuando una de las dos quería ir al baño. La idea de resistencia debía aplicarse a tales situaciones.
-En una cárcel hay otras formas de resistencia colectiva. Golpear platos, gritar, hacer gimnasia. Aquí no. Aquí era resistencia darle un pedacito de pan a alguien. O decirle unas palabras. O como con la psicóloga, darnos ánimo para aguantar.


Si lograban resistir, para ir finalmente al baño los secuestrados tenían que salir tabicados de las respectivas celdas. Cada miembro de la hilera daba medio giro, se tomaba del hombro del de adelante, y así marchaban.
Las marcas de tortura sobre la piel de Ana llegaron a tal nivel, que los policías consideraron que lo que tenía era un brote masivo de hongos.

Por miedo al contagio, para ir al baño ya no la llevaban con los otros, sino que salía sola de su celda. Le acercaban un palo, ella debía tomarlo y la conducían desde el otro extremo. Para curarle los supuestos hongos la untaban con merthiolate –una pomada desinfectante– hasta que en cierta oportunidad un secuestrado que oficiaba como médico le murmuró: «Piojo, vamos a decir que te curaste de los hongos, porque estas son las marcas de la picana y los cigarrillos, y no se te van a ir por más merthiolate que te pongan».

En ese lugar, la enfermería, el mismo secuestrado le dijo: «¿Querés ver la luz del sol?»
-Me corrió la venda y pude ver hacia arriba, había un ventiluz que daba a la vereda. Después supe que era la avenida Paseo Colón. Se veía la luz del sol y la sombra de la gente que pasaba, o de los autos.


Ana María Careaga estaba a diez cuadras de la Plaza de Mayo, de la Casa de Gobierno, a metros de una avenida tremendamente transitada.
-Es increíble… haber estado ahí tan cerca de la supuesta civilización, y a la vez desaparecida. Recuerdo que una vez pasó por ahí la hinchada de Boca, festejando algún triunfo. Adentro, los policías hacían lo de siempre: jugaban a las cartas, y ponían un casete con discursos de Hitler para que los escucháramos todo el tiempo. Siempre me dio mucha impresión. Afuera, los hinchas de Boca. Adentro, las arengas nazis.

Recuerda otro sonido: los policías mataban el tiempo jugando incansablemente al ping-pong, un compás levemente disrítmico que acompañaba los discursos de Hitler.
Sostiene Ana:
-Ahí te estabas muriendo en vida. No hay palabras para el horror del campo de concentración. La máxima humillación, la despersonalización absoluta.

Una vez Ana-Piojo pudo quitarse la venda. Vio a sus compañeros, y la imagen le recordó –otra vez– a la Alemania nazi que había visto en fotos y películas. Rapados, enjutos, contenidamente aterrados.


Volver a los 17


Otra vez escuchó que una mujer lloraba en una celda del otro lado del pasillo. Percibió que no había guardias cerca y la llamó. La mujer no le contestaba. Ella le dijo: «Si estás triste y querés hablar, llamame. Soy Piojo».
Al rato la mujer la llamó. Sobre las puertas de cada celda había un ventiluz.
Ana se trepó para ver a la otra.
La otra se trepó para ver a Ana.
Hablaron unos minutos. Al rato se dieron cuenta de que se habían conocido unas semanas antes. Era Teresa Israel, abogada de presos políticos. Se conocían de afuera, no se reconocieron adentro.
-Estábamos desfiguradas. Una vez otra presa me cortó el pelo porque por primera vez en mi vida tenía liendres. «Mirate», me dijo. Había un metal pulido en una pared, que usaban como espejo. Me miré y fue muy raro: no me reconocí a mí misma.


Algunos días la rutina cambiaba y el Club Atlético se sumergía en el silencio. Eran los momentos de «traslado». Tabicaban a todos los presos, los encerraban, reducían al mínimo las guardias, y ni siquiera había quien les diera de comer. Aparecía alguien con una lista de 20 o 30 personas, que eran llamadas por su código:
-Decían: «Z23, M12» y así iban llamando uno por uno. Las versiones que teníamos entre nosotros era que te llevaban a otro campo de concentración, algunos decían que había campos de recuperación. O que directamente te mataban. Cualquiera de esas opciones para mí era una forma de salvarme de la tortura permanente. De hecho, cuando me torturaban, yo quería morirme. Paradójicamente, ahí la muerte es una salvación.


K04, o Piojo, lloró una sola vez en el Club Atlético.
Fue cuando sintió que algo se movía en su panza.
El bebé estaba vivo.
Si Ana María Careaga decidiera volver a los 17, como en la canción de Violeta Parra, debe recordar que cumplió tal edad el 10 de septiembre de 1977, en el Club Atlético. La panza ya era visible y generó reacciones fuertes de parte de los anfitriones.
-El que conducía los interrogatorios vino y me dijo: «hija de puta, ¿por qué no me dijiste que estabas embarazada? ¿querés que te abra de piernas y te haga abortar?».


Una reacción inversa de uno de sus compañeros de suplicio resultó, a la vez, otro momento de resistencia:
-Uno de los tabicados me pidió tocarme la panza. Lo habían secuestrado con su mujer, que estaba embarazada. No sabía qué se sentía. Cuando nos llevaban al baño se ponía cerca de mí, y me tocaba la panza cuando el bebé se movía.


El psiquiatra austríaco Víktor Frankl vivió la experiencia de los campos de concentración nazis, y relató luego sus conclusiones en su obra El hombre en busca de sentido. Algunas de sus ideas en ese libro.
– «El prisionero que perdía la fe en el futuro –en su futuro– estaba condenado. Con la pérdida de la fe en el futuro perdía, asimismo, su sostén espiritual; se abandonaba y decaía, y se convertía en el sujeto del aniquilamiento físico y moral».
Ana no leyó a Frankl, pero me dice:
-La única resistencia y la única garantía que tenías desde el punto de vista de tu integridad, eras vos mismo. A mí lo que me salvó fue no perderme a mí misma. Y lo que parece una frase, es lo esencial.

Escribió Frankl:
-«Y allí siempre había ocasiones para elegir. A diario, a todas horas, se ofrecía la oportunidad de tomar una decisión que determinaba si uno se sometería o no a las fuerzas que amenazaban con arrebatarle su yo más íntimo, la libertad interna; que determinaban si uno iba o no iba a ser el juguete de las circunstancias, renunciando a la libertad y a la dignidad, para dejarse moldear hasta convertirse en un recluso típico».

¿Cuánto hay de elección, cuando el propio cuerpo, el dolor absoluto y el terror están en juego?, pregunta Ana. Hubo muchos que no pudieron elegir, dice.
Acaso baste saber que ella no fue una reclusa típica.
Ella repasa aquellos pequeños gestos de resistencia, esas decisiones como la de hablar con quienes lloraban, pese a la amenaza de terminar en la tortura:
-Eso te daba una fuerza interior, algo tuyo en donde no podían entrar. Era lo único que uno tenía. Tenerte a vos mismo.


Y revela otra clave. Frankl habla de «proyecto de futuro» y de no dejar que a uno le arrebaten su yo más íntimo. Reflexiona Ana:
-Creo que para mí fue un privilegio estar embarazada. Sé que es raro que diga esto: pero yo no estaba sola. Eso que tenía interiormente, no sólo en lo simbólico sino en el cuerpo, no me lo podían sacar. Era alguien con quien habíamos resistido y sobrevivido al horror. Siempre sentí que eso me salvó.

El perfume

La rutina cambiaba no sólo los días del traslado, sino las veces en que había visitas.
Los guardianes silenciaban a Hitler, abandonaban el ping-pong y tabicaban a todos los presos, pero además Piojo se daba cuenta de que ocurría algo extraño por el olor.
Perfume.
Muchos testimonios han hablado de las visitas del general Guillermo Suárez Mason a los campos de concentración. Para Ana no es posible determinar quiénes eran esos individuos perfumados que iban a observarlos. Sólo les veía los zapatos impecables, mirando hacia abajo, por el resquicio que dejaba la venda.
-Una vez uno me preguntó si me habían torturado. Le contesté que sí. «Muéstreme», me dijo. Yo tenía la panza con merthiolate. No dijo nada más y se fue.


En septiembre comenzó a haber nuevos indicios de traslado. Piojo y otros secuestrados fueron llevados a tomarse fotografías de frente y perfil. La idea de que no existe documentación sobre los desaparecidos es una superstición que alguna vez caerá en desuso.
-Me decían: «no vas a contar nada, dedicate a tu bebé, mirá que cuando te agarremos de nuevo no vas a estar embarazada». Yo pensaba que si alguna vez salía no podía hacer otra cosa que contar lo que estaba pasando en ese lugar. Había personas vivas. ¿Cómo no iba a contarlo?


El 30 de septiembre unos 15 o 20 desaparecidos del Club Atlético fueron liberados. Acaso la presión internacional, tal vez los familiares que denunciaban, algún motivo laberíntico en la irracional racionalidad de la dictadura llevó a soltar a estas personas, en un momento en el que ya comenzaba a desmantelarse el lugar porque el terreno sería parte del trazado de la futura autopista 25 de Mayo.
Ana se puso el vestido de embarazada, ahora sobre una panza visible y los zapatos abotinados abiertos, destruidos. Le robaron el saco de lana rosa que le había tejido su madre.


Las fantasías de la libertad

Fue llevada en automóvil a la casa de sus padres, en Parque Chas. Tocó el timbre, le abrió un empleado de la empresa familiar de productos químicos y cosméticos. Ana le pidió que encerrara a Liza, la perra de la familia, que era bastante agresiva con extraños: no se había encontrado a sí misma en aquel espejo de metal pulido, y temió que su perra tampoco pudiese reconocerla.
Los Careaga se habían mudado, intentando alejarse de los allanamientos y de nuevos secuestros. Debían llamar a esa casa, que ahora utilizaban como lugar de embalaje de los productos de la empresa. Mientras esperaba, Ana quiso hacer realidad una de sus fantasías en el campo de concentración:
-Con la psicóloga siempre imaginábamos qué haríamos al salir en libertad. El hambre era tan desesperante que yo contaba los segundos y los minutos y las horas en mi cabeza, para que llegara la comida, que era asquerosa. Así que yo decía que lo primero que iba a hacer sería comerme todo lo que tuviese adelante. Ella decía que no, que su fantasía era irse a Rosario, a la casa de su mamá, meterse en la cama, y que le trajese un té con galletas. Cuando llegué a casa, fui a la heladera. Este señor me preparó un churrasco. Pero Liza, la perra, estaba como enloquecida arañando la puerta. Le abrí, se me tiró encima y me lamió toda la cara. Ahí me puse a llorar. Y el churrasco ni lo probé.


El padre de Ana llamó a la casa, y pasó para llevársela al nuevo domicilio. Esther estaba con las otras madres, en la Plaza de Mayo. Al regresar, habían escondido a Ana en un cuarto. No querían darle a su madre la noticia de la reaparición tan de golpe. Tenía problemas cardíacos, y temían matarla de la alegría.
Esther llegó entusiasmada, diciendo que suponía que una chica de la que se decía que estaba viva podía ser Ana. Le insinuaron que había noticias mejores aún, y la fueron haciendo caer en la cuenta de que su hija estaba viva. Ana abrió la puerta y se abrazó con su madre.
-Siempre sentí que hubiera querido abrazarla más, mucho más.

La decisión de Esther

Comenzaron los trámites para sacar a Ana del país. Pudo obtener su documento de identidad. La foto –tomada días después de su salida del campo de concentración– fue incorporada en el Juicio a las Juntas, como prueba de lo que puede hacer la represión con el aspecto de las personas.
Esther Careaga se reencontró con las otras madres, y con esa noticia esperanzadora: una de las secuestradas había reaparecido. Ana recuerda que las madres le enviaron papelitos con los nombres de sus hijos, por si ella sabía de alguno. Pero no. Ningún nombre, ningún apodo le pareció conocido.
Las madres felicitaron a Esther, a quien seguían conociendo como Teresa, y le pidieron que nunca volviese a la Plaza de Mayo: «Ya está, ya encontraste a tu hija» le dijeron. Pero la mujer negó con la cabeza y dijo:
-No, no. Yo me quedo con ustedes. Hasta que aparezca el último.


A los 17 años, con su embarazo de siete meses y la compañía de una de sus hermanas y de su madre, Ana viajó a Uruguay, y de allí a Brasil, en donde efectuó la primera de sus denuncias sobre lo que había vivido en el Club Atlético.
Tomaron su caso como de extrema gravedad y la subieron a un avión rumbo a Suecia, pese a las recomendaciones en contrario por su embarazo. Pero temían por la seguridad de Ana en Brasil, en vista de los lazos fraternos que unían a los militares del Cono Sur en su entusiasmo represivo. Ella recuerda:
-A las embarazadas les hablan de lo que tienen que comer, los cuidados y un montón de cosas. Y yo comía cualquier desastre. Salí súper anémica del campo, más el terror, la tortura, todo al revés de lo que pueden recomendarte. Sin embargo el embarazo siguió.


Viajó a Suecia con su hermana y su marido, con quien se había reencontrado en Brasil. Esther Careaga, ya con su hija a salvo, decidió seguir su propio camino: volvió con las Madres de Plaza de Mayo.
La corona sueca brindaba la posibilidad de hacer dos llamados telefónicos a los asilados. El primero lo utilizaron para avisar que habían llegado bien.
El segundo llamado lo efectuó el marido de Ana, para avisarle a sus padres que a las 21.10 del 11 de diciembre de 1977, había nacido Ana Silvia Fernández Careaga, con un peso de 2 kilos 780 gramos, y perfecto estado de salud.
Del otro lado de la línea, llegó la noticia más oscura: Esther había sido secuestrada el 8 de diciembre, en la iglesia de Santa Cruz. Le ocultaron el dato a Ana que, después del parto de su hija, no podía dejar de llorar.

Se lo dijeron unos días después.
Ana señala hoy:
-Por apenas tres días, no pude reunir dos maravillas de mi vida: mi madre y mi hija. Mi reacción fue terrible. Pensé lo peor, pero después me hicieron ver que tal vez a las madres y a las monjas francesas no les hicieran nada. Al final entendimos que era al revés: nunca iban a dejarlas salir porque era un reconocimiento de los crímenes que estaban cometiendo.


Ana tuvo otro matrimonio y dos hijos más. Volvió a la Argentina del exilio y declaró en el Juicio a las Juntas. Es psicóloga, fue secretaria de Derechos Humanos de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires y dirigió el instituto Espacio para la Memoria.
El Club Atlético fue literalmente destapado en abril de 2002, debajo
de la autopista. Es la arqueología del horror. Allí estaban el dibujo de las celdas, el del «quirófano» (como llamaban a la sala de torturas), el piso original, restos de uniformes, escudos policiales, palos y machetes, las botellas de detergente que, como improvisados papagallos, servían para que los secuestrados orinaran.
Las excavaciones pusieron en riesgo la propia columna que sostiene la autopista, que había sido simplemente apoyada sobre los escombros.
Los militares y los concesionarios quizás pensaron que jamás nada sería removido.
En julio de 2005 se conoció la noticia: el Equipo de Antropología Forense logró reconocer restos encontrados en el Cementerio de General Lavalle.
Determinó que esos cuerpos habían sido arrojados vivos al mar.
Eran los de Esther Careaga, María Bianco y Azucena Devincenti, las madres, y el de Leonie Duquet y Angela Aguad. Las cenizas de Azucena quedaron en Plaza de Mayo y también en la Iglesia, donde están los cuerpos de Esther, María, Leonie y Angela.
Se están cumpliendo 45 años del comienzo de lo que aquí se ha narrado.
Y Santa Cruz seguirá siendo, como siempre, el lugar donde está sembrada la memoria.

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La autogestión de La Sirena

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Este 8 de diciembre, la actriz y cantante Sofía Dieguez tiene doble festejo: además de cumplir años, estrena su primer videoclip: La Sirena. Con letra y música de su autoría, esta canción convertida en pieza audiovisual, es muy significativa para Sofía, ya que “la realidad de muchas de las mujeres trans es como la de las sirenas, igual que la historia de Andersen, en nuestra transición a ser mujeres muchas pierden el hogar, la familia y hasta socialmente la voz”. Con una fusión de pop y reggaeton, La Sirena tiene varios propósitos, entre ellos, “que haga bailar a la gente”. Construido con perseverancia y autogestión, el videoclip es una demostración de que el aporte colectivo abraza deseos y hace realidad los sueños.

“Soy la diosa de mil escamas”, se escucha la voz de la actriz y cantante Sofía Dieguez y la cadencia de la música invade los oídos. Las piernas están cubiertas por una sola pieza de encaje negro que culmina en una cola de sirena y así el misterio es develado: “Soy la Sirena”, canta Sofía mientras su cuerpo resalta sobre un fondo rojo fuego. La Sirena es el primer videoclip cuyo lanzamiento coincide con el día del cumpleaños de Sofía y la canción forma parte de su primer EP de cuatro temas, con letra y música de su autoría.

En el video no solo aparece la Sirena, sino otras representaciones de lo que Sofía buscó expresar en imágenes:  Una deidad con corona dorada que asoma sobre su cabellera como rayos de sol, combina la sensualidad de las diosas hindúes con la fuerza arrasadora de los mares propia de la divinidad yoruba Yemanjá. En otras escenas, aparece recostada sobre un piso negro y, cubriendo partes de su cuerpo, resplandecen pétalos de rosas rojas, figura que recuerda a la película Belleza americana. Por último, aparece la Sofía cantante, lentejuelas y cuero se adhieren a su piel en cada movimiento. De este modo, los cuatro elementos de la naturaleza se potencian y componen el espíritu de esta flamante pieza audiovisual. El temperamento acuático de La Sirena, la esencia etérea e inasible de la Diosa, la Mujer Fuego portadora de la pasión y la que pisa fuerte sobre la tierra, con su ritual de danza en altísimas botas negras.

El video

La alegoría de la sirena significa mucho para Sofía, por eso decidió que ese ser mitólogico y enigmático apareciera en su primer video. “Es mi mejor carta de presentación. Es lo que soy. Cuando vi la película La Sirenita por primera vez a los cuatro años, la amé. Me sentí identificada con su ‘no sentirse parte del mundo al que pertenecía’,  no sentirse cómoda con quien le habia tocado ser. De grande entendí que la realidad de muchas de las mujeres trans es como la de las  sirenas, igual que la historia de Andersen, en nuestra transición a ser mujeres muchas pierden el hogar, la familia y hasta socialmente la voz. En relación con el mito griego de la sirena, somos la hipersexualización de la femenidad, de lo prohibido, nos desean, nos aman, pero muchos no pueden con eso y terminan saliendo a cazarnos como monstruos, igual que en el mito. Claramente ha habido un gran cambio a nivel sociocultural y pese a que esto sigue sucediendo, sucede un poquito menos”.

Las canciones fueron surgiendo de manera natural. Sofía se preparó desde chica en comedia musical y si bien su carrera se inclinó hacia la actuación –trabajó en las series Pequeña Victoria y El Marginal, fue protagonista del musical Crianzas, autora y protagonista de Magenta, una sirena más allá del mar,  dramaturga y coprotagonista en la obra teatral Estar System, recientemente estrenada en MU Trinchera Boutique, entre muchos otros trabajos como actriz– la  música siempre está presente en su cotidiano. Creció escuchando pop latino, inglés, y soñaba con ser una Spice Girl, banda femenina británica que hizo furor durante gran parte de la década de los ´90. “Recuerdo la primera vez que vi a esas cinco mujeres superpoderosas cantando, saltando, comiéndose el mundo, vistiéndose como querían, sin importales nada y con su lema de girl power e igualdad, hacían que yo, siendo una infancia y adolescencia trans me olvidara de mi dolor, mi desazón, mis dudas de cómo sería mi vida, si podría ser realmente quien era, encerrada en mi cuarto bailando sus canciones me olvidaba de la realidad y era feliz”.

El deseo de cantar la acompañó desde chica, armaba shows en su cuarto donde bailaba y cantaba con el CD de las Spice Girls. “Sentía que no tenía un gran caudal vocal y que llamarme cantante me quedaba grande. Con el tiempo y el estudio aprendí a querer mi voz, a saber qué es lo que me queda bien y cuáles son mis limitaciones. Asi entendi que sí podía serlo, y que lo era”. Después de varios intentos por formar su propia banda, llegó la oportunidad de hacer un tributo a Gilda junto a su amigo músico Nito Carelli y el escenario fue la vidriera de MU Trinchera Boutique durante la pandemia. “Tras el vidrio, jugando a ser Gilda, conectada con el público y viéndoles emocionarse, dije: ¡Yo quiero esto!”.

¿Y si hago mi sueño realidad? Se preguntó Sofía. Cantar, bailar, componer. Hacer música. Así fue como se propuso la realización del primer videoclip.  Sus herramientas y recursos: certificado de autodidacta, espíritu independiente, garra, talento y una banda de aliadxs incondicionales formada por familia y amigues. “Mi santa madre, Claudia Peduto me dijo: hacelo, yo te ayudo. Y así empecé. Conté con el apoyo y el consejo de Claudia Acuña de lavaca, una gran amiga a la que adoro, y La Sirena nació después de ver a mi amiga actriz Carolina Ramirez en uno de los capítulos de la serie La Reina del flow, donde veía cómo su personaje componía música solo con un beat y dije: ¡Claro, ¿Cómo no se me ocurrió? En unos minutos con un beat de YouTube  escribí la maqueta de lo que hoy es La Sirena, la Idea se fue puliendo.  Escribo ya con la melodía, más allá de que yo no toque un instrumento, mis canciones son completamente mías, letra y melodía. Después están los genios de los músicos que lo hacen realidad, en este caso, mi productor Fernando Nazar. Luego tuve que pensar cómo resolver el tema del videoclip. Por suerte la vida me puso mucha gente que me ayudó a llevarlo a cabo”. La cooperativa lavaca le cedió las instalaciones de Riobamba 143 para la filmación, Claudia Acuña colaboró con el arte del video, Sebastián Smok hizo cámara, luces, fotos y dirección junto a Natural Arpajou y la compañía teatral La Zancada ayudó con la iluminación de las escenas.  El vestuario fue íntegramente diseñado, cosido y bordado por Sofía. “Fue todo muy artesanal y fueron muchas manos, mucha gente para hacer realidad mi sueño”.

Si bien Sofía adora el pop, en esta oportunidad eligió para La Sirena una fusión de pop y reggaeton. Los próximos temas serán cumbias “con mucho power y letras con mucho contenido emocional. Estos géneros musicales son los que hacen bailar a la gente y llevan alegría a chicos y grandes”. El lanzamiento incluirá su canal de YouTube y redes. El resto está por cantarse.  

Música y letra: Sofía Dieguez

Producción musical: Fernando Nazar

Dirección: Sebastián Smok y Natural Arpajou

Asistente de dirección: Germán Campos

Fotografía y cámara: Sebastián Smok

Arte: Claudia Acuña, Natural Arpajou, Silvestre Torreta y Germán Campos

Vestuario: Sofía Dieguez

Peinado y maquillaje: Rubi Goldberg

Iluminación: Aldana Pellicani

Edición: Martina Font

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Bloqueo a Vaca Muerta de comunidades mapuche y pobladores de Añelo que buscan dos cosas: derechos y agua

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Esta semana hubo cinco cortes a los principales yacimientos de fracking, organizados por el pueblo mapuche de Vaca Muerta en reclamo de relevamientos territoriales ya acordados que permitirían además el reconocimiento de 14 comunidades. El bloqueo se agregó a los cortes de ruta de pobladores de Añelo (localidad central en el área de explotación) que reclamaban por la ausencia de agua. Jorge Nawel, de la Confederación Mapuche de Neuquén dice a lavaca: “Estamos contra la fractura hidráulica porque sabemos lo que genera, como lo saben los países la prohibieron como Francia, Inglaterra, varios estados de los Estados Unidos, que sin embargo mandan sus empresas para que hagan el fracking aquí”. Los efectos reales de la “inversión extranjera” y el negocio de las empresas que solo son rentables si tienen subsidios estatales.

Esta semana las comunidades mapuche de la zona de Vaca Muerta bloquearon los cinco principales yacimientos de fractura hidráulica. A ese conflicto se sumaron los cortes de rutas protagonizados por vecinas y vecinos de la ciudad de Añelo, desesperados por la ausencia de agua, entre otras cosas.

Jorge Nawel, logko (autoridad política) de la Confederación Mapuche de Neuquén planteó a lavaca el panorma y derribó los mitos publicitarios sobre los supuestos beneficios del fracking.

“La situación empieza por tres grandes temas pendientes. Por un lado la obligación de Consulta Libre e Informada a los pueblos originarios, tema refrendado por Argentina en los tratados internacionales. Estamos todavía discutiendo un articulado que es el que le dará forma al proceso de consulta sobre cualquier actividad que se haga en territorio indígena”.  

“Por otra parte la necesidad de las personerías jurídicas de las comunidades, que no tienen ese reconocimiento por parte del Estado. Es una deuda que el Estado no termina de resolver”.

“Y el tercer tema es el relevamiento de las tierras, porque si no tenemos delimitados los territorios, ¿a quién van a reconocer?”.

¿Un pueblo originario es un club?

Sostiene Nawel que el tema de la consulta está cerca de poder resolverse tras cuatro meses de negociaciones para el establecimiento de un protocolo de 15 puntos ante cada proyecto que pretenda realizarse en territorio indígena. “Posiblemente la semana próxima podamos dar buenas noticias”.

Le da especial importancia, también, a la cuestión del registro “porque saca a las comunidades de la órbita de una simple asociación y les da el estatus que corresponde, con una personería que es carácter público, no privado. Eso significa que una comunidad no tiene control del Estado ni es tratada como como si fuese un club o una asociación, sino que se trata de un pueblo. No es parte de la órbita privada sino de la pública”.

¿Y por qué el bloqueo? “Principalmente por el tercer tema, el del relevamiento territorial. Se formó un equipo técnico, jurídico y catastral hace más de un año para concretarlo, pero notamos animosidad oficial contra las comunidades de Vaca Muerta porque somos las que protestamos y nos movilizamos. Ese mismo equipo existe como respuesta a una de las acciones directas que hicimos en 2021. El equipo lo forman Nación y Provincia, pero nunca funcionó como corresponde y en más de un año no hubo relevamiento de una sola de nuestras 14 comunidades en esa zona. Por eso decidimos bloquear Vaca Muerta”.

Llamar la atención vs embarrar la cancha   

El bloqueo se concretó el lunes pasado, 28 de noviembre. “Cerramos el acceso a los cinco yacimientos más importantes en los que trabajan empresas como Techint, YPF, Shell, Tecpetrol y Pluspetrol, entre otras. Eso significa ingresar a las 5 de la mañana antes del turno que empieza a las 6. Se arman colas de 200 camiones y máquinas de la industria, o más, que no dejamos que circulen”.

El fondo del tema, según Nawel: “Es la única manera de llamar la atención de un gobierno al que la protesta social no le va ni le viene, y te lo digo porque hay protestas y reclamos todos los días, y una total indiferencia oficial frene a eso”.

“Lo único que hace que te presten atención es cuando le tocas la matriz económica que es la explotación de Vaca Muerta. Somos conscientes de eso y cada vez que queremos ponernos en una posición firme tenemos que bloquear la producción”.

La acción mapuche logró llamar la atención: “Convocaron a un diálogo y se planteó crear un equipo especial que resuelva la cuestión del relevamiento territorial. Hay que ver si el gobierno cumple su palabra. Lo que estamos reclamando es que se cumplan las leyes”.

Funcionarios y medios, sin embargo, plantean que el trasfondo del reclamo mapuche es la búsqueda de un beneficio económico. Responde Jorge Nawel: “Es el argumento cuando el Estado quiere confundir las cosas. Plantea un trasfondo económico, peero vos ves las demandas que hacemos, ninguna tiene carácter económico sino de derechos. Carácter político y de respeto a los derechos”.

“La Consulta es algo que está normado desde 2001. Que se reconozca a las comunidades es algo que está escrito en las constituciones de Nación y Provincia. El relevamiento de tierras está ordenado por la Ley 21.160. O sea que estamos reiterando viejas demandas que jamás se responden. Una forma de ensuciar y embarrar la cancha es darle a lo que reclamamos un carácter económico, cuando en realidad les estamos diciendo que cumplan las leyes: cumplan con lo que ustedes mismos aprobaron”.

Progresismo y felicidad extractiva

El debate sobre el modelo extractivo del cual el fracking es apenas una muestra, incluye de modo cada vez más entusiasta a sectores que se autoperciben progresistas que pregonan avanzar con un tipo de modelo que lleva más de 500 años no excesivamente exitosos en el continente.

Reconoce Jorge: “Vaca Muerta es sin duda una salvación económica, pero ¿de quién? Para nosotros, para la sociedad, es una fuente de saqueo de recursos naturales, de empobrecimiento social y de contaminación de todo tipo”.

“Sin embargo es cierto que es una salvación económica para las corporaciones, que pueden derivar a sus casas centrales millonadas de dólares de manera permanente. Argentina lo único que hace es darles prebendas, subsidios, beneficios impositivos, para que el señor inversor no se vaya y siga explotando la meseta y la tierra mapuche”.

Nawel advierte: “Todo ese contagio de felicidad y bienaventuranza para nosotros es una absoluta farsa. El fracking solo les da ganancias a las empresas. La propia industria del fracking ha planteado en distintos informes que la actividad no es rentable sin la cantidad de subsidios y prebendas que le da el Estado. Lo más grave para nosotros –y debería serlo para la sociedad– todo se hace a costa del ambiente, la salud y la seguridad de la población”.

La descripción: “El fracking genera un enorme impacto ambiental por las toneladas de basura que genera, por el tema de los sismos (debidos a las excavaciones), por los millones de litros de agua que consume en una zona árida como la nuestra. La industria no se ocupa no responde porque si tuviera que hacerse cargo de los costos ambientales y sociales, ya no sería rentable. Por eso es una farsa”.

Lo prohibido y la deuda

El rechazo mapuche, según Nawel: “Rechazamos el fracking desde el primer día porque sabemos las consecuencias que genera. Es el mismo conocimiento que tienen los países del primer mundo que por eso lo prohíben, como Francia, Gran Bretaña, varios estados de los Estados Unidos, y Colombia también se sumó a una moratoria”. La moratoria es el modo de dejar en suspenso cualquier aprobación a la actividad, un modo elegante de prohibición. De todos modos en Europa se sumaron Alemania, Bulgaria, Italia, Suiza y República Checa.  

“El fracking solo es rentable si los Estados subordinados, empobrecidos, entregados, renunciando a su soberanía permiten que esas multinacionales ingresen”.

¿Y cómo ven a los funcionarios? “Lo que pasa es que esto es un cúmulo de errores de políticos cortoplacistas que al subir solo pensaron en terminar su mandato y ganar reelecciones en lo posible, y para eso capturaron el recurso era el petróleo y lo dilapidaron. Neuquén es una provincia petrodependiente desde hace décadas”.  

“Los políticos piensan siempre en el corto plazo, nunca pensar en la sociedad, en el futuro, en las nuevas generaciones. Pero es increíbe: ya en 1956 la constitución de Neuquén decía que toda la renta petrolera que se obtuviera no debía ser utilizada en gastos comunes, que es lo que hoy se hace para sostener el aparato del Estado y el empleo púbico. La renta debía reinvertirse en la búsqueda de energías alternativas para romper la dependencia del petróleo, que ya en ese momento se veía que era una industria con impacto ambiental y no sustentable. Esa inversión de renta en la búsqueda de energías alternativas nunca se hizo. Nunca”.

Jorge relaciona el tema con el de la deuda externa: “El país, por sus políticos, queda preso de una deuda escandalosa que exige acumular dólares para pagarla. Pero la última beneficiada de todo esto va a ser la población Y los primeros benericiados van a ser los dueños de la deuda externa y las empresas que obtienen ganancias vergonzosas que giran al exterior, a sus casas centrales. Las migajas quedan para la población y sobre todo queda un impacto que va a convertir a a estas tierras en un cementerio si todo sigue así”.

¿Agua o petróleo?

La tremenda propaganda alrededor de Vaca Muerta, sus inversiones, sus ganancias, podría inducir a pensar que la provincia, o al menos las localidades cercanas a la explotación, están pasando épocas de bonanza (sea lo que sea que tal cosa signifique).

Nawel informa: “Cuando hicimos el bloqueo se sumó el propio pueblo de Añelo que hace días no tiene una gota de agua en la canilla. Es más. Nosotros levanamos el bloqueo cuando empezamos a obtener respuesta, pero ellos siguieron hasta el miércoles. Y solo reclamaban agua, ¿te das cuenta? Están planteando obras que permiten llevar agua desde el río Neuquén para las empresas, y el pueblo supuestamente beneficiado no tiene ni agua. Esa es la realidad. Neuquén es una provincia endeudada con la banca internacional y el Estado nacional, y nos venden todos los días titulares hablando de un ritmo acelerado de Vaca Muerta o de aumento de la producción”.

La contracara: “Lo que se ve en la práctica es que lo que aumentó es la pobreza, el endeudamiento de la provincia, y Añelo, que era la Dubai argentina, no tiene ni agua”.

La situación: “Hacen tanta propaganda y hay una crisis tan grande, que todos los los días llegan familias a Neuquén con la expectativa de conseguir un trabajo digno en esta supuesta gran gallina de los huevos de oro. Como no lo logran, porque la industria es muy selectiva, se van incrementando las periferias urbanas con familias empobrecidas. Si esa es la salvación del país, estamos en problemas”.

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