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La identidad en debate

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Este fin de semana las calles porteñas adquirieron los colores de la diversidad, junto a la música, los desfiles y el baile de la Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Travesti, Transexual número 18, a pocos meses de haberse promulgado la ley de Matrimonio Igualitario, pero ¿qué hay detrás de la fiesta y la alegría de esta conmemoración anual? ¿Cuáles son las batallas pendientes? Un día antes de la marcha y en el marco de un intenso y lúcido debate sobre el proyecto de Ley de Identidad de Género, lavaca dialogó con tres referentes del movimiento travesti y trans. Las voces de Lohana Berkins, Marlene Wayar y Diana Sacayán reflejan el pensamiento de una comunidad que hoy se plantea dar batalla política y pública por sus derechos sin negociar sus prioridades. El Estado, los derechos humanos, la identidad y la exclusión son parte de los temas que analizan en esta charla.

La identidad en debate

Las referentes de todas las organizaciones del movimiento travesti se reunieron para analizar el proyecto de Ley de Identidad. El resultado fue un debate interesante e intenso.


La mala vida
La hostilidad, la violencia, la marginación, esos dolores profundos se cuelan en cada frase. Diana Sacayan, del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL), resume: «La población travesti tiene un promedio de vida de 32 años y otros alarmantes datos como, por ejemplo, que el 95 por ciento vive en prostitución, el 64 por ciento no terminó sus estudios primarios, el 84 por ciento no llegó a la secundaria y solo el tres por ciento tiene estudios terciarios realizados».
Marlene Wayar, de la organización Futuro Transgenérico, suma otro aspecto: «la prostitución es propicia para que crezcan muchos pensamientos y acciones que reproducen lo que el sistema está proponiendo: la individualidad. Que nos nos juntemos, que no nos organicemos, que consideremos a la otra que se nos para al lado como nuestra enemiga».
Lohana Berkins, de Asociación de Lucha por la Identidad Travesti (ALIT), aporta su mirada política: «Tenemos que aprovechar la coyuntura política actual para debatir nuestros derechos, pero con dignidad. Porque un cambio en el documento no va a cambiar nuestras vidas, sería una ingenuidad pensar eso. La exclusión, la cana, las muertas, la sangre derramada de nuestras compañeras no pueden hacernos caer en el mero oportunismo».
¿Cuáles son las batallas pendientes para el movimiento después de la Ley de Matrimonio Igualitario?
Diana Sacayán: En realidad, nosotras no fuimos contempladas por la Ley de Matrimonio Igualitario. Sí reconocemos que fue un paso importantísimo en cuanto al acceso a los derechos civiles, pero entendemos que la Ley de Indentidad de Género representa otra cosa. Estamos hablando de derechos humanos, de poder legislar para una población que se encuentra, en términos estadísticos, en situación alarmante y que esa situación es consecuencia de la exclusión sistemática de toda la institucionalidad. Siempre hemos estado al margen del Estado, salvo cuando nos encarcelan o reprimen. Recién ahora eso va cambiando. La puesta en marcha de la cooperativa Nadia Echazú (Primera Escuela Cooperativa Textil para Travestis y transexuales) es un ejemplo de ese cambio, por el que trabajaron muchísimo compañeras como Lohana Berkins. El intento nuestro de poder hacer una réplica en el rubro de la gastronomía con las compañeras de La Matanza es una consecuencia de ese paso que ellas dieron. Estamos en etapa inicial, y aunque todavía ni siquiera tenemos un lugar físico donde comenzar nuestras tareas como cooperativa, sabemos que ya no es lo mismo que hace un tiempo atrás: podemos al menos pensar que, con mucho esfuerzo, saldrá. Reconocemos que se ha avanzado y, en ese sentido, leemos el momento político en que vivimos. En ese contexto debe leerse también la aprobación de la ley de Matrimonio Igualitario. Pero nosotras a la hora del debate que nos abre el proyecto de Identidad de Género nos posicionamos desde un lugar distinto. A nosotras nos atraviesa la pobreza, la exclusión extrema. Vivir en la prostitución.. Sufrir los crímenes de odio.
Marlene: Al movimiento me parece que le queda una batalla crucial que es el tema de complejizar la situación de prostitución, situación que es absolutamente destructiva para las subjetividades: no nos deja pensar ni organizar. Necesitamos paz, en el sentido amplio y totalizante del término. Una paz imprescindible para sentarnos a dialogar, a compartir las herramientas de la acción política, a ser concientes de que somos sujetos políticos y poder compartir esas herramientas, a hacer talleres donde podamos producir conocimiento en conjunto, donde se empiecen a borrar las individualidades de las referentes y donde pueda empezar a crecer un pensamiento colectivo.
¿Están gestando ese espacio de construcción?
Marlene: Se viene gestando desde los microespacios, desde las asociaciones de travestis, desde las que tienen mayor trayectoria. Todavía no tenemos una estructura económica que nos posibilite desde sustentar nuestras vidas dignamente hasta ir a tallerear. Ahora, por suerte, con la experiencia de El Teje yo sí estoy yendo mucho a las provincias. Me invitan a espacios académicos o activistas y la constante es que hablo para públicos heterogéneos donde la presencia de lo travesti es la excepción. Entonces me voy a la noche, a la calle, al boliche, donde pueda encontrar a algunas compañeras. Es algo que por ahora depende mucho de mi ánimo y energías. Y eso solo no alcanza. Es algo que debería estar potenciado de manera organizada, estratégica y por supuesto, económica. Pero también, de una voluntad del Estado, de las instituciones, de gestar una estrategia en políticas públicas que posibilite organizarnos.
¿Qué representa para ustedes el proyecto sobre Identidad de Género?
Lohana: Cuando nos enteramos que había un proyecto sobre Identidad de Género comenzamos a reunirnos con algunas compañeras y a debatir fuertemente. Porque cuando las travas discutimos, discutimos fuerte: no hay medias tintas. Ahí empezamos a preguntarnos si plateábamos nuestras críticas o hacíamos nuestro propio proyecto. En ese camino nos encontramos también con la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) y, entre todas y todos, sistematizamos nuestras preocupaciones. En primer lugar, no partir de una idea patologizante: no vamos a prestarnos a aparecer como enfermas que mendigan un derecho. Vamos a exigirlo desde una concepción de derechos humanos. En segundo lugar, no vamos a debatir nuestra identidad con la Iglesia o con cualquier otra institución que nos mira como al demonio mismo. Tampoco vamos a discutir con la corporación médica. Ese discursito de que soy chicha, pero envasada en una botella de Navarro Correa no va. Adentro mío no hay otra persona, no tenemos un cuerpo equivocado, porque ¿cuál sería el cuerpo correcto? Vamos a debatir solo con las instituciones democráticas. Vamos a hablar de derechos. Otro debate interesante fue el que plantearon las compañeras Marlene y Diana, cuando me preguntaron ¿qué va a pasar cuando te den el documento que diga que sos Lohana Berkins, mujer? ¿Qué va a pasar con todos estos años de construcción de identidad travesti? Y ahí me rompieron la cabeza. Entonces, el desafío es cómo relacionarnos con un Estado que sólo concibe la binaridad de sexos -hombre o mujer-, cómo negociamos y hasta dónde, para que no se pierda nuestra propia identidad. Porque si bien el documento tal como está ahora representa para nuestra identidad una violencia, no significa que otro que nos identifique de otra manera deje de serlo. A partir de un cambio en nuestro documento, ¿seremos dignas para este Estado del plan Maternidad o Jefa de hogar?, por poner un ejemplo bien concreto. ¿Nos van a dar trabajo, acceso a la educación y a la salud pública, para construir nuestro propio cuerpo? ¿En qué lugar nos van a poner? ¿Van a reconocer nuestra capacidad para producir trabajo, saberes, dirigencia? La posibilidad de instalarnos en nuestro propio lugar dependerá de nosotras. Nuestra habilidad, entonces, será la que nos permita que no se abra así una nueva forma de exclusión. Porque la exclusión actual no es producto tan solo de ser travesti, sino de ser travesti y pobre. En nuestros cuerpos están las marcas de esa exclusión: del hambre, de la cárcel, de la violencia. No vamos a negociar nuestra dignidad. Pero es, también, una realidad, que para el 90 por ciento de nuestras compañeras esta ley es un sueño: la quieren y por eso vamos a dar esa batalla. Es un desafío. Le decimos a nuestras compañeras: miren chicas que el documento no les va a cambiar la vida. No seamos ingenuas. Pero al mismo tiempo no queremos dejar pasar la oportunidad. Tenemos que tener la habilidad de, en esta coyuntura política, poder seguir avanzando, pero en la dirección que marque nuestra propia agenda.
Marlene: Hay varios proyectos. Nosotras estamos acompañando el que nos parece más completo y al que hemos sido invitadas a participar desde la redacción, en la que hemos sido reconocidas como referentes posibles para tener opinión, que es el proyecto que llevamos con la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), más la ALIT y otros activistas independientes. Nuestro movimiento tiene voces como la de Mauro Cabral, que es una de las más jerarquizadas del movimiento, que tiene un peso internacional importantísimo, que ha participado, por ejemplo, en la redacción de varias normativas que van tendiendo a que la ONU comprenda las cuestiones de género como una cuestión de derechos humanos. A pesar de eso, nosotras, como activitas, creemos que en muchos espacios somos invisibilizadas, ninguneadas. El movimiento trans es un movimiento muy fuerte desde lo ideológico, lo político. Pero precisamente en Argentina es donde menos se nos quiere reconocer. A pesar de todo, logramos cosas concretas, como lo que consiguió la iniciativa de Diana Sacayan en la provincia de Buenos Aires, donde el Ministerio de Salud ordenó que en todos los centros de su dependencia, desde hospitales públicos hasta las salas asistenciales de los barrios, se respete la identidad de género. Es casi como un pedir que sean cordiales, es tan simple como eso, pero genera un efecto concreto en la vida de nuestras compañeras.
Diana: Nuestras críticas a los proyectos que leímos de Identidad de Género es, ante todo, política: ¿quiénes hablan en nombre de quiénes? Nosotras no necesitamos que ningún representante político ni ningún «experto» venga a hablar en nombre nuestro. En otro plano más técnico, las observaciones se relacionan con algunos puntos peligrosos, como el que propone la creación de una oficina con especialistas que decida qué somos… Horrendo, a mi entender. Igual, todo esto se abrirá a debate en el tratamiento que el proyecto vaya teniendo en su camino a ser ley. Nosotras vamos a acompañar aquel que se acerque más a las necesidades de una población a la que sistemáticamente se le ha negado los derechos fundamentales como la salud y, sobre todo, entendiendo que ese derecho va ligado a la construcción de un cuerpo acorde a esa identidad.
¿Cómo se imaginan ese proceso de construcción?
Diana: Lo importante es que en este proceso estemos participando las personas trans, travestis, transexuales o transgéneros. El camino que venga, sea arduo o lento, lo viviremos con la pasión que siempre nos caracterizó. Somos personas que vivimos nuestra militancia con pasión. Somos organizaciones que venimos planteando un cambio cultural que es sumamente necesario para nuestra comunidad. Entendemos que no sólo somos personas travestis: venimos de barrios marginales, nos atraviesa la cuestión de la clase, la pobreza. Entendemos que los derechos humanos no pueden ser reales si no se nos incluye. Nosotras somos también quienes estuvimos en la plaza de Mayo gritando «Ni Olvido Ni Perdón», estuvimos en los grandes piquetes, acompañamos a los pueblos originarios… Somos esas mismas: no hemos cambiado, nuestra militancia sigue siendo igual. Hoy nos toca levantar nuestra propia bandera porque entendemos que tenemos que aportar ese granito de arena para el cambio cultural que necesita nuestra sociedad. No somos ese tipo de personas que luchan solo por «su» derecho… No. Tenemos que luchar de la mano de los grandes cambios sociales que se están produciendo, que no se originan por casualidad, sino porque hay un contexto construido por muchas organizaciones sociales con quienes hemos hecho este camino. Por eso ahora las invitamos a ser parte de este proceso de construcción de nuestra agenda, los invitamos a que la tomen como suya.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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