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La identidad en debate

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Este fin de semana las calles porteñas adquirieron los colores de la diversidad, junto a la música, los desfiles y el baile de la Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Travesti, Transexual número 18, a pocos meses de haberse promulgado la ley de Matrimonio Igualitario, pero ¿qué hay detrás de la fiesta y la alegría de esta conmemoración anual? ¿Cuáles son las batallas pendientes? Un día antes de la marcha y en el marco de un intenso y lúcido debate sobre el proyecto de Ley de Identidad de Género, lavaca dialogó con tres referentes del movimiento travesti y trans. Las voces de Lohana Berkins, Marlene Wayar y Diana Sacayán reflejan el pensamiento de una comunidad que hoy se plantea dar batalla política y pública por sus derechos sin negociar sus prioridades. El Estado, los derechos humanos, la identidad y la exclusión son parte de los temas que analizan en esta charla.

La identidad en debate

Las referentes de todas las organizaciones del movimiento travesti se reunieron para analizar el proyecto de Ley de Identidad. El resultado fue un debate interesante e intenso.


La mala vida
La hostilidad, la violencia, la marginación, esos dolores profundos se cuelan en cada frase. Diana Sacayan, del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL), resume: «La población travesti tiene un promedio de vida de 32 años y otros alarmantes datos como, por ejemplo, que el 95 por ciento vive en prostitución, el 64 por ciento no terminó sus estudios primarios, el 84 por ciento no llegó a la secundaria y solo el tres por ciento tiene estudios terciarios realizados».
Marlene Wayar, de la organización Futuro Transgenérico, suma otro aspecto: «la prostitución es propicia para que crezcan muchos pensamientos y acciones que reproducen lo que el sistema está proponiendo: la individualidad. Que nos nos juntemos, que no nos organicemos, que consideremos a la otra que se nos para al lado como nuestra enemiga».
Lohana Berkins, de Asociación de Lucha por la Identidad Travesti (ALIT), aporta su mirada política: «Tenemos que aprovechar la coyuntura política actual para debatir nuestros derechos, pero con dignidad. Porque un cambio en el documento no va a cambiar nuestras vidas, sería una ingenuidad pensar eso. La exclusión, la cana, las muertas, la sangre derramada de nuestras compañeras no pueden hacernos caer en el mero oportunismo».
¿Cuáles son las batallas pendientes para el movimiento después de la Ley de Matrimonio Igualitario?
Diana Sacayán: En realidad, nosotras no fuimos contempladas por la Ley de Matrimonio Igualitario. Sí reconocemos que fue un paso importantísimo en cuanto al acceso a los derechos civiles, pero entendemos que la Ley de Indentidad de Género representa otra cosa. Estamos hablando de derechos humanos, de poder legislar para una población que se encuentra, en términos estadísticos, en situación alarmante y que esa situación es consecuencia de la exclusión sistemática de toda la institucionalidad. Siempre hemos estado al margen del Estado, salvo cuando nos encarcelan o reprimen. Recién ahora eso va cambiando. La puesta en marcha de la cooperativa Nadia Echazú (Primera Escuela Cooperativa Textil para Travestis y transexuales) es un ejemplo de ese cambio, por el que trabajaron muchísimo compañeras como Lohana Berkins. El intento nuestro de poder hacer una réplica en el rubro de la gastronomía con las compañeras de La Matanza es una consecuencia de ese paso que ellas dieron. Estamos en etapa inicial, y aunque todavía ni siquiera tenemos un lugar físico donde comenzar nuestras tareas como cooperativa, sabemos que ya no es lo mismo que hace un tiempo atrás: podemos al menos pensar que, con mucho esfuerzo, saldrá. Reconocemos que se ha avanzado y, en ese sentido, leemos el momento político en que vivimos. En ese contexto debe leerse también la aprobación de la ley de Matrimonio Igualitario. Pero nosotras a la hora del debate que nos abre el proyecto de Identidad de Género nos posicionamos desde un lugar distinto. A nosotras nos atraviesa la pobreza, la exclusión extrema. Vivir en la prostitución.. Sufrir los crímenes de odio.
Marlene: Al movimiento me parece que le queda una batalla crucial que es el tema de complejizar la situación de prostitución, situación que es absolutamente destructiva para las subjetividades: no nos deja pensar ni organizar. Necesitamos paz, en el sentido amplio y totalizante del término. Una paz imprescindible para sentarnos a dialogar, a compartir las herramientas de la acción política, a ser concientes de que somos sujetos políticos y poder compartir esas herramientas, a hacer talleres donde podamos producir conocimiento en conjunto, donde se empiecen a borrar las individualidades de las referentes y donde pueda empezar a crecer un pensamiento colectivo.
¿Están gestando ese espacio de construcción?
Marlene: Se viene gestando desde los microespacios, desde las asociaciones de travestis, desde las que tienen mayor trayectoria. Todavía no tenemos una estructura económica que nos posibilite desde sustentar nuestras vidas dignamente hasta ir a tallerear. Ahora, por suerte, con la experiencia de El Teje yo sí estoy yendo mucho a las provincias. Me invitan a espacios académicos o activistas y la constante es que hablo para públicos heterogéneos donde la presencia de lo travesti es la excepción. Entonces me voy a la noche, a la calle, al boliche, donde pueda encontrar a algunas compañeras. Es algo que por ahora depende mucho de mi ánimo y energías. Y eso solo no alcanza. Es algo que debería estar potenciado de manera organizada, estratégica y por supuesto, económica. Pero también, de una voluntad del Estado, de las instituciones, de gestar una estrategia en políticas públicas que posibilite organizarnos.
¿Qué representa para ustedes el proyecto sobre Identidad de Género?
Lohana: Cuando nos enteramos que había un proyecto sobre Identidad de Género comenzamos a reunirnos con algunas compañeras y a debatir fuertemente. Porque cuando las travas discutimos, discutimos fuerte: no hay medias tintas. Ahí empezamos a preguntarnos si plateábamos nuestras críticas o hacíamos nuestro propio proyecto. En ese camino nos encontramos también con la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) y, entre todas y todos, sistematizamos nuestras preocupaciones. En primer lugar, no partir de una idea patologizante: no vamos a prestarnos a aparecer como enfermas que mendigan un derecho. Vamos a exigirlo desde una concepción de derechos humanos. En segundo lugar, no vamos a debatir nuestra identidad con la Iglesia o con cualquier otra institución que nos mira como al demonio mismo. Tampoco vamos a discutir con la corporación médica. Ese discursito de que soy chicha, pero envasada en una botella de Navarro Correa no va. Adentro mío no hay otra persona, no tenemos un cuerpo equivocado, porque ¿cuál sería el cuerpo correcto? Vamos a debatir solo con las instituciones democráticas. Vamos a hablar de derechos. Otro debate interesante fue el que plantearon las compañeras Marlene y Diana, cuando me preguntaron ¿qué va a pasar cuando te den el documento que diga que sos Lohana Berkins, mujer? ¿Qué va a pasar con todos estos años de construcción de identidad travesti? Y ahí me rompieron la cabeza. Entonces, el desafío es cómo relacionarnos con un Estado que sólo concibe la binaridad de sexos -hombre o mujer-, cómo negociamos y hasta dónde, para que no se pierda nuestra propia identidad. Porque si bien el documento tal como está ahora representa para nuestra identidad una violencia, no significa que otro que nos identifique de otra manera deje de serlo. A partir de un cambio en nuestro documento, ¿seremos dignas para este Estado del plan Maternidad o Jefa de hogar?, por poner un ejemplo bien concreto. ¿Nos van a dar trabajo, acceso a la educación y a la salud pública, para construir nuestro propio cuerpo? ¿En qué lugar nos van a poner? ¿Van a reconocer nuestra capacidad para producir trabajo, saberes, dirigencia? La posibilidad de instalarnos en nuestro propio lugar dependerá de nosotras. Nuestra habilidad, entonces, será la que nos permita que no se abra así una nueva forma de exclusión. Porque la exclusión actual no es producto tan solo de ser travesti, sino de ser travesti y pobre. En nuestros cuerpos están las marcas de esa exclusión: del hambre, de la cárcel, de la violencia. No vamos a negociar nuestra dignidad. Pero es, también, una realidad, que para el 90 por ciento de nuestras compañeras esta ley es un sueño: la quieren y por eso vamos a dar esa batalla. Es un desafío. Le decimos a nuestras compañeras: miren chicas que el documento no les va a cambiar la vida. No seamos ingenuas. Pero al mismo tiempo no queremos dejar pasar la oportunidad. Tenemos que tener la habilidad de, en esta coyuntura política, poder seguir avanzando, pero en la dirección que marque nuestra propia agenda.
Marlene: Hay varios proyectos. Nosotras estamos acompañando el que nos parece más completo y al que hemos sido invitadas a participar desde la redacción, en la que hemos sido reconocidas como referentes posibles para tener opinión, que es el proyecto que llevamos con la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), más la ALIT y otros activistas independientes. Nuestro movimiento tiene voces como la de Mauro Cabral, que es una de las más jerarquizadas del movimiento, que tiene un peso internacional importantísimo, que ha participado, por ejemplo, en la redacción de varias normativas que van tendiendo a que la ONU comprenda las cuestiones de género como una cuestión de derechos humanos. A pesar de eso, nosotras, como activitas, creemos que en muchos espacios somos invisibilizadas, ninguneadas. El movimiento trans es un movimiento muy fuerte desde lo ideológico, lo político. Pero precisamente en Argentina es donde menos se nos quiere reconocer. A pesar de todo, logramos cosas concretas, como lo que consiguió la iniciativa de Diana Sacayan en la provincia de Buenos Aires, donde el Ministerio de Salud ordenó que en todos los centros de su dependencia, desde hospitales públicos hasta las salas asistenciales de los barrios, se respete la identidad de género. Es casi como un pedir que sean cordiales, es tan simple como eso, pero genera un efecto concreto en la vida de nuestras compañeras.
Diana: Nuestras críticas a los proyectos que leímos de Identidad de Género es, ante todo, política: ¿quiénes hablan en nombre de quiénes? Nosotras no necesitamos que ningún representante político ni ningún «experto» venga a hablar en nombre nuestro. En otro plano más técnico, las observaciones se relacionan con algunos puntos peligrosos, como el que propone la creación de una oficina con especialistas que decida qué somos… Horrendo, a mi entender. Igual, todo esto se abrirá a debate en el tratamiento que el proyecto vaya teniendo en su camino a ser ley. Nosotras vamos a acompañar aquel que se acerque más a las necesidades de una población a la que sistemáticamente se le ha negado los derechos fundamentales como la salud y, sobre todo, entendiendo que ese derecho va ligado a la construcción de un cuerpo acorde a esa identidad.
¿Cómo se imaginan ese proceso de construcción?
Diana: Lo importante es que en este proceso estemos participando las personas trans, travestis, transexuales o transgéneros. El camino que venga, sea arduo o lento, lo viviremos con la pasión que siempre nos caracterizó. Somos personas que vivimos nuestra militancia con pasión. Somos organizaciones que venimos planteando un cambio cultural que es sumamente necesario para nuestra comunidad. Entendemos que no sólo somos personas travestis: venimos de barrios marginales, nos atraviesa la cuestión de la clase, la pobreza. Entendemos que los derechos humanos no pueden ser reales si no se nos incluye. Nosotras somos también quienes estuvimos en la plaza de Mayo gritando «Ni Olvido Ni Perdón», estuvimos en los grandes piquetes, acompañamos a los pueblos originarios… Somos esas mismas: no hemos cambiado, nuestra militancia sigue siendo igual. Hoy nos toca levantar nuestra propia bandera porque entendemos que tenemos que aportar ese granito de arena para el cambio cultural que necesita nuestra sociedad. No somos ese tipo de personas que luchan solo por «su» derecho… No. Tenemos que luchar de la mano de los grandes cambios sociales que se están produciendo, que no se originan por casualidad, sino porque hay un contexto construido por muchas organizaciones sociales con quienes hemos hecho este camino. Por eso ahora las invitamos a ser parte de este proceso de construcción de nuestra agenda, los invitamos a que la tomen como suya.

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Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

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Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.

Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol

–El sueldo no alcanza ni para comer.

Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.

También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.

Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.

Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Salir a la calle

El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.

La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.

La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.

Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:

  • Docentes con sueldos indecentes.
  • Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
  • Basta de mentiras, amenazas y presión.
  • Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
  • Salud mental es llegar a fin de mes.
  • Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Migajas

Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.

–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.

–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.

Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–. 

Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas

-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.

Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”. 

 ¿Cómo sigue el curso de esta historia?

Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

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MU 212: El fin de un mundo

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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.




MU 212: El fin de un mundo

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur


Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande


Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera

De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




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FRANCISCO PANDOLFI




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Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?

SERGIO CIANCAGLINI




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Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.

Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.

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Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial

En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.

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Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.

POR MARÍA DEL CARMEN VARELA

Patagonia rebelde

Crónicas del más acá por Carlos Melone.




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Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot

Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.

POR FRANCO CIANCAGLINI




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