Crisis por el ajuste
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.
Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Hay muchos jóvenes.
Muchos docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.
Hay una Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que llega y gente que se va.
Gente que estuvo todo el tiempo.
Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.
Está el movimiento disca, también siempre presente.
Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.
Hay carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.
Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.
Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
“Milei cumplí la ley”
Es la cuarta.
Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.
Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.
Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.
Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.
El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.


Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Algunos datos de contexto:
- Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
- El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
- La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
- Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas.
- Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Docentes Uber
Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.
Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”.
Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.
Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”.
Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”.
Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Plata para la deuda
Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”.
Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”.
En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.


Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
El contagio
Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.
La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.
Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos:
- “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y
- “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”.
Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

Foto: lavaca.org
Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:
“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.
Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.
Y sonríe.
Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.
Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.
Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.
¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.
Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.
Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán
- junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
- Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
- De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
- De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:
“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.
La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:
“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.



La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.
Que la cosa sigue.
En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.
Sigue cada miércoles en el Congreso.
Y todas las veces que hagan falta.
Porque hay muchos jóvenes.
Docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.
Hubo otra Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.
Hay más carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.








Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Crisis por el ajuste
La Estrellita Culona: otro blanco de la motosierra

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) junto a ATE-Conicet realizó protestas contra el ajuste que está sufriendo el sector y fue atacado por la Policía de la Ciudad. En una bandera los manifestantes plantearon un lema de sentido común: “No al cientificidio”. Y movilizaron además una “estrellita culona”, como homenaje a la estrella de mar y las investigaciones realizadas el año pasado sobre la vida en el fondo oceánico, apenas un símbolo de la capacidad de acción de la ciencia argentina que está en la mira del gobierno.
El reclamo ocurrió en los alrededores del Polo Científico de Palermo, en Buenos Aires, y se informó al público y a la prensa que la inversión oficial en ciencia ya es menor a la de la crisis de 2001.
La principal respuesta oficial frente al aplastamiento de la ciencia y de todo el espectro laboral y de conocimiento que significa, fue considerarlo un problema de tránsito. Como la marcha ocupó parte de la Avenida Santa Fe, la policía antidisturbios, pertrechada como de costumbre y con más efectivos en la zona que manifestantes, provocó incidentes, golpes y se lanzó específicamente contra la Estrellita Culona que tanto fastidió al gobierno antes y ahora.
El reclamo busca frenar el despido de al menos 379 personas altamente calificadas (becarios posdoctorales que esperan efectivizar su postulación en la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico). Otro detalle: les eliminaron la obra social.

El conflicto ocurre simultáneamente al de la Comisión Nacional de Energía Atómica donde también hubo despidos o no renovación de contratos para 170 científicos y técnicos ya víctimas de la motosierra que venían cobrando en muchos casos menos de 700.000 pesos. El gobierno en ese caso metió a Gendarmería en la CNEA, donde se reprimió a los trabajadores y se llevaron de organismo en vehículos militares al presidente representante de la gestión libertaria, Martín Eduardo Porro.
Mientras esto ocurre el gobierno entrega todas las facilidades, exenciones impositivas y prebendas a corporaciones para que inviertan a través del llamado RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones). Para actividades como la minería, que son las que menos personas emplean, mientras se sigue destruyendo la industria.
Sin embargo, ni siquiera las inversiones llegan, Argentina va última si hubiera un torneo de países de la región de acuerdo a las inversiones que se realizan. En 2025 Brasil recibió 76.877 millones de dólares de inversión extranjera directa, México 40.871 millones; Chile, 13.152 millones; Colombia, 11.462 millones; Costa Rica, 5.733 millones. Argentina recibió apenas USD 3.134 millones netos.
Se reitera: para inversiones que generan mínimo empleo y que por los beneficios casi obsurdos que otorga el RIGI generaría ganancias de las cuales casi nada queda en el país, ya que las corporaciones quedan autorizadas para girar lo que obtengan al exterior. Y aún así no vienen por el nivel de recesión, parálisis y desconfianza que genera el gobierno.
La política por eso sigue siendo la de blanqueos masivos que favorecen el lavado de dinero, más prebendas a las corporaciones, más endeudamiento, y más motosierra contra ciencia, educación, salud, jubilados, discapacitados, trabajo, industria, consumo y futuro. En muchos sentidos toda esta situación recién está comenzando.

Crisis por el ajuste
Toma de un frigorífico en Santa Fe: las cosas que hay que hacer para sobrevivir

Los dueños del frigorífico Euro de Santa Fe bajaron las persianas, vaciaron la empresa y desaparecieron del mapa en octubre de 2025. Sus 105 trabajadores decidieron tomar la planta, y varias familias viven allí porque dejaron de cobrar sus salarios y no pueden pagar el alquiler. Hasta comer se transformó en un calvario en ese lugar de Villa Gobernador Gálvez, “la capital de la carne”. La propuesta de armar una cooperativa para hacerse cargo de reflotar la producción, la política que no aporta soluciones, la comunidad que los apoya, y las claves para seguir resistiendo.
por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
QUEREMOS TRABAJAR.
El grafiti en aerosol negro grita en mayúsculas sobre la pared blanca.
La fábrica del parque industrial de Villa Gobernador Gálvez, Santa Fe, pertenece al frigorífico Euro. En la década pasada albergó a más de 900 trabajadores hasta que a fuerza de crisis se redujo a 105. Euro es de la familia Salimei, que en 2023 se la adquirió al grupo Lequio..
El 30 de octubre de 2025 los Salimei bajaron las persianas, se llevaron parte de las máquinas y desaparecieron: se fugaron.
Las y los trabajadores definieron en asamblea tomar la fábrica. Ocho meses después, siguen esperando la única resolución al conflicto: volver a trabajar.

Ocho meses sin sueldo
Hay algo que no cambia en la fábrica: la permanencia 24 horas. Lo que se transformó es el modo. Si antes se trabajaba triple turno, mañana, tarde y noche, con la rueda de la tripería ovina y vacuna sin frenar, ahora las 24 horas corresponden a familias enteras de trabajadores viviendo en las instalaciones.
El motivo es doble:
–Que los empresarios no profundicen el vaciamiento.
–Dar cobijo a quienes ya no pueden pagar el alquiler.
Hugo tiene 43 años y trabaja en Euro desde su inauguración en 2003. Nació en Rosario –ciudad pegada al norte de Villa Gobernador Gálvez– y es uno de los delegados. Vive en el complejo habitacional Fonavi y da gracias que su mujer todavía tiene trabajo. “Desde noviembre acá no cobramos nuestro sueldo. Si en Argentina hoy es difícil llegar a fin de mes con laburo, imaginate así”.
Cuenta, además, que a principios del 2025 eran 400 operarios, hasta que empezaron los retiros voluntarios: “Más que voluntarios, obligatorios; achicaron la materia prima hasta cerrar. No presentaron un procedimiento de crisis, así que junto al sindicato decidimos tomar la fábrica para cuidar la fuente de trabajo”.
Hugo dice que quedaron en medio de un conflicto entre empresarios. Los Lequio, dueños originales, son una familia local que siempre se dedicó a la tripería. En 2019 se asoció con los Salimei, inversores de Buenos Aires que en 2023 se quedaron con la totalidad de la empresa por una deuda entre ellos. “A esta gente nunca le interesó la fábrica, no son del palo; como vieron que con el gobierno nacional actual no iban a tener rentabilidad, se fueron”.

Sin carne en la capital de la carne
A Villa Gobernador Gálvez se la conoce como la “capital de la carne” y de la “Industria Frigorífica». De hecho, en los alrededores de Euro se erigen varias empresas del sector: Paladini, Swift, Coto.
En estos meses hubo algunos empresarios interesados en hacerse cargo de la empresa, pero aún no hubo una solución. La traba principal: quieren desconocer los años de antigüedad de quienes trabajan. Mientras tanto, siguen acumulándose meses y sueldos sin cobrar. Los trabajadores describen la situación en una oración: “No comemos carne hace meses. Vivimos de pollo y de menudo”.
En asamblea definieron reactivar la producción con la mercadería que les quedaba y la están vendiendo en las carnicerías de la zona. El frigorífico se dedica a las tripas naturales para embutir salamín, chorizo, morcilla, salchicha parrillera. “Si nadie se hace cargo, estamos dispuestos a conformarnos como cooperativa, pero como la empresa nunca presentó la quiebra nos imposibilita constituirnos con esa figura”, explica Hugo.
Para volver a producir compraron algunos insumos faltantes: caños de luz, de agua y luminaria. Al vaciamiento provocado por los dueños se le sumaron otros robos, de personas que aprovecharon el tamaño de la fábrica –120 metros por 80–: “Se robaron cables, ventiladores, de todo, hicieron un desastre”. En la recorrida por las instalaciones, un elemento parece fuera de contexto, pero no: una gomera. “Es la única manera que tenemos de defendernos, los intentos de robos son diarios”.
Juntaron la plata para reactivar el frigorífico en una peña que hicieron el 1° de Mayo. Ahora trabajan desde la primera hora de la mañana hasta las 3 de la tarde, sin sueldo, claro.
Fabiana tiene 42 años y hace 19 que sus manos chacinan. “Nadie estaba preparado para esto”, dice. Explica a qué se refiere:
–Quedar sin salario.
–sin cobertura médica.
–Sin casa en muchos casos.
–Salir a protestar, a quemar ruedas, a golpear puertas.
“No estábamos preparados psicológica ni emocionalmente. Nuestra costumbre era venir a ganarnos el pan de cada día, no esto. Pero acá seguimos, las ganas de trabajar no las perdemos”.

Vivir en el trabajo
Del centenar de trabajadores que se quedaron sin salario desde octubre, la mayoría está haciendo changas o Uber. Entre 25 y 30 están revitalizando la fábrica. Algunos lavan autos y motos; otras hacen torta frita y torta asada. En conjunto organizan eventos donde juntan plata para un fondo común, con dos prioridades:
–Comprar lo necesario para vender la producción.
–Sostener a las familias más necesitadas.
Fabiana está sentada en la puerta junto a Sergio –el paisa–, Mauricio, Brian y Daniel. Toman mate, como forma de pasar el tiempo y amainar el frío invernal.
Sergio –el paisa– tiene 32 años y la voz tan grave como apagada. Vivió en la fábrica desde la toma hasta marzo, cuando empezó el colegio su nena de 6 años. “En mi casa ya no puedo pagar la luz ni el agua, todo se complicó. Es muy difícil lo que estamos pasando, no es vida”.
Hay 13 familias viviendo en el frigorífico. Usan los espacios que hasta el año pasado eran oficinas de recursos humanos, de logística y la enfermería. Brian tiene 21 años y es el más joven del plantel. “Vivo acá con mi pareja. Tratamos de llevarla de la mejor manera, luchando, pero si te digo que estoy bien, te miento”.
La fortaleza
Las y los trabajadores dicen que no tuvieron ayuda del gobierno provincial y menos del nacional. Que el único que los ayuda es el intendente Alberto Ricci, del Partido Socialista.
Pero la solución no llega. “Es como si no existiéramos –afirma Fabiana–. Luchamos contra los dueños y con la política, que mira para otro lado. Aunque estemos acá en la puerta, en la plaza o en las calles protestando, haciendo movilizaciones, cortes; aunque hayamos vuelto a trabajar sin un salario, parece que todavía no es suficiente, no nos ven”.
Sí los ve parte de la comunidad. Médicos que vienen a atenderlos y les traen medicamentos; personas que se acercan a darles una mano para la olla diaria.
Refuerza Hugo, por si hiciera falta: “Sabemos que nuestro cordón industrial está cada vez peor, con más despidos y suspensiones. Pero en Euro tenemos todo lo necesario para su funcionamiento: máquinas, capacidad, laburantes, clientes, mercadería. Y muchísimas ganas de trabajar”.
Fabiana explica otro dato crucial: “Lo que nos sostiene y fortalece es que somos un grupo unido. Si alguien se cae, otro lo anima. Solo buscamos recuperar nuestra vida normal y eso es trabajando acá. De todo este proceso sacamos muchas enseñanzas: que la vida no es fácil, que no hay que rendirse. Y la más importante: que no vamos a darnos por vencidos”.

Crisis por el ajuste
Chubut: más de 300 días sin cobrar, cubiertas quemadas y una propuesta: “Que nos den la fábrica”

Trabajadores textiles de la empresa Soltex realizaron una protesta en Trelew, Chubut, con quema de cubiertas para reclamar el pago de salarios adeudados tras acumular más de 300 días sin cobrar. El caso es otro símbolo de una época de destrucción de fuentes de trabajo. Ante la falta de respuestas tanto oficiales como del empresario Sebastián Santiago, los trabajadores proponen incluso hacerse cargo de la textil, como ha ocurrido en los últimos años con las empresas recuperadas por sus trabajadores en distintos lugares del país.
por El Ciudadano, de Rosario (elciudadanoweb.com)*
El conflicto de la empresa Soltex afecta a operarios de la planta textil ubicada en Trelew, Chubut. Según denunciaron los trabajadores, actualmente solo quedan 20 empleados de los 50 que tenía originalmente la fábrica.
Los manifestantes aseguraron que llevan 305 días sin percibir haberes y calificaron la situación como “insostenible”. Además, apuntaron contra el dueño de la empresa, radicado en Buenos Aires.
“Nos dice que no quiere cerrar, pero tampoco nos paga, es un sinvergüenza”, expresó Néstor Sajama, representante de los trabajadores, durante la protesta realizada este lunes.
En base a información difundida por el sitio Info Gremiales, los trabajadores reclaman la intervención de las autoridades provinciales y municipales para destrabar el conflicto laboral.
El conflicto textil en Trelew se agrava tras más de 10 meses sin pago
Desde la Asociación Obrera Textil realizaron distintas gestiones para intentar alcanzar un acuerdo con el empresario, aunque hasta el momento no hubo avances concretos.
Los empleados sostienen que algunos compañeros renunciaron y otros iniciaron juicios laborales ante la falta de respuestas y el atraso salarial que ya se extiende por casi un año.
“Estamos aquí esperando una solución, pero nuestro empleador al parecer quiere que nos vayamos o iniciemos juicio para que nunca nos pague”, denunciaron los trabajadores.
Los operarios también reclamaron que el dueño de la firma se presente personalmente en Trelew para definir el futuro de la planta textil.
“Si no quiere trabajar, que nos den la fábrica a los trabajadores y nosotros vemos lo que podemos hacer”, afirmó Sajama.
Los trabajadores advirtieron que continuarán con las protestas hasta obtener una respuesta concreta sobre el pago de salarios y la continuidad laboral.
*Esta nota es parte de la articulación de la Unión de Medios Autogestivos (UMA): El Ciudadano (Rosario), Revista Cítrica (Buenos Aires), El Diario del Centro del País (Villa María), Tiempo Argentino (Buenos Aires), Lavaca y Revista MU (Buenos Aires), Agencia Tierra Viva (Buenos Aires) y Lawen Documental (Buenos Aires).
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