Protesta social
Marcha de jubilados: la heladera terrorista

Otro miércoles protagonizado por jubiladas y jubilados, que tuvo como novedad la noticia de que Patricia Bullrich y el gobierno bajaron el capítulo de venta de tierras a extranjeros en su turbia Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Un triunfo de la movilización de estos días, pero de todos modos se mantendrá la marcha prevista para este jueves. La aparición de jóvenes del radicalismo. Las banderas y carteles y los mensajes sobre el presente de la levotiroxina y de ciertos electrodomésticos.
Por Lucas Pedulla Fotos: Tadeo Bourbon/lavaca.org

Antes de bajarse de la línea B del subte porteño en Callao y Corrientes, o de tomarse el ferrocarril San Martín desde su conurbana Bella Vista, incluso antes del primer matecito de la mañana, lo primero que Ana Tapia hace todos los miércoles, porque en verdad lo hace todos los días, es tomar levotiroxina, un medicamento para la tiroides.
–Yo tenía nada más que dos nódulos, pero desde que me gasearon por primera vez hace dos años, todo lo que me metieron en la cara me provocó muchísimos más ganglios, más nódulos. Ahora me cambiaron la medicación para ver si voy a cuchillo o se va solo.

Tiene 73 años, el pelo cano coloreado de un tono lila, y un cuerpo que ha soportado balazos de gomas por las fuerzas federales que el gobierno dispone en cada marcha de jubilados y jubiladas. Aquel día de hace dos años el bautismo represivo fue con el gas.
–Me vaciaron un cargador.
La atacaron por detrás –“como cada vez que me atacaron”– mientras llevaba una bandera palestina. “Cuando ponés el cuerpo es algo que puede pasar”, se repite como un mantra, y se da fuerza –junto a sus compañeras y compañeros de la organización Jubiladxs Insurgentes– para seguir cada miércoles, con lluvia furiosa o sol inclemente, en la plaza.

Cada quince o veinte días le suma, entre los semaforazos en Callao y Corrientes y la marcha en el Congreso, una caminata de siete cuadras hasta la calle Mitre a buscar medicamentos para uno de sus seis nietos, que tiene parálisis cerebral.
–Me jubilé a los 68 años como trabajadora en discapacidad. Lo que me llevó a ese trabajo, tristemente elegido, es mi nieto. Yo era transportista: manejaba una camioneta por barrios de zona noroeste, como Las Catonas (Moreno), Pacheco o Luján, desde las cinco y media de la mañana y, a veces, hasta las doce de la noche, porque llevaba chicos a la universidad.

Ana trabajaba con amigos y familiares. No les gustaba llamarlo “empresa”, porque no se consideraban “empresarios”, y todo lo que entraba por la facturación a las obras sociales se repartía equitativamente. Al jubilarse, a ninguno de sus tres hijos varones les sorprendió que mamá siguiera militando, ahora por sus haberes: Ana es una de las infaltables en cada ronda de Madres de Plaza Mayo, todos los jueves a las 15.30, frente a la Casa Rosada. También milita en la comisión de sobrevivientes, familiares y compañeros de Campo de Mayo, uno de los centros clandestinos de detención en la última dictadura argentina.

–Tuve muchísimos compañeros desaparecidos. Como vivía en Villa Martelli (partido bonaerense de Vicente López), lo más posible es que se encuentren en Campo de Mayo. Todavía nos faltan entre cinco mil y siete mil compañeros que pasaron por allí. Estamos luchando por un espacio de memoria y que se investigue y se rastrille, porque esa tierra tiene mucho que contar. Para eso, que se vayan los militares de ahí es fundamental.
Por esos reciclamientos de la política argentina, hoy podría pasar como una “terrorista disfrazada”, tal como definió recientemente el presidente Javier Milei a los sectores críticos –nombró particularmente a “estudiantes”, “periodistas”, “profesores” e “investigadores”–, y como ya fue gaseada y baleada en varias oportunidades, el mote no sería extraño.
–Somos la generación del setenta. Nos tocó esa: te persiguen, te quieren matar o desaparecer. Mis nietos ya saben toda la realidad porque la viven. A veces me acompañan a las marchas. No tengo algo que me llene más que la militancia, porque en verdad lo que está mal es este sistema. Todo lo que involucra una lucha que tenga una injusticia me marca el lugar en el que tengo que estar. Es una enseñanza de Norita Cortiñas.

Ana cobra la jubilación mínima –un haber de $419.827 más un bono de $70.000– y a veces hace changas como remisera –“llevo solo mujeres”– o ayuda en una parrilla familiar en General Rodríguez los viernes, sábados y domingos. En la plaza, todos los miércoles, se pone la pechera de la comisión Campo de Mayo, sus pins de Palestina y de Floreal Avellaneda –estudiante de 15 años desaparecido en 1976 en ese campo de concentración cuyo cuerpo fue arrojado al Río de la Plata por los vuelos de la muerte–, su pañuelo por el aborto legal, su cadenita con el símbolo de las Madres, y una bandera wiphala, entre otros accesorios políticos. Hoy también lleva dos carteles:
- “Las Malvinas son argentinas, las jubiladas también”.
- “La deuda es con el pueblo, no con el FMI”.
La marcha comienza. Se canta que al gobierno lo va a “echar” una huelga general y que “la patria no se vende”: durante la caminata llega la noticia de que la senadora Patricia Bullrich ordenó el retiro del capítulo de venta de tierras sin límite a extranjeros que iba a votarse este jueves con la Ley de Inviolabilidad de Propiedad Privada, pero todos refuerzan la necesidad de sostener la manifestación convocada para este jueves al mediodía. Un jubilado lleva un cartel con la bandera argentina que dice:
- “Juraron defenderla, no venderla”.
En otro cartel se lee, como respondiendo a Milei y sus acusaciones a quienes lo cuestionan como “terroristas”:
- “Heladera vacía sin trabajo es terrorismo de Estado”.

Alrededor marchan chicas y chicos con boinas blancas: son de la Juventud Radical de CABA. “Vamos los radichas”, los reciben y saludan jubilados de todos los colores. ¿Otro signo de estos tiempos?
Ana espera que la gente se despierte.
–Nos estamos quedando sin país, lo están rifando. Están quemando el futuro de nuestros nietos. Lo único que les vamos a dejar como herencia es aprender a luchar. Lo único que espero es que mañana no tengan los votos. Nada se consigue si no es con lucha.

Protesta social
La realidad endeudada: la pistola en la cabeza

Más de 20 millones de personas endeudadas en el país, según estadísticas oficiales, de las cuales casi 6 millones están en la zona de incobrables: atrasos de más de 90 días. La deuda con mora creció el 793,9% en los últimos dos años. No es un endeudamiento para compras sino para sobrevivir en la crisis, y con tasas a veces delictivas. Ese panorama convocó a las marchas de la CGT y las dos CTA y organizaciones sociales y de izquierda este jueves, tema frente al cual la respuesta oficial fue desplegar policía, camiones hidrantes y vallar la Plaza de Mayo. Imágenes y experiencias que reflejan esta realidad en la vida cotidiana.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Tadeo Bourbon
Oscar tiene 47 años, cuatro hijos y una preocupación tremenda: con su esposa sacaron un préstamo en el Banco Nación para pagar los 3 millones de depósito para el alquiler de su vivienda en Hurlingham, pero hoy les resulta imposible pagarlo.

“Se nos fue al triple”, dice este trabajador de la construcción mientras sostiene una bandera de su gremio, la UOCRA. “No pudimos pagar ninguna cuota. De alquiler tenemos 750.000 y yo cobro 650.000. Mi señora es enfermera, hace algunas prestaciones en casas, pero llega apenas a los 300.000. Nos suben las cosas todos los días, carne comemos una vez por semana. Asado olvidate. Espero que se fijen en los más humildes porque tenemos que pagar: si no, nos tenemos que ir abajo de un puente”.
La historia de Oscar es una de las seis millones que integran un mosaico dramático de la realidad argentina: un nivel de sobreendeudamiento y morosidad récord que exige a gritos una solución política, aunque el presidente Javier Milei dijo que se trataba de un “problema entre privados”. Consultado sobre la situación de esas millones de familias, simplemente preguntó: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”

Por eso este jueves los gremios de la CGT, las dos CTA y los movimientos sociales marcharon desde Paseo Colón e Independencia hasta el Ministerio de Economía con un lema común: “El endeudamiento no es un asunto privado, es una política de gobierno”. Ese mismo gobierno mandó a vallar de punta a punta la Plaza de Mayo, su acceso lateral (Alsina y Balcarce) y posterior (Paseo Colón e Yrigoyen), con una multitud de policías y camiones hidrantes, por si acaso.

El cuerpo de los datos
El gobierno de la provincia de Buenos Aires presentó un informe elaborado a partir de datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el Banco Provincia (BAPRO) y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) en el que reflejó que a mayo había casi 21 millones de personas con algún tipo de deuda, de las cuales casi 6 millones llevaban un atraso en el pago de más de 90 días.
Según el Mapa de la Deuda, un análisis elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad junto a la fundación alemana Friedrich-Ebert-Stiftung (FES), hasta junio de este año había 19.700.000 personas deudoras en Argentina: de esas, el 25% (casi 5 millones) tenían alguna mora. Para dimensionar los datos, el BCRA considera en mora las personas en situación 3 (atraso de 90 a 180 días), 4 (de 180 días a 1 año) y 5 (superior a un año). Algunos datos de este informe:
- Entre julio de 2024 y junio de 2026, la deuda real creció 85,6%, mientras que la deuda en mora aumentó 793,8%.
- El monto es de 15.800 millones de pesos: el Banco Central considera “irrecuperable” el 35% de esa cifra por tener un atraso de pago mayor a un año. El 40% presentan moras de entre 6 y 12 meses.
- El monto promedio de deuda en mora aumentó casi un 60% en el último año.
- Cuatro de cada diez jóvenes menores de 25 años tienen alguna mora. La provincia que lidera la lista de jóvenes es Chaco (48%), seguida por San Juan (47%), y La Rioja y Catamarca (casi 46%). En CABA, los barrios con mayor registro de jóvenes con mora son Constitución y Villa Soldati, con más del 35%. Varones y mujeres tienen casi la misma proporción: 36,4% y 37,4%, respectivamente.
- También en el sur porteño, pero tomando todos los deudores únicos en mora, el barrio de La Boca encabeza la lista: de las 256 mil personas de toda CABA que suman un monto de 1.600 millones de pesos, La Boca acapara el 21%. A su vez, según el informe, tiene el mayor volumen de mora con billeteras virtuales: Ualá, Mercado Libre, Brubank y Naranja, entre otros.
- Según el Mapa de la Deuda, la mayor tasa de mora (48%) corresponde a los llamados Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC), empresas y entidades que no son bancos pero otorgan financiamiento (Frávega, Centrogar, por ejemplo). Le siguen las tarjetas no bancarias (Carrefour, Coto, Cencosud) con 33%. Los llamados neobancos (billeteras virtuales) tienen el 23%. Y el ranking continúa con bancos privados (19%), bancos públicos (10%) y compañías financieras como Renault o Volskwagen (5%).

La marcha puso rostro y cuerpos a estos datos.
Darío tiene 30 años, dos hijos y una deuda de 14 millones de pesos con el Banco Santander: “Pedí un préstamo en noviembre de 2023 para ponerme una pizzería. Al mes la muzzarella que había pagado 25000 me salía 65.000. Vendía una pizza y perdía plata. Tuve que cerrar. Hoy estoy estancado. Consigo alguna changa en kioscos por cuatro horas, pero les pido 100.000 y me dicen que es muy caro: termino agarrando por 40. Necesito salir del veraz o encontrarme un pendrive”.

Virginia tiene 42, un hijo, es mamá soltera y trabaja en la televisión. “Todos los meses le pagamos al Banco Hipotecario 600.000 gracias al Procrear (un programa de acceso a la vivienda disuelto por el Gobierno), a una tasa del 2,50% mensual. El crédito es a 30 años. Pero todo aumenta, así que usamos la menor cantidad de gas posible, la menor cantidad de luz, y sólo esperamos que el movimiento obrero despierte”.
Oriana tiene 24 años y es una de las tres voceras del flamante colectivo Endeudadxs Organizadxs: “Nos organizamos por redes y WhatsApp para reunirnos y sacar de las casas esta situación que no da para más. En mi caso, el año pasado me separé y con los gastos de alquiler se me hizo insostenible pagar la tarjeta: la deuda empezó en 2 millones y ahora está en 5. Trabajo en el rubro textil, muy golpeado por las políticas económicas, y sólo puedo llegar a fin de mes porque tengo dos trabajos más”.

Remigia, 55 años, marcha por Paseo Colón a bordo de su “motito”, como ella llama a su silla de ruedas eléctrica: “Tengo doble amputación de piernas y comprar la motito salía 10 millones de pesos. Pedí un crédito a través de una amiga, porque muchas personas con discapacidad no tenemos el poder adquisitivo para que nos den un préstamo. A todo esto sigo pagando alquiler y expensas: la deuda te come la cabeza”.
Nicolás, 39, vino de Morón, oeste conurbano, no a marchar sino a trabajar: vende sánguches de salame y queso a 8.000 pesos, o dos por 15.000. “Usaba Mercado Pago para pagar la SUBE nomás. Me lo cortaron porque hace cinco meses pedí un crédito de 25.000 pesos nada más, y al toque ya me quería cobrar 150.000. ¡Me re quería arruinar! Después me dijeron que si pagaba lo inicial, me lo devolvían, pero ahora estoy usando Cuenta DNI. Ahora sólo debo el colegio privado de mis hijas. Debía 700, pero fui descontando 100 por mes: ahora me quedan nomás que 200.000 pesos”.

Cintia, 45 años, nueve hijos: “Estoy viviendo casi una situación de desalojo. Pago arriba de 750.000 pesos de alquiler en Lomas del Mirador. Pero estoy endeudada de antes: tomé deuda para pagar otro alquiler, y una deuda genera otra deuda para taparla que termina armando una pelota. Hoy debo arriba de los 9 millones”.
–¿A qué te dedicás?
–Soy mucama.
“Estamos más cerca de lo que se piensa”
Al llegar a Paseo Colón e Yrigoyen, la marcha se detiene frente al vallado. No hay acto, sino apenas una rueda de prensa que pocos medios agolpados entre sí escucharán de forma muy incómoda. Cristian Jerónimo, uno de los tres cosecretarios de la CGT, reivindica que la confederación de trabajadores viene marchando hace tres semanas por distintas cuestiones como parte de su plan de lucha: “No vamos a tolerar que sigan empobreciendo al pueblo argentino”. Consultado sobre una eventual huelga general, dijo que es “algo que no se descarta nunca” y que requiere “consenso”.

Uno de los que escucha es Germán Martínez, presidente del bloque Unión por la Patria (UxP) en la Cámara de Diputados, donde hay una treintena de proyectos de ley congelados para tratar la problemática.

“Hay una diversidad de proyectos de distintos espacios políticos que deberían ser parte de un proceso de ordenamiento en el trámite de las comisiones”, dice a lavaca. “Los libertarios no las abren. Intentamos dos veces convocar a sesión especial: no conseguimos quórum. Y dos veces intentamos ampliar el temario de sesiones de los libertarios para meter el tema: no se pudo. Hay que tratar de ir encontrando denominadores comunes en los distintos proyectos”.
Martínez enumera tres posibles ejes: “Uno tiene que ver con el universo: ¿estamos pensando en los 20 millones de endeudados o en los 6 millones de morosos? Segundo: ¿abarca a los bancos, a las billeteras virtuales, a las financieras de los comercios?, ¿qué hacemos con las deudas irregulares que existen y necesitan un tratamiento? Tercer tema: nuestra propuesta, en cualquier caso, no contiene un capítulo presupuestario. Es decir, no es un rescate económico: queremos utilizar las normas que ya existen dentro del sistema financiero para ponerle un esquema de tope que funcione como un alivio para la situación de los endeudados”.
La mejor opción, según el diputado, es la que se pueda consensuar: “Necesitamos 129 votos y es una negociación amplia con distintos espacios políticos”.

Durante la sesión del próximo miércoles, insistirán en el emplazamiento de las comisiones y el jueves tendrán reuniones con otros bloques para llegar a un principio de acuerdo: “De los 30 proyectos, hay unos 20 que están sintetizados en un par de propuestas que las engloban, así que estamos más cerca de lo que se piensa”.

Protesta social
El mensaje de la marcha de jubilados: “Nos están matando”

Las estadísticas oficiales conocidas muestran que el aumento de los fallecimientos entre adultos mayores es del 5% (65 a 74 años), 8% (74 a 85) y 10% (+85), mientras se aplica la motosierra a la salud pública y se eliminan medicamentos y prestaciones. El tema resurgió este miércoles en la nueva marcha de jubilados. Esta vez se las ingeniaron para ir desde Congreso hasta el Ministerio de Salud. La respuesta del gobierno frente a los reclamos fue la habitual: policía antidisturbios. Lo que se vio y se dijo, entre tortafritas, carteles y hasta poemas.
Por Lucas Pedulla

Miriam Cejas se aleja de la fila con una tortafrita y un matecocido servido en vaso de telgopor. Tiene 67 años, es de Villa Lugano y esto sería como su postre: hace un rato pudo comer un guiso de lentejas gracias al gazebo que el sindicato de Camioneros sostiene desde hace más de un mes en los miércoles de jubilados en Congreso.
–Listo, con esto ya no como hasta mañana.
Lo justifica con las piedras que tiene en la vesícula y le quitan el apetito, aunque se le hace difícil tratarse –dice– porque no consigue turnos en el PAMI, la institución dedicada a brindar asistencia integral a los adultos mayores. En las últimas horas, clínicas y sanatorios privados de cuatro provincias –Río Negro, Neuquén, Chubut y La Pampa– anunciaron la suspensión total de la atención a 300 mil afiliados para el 24 de agosto, por 24 horas, una situación que no se dio ni en 2001, según advertían.

En Congreso, Miriam cuenta que, “por suerte”, pudo jubilarse hace dos años cuando aún existía la moratoria para regularizar sus aportes, hoy cortada por la motosierra libertaria. Eso le permite cobrar una jubilación mínima: 419.775 pesos más el bono de 70.000. «No significa que alcance para algo porque todo ha aumentado», aclara y cuenta que vive con su hermana, con quien comparte los servicios. Por eso intenta ir a la olla o al merendero del barrio, o ver si el verdulero le deja alguna manzana por barrerle la vereda («recién mi estómago me pedía algo, así que comí media naranja»), o conseguir esa promoción en Flores del maple de huevos a 3.500 pesos.
–Y si no, qué le vamos a hacer: mate.
Mate como alimento, mate para tirar.
–Tenemos que tirar. Si no, no llegamos.
Llegar a dónde, por qué venir, son las preguntas tontas antes de comenzar la marcha.
–No es sólo por mí, es también por los demás jubilados que tienen hijos, que tienen nietos, que pagan alquiler. Me gustaría que todo cambiara. Yo escuchaba a Norma Pla cuando defendía a los jubilados: se murió sin respuesta. Pero si el ser humano no hace esto, ¿qué va a esperar? El descanso lo decide Dios. Nosotros mientras tenemos que movernos y buscar el día a día.

Sus compañeras la llaman. Miriam abraza la bandera del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR) 12 de abril y se mete en la marcha.
Este miércoles la movilización abrió con un aviso: se haría la ronda de siempre pero luego se caminaría hasta el Ministerio de Salud, sobre la avenida 9 de Julio y la calle Moreno. La cabecera parte con una bandera sin metáforas: «Nos están matando».
El pliego de reclamos incluye desde el recorte de medicamentos (el gobierno eliminó al menos 44 remedios que tenían 100% de cobertura), los haberes que no alcanzan la canasta del adulto mayor (1.800.000 pesos, según la Defensoría de la Tercera Edad). Exigen además el fin de la intervención en el PAMI y la renuncia del ministro Mario Lugones, a quien le cantan «corrupto» y «asesino», como al presidente Javier Milei.

Por el costado pasan algunas personas vestidas de negro y con máscaras que asemejan un bufón triste. Llevan carteles:
- «Mortalidad de personas de 74 a 85 años creció 7,8% en 2024 durante el primer año del gobierno mileísta».
- «El Estado es responsable de cuidar nuestra vida».
- «Comprar comida o medicina, una elección mortal».
- «Basta de genocidio silencioso».
Algunos datos: la cantidad de fallecimientos en 2024 según la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) entre quienes tenían más de 85 años se incrementó en un 10%. Entre quienes tenían entre 75 y 84 años el aumento fue del 8%. Murieron 17.339 más personas a partir de los 74 años que en el año anterior. Causas: Neumonía e influenza (16%), Septicemias (12%), Enfermedades del corazón (9%), Enfermedades cerebrovasculares (5%) y Tumores malignos (2%), todo al ritmo de la motosierra aplicada a la salud pública y la atención a jubilados.

La palabra genocidio aparece en varios carteles.
Un jubilado de la agrupación 12 Apóstoles grita a los autos que pasan: «Tenemos que unirnos contra este gobierno. ¡Únanse, carajo!». Tanto en la marcha como frente al Ministerio se suma el reclamo por la liberación de Milton Tolomeo y Eneas Gallo que siguen detenidos desde febrero en la cárcel de Marcos Paz cuando los apresaron durante la protesta contra la reforma laboral. «No estamos todos, faltan los presos», cantan los jubilados.
Todo sucederá frente al Ministerio y frente a un cordón testimonial de efectivos de la Policía Federal, que intentan que la marcha no se vuelque hacia la calle. Los jubilados se las ingenian para cortar Moreno y hacer que el bus turístico de la Ciudad de Buenos Aires que iba a doblar cambie la dirección. Arriba, una señora de ascendencia asiática agita los brazos y saluda lo que se canta abajo:
“Milei, Lugones, corruptos y ladrones”.

Otro que marchó con carteles es Ricardo, jubilado telefónico: no dice la edad exacta, sólo que ya pasó el “medio siglo” y tiene “otros tantos años de experiencia”. Sobre sus escritos, avisa: «Uno es medio guaso y el otro, filosófico». Quienes estén leyendo dirán cuál es cual:
- “Donde termina la mentira empieza la revolución”.
- “Este Gobierno es una mierda, hay que tirar la cadena”.
Cuenta que es herrero, vecino de Quilmes –sur del conurbano bonarense– y que hoy trajo un poema por si justo le hacían una entrevista. Le decimos que es su día de suerte. Lo tenía doblado en dos en el bolsillo, escrito a mano. Fragmentos:
Las balas de los miércoles
están libres de culpa
bendecidas por el capellán ciego.
Esas balas
pagadas por el pueblo
apuntan a un fotógrafo en cuclillas
a un viejecito con andador
a un veterano en silla de ruedas
a una doméstica que ya no tiene
huellas digitales de tanto limpiar mierda ajena
a un reciclador de las inmundicias de los ricos.
Las balas de los miércoles
tienen hambre de carne patriótica
hacen agujeros por donde se derrama la sangre noble de mis hermanos.
Ojalá algún día a las balas de la infamia
les salga el tiro por la culata
entonces será justicia.

Protesta social
La ciencia de resistir

Clima de la época. Malvinas y el Mundial, banderas y llamamientos con cuatro estrellas: las de los títulos de 1978,1986, 2022, y la Estrellita Culona. El acto en defensa de la ciencia se realizó en el Obelisco y empalmó con el que los jubilados siguen haciendo cada miércoles, y recordando todos lo ocurrido el jueves cuando el rechazo social fue determinante para tumbar capítulos del proyecto de ley de propiedad privada. Un récord para Milei: hoy la ciencia está peor presupuestada que con la dictadura, el menemismo, el 2001, el macrismo y la pandemia: el (falso) superávit conseguido estrangulando actividades. Los que no fueron despedidos tienen los salarios congelados hace 26 meses, con destino uberizado. Las imágenes, las ideas y los gráficos del cientificidio.
Por Lucas Pedulla
Fotos Cobertura Colaborativa y lavaca.org
El número más bajo desde 1972 en relación al Producto Bruto Interno nacional (PBI): apenas un 0,140% en Ciencia y Técnica, superando el ajuste de la última dictadura militar. Una caída de financiamiento en todo el sector de más del 50%, según los informes del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación al cierre del primer trimestre del año. Siete puestos de trabajo perdidos por día entre investigadores, becarios, técnicos, personal de organismos públicos y universidades nacionales. Cierre y desmantelamiento de entidades como el Instituto Nacional del Cáncer o el Instituto Nacional del Agua, entre otras. Y quienes siguen con trabajo tienen salarios congelados hace 26 meses, que les ubican por debajo de la línea de la pobreza y teniendo que recurrir a otras estrategias como choferes de aplicación.

Esta es la bomba que está haciendo estallar –en sentido literal, pero también de bronca– a todo el sistema científico y universitario argentino, que este miércoles se convocó frente al Obelisco con la consigna: “Me pongo la camiseta para defender la ciencia argentina”. Los llamados apelaron a la emoción provocada por la performance de la Selección Argentina en el último mundial, sobre todo el triunfo épico ante Inglaterra por 2 a 1 y el corolario de la “sábanabandera” que los jugadores desplegaron ante los ojos de todo el mundo –“Las Malvinas son argentinas”– además de los festejos que en territorio porteño eligieron el Obelisco como sede histórica de celebraciones, aun en la derrota de la final.

Por eso los flyers tienen cuatro estrellas mundialistas: 1978, 1986, 2022 y la de este 12 de agosto es la famosa “estrella culona”, esa belleza marina encontrada en el Mar Argentino durante la transmisión de científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) en julio del año pasado.

Ciencias económicas. Foto: lavaca.org.
“Nos estamos poniendo la camiseta para defender al país”, sintetiza a lavaca Cora Gamarnik, doctora en Ciencias Sociales y coordinadora del Área de Fotografía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), una de las coordinadoras de la jornada. Y conecta esta convocatoria con la masiva protesta contra la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada que el Gobierno reprimió con fuerzas federales durante más de tres horas la semana pasada: “No sólo es en defensa nuestra. Lo que despertó el espíritu mundialista, la identidad nacional, las ganas de tener una patria, lo contentos que nos pusimos con ganarles a los ingleses y desplegar esa bandera, sumado a lo aguerrida que fue la marcha del jueves pese a la feroz represión, nos dio un nuevo impulso para que sepa lo que nos está pasando”.

Los organizadores describieron a la jornada federal –con participación en 30 ciudades y pueblos de todo el país– como “inédita” por su transversalidad, que sumó:
- Universidades nacionales, que llamaron a un paro de 24 horas en reclamo de la aplicación de la ley de Financiamiento Universitario (votada por el Congreso, vetada por el Gobierno, votada de nuevo y hasta con un fallo de la Corte que ordena su cumplimiento).
- Trabajadores de ARSAT.
- De la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), que sufrió un recorte del 44,6% según el Grupo Economía, Política y Ciencia del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (EPC-CIICTI).
- De la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE): 65,4% menos.
- Del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA): 34,3%.
- Del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INT): 54,1%.
- De la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia IDI): 87,8%. Fue el organismo del sector más perjudicado, con pérdidas de cientos de becas y proyectos de desarrollo.
- Del propio CONICET: un ajuste del 35,1%.

Los datos siguen y anuncian el desastre: la degradación del exministerio de Ciencia y Tecnología (MINCyT) a una subsecretaría expone una caída del 85,3% en la ejecución de su presupuesto.
“La situación es dramática”, apunta Cora. “El objetivo de la acción es visibilizar el impacto de las políticas del gobierno que no afectan solo a quienes trabajamos en el sector, sino a todo el país: el que nunca pisó una universidad necesita no tomar agua contaminada o que la nafta que le venden no esté adulterada”.
En el Obelisco hay muchas banderas con la tipografía de Las Malvinas, que dicen:
- “Defendemos el conocimiento y la soberanía científica”.
- “Sin ciencia no hay futuro”.
- “Ciencia es soberanía”.
- “La cuarta está acá”, junto al dibujo de la estrella culona.
Política del dulce de leche
Mariano es investigador del CONICET y trabaja en el Instituto de Fisiología Biología Molecular y Neurociencias (IFIBYNE) de la UBA: “La situación es crítica. La plata para investigar es cero y se hace difícil planificar cualquier cosa. Las líneas subsisten de lo que hay de otros años y muchos buscan en el exterior, donde también hay recortes. Todo el tiempo tenemos renuncias porque el sueldo no alcanza: una compañera es bioingeniera y su beca doctoral de dedicación exclusiva no llega a los $800.000. Muchos sienten que no hay futuro”.
Karina tiene 48, trabaja en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y no se puso una camiseta sino un guardapolvo entero de Argentina: “Trabajamos en desarrollo de vacunas y sus componentes. Participamos en el desarrollo de la vacuna ARVAC (la primera 100% argentina contra el Covid-19) y fue hermoso que todo lo que yo aprendí pude volcarlo en un trabajo que hoy es un producto que se consigue en las farmacias. Pero estamos preocupados. Todo el sistema de becas está complicado y hablamos de estudiantes que son la masa crítica. Es muy desmotivante que muchos por falta de apoyo tengan que irse al exterior, donde son muy valorados por el tipo de educación que tenemos. Si no podés independizarte de tus padres, ¿qué futuro le encontrás? Hace poco se nos rompió un equipo y arreglarlo costaba 6.000 dólares: para Brasil quizá sea poco pero para nosotros es remar en dulce de leche. Y no es que no hay plata: esto es una decisión política”.
De a poco, la convocatoria va creciendo. Poco antes de que el acto comience, se escucha una música que viene de 9 de Julio y se filtra entre los bocinazos y el cordón de la Policía de la Ciudad. Muchos miran y se emocionan.
Muchos aplauden y los abrazan.
Son los jubilados.
No la mires por TV
“Ole olé,
olé olá,
los jubilados aquí están
a los científicos venimos a apoyar”.
La canción se sostuvo desde la Plaza Congreso, donde jubilados y jubiladas marchan todos los miércoles, hasta el Obelisco. A la típica ronda de cada semana, cuando las columnas doblaban por Sáenz Peña, desde la cabecera gritaron: “¡Vamos a apoyar a los científicos!”. La procesión fue por Avenida de Mayo hasta 9 de Julio, y allí doblaron por Bernardo de Irigoyen. Todo custodiado por efectivos de la Policía de la Ciudad con escudos, cascos y armas largas como si estuvieran yendo a algún tipo de guerra.

Felipe Carlini es uno de los jubilados que marcha. Siempre. Cada miércoles. Aunque a sus 77 años reconoce que no era un asiduo participante de protestas. Hasta diciembre de 2023: “Ni bien asume Milei vine solo, por mi cuenta. No me podía quedar en mi casa mirando por televisión cómo semejante personaje nos iba a destruir. Este es otro Macri, pensaba yo. Y lo primero que dije fue: Este nos va a sacar los medicamentos. Me costó varios amigos del club de jubilados: hacíamos gimnasia, yoga, y ahí aprendí a tocar la guitarra. La enorme mayoría no tenían dónde caerse muertos, eran más pobres que yo, pero iban y votaban a este gobierno”.

De no salir casi nunca a la calle, Felipe pasó a marchar todos los miércoles. Hoy integra el Movimiento Activo de Trabajadores y Jubilados (MATyJ). Sus dos hijas siempre le preguntan si está bien: se preocupan al ver por tele cómo las fuerzas federales gasean o balean o empapan con camiones hidrantes esas protestas donde está su papá. Sus reclamos son elementales, pero los consideran terroristas:
- Recuperar la cobertura del 100% de todos los medicamentos del PAMI. Hoy hay apenas unos 40 remedios que se obtienen con un 40% o un 80%.
- Una jubilación mínima superior a la canasta básica. El haber mínimo hoy está en $419.775, más un bono de $70.000, mientras que la canasta básica supera los $1.800.000, según el relevamiento de la Defensoría de la Tercera Edad.
La jubilación de Felipe no es la mínima, pero apenas supera los $700.000. Trabajó muchos años en áreas de recursos humanos hasta que lo echaron en 2004. Consiguió empleo como seguridad en un consultorio pero le urgía hacer otra cosa: “No podía estar todos los días ocho horas mirando la pared”. Como trabajaba de noche, de día estudió gastronomía. Así consiguió trabajo en un hotel cinco estrellas donde estuvo hasta que se jubiló. Hoy vive en Villa Adelina (partido bonaerense de Vicente López) y cada semana camina las seis cuadras que lo separan de la estación del ramal Belgrano, se sube al tren, baja en la terminal Retiro y allí combina con el subte E para acercarse al Congreso. A sus hijas les dice que se queden tranquilas: “Si te tiran un gas, te corrés un poquito y después volvés a la carga”.
Es hincha de Independiente más por herencia familiar que por pasión futbolera, pero lo que sí le apasiona es el folklore. “Cafrune”, dice y se le iluminan los ojos, en relación al cantor y músico argentino. Una de sus canciones preferidas es Zamba de mi esperanza, concepto que ni Felipe ni todos los jubilados abandonan: “Cada miércoles es un desahogo, porque si no me quedo puteando el televisor”, dice, caminando con su compañero Rubén. Mientras, en el Obelisco el acto comienza: “Este gobierno está haciendo un cientificidio. No es un ajuste, es la destrucción de todo nuestro sistema científico”, dicen. Anuncian que van a bailar chacarera, leer un documento y luego a cantar el Himno Nacional.
Felipe une luchas como la de jubilados y la de la ciencia, y momentos como este Obelisco y la del jueves pasado en Congreso, que tanto le debe a los miércoles suyos y de sus compañeros: “Ahora el pueblo se despertó. Fijate que nos levantamos y le tumbamos como pueblo dos capítulos de la ley. Ahora hay que seguir en Diputados. Pero estamos. Y la empezamos los jubilados”.
Esos mismos que ahora, mientras el acto contra el cientificidio continúa, se divierten haciendo semaforazos en plena 9 de Julio. Frente a los datos, los mínimos históricos y el ajuste que no cesa, Felipe es optimista: “No hay que parar”.

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