Nota
Marcha de las centrales sindicales: 5 x 1
El acto de las tres CGT y las dos CTA: paradojas, dilemas, diferencias y puntos en común contra los despidos y el ajuste.
El acto de las tres CGT y las dos CTA: paradojas, dilemas, diferencias y puntos en común contra los despidos y el ajuste.

Foto: Nacho Yuchark/lavaca
El nuevo horizonte de los actos políticos está lleno de globos a gas cada vez más grandes y coloridos flotando sobre la gente. El escenario tuvo dos logos: CGT y CTA intentando no ser como el agua y el aceite. La frase en una gran bandera: “La unidad nos da la fuerza, la solidaridad la cohesión”, firmada por Juan Domingo Perón.
Los globos y zeppelines: UOCRA, UOM, Aceiteros, Docentes Universitarios, Sanidad, Pilotos de Austral, Judiciales, Juventud Sindical Metalúrgica, Camioneros Córdoba, OSN, entre otros, dispuestos junto al Monumento al Trabajo en el cruce de Paseo Colón e Independencia, Buenos Aires, centro de una movilización que los organizadores calcularon inflacionariamente en 350.000 personas, exageración innecesaria para una marcha que fue la más grande producida este año, junto a la del 24 de marzo.
Roberto, en una enorme columna de dos cuadras de UOCRA-La Matanza: “Acá hay que parar los despidos y que el gobierno se ponga las pilas para dar trabajo. Nos van a reventar a todos”. ¿No ocurrió que el secretario general Gerardo Martínez se comportó de modo dócil con el actual gobierno nacional? Roberto: “No importa nada. Lo único que te digo es que no se puede seguir así” responde, mientras la columna matancera canta en referencia a Mauricio Macri y su madre: “A ver si te das cuenta que no te quiere nadie”.

Foto: Nacho Yuchark/lavaca
Voto a Macri
Frente al palco observa Jorge Vidal, quien ostenta un cargo curioso: encargado de Relaciones Públicas del Sindicato de Choferes de Camiones de Mendoza. Diálogo con lavaca.org
-¿A quién votó?
-Macri.
-¿Conforme con el voto?
Mira de reojo, serio como en partido de poker:
-Hay que esperar.
-Pero ustedes no esperaron. Digo, por este acto.
-Claro, esperar o estar acá. Hay que marcarle el rumbo.
-Marcar el rumbo, pero ¿apoyando a Macri?
-Apoyando a Moyano- dice Jorge, que no se ha dejado contaminar por los artificios de su cargo.
Ariel llegó con los Camioneros de Mar del Plata.
-Yo también voté a Macri- dice riéndose-. Cuando hubo que apoyar a Néstor lo apoyamos, y cuando hubo que apoyar a Macri lo apoyamos. Nosotros sabemos que eso puede ir o venir, pero sabemos de qué lado estamos: con los trabajadores.

Foto: Nacho Yuchark/lavaca
Ariel cree que Moyano “dijo sin decir” que convenía el voto a Macri. “Yo igual creo que lleva poco tiempo en el gobierno, pero algo está haciendo mal y por eso está toda la gente acá. Para mí es un gobierno que iba a hacer algo bien, pero no lo hizo. ¿Si lo votaría hoy? No sé”. En cualquier caso, el hallazgo de tantos obreros que votaron al PRO indica que los clichés que adjudican estos vientos políticos exclusivamente a las clases medias y altas, son un tanto fósiles.
Encuentro con un sindicalista que apoyó la marcha y solicita anonimato: “Acá hacen un acto por la presión interna que tienen los dirigentes por despidos, suspensiones y amenazas de más despidos. Entonces todos tienen que salir a hacer algo. A la vez, no quieren oponerse, sobre todo los de las CGT” (Hugo Moyano y Antonio Caló, Hugo Barrionuevo escurrió su presencia).
El razonamiento: “Sergio Massa se está hundiendo, se lo está morfando el PRO. Entonces lo único que hay como oposición hoy es Cristina, o el kirchnerismo. Y la mayoría de estos dirigentes es antikirchnerista. Entonces no quieren debilitar a Macri, pero no se pueden quedar sin hacer nada, porque tienen la presión de lo que todo el mundo se da cuenta de lo que pasa con la economía, que es un desastre para los laburantes: ni una a favor”.

Foto: Nacho Yuchark/lavaca
Ojo con el 2° semestre
El Sindicato de Canillitas logró instalar en un edificio dos grandes banderas. “Información o monopolio” y “Gobernar es crear trabajo”. Todo el acto, y sus manifestantes, resultaron más enfáticos en la indispensable idea de evitar despidos, que en esa también indispensable propuesta de generar trabajo, y además trabajo en blanco: como si fuese un problema que afecta a otros.
Conversan dos obreros, Guido y el joven Luciano, de ATILRA (trabajadores de la industria láctea), gremio con 39.000 trabajadores, dice Guido. Luciano: “El acto está bueno, tranquilo, pacífico. Yo creo que Macri no puede hacer milagros, y hay que darle tiempo”. Guido: “Yo también lo voté, pero no hay que esperar más. Para mí este acto es decirle ‘ya te dimos tiempo, hasta acá llegamos’. Yo lo veo muy perdido al gobierno”. Luciano queda en silencio, no muy convencido.
La Bancaria es uno de los gremios, junto a los aceiteros, que mejor paritaria consiguió, rompiendo el techo del 30%. El gremio iba cantando: “Qué boludos, ahora el protocolo se lo meten en el culo” en referencia a los supuestos protocolos de seguridad de la ministra Patricia Bullrich.
Sergio Palazzo, secretario general del gremio bancario, dijo a lavaca.org durante la marcha: “Este es un muy buen acto contra las políticas del gobierno que está favoreciendo a los sectores concentrados de la economía y no a los trabajadores. Es cierto que hicimos una buena paritaria gracias a la lucha de los compañeros. Pero lo más importante para nosotros fue haber reincorporado a los trabajadores del Banco Cenral y del Provincia. No estamos en ninguna CGT. Pero estamos acá, en la calle. El secreto es que cuanto más cerca de los trabajadores estás, quedás más lejos del error. A nosotros no nos sorprende lo que hace Macri como política económica. Lo dijimos siempre. Y cuando dicen que va a bajar la inflación en el 2° semestre ojo, que va a ser a costa de los salarios”.

Foto: Nacho Yuchark/lavaca
Señales
Julio Fuentes pertenece a ATE Nacional (280.000 afiliados) y entiende el acto desde otro punto de vista: “Lo mejor es el clima que se respira, los compañeros de distintos sindicatos, de distintas centrales, se saluda, no hay conflicto, nos reconocemos todos como trabajadores. Tiene mucho valor que estemos todos juntos. Yo siento que es paso para una acción conjunta y una señal para el gobierno”.
Federico Tonnarelli, del hotel Bauen y presidente de la Federación de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA): “Sabemos que aquí hay diferencias, contradicciones, separaciones, pero que aquí estén las centrales sindicales juntas, y los trabajadores cooperativos, indica que no puede seguir el modelo de exclusión y de entrega. Entonces más allá de todo lo que nos pueda separar, acá se defiende el trabajo y la producción”.
Roberto Pianelli, de subtes (CTA de los Trabajadores): “El plan de ajuste es muy fuerte, y hasta las organizaciones más amarillas del sindicalismo quieren pactar, pero el gobierno parece que va aq cargárselos a todos. El plan es aumentar la tasa de ganancias de los grandes grupos económicos y patronales, empeorar las condiciones laborales, y liquidar el poder adquisitivo. Esto pega internamente en los sindicatos, y tienen que salir a descomprimir los reclamos”.
Otro aspecto es el de la Ley antidespidos, aprobada por el Senado y que debe debatirse en Diputados, con oposición del Poder Ejecutivo: “La impresión es que puede salir aprobada también en Diputados y allí habría un costo político enorme para Macri, si decide vetarla”.

Foto: Nacho Yuchark/lavaca
Pedro Bayugar, del sindicato de docentes privados (CTA Alsina, Antonio Caló): “Tenemos 300.000 afiliados en todo el país, que son precarizados. Yo supongo que el gobierno inteligentemente llamará a negociar y dialogar. Lo que dijo el ministro Jorge Triaca (Trabajo) sobre el Consejo del Salario es una alternativa interesante. Pero los compromisos con los fondos buitres y los grandes capitales nacionales e internacionales son tan grandes, que es muy difícil pensar que puedan retroceder”.
Ramón Rodríguez, Camionero del sindicato porteño que recolecta la basura: “Para mí la pelea va a ser cada vez más grande. Yo me la vi venir, por eso no lo voté a Macri. Va a haber más problemas. Si no cambia la cosa urgentemente, va a quedar mucha gente sin trabajo. Acá no te podés casar con nadie y lo que nos va a salvar es estar como acá, todos juntos, todos los que tenemos miedo a perder el trabajo”.
Ricardo Peidró (secretario adjunto de la CTA autónoma): “Venimos marchado desde el comienzo de este gobierno con las consignas de ni un despido más, ni un trabajador menos, no pagar el ajuste con nuestro salario, contra la criminalización de la protesta, contra los protocolos represivos y la ley antiterrorista. Por haber venido haciendo eso es que celebramos esta marcha, que es de las más importantes de estos tiempos”.
Para Peidró, “independientemente de la conducciones sindicales hay un clima que no se puede ocultar. Los sindicatos burocratizados o el calificativo que se prefiera usar, con tener anclaje mínimo en sus bases, tienen que salir a la calle. Esto es un fenómeno que no está ocurriendo solamente en la Argentina sino a nivel regional. Y frente a ese avance tiene que haber una unidad global de la clase trabajadora”.
Sin embargo la CTA se separó para poder tener un perfil propio: “Tenemos modelos sindicales diferentes, creemos en otro tipo de organización, en la cual los trabajadores sean los que deciden cómo organizarse. Pero eso no quita la unidad más importante con otros gremios y centrales, que es la unidad de acción”.
Fotos: Nacho Yuchark/lavaca
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
Por Sergio Ciancaglini

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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