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La verdadera historia de la Morocha

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Falleció Isabel “Coca” Sarli, la bella salvaje de las Pampas, según la definió Playboy en los 60. Un mito con escote, una estrella de la desnudez. En su nacimiento como cooperativa de comunicación, lavaca realizó esta entrevista e investigación con esa figura emblemática y polémica del cine argentino, publicada también por la revista colombiana Gatopardo. Las censuras, las detenciones, cómo se filmaban las escenas, las exigencias y la relación con Armando Bo: un pedazo de historia argentina nacida un 9 de Julio como Hilda Isabel Gorrindo Tito. La Coca atravesó la etapa peronista, varias etapas militares, atravesó también las fantasías de una sociedad pacata, pero además su propia historia es una película de la cual esta crónica aporta secretos, anécdotas y escenas para conocer a una leyenda.
La verdadera historia de la Morocha
Toma 1: Isabel en la ducha. Isabel tirada en el pasto. Isabel bajándose el escote. Isabel acariciándose los pechos. Isabel violada por una docena de hombres. Isabel golpeada por su marido… Isabel Sarli entregada a la mirada astuta del director de cine Armando Bó, para quien protagonizó veintiocho películas en las que aparece maravillosa y definitivamente desnuda.
Su primer filme, Un trueno entre las hojas, resultó un viaje iniciático para las fantasías de los jóvenes –y no tanto– de fines de los 50. “No nos dejemos emborrachar por ella, una mujer como ésa es peor que la muerte”, advierte uno de los personajes: Isabel deslizándose por el lago, Isabel da vueltas y brazadas, Isabel deja asomar sus pechos sobre la superficie del agua… Sarli fue la primera mujer en mostrarse de frente y sin ropas en la pantalla argentina. “Me habían bautizado ‘la higiénica’ porque siempre aparecía bañándome”, confiesa ella, risueña.
La verdadera historia de la Morocha
A principios de los 60, la edición norteamericana de la revista Playboy dedicó –hecho inédito hasta entonces– cuatro páginas a una figura no europea ni estadounidense: “La bella salvaje de las pampas” se titulaba la producción fotográfica en la que la Coca aparecía con el vestido desgarrado de Sabaleros, su segunda película. Ya se delineaba entonces lo que fue una constante en la filmografía Sarli-Bo: las funciones a sala llena, las críticas demoledoras de los especialistas y la censura.
Prácticamente todas las películas de la dupla sufrieron algún tipo de prohibición por atentar contra ”la moral y las buenas costumbres”. O los perseguía el Ente de Calificación Cinematográfica, o les iniciaban juicios penales, o el director pasaba el fin de semana encarcelado. «Y todo era por los desnudos de Isabel. ¿Se puede creer?. Ni que yo hubiera sido un degenerado –argumenta el director en Los filmes de Armando Bo con Isabel Sarli, de Jorge Abel Martin– ¡tengo familia, creo en Dios!. Siempre he dicho que desde la época de los griegos se exaltó la belleza del desnudo a través de la pintura, a través de la escultura. Si fuera por los acusadores argentinos, el David de Miguel Angel no podría estar en la plaza de Florencia”
Hubiera sido digno de alguna de sus películas el viaje en ascensor de Isabel con el integrante del Ente de Calificación Ramiro de la Fuente. La cabina era tan pequeña y el escote de ella tan inmenso que el censor no tuvo más remedio que fijar la mirada en ese abismo que tantas veces había podado con la tijera, según ella misma contó en un reportaje para la edición argentina de Playboy.
Para eludir a los censores debían cambiar los títulos y modificar las tomas. “Muchas escenas las teníamos que filmar dos veces –cuenta Isabel–. En Fiebre, por ejemplo, yo me tenía que tirar desnuda y revolcar en la alfalfa. Armando me decía: ‘Coca, vos ahora te sentís yegua. ¡Sos una yegua! ¡Tenés que comer alfalfa., vamos, comé alfalfa! ¡Las yeguas comen alfalfa!’. Esa era una versión. Después filmamos otra, para la Argentina, en la que yo me retorcía entre gasas blancas. Para la versión nacional yo era una señora desesperada entre tules. Para la versión exterior era una yegua que comía alfalfa”.
Las negociaciones, con cada nueva película eran largas y tediosas. Tanto que, durante la última dictadura militar, fue prohibida La insaciable, director y actriz iniciaron una huelga de hambre sentados en un banco en Plaza de Mayo hasta que el edecán presidencial los intimó a retirarse.
No menos irritantes les resultaban los comentarios negativos de los periodistas y los críticos. Una vez, el director se presentó sin aviso previo a un canal de televisión y se trenzó a cachetazos antes las cámaras con quienes, unos minutos antes, había hablado duramente de la Coca, un producto al que defendía con uñas y dientes.
Bó era impulsivo, furioso, directo. Y nunca dejó de sangrar por la herida.
Ese era Armando.
Esa es la Coca.
 
Toma 2: Isabel sola, alejada de las cámaras y recluida en su casa de Martínez. Isabel adopta decenas de animales (­papagayos, tortugas, perros, gatos) y a todos les da su apellido. Isabel habla, por la noche, con las dos estrellas desde donde brillan sus muertos más queridos: María Elena, su madre, y Armando, el amor ­ –repite– de su vida.
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Sarli y Bo compartieron 25 años y cuatro meses de una relación que era un secreto a voces pero nunca fue oficializada, porque durante esos 25 años y cuatro meses el director de cine vivió con Teresa Machinandiarena, su legítima esposa, sus dos hijas María Inés y María Jesús y su hijo Víctor, que fue también partenaire de la Coca en varias de las películas filmadas por su padre. En una, incluso, Armando y Víctor se disputan a la misma mujer en un relato que dispara la fantasía pecaminosa del incesto en el incosciente de los espectadores.
“Nosotros no tuvimos hijos porque a mí me hacía estremecer el dolor de las mujeres en los partos, que vi en el cine. Pero también porque él decía que no podía haber una sexy embarazada y que nuestros hijos eran las películas. Y tenía razón, ¿no? Porque yo tenía que trabajar, trabajar y trabajar”.
La diva construyó la versión oficial de su propia vida.
Dice: que nunca fue a bailar, que no tuvo novios durante la adolescencia, que no aceptaba que los actores le dieran besos en la boca, que en las escenas de desnudos quedaba solo el personal indispensable, que fue durante el rodaje de La dama regresa –la película de Jorge Polaco que la devolvió al cine luego de más de diez años– cuando entró por primera vez a un hotel de alojamiento.
Dice también: que aceptó quedarse sin ropa porque lo único que le interesaba era hacer plata, que no quería que su mamá siguiera sacrificándose, que odia a su papá porque la abandonó, que se casó antes de los 20 con Ralph Heinlein, un señor de familia alemana, y que el matrimonio resultó un fracaso, pero que de eso prefiere no hablar.
Es lo que repite, invariablemente, en cada uno de los reportajes que concede. El escote lo repite también.
Esa es la Coca.
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Toma 3: Isabel que regresa. Isabel de nuevo en un set de filmación. Isabel en el escenario de un teatro de revistas. Isabel protagonista de una campaña de ropa de moda. Isabel con escote, otra vez.
En 1996 Sarli aceptó protagonizar La dama regresa, la película de Jorge Polaco y a partir de entonces abandonó su papel de “dama de su casa” para actuar frente al público. “Isabel es una tramposa –hace un guiño el director, que es su amigo– ¿Es solamente una buena mujer que cuida gatos y perros? ¿Será una demagoga? Y si así lo fuera, ¿qué hay de malo? Lo importante es que conforma un personaje alrededor de su figura sin pedir nada prestado. Y eso pocas personas lo logran”.
En el filme, aparece –higiénica– en un jacuzzi, cubierta de espuma. Y cuentan que, al rodar otra de las escenas, en la cancha de Boca, le sugieron delicadamente que sacara pecho “Si estas lolas me hicieron famosa…¿por qué esconderlas?”
Según Polaco, la grandeza de esta estrella reside en “vivir cinematográficamente lo cotidiano”: Isabel baja por la escalera de su casa con tacos aguja. Isabel deja asomar un par de piernas hermosas. Isabel sostiene a un perro caniche en uno de sus brazos. Isabel mueve su antológica melena.
Sarli, que había sido modelo publicitaria antes de dedicarse al cine, fue recientemente tomada como figura para la campaña Americana al Sur de la firma de ropa Ona Saez, contra todos los preceptos del modelaje de los 90; ese ideal de cuerpos espigados, exageradamente flacos y compensados con cirugías y siliconas. “Isabel siempre transmitió autenticidad, rebeldía –sostiene Santiago Saez, responsable de la marca– Fue una vanguardista que con sus desnudos se adelantó todo lo que después sería la belleza femenina. Con las mujeres argentinas y, en general, con las sudamericanas, pasa lo mismo que con ella: a primera vista parecen un infierno y después aparece su sensibilidad”.
Una de las cosas que la Coca ya no dice es su edad. Pero si los archivos no mienten, Isabel filmó la primera película cuando tenía 21 años; a los 33 fue sucesivamente violada por una docena de empleados de un frigorífico en una secuencia ampliamente recordada de Carne y a los 44, hizo el último filme junto a Bó. Y su cuerpo podía, todavía, más.
En 1992 el cirujano Raúl Matera le extirpó un tumor cerebral. Y se recuperó. Ha engordado y envejecido un poco. Sin embargo ronda los 65 años, hizo temporada todo el verano en un teatro de revistas en Córdoba, y basta verla para darse cuenta que su cuerpo casi no se gasta, la sobrevive de impecable escote.
¿Quién es, entonces, la Coca?
 
La verdadera historia de la Morocha
Hilda Isabel Gorrindo Tito –la Coca– nació morocha el 9 de julio de 1936, justo cuando los productores de cine comprendieron que la mujer tenía asistencia perfecta a las salas y en Estados Unidos comenzaba el reinado de las rubias de la Fox. (Shirley Temple, Sonja Henie,Alice Faye).
Las películas, los radioteatros y las novelas populares eran, por entonces, los tres pilares culturales de un sector femenino numéricamente importante en la Argentina. Producciones de ese universo paralelo, todavía difuso y ajeno a la crítica de los especialistas, que se volvió un fenómeno masivo incluso mientras era ignorado por la cultura consagrada y oficial: las historietas, las fotonovelas, las revistas de hobbies y divulgación, los cursos por correspondencia, las historias por entregas y otros resabios del folletín que circulaban en los quioscos. Ese subterfugio llamado “literatura popular” era también el lugar de pertenencia de las películas de la dupla Bó-Sarli.
“La matriz sobre la que se edifica la narrativa clásica del cine latinoamericano es el melodrama. –explica Ricardo Manetti en Cien años de cine–. En la Argentina, el modelo, en los años iniciales de la industrialización cinematográfica, deriva de la fórmula de la letra de tango. El guión despliega los tópicos románticos de la canción en la que generalmente se habla de un bien perdido: la mujer, a quien se representa como causante de todos los males (la devoradora) o como la muchachita buena capaz de simbolizar en el futuro el espacio seguro significado por la madre”. Estos modelos son parte del imaginario que cruza los filmes de la pareja.
El éxito de la dupla, a partir de fines de los 50, coincide con la renovación cinematográfica que los franceses exportaron al mundo, con el nombre de nouvelle vague. En
Gran Bretaña se llamó Free Cinema, en los Estados Unidos New American Cinema, en Brasil Cinema Novo y en la Argentina Nuevo Cine.
Bó no desconocía a esos vanguardistas en el manejo del montaje, las técnicas de rodaje y la libertad creadora, nucleados en torno del mensuario francés Cahiers du Cinéma (Claude Chabrol, Francois Truffaut, Jean Luc Godard, Eric Rohmery
Pero su universo de pertenencia era otro.
No obstante, con gran picardía comercial, tomó como modelo a un precursor de la Nouvelle Vague para hacer un contrapunto nacional. En 1956, Roger Vadim filmó Y Dios creó a la mujer, la película que conmocionó a Europa con el desnudo de la jovencísima Brigitte Bardot. El director creó un nuevo sex symbol femenino que –según la escritora Simone de Beauvoir– desafía ciertos tabúes aceptados por la generación precedente, particularmente aquellos que niegan a la mujer su autonomía sexual”. El filme, que provocó escándalos en cada lugar donde fue exhibido, fue estrenado en la Argentina con 18 minutos menos.
Y el demonio creó a los hombres, se tituló Bó a la versión autóctona, protagonizada –quién si no– por la Coca.
En 1957, el mismo año que comenzó el rodaje de El trueno entre las hojas, se editó en Barcelona el libro Belleza. Sea atractiva, siempre joven y más feliz, de Rosalía Vander, un compilado de feminidad predigerida, cuyo espíritu no difería de las revistas que pautaban los sueños de las mujeres argentinas cada semana.
“¿Cómo nos pondremos pues de acuerdo sobre lo que es la belleza femenina? – se pregunta y se responde Rosalía– Creo que, para comprenderla debidamente, convendrá considerar tres aspectos fundamentales de ella que son los siguientes:

  1. Los dones naturales de la belleza femenina, o sea los que tendría la mujer tal como fue creada, es decir, en estado sano, normal y sin taras.

2.Los atributos que a la mujer natural añaden la educación y la cultura.

  1. El realce que le da el arte de embellecerse (cosmética, peinado, arte de vestirse) que en realidad no debe cambiar la belleza de la mujer sino darle mayor relieve, a la vez que mejor presentación”.

Por lo menos en el caso de la Coca, los mandatos bíblicos de Rosalía se hicieron verdad:
“El cabello abundante y largo es una de las características de feminidad. De ahí que una mujer poseedora de una hermosa cabellera tenga mucho en su favor para su atractivo femenino, aunque modernamente predomine la moda del cabello corta”.
Efectivamente Isabel tenía el pelo por arriba del cuello cuando azarosamente –se había enfermado la modelo contratada– empezó su carrera publicitaria. Fue fotografiada para los anuncios de calefones, cocinas, agencias de turismo, jabones, arroces y soutiens. Pero fue sin dudas su modo de acomodarse y acariciarse esa cabellera morocha y larga en las películas, el que comenzó a inquietar al imaginario masculino, que ya intuía la proximidad de su soberbio desnudo en la pantalla.
Por los 50, el platinado de las chicas de la Fox fue travestido en ícono por Marilyn Monroe, esa rubia bella, y un poco tonta, que surgió de la pantalla y se volvió el mito erótico más universal y perdurable del siglo XX. Para la misma época, la Argentina exportaba al mundo a una morocha de pelo largo con una sensualidad que ni era blonda, ni glamorosa, ni cantaba Happy Birthday Mister President.
Si bien no todas las películas dirigidas por Bó se desarrollaron en ambientes marginales, el erotismo que consagró a Sarli estaba rodeado de hombres de piel curtida, de obreros, de frigoríficos, de caballerizas, de violencia. Tenía cuerpo –carne–, era real: “nacional y popular”, por decirlo con los términos peronistas de la época.
El general Juan Domingo Perón fue elegido presidente de la Nación en 1946 Y un año después consagraba el voto femenino en la Argentina, que se implementó por primera vez en el 51, por impulso de su esposa Eva Duarte: esa figura mítica, tan idolatrada como odiada.
Bó conoció a Evita antes de que fuera primera dama, durante el rodaje de La cabalgata del circo(un trabajo de Mario Soffici), cuando ella, morocha, todavía no se había teñido el pelo de rubio ni se lo ataba con su emblemático rodete. Era su enamorado secreto en ese filme donde la estrella era Libertad Lamarque. Cuentan que la diva le dio un cachetazo a Evita, harta de sus llegadas tarde, ocasionadas por sus incursiones políticas, los tres radioteatros en los que trabajaba y –sobre todo– su romance con el entonces coronel (1944).
Perón, en cambio, ya estaba en la Casa Rosada cuando recibió en su despacho a Sarli, flamante ganadora del concurso para Miss Argentina. La morocha Isabel (90-58-90) reemplazó en el podio a Ivana Kislinger, una rubia de tipo nórdico.
“Usted es la más importante de mis embajadores”, le dijo el mandatario antes de que Miss Perón viajara a disputar el puesto de la primera belleza del mundo. No lo consiguió y, a su vuelta, el general había sido derrocado por el golpe militar encabezado por ….
Pero la Coca siguió siendo justicialista más allá de todo. “Antes que nada, soy peronista”, declaró cuando hizo campaña a favor de la primera elección de Carlos Menem, en 1989. Y cuando el filme de Polaco –su película retorno– estuvo a punto de perder el crédito del Instituto del Cine, Sarli recurrió a Jorge Antonio, íntimo del entonces presidente de la Nación.
 
 
 
Isabel se incorporó al universo del cine en la época “de las grandes divas, de las mujeres que sacan pecho, que beben champan para calmar la jaqueca y miran a los hombres desde arriba”, al decir del crítico Claudio España. Sus escotes corazón intentaban reanimar una industria que, aunque a poco de andar, estaba ya en crisis. En esos años 50, Bó fue el principal exportador de películas argentinas: los desnudos de la actriz llegaron hasta Rusia, llevados de contrabando desde Cuba y hasta inspiraron los versos de un poeta chino en Beijing.
En 1931 se estrenó en Buenos Aires la primera película argentina sonora: Muñequitas porteñas, escrita y dirigida por José Ferreira. Surgieron, a partir de entonces, las grandes estrellas nacionales (Tita Merello, Libertad Lamarque, Mercedes Simone) de actuación y canto simultáneo. La voz pasó a ser condición fundamental para el séptimo arte. Pero cuando –años después– Isabel apareció en la pantalla, no sabía hablar ni bailar.
El guión de Y el demonio creó a los hombres indicaba que la protagonista debía ejecutar una danza sumamente sensual en un escenario natural, en Punta del Este.
–Pero Armando, yo no sé bailar, se desesperó la Coca.
–Si no sabés, aprendé, fue la respuesta que la dejó sin opciones.
En Un trueno entre las hojas sus parlamentos aparecen doblados por Eva Dongé y, aunque frente a ese colosal desnudo en cámaras pocos espectadores repararon en su voz, los críticos pusieron en duda desde el vamos sus dotes actorales: un erotismo básico y de movimientos estereotipados.
“Soy pavota, pero no tanto como para creerme una actriz”, repite Isabel cada vez que le preguntan y jura que actuó una sola vez en su vida, cuando engañó a Bó respecto de la enfermedad terminal que padecía. Es una vieja astuta, porque sabe que no dice poca cosa.
Lo que consiguió, lo logró a la fuerza. “Armando me explicaba. O me tiraba por una escalera, para darme susto. O me metía la cabeza en un tacho donde estaban quemando hojas húmedas, para que medio me ahogara y diera congestionada y con miedo. Bueno, ahora he mejorado un poco: ya me puedo asustar mejor, y sola”.
La primera película de Sarli está basada en un cuento del reconocido escritor paraguayo Augusto Roa Bastos. También tuvo a su cargo el guión del filme. “Armando era un poco diablo para poner a la gente en aprietos. Una vez me llevó a una radio en Buenos Aires y dijo: ‘acá el señor Roa Basto vino para hablar de los progresos que ha hecho últimamente Isabel Sarli como actriz”, recuerda el escritor en El trueno entre las páginas, un libro de diálogos con Alejandro Maciel, de próxima aparición. “Yo me defendí diciendo que mi cultura cinematográfica era muy precaria. Pero observé -y ahí vino mi pequeño desquite- que Isabel Sarli antes se bañaba desnuda y ahora se enjabonaba. Porque en la última película usaba un pan de jabón Federal del tamaño de un ladrillo”.
El autor estaba radicado en Buenos Aires cuando, en 1953, publicó El trueno entre las hojas, su primera colección de cuentos. Y es por ese libro (junto a La Babosa de Gabriel Casaccia y Follaje en los ojos de José Rivarola Matto) que la narrativa paraguaya empieza a adquirir distinción y atención internacional. No por casualidad estas ficciones, de realismo crítico, fueron escritas por exiliados que habían abandonado un país que tras la sangrienta guerra civil de 1947 soportó –entre 1955 y 1989– la dictadura del general Alfredo Stroessner, una de las más largas de la historia americana.
Entre la versión original de Roa Bastos, el guión que él mismo escribió y la historia que finalmente quedó plasmada en el filme hay diferencias sustanciales. El cuento, que denuncia la explotación de trabajadores en la zafra, no tiene la carga erótica que le indicó la intuición comercial de Bó. “La película está hecha ‘a la sua cadenza’ como diría un italiano. Una tarde, como tantas veces sucede en estos climas subtropicales, de un cielo a pleno sol pasamos a un nublado cerrado, oscuro. Él pensaba filmar varias secuencias ese día pero el tiempo no daba porque esas escenas eran diurnas y en exteriores. Entonces de un golpe arrancó las diez páginas del guión que no se podían filmar y pasó a otra cosa. Yo primero creí que era una broma pero no, era en serio. Armando -le dije- ahí va uno de los episodios más terribles de la obra. No, no importa -me dijo él- igual esto es muy largo y no hay sol”, recordó el escritor en un mail enviado especialmente a Gatopardo.
La historia era, en verdad, un pretexto para aplicar la fórmula del éxito: un poco de sexo, algo de violencia, música, paisajes nacionales o latinoamericanos y ciertos toques kitsch. Siempre el mismo cóctel. El de un erotismo primario, naif y moralizante.
El trueno entre las hojas fue estrenada en 1958 pero ya durante su rodaje –iniciado un año antes– había comenzado a tejerse el mito Sarli. Isabel viajó a filmar a Misiones? con su madre, la primera en poner el grito en el cielo cuando Bo sugirió filmar el primer desnudo real del cine argentino. “El de Olga Zubarry en La Casa del Angel fue trucado”, aclara el periodista de la farándula Néstor Romano en Isabel Sarli al desnudo.
Cuenta la leyenda que Bó le aseguró a la actriz que iba a filmarla de lejos y que casi no se la vería y que hasta la hizo asomarse por el ojo de la cámara para que lo comprobara por sí misma. Eligieron un lago alejado, dejaron a María Elena en el campamento y para envalentonar a la Coca, Bó le dio whisky en una cantimplora. Y ella que –asegura- nunca había bebido se mareó al instante. El mito detrás de bambalinas.
–Anda sacándote la ropa –le dijo Armando e Isabel sintió que le temblaba todo el cuerpo.
–Metete al agua, Coca– le ordenó mientras, detrás de cámara, se deleitaba por las imágenes que le anticipaban la gloria.
En la privada le mostraron a Isabel la película cortada recién la vio entera en el estreno y ahí pasó lo del cencicero Cuando descubrí la mentira me enojé tanto que le rompí el escritorio de vidrio con un cenicero
La película fue prohibida para menores de 18. “Su cuerpo es demasiado insinuante, provocativo, es casi indecente por los sentimientos que provoca”, argumentó uno de los censores.
Bó –que antes de El trueno Armando ya había producido mas de una decena de películas– no sólo dirigió a Sarli sino que actuó en casi todos los filmes. Como redentor de la diva, por supuesto.
Isabel se negó a ser dirigida por otro que no fuera él: le dijo que no a Daniel Tinayre y a Lucas Demare. Solo fue forzada a aceptar, por el propio Bo, la propuesta de Leopoldo Torre Nilsson –uno de los pocos que defendía a la dupla frente a los críticos– para trabajar en Setenta veces siete. ”Entonces no me voy a desnudar”, fue la condición que puso Isabel Probablemente fue entonces cuando, para convencerla, Torre Nilsson le pidió prestadas las manos a Armando para acariciar a la diva.
 
Toma final: La historia es como la del huevo o la gallina: ¿Quién fue primero: Sarli o Bó? ¿Quién creó a quién?
La Coca es una mujer de presencia y carácter: para pelear precios de los diseños de Paco Jamandreu, para defender su porcentaje en las ganancias y hasta para repartir alguna cachetada o tirarle una taza de café en la cara al propio Bó. Sin embargo ella siempre aceptó mostrarse como sumisa frente a la severa María Elena y, luego, ante el amor de su vida. “A lo mejor yo, por dentro, era más libre que mi mamá y que Armando, pero me dejé someter para que me quisieran”, dejó entrever alguna vez. Cada tanto, como al pasar, deja filtrar algunas verdades a su historia oficial: “A mí me gusta proteger niños y animales, pero hombres no”,“hay que desconfiar de los tímidos: somos capaces de proezas inimaginables”.
¿Quién es entonces la Coca? Según la mitología griega, la belleza está tutelada tanto por Afrodita, la diosa armónica y dulce, como por Pandora, pérfida y fatal. Entre esos dos arquetipos fue construida, históricamente, la feminidad.
Isabel supo que para salvar sus desnudos debía darle tranquilidad moral a los espectadores. Ella podía mostrarse sin ropas frente a las cámaras, sí, pero además tenía que ser una mujer de su casa, que cuidara de sus animales, que resultara maternal y fiel de por vida. Por eso el público la ama.
“Eres una mezcla de angel y demonio”, le dice a Isabel la actriz Barbara Mujica a Isabel en Fuego (1968), mientras la acaricia sin pudor. Y en esa escena de lesbianismo –una de las primeras filmadas en el cine argentino– se explicita el entramado del mito Sarli: desnudarse para quedar oculta tras esos pechos inabarcables. El escote, pues.

 

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UVA: para poner en acción tus proyectos

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Universidad de Lavaca

Creación y Autogestión de medios

Periodismo y Comunicación Socio Ambiental

Escritura Periodística

Fotografía

Teatro 

Desde hace veinte años nuestra Cooperativa desarrolla la UVA (Universidad de lavaca) propuesta de comunicación y cultura que se plantea el desafío de crear pensamiento, movimiento, y de brindar herramientas para que cada uno de sus talleres, seminarios y diplomados sean espacios de construcción personal y colectiva. Cada una de esas propuestas abarca de marzo a julio en la primera mitad del año.

La cursada puede ser presencial (en Riobamba 143, CABA) o virtual, un sábado por mes, con seguimiento online entre cada encuentro para intercambio de materiales, trabajos, ideas y experiencias. Y para potenciar trabajos, proyectos y sueños.

Ya están abiertas las inscripciones 2024.

Para más información, escribinos a [email protected]

UVA: para poner en acción tus proyectos

Diplomado en Periodismo y Comunicación Ambiental Dr. Andrés Carrasco

El primer sábados de cada mes, de 14 a 17.30 hs

Coordinador: Sergio Ciancaglini

La búsqueda: generar estudio, reflexión y acción con respecto a uno de los temas centrales de la época: Naturaleza, sociedad, derechos humanos, modelos económicos, impactos ecológicos y sociales, paradigmas de pensamiento para encarar el presente.

Relaciones con la producción, la cultura, los derechos humanos y el futuro.

Además, nos proponemos que el Diplomado resulte un lugar para crear y fortalecer espacios de contacto e intercambio entre las comunidades, la ciencia, las organizaciones sociales, los ámbitos de estudio, la producción y la comunicación.

Participan en cada edición: Myriam Gorban, Water Pengue, Soledad Barruti, Santiago Sarandon, Irmina Kleiner, Remo Vénica, Asamblea No a la Mina (Chubut), Alicia Massarini, Damián Verzeñassi, El Reciclador Urbano, Eduardo Cerdá, Asamblea Popular por el Agua de Mendoza, RENAMA (Red Nacional de Municipios que fomentan la Agroecología), UTT (Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra), Marcos Filardi, Observatorio Petrolero Sur, Asambleas por un Mar Libre de Petroleras, entre otros y otras. 

Algunos de los temas: Naturaleza, Sociedad y Derechos Humanos, Ciencia, ambiente y política, Agronegocios y modelo productivo, Agroecologíca, Nuevas formas de organización social, Nuevos paradigmas de pensamiento, Minería y modelo extractivo, Soberanía alimentaria y cómo todo eso se relaciona con la comunicación, el presente y el futuro.

UVA: para poner en acción tus proyectos

Seminario de Escritura Periodística

Segundos sábados de cada mes, de 12 a 14 hs

Profesores a cargo: Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi

Un espacio de entrenamiento en escritura y redacción periodística en una época de abismos. Estudio, reflexión y acción para hacer periodismo en territorio. El acontecimiento como producción en medio del caos. La sensibilidad como valor en tiempos de inteligencia artificial. El movimiento y la pregunta para la descripción y el testimonio. Un laboratorio para hacer trinchera, mientras también escuchamos a quienes nos formaron.

UVA: para poner en acción tus proyectos

Fotografía y Periodismo

Terceros sábados de cada mes, de 14 a 17,30 hs

Profesores a cargo: Lina Etchesuri y Lucas Pedulla

Un espacio de reflexión, producción y entrenamiento. Un laboratorio sobre las prácticas actuales de la comunicación a través de la producción de imágenes y textos, donde vas a poder desarrollar la mirada propia en un espacio colectivo. Un lugar de preguntas para abrir al pensamiento crítico sobre qué implica la comunicación y la imagen hoy. Y, también, poner a disposición qué herramientas de fotografía nos ayudan para hacer periodismo, y qué técnicas periodísticas nos ayudan a hacer fotografía.

Seguimiento para orientación, envío de materiales, intercambio de trabajos y ejercicios.

Dirigido a fotógrafes, profesionales de los medios de comunicación y no; estudiantes de las carreras vinculadas con la imagen, la fotografía y los medios; y sobre todo, a cualquier persona sensible que le interese transitar esta experiencia de mirar y escribir acerca de la época.

Módulo 1 – Territorio

Poner el cuerpo en la producción de imagen y periodismo. La complejidad y los vínculos. Quiénes son nuestras fuentes. Las imágenes que faltan.

Módulo 2 – Sensibilidad

Qué veo, qué siento, qué escucho. Mirar y escribir con los pies. La piel como primera instancia de comunicación. Entrenamientos para salir del algoritmo.
Modos de mirar: expandir horizontes y cruzar las fronteras del fotoperiodismo hoy. Experiencias artísticas como forma de comunicación.

Módulo 3 – Tiempo

Salir del like para hacer periodismo y la importancia de la producción y el seguimiento en el tiempo.
Explorar distintas herramientas y lenguajes visuales. 
El tiempo en el hacer y la potencia de las imágenes en proyectos de largo aliento.
Imágenes y memoria.

Módulo 4 – Caja de Herramientas

Compartir experiencias y distintos formatos para poder desarrollar crónicas, investigaciones y proyectos visuales y periodísticos.
Lo estético, lo conceptual, lo técnico de las imágenes y las posibilidades de los nuevos soportes.
Adentrarnos en la edición fotográfica como parte de la narrativa periodística.

UVA: para poner en acción tus proyectos

Diplomado en Medios y Autogestión

Cuartos sábados de cada mes, de 14 a 17.30 hs

Profesores a cargo: Claudia Acuña y Lucas Pedulla

Un espacio de formación sobre las actuales prácticas sociales de comunicación y un útero de gestación de nuevos proyectos. ¿Cómo se hace? ¿A partir de qué recursos se puede crear otra forma de comunicación? ¿Qué experiencias nos permiten reflexionar sobre sus límites y desafíos? ¿Con qué lenguaje se expresa lo nuevo? ¿Qué ideas nos ayudan a explorar, en lugar de repetir viejos modelos? ¿Y cómo llevarlas concretamente a la práctica para que funcionen y sean sustentables en el tiempo?

Las cuestiones

¿Cómo se hace?
¿A partir de qué recursos se puede crear otra forma de comunicación?
¿Qué experiencias nos permiten reflexionar sobre sus límites y desafíos?
¿Con qué lenguaje se expresa lo nuevo?
¿Qué ideas nos ayudan a explorar, en lugar de repetir viejos modelos?
¿Y cómo llevarlas concretamente a la práctica para que funcionen y sean sustentables en el tiempo?

Módulos

1) Gestión de Medios
Los elementos prácticos e indispensables para concretar y sostener proyectos de comunicación. Gestión, administración, costos, legislaciones, recursos, herramientas.

2) Clínica de Experiencias – Lenguajes periodísticos y expresión
El contacto con quienes lo lograron. Aciertos, errores, exploraciones. La evaluación de los proyectos y las pistas para combinar métodos, intuiciones, sistemas y sueños. En tiempos vertiginosos de cambios culturales, políticos, sociales, productivos y civilizatorios, ¿cómo pensar y actuar? Ideas y prácticas que, más que conclusiones, proponen aperturas.

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Teatro

La Escuela de Teatro La Zancada, un grupo de profesionales que trabaja hace más de seis años en la producción, investigación y difusión de la actividad teatral, propone estas disciplinas:

Entrenamiento y Actuación

Creación y Montaje

Creación de Unipersonales

Humor, entrenamiento cómico

Crónicas, relatos y ficciones

Laboratorio de Objetos

Para más información, mandá un mensaje al 11 3650-1677

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La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt

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Tercera entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, que se propone así transmitir el valor de la constancia, de los pies en el espacio público, de la gota a gota que orada la piedra, la no violencia contra la violencia, su valor social, su peso histórico, sus 40 años de coreográfico diseño: media hora, todos los jueves, 2.391 veces al 15 de enero, fecha a la que corresponde esta cobertura realizada por la fotógrafa Cecilia Bethencourt. Toda la producción será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Hermanas pertenecientes a la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo, marchan en la Ronda de numero 2391 por la lucha de la Memoria, la Verdad y la Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

“Elegí trabajar interviniendo las fotos a través de la perforación de las imágenes como acto de resiliencia y lucha para llenar de luz el valor de la constancia, la memoria, esa huella que queda en cada paso de esfuerzo de Las Madres de Plaza de Mayo. Una luz que habla de la resistencia, la fortaleza, un atravesar la violencia con la no violencia, un reclamo por la Verdad y la Justicia”.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo se colaca el pañuelo blanco sobre su cabeza, simbolo con el que se identifican a lo largo de estos años para reclamar por sus hijos desaparecidos en la dictadura militar durante la Ronda de los jueves numero 2391 en Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo, perteneciente a la Asociación llega a Plaza de Mayo para marchar en la Ronda de los jueves numero 2391 en reclamo de Verdad y Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Carmen perteneciente a la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, marcha junto a militantes, activistas y turistas en la Ronda numero 2391 en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

Sobre Cecilia Bethencourt

IG @cebethania
Es fotógrafa, psicóloga y comunicadora audiovisual. A través de su trabajo explora temas de construcción de identidad, cuerpos, sexualidad, memoria y procesos de transformación con un enfoque transdisciplinario. Centrándose en nuevas formas y posibilidades de vinculación. En el año 2022 edito su primer libro “Otra Piel” trabajo fotográfico de autorretratos realizado en pandemia. Actualmente trabaja en sus dos nuevos proyectos multidisciplinarios uno sobre el cuerpo en las trabajadorxs sexuales y sus derechos negados y otro sobre la desintegración del lenguaje, recuerdo y memoria.

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Nota

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

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La comunidad mapuche lof Paillako realizó una recuperación territorial en 2020, dentro del Parque Nacional Los Alerces, en lo que históricamente fue hábitat mapuche tehuelche. Días después de iniciarse el fuego, Ignacio Torres apuntó como responsable a la comunidad y puntualmente a uno de sus integrantes, Cruz Cardenas, con pruebas inexistentes. El “mapuchómetro” y los incendios que vienen desde 2008. Las no respuestas del gobernador y del presidente interino del Parque. El comunicado de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro, lo que dice la Constitución y la respuesta de toda una comunidad que cuenta cómo, desde su cosmovisión, la vida se vive de otra manera.

Texto: Francisco Pandolfi/ Fotos: Nicolás Palacios

desde Esquel

El jueves 25 de enero por la noche comenzó el incendio en el Parque Nacional Los Alerces que, dentro de su jurisdicción y fuera de sus límites ya en tierras provinciales, quemó alrededor de 8 mil hectáreas. Cinco días después del primer foco, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, afirmó lo siguiente sobre las responsabilidades del fuego:

“Una vez controlado el incendio vamos a empezar con una investigación muy fuerte para quienes hacen esto desde hace muchos años en Chubut. Lo hacen para tomar tierras. Son delincuentes que tienen un negocio inmobiliario. El problema no son los pueblos originarios sino estos delincuentes que bajo falsas banderas toman tierras en Neuquén, en Río Negro, en Chubut y creo que es momento de ponerle un parate definitivo”.

“Hay que separar los pueblos originarios de los delincuentes que no están legalmente constituidos, como es el caso de la toma en el Parque Nacional Los Alerces, que no tiene nada que ver con los pueblos originarios. El delito es del exbrigadista Cruz Cardenas que se autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido. Quiero hacer esta diferenciación: en Chubut convivimos en total armonía con Pueblos Originarios, que es gente trabajadora y de bien y no tiene nada que ver con estos pseudo mapuches que se embanderan para cometer delitos, tomar tierras, amedrentar a los vecinos, incendiar campos y zonas privadas”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Escenas del bosque incendiado en la Patagonia. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Apuntados por el gobernador

Al escuchar estas declaraciones en Radio Rivadavia –luego replicadas por una tropa de medios de comunicación– se podría presumir que absolutamente todas las pruebas existentes en la causa judicial por el incendio, que lo lleva el Tribunal Federal de Esquel, condenan como autor a Cruz Cardenas, integrante de la comunidad mapuche Paillako.

Sin embargo, hasta el momento no hay absolutamente ningún indicio que culpe a Cruz Cardenas ni a nadie de la lof.

Desde lavaca intentamos comunicarnos con Ignacio Torres para preguntarle qué pruebas ostenta para asegurar lo que dijo tres semanas atrás, el domingo 28 de enero. Hasta el cierre de la edición de esta nota, no había respondido al pedido de entrevista.

La comunidad mapuche Paillako (“tranquilo”, en mapuzungun) recibe a este medio para charlar, como una especie de derecho a réplica, sobre el señalamiento del máximo mandatario provincial. El encuentro se da en ronda dentro de la comunidad, que está dentro de los límites del Parque Nacional Los Alerces, que a su vez está dentro de lo que históricamente fue territorio habitado por el pueblo mapuche-tehuelche.

Hace cuatro años que la lof Paillako inició la recuperación de su territorio en ese lugar, donde hace más de cien años vivieron sus ancestros. “Mis abuelos paternos se instalaron un tiempo antes de la creación de Parques Nacionales (1937), que cuando llegó empezó con los desalojos y sometimientos hacia las poblaciones. Antes acá era todo abierto y Parques achicó y cerró espacios, hasta llegar al día de hoy que para hacer cualquier cosa debés pedirle permiso, ya sea para hacer un baño o poner una chapa”, cuenta Cruz Cardenas, el apuntado por Torres y compañía.

Tiene 35 años, le dicen “Lemu” y trabajó varios años como brigadista. Aunque no está acostumbrado a dar notas, consensuaron colectivamente salir a hablar. “Necesitamos que se difunda lo que está pasando acá. Esto es día a día y están avanzando contra nosotros; acaban de arrestar a un peñi de otra comunidad (Matías Santana, testigo en la desaparición y muerte de Santiago Maldonado), están cazando mapuche por todos lados”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Cruz Cárdenas, señalado por el gobernador. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Mapuchómetro

El gobernador se refirió a Cárdenas como quien se “autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido”.

Reflexiona Cruz: “El ser mapuche siempre lo sentí, aunque mis padres no se reconocían así; me decían que mi apellido era español, no mapuche. Junto a una machi (líder espiritual) fui haciendo mi propio camino de reconocimiento y comprendí la importancia de reivindicar y recuperar el territorio. Acá se dio la resistencia de las poblaciones preexistentes y las masacres winkas; estuvieron los invasores, con sus armas poderosas. Eso generó nuestra recuperación del territorio hace cuatro años”. Va más allá: “Cada familia tiene un proceso de reconstrucción, en lo espiritual, en la lengua”.

Maru, a su lado, también conforma la comunidad. Su compañero es mapuche y ella pertenece al pueblo charrúa. Tiene a su pichi (pequeño) en brazos. “Uno de los motivos para preservar el territorio es el acompañar a las crianzas, que tengan una alimentación real, que no se críen pensando que la comida crece en una góndola, sino que sepan que viene de la tierra, cómo cultivarla; que entiendan cómo criar, cuidar y respetar a un animal, incluso si lo van a comer; que puedan crecer más sanos y que si se enferman, conozcan la medicina que también crece en la tierra”.

A la izquierda está Lliuto, lamien (hermana) de la lof: “El ser mapuche no tiene que ver con lo externo, sino por lo que uno siente, la conexión con el lugar. Es un bajón que el gobernador utilice un mapuchómetro cuando habla. Es difícil conectarse con el entorno rodeados de cemento, de ruido, del estrés que nos provoca la rutina. Cuando uno quiere volver al territorio siempre está latente la pregunta, ¿cuál es el mío? Ahí caemos en la realidad de que somos un pueblo que quisieron exterminar, que sufrió un genocidio, que hubo mucha tristeza. Mis abuelos dejaron de hablar en mapudungun para resguardar a sus hijos y a sus nietos, porque les pegaban en la escuela. Por esa historia, este proceso lo atravesamos con mucho dolor, pero lo encaramos con más fuerza para reivindicar nuestra tierra, que nos siguen negando hoy”.

Enlaza la cosmovisión mapuche con lo que está pasando en Los Alerces. “Si uno tiene un vínculo con el territorio, si puede sentir esa conexión, se es mapuche en todos lados; siempre con respeto, claro. Por eso jamás se nos ocurriría hacer un daño como provocar un incendio; nos duele un montón saber que se están perdiendo años y años de vida… porque la vida va más allá de lo humano y nosotros luchamos por defender lo que hay a nuestro alrededor”.

Foto Nicolás Palacios para lavaca

¿Quién negocia con las tierras?

Tras las declaraciones del gobernador, la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro repudió sus dichos: “Sobre el pueblo mapuche históricamente se ha construido la imagen de la violencia: invasor, asesino y ahora terrorista, negando su preexistencia al Estado. Este discurso ha sido utilizado para avalar la violencia estatal, que hace 145 años ocupó el territorio de la Patagonia, luego de la campaña genocida. En la actualidad la defensa del territorio por parte de las comunidades mapuche tehuelche frente al extractivismo salvaje es catalogada como terrorismo. Este argumento pretende ser utilizado para enviar nuevamente al Ejército al territorio”.

En otro fragmento, denuncian: “En este discurso anti-mapuche, el gobernador se arroga el derecho de reconocer quién es mapuche y quién no, algo claramente contrario a derecho. Años atrás éramos quienes poníamos en amenaza la soberanía argentina, ¿hoy somos quienes incendiamos nuestro propio territorio? El gobernador expresa que la intencionalidad de los incendios y la responsabilidad del pueblo mapuche tehuelche están dadas porque detrás de cada conflicto comunitario hay un negocio inmobiliario de tierras. Es ilógico, no somos nosotros quienes negociamos el territorio con empresarios extranjeros. No somos nosotros los invasores. No somos nosotros quienes provocamos los incendios de nuestro propio territorio”.

La comunidad Paillako además de defenderse de las acusaciones del gobierno provincial, también denuncia atentados: “En los cuatros años que lleva esta recuperación, intentaron prendernos fuego ocho veces, porque no quieren que estemos acá”, afirma Cruz Cardenas. “Es muy doloroso la destrucción; lo que se está perdiendo en el bosque costará muchos años en volver. Se regenerará si se cuida como se debe, si es que estos fuegos no se originan para explotar la montaña, para limpiar y después hacer algún emprendimiento”.

–Con las leyes actuales de Parques Nacionales las tierras no se pueden vender.

–Cruz: Muchos dicen que en Parques Nacionales no pueden hacerse negocios inmobiliarios, ni explotaciones, pero hay muchas hectáreas quemadas que ya no corresponden a Parque, son parte de terrenos fiscales de la provincia.

–Lliuto: En el Parque hay una gran cantidad de negociados, emprendimientos inmobiliarios que no lo tiene la gente mapuche…

Cruz, ¿por qué creés que el ensañamiento fue hacia vos?

–Ellos saben que para cualquier explotación y mega proyecto que dañe la tierra, van a tener una oposición del pueblo mapuche. Entonces, esto les sirve para pedir con más fuerza que nos desalojen y poner a la gente en nuestra contra para sacarnos del camino.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

El bosque sigue humeando tras los incendios. Foto Nicolás Palacios para lavaca

Preexistencia sin valor

Cruz Cardenas, junto a su compañera, fueron denunciados por el delito de usurpación cuando llevaron a cabo la recuperación territorial. El abogado defensor, Gustavo Franquet, le explica a lavaca: “La acusación de usurpación no tiene ningún sustento, porque las familias de Cruz y de su compañera son pobladoras del lugar, han estado históricamente ahí; ellos hicieron una recuperación de su identidad e inmediatamente comenzó el hostigamiento de Parques Nacionales y la denuncia por usurpación. La respuesta que reciben del Estado no es de reconocimiento, ni de respeto a ese proceso entendiendo que son pueblos preexistentes como dice la Constitución Nacional y que tienen derecho a recuperar y construir plenamente su identidad. No, al contrario, lo que supuestamente te lo dan en las grandes palabras que figuran en la Constitución, después te lo sacan en las mezquindades de los funcionarios y del Poder Judicial”.

La causa está elevada a juicio en el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia. En las declaraciones que hizo Torres dijo que “la causa es por una toma de hace varios años, de 2016”. El mismísimo expediente lo desmiente, ya que la recuperación data de enero de 2020. Dice Franquet: “La cantidad de cosas sin sentido que dijo el gobernador de Chubut… Esta gente es todo el tiempo así, está acostumbrada a decir cualquier cosa. Evidentemente decir cualquier cosa es la característica de esta época, pero claro que tuvo una intención: lo hizo para apretar a que los desalojen”.

La vegetación que sobrevive, y la que quedó incendiada en la ladera de uno de los cerros. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

5 grandes incendios en 15 años

Este incendio no es el primero que ocurre en este Parque. En los últimos quince años hubo cuarenta focos intencionales y cinco grandes fuegos que arrasaron en 2008, 2015, 2016, 2023 y 2024 alrededor de 17 mil hectáreas.

La anterior gestión del Parque Nacional Los Alerces había iniciado una mesa de diálogo con la lof Paillako para destrabar el conflicto. “Habíamos llegado a un buen acuerdo; la negociación implicaba varios puntos, entre ellos que nosotros habilitemos un camino que cerramos por seguridad cuando hicimos la recuperación, y desde Parque se iba a reconocer nuestro territorio. Para eso nos exigieron tener una personería jurídica, que en verdad nosotros no creemos necesario tener, pero igual la hicimos. Sin embargo, el intendente de Parque (Hernán Colomb) renunció en agosto pasado y el diálogo se cortó”.

Dice la comunidad: “A raíz de los últimos incendios, levantamos el bloqueo del camino que habíamos hecho; hablamos con los brigadistas y razonamos que lo mejor era habilitar ese lugar y que se volviera a utilizar ese camino”.

Hoy en día, Parques Nacionales no tiene autoridades elegidas. El directorio está acéfalo y en el Parque Nacional Los Alerces se nombró como interino al guardaparques Danilo Hernández Otaño, con quien la comunidad aún no tuvo contacto. El pedido de entrevista previo a la publicación de esta nota, no fue contestado.

Re-existir

En Paillako hay vacas, caballos, gallinas, abejas y anhelan a que pronto haya ovejas también. Hay huertas familiares, comunes entre varias rucas (casas) y hay una siembre comunitaria, entre la totalidad de la lof. “Acá se da muy bien la papa, la haba, el ajo, las arvejas, el trigo; los cereales se dan casi todos”, dice Maru. Agrega Cruz: “También los árboles frutales, como manzanas, ciruelas, guindas, frambuesas y frutillas. Nuestro propósito es ir haciendo mayores escalas para garantizar una buena alimentación y que nos permita hacer intercambios”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Vida vegetal y vida humana: una idea de comunidad. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

¿Qué molesta de que estén acá? Intercalan la voz, en ronda, y confeccionan una respuesta común: “Nada, nada, no les estamos molestando en nada. Si les molesta es porque somos mapuche. Porque ni siquiera es que jodemos al turismo. Pensemos: quienes perjudican el turismo son los que le echan miedo al turista por la existencia del mapuche, esas personas generan los problemas, no nosotros. Y otra cosa: la comunidad tiene menos de 2 mil hectáreas, mientras que el Parque Nacional Los Alerces cuenta con 250 mil. O sea, tampoco es que estamos tomando el parque, ¿no?”.

Agregan: “Creemos que lo que jode es que nunca vamos a estar de su vereda, nunca pensaremos en explotar la tierra para hacer plata y hacerla bosta. Hoy ni siquiera se puede acampar gratis en el Parque (dormir una noche en un camping oscila entre 12 mil y 14 mil pesos), antes era todo libre y ahora la mayoría es privado. Por eso es importante recordar que las leyes de Parque están hechas en tiempo de dictadura (firmadas por Jorge Rafael Videla); en base a eso se manejan hoy”.

Cierra la comunidad, entre mate y mate, mientras los pichis corren, comen frutas, se caen y se vuelven a parar: “Se viene difícil el futuro, complicado, eso lo sabemos; nosotros tenemos que estar fuertes, amparados por las fuerzas que nos protegen en este lugar; acá vamos a resistir, no pueden sacarnos de nuestro territorio, no vamos a permitir más desalojos”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

La reunión de parte de la comunidad con lavaca. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

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