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La verdadera historia de la Morocha

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Falleció Isabel «Coca» Sarli, la bella salvaje de las Pampas, según la definió Playboy en los 60. Un mito con escote, una estrella de la desnudez. En su nacimiento como cooperativa de comunicación, lavaca realizó esta entrevista e investigación con esa figura emblemática y polémica del cine argentino, publicada también por la revista colombiana Gatopardo. Las censuras, las detenciones, cómo se filmaban las escenas, las exigencias y la relación con Armando Bo: un pedazo de historia argentina nacida un 9 de Julio como Hilda Isabel Gorrindo Tito. La Coca atravesó la etapa peronista, varias etapas militares, atravesó también las fantasías de una sociedad pacata, pero además su propia historia es una película de la cual esta crónica aporta secretos, anécdotas y escenas para conocer a una leyenda.

Toma 1: Isabel en la ducha. Isabel tirada en el pasto. Isabel bajándose el escote. Isabel acariciándose los pechos. Isabel violada por una docena de hombres. Isabel golpeada por su marido… Isabel Sarli entregada a la mirada astuta del director de cine Armando Bó, para quien protagonizó veintiocho películas en las que aparece maravillosa y definitivamente desnuda.
Su primer filme, Un trueno entre las hojas, resultó un viaje iniciático para las fantasías de los jóvenes –y no tanto– de fines de los 50. “No nos dejemos emborrachar por ella, una mujer como ésa es peor que la muerte”, advierte uno de los personajes: Isabel deslizándose por el lago, Isabel da vueltas y brazadas, Isabel deja asomar sus pechos sobre la superficie del agua… Sarli fue la primera mujer en mostrarse de frente y sin ropas en la pantalla argentina. “Me habían bautizado ‘la higiénica’ porque siempre aparecía bañándome”, confiesa ella, risueña.

A principios de los 60, la edición norteamericana de la revista Playboy dedicó –hecho inédito hasta entonces– cuatro páginas a una figura no europea ni estadounidense: “La bella salvaje de las pampas” se titulaba la producción fotográfica en la que la Coca aparecía con el vestido desgarrado de Sabaleros, su segunda película. Ya se delineaba entonces lo que fue una constante en la filmografía Sarli-Bo: las funciones a sala llena, las críticas demoledoras de los especialistas y la censura.
Prácticamente todas las películas de la dupla sufrieron algún tipo de prohibición por atentar contra ”la moral y las buenas costumbres”. O los perseguía el Ente de Calificación Cinematográfica, o les iniciaban juicios penales, o el director pasaba el fin de semana encarcelado. «Y todo era por los desnudos de Isabel. ¿Se puede creer?. Ni que yo hubiera sido un degenerado –argumenta el director en Los filmes de Armando Bo con Isabel Sarli, de Jorge Abel Martin– ¡tengo familia, creo en Dios!. Siempre he dicho que desde la época de los griegos se exaltó la belleza del desnudo a través de la pintura, a través de la escultura. Si fuera por los acusadores argentinos, el David de Miguel Angel no podría estar en la plaza de Florencia”
Hubiera sido digno de alguna de sus películas el viaje en ascensor de Isabel con el integrante del Ente de Calificación Ramiro de la Fuente. La cabina era tan pequeña y el escote de ella tan inmenso que el censor no tuvo más remedio que fijar la mirada en ese abismo que tantas veces había podado con la tijera, según ella misma contó en un reportaje para la edición argentina de Playboy.
Para eludir a los censores debían cambiar los títulos y modificar las tomas. “Muchas escenas las teníamos que filmar dos veces –cuenta Isabel–. En Fiebre, por ejemplo, yo me tenía que tirar desnuda y revolcar en la alfalfa. Armando me decía: ‘Coca, vos ahora te sentís yegua. ¡Sos una yegua! ¡Tenés que comer alfalfa., vamos, comé alfalfa! ¡Las yeguas comen alfalfa!’. Esa era una versión. Después filmamos otra, para la Argentina, en la que yo me retorcía entre gasas blancas. Para la versión nacional yo era una señora desesperada entre tules. Para la versión exterior era una yegua que comía alfalfa”.
Las negociaciones, con cada nueva película eran largas y tediosas. Tanto que, durante la última dictadura militar, fue prohibida La insaciable, director y actriz iniciaron una huelga de hambre sentados en un banco en Plaza de Mayo hasta que el edecán presidencial los intimó a retirarse.
No menos irritantes les resultaban los comentarios negativos de los periodistas y los críticos. Una vez, el director se presentó sin aviso previo a un canal de televisión y se trenzó a cachetazos antes las cámaras con quienes, unos minutos antes, había hablado duramente de la Coca, un producto al que defendía con uñas y dientes.
Bó era impulsivo, furioso, directo. Y nunca dejó de sangrar por la herida.
Ese era Armando.
Esa es la Coca.
 
Toma 2: Isabel sola, alejada de las cámaras y recluida en su casa de Martínez. Isabel adopta decenas de animales (­papagayos, tortugas, perros, gatos) y a todos les da su apellido. Isabel habla, por la noche, con las dos estrellas desde donde brillan sus muertos más queridos: María Elena, su madre, y Armando, el amor ­ –repite– de su vida.

Sarli y Bo compartieron 25 años y cuatro meses de una relación que era un secreto a voces pero nunca fue oficializada, porque durante esos 25 años y cuatro meses el director de cine vivió con Teresa Machinandiarena, su legítima esposa, sus dos hijas María Inés y María Jesús y su hijo Víctor, que fue también partenaire de la Coca en varias de las películas filmadas por su padre. En una, incluso, Armando y Víctor se disputan a la misma mujer en un relato que dispara la fantasía pecaminosa del incesto en el incosciente de los espectadores.
“Nosotros no tuvimos hijos porque a mí me hacía estremecer el dolor de las mujeres en los partos, que vi en el cine. Pero también porque él decía que no podía haber una sexy embarazada y que nuestros hijos eran las películas. Y tenía razón, ¿no? Porque yo tenía que trabajar, trabajar y trabajar”.
La diva construyó la versión oficial de su propia vida.
Dice: que nunca fue a bailar, que no tuvo novios durante la adolescencia, que no aceptaba que los actores le dieran besos en la boca, que en las escenas de desnudos quedaba solo el personal indispensable, que fue durante el rodaje de La dama regresa –la película de Jorge Polaco que la devolvió al cine luego de más de diez años– cuando entró por primera vez a un hotel de alojamiento.
Dice también: que aceptó quedarse sin ropa porque lo único que le interesaba era hacer plata, que no quería que su mamá siguiera sacrificándose, que odia a su papá porque la abandonó, que se casó antes de los 20 con Ralph Heinlein, un señor de familia alemana, y que el matrimonio resultó un fracaso, pero que de eso prefiere no hablar.
Es lo que repite, invariablemente, en cada uno de los reportajes que concede. El escote lo repite también.
Esa es la Coca.

Toma 3: Isabel que regresa. Isabel de nuevo en un set de filmación. Isabel en el escenario de un teatro de revistas. Isabel protagonista de una campaña de ropa de moda. Isabel con escote, otra vez.
En 1996 Sarli aceptó protagonizar La dama regresa, la película de Jorge Polaco y a partir de entonces abandonó su papel de “dama de su casa” para actuar frente al público. “Isabel es una tramposa –hace un guiño el director, que es su amigo– ¿Es solamente una buena mujer que cuida gatos y perros? ¿Será una demagoga? Y si así lo fuera, ¿qué hay de malo? Lo importante es que conforma un personaje alrededor de su figura sin pedir nada prestado. Y eso pocas personas lo logran”.
En el filme, aparece –higiénica– en un jacuzzi, cubierta de espuma. Y cuentan que, al rodar otra de las escenas, en la cancha de Boca, le sugieron delicadamente que sacara pecho “Si estas lolas me hicieron famosa…¿por qué esconderlas?”
Según Polaco, la grandeza de esta estrella reside en “vivir cinematográficamente lo cotidiano”: Isabel baja por la escalera de su casa con tacos aguja. Isabel deja asomar un par de piernas hermosas. Isabel sostiene a un perro caniche en uno de sus brazos. Isabel mueve su antológica melena.
Sarli, que había sido modelo publicitaria antes de dedicarse al cine, fue recientemente tomada como figura para la campaña Americana al Sur de la firma de ropa Ona Saez, contra todos los preceptos del modelaje de los 90; ese ideal de cuerpos espigados, exageradamente flacos y compensados con cirugías y siliconas. “Isabel siempre transmitió autenticidad, rebeldía –sostiene Santiago Saez, responsable de la marca– Fue una vanguardista que con sus desnudos se adelantó todo lo que después sería la belleza femenina. Con las mujeres argentinas y, en general, con las sudamericanas, pasa lo mismo que con ella: a primera vista parecen un infierno y después aparece su sensibilidad”.
Una de las cosas que la Coca ya no dice es su edad. Pero si los archivos no mienten, Isabel filmó la primera película cuando tenía 21 años; a los 33 fue sucesivamente violada por una docena de empleados de un frigorífico en una secuencia ampliamente recordada de Carne y a los 44, hizo el último filme junto a Bó. Y su cuerpo podía, todavía, más.
En 1992 el cirujano Raúl Matera le extirpó un tumor cerebral. Y se recuperó. Ha engordado y envejecido un poco. Sin embargo ronda los 65 años, hizo temporada todo el verano en un teatro de revistas en Córdoba, y basta verla para darse cuenta que su cuerpo casi no se gasta, la sobrevive de impecable escote.
¿Quién es, entonces, la Coca?
 

Hilda Isabel Gorrindo Tito –la Coca– nació morocha el 9 de julio de 1936, justo cuando los productores de cine comprendieron que la mujer tenía asistencia perfecta a las salas y en Estados Unidos comenzaba el reinado de las rubias de la Fox. (Shirley Temple, Sonja Henie,Alice Faye).
Las películas, los radioteatros y las novelas populares eran, por entonces, los tres pilares culturales de un sector femenino numéricamente importante en la Argentina. Producciones de ese universo paralelo, todavía difuso y ajeno a la crítica de los especialistas, que se volvió un fenómeno masivo incluso mientras era ignorado por la cultura consagrada y oficial: las historietas, las fotonovelas, las revistas de hobbies y divulgación, los cursos por correspondencia, las historias por entregas y otros resabios del folletín que circulaban en los quioscos. Ese subterfugio llamado “literatura popular” era también el lugar de pertenencia de las películas de la dupla Bó-Sarli.
“La matriz sobre la que se edifica la narrativa clásica del cine latinoamericano es el melodrama. –explica Ricardo Manetti en Cien años de cine–. En la Argentina, el modelo, en los años iniciales de la industrialización cinematográfica, deriva de la fórmula de la letra de tango. El guión despliega los tópicos románticos de la canción en la que generalmente se habla de un bien perdido: la mujer, a quien se representa como causante de todos los males (la devoradora) o como la muchachita buena capaz de simbolizar en el futuro el espacio seguro significado por la madre”. Estos modelos son parte del imaginario que cruza los filmes de la pareja.
El éxito de la dupla, a partir de fines de los 50, coincide con la renovación cinematográfica que los franceses exportaron al mundo, con el nombre de nouvelle vague. En
Gran Bretaña se llamó Free Cinema, en los Estados Unidos New American Cinema, en Brasil Cinema Novo y en la Argentina Nuevo Cine.
Bó no desconocía a esos vanguardistas en el manejo del montaje, las técnicas de rodaje y la libertad creadora, nucleados en torno del mensuario francés Cahiers du Cinéma (Claude Chabrol, Francois Truffaut, Jean Luc Godard, Eric Rohmery
Pero su universo de pertenencia era otro.
No obstante, con gran picardía comercial, tomó como modelo a un precursor de la Nouvelle Vague para hacer un contrapunto nacional. En 1956, Roger Vadim filmó Y Dios creó a la mujer, la película que conmocionó a Europa con el desnudo de la jovencísima Brigitte Bardot. El director creó un nuevo sex symbol femenino que –según la escritora Simone de Beauvoir– desafía ciertos tabúes aceptados por la generación precedente, particularmente aquellos que niegan a la mujer su autonomía sexual”. El filme, que provocó escándalos en cada lugar donde fue exhibido, fue estrenado en la Argentina con 18 minutos menos.
Y el demonio creó a los hombres, se tituló Bó a la versión autóctona, protagonizada –quién si no– por la Coca.
En 1957, el mismo año que comenzó el rodaje de El trueno entre las hojas, se editó en Barcelona el libro Belleza. Sea atractiva, siempre joven y más feliz, de Rosalía Vander, un compilado de feminidad predigerida, cuyo espíritu no difería de las revistas que pautaban los sueños de las mujeres argentinas cada semana.
“¿Cómo nos pondremos pues de acuerdo sobre lo que es la belleza femenina? – se pregunta y se responde Rosalía– Creo que, para comprenderla debidamente, convendrá considerar tres aspectos fundamentales de ella que son los siguientes:

  1. Los dones naturales de la belleza femenina, o sea los que tendría la mujer tal como fue creada, es decir, en estado sano, normal y sin taras.

2.Los atributos que a la mujer natural añaden la educación y la cultura.

  1. El realce que le da el arte de embellecerse (cosmética, peinado, arte de vestirse) que en realidad no debe cambiar la belleza de la mujer sino darle mayor relieve, a la vez que mejor presentación”.

Por lo menos en el caso de la Coca, los mandatos bíblicos de Rosalía se hicieron verdad:
“El cabello abundante y largo es una de las características de feminidad. De ahí que una mujer poseedora de una hermosa cabellera tenga mucho en su favor para su atractivo femenino, aunque modernamente predomine la moda del cabello corta”.
Efectivamente Isabel tenía el pelo por arriba del cuello cuando azarosamente –se había enfermado la modelo contratada– empezó su carrera publicitaria. Fue fotografiada para los anuncios de calefones, cocinas, agencias de turismo, jabones, arroces y soutiens. Pero fue sin dudas su modo de acomodarse y acariciarse esa cabellera morocha y larga en las películas, el que comenzó a inquietar al imaginario masculino, que ya intuía la proximidad de su soberbio desnudo en la pantalla.
Por los 50, el platinado de las chicas de la Fox fue travestido en ícono por Marilyn Monroe, esa rubia bella, y un poco tonta, que surgió de la pantalla y se volvió el mito erótico más universal y perdurable del siglo XX. Para la misma época, la Argentina exportaba al mundo a una morocha de pelo largo con una sensualidad que ni era blonda, ni glamorosa, ni cantaba Happy Birthday Mister President.
Si bien no todas las películas dirigidas por Bó se desarrollaron en ambientes marginales, el erotismo que consagró a Sarli estaba rodeado de hombres de piel curtida, de obreros, de frigoríficos, de caballerizas, de violencia. Tenía cuerpo –carne–, era real: “nacional y popular”, por decirlo con los términos peronistas de la época.
El general Juan Domingo Perón fue elegido presidente de la Nación en 1946 Y un año después consagraba el voto femenino en la Argentina, que se implementó por primera vez en el 51, por impulso de su esposa Eva Duarte: esa figura mítica, tan idolatrada como odiada.
Bó conoció a Evita antes de que fuera primera dama, durante el rodaje de La cabalgata del circo(un trabajo de Mario Soffici), cuando ella, morocha, todavía no se había teñido el pelo de rubio ni se lo ataba con su emblemático rodete. Era su enamorado secreto en ese filme donde la estrella era Libertad Lamarque. Cuentan que la diva le dio un cachetazo a Evita, harta de sus llegadas tarde, ocasionadas por sus incursiones políticas, los tres radioteatros en los que trabajaba y –sobre todo– su romance con el entonces coronel (1944).
Perón, en cambio, ya estaba en la Casa Rosada cuando recibió en su despacho a Sarli, flamante ganadora del concurso para Miss Argentina. La morocha Isabel (90-58-90) reemplazó en el podio a Ivana Kislinger, una rubia de tipo nórdico.
“Usted es la más importante de mis embajadores”, le dijo el mandatario antes de que Miss Perón viajara a disputar el puesto de la primera belleza del mundo. No lo consiguió y, a su vuelta, el general había sido derrocado por el golpe militar encabezado por ….
Pero la Coca siguió siendo justicialista más allá de todo. “Antes que nada, soy peronista”, declaró cuando hizo campaña a favor de la primera elección de Carlos Menem, en 1989. Y cuando el filme de Polaco –su película retorno– estuvo a punto de perder el crédito del Instituto del Cine, Sarli recurrió a Jorge Antonio, íntimo del entonces presidente de la Nación.
 
 
 
Isabel se incorporó al universo del cine en la época “de las grandes divas, de las mujeres que sacan pecho, que beben champan para calmar la jaqueca y miran a los hombres desde arriba”, al decir del crítico Claudio España. Sus escotes corazón intentaban reanimar una industria que, aunque a poco de andar, estaba ya en crisis. En esos años 50, Bó fue el principal exportador de películas argentinas: los desnudos de la actriz llegaron hasta Rusia, llevados de contrabando desde Cuba y hasta inspiraron los versos de un poeta chino en Beijing.
En 1931 se estrenó en Buenos Aires la primera película argentina sonora: Muñequitas porteñas, escrita y dirigida por José Ferreira. Surgieron, a partir de entonces, las grandes estrellas nacionales (Tita Merello, Libertad Lamarque, Mercedes Simone) de actuación y canto simultáneo. La voz pasó a ser condición fundamental para el séptimo arte. Pero cuando –años después– Isabel apareció en la pantalla, no sabía hablar ni bailar.
El guión de Y el demonio creó a los hombres indicaba que la protagonista debía ejecutar una danza sumamente sensual en un escenario natural, en Punta del Este.
–Pero Armando, yo no sé bailar, se desesperó la Coca.
–Si no sabés, aprendé, fue la respuesta que la dejó sin opciones.
En Un trueno entre las hojas sus parlamentos aparecen doblados por Eva Dongé y, aunque frente a ese colosal desnudo en cámaras pocos espectadores repararon en su voz, los críticos pusieron en duda desde el vamos sus dotes actorales: un erotismo básico y de movimientos estereotipados.
“Soy pavota, pero no tanto como para creerme una actriz”, repite Isabel cada vez que le preguntan y jura que actuó una sola vez en su vida, cuando engañó a Bó respecto de la enfermedad terminal que padecía. Es una vieja astuta, porque sabe que no dice poca cosa.
Lo que consiguió, lo logró a la fuerza. “Armando me explicaba. O me tiraba por una escalera, para darme susto. O me metía la cabeza en un tacho donde estaban quemando hojas húmedas, para que medio me ahogara y diera congestionada y con miedo. Bueno, ahora he mejorado un poco: ya me puedo asustar mejor, y sola”.
La primera película de Sarli está basada en un cuento del reconocido escritor paraguayo Augusto Roa Bastos. También tuvo a su cargo el guión del filme. “Armando era un poco diablo para poner a la gente en aprietos. Una vez me llevó a una radio en Buenos Aires y dijo: ‘acá el señor Roa Basto vino para hablar de los progresos que ha hecho últimamente Isabel Sarli como actriz”, recuerda el escritor en El trueno entre las páginas, un libro de diálogos con Alejandro Maciel, de próxima aparición. “Yo me defendí diciendo que mi cultura cinematográfica era muy precaria. Pero observé -y ahí vino mi pequeño desquite- que Isabel Sarli antes se bañaba desnuda y ahora se enjabonaba. Porque en la última película usaba un pan de jabón Federal del tamaño de un ladrillo”.
El autor estaba radicado en Buenos Aires cuando, en 1953, publicó El trueno entre las hojas, su primera colección de cuentos. Y es por ese libro (junto a La Babosa de Gabriel Casaccia y Follaje en los ojos de José Rivarola Matto) que la narrativa paraguaya empieza a adquirir distinción y atención internacional. No por casualidad estas ficciones, de realismo crítico, fueron escritas por exiliados que habían abandonado un país que tras la sangrienta guerra civil de 1947 soportó –entre 1955 y 1989– la dictadura del general Alfredo Stroessner, una de las más largas de la historia americana.
Entre la versión original de Roa Bastos, el guión que él mismo escribió y la historia que finalmente quedó plasmada en el filme hay diferencias sustanciales. El cuento, que denuncia la explotación de trabajadores en la zafra, no tiene la carga erótica que le indicó la intuición comercial de Bó. “La película está hecha ‘a la sua cadenza’ como diría un italiano. Una tarde, como tantas veces sucede en estos climas subtropicales, de un cielo a pleno sol pasamos a un nublado cerrado, oscuro. Él pensaba filmar varias secuencias ese día pero el tiempo no daba porque esas escenas eran diurnas y en exteriores. Entonces de un golpe arrancó las diez páginas del guión que no se podían filmar y pasó a otra cosa. Yo primero creí que era una broma pero no, era en serio. Armando -le dije- ahí va uno de los episodios más terribles de la obra. No, no importa -me dijo él- igual esto es muy largo y no hay sol”, recordó el escritor en un mail enviado especialmente a Gatopardo.
La historia era, en verdad, un pretexto para aplicar la fórmula del éxito: un poco de sexo, algo de violencia, música, paisajes nacionales o latinoamericanos y ciertos toques kitsch. Siempre el mismo cóctel. El de un erotismo primario, naif y moralizante.
El trueno entre las hojas fue estrenada en 1958 pero ya durante su rodaje –iniciado un año antes– había comenzado a tejerse el mito Sarli. Isabel viajó a filmar a Misiones? con su madre, la primera en poner el grito en el cielo cuando Bo sugirió filmar el primer desnudo real del cine argentino. “El de Olga Zubarry en La Casa del Angel fue trucado”, aclara el periodista de la farándula Néstor Romano en Isabel Sarli al desnudo.
Cuenta la leyenda que Bó le aseguró a la actriz que iba a filmarla de lejos y que casi no se la vería y que hasta la hizo asomarse por el ojo de la cámara para que lo comprobara por sí misma. Eligieron un lago alejado, dejaron a María Elena en el campamento y para envalentonar a la Coca, Bó le dio whisky en una cantimplora. Y ella que –asegura- nunca había bebido se mareó al instante. El mito detrás de bambalinas.
–Anda sacándote la ropa –le dijo Armando e Isabel sintió que le temblaba todo el cuerpo.
–Metete al agua, Coca– le ordenó mientras, detrás de cámara, se deleitaba por las imágenes que le anticipaban la gloria.
En la privada le mostraron a Isabel la película cortada recién la vio entera en el estreno y ahí pasó lo del cencicero Cuando descubrí la mentira me enojé tanto que le rompí el escritorio de vidrio con un cenicero
La película fue prohibida para menores de 18. “Su cuerpo es demasiado insinuante, provocativo, es casi indecente por los sentimientos que provoca”, argumentó uno de los censores.
Bó –que antes de El trueno Armando ya había producido mas de una decena de películas– no sólo dirigió a Sarli sino que actuó en casi todos los filmes. Como redentor de la diva, por supuesto.
Isabel se negó a ser dirigida por otro que no fuera él: le dijo que no a Daniel Tinayre y a Lucas Demare. Solo fue forzada a aceptar, por el propio Bo, la propuesta de Leopoldo Torre Nilsson –uno de los pocos que defendía a la dupla frente a los críticos– para trabajar en Setenta veces siete. ”Entonces no me voy a desnudar”, fue la condición que puso Isabel Probablemente fue entonces cuando, para convencerla, Torre Nilsson le pidió prestadas las manos a Armando para acariciar a la diva.
 
Toma final: La historia es como la del huevo o la gallina: ¿Quién fue primero: Sarli o Bó? ¿Quién creó a quién?
La Coca es una mujer de presencia y carácter: para pelear precios de los diseños de Paco Jamandreu, para defender su porcentaje en las ganancias y hasta para repartir alguna cachetada o tirarle una taza de café en la cara al propio Bó. Sin embargo ella siempre aceptó mostrarse como sumisa frente a la severa María Elena y, luego, ante el amor de su vida. “A lo mejor yo, por dentro, era más libre que mi mamá y que Armando, pero me dejé someter para que me quisieran”, dejó entrever alguna vez. Cada tanto, como al pasar, deja filtrar algunas verdades a su historia oficial: “A mí me gusta proteger niños y animales, pero hombres no”,“hay que desconfiar de los tímidos: somos capaces de proezas inimaginables”.
¿Quién es entonces la Coca? Según la mitología griega, la belleza está tutelada tanto por Afrodita, la diosa armónica y dulce, como por Pandora, pérfida y fatal. Entre esos dos arquetipos fue construida, históricamente, la feminidad.
Isabel supo que para salvar sus desnudos debía darle tranquilidad moral a los espectadores. Ella podía mostrarse sin ropas frente a las cámaras, sí, pero además tenía que ser una mujer de su casa, que cuidara de sus animales, que resultara maternal y fiel de por vida. Por eso el público la ama.
“Eres una mezcla de angel y demonio”, le dice a Isabel la actriz Barbara Mujica a Isabel en Fuego (1968), mientras la acaricia sin pudor. Y en esa escena de lesbianismo –una de las primeras filmadas en el cine argentino– se explicita el entramado del mito Sarli: desnudarse para quedar oculta tras esos pechos inabarcables. El escote, pues.

 

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Histórico: el martes comenzará el nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez

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El próximo martes 7 de febrero comienza el nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez, asesinada en Mar del Plata en octubre de 2016. Tenía 16 años. Fue el caso que impulsó el primer Paro de Mujeres del país y que motivó un juicio escandaloso en 2018 cuyo fallo fue anulado por la Cámara de Casación de la provincia de Buenos Aires, que ordenó que el proceso se realice nuevamente. Uno de los argumentos de la anulación: “No olvidemos que en esta instancia no se está juzgando a la víctima (como pareciera estar ocurriendo) sino a los eventuales victimarios”.

En aquel juicio se condenó a los acusados por “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo”, y no por el crimen. Casación ratificó esa condena, pero ordenó que ahora se realice nuevamente el juicio por femicidio. Detalles sobre la jornada preparatoria del juicio.  

Esta nueva e histórica realización de un juicio por femicidio comenzará a las 9 de la mañana del martes 7 de febrero en el Tribunal en lo Criminal N° 2 de Mar del Plata, en Almirante Brown 2046. Los jueces a cargo del nuevo Tribunal son Roberto Falcone, Gustavo Fissore y Alexis Semaz. El fiscal del caso es Leonardo Arévalo. 

Los acusados son Matías Farías (28 años) y Juan Pablo Offidani (47 años), quienes el 8 de octubre de 2016 llevaron a Lucía a la sala de salud de Playa Serena: llegó muerta. Farías será defendido por la abogada oficial María Laura Solari; Offidani, por el abogado particular César Sivo. Se estima que las audiencias se extenderán hasta el 1º de marzo.

Imagen de los tres acusados durante el juicio de 2018, que ahora se realizará nuevamente. Maciel (de anteojos) falleció luego de ser absuelto. Offidani y Farías fueron condenados a 8 años por narcotraficar droga cerca de las escuelas, pero no por el femicidio. Fotos: Romina Elvira para lavaca

¿Por qué un nuevo juicio?

Farías y Offidani fueron apresados el 9 de octubre de 2016, un día después del femicidio. El tercer detenido fue Alejandro Maciel, 61 años, acusado de encubrimiento agravado por ayudar al lavado del cuerpo muerto.

En 2018 fueron juzgados ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de Mar del Plata.  Farías y Offidani fueron condenados a ocho años de prisión y a pagar una multa de 135 mil pesos por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo”. Desde entonces están detenidos. El tercer acusado, Maciel, fue sobreseído, y murió tiempo después de cáncer.  

Pero ninguno de los tres fue condenado por el femicidio. Como si Lucía y su muerte no hubieran existido.

Aquel juicio que tuvo un desarrollo vergonzoso, con jueces que parecían más empeñados en cuestionar a la niña asesinada que en juzgar a los autores del crimen. A eso se agregó el tono machista, misógino, indiferente hacia la víctima y la familia, y totalmente consistente con una mirada que históricamente ha relegado a las víctimas de femicidios y de actos de violencia contra las mujeres.

Por esa sentencia la familia de Lucía exigió dos cosas, que se lograron:

  1. El fallo por el juicio de 2018 se apeló y en agosto del 2020 la Sala IV de la Cámara de Casación de la Provincia de Buenos Aires resolvió anularlo. Confirmó la condena por la venta de drogas, pero ordenó que se haga este nuevo juicio por el femicidio.  
  • Además, en marzo se concretará un juicio político (jury) a los jueces del Tribunal: Pablo Viñas y Facundo Gómez Urso por “negligencia, incumplimiento del cargo y parcialidad manifiesta”. El tercer juez,Aldo Carnevale, quedará impune porque consiguió la jubilación anticipada del gobierno de María Eugenia Vidal para evitar el enjuiciamiento. El jury será llevado adelante por el parlamento bonaerense

Al anular el fallo del juicio de 2018 la Cámara de Casación bonaerense instaló un precedente histórico para que el Poder Judicial deje de ser parte del sistema que consagra la impunidad y la estigmatización de las mujeres.

Los jueces del fallo anulado. Aldo Carnevale (que logró a tiempo su jubilación por parte del gobierno de María Eugenia Vidal), Pablo Viñas y Facundo Gómez Urso. La Cámara de Casación anuló el fallo estigmatizante y vergonzoso que firmaron sobre el caso de Lucía Pérez, y en marzo Viñas y Gómez Urso serán sometidos a juicio político. Fotos: Romina Elvira para lavaca

¿A quién se juzga?

Uno de los fundamentos de esa anulación plantea: “No olvidemos que en esta instancia no se está juzgando a la víctima (como pareciera estar ocurriendo) sino a los eventuales victimarios”.

Además el Tribunal señala que el Estado se comprometió a prevenir y erradicar la violencia machista, y que “estas normas imponen a quienes tienen la tarea a su cargo, tener en consideración el contexto en el que ocurren los hechos, realizar un análisis de los mismos, determinar el encuadre jurídico apropiado, y valorar la prueba con perspectiva de género”.

En ese sentido pareció inexplicable que el Tribunal de Mar del Plata que juzgó en primera instancia el femicidio se haya enfocado en “indagar en la personalidad, actitudes y comportamientos anteriores de la víctima, su forma de relacionarse con los hombres, su vida social, su carácter, y en distinguir la conducta de los imputados, y a partir de allí, considerar si Lucía había consentido el acceso carnal”.

Describe la Cámara de Casación a ese foco estigmatizante puesto sobre la víctima como “un despropósito”.

Marta Montero y Guillermo Pérez: los padres de Lucía. Fotos: Romina Elvira para lavaca

La audiencia preparatoria

Durante la mañana de este jueves se desarrolló la audiencia preparatoria del juicio. Los padres de Lucía (Marta Montero y Guillermo Pérez) pidieron que el proceso sea transmitido por Youtube. Además solicitaron que el Tribunal no esté vallado, dado que el pedido de justicia será acompañado desde la calle por organizaciones sociales, sindicales y otras familias de víctimas de femicidios. Desde la Ciudad de Buenos Aires y La Plata está previsto que salgan grupos para acompañar el inicio de un proceso histórico.

Las defensas de los acusados se mostraron contrarias a ambos pedidos, que los jueces deberán resolver. Por su parte, los imputados pidieron no estar presentes en la sala.  

En este nuevo proceso no hay una nueva instrucción, por lo que no hay nuevas pruebas ni nuevos testigos (que serán alrededor de 50). La primera jornada, el martes 7 de febrero, se iniciará con la declaración de la familia de Lucía. Durante la primera semana que será corta (el viernes 10 no habrá audiencia) se espera que declaren alrededor de 20 personas. Lo que está en juego es la posibilidad de ver en la práctica si finalmente habrá justicia.

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Las cosas que hay que hacer para trabajar – Capítulo 2

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La nueva serie documental de lavaca: el mundo de la autogestión en Argentina a través de ocho capítulos sobre experiencias recientes de diferentes cooperativas que lograron recuperar empresas vaciadas o quebradas por las patronales. Con dirección de Patricio Escobar, autor de La crisis causó 2 nuevas muertes. Ya disponibles los capítulos 1 y 2

Capítulo 2

Aceitera La Matanza fue la primera fábrica recuperada visitada por un presidente argentino durante su mandato. Alberto Fernández reconoció que siempre vio a las cooperativas como parte de la “economía informal” sin comprender que involucra otros modos de producción: “Ahora soy yo uno de los que tiene que convencer al resto de la Argentina de que la economía popular existe, y que hay que darle las herramientas para que siga creciendo”, dijo ante 2.000 trabajadoras y trabajadores. Sin embargo, durante la pandemia, la asistencia del Estado no fue la misma que para las empresas privadas. ¿Qué dice sobre esto? ¿Y qué le responden quienes trabajan?

Capítulo 1

Dos mil personas que integran empresas recuperadas de toda la Argentina se reúnen en un acto histórico en la Aceitera La Matanza. ¿Qué buscan? Impulsar el proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas que facilite que cooperativas de trabajo pongan en marcha empresas quebradas o vaciadas por las patronales. El movimiento lleva 20 años sin ley, pero ha recuperado no sólo trabajo sino también dignidad y vida, con 400 fábricas en el país que dan trabajo en total a más de 14 mil obreras y obreros. Su lema: Ocupar, resistir y producir

Las cosas que hay que hacer para trabajar Dirección: Patricio Escobar.
Producción integral de Cooperativa de Trabajo Lavaca: Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Anabella Arrascaeta, Lina Etchesuri, Sebastian Smok, María del Carmen Varela, Franco Ciancagini, Lucas Pedulla.
Fotografía: Lina Etchesuri y Sebastian Smok. Cámara: Patricio Escobar, Guillermo Guevara, Sebastian Smok.
Música: Guido Donato y Tomás Lobov.
Edición: Damián Finvarb.

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Nota

Todo se quema, nada se transforma

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Todas las provincias argentinas sufrieron incendios masivos en 2022, y el 95% de ellos son provocados por acciones humanas, según un reciente informe de Amnistía Internacional. El costo de recuperar ese desastre oscila entre 1.100 y 3.700 millones de dólares anuales. Adjudica los incendios al avance de negocios inmobiliarios, agrícolas y/o ganaderos, que buscan favorecerse a partir de una destrucción territorial.

Los daños y las consecuencias a largo plazo son incalculables, mientras el Congreso sigue en deuda y no trata la Ley de Humedales. Vecinos e integrantes de organizaciones de San Pedro, Rosario y Ramallo dan voz y cuerpo a lo que los números de Amnistía denuncian. El informe completo.

Por Anabella Arrascaeta y Francisco Pandolfi

Amnistía Internacional presentó un informe en el que reporta la gravedad de los incendios forestales en Argentina. El dato es alarmante: durante el 2022 todas las provincias del país estuvieron en llamas.  

El trabajo toma información del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, organismo dependiente del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Nación. Los datos son oficiales y arrojan un total de 561.164,89 hectáreas quemadas. Pero la propia organización da cuenta de la dificultad de obtener la radiografía completa de la situación y ofrece, en contraste con estas cifras, la información proporcionada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuario (INTA), que contabilizó tan solo en Corrientes más de 1 millón de hectáreas devastadas por incendios. 

La provincia de Corrientes permite pensar todo el sistema de muerte y depredación que generan las llamas. Algunos datos: 

  • De acuerdo a la Dirección Nacional de Bosques, dentro de las miles de hectáreas afectadas en los incendios de la provincia, un 10% pertenece a una superficie de bosques quemados que son considerados de muy alto valor de conservación.
  • El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible reporta que en la provincia se documentaron desplazamientos de animales, entre ellos, mono carayá, yacarés y carpinchos.
  • En respuesta a un pedido de acceso a la información pública hecho por Amnistía Internacional Argentina, la Dirección Nacional de Planificación y Ordenamiento Ambiental del Territorio del ministerio informó que se sufrió una pérdida de cientos de miles de hectáreas de áreas protegidas en la provincia de Corrientes en el año 2022. El informe detalla que “las áreas naturales protegidas son relevantes por distintas razones: para la protección de suelos, cuencas hidrográficas, recursos y materias primas, para el control de plagas y enfermedades, para la investigación científica, proporcionar valores espirituales, emocionales y culturales, entre otras razones”. 
  • Entre las áreas más afectadas del país se encuentra la zona de humedales de Corrientes. En 2022 y solamente en dicha provincia se registró que más de 330 mil hectáreas en zonas de humedales fueron afectadas por los incendios.  

En este contexto el informe da cuenta de que la “restauración de áreas quemadas es lenta y requiere de recursos efectivos que permitan la recomposición de los ecosistemas y biodiversidad”. El costo es imposible de determinar. Dice el informe: “Se estima que la recuperación tras los incendios podría costarle a Argentina entre USD 1.100 y 3.700 millones por año”. 

A ese contexto se suma que en medio de la crisis económica, “los brigadistas y bomberos voluntarios han reclamado mayores recursos y apoyo para financiar los gastos a la par de mejores condiciones laborales, obra social y remuneración”. 

Pero hay consecuencias de largo impacto no pueden medirse en números ni plata, por ejemplo el impacto en el ecosistema, “la pérdida de ciertos árboles o vegetación puede tardar décadas en regenerarse, por lo que su recuperación no puede acelerarse ni resolverse rápidamente. Mientras que otro tipo de vegetación es incapaz de rebrotar luego de un incendio”, dice el informe. Agrega: “A su vez, la pérdida de flora a causa de los incendios afecta directamente a la fauna ya que ésta depende de ella para su alimentación o refugio. Esto no solo provoca la muerte de animales sino también su desplazamiento”.  

Otro caso: no había informes de incendios en Tierra del Fuego, pero en noviembre de 2020 se reportaron 9.000 hectáreas consumidas por el fuego (equivalentes a 9.000 manzanas de cualquier ciudad) en el área protegida de bosques nativos de Tolhuin.

Fotos: Pablo Sigismondi.

Quién prende el fuego

El informe de Amnistía Internacional da cuenta de que según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego “las acciones humanas son responsables del 95% de los incendios”. 

Explica: “La negligencia, los fogones mal apagados y la quema intencional de pastizales, son algunas de las prácticas más riesgosas que inician los grandes incendios en el país. Con frecuencia los incendios intencionales están asociados a las prácticas de quema de pastizales para el avance de proyectos inmobiliarios y/o la agro-ganadería. Las principales causas de la pérdida de bosques nativos están asociadas a los cambios de uso de suelo que se realizan para desarrollar actividades agrícolas y ganaderas, así como los incendios. Por otro lado, la proliferación de los incendios forestales también se explica por el cambio climático: altas temperaturas, intensas sequías, bajos niveles hídricos”. 

Dato que aporta el informe: El Servicio Metrológico Nacional de octubre de 2022 reportó que más de 160 millones de hectáreas fueron afectadas por la sequía en el país. Otro: las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y San Luis atraviesan una situación de sequía extrema sin precedentes. “Estas condiciones climáticas, combinadas con altas temperaturas y falta de lluvia, aumentan el riesgo de incendios. Asimismo, a medida que la temperatura global aumenta, eventos como éste serán cada vez más extremos y frecuentes”

Enrique Sierra, vecino de San Pedro, naturalista, activista ambiental, pone cuerpo y territorio a lo que los números y el informe exponen. Cuando atiende el teléfono a lavaca el termómetro registra en su casa 34 grados, y “llegamos a picos de 40 grados la semana pasada. En un año estamos cocinados”. 

¿Por qué?

Por las altas temperaturas, por la falta de lluvia, el Río Paraná está bajo. Desde principio de año llovieron solamente 8 milímetros. Y en agosto, septiembre, noviembre y diciembre del 2022 llovió por mes un promedio de 5 milímetros.

Si le tuvieras que hablar a una persona que no está metida en el tema, que escucha lejano lo del cambio climático pero ve que está padeciendo el calor y que hay incendios permanentes en distintos lugares del país, ¿cómo le explicarías lo que pasa?

Se lo explicaría simple: ¿cuántos cortes de luz tuvo en el año? La luz que tenemos, la mayor parte, viene de centrales hidroeléctricas que no están produciendo energía porque hay sequía en ríos y lagos. ¿Hace 20 años atrás usaba tanto protector solar? ¿Lo alertaban por los golpes de calor? ¿Se le corta el agua en la casa? Porque las autoridades dicen que en las napas casi no hay agua. Esa sería la manera de explicarle a la sociedad en general qué es el cambio climático. Pienso que se entiende más fácil así. Las altas temperaturas nos llevan a más costos. 

¿Por ejemplo?

Si tenés aire acondicionado o ventilador vas a gastar más energía eléctrica, si es que tenés energía eléctrica. Otro ejemplo: si tenés algún tipo de enfermedad, con el humo de los incendios te afectan por las partículas del aire, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono, que son gases de efecto invernadero. Acá en San Pedro se está quemando la isla y la solución es que manden 19 brigadistas. No podés mandar esa cantidad a un lugar que tiene más de 1000 hectáreas quemándose. La gente todavía no asocia. Y lo que no asocia la gente tampoco lo asocian los representantes políticos. No se entiende la relación entre los temas ambientales con la vida cotidiana; si yo tengo calor en la vereda es porque no tengo árboles, por eso tengo tres grados más de temperatura. Si llegan a venir lluvias demasiado copiosas, yo no sé qué va a pasar con las ciudades cuando se inunden porque no nos preparamos para el cambio de clima. Hoy tenemos sequía, pero tal vez después de mayo tengamos inundaciones. Ante esa incertidumbre nosotros todavía no nos preparamos como sociedad, como país, para prevenir este tipo de cosas, pese a que muchos venimos advirtiendo del tema. 

Amnistía Internacional acaba de sacar un informe sobre los incendios, la pérdida de biodiversidad y áreas protegidas, de humedales, entre otros temas. Desde tu experiencia, ¿cuáles son las causas de los incendios sistemáticos en el país?

Pienso que en Argentina no ordenamos el territorio; el ordenamientos territorial se refiere a los usos que le damos al suelo, los usos pueden ser industriales, urbanos, agropecuarios, y de conservación como pueden llegar a ser las áreas de humedales, pero como no tenemos un orden de ordenamiento social, cada uno hace lo que quiere. Entonces, que no haya ordenamiento del territorio produce un caos. Todo esto se va agravando porque se van sumando pequeños caos de distintos lugares, provincias, municipios y esto se está haciendo demasiado grande, incontrolable, como los incendios. El clima está cambiando y todavía no reaccionamos, ni prevenimos. No hay lluvias, no se recargan las napas, escasea el agua en la ciudad. La sociedad todavía no relaciona que la falta de lluvias le puede afectar el consumo de agua. El río está bajo desde hace 3 años, los humedales no tienen agua, se queman. Sin que los que queman tengan conciencia que están convirtiendo su futuro en cenizas. 

Fotos: Pablo Sigismondi

La deuda del Congreso: la Ley de Humedales

En Argentina aproximadamente un 21% del territorio está compuesto por humedales, aunque no se sabe con exactitud cuántos hay, su extensión ni su estado de conservación y destrucción. 

Los incendios presentan un riesgo enorme a estos ecosistemas generando pérdidas ambientales que podrían ser irrecuperables. Los humedales ayudan a mitigar los efectos que provocan las sequías, previniendo los focos de fuego, son barreras naturales que ayudan a prevenir el avance de las llamas. Además los beneficios de los humedales son múltiples y su contribución al bienestar humano es invaluable.

El proyecto de ley de Presupuestos Mínimos para la Protección de Humedales busca garantizar su conservación, protección y su uso sustentable. El proyecto lleva una década dormido en el Congreso de la Nación. Desde 2013 las sucesivas pérdidas de estado parlamentario son una constante, abonadas con la indiferencia de la clase política. 

En noviembre 2022 la Ley de Humedales tuvo dictamen en el plenario de las tres comisiones a las que el proyecto había sido girado, pero el dictamen de mayoría pertenece al interbloque Juntos por el Cambio con 53 firmas. El dictamen de minoría (un poco más cercano a lo que apoyan desde hace años las organizaciones científicas, sociales, ambientales y las comunidades afectadas) fue el del Frente de Todos, consiguió solamente 47 firmas dado que varios diputados y diputadas oficialistas no firmaron. 

El proyecto sigue sin ser tratado en el recinto y no fue incluido en las sesiones extraordinarias que acaban de iniciar. 

El informe de Amnistía Internacional exige: “El Congreso de la Nación debe dar urgente tratamiento al proyecto de Ley de Humedales y avanzar con acciones concretas que amplíen la protección de estos ecosistemas tan importantes para el mantenimiento y desarrollo de la vida en la Tierra”. 

Rodolfo Martínez, vecino de la ciudad de Rosario e integrante de la Multisectorial por la Ley de Humedales, explica a lavaca que el proyecto de ley fue “deliberadamente no incluido en las sesiones extraordinarias; no fue incluido ni por pedido de Alberto Fernández ni por pedido de legisladores”.

Sobre los dos dictámentes que se lograron aclara: “el de minoría del oficialismo es bastante más superador que el de mayoría, pero vemos que no hubo intenciones de que tenga debate. Vuelvo al punto: tiene que estar en el Congreso, se tiene que votar, a favor o en contra, de cara a la sociedad. Estamos de cara a un año electoral y todavía no sabemos qué piensan hacer los legisladores. Claramente la omisión de esto es una forma de ceder ante los intereses concentrados que están frenando esta ley”.

¿Quien tiene la responsabilidad de que no se esté tratando?

La responsabilidad de esto no la tienen los lobbies, como a veces intentan decirnos los legisladores. La responsabilidad la tiene cada nombre y apellido, diputado y diputada de todas las provincias que no se sitúan con lo que pasó en la calle, con tanto humo, tanta tragedia, no solo de animales, sino también la salud humana. No se quiere ponerle regulación, es más cómodo que sucedan los grises. 

¿Cómo está la situación en Rosario?

Hace dos fines de semana lamentablemente tuvimos fuego acá en la Isla de los Mástiles, al norte de Rosario, jurisdicción de la provincia de Santa Fe. Se tardó tres días en apagar el fuego y cuando estuvo todo el operativo se demostró que existen fuerzas, existen recursos, vinieron los brigadistas, fue la provincia la que se puso a mover las cosas a raíz del pedido también de las organizaciones. Pudieron apagar el fuego pero estamos hablando de que se repite una lógica, un patrón de fuego que es millonario. Es decir, vamos, apagamos el fuego con operativos que son carísimos y que llegan tarde porque el fuego ya quemó, por supuesto saludamos los esfuerzos pero me parece que hay que hay que invertir la lógica y lo que se tiene que garantizar es una tutela, un guardianazgo del territorio que al día de hoy no existe. En Entre Ríos por ejemplo es deliberadamente funcional que eso no exista. Santa Fe está accionando en estos territorios próximos que son más visibles por la ciudadanía, no así en los humedales del Norte donde están haciendo obras y que claramente van a afectar los territorios, pero por lo menos ante la prensa y ante la vergüenza algo están haciendo.

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Lo que el informe recomienda

El informe de Amnistia Internacional cierra con una serie de recomendaciones hacia el Estado. Son estas:

  • Generar condiciones políticas, legales, administrativas, económicas y financieras que permitan una gestión ambiental transversal a todas las políticas públicas, con un enfoque especial en acciones que se destinen a combatir los efectos de la crisis climática. 
  • Mejorar las estrategias de prevención de incendios forestales, reducción del riesgo y preparación de recursos, que debe estar acompañada de un sistema de monitoreo que garantice impactos efectivos en la reducción de los incendios. 
  • Garantizar el financiamiento y las condiciones necesarias para que todas las instituciones que dan respuesta a los incendios tengan los recursos materiales y humanos para responder con celeridad y de manera adecuada ante los focos de incendio forestales.
  • Asegurar una distribución de recursos eficiente y equitativa para que los distintos niveles del gobierno desarrollen los esfuerzos necesarios para informar los incendios, de manera periódica, así como informar el consecuente impacto socioambiental de los incendios forestales. 
  • Garantizar la restauración, rehabilitación y reforestación de las áreas afectadas y/o restauración de ecosistemas en beneficio de los territorios y población perjudicados; considerando la infraestructura natural, el cambio climático y el planeamiento que permita territorios más seguros y resilientes en el futuro. 
  • Garantizar investigaciones urgentes y eficaces para la identificación y sanción de los responsables de los incendios forestales y su debida condena. 
  • Avanzar con el tratamiento y aprobación urgente del proyecto de Ley de Humedales, priorizando aquel que ofrezca las mayores garantías posibles para la protección de los territorios.

Evangelina Romano, integrante de la Red Nacional de Docentes por los Humedales, y vecina de Ramallo, conversa con lavaca y aporta sus propias recomendaciones. Habla claro y dice así: “Despedimos al 2022 sin una Ley de Humedales y como era de esperar en llamas y tapados de humo. Y como pasó siempre, nadie accionó. Siempre esperamos a que el humo nos entre por la ventana. Una locura. Pedimos una Ley de Humedales que nos dé herramientas para terminar con el sufrimiento de las personas asmáticas, de los bichos, de los isleños, de los pescadores y de la vida misma. Todo sigue igual que hace 2 años, con gobernantes nacionales y provinciales inoperantes que se desbocan por zoom y no hacen cumplir las leyes; no es tiempo de debatir, de hablar, ya es tarde. Lo mismo sucede con municipios acéfalos que solo mandan cartas y se sientan a ver qué pasa desde la otra orilla. Armen un plan de contingencia, conversen con los propietarios y únanse para mitigar semejante devastación, poniendo recursos. Si no accionan, si no despiertan, esto no va a tener solución». 

Fotos: Pablo Sigismondi.
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