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Le dan prisión domiciliaria al femicida de Lourdes Aragio por tener hongos en los pies

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Los jueces de la Sala I de la Cámara de Apelaciones aceptaron el pedido de la defensa de Raúl Antonio Devias, alias “El Gitano”, al concederle prisión domiciliaria por tener una infección en los pies. Devias está acusado de matar a su ex pareja Lourdes Aragio y descartar el cuerpo en la zona de Colegiales, donde fue encontrado envuelto en una frazada y en grado de descomposición. Por qué se había pedido la prisión preventiva del femicida y cuáles son los argumentos del nuevo vergonzoso fallo. La historia de violencia y drogas y el desesperado pedido de ayuda de Lourdes que terminó de la peor manera.
Por Lucrecia Raimondi

El acusado por el femicidio de Lourdes Aragio fue beneficiado ayer con prisión domiciliaria por tener hongos en los dedos de los pies. Raúl Antonio Devias, alias “El Gitano”, podrá residir en la casa de sus padres en Colegiales (situada en frente de la suya, donde habría matado a Lourdes) con una tobillera electrónica por tener “una micosis interdigital con erosión cutánea en pies”. Lourdes fue hallada muerta envuelta en una manta el pasado 18 de junio en ese barrio porteño y a Devias lo detuvieron como autor del crimen, junto a Gabriel Fernando Massara, acusado de encubrimiento por ayudar a descartar el cuerpo.
Los jueces Pablo Guillermo Lucero e Ignacio Rodríguez Varela, de la Sala I de la Cámara de Apelaciones, dieron lugar al pedido de la defensa y consideraron que el acusado podía ser beneficiado por “la singularidad del hecho investigado y las circunstancias extraordinarias de la conducta atribuida a Devias, las cuales aún no han sido completamente esclarecidas”. Además, plantearon en el fallo que “la gravedad del suceso que podría determinarse tampoco reviste carácter dirimente para decidir la cuestión”. 
Para estos jueces, los hongos en los pies aplican a la excepcionalidad de la prisión domiciliaria como una enfermedad que no puede ser tratada dentro del penal -de Marcos Paz-. Y entienden que en este caso, aún no esclarecido, es necesario un “adecuado equilibrio entre la neutralización de los peligros procesales comprobados en autos y la aplicación del mínimo rigor estatal para garantizar la aplicación de la ley material en este caso concreto”.
Antonio Devias padece de Disipela, una infección en la piel que puede presentarse en diferentes partes del cuerpo y corre riesgo de muerte si se propaga y agrava una lesion. El juez de instrucción autorizó a que los familiares del procesado ingresen la medicación para su tratamiento. 
La prisión preventiva la había dispuesto el juez de instrucción del Juzgado 26, Damian Kierszembaum, quien consideró que de estar en libertad “habría peligro de fuga y un detrimento del proceso de investigación que está en sus inicios”. Devias, según este juez, practicó un “ocultamiento siniestro” de la muerte de Lourdes y está procesado por el delito de “homicidio agravado por haber sido cometido por un hombre contra una mujer y por haber sido cometido por un hombre contra una mujer mediado violencia de género”. 

Le dan prisión domiciliaria al femicida de Lourdes Aragio por tener hongos en los pies

Lourdes tenía 32 años y dos hijos.

¿Por qué la prisión preventiva? 

Kierszembaum entendió que existe “la posibilidad que el imputado entorpezca las medidas pendientes encuentra especial fundamento en el hecho que la muerte de María Lourdes Arangio Frixione habría sucedido en el interior del domicilio del acusado, donde aún no se descarta la realización de nuevas pruebas. Además, Devias podría presionar a aquellos testigos que  aún no han declarado en la causa para que sus testimonios lo beneficien en detrimento de la investigación”.
También, el juez de instrucción analizó el accionar de Devias e indicó: “Tal pronóstico encuentra fuerte sustento en la actividad que habría llevaba a cabo Devias tras la muerte de María Lourdes Arangio Frixione, en tanto el nombrado habría intentado descartar el cuerpo de la víctima con ayuda de terceros. Entiendo por tanto que los datos objetivos señalados permiten sostener que, de recuperar la libertad, tanto Raúl Antonio Devias como Gabriel Fernando Massara eludirán el accionar de la justicia y entorpecerán el proceso. Como esta circunstancia se da en el presente, la privación de libertad anticipada se justifica plenamente y por ello se dispondrá la prisión preventiva de los encausados”.
La investigación no detalló aún en qué condiciones murió Lourdes, pero sí que “la muerte de la víctima pudo haber sido provocada por medios violentos, la provisión insidiosa o el suministro excesivo de drogas con conocimiento del desenlace fatal que ello podría provocar”. Lourdes sufrió un edema pulmonar que le causó la muerte, en un contexto de grave adicción y probada violencia de género. Antonio Devia negó ante el juez tener con ella una relación de pareja. Pero en la causa quedó probado que sí, y también que le proveía las drogas. 
Por último, el juez analizó el accionar de Devias e indicó: “Tal pronóstico encuentra fuerte sustento en la actividad que habría llevaba a cabo Devias tras la muerte de María Lourdes Arangio Frixione, en tanto el nombrado habría intentado descartar el cuerpo de la víctima con ayuda de terceros. Entiendo por tanto que los datos objetivos señalados permiten sostener que, de recuperar la libertad, tanto Raúl Antonio Devias como Gabriel Fernando Massara eludirán el accionar de la justicia y entorpecerán el proceso. Como esta circunstancia se da en el presente, la privación de libertad anticipada se justifica plenamente y por ello se dispondrá la prisión preventiva de los encausados”.
El fallo de procesamiento detalla los ocultamientos siniestros en los que se basó el juez para dictar la prisión preventiva. “No se trató de un plan espontáneo e improvisado de una persona bajo los efectos de estupefacientes, como pretende sostener Devias en su descargo escrito, sino que (aunque infectuoso) fue un plan consciente y elaborado, lo que abona a la hipótesis homicida”.
Devias declaró haber descubierto de forma casual el cuerpo, que al 18 de junio presentaba un avanzado estado de descomposición. Y declaró que lo descarto con ayuda de Massara (hermano de un policía y con una causa de restricción abierta por su ex pareja), sin consciencia de sus actos por “estar en vigilia” después de consumir. Esa estrategia se desarmó por lo poco creíble.
Según registró la cámara de un salon de fiestas, se deshizo del cuerpo en horas de la madrugada cuando no había gente en la calle y muy poca luz.  

El juez de instrucción fue contundente: “Muy posiblemente Arangio Frixione haya muerto en el mismo cuarto que habitualmente utilizaba Devias. Ello me permite descartar que el imputado haya advertido el deceso de la víctima el mismo día que decidió ocultarlo. Por el contrario, lleva a considerar que Devias podría haber preservado, adrede, el cuerpo por varios días en su domicilio luego del óbito, con el fin de contar con la oportunidad justa para descartarlo o, incluso, para que su descomposición natural elimine los rastros que pudieran indicar las causales de la muerte”.
Además, la investigación determinó que Devias eliminó los rastros de la muerte que quedaron en el domicilio. Lavó compulsivamente sábanas, ropas, frazadas y alfombras. Limpió sectores de la casa donde se encontraron posibles rastros de sangre, como la cabecera de la cama donde dormía y probablemente falleció Lourdes entre el 15 y el 18 de junio. 

Le dan prisión domiciliaria al femicida de Lourdes Aragio por tener hongos en los pies

Devias, alias “El Gitano”, intentó pagarle a un vecino para que descartara el cadáver.

El testigo clave

El padre de Lourdes la buscaba con insistencia sin éxito. El 17 de junio, aproximadamente 15 horas antes de que el cuerpo fuera abandonado en la vía pública, le envió un mensaje a quien era la pareja de su hija: 
“Antonio mañana a la tarde paso por su casa a buscar a Lourdes”, y le pidió que confirmara la dirección de la casa. Obtuvo respuesta al día siguiente. 
“Buen día ya hace como 1 mes que no estamos más juntos esta con un chorro del bajo Belgrano yo estoy con otra chica”, mintió minutos después de abandonar el cuerpo. 
Raul Antonio Devias ocultó muerta en su domicilio por 72 horas a su pareja y esporádica conviviente, y la descartó envuelta en una frazada, a pocos metros de su vivienda, el 18 de junio en el barrio de Colegiales. La encontraron debajo de un camión, con lesiones en el cuello, los glúteos y quemaduras en ambas piernas. 
La última vez que vieron con vida a María Lourdes Aragio Frixione fue el 11 de junio. A las 14 le pidió ayuda a un desconocido de profesión psicólogo, que pasaba por la calle Céspedes, quien declaró intuir en ella un estado de “brote psicótico o intoxicación”. Y horas más tarde, otro muchacho la encontró a pocos metros de la casa del imputado temblando de frío, alterada y confusa. Ella le pidió un cigarrillo, él le ofreció ayuda.
A este último testigo, Lourdes le dio su nombre, le indico el número de Devias para que lo llamara por teléfono y le pidió repetidamente que no se fuera. Devias salió de su domicilio. Lourdes se puso de frente al desconocido, muy cerca, y le dijo: “Yo te dije mi nombre y apellido, si llego a desaparecer vos sabés mi nombre”.
Entró a la casa sobre la calle Céspedes. Nunca más salió. 

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Residencia (A)narcocapitalismo y cuerpos sociales: puesta en escena

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Un espacio de formación, experimentación y creación impulsado por el Observatorio Lucía Pérez que permitió el intercambio de disciplinas, lenguajes, miradas, culturas, realidades y contextos. Con el apoyo de Iberescena, durante una semana compartimos teorías y prácticas con expertas en entrenamiento sensible del cuerpo colectivo: Avelina Rogel de Ecuador, Federica Folco de Uruguay, y Susy Shock de Argentina. – Video: Bruno Ciancaglini

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La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

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Este domingo 12 de mayo falleció Andrea Amarante (42 años), con el cuerpo quemado en un 75%. Era la tercera de las víctimas del incendio provocado en Barracas, Buenos Aires, hace una semana. El domingo pasado Justo Fernando Barrientos incendió la habitación de un hotel de la calle Olavarría al 1600 donde vivían cuatro mujeres, vecinas suyas. Pamela Cobas, 52 años, murió el lunes. El miércoles falleció Mercedes Roxana Figueroa (52) y Andrea hoy. Sofía continúa internada. Barrientos intentó suicidarse cortándose el cuello con una sierra: también fue internado pero apenas le dieron el alta quedó detenido. Lavaca estuvo en el lugar tratando de reconstruir lo que ocurrió. Las voces de los vecinos y vecinas y de la dueña del hotel.

Texto Francisco Pandolfi.

Afuera no quedan rastros de lo que pasó el domingo rozando la medianoche. Ya no hay consigna policial. Ni conmoción ni medios de comunicación.

La puerta de calle –de chapa, bordó, gastada– está cerrada. De un lado, una persiana de metal amarrada entre cables. Del otro, las persianas abiertas de par en par: si no fuera por Juan, el vecino que desde su habitación trabaja arreglando ropa, daría la sensación que este hotel familiar estuviese totalmente abandonado.

Olavarría 1621, Barracas, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

Así quedó parte de la habitación quemada.

Allí Justo Fernando Barrientos, uno de los inquilinos del hotel, prendió fuego la habitación donde vivían dos parejas de mujeres. La investigación judicial reside en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 14, a cargo de Edmundo Rabbione. Pamela Cobas, de 52 años, falleció por las quemaduras el lunes en el Hospital del Quemado. Mercedes Figueroa murió este miércoles 8 de mayo y Andrea Amarante hoy, una semana después. Sofía, internada en el Penna, está fuera de peligro. Justo Fernando Barrientos intentó suicidarse, lo internaron en el Argerich y luego quedó detenido por la Policía de la Ciudad.

Juan acepta hablar con lavaca. Cuenta que vive en el hotel desde hace 22 años, que siempre la debió remar un montón: muestra los callos de la mano para acreditarlo. Cuenta que vivió un año en el Parque Lezama, que se la rebuscó trabajando toda la vida, que mucho tiempo fue mantero y otras muchas, también, fueron las veces que terminó en un calabozo porque la policía le quería sacar su poca mercadería. Y que cuando no había nada que vender, se tomaba el tren Roca en Constitución, hasta Glew, donde se colgaba de los árboles, cosechaba eucaliptus, laurel y romero, y con ellos hacía ramitos que ofrecía para parar la olla.

Dice que ahora la cosa está muy jodida. Que vende en la feria de la calle Patricios. Que hasta hace una semana pagaba 50 mil pesos la piecita, pero que el viernes pasado le aumentaron a 60 mil. Y está enojado, también, porque el mismísimo lunes, un puñado de horas después del incendio, el yerno de la dueña pasó a cobrar y le pidió 70. “Acá no tenemos agua caliente; me tengo que bañar calentándome una ollita. ¿A vos te parece? Tampoco tenemos luz en los baños ni en la cocina, que son compartidos”.

Juan dice que conocía sólo de vista a las chicas y a Justo Fernando Barrientos; que nunca había escuchado ningún problema, y que estaba durmiendo cuando pasó lo que pasó. Y también me aconseja, cuando lo ve venir a Eduardo: “ahí está el encargado; hablá con él”.

Mientras abre la puerta, Eduardo se presenta como un “changarín” que trabaja como pintor “y de lo que haga falta”. Tiene 59 años bien disimulados y vive en el hotel desde el 2016, a cambio de la limpieza y la mantención del lugar. “Estamos muy mal económicamente; los precios en el supermercado no bajan y hay que dejar de comer; o elegir cuándo hacerlo. ¡Andá a comprar un litro de aceite hoy! Para vivir hay que gastar diez lucas por día, ¿y quién tiene esa plata?”.

Contextualiza la trama social del hotel: “Lo habita gente trabajadora y también que está en la indigencia; que vivía en la calle y se viene acá porque no es un alquiler caro. Por esta zona hay cada vez más gente en situación de calle, porque no hay laburo”. Sigue: “Todo se está poniendo más bravo. Lo veo en mí y en el resto: para que alcance, hay que levantarse más temprano y volver más tarde de hacer changas. En el hotel somos todos pobres, y ni trabajando a full llegás a fin de mes. Está jodida la vida”.

¿Percibís una relación entre el crimen y el contexto? “Sí, claro. La violencia sucede a raíz de lo que nos pasa a nivel social. Trae un montón de problemas el cómo vivimos. Este es un barrio tranquilo, este hotel es un lugar tranquilo para dormir, aunque ahora aparecen un montón de notas diciendo mentiras sobre lo que pasaba acá adentro”.

La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

El baño al que llevaron a las chicas quemadas: “Se pusieron abajo de la ducha, pero ya estaban muy incendiadas… muy incendiadas; sin pelo ya”.

¿Por qué Justo Fernando Barrientos hizo lo que hizo? “Yo no sé lo que pasó. Nunca había escuchado una discusión entre ellos. Con él y las chicas mi relación era hola y chau. A él siempre lo veíamos andar en bicicleta, y hace dos o tres meses me llamó la atención que no la tenía y entonces le pregunté; me dijo que estaba mal porque se la habían robado en Pompeya. Hace changas, creo que es plomero”.

Se abre la puerta y María Rosa, la dueña del hotel, está sentada en uno de los escalones por los que se entra. Grita (me grita): “¿Vos querés saber qué pasó? Yo te voy a contar lo que pasó, porque acá todo el mundo viene a preguntar, pero nadie viene a traer soluciones”. María Rosa tiene 89 años, un crucifijo enorme en el pecho y la tonada gallega. “Hasta me hicieron una denuncia ahora, ¿vos podés creer? Algunos me deben 7, 8 meses de alquiler y encima me denuncian a mí, diciendo que no andaban los matafuegos cuando tengo todo en regla. Eso me tenés que venir a preguntar, que tuve que comprar unos materiales y ni le pude pagar a la señora de la ferretería, que me conoce y me fío; que estoy esperando que me paguen un alquiler y con eso pagarle al plomero que está haciendo arreglos”.

Después del inicio catártico, pregunta qué medio de comunicación es el que ahora está sentado a su lado. Y asegura: “Yo le digo toda la verdad. Hay que ver más allá del incendio; lo que pasó fue una desgracia. Porque yo le voy a decir una cosa, las dos chicas…”. La charla se interrumpe. Y María Rosa empieza a darle explicaciones, sin que se las pida, a la señora rubia que acaba de pararse frente a ella. “Ya estoy arreglándolo doñita, ¿le cayó agua?”. La mujer, de cuarentilargos o cincuentipocos, le responde con respeto, como si acabara de tomarse un sedante, o de apretar el freno de mano, para no mandarla a la mierda:

–No, no. Hace más de un mes que cae agua, pero cada vez más. Había una grieta, y después se hizo otra.

–Ahí está el plomero, ¿quiere ir a ver? Suba, suba pa’ que vea.

–No, no, yo quiero que lo resuelva, porque ya se me arruinó la cocina y me está arruinando todo.

–Lo que pasa es que la gente no me paga. Estoy cobrando 50 mil pesos y la gente no me paga. Me deben 7, 8, 9 meses, no puedo hacer milagros porque tengo que pagar la luz, el gas y el agua, porque si no me cortan y hay gente que sí paga.

–Yo sé que esta semana es complicada por lo que pasó, que por ahí no es momento, pero yo quiero que entienda una cosa: usted tiene sus problemas y yo tengo los míos, y a mí se me está viniendo la casa abajo en aspectos que no son de mi injerencia, que no los puedo arreglar porque están dentro de su casa.

–Sí doña, lo sé; ya lo están arreglando. Entiéndame, doña; no hay plata, la gente no me paga.

La “doña” se va y María Rosa continúa su relato: “Decía que las chicas nunca tuvieron ningún problema, que ellas me pagaban siempre; y el hombre lo mismo, cumplía todos los meses”.

La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

Así quedó la habitación tras el incendio.

¿Qué pasó la madrugada del lunes? “Yo muy bien no sé; conmigo se comportaban siempre de manera normal, el señor y las chicas. Nunca tuve un problema, nunca. Ni un sí ni un no. Lo que sé es que las chicas dormían de día y de noche estaban levantadas; entonces si usted trabaja de día y quiere dormir de noche, hasta los pasos se sienten, y eso es lo que pasó. En los hoteles pasa esto, se habla fuerte y el hombre se habrá cansado de eso. Se ve que tiró algo inflamable y ahí prendió fuego”.

María Rosa llegó al país a sus 19 años de las Islas Canarias, tiene 4 hijos y hace cuatro décadas compró este hotel “con sangre”, porque el crédito que sacó “tenía unos intereses impagables”. Asocia: “Como los créditos UVA de hoy”. También comenta que las últimas horas estuvo yendo de hospital a hospital para ver a las chicas y al hombre. Cuando le menciono que Pamela murió (hasta el momento de la charla era la única fallecida), que Justo Barrientos la asesinó, me dice que no. Que no puede ser. Pero fue.

En el libro de actas del hotel estaban registradas dos de las cuatro mujeres: Pamela y Mercedes. La dueña sabía que se habían sumado otras dos hacía algunos meses, pero como vivían lejos les daba “lástima” decirles que se fueran. En el registro interno del hotel figura que Justo Fernando Barrientos tiene 72 años.

María Rosa retoma la catarsis: “Acá hay 20 piezas divididas en tres pisos y hasta hace una semana cobraba 50 mil pesos cada una; están todas llenas, algunos me pagan por mes, otros por día. ¿Qué hago yo con esa plata? Este mes lo tuve que aumentar a 60 mil. O sea, 2 mil por día. ¿A usted le parece? Un litro de vino vale eso; un sachet de leche vale eso. ¿Estoy cobrando mucho? Y subí porque este mes vino muy cara la luz, el agua, el gas. ¡Más de 200 mil tengo que pagar de cada impuesto! Si antes pagaba un peso, ahora pago 6; es una barbaridad”.

Se explaya sobre el crimen: “Fue un momento de calentura. ¿No vio lo que pasa en los matrimonios? ¿Y cómo matan a los chicos? Es un momento donde la gente se aparta de Dios y el diablo la toma. Yo creo que pasó eso”. ¿Alguna vez Justo Fernando Barrientos le hizo algún comentario en contra de las chicas? “No, y eso que yo hablaba con él. Él vive en el hotel desde hace seis años; las chicas hace dos. Este lugar es tranquilo; fíjese, escuche; no se siente nada; pero bueno, se ve que de noche había ruido, aunque él nunca me dijo nada”.

¿Alguna vez escuchó que en el hotel discriminaran a las chicas porque eran pareja?

“No, no. Cada una hace de su cuerpo lo que quiere. Mire usted que hasta el Papa lo acepta”. Luego sugiere: “Tenés que hablar con Don Miguel, él fue quien las ayudó a las chicas, que las llevó al baño cuando se incendió la pieza”.

Miguel está en su habitación del primer piso, donde también vivían las chicas y Justo Fernando Barrientos. Miguel lleva puesta una camiseta de fútbol de la Juventus, de Italia. Pide no grabar la conversación y luego va a requerir, acentuando la voz, que esta nota refleje las palabras tal cual las dice. “Yo hablé en una nota televisiva y dije que ellas eran conflictivas y me empezaron a criticar, pero me sacaron de contexto; quise decir que discutían entre ellas. Yo sé que al decir esto van a decir que soy un machirulo. Fernando (lo llama por su segundo nombre) era un tipo que no hablaba con nadie, era educado. Ellas tenían una vida diferente; hacían ruido de noche y llegó un momento que el hombre explotó. No es justificable todo lo que hizo, no tiene perdón de Dios, pero explotó; le agarró un brote psicótico”.

Reitera: “Te pido que lo pongas como yo te lo digo”.

Y arranca su relato: “Eran como las doce y pico de la noche, estaba acostado y sentí como si hubiera explotado una pyrex. Empezamos a escuchar gritos. Para ese momento, Fernando ya había tirado lo que aparentemente fue una especie de bomba; tiró alcohol y salieron las dos chicas quemadas, gritando; con dos vecinos de arriba intentamos apagar el fuego, ayudarlas; las chicas fueron al baño, se pusieron abajo de la ducha, pero ya estaban muy incendiadas… muy incendiadas; sin pelo ya”.

Sigue: “Este hombre subió arriba, con una sierra y se cortó el cuello. Después vinieron los bomberos, la policía y el SAME. Eso es lo que ocurrió, nada más”.

Para usted ¿fue un crimen de odio por la orientación sexual de las chicas?

–No sé el pensamiento de Fernando al respecto.

–¿Alguna vez había tenido un brote similar al que describe?

–No. Que quede claro que no lo justifico: es atroz lo que hizo. Jamás… creo, porque uno nunca sabe cómo puede reaccionar la cabeza de uno, me podría pasar a mí. Es una locura lo que ha pasado.

Miguel, que vive en el hotel desde hace 12 años, dice: “acá vive gente trabajadora” y señala con las manos a distintas piezas: “Jubilado; jubilado; jubilado (se señala); ese muchacho hace delivery; jubilado; ese es vendedor ambulante; jubilado; ese muchacho no sé a qué se dedica; el que entró recién acaba de volver de trabajar y se fue a las 6 de la mañana. Yo soy jubilado, pero tengo que seguir laburando: me levanto a las 4 de la madrugada porque a las 6 empiezo a preparar los paquetes que entrego en el correo”.

Afuera, en la puerta de entrada, no quedan rastros de lo que pasó, pero adentro hay un montón. No sólo en la pieza de las chicas, donde la ropa está apilada en el piso; mojada; quemada. También hay rastros en el estado general de este hotel de paredes descascaradas, de olor a humedad, de servicios básicos que escasean, de márgenes en el centro de un barrio que desde hace años es imán para inversores de proyectos inmobiliarios.

A las certezas de que Pamela, Mercedes y Andrea fueron asesinadas y de que Justo Fernando Barrientos fue quien las mató, le sigue una catarata de dudas: ¿Cuántas capas tiene esta historia? ¿Cuántas complejidades atraviesan al crimen? ¿Qué nos dice esta mansión deteriorada de Barracas, además de decirnos que ellas ya no nos podrán decir? Miguel cree que para entender lo que pasó no alcanza con mirar el horror de esta pieza. Después de aclarar por enésima vez que ponga todo tal cual lo dijo, cierra: “Somos un país sin esperanza, somos una sociedad enferma”.

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102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez

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En lo que va del año el Observatorio Lucía Pérez, primer padrón autogestionado y público de violencia patriarcal, registró 102 femicidios y travesticidios en todo el país. Durante el último mes fueron 13 femicidios y un travesticidio: el de Dámaris Julieth León Guamán, en el barrio porteño de Almagro, 38 años. El asesinato de Damaris generó movilizaciones: fue una de las 118 marchas que se registraron durante el año; practicamente una por día.

102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez

Como resultado de los 102 femicidios y travesticidios se registraron además 65 huerfanxs por femicidios.

Además, en lo que va del 2024, se registraron 75 tentativas de femicidios.

Y llevamos 1174 días preguntándonos ¿dónde está Tehuel de la Torre?

102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez
102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez

No son cifras:es la cartografía de la violencia patriarcal.

El Observatorio Lucía Pérez es una herramienta de análisis, debate y acción creada por Cooperativa lavaca. Se elaboran una serie de padrones que compartimos en la web de manera libre, los cuales comenzaron a confeccionarse en talleres que realizamos con víctimas de violencias, familias sobrevivientes de femicidios, organizaciones sociales y activistas del movimiento trans. Los datos así recogidos, sumados al seguimiento de lo publicado en medios de todo el país, son luego chequeados y precisados con fuentes judiciales y periodísticas.

Todo la información que producimos es de público y libre acceso en en www.observatorioluciaperez.org

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