Sigamos en contacto

#NiUnaMás

Todas somos Lucía: hacia un nuevo Paro Feminista

Publicada

el

Una asamblea organizada en la CTEP votó de forma unánime realizar este miércoles un nuevo Paro Feminista con movilización en repudio al fallo que absolvió a los femicidas de la joven de 16 años. Estuvo presente Marta, su mamá, que también marchará: “Mi hija era una adolescente con los mismos sueños que tienen ustedes. A ella la mataron el 8 de octubre, y con la sentencia que se dio el 26 de noviembre la volvieron a matar. No podemos seguir perdiendo hijas. No podemos permitir más esto”. Mañana, a las 17, la movilización saldrá de Tribunales, se hará una acción de acostarse en la avenida 9 de Julio para simbolizar que Lucía somos todas y se marchará a Plaza de Mayo. Crónica y reportaje fotográfico de una asamblea masiva donde mujeres, trans, travestis y lesbianas, de distintas agrupaciones, se citaron para organizar lo urgente: una forma de parar todo.

Si tocan a une, se para el mundo.
Esa fue la energía de la asamblea feminista que tuvo lugar en la CTEP.
Asamblea convocada luego de que se conoció el fallo vergonzoso y misógino del caso de Lucía Perez.
Asamblea que es masiva, casi no se pueden entrar al gran galpón de Constitución, donde mujeres, trans, travestis y lesbianas, de distintas agrupaciones y por distintos medios, se citaron para organizar la movilización y el paro.
El objetivo principal: que no pase inadvertido que lo de Lucía #FueFemicidio y que no se piensa tolerar el accionar impune del narcotráfico, del machismo, ni la falta de justicia.

La asamblea feminista que organizó el Paro tuvo cita en la sede de CTEP, en Constitución. Foto: Martina Perosa.


Sentadas en el piso todas esperaron entre mates a que llegara Marta, madre de Lucía Perez, y ella diera comienzo a lo que sería otra asamblea que una vez más organiza lo inimaginable y busca así una nueva forma de parar todo.
La asamblea aplaude a Marta cuando llega.
Las primeras en tomar el micrófono son el grupo de mujeres que llegó junto a la madre de Lucía y que leyeron, una parte cada una, un texto que decía:
“Nosotras mujeres que sobrevivimos a la Violencia y nos organizamos para enfrentarla sabemos que en los Barrios se está instalando una cultura de la muerte que queda impune y se basa en el narco machismo. Lucía representa lo mismo que Melina o Araceli o las chicas acribilladas en Varela: impunidad, complicidad policial y machismo. Sus familiares amigas y vecinas no pueden ni pagar el pasaje para estar acá pero su voz debe ser escuchada. Escuchen a la mamá de Lucia y entenderán por qué proponemos que el Paro consista en acostarnos en silencio durante una hora en el Obelisco y sitios más representativos de cada ciudad con una foto de Lucia en el pecho, símbolo de que Lucia somos todas”.

Foto: Martina Perosa.


Luego habló Marta, la madre de Lucía:
«Todas somos Lucia. A cualquiera de ustedes les puede pasar. Lucia fue en el bolillero la que quedó elegida. Era una adolescente con los mismos sueños que tienen ustedes. A ella la mataron el 8 de octubre, y con la sentencia que se dio el 26 de noviembre la volvieron a matar. No podemos seguir perdiendo hijas, hijos. No podemos permitir más esto. Esta gente tiene fábrica de muerte. La droga, lo que venden, es muerte para los adolescentes y nos cosifican como cosifican a Lucia. El día de la sentencia de Lucia estaba preparado para que agrediéramos, y no lo van a conseguir. Van a conseguir la gota que les va agujerear la piedra porque no voy a parar hasta que esas personas vayan presas. Detrás de la impunidad hay alguien que los respalda y eso es lo que no tenemos que permitir. No es justo lo que hacen con nuestros hijos y no se lo vamos a permitir más. La única bandera tiene que ser nuestras hijas, nuestros hijos. Tenemos que hacer ese mismo paro que el 19 de octubre. Hoy la causa se está elevando a juicio y lo genial sería que el 5 haya un paro, lo antes posible. Cada una de ustedes es el abrazo que me daría Lucía. Y esa es mi Lucía que me abraza siempre».

Marta, la mamá de Lucía Pérez, participó de la asamblea y también marchará el miércoles a Plaza de Mayo. Foto: Martina Perosa.


Así arrancó la asamblea de cara al próximo paro de mujeres que terminó con una conclusión acordada y aplaudida por todes: miércoles 5 de diciembre, paro feminista.
A las 17 horas, la movilización saldrá de Tribunales, se hará acción de acostarse en la avenida 9 de Julio y se marchará a Plaza de Mayo.
Entre quienes marchen, estará la mamá de Lucía Perez.
Voces de la asamblea
Las organizaciones fueron muchas y variadas. Las posiciones sobre que la justicia patriarcal se tiene que acabar fue unánime. En la ronda asamblearia y el micrófono se escuchó, entre otras cosas, las siguientes expresiones:

  • Tori de la CTEP: «Apoyamos la fecha del 5 y tenemos que estar organizades. Hubo un montón de fallos como estos estas últimas semanas. A nosotras nos mataron un compañero y a nuestra compañera no la dejaban a amamantar».
  • Otra chica contó el caso de Yanina. «Su pareja la prendió fuego y la justicia les está dando la espalda. El juez Marino quiere hasta decir que ella se prendió fuego a ella misma»
  • Trabajadoras de Nordelta que se están organizando a pesar de las dificultades: «Nosotras, las mujeres pobres de los barrios más vulnerables, tenemos derechos. Queremos que esta gente no vea que no estamos solas. Que no nos pueden tener en negro y maltratando».
  • «Se va a acabar esta justicia patriarcal», se cantó después de que hable Matias Grippo, hermano de Celeste Grippo Martinez. «La justicia dice que fue suicidio y murió de un disparo de escopeta. Hace un año y siete meses y quiero justicia».

Foto: Martina Perosa.


Siguen las voces:

  • «Nosotras venimos exigiendo capacitación adentro del poder judicial y no tenemos respuestas positivas a eso. No solo tenemos que repudiar la sentencia sino todo el poder judicial», dijo una trabajadora judicial.
  • Raquel Vivanco, del movimiento MAREA, dijo las cifras del horror: «Hay un femicidio cada 29 horas. Suscribimos a la propuesta de paro y de tirarnos en la avenida 9 de Julio representando cada mujer que hoy no está en la Argentina».
  • «Venimos de una semana de muchísima represión y es muy importante que nos estemos pronunciando por un nuevo paro. Ante los discursos de odio y violencia es importante que pongamos la sensibilidad que tenemos como movimiento feminista en la calle», expresó una militante de La Dignidad.
  • Clarisa de la CTA dijo: «Estamos conmovidos y trabajando para poder salir a la calle para convertir la bronca en otra cosa que sabemos que es de mucha potencia», y aseguró que se sumaban al paro.

Foto: Martina Perosa.

  • Una compañera de ATE también se pronunció a favor de parar: «ATE acompaña también con paro nacional y apoya a la familia de Lucía».
  • Estudiantes Federación Universitaria de Buenos Aires dijeron: «Se impulsa paro educativo de universidad, secundarios y terciarios. Y queremos movilización en contra del narcotráfico y del poder judicial».
  • Paula, militante trans, dijo que no se dejara de nombrar a las violencias contra trans y travestis en las consignas y los comunicados.

En un momento por extensión de oradoras pusieron en limpio las distintas propuestas y se propuso que se unieran en una sola.
Con la fecha, hora y recorrido fijado, se cantó “se va a acabar, se va a acabar, esta justicia patriarcal”.

Foto: Martina Perosa.


Foto: Martina Perosa.


Foto: Martina Perosa.

#NiUnaMás

Travesticidios: un crimen social

Publicada

el

Este mes el foco está puesto en el padrón de travesticidios, crímenes de odio contra personas travesti, trans y no binarias, que el Observatorio lleva adelante. Este año se registraron ya 8 travesticidios: muertes crueles, violentas y deshumanizantes. “Son muertes que no pueden entenderse sino como encadenadas a vidas de vulneraciones de derechos, estigma y criminalización”, analiza la antropóloga e investigadora Florencia Paz Landeira. Recordamos sus nombres, distinguimos la singularidad de sus crímenes respecto de los femicidios y damos cuenta de las violencias estructurales, cotidianas y persistentes que traman sus experiencias de vida y de muerte, para desarmar también la invisibilización.expresa en el informe la antropóloga Florencia Paz Landeira.

En lo que va del año ya se registraron ocho travesticidios, cuatro de los cuales tuvieron lugar en agosto, un mes de escalada de la violencia transodiante. Alddana, Giaccobi, Fernanda, Sofía, Pancha, Victoria, Carina y Nicol. Nombres que deberían estar escritos en calles y banderas. Nombres que sintetizan una lucha y una gesta, para rememorar el libro de Lohana Berkins. Nombres que evocan vidas de injusticias y exclusiones y, lo peor, muertes crueles, violentas y deshumanizantes. Y, aun así, nombres que no llegan a la tapa de los diarios ni convocan marchas masivas en la capital del país, nombres que apenas se cuelan en las secciones de policiales disputando dignidad -aun desde la muerte- a un periodismo rancio y discriminador que a diez años de la ley de identidad de género todavía no ha aprendido nada sobre el trato digno.
Travesticidio es la categoría política que desde el activismo se acuñó para nombrar los asesinatos de personas trans y travestis motivados en la discriminación por identidad de género, para distinguir la singularidad de estos crímenes respecto de los femicidios y también para dar cuenta de las violencias estructurales, cotidianas y persistentes que traman sus experiencias de vida y de muerte. Porque son muertes que no pueden entenderse sino como encadenadas a vidas de vulneraciones de derechos, estigma y criminalización.
La singularidad de estas muertes suele también entramparse en sistemáticos mecanismos de invisibilización. Por eso, el Observatorio Lucía Pérez desde su creación se presentó como un padrón de femicidios y travesticidios, exhibiendo los patrones comunes de la violencia patriarcal sin perder de vista la especificidad y la enseñanza de Lohana: las muertes de las personas trans tienen que considerarse travesticidios porque se trata de vidas sin derechos. La categoría de travesticidio entonces procura sintetizar los efectos materiales y simbólicos que se derivan del mero hecho de ser trans o travesti en una sociedad que subordina, patologiza y excluye aquellas identidades que no se corresponden con el sexo asignado al nacer. Como dijo Marlene Wayar a lavaca hace unos años: “las travas estamos condenadas a caminar en el riesgo” y a cada paso, en cada interacción, una pregunta, “¿Me va a matar o no me va a matar?”.

*

En enero de este año, a Alddana Lorens la mataron de un golpe en la cabeza en su propia casa. El sospechoso y detenido -después de estar ocho meses prófugo- es su hermano. La madre de ambos también está acusada por abandono de persona, porque permitió que Alddana estuviera dos días en el piso, sin posibilidad de levantarse sola. Su salud estaba deteriorada porque meses antes había sido atacada por un prostituyente: le tiró el auto encima cuando ella estaba en una esquina. Al hospital llegó gracias a la ayuda de una tía, pero no fue hasta después de su muerte que pidieron intervención policial y judicial para investigar lo que había pasado. ¿Se ve la trama de violencias y abandonos?
En agosto, A Alejandra Ironici la encontraron en su casa con quemaduras en su cuerpo y sobre un charco de sangre. Alejandra era referente del movimiento trans en Santa Fe y había sido la primera en la provincia en obtener el DNI con la rectificación de su nombre y género autopercibido. La autopsia reveló 46 puñaladas que habrían sido perpetradas por su ex pareja, único sospechoso y detenido. ¿Se siente la crueldad?

*

Hacer un repaso por los rasgos comunes y salientes de las trayectorias de las personas trans en nuestro país y en la región, supone reconstruir una historia atravesada por la exclusión. Las diversas formas de discriminación, opresión y segregación a las que trans y travestis están expuestas constituyen un cuadro de sinergia de vulnerabilidades. Así, no pueden pensarse los travesticidios sino como el vértice atroz de un entramado de exclusión y vulneración de derechos, que nos habla de una violencia estructural, que se fortalece en la ausencia de políticas públicas que contemplen sus derechos humanos fundamentales y sus necesidades básicas. De allí la necesidad de incorporar estos nombres en una genealogía, en una historia colectiva atravesada por la persecución, marginación y, primordialmente, de privación de derechos. En base a esta discriminación sistemática, se funda una realidad de exclusión: las personas trans no gozan de igualdad de oportunidades y de trato en ningún ámbito de la vida social e institucional; la mayoría de ellas vive en extrema pobreza, privadas de derechos económicos, políticos, sociales y culturales.

*

En la marcha producida por el grito Ni Una Menos en 2015, Diana Sacayán participó de la primera salida al espacio público del padrón de femicidios y travesticidios, cuando dejamos las huellas de nuestras manos con pintura roja sobre una tela negra y los nombres y edades de nuestras muertas. Meses después fue asesinada brutalmente en su casa por dos hombres, uno de ellos, Gabriel Marino, pareja ocasional de Diana. Murió apuñalada con ensañamiento. La condena estableció la prisión perpetua para Marino por “homicidio agravado por odio a la identidad de género”, en referencia al inciso 4 del artículo 80 del Código Penal en el que se incluye al odio de género o de orientación sexual, identidad de género o su expresión como agravante de un homicidio. Gracias a la lucha travesti, los fundamentos de la sentencia incorporaron de manera explícita por primera vez la categoría de travesticidio, con el objetivo de evidenciar que la violencia estuvo motivada en el odio por su identidad de género travesti y su activismo y trabajo por la diversidad sexual y los derechos de la población trans.
Sin embargo, la Sala 1 de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal confirmó en 2020 la condena a prisión perpetua de Marino, pero excluyó el agravante de “odio a la identidad de género”. El fiscal Ariel Yapur y la fiscal Mariela Labozzetta, titular de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM), presentaron un recurso extraordinario contra el fallo y familiares de Diana solicitarán a la Corte Suprema de Justicia de la Nación la apertura a amicus curiae (amigos del tribunal) de la causa sobre el crimen. Para que no se niegue su identidad y su historia de vida. A su vez, demandan por la incorporación de figura del travesticidio y del transfemicidio dentro del Código Penal. La teoría travesti revolucionando el mundo jurídico incluso desde la muerte.
El activismo travesti se ha visto forzado a darle un giro político a tanta muerte y desde el dolor construir sus trincheras de imaginación, de pensamiento y de vida. Marlene recuerda que a Lohana le decían que ella empezaba cada discusión tirando las muertas sobre el escritorio. “Pero es así. Ustedes primero nos mataron”. Es desde esta realidad insoportable y cruenta que el colectivo travesti hoy exige reparación, políticas de resarcimiento que expresen la responsabilidad estatal en el exterminio sistemático de la personas trans, una ley que las saque “del barro que crea la heterosexualidad”.
Diez años de la ley de identidad de género y todavía las vidas trans parecen valer menos. Diez años de discursos y campañas de “Argentina Igualitaria” y todavía las personas trans y travestis tienen una expectativa de vida medieval. Años de conquistas, de luchas y de muertes. Y todavía nos falta Tehuel.

Por Florencia Paz Landeira. Doctora en Antropología Social. Becaria posdoctoral del LICH-CONICET. Integrante del Programa de Estudios Sociales en Género, Infancia y Juventud (UNSAM).

Seguir leyendo

#NiUnaMás

Funcionarios denunciados: entre la violencia de género y la violencia institucional

Publicada

el

Presentamos el informe de agosto 2022 del Observatorio de Violencia Patriarcal Lucía Pérez. Este mes el foco está puesto en el padrón de funcionarios denunciados por violencia de género que el Observatorio lleva adelante. Lo que se ve: un sistema que expresa la mutua imbricación entre la violencia patriarcal y la violencia institucional, con la impunidad como puente. El Observatorio Lucía Pérez lleva registrados 345 los funcionarios denunciados, “ya no hablamos solo de un Estado ausente o ineficaz, sino de un Estado violento”, expresa en el informe la antropóloga Florencia Paz Landeira.

A mediados de agosto, Marcelo Guzmán, funcionario judicial de Tierra del Fuego, fue separado de su cargo luego de la denuncia pública y judicial por violencia de género realizada por su esposa, Carla Kirstein. El juez Javier De Gamas Soler dictó el procesamiento de Guzmán por los delitos de “lesiones graves agravadas por haber sido cometidas contra su pareja en el marco de una situación de violencia de género” (en un hecho) y “lesiones leves” (en otros dos) y ordenó una prohibición de acercamiento. Carla decidió hacer la denuncia por redes sociales, movida por el miedo y la impotencia no solo por la recurrencia de la violencia y la situación de dependencia en que se encontraba, sino también por las barreras en el acceso a la justicia: “Fui a ver a varios abogados para que me representaran y cuando se enteraban quién era mi marido y para quién trabajaba, ponían cualquier excusa para no tomar el caso”. Su historia habla de entramados de poder institucionales que silencian, encubren, obstruyen y que, en definitiva, avalan y perpetúan la violencia.  

Es la historia de Carla, pero no es un “caso”, es un sistema que expresa la mutua imbricación entre la violencia patriarcal y la violencia institucional, con la impunidad como puente. El Observatorio Lucía Pérez registra en su padrón 345 denuncias por violencia de género contra integrantes del Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial, de las Fuerzas de Seguridad y de la Iglesia Católicas. El registro -que formalmente le corresponde al Estado argentino, en función de los compromisos asumidos ante la CIDH y que hasta hoy incumple- se basa, a su vez, en la hipótesis de que estas denuncias encarnan la persistencia de sentidos y prácticas machistas y misóginas en las burocracias estatales y la resistencia a la transversalización de la perspectiva de género que, en concreto, resultan en la ausencia o debilidad de las políticas públicas para prevenir y contener la violencia contra mujeres y trans.

Cuando reiteramos la consigna “El Estado es responsable”, solemos referirnos a formas sistemáticas de complicidad, omisión y/o insuficiencia en las políticas para erradicar la violencia de género. La responsabilidad estatal encuentra en este registro de funcionarios denunciados su rostro más grotesco y encarnado. El poder político que el puesto les confiere aparece reforzando e incrementando posiciones de privilegio y dominio fundadas en estructuras de género desiguales. Ya no hablamos solo de un Estado ausente o ineficaz, sino de un Estado violento. Las denuncias alcanzan a jueces civiles y de familia, fiscales, comisarios, jefes de policía, es decir, agentes estatales que deberían estar implicados en prevenir las violencias, sancionar a quienes las ejercen y proteger a las víctimas.

Observatorio Lucía Pérez

El Estado ¿por fuera de la ley?

Es sabido que el Estado no es un bloque homogéneo y coherente, sino que está habitado y atravesado por tensiones, contradicciones y balances de poder. Este mismo Estado que denunciamos como responsable de la violencia patriarcal, ha instrumentado leyes y políticas tendientes a reconocer y combatir las desigualdades de género, movido por las luchas y demandas de los movimientos feministas.

La ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, sancionada en 2009, incluye en su definición y caracterización de la violencia a la violencia institucional, definida como: “aquella realizada por las/los funcionarias/os, profesionales, personal y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley. Quedan comprendidas, además, las que se ejercen en los partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, deportivas y de la sociedad civil” (Artículo 6, b). Ya en 1996, el Estado argentino ratificó la Convención de Belém do Pará, en la que los estados acordaron “abstenerse de cualquier acción o práctica de violencia contra la mujer y velar por que las autoridades, sus funcionarios, personal y agentes e instituciones se comporten de conformidad con esta obligación” (Artículo 7, a).

En esta misma línea, en 2010, el Comité de la CEDAW instó a velar por que jueces, abogados, fiscales y defensores públicos conocieran los derechos de las mujeres y las obligaciones del Estado para garantizarlos y alentó a que se impartan capacitaciones sobre género a quienes integran el sistema de justicia. Recién ocho años después, en el país se sancionó la ley 27.499, que establece la capacitación obligatoria en temáticas de género y violencia contra las mujeres para todas las personas que se desempeñan en la función pública. Esta ley es conocida como Ley Micaela, en homenaje a Micaela García, militante feminista y víctima de femicidio en abril de 2017.

En este contexto de avances en términos legislativos y en la asunción de compromisos por parte del Estado, ¿qué implica pensar a la violencia de género ejercida por funcionarios públicos como violenta institucional? La investigadora María Pita[i] propone pensar a la violencia institucional como categoría política local, construida progresivamente como resultado de la articulación entre la reflexión y la acción de la militancia del campo de los derechos humanos. Aunque su sentido más restringido remite a la violencia policial y penitenciaria, se ha convertido en una herramienta para la lucha política de uso cada vez más amplio y extendido por diversos colectivos de víctimas y de demanda de justicia con foco en denunciar la recurrencia y la sistematicidad de la implicación de agentes estatales en el ejercicio de las violencias. Implicación que se traduce en hechos de violencia concretos, pero también en formas rutinarias y sedimentadas de construcción de poder e impunidad. Al denunciar la violencia de género ejercida por funcionarios como violenta institucional apuntamos a evidenciar el encubrimiento corporativo y la persistencia sistemática de estereotipos, prejuicios y patrones discriminatorios por género en las prácticas estatales y judiciales. Implica también seguir insistiendo en que la violencia de género es un asunto de derechos humanos.

Poder policial y violencia de género

El 5 de junio, Daiana Abregú, de 26 años, apareció muerta en la celda de una comisaría de Laprida, provincia de Buenos Aires, tras ser demorada por una contravención. Desde el inicio, la policía sostuvo que Daiana se suicidó, pero nada cierra en esa hipótesis. La última autopsia evidencia asfixia por sofocación y lesiones de autodefensa. Lo que sí quedó expuesto es la trama de encubrimientos y complicidad entre la fuerza de seguridad y las áreas de justicia.

El Observatorio Lucía Pérez tiene registradas 41 denuncias a altos mandos de las fuerzas de seguridad. Los femicidios policiales[ii], como el de Daiana, son la expresión más extrema de la vulneración de derechos de las mujeres dentro del universo de la violencia institucional. Como en muchos otros casos de uso ilegal de la fuerza policial, existen prácticas de encubrimiento que suelen consistir en falsear el relato de lo sucedido y manipular la escena para que coincida con su versión. En este sentido, la violencia de género ejercida por integrantes de las fuerzas de seguridad no puede pensarse como agresiones individuales y particulares, sino como parte de una institución con históricas prácticas de violencia encubierta y de reproducción de formas machistas de construcción de poder.

En muchos casos, las mujeres víctimas de la violencia de género ejercida por agentes policiales son también integrantes de las fuerzas de seguridad. A partir de una investigación con la Red Nacional de Mujeres Policías con Perspectiva de Género, Mariana Sirimarco[iii] señala que la regla en las fuerzas policiales es que los hombres denunciados son encubiertos, mientras que las mujeres denunciantes, son castigadas. Sirimarco afirma que la violencia de género -en particular, la  violencia  policial  contra  mujeres  policías- es  parte constitutiva del ejercicio del poder policial, porque éste se asienta en sentidos sobre lo territorial, lo violento y lo masculino avasallante. Ambas  estructuras  de  poder, la  policial y la masculina-patriarcal, se sostienen en lo mismo: en el ejercicio de dominio y pertenencia del otro-bajo-mando. De esta forma, la violencia de género ejercida por policías pone en evidencia rasgos comunes a todos los funcionarios denunciados: una forma de construir y ejercer el poder (político) fundada en la masculinidad violenta, autoritaria y avasallante.

Por Florencia Paz Landeira. Doctora en Antropología Social. Becaria posdoctoral del LICH-CONICET. Integrante del Programa de Estudios Sociales en Género, Infancia y Juventud (UNSAM).


[i] Pita, M. (2017). Pensar la Violencia Institucional: vox populi y categoría política local. Espacios de crítica y producción, 53(9), 33-42.

[ii] https://violenciapolicial.org.ar/violencia-policial/#!#femicidios

[iii] Sirimarco, M. (2021). Sexo, violencia y desigualdad. Mujeres en la policía. Delito y Sociedad, 30(51),

Seguir leyendo

#NiUnaMás

Zona de peligro: femicidios en el norte del conurbano

Publicada

el

Causas mal caratuladas, que no investigan los contextos de las muertes y dejan libres a sus responsables. Jueces y fiscales que ningunean a las familias que son amenazadas en sus barrios. La culpabilización de las víctimas, las conexiones narco, las movilizaciones a través de las cuales se logran algunos avances. Y la pérdida de todo, hasta del miedo: tres familias cuentan a MU cómo soportan la impunidad de cada día. Por Delfina Pedelaq y Anabella Arrascaeta.

Plaza de General Pacheco, Tigre: las familias frente al cajoneo de las causas, contra la complicidad judicial y policial. Fotos: Gastón Stark
(más…)
Seguir leyendo

La última Mu: Yo princesa

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente.

0:00
0:00