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“No militamos la Ley para continuar lamentando muertes por abortos inseguros”

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La Mesa Marcos Paz por el Derecho al Aborto denunció que una mujer de ese distrito bonaerense murió como consecuencia de un aborto clandestino. “No militamos la Ley para continuar lamentando muertes por abortos clandestinos e inseguros”, alertaron. Una integrante de la Mesa habló con lavaca y describió la falta de recursos en hospitales y salitas, la desinformación, las trabas municipales, y qué pasa cuando el Estado no llega, a casi ocho meses de la sanción de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en Argentina.

“Una mujer de nuestra ciudad ha muerto a causa de un aborto clandestino e inseguro”.

Las palabras llegan desde Marcos Paz, Provincia de Buenos Aires, a 60 kilómetros del Congreso de la Nación donde el 30 de diciembre del 2020 se aprobó la Ley de Interrupción Legal del Embarazo.

“Sabemos que pasó hace diez días aproximadamente, que fue por un aborto que se había provocado ella misma, que había llegado a la guardia del Hospital Héroes de Malvinas de Merlo y que había fallecido”, relata Natalia, de la Mesa Marcos Paz por el Derecho al Aborto.

De la mujer tienen un solo dato, el lugar en el que vivía: detrás del barrio La Capilla, una zona que aún no tiene nombre. “Es una zona que está en la periferia de Marcos Paz, no hay salita, no hay absolutamente nada ahí. No nos sorprende que una persona que viva en las afueras no sepa que en la ciudad se puede acceder a un aborto en el hospital”.

La Capilla –explica Natalia- está a 30 cuadras aproximadamente del Hospital Municipal donde funciona un equipo de acceso a abortos legales. “Debe ser una de las pocas cosas que funciona bien en el hospital”, dice sobre el servicio que costó muchas gestiones y esfuerzo materializar. Pero la mujer que murió a causa de un aborto inseguro no fue al Hospital de Marcos Paz, sino a la guardia del Hospital Héroes de Malvinas en Merlo. “El Hospital Municipal tiene muchísimas situaciones irregulares, la guardia no es amigable y hay muchas personas que optan por ir hasta Merlo que está a 1 hora en colectivo”, describe.

El comunicado que se difundió desde la Mesa Marcos Paz por el Derecho al Aborto dice: “Esta muerte podría haberse evitado con une agente de salud entregando folletos y dando información sobre cómo acceder a una IVE en Marcos Paz”.

Natalia amplía: “La única información que se distribuye en los barrios lo hacemos nosotras. Estamos llevando adelante un proyecto de rondas de charlas en los barrios y notamos que no se tiene idea que se puede acceder a una interrupción voluntaria del embarazo en Marcos Paz, además de muchísimas otras cosas, por ejemplo no hay idea de cómo acceder a los métodos anticonceptivos, de cosas muy básicas. Ese laburo lo tiene que hacer la Municipalidad, desde el área de Salud, pero no hay preservativos en la salita, ni hablar de pastillas. Hay una falla comunicativa muy grande desde la Municipalidad, no está llegando la información donde tiene que llegar”.

¿Se comunicaron con la Municipalidad luego de conocer la muerte por aborto inseguro?

-Le enviamos el comunicado a la Secretaría de Salud y no nos contestó. Vamos a ir cara a cara a pedir que nos dé una reunión. Acá nos conocemos entre todos, es una ciudad que sigue siendo medianamente un pueblo, todos nos cruzamos todo el tiempo.

El acceso legal al aborto es ley, ¿qué falta?

-Compromiso real. Cada vez que se conquista una nueva ley que avanza en derechos la realidad es que el cuello de botella son los municipios. Cuando llegás al nivel municipal ahí dependés del recurso que tenés, que muchas veces es paupérrimo. Acá lo que está faltando es compromiso desde la Secretaría de Salud. Los municipios, con tal de que le pongan la banderita verde, van a decir ‘sí cumplimos’, pero después hacia adentro los hospitales municipales ponen trabas tremendas, por ejemplo con las semanas de gestación. La estructura municipal lo toma como una propaganda y no como una política real. Y después tenes dentro de los hospitales toda la estructura del sistema medico hegemónico que tenes que derribar. Todo el tiempo es derribar estructuras. La ley sola no garantiza nada. Se necesitan recursos, se necesitan capacitaciones comprometidas, que no queden en un zoom o un power point, y se necesita que se informe de verdad. Tener un equipo armado para el casco urbano sirve muchísimo, lo evidenciamos estos meses, pero para las zonas que están más alejadas, en el medio del campo o en barrios súper humildes, realmente no le cambia que haya un equipo en el hospital municipal porque ni siquiera tienen una salita que les pueda dar esa información.

-¿Por qué el Estado no llega?

-El Estado llega donde quiere si es que lo quiere hacer. En Marcos Paz hay una estructura de promotoras de salud en la Secretaría y desde que arrancó la pandemia las promotoras no salen a los barrios, es contradictorio porque es cuando más se necesita. Nosotras venimos haciendo las charlas y lo que más notamos es que se ha retrocedido muchísimo, son las mujeres las que se encuentran cada vez más encerradas en las casas. Si las personas no salen es el Estado el que tiene que estar en la puerta de la casa acercándoles los derechos.

El comunicado completo

Marcos Paz, 26 de agosto de 2021

Desde la Mesa Marcos Paz por el Derecho al Aborto no quisiéramos estar escribiendo esto, pero cuando las cuestiones que afectan directamente la salud de las mujeres y personas con capacidad de gestar no son tomadas como prioridad y en su conjunto, quienes ven perjudicadas sus vidas son siempre las mismas. Una mujer de nuestra ciudad ha muerto a causa de un aborto clandestino e inseguro, falleciendo en el Hospital Héroes de Malvinas de Merlo, hace poco más de 10 días atrás.

Sabemos muy bien -porque venimos articulando en el acceso seguro a la IVE con diversas áreas municipales- que el equipo interdisciplinario que garantiza las Interrupciones Voluntarias de Embarazos en el Hospital Municipal trabaja excelente y que las capacitaciones en Unidades Sanitarias y UMIs (Unidades Municipales Integradas) para la conformación de consejerías en Salud Sexual están en proceso. Pero si bien celebramos estos avances, la falta de material informativo, preservativos y métodos anticonceptivos en los barrios y zonas rurales de Marcos Paz es recurrente y hasta constante en muchos lugares. Es responsabilidad de la Secretaría de Salud imprimir, difundir y proveer estos recursos. No alcanza con un par de carteles y volantes. Es necesaria la inversión en comunicación en salud sexual e insumos de prevención y más aún en este contexto. La pandemia no es excusa, la pandemia es la causa de que se recrudezca el encierro de las mujeres y la desinformación cuando el Estado no toca la puerta. Esta muerte podría haberse evitado con une agente de salud entregando folletos y dando información sobre cómo acceder a una IVE en Marcos Paz.

Valoramos el trabajo de articulación que se viene dando entre nuestra Mesa y las áreas municipales correspondientes. Sin embargo, como organización de la sociedad civil por la defensa del derecho al aborto legal, seguro y gratuito nos corresponde manifestarnos y exigir políticas públicas completas. Mientras no se tome como prioridad y se aborde de manera integral la salud sexual de las mujeres y personas con capacidad de gestar y esa desatención genere una muerte, el Estado seguirá siendo responsable. No militamos la Ley Nacional 27.610 de Interrupción Voluntaria del Embarazo ni redactamos y presentamos la Ordenanza local 011/2021 de Creación de Consejerías en Salud Sexual y acceso a la IVE/ILE para continuar lamentando muertes por abortos clandestinos e inseguros. Es urgente que desde la Secretaría de Salud del Municipio de Marcos Paz se lleve adelante una campaña comunicativa barrial y rural sobre salud sexual integral y que se garanticen preservativos y métodos anticonceptivos en las Unidades Sanitarias y UMIs.

Educación Sexual para decidir

Anticonceptivos para no abortar

Aborto Legal, Seguro y Gratuito para no morir

Mesa Marcos Paz por el Derecho al Aborto

Nota

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

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El 3J porteño: Vamos

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Por Claudia Acuña

Fotos: Juan Valeiro

Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.

“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.

Quizá no sea una suerte, pero casi.

Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

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El Cordobazo del Ni Una Menos

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Por Bernardina Rosini, desde Córdoba.

Así se hace.

Desconociendo si hay un documento o un escenario, ni siquiera preguntándonos al respecto.

Con la familia de Agostina encabezando, siendo abrazada.

Con una ofrenda hacia ellos y todas las víctimas, con sikuris sonando antes de empezar a caminar. Con madres nuevas, con hijas que nunca habían venido antes, con amigos de los barrios, con organizaciones, y sueltos.

El Cordobazo del Ni Una Menos

La bandera, el símbolo en las calles cordobesas. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Con los ojos de Agostina Vega.

Bajo la lluvia, cubriéndonos entre todas. Entre todos, con ellos también. Varones, padres de familia, novios y compañeros, niños. Bajo paraguas, bajo el agua. Gritando y en silencio.

Con desorden, escuchando a quienes están al lado, leyendo aquel cartel.

Llorando juntas. Sin jet set, sin star system del activismo. Poniendo el cuerpo, diciendo cosas como “no encuentro una palabra sencilla para describir este punto de hartazgo”.

Señalando a la justicia, a los femicidas.

Con los ojos de Agostina.

Perdiéndonos siguiendo con la batucada. Agitando nuestros trapos. Caminando durante cuatro horas esas diez cuadras. “Yo sabía, yo sabía, a los femicidas los cuida la fiscalía”.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Ni la lluvia ni la noche ni la tristeza detuvieron la manifestación. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Quemando lo que haya que quemar, los señalamientos a la madre de Agostina, los rostros, las violencias. La desidia. El desprecio. Una chica me dice que ella y sus hermanas lograron que su madre pueda dar el paso para divorciarse, porque el padre la estrangulaba.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Familiares de Agostina Vega encabezando la marcha. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Y había gritos por Delicia. ¿Dónde está Delicia Mamaní? ¿Por qué no la buscan? Y se marchaba con una bandera con el nombre de cada una de las víctimas de femicidio de estos once años, llevándola amorosamente entre varias, escuchando a Miguel, el abuelo materno de Agostina, agradeciendo que hay familias marchando hace once años. Reconociendo lo bien que nos hace estar juntas y juntos.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Los ojos de Agostina. Los ojos que nos miran. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Abrazando. Haciendo justicia a fuerza de calle.

Con los ojos de Agostina.

Córdoba, así se hace: casi como empezando de nuevo.

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