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Otro triunfo contra los agrotóxicos

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Hoy por la mañana la justicia de Entre Ríos convalidó el amparo presentado por la Coordinadora Basta es Basta solicitando la nulidad del Decreto 4407 que autorizaba las fumigaciones alrededor de las escuelas rurales. Como resultado, quedan vigentes las distancias de 1.000 metros terrestres y 3.000 aéreos además de la prohibición de toda fumigación con agrotóxicos en horario escolar. Este es el comunicado de la Coordinadora Basta es Basta y compartimos la nota La batalla de las velas, publicada en MU, que explica cómo se desarrolló esta lucha que representa un nuevo triunfo de la comunidad frente a las corporaciones.
“Hace pocos minutos se conoció la sentencia judicial admitiendo el amparo presentado por la Coordinadora Basta es Basta solicitando la nulidad del Decreto 4407 que autorizaba las fumigaciones en cercanías de las escuelas rurales entrerrianas.
El amparo fue concedido dejándose sin efecto los artículos que disminuían las distancias quedando efectivos los demás por lo que persiste la prohibición de aplicaciones en horario escolar. Como resultado, quedan vigentes las distancias de 1000 metros terrestres y 3000 aéreos además de la prohibición de toda fumigación con agrotóxicos en horario escolar.
Desde la Coordinadora por una vida sin agrotóxicos en Entre Ríos: ¡Basta es Basta! festejamos este gran avance en favor de la vida y la salud de nuestrxs gurises y solicitamos al gobierno provincial continuar avanzando en su proclamada política de transición a la agroecología que ponga a nuestra provincia a la vanguardia del verdadero progreso”.
Coordinadora Basta es Basta.

La batalla de las velas

En Entre Ríos todo era normal:
* 760 alumnos de tres escuelas rurales en el departamento de Colón debieron ser evacuados por una masiva fumigación que duró tres días.
* Otra escuela rural fumigada en Santa Anita llevó su caso a juicio y fueron condenadas tres personas (el productor, el dueño de la empresa aplicadora y el aviador) con prisión en suspenso. Las fumigaciones continuaron en toda la provincia, e incluso sobre esa misma escuela.
* Murió Antonella González, de Gualeguaychú, 9 años, leucemia. Su familia pidió por las redes donantes para el trasplante de médula, lo cual difundió su historia con la foto de la niña rapada por la quimioterapia. Ayudó la cercanía del cantante Abel Pintos con esa pequeña fan de sus canciones. Antonella falleció el 6 de noviembre de 2017. Su madre alertó además sobre el gran porcentaje de niños llegados desde Entre Ríos al Hospital Garrahan con enfermedades como la de su hija. Nació en Gualeguaychú un grupo de vecinos autoconvocados llamado Stop Cáncer.
* Hubo más casos de escuelas fumigadas en Maciá y Espinillo, con una docente y dos niños de jardín de infantes internados por reacciones a los venenos. El Ministerio de Salud provincial tuvo que ordenar a la directora del Hospital Falucho que denuncie los casos de intoxicación por agrotóxicos, cuestión que venía omitiendo, por lo cual muchos casos quedaron ocultos.
* La Universidad de Rosario continuó organizando relevamientos sanitarios que descubrieron enfermedades inesperadas en Bovril, Basavilvaso, Gobernador Mansilla, San Salvador y Larroque hasta ahora, surgidas a partir de la aplicación masiva de agrotóxicos. (Mu 77 y 90).
* El Espacio Multidiscipliario de Interacción Socio Ambiental (EMISA) de la Universidad de La Plata detectó la presencia de agrotóxicos en el agua y los barros del río Paraná, de donde se obtiene el agua. La potabilización no elimina esos tóxicos, que llegan a cada canilla de cada hogar.
* En ciudades como San Salvador las propias vecinas y vecinos tuvieron que armar censos y mapas en los que se veían más de 30 cruces concentradas en tres cuadras, señalando muertos y enfermos. (Mu 75).
* El Hospital Italiano de Buenos Aires detectó también casos de cáncer de jóvenes en Villa Elisa, lo que motorizó un proyecto de la institución para investigar y debatir en la zona la posibilidad de producir sin venenos (Mu 118).
* Los senadores del Frente para la Victoria con el apoyo de los de Cambiemos presentaron y aprobaron una Ley de Fitosanitarios que incrementa a niveles metafísicos el uso de agrotóxicos eliminando, por ejemplo, las distancias de aplicación que existían hasta el momento.
En Entre Ríos todo era normal.
Entonces, aparecieron las velas.

Otro triunfo contra los agrotóxicos

Foto: Nacho Yuchark

Serie de terror

Hay leyes que curiosamente se votan siempre a fines de diciembre, con la gente pensando en Papá Noel y acercándose al Día de los Inocentes. La llamada Ley de
Fitosanitarios de los senadores Ángel Giano y Mario Torres (FpV) ganó 14 a 3 el 26 de diciembre de 2017 y pasó a la Cámara de Diputados.
Las noticias sobre esta especie de guerra química sobre la provincia ya habían llevado a crear la Coordinadora por una Vida sin Agrotóxicos en Entre Ríos Basta es basta, con fuerte presencia del Foro Ecológico de Paraná que tiene como referente desde hace dos décadas a un bioquímico ya jubilado: Daniel Verzeñassi. Ante la aprobación de la ley, Basta es Basta convocó a vecinas y vecinos el martes 9 de enero frente a la Casa Gris de Paraná, sede del Ejecutivo y el Legislativo Provincial.
Con las campanadas de la torre, a las 20.15, unas 80 personas con velas comenzaron a caminar alrededor de la Casa Gris. Así nació la Ronda de los Martes. Impresiona ver a esas personas iluminándose solo con las pequeñas llamas en algunos pasajes oscuros de la ronda. Caminan sin consignas ni cantos, porque ya todos saben lo que está ocurrie. Van conversando e intercambiando las novedades de la semana. Llevan una bandera que dice Paren de fumigar mientras el gremio infantil corretea alrededor.
“Si para visibilizar el tema teníamos que seguir esperando muertos y tragedias, es que no estábamos poniendo el énfasis como para que la sociedad esté definitivamente enterada”, explica Daniel Verzeñassi. “Pensamos en la Ronda de las Madres, y nos largamos los martes. Hay una conmoción mucho mayor que hace un año o dos por esa sucesión de noticias tremendas”. Molestó mucho, cuenta Daniel, que el paranaense Luis Etchevehere asumiera como ministro de Agroindustria en noviembre de 2017 declarando: “El glifosato es inocuo. Se desactiva cuando toca el suelo”. La famosa gota que colma el vaso: “Cayó muy mal la ley aprobada en el Senado, que creo que quería cortar la movilización creciente contra la situación escandalosa en la provincia. Pero fue al revés”. En Esquel han planteado estas situaciones como la doctrina del Coyote, que prepara trampas meticulosamente para atrapar al Correcaminos, pero las trampas le explotan en la cara.
Las Rondas no se suspenden por lluvias, truenos, martes 13 (ya les tocaron dos), ni feriados. Ya se replican en 17 ciudades y pueblos de todo Entre Ríos, y tienen noticias de 30 pueblos del país, empezando por Trenque Lauquen (Buenos Aires).
¿Qué quieren lograr? Verzeñassi: “Respirar sin peligro, tomar agua sin veneno, frenar la epidemia de cáncer y que la gente que va a tener un hijo no estén con el temor de saber si el bebé nacerá, y cómo, por la gran cantidad de abortos espontáneos y de bebés nacidos con malformaciones”.
Un recuerdo le nubla de angustia la mirada. Era bioquímico en el hospital de niños San Roque de Paraná. Entre 2002 y 2003 la realidad arrasó sus tubos de ensayo: aparecían labios leporinos, paladares interrumpidos, gastrosquisis (las vísceras totalmente fuera del cuerpo), bebés anencefálicos (sin cerebro) y casos de sirenomelia, que nacen con las piernas unidas como una cola de sirena. “Son inviables, obviamente. Todos, apenas uno hablaba con la familia, venían de estar expuestos a las fumigaciones”. La cantidad de casos obligó a crear un Comité de Malformaciones. De dos camas para enfermos oncológicos se pasó a 17: “Los familiares terminaron construyendo un piso entero, de tantos enfermos que había”. En el laboratorio, de tres tubos de análisis oncológicos por día, pasó a 15 en 2013 (al
jubilarse). ”Pero hubo una cooptación de profesionales para que no se difundiese lo que está sucediendo”.
A esa experiencia de serie de terror, Verzeñassi agrega una positiva: con el Foro Ecológico enfrentó en 1996 la construcción de la represa del Paraná Medio. “El gobernador Jorge Busti la había declarado de interés provincial, y una de las empresas era Halyburton, con George Bush y Dick Cheney. Pero la movilización y los recursos de amparo lograron frenar el proyecto y el propio Busti terminó pronunciándose en contra”.
A los integrantes de Basta es basta se le ocurrió una idea: no sólo dar vueltas alrededor de la Casa Gris sino entrar a ese edificio para ver si es posible encontrarle otros colores, y tratar de dar vuelta la historia.

Mirá quién habla

Daniel Verzeñassi es vecino de Pedro Báez, diputado cercano al ex gobernador y actual presidente de la Cámara de Diputados entrerriana Sergio Urribarri. “Me encontré con Báez, le expliqué la situación general de la provincia en estos temas, le hablé de cómo está en riesgo incluso el Acuífero Guaraní (segunda reserva mundial de agua dulce del planeta) y creo que medio se sorprendió, y habilitó el diálogo con Urribarri. Nos encontramos con él y tres diputados más, vino Mariela Leiva (la directora de la escuela fumigada en Santa Anita). Eran del FpV, pero eso no nos interesaba: queríamos hablar con diputados, como lo había hecho también con la concejal de Villa Elisa Alejandra Barbosa, que es de Cambiemos y me invitó a dar una charla en Chajarí, en el campamento de la Juventud Radical donde también estaba el diputado “Pepo” Artusi. Nuestra actitud es: hablar con todos los que podamos, explicarles y convencerlos”. Basta es basta decidió no fijarse en los carnets partidarios ni en el santoral para decidir con quién reunirse.
La reunión con Urribarri culminó con un pedido: “Que les diéramos nombres para organizar una actividad que permitiera que los diputados conocieran otra mirada diferente a la de los lobistas habituales de la Sociedad Rural, Aapresid y grupos por el estilo”. Se abrió la puerta a una convocatoria inédita. Se llamó Ciclo de Socialización de Saberes – Hacia un nuevo modelo de producción de alimentos. Participaron en diferentes jornadas:
* El doctor en Quimica Damián Marino, inspirador del EMISA, explicó a diputadas y diputados cómo el 80% de las frutas y verduras que comemos están contaminadas de herbicidas e informó sobre los hallazgos de agrotóxicos en los barros y aguas del Paraná, entre otras cosas. Agregó que no se trata de buenas o malas prácticas, sino que con unos 400 millones de litros de herbicidas arrojados cada año en el país, el problema es sistémico.
* El Dr. Damián Verzeñassi (hijo de Daniel, médico) explicó los resultados de los Campamentos Sanitarios de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario en los pueblos fumigados.
* El ingeniero químico Marcos Tomasoni compartió sus investigaciones sobre cómo es imposible controlar el veneno que, además, permanece en suelos, agua y aire, se acumula y no se degrada inocuamente.
* El ingeniero Eduardo Cerdá, asesor de campos e inspirador de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (RENAMA), explicó de qué modo se puede realizar una transición a modos agroecológicos de producción. Mostró que resultan productivos y rentables (al no utilizar insumos químicos aumenta el margen bruto de ganancia con respecto al productor convencional), además de ser sanos humana y ambientalmente. Explicó que esto no sólo funciona para pequeñas huertas, sino también para producciones extensivas, en campos como La Aurora de Benito Juárez (Mu 79) y La Primavera de Bolívar (Mu 112) entre otros. Otro dato: el modelo masivo de fumigaciones se inauguró en 1996 matando toda maleza conocida. Hoy ya hay 32 malezas resistentes al glifosato, por lo cual los fumigadores tienen que usar cada vez más venenos, en dosis y cócteles cada vez más nocivos.
¿Cuál fue la reacción? El ojo de Daniel Verzeñassi: “Uno los miraba y era visible una aparente sorpresa por lo que estaban escuchando,sobre todo en el caso de la exposición de Cerdá. Porque lo otro más o menos se conocía, pero la apertura a un nuevo modelo era algo que no habían escuchado en términos tan concretos”.
Durante el propio ciclo, Urribarri anunció que votaría en contra de la Ley de Fitosanitarios enviada por el Senado. Ricardo Troncoso (Cambiemos), María Elena Tassistro (PJ), Alejandro Bahler (Frente Renovador) anunciaron también su rechazo. Afuera, continuaba la Ronda de los Martes.
El diputado Gustavo Guzmán (FpV) explica a MU: “El ciclo nos dio argumentos, respaldo científico. No tenía el panorama que tengo ahora. Al rechazo de la Ley hay que agregarle ahora otra Ley con medidas impositivas que premien a los productores que hagan agroecología”.
La Ley de Fitosanitarios fue presentada por el propio FpV: ”Creo que los senadores tuvieron una mirada productivista. Lo primero es la persona, pero si quieren lo productivo, también hagamos agroecología”. Guzmán rescata lo inédito. “Que una comunidad se organice, convoque a científicos e intervenga en la Legislatura tendría que ser recontra natural, pero sin embargo fue inédito”. ¿Se trata también de una tendencia a una democracia más participativa? “Bienvenida la crisis de representatividad, y que la gente no delegue frente a un sistema de producción que ha generado tanto daño. Cuando hay más participación, crece la cultura. Cuando gana la representatividad, caen la participación y la cultura, digo yo”.

Otro triunfo contra los agrotóxicos

Foto: Nacho Yuchark

El fracaso del éxito

Bajo un retrato de Arturo Illia, Alberto Rotman (médico y diputado de Cambiemos) revela a MU. “Voy a votar en contra de la ley de Fitosanitarios. Se hizo evidente que el beneficio económico que supuestamente trae el modelo redunda en un fracaso si seguimos así. La Comunidad Europea está dejando de lado el glifosato totalmente en 5 años. No les vamos a poder vender nada. Pero el capital más grande de un país es el ser humano. El problema es que los agroquímicos intoxican de modo crónico y acumulativo, no agudo. Entonces parece que no pasa nada, pero más tarde la enfermedad se manifiesta. Si la Organización Mundial de la Salud dice que el glifosato es posiblemente cancerígeno, yo, como médico, digo que ya no hay que usarlo. Hay que prevenir. Para eso está el principio precautorio. Hay un choque de esta idea con
intereses económicos muy grandes. Por eso es importante la movilización constante, las asambleas, la concientización. Cuando fue el intento de privatización menemista de Salto Grande, en Concordia hicimos eso: cortes de ruta, asambleas, y así se frenó el proyecto. Acá pasa lo mismo”.
Miriam Lambert es diputada por el departamento de Colón (FpV): “Yo ya había hecho un proyecto de promoción agroecológica y hay otro proyecto del senador Melchiori. Lo que es seguro es que tiene que cambiar el modelo de producción porque nos está llevando puestos, nos está matando. No se trata de fumigar un poquito más lejos. Verzeñassi habló de las patologías, tumores, diabetes, tiroides hipertensión. Y Cerdá explicó el modo agroecológico. Ya lo invitamos a Colón, para que hable directamente con los productores”.
Lucas Larrarte fue uno de los tres senadores que expuso y votó contra la Ley de Fitosanitarios presentada por sus propios compañeros del FpV. “Argumentamos todos los antecedentes internacionales y en mi caso expliqué que el derecho a la salud, al ambiente y a la producción no están en pie de igualdad. Salud y ambiente son derechos de naturaleza universal, que están por encima. Los recursos de control en la Ley iban a ser de unos 2.500 pesos mensuales por municipio, imagínese. Creo que ahora hay que pensar cómo aplicar una transición al modelo agroecológico como muy bien explicó el ingeniero Cerdá en el ciclo”. En la Casa Gris cunde una sospecha: que el FpV sea oposición a nivel nacional facilita que sus legisladores tengan posiciones más independientes que las que hubieran sostenido hace unos años. El gobernador Gustavo Bordet no se pronunció en este tema, aunque apareció bastante abrazado al ministro Etchevehere.
El presidente de la Cámara de diputados, Sergio Urribarri: “Aquí vamos a intentar que haya un modelo de agroecología para la provincia , y ojalá para el país”. ¿Por qué no lo impulsó durante su mandato como gobernador? “Hubo proyectos como el del senador Melchiori, pero estuvimos muy condicionados por el conflicto con el campo. Nos querían tomar la casa de gobierno. No se establecieron límites del Estado en materia de agricultura con glifosato, pero este ciclo sirvió para que los legisladores tomen conciencia y sepan que hay otros modelos de producción”. Por una denuncia por enriquecimiento ilícito, Urribarri reveló que es productor de soja transtgénica y arroz. Dice: “Soy socio con un amigo porque yo no me dedico. Soja no hacemos más. Y arroz sí, pero con fumigación mínima”. ¿Pensó en hacer agroecología en sus propias producciones? “No, tengo el tiempo muy limitado y uno tiene que dedicarse”. Habrá que ver si legisladores como Urribarri logran convencer a productores como Urribarri.
La diputada Carmen Toller también votará en contra: “No podemos sacrificar al ser humano por motivos economicistas. La sociedad vino a golpear las puertas del Estado, habemos muchos que queremos preservar el ambiente, cuando más del 50% de los chicos con cáncer en el Garrahan son de Entre Ríos”. La enfermera del Garrahan e integrante de la junta interna de ATE Mercedes “Mechi” Méndez dijo a MU que no se pueden establecer datos precisos “y ese es un problema, porque hay cantidad de chicos de Entre Ríos y de otras provincias como Chaco, pero ¿cuáles son las cifras en otros centros de atención? En todo caso es una mirada sobre la enfermedad y no sobre la prevención. Lo crucial es que se hagan trabajos epidemiológicos que asocien
al modelo con las enfermedades. ¿Cómo puede ser que los oncólogos vean esto y no hagan nada? Dicen que no tienen certezas. Nadie se las pide, se les pide que tengan dudas, que se pregunten qué es lo que está pasando”.

Modelos de vida

En este clima, la concejal de Cambiemos en Paraná Claudia Acevedo presentó una ley de prohibición del glifosato que su supuesta pareja, el intendente Sergio Varisco, promulgó aunque vetándole su principal artículo. En cambio en Gualeguaychú se sancionó una ordenanza acaso inédita de prohibición de las fumigaciones que abarca no solo al casco urbano sino a todo el ejido municipal. Rubén “Kika” Kneeteman (maestro rural y acompañante de todas estas historias): “Gualeguaychú ha sido un faro en las luchas ambientales y esta vez, en lugar de reclamarle cosas al Uruguay o a las pasteras, se lo exige a sí mismo. Y la ordenanza es la primera que toca intereses concretos”. También Eduardo Cerdá ha estado por allí, donde el municipio se sumó a la RENAMA.

Otro triunfo contra los agrotóxicos

Foto: Nacho Yuchark


Verzeñassi tiene una hija, Daniela, arquitecta y docente, que ha sido central en la organización del Basta es Basta. “Hay compañeros que cuestionan que hayamos sumado a determinados políticos: antes los criticábamos porque no apoyaban nuestros reclamos, y ahora los criticamos si los acompañan. Yo no quiero que muera más gente. Para eso necesitamos que cambien el modelo no sólo los pequeños, sino los campos grandes. Por la reflexión o por ley que hagan un giro en su producción, porque si no estamos en el horno. Cerdá planteó cómo hacer una transición, la necesidad incluso de técnicos suficientes para acompañarla y lograr una reconversión productiva”.
Dice Daniela: “Una puede querer una reforma agraria, pero si esperamos eso para cambiar el modelo, no llegamos. ¿Voy a construir el mundo que quiero con Etchevehere? No, pero lo vamos a invitar porque siempre fuimos educados. Él no. Si lo que querés es quedarte con las tierras de Etchevehere, la estás pifiando. No es una cuestión de loquitos fundamentalistas, como nos decían, ahora se entiende que lo que defendemos es la vida y una producción sana. Tuvimos a casi todos los medios en contra, pero ya no pueden tapar lo que ocurre, aunque sea tarde. Los legisladores, no todos, lo entendieron a costa de tener sobre sus espaldas tantas muertes. Estamos hablando de salud pública, de dolor, de enfermedad. Ahora es el momento de lograr ganar en serio esta batalla. La primera revolución hay que darla en los cordones periféricos de las ciudades donde ya no se puede fumigar pero sí hacer agroecología. Y una vez que empezás, como dice Cerdá, la experiencia es contagiosa. Yo creo en ese contagio”.
Daniela cuenta que el Colegio de Ingenieros Agrónomos está organizando jornadas de discusión, se suma el INTA, la Facultad de Agronomía está dictando posgrados en agroecología, y que no dan abasto para las charlas y capacitaciones que incluyen el rubro Soberanía Alimentaria.
¿Hasta cuándo van a sostener las Rondas? Daniela ha hecho el siguiente cálculo: “Hasta que cambie el modelo”.
Hay una serie llamada Endeavour que indaga sofisticados crímenes británicos, un relax frente a la realidad criolla. En un episodio se plantea que la crueldad es como el cáncer, toma primero una célula, se multiplica y avanza. Podría pensarse que es al revés, que el cáncer es como la crueldad, un arma sofisticada para muchos crímenes del presente. Y que frente a eso funciona un viejo saber chino: mejor encender una vela, que maldecir la oscuridad.
En Entre Ríos cada vez son más las velas encendidas. Tal vez son parte de las luces más potentes que nos alumbran en esta época.

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Gabriel García Márquez: periodismo, ambiente, el nudo de la soledad, y las victorias sobre la muerte

Gabriel García Márquez había abierto mis ojos, neuronas y corazón sin proponérselo con sus libros y sus artículos, pero cuando por una carambola yo estaba por cumplir una especie de sueño despabilado, el de poder entrevistarlo ahí, en Cartagena de Indias, hace exactamente 30 años, me dijo: -No estoy aceptando entrevistas, porque debo escribir. Pero además, me duele una muela.

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Una muela, zapatos blancos y un charco. Un edificio llamado Máquina de escribir. Flores amarillas frente al mar, un dibujo de puño y letra. Lo narco las drogas. Su paso por Buenos Aires y la señora que venía de la verdulería. La memoria, lo real, las mujeres, el ambiente, el fin de la humanidad. El Nobel, los diluvios, las pestes, las guerras eternas. Las respuestas de la vida frente a los sordos poderes de la muerte. La cordialidad, la generosidad, el humor. Hace diez años murió Gabriel García Márquez, dicen. Lavaca publicó esta nota -estos recuerdos- aquel día, cuando se conoció la última noticia sobre ese escritor que nunca dejó de sentirse cronista, y decía que el periodismo es el mejor oficio del mundo.

Texto: Sergio Ciancaglini, lavaca.org
El señor Gabriel García Márquez había abierto mis ojos, neuronas y corazón sin proponérselo con sus libros y sus artículos, pero cuando por una carambola yo estaba por cumplir una especie de sueño despabilado, el de poder entrevistarlo ahí, en Cartagena de Indias, hace exactamente 30 años, me dijo:
-No estoy aceptando entrevistas, porque debo escribir. Pero además, me duele una muela.

Yo sabía que García Márquez había rechazado contactos con un enviado de Times, con periodistas de la televisión japonesa, y con suecos indescifrables. Un humilde cronista argentino quedaba naturalmente fuera de juego. Le respondí que lo compadecía, y que frente a un dolor de muelas no había argumento, clemencia, ni ruego que esgrimir de mi parte. Cuando me estaba despidiendo desolado, me detuvo:
-Pero a las 3 de la tarde puede ser. Voy antes al dentista, a ver si lo soluciona.
Esa historia revolotea en mi cabeza desde hoy, cuando estaba con Osvaldo Bayer grabando el programa de radio Decí Mu, y nos interrumpió el teléfono. Osvaldo atendió, dio media vuelta, anunció: “Murió García Márquez”, y me dejó alborotados los ojos, las neuronas y el corazón.
Revolotea la historia porque aquella tarde me encontré con un escritor que cambió la historia de la literatura, que había ganado el Nobel, pero que fue capaz de decirme: “Todo eso está muy bien, pero yo me siento periodista”. Quisiera contar lo que aún no he olvidado de aquel encuentro para mí inolvidable.
García Márquez volvió efectivamente a las 3 de la tarde, bajó de su Mercedes, y miró preocupado el charco oceánico que un aguacero de Cartagena de Indias, Colombia, le había instalado en la playa de estacionamiento. Llevaba zapatos blancos, pantalones blancos y guayabera blanca, como cantante de sábado televisivo. Cruzó el charco apoyándose en los tacos. Al llegar a la otra orilla nos dijo “pasen por favor” a mí y al fotógrafo, enviados por una de las autodenominadas “revistas de actualidad” a cubrir las noticias sobre un asunto entonces llamativo, letal para los colombianos e incomprensible para nosotros: el narcotráfico.
No existían los celulares ni Internet, o sea que todo esto se ubica en la prehistoria de 1984, con la carambola de estar en el charco correcto, y de que un dentista providencial había rescatado del dolor a su paciente. García Márquez nos hizo subir. El edificio tenía balcones escalonados hacia la playa: lo llamaban Máquina de escribir. El departamento tenía dos ambientes, con vista al mar, una verdadera máquina de escribir (¿Olivetti, Remington, dónde estará la revista donde publiqué la nota?). El escritorio miraba al mar. Y había flores amarillas que siempre conviene tener a mano, explicó, para ahuyentar a la mala suerte.
Me planteó que no aceptaba hablar si lo grababa o si tomaba notas. Me dijo algo más o menos así: “No me gustan los grabadores, prefiero que conversemos con libertad, y que todo dependa de tu atención. Luego tú escribirás lo que te parezca, y eso es un beneficio para mí: los periodistas me mejoran. La memoria mejora a la realidad”.

Gabo en Argentina
La publicación original de Cien años de soledad ocurrió en Argentina gracias a una editorial llamada Sudamericana, que ya no existe. Fue en mayo de 1967, plena dictadura de Juan Carlos Onganía, y el lanzamiento fue acompañado por una entrevista realizada por Ernesto Schóo, editada por Tomás Eloy Martínez y publicada en tapa por la revista Primera Plana que dirigía Jacobo Timerman.
García Márquez me contó que el éxito del libro fue inmediato. “Ahí, en Buenos Aires, empezó todo”, me dijo. Sudamericana había dispuesto editar 5.000 ejemplares, lo que para Gabo era un despropósito y el augurio de un fracaso para el libro de un desconocido escritor colombiano. Pero esa primera edición se vendió en 15 días, y la segunda fue de 10.000 ejemplares. En junio Gabo llegó a Buenos Aires. Me contó que viajó con Mercedes Barcha, su esposa: “Estábamos en un café y vimos pasar a una mujer que llevaba la bolsa de sus compras, con lechugas y tomates y Cien años de soledad”. La pareja fue al Instituto Di Tella a ver una obra de Griselda Gambaro, y el público los ovacionó de pie. Mientras él me lo contaba, todavía asombrado, yo recordaba que eran tiempos de The Beatles, revolución cubana, hippies, peronismo clandestino, rebeliones nacientes y todos los embriones de cambio, desventuras y utopías que se desplegarían en los años siguientes.
Cien años de soledad fue el libro de la época, y de varias generaciones. Tengo las dos ediciones que mis padres compraron para poder leerlo en simultáneo. Macondo era una patria. Entre la feria y la intelectualidad, miles de libros seguían vendiéndose y además se exportaban. El éxito se contagió en Europa, esto avivó el interés por otros autores (Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa) y estalló el llamado boom de la literatura latinoamericana. “Buenos Aires fue generosa conmigo. Nunca volví. No sé por qué. Tal vez por una superstición: a un lugar donde todo fue tan perfecto, quizás convenga no volver” me dijo, o creo que me dijo, mirando el Caribe.

Periodismo, droga y entusiasmo
Aquel día de 1984 García Márquez me contó una novela que estaba intentando escribir. No tenía título. Al año siguiente la reconocí ya publicada: me había anticipado El amor en los tiempos del cólera. Pero me dijo que pese a todo se seguía sintiendo fundamentalmente un periodista. “Escribo literatura como periodismo, con método. Todos los días intento tener dos páginas listas” me dijo sobre algo que hoy habría que traducir a unos 5.000 caracteres. “Tienen que estar impecables, sin tachaduras. Y tengo un truco: siempre dejo escrito el comienzo de lo que pienso escribir al día siguiente, para que me resulte más fácil comenzar”. Pero varias veces explicó esa idea de no diferenciar ambos oficios. “La crónica es como un cuento o una novela sobre algo real”. Algo más: “Tanto en la literatura como en el periodismo hay que ganarse al lector, capturarle el interés para que se quede leyendo”.
Planteó una teoría sobre las redacciones de periódicos y revistas: para él están puestas de cabeza, invertidas. El staff de las publicaciones ubica en el rol principal a directores y jefes que engordan junto a un escritorio y editorialistas que monologan desde su propia jaula.
“Pero ese esquema debería ser exactamente a la inversa. Los cronistas son quienes cumplen la labor principal porque son los que están afuera, donde las cosas ocurren”. En vista del contexto colombiano le pregunté si alguna vez se había drogado para escribir y me contestó: “No me hace falta. Yo nací drogado”.
Un detalle: fue la única vez en mi vida que pedí un autógrafo. En Cartagena sólo conseguí un ejemplar de El coronel no tiene quien le escriba. Le expliqué que no era para mí sino para mi novia. “¿Se llama la señorita?” Se lo dije. Dibujó un tallo, cinco pétalos, y escribió: “Para Claudia, con una flor. Gabo 84”.

Gabriel García Márquez: periodismo, ambiente, el nudo de la soledad, y las victorias sobre la muerte

Aquel día, además, me regaló los seis tomos de su obra periodística, publicados por la editorial Oveja Negra. Y organizó todo para que, una vez en Bogotá, un auto con su chofer fuera a buscarnos al hotel para llevarnos al aeropuerto. “Así van más tranquilos” dijo, y nunca supe si se le había cruzado alguna sombra para disponer ese viaje. Nunca pude evitar recordarlo como una persona amable, entusiasta, alegre, generosa.
Con el tiempo entendí que esa cordialidad, ese entusiasmo, ese interés por el otro, era un modo ético y hasta político de pararse frente a la vida.

Ideas
En sus obras periodísticas pude leer las primeras crónicas que publicó en El Universal, de mayo de 1948, cuando era un chiquilín de 21 años. La primera celebra que se suspendió el toque de queda militar, al que define como símbolo de una decadencia. “Con este mundo materializado donde los peces de colores tienen que abrirle agua a los submarinos, con esta civilización de pólvora y clarines, ¿cómo se nos puede pedir que seamos hombres de buena voluntad?” y plantea que quizás ahora la gente pueda ir a dormir mansamente “antes de que los relojes doblen la esquina de la medianoche”. Luego escribe sobre indios, negras, retratos de la ciudad y de la época. Escribió sobre cine, sobre deportes, sobre todo. La pasión por conocer y por contar lo que el mundo estaba desplegando ante sus ojos.
A fines de los 50 García Márquez participó en Cuba con los argentinos Jorge Massetti, Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo en los primeros pasos de Prensa Latina, idea que puso en marcha Ernesto Guevara, hasta que el lado soviético de la vida isleña desplazó a este elenco por otro más dócil.
García Márquez nunca perdió la afinidad con el propio Fidel Castro. El director argentino Eduardo Mignogna contaba que cierta vez, invitado a La Habana, estaba comiendo con García Márquez cuando el propio Fidel cayó de improviso y comenzó a hablar con sabiduría de crítico sobre la historia del cine argentino, mientras Gabo se quedaba irremediablemente dormido en un rincón. Pero más allá del sueño o de los discursos de Fidel, García Márquez se plantó en defensa de Cuba como una cuestión cultural y estratégica frente a los Estados Unidos y la densa idea de controlar vida y obra del resto del continente.

Las ventajas de la vida
Cuando me contó la noticia, le pregunté al propio Osvaldo Bayer sobre Gabo: “Tenía mi edad, pero yo aprendí de él. Es el mejor escritor que ha tenido Latinoamérica. Aprendí con él a amar la literatura, ver las cosas que se pueden hacer y crear. Para mí fue un hombre que luchó por la libertad, o sea un libertario, y cumplió la misión que tiene un intelectual: escribir para todos, para mejorar la sociedad, y para seguir soñando”.
De todas las ideas y escritos de Gabo, frecuentemente abominados por las academias, no resulta demasiado conocida su exposición al recibir el Nobel de Literatura en 1982, llamado La soledad de América Latina, que resulta un manifiesto por la descolonialidad, para usar términos actuales. “La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia” dijo ante la academia sueca. Repasa los golpes de Estado, crímenes y matanzas ocurridos en el continente. “Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad”.
Al recibir el Nobel de Literatura, García Márquez hacía periodismo sobre la realidad del continente, incluyendo la situación argentina: “Ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto, 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi 120 mil, que es como si hoy no se supiera donde están todos los habitantes de la cuidad de Upsala. Numerosas mujeres encintas fueron arrestadas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aun se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 muertes violentas en cuatro años”.
Otro concepto: “La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.
Y otro: “Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.
Se preguntó por qué le habrían dado a él semejante distinción, y postuló que se trató de un homenaje a la poesía: “En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte”.

Mujeres, aborto y ambiente
Cuando le preguntaron sobre las prioridades de la humanidad para las próximas décadas, propuso que las mujeres asuman el manejo del mundo. “Alguien dijo: ‘si los hombres pudieran embarazarse, el aborto sería casi un sacramento’. Ese aforismo genial revela toda una moral, y es esa moral lo que tenemos que invertir. Sería, por primera vez en la historia, una mutación esencial del género humano, que haga prevalecer el sentido común –que los hombres hemos menospreciado y ridiculizado con el nombre de intuición femenina- sobre la razón –que es el comodín con que los hombres hemos legitimado nuestras ideologías, casi todas absurdas o abominables”.
Y luego plantea: “La humanidad está condenada a desaparecer en el siglo XXI por la degradación del medio ambiente. El poder masculino ha demostrado que no podrá impedirlo por su incapacidad de sobreponerse a sus intereses. Para la mujer, en cambio, la preservación del medio ambiente es una vocación genética. Es apenas un ejemplo. Pero aunque sólo fuera por eso la inversión de poderes es de vida o muerte”.
Son solo ideas sueltas para pensar, discutir, y leer, ahora que el reloj dobló no sé qué esquina, tras la malparida noticia sobre la muerte de Gabriel José de la Concordia García Márquez, hace unas cuantas horas de soledad.  

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La Ronda en la mirada de Lucía Prieto

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Sexta entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, realizada por la fotógrafa Lucía Prieto. Toda la producción será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

Cuando Alejandra López y Claudia Acuña me propusieron hacer este registro pensé  en el concepto de ronda, en la perfección del circulo, en lo mandálico de la continuidad, que no se distingue dónde termina y dónde comienza otra vez. Pensé en los jueves a lo largo de los años, en lo infinito, en la necesidad de lo grupal para que su movimiento sea fluido, en la potencia de lo colectivo. Las madres convirtieron la orden de circular en una astuta rebeldía infinita, que como todo lo que conlleva movimiento, es también transformadora. 

Fue, entonces, la idea de continuidad y de legado la que me hizo construir mi relato en el diálogo entre la juventud y las madres.

Entre esxs jóvenes están NIETES que así ,en inclusivo, se definen cómo la tercera generación en lucha: “Somos nietes de los 70 e hijes de la lucha de los 90“. Nacieron desde la necesidad de mantener viva la memoria y como las madres, entendieron que la fuerza de la resistencia reside en lo colectivo.

La Ronda en la mirada de Lucía Prieto

Sobre Lucía Prieto

Nací en 1984 en la ciudad de Buenos Aires, pero crecí y me crié en el Oeste del conurbano

bonaerense. Desde 2004 resido y trabajo en CABA. Me dedico a la fotografía hace más de 12

años y, aunque mi formación fue primariamente autodidacta, tuve la suerte de encontrarme con muchxs  maestrxs en el camino. Mis ejes de trabajo y mis intereses se centran en los feminismos, los derechos humanos y las problemáticas socioambientales.

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Memoria, verdad, justicia y Norita

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Partidaria de los besos y los abrazos, reivindica la sonrisa como principal bandera de lucha. Cumplió 94 años este 22 de marzo y hace siempre que puede la ronda de Madres de Plaza de Mayo, hoy ya en silla de ruedas. Vida, obra y endorfinas de una mujer que ha acompañado a fábricas recuperadas, pueblos originarios, comunidades afectadas por el extractivismo, jóvenes y mujeres en situaciones de violencia, todo como una continuidad en la defensa de los derechos humanos. El clítoris, el cannabis y las autodefiniciones. Esperando el 24 de marzo, compartimos esta nota y retrato, publicada originalmente en la revista MU 138 (2019, todavía tiempos macristas). El movimiento, la calle, y lo que ella piensa (y hace) frente a la historia y los futuros posibles.

Texto: Sergio Ciancaglini

Nora revisa su cartera en la que lleva el pañuelo blanco, el verde, crema de cannabis medicinal, una lata de sardinas y la agenda en la que anota sus hiperactividades cotidianas, entre otros secretos. Está también su DNI: 0.019.538. Ríe: “Fui de las primeras en la cola para sacarlo. El otro día, por un trámite, los empleados de un banco me dijeron que la máquina no podía interpretar un número tan bajo”.
Estamos en la sede de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Envolvemos las masitas que no alcanzamos a engullir y que se incorporan a la cartera de Nora para llevárselas a una amiga. Luego guarda un par de carpetas, limpia la mesa de papelitos y me pide que cierre las persianas y puertas del balcón que da sobre Piedras al 100, Buenos Aires. Ya tiene el llavero en la mano esta señora que no puede ser interpretada por las máquinas. Chequea que esté todo ordenado. Empieza a apagar las luces que iluminan salones, oficinas y paredes atiborradas de recuerdos de las Madres, homenajes, reconocimientos, diplomas y tres imágenes: Azucena De Vincenti, Mary Bianco y Esther Careaga: sus apellidos de casadas pero sobre todo, el de sus hijos e hijas. Fueron las madres secuestradas en diciembre de 1977 en un operativo organizado por la ESMA, que culminó con 12 desapariciones incluyendo a dos religiosas francesas.

Memoria, verdad, justicia y Norita

El saludo de Nora en una de las marchas actuales, con la foto de su hijo, la bandera de los 30.000 detenidos-desaparecidos, y el acompañamiento de una nueva generación.


Nora se pone el ponchito de barracán, agarra la cartera, el bastón, y cumple con el rito según el cual el último –la última- apaga la luz. Y cierra la puerta con llave.
La escena podría parecer un tanto melancólica, pero es al revés.
Al cerrar esa puerta, da media vuelta y abre un mundo.
Nora se transforma en Norita, que en lugar de ser un diminutivo resulta un aumentativo, una clave, un código de acción.
Sale Nora de Madres y entra Norita a la calle, las plazas, las ciudades, los pueblos, las rutas, las fábricas, la naturaleza, los conflictos.
Entra a sus verdaderos lugares de acción: lo público, los espacios donde ocurren las cosas, o donde las cosas se manifiestan escapando de los encierros y del silencio.
Lo mismo sucede cada vez que sale de su casa en Castelar, llena de muñecas, libros, plantas y recuerdos, se toma un micro hasta la estación (evita los taxis y es ajena a las aplicaciones uberísticas), luego el tren Sarmiento, luego el subte A o lo que haya que abordar para ir a donde quiere ir.
Su estrategia consiste en intentar estar donde haya injusticias, violencias, crímenes, abusos, discriminaciones, psicopatías estatales o privadas y otras desventuras nacionales que son del orden de lo clásico: nunca pasan de moda.
Logra materializar ese acompañamiento con una eficiencia casi incomprensible. Ana María Careaga (desaparecida a los 16 años estando embarazada e hija de aquella madre secuestrada en la iglesia) cuenta que una vez le dijeron al sacerdote pasionista Carlos Sarracini que Nora parece Dios, porque está en todas partes. El cura no se mosqueó con la comparación y subió la apuesta: “Sí, pero a Nora se la ve”.
“Cuando dicen esas cosas me estremecen –corcovea Nora–, me da un poco de vergüenza. Siento que son como abrazos para darme fuerza, pero no me generan soberbia ni nada. Lo que digo es sencillo. Si no es para pelear contra la injusticia, los organismos de derechos humanos, ¿para qué estamos?”.

Memoria, verdad, justicia y Norita

Sobre la magia y el clítoris

Plaza de Mayo, jueves, 15.30.
Las Madres están partidas desde 1986, pero allí están. Girando siempre en sentido inverso al de las agujas del reloj, como para recuperar el tiempo perdido por tanta muerte, cada uno de los dos grupos (Asociación y Línea Fundadora) en el extremo opuesto de ese círculo alrededor de la Pirámide de Mayo que culmina con una estatua que representa a la Libertad. La libertad está inmóvil, mientras la memoria, la verdad y la justicia rondan alrededor.
Bajo una placa descansan las cenizas de Azucena Villaflor de De Vincenti, quien junto a las otras dos madres desaparecidas fue arrojada viva por los militares desde un avión al mar. La marea luego devolvió los cuerpos a la costa de Santa Teresita en enero de 1978.
En Línea Fundadora la única madre que ronda hoy -y sin bastón- es Nora, acompañada por unas 80 personas. El grupo crece de golpe porque se agregan como un borbotón unos 40 guardapolvos blancos de chicas y chicos de una primaria de Lugano que la rodean y marchan junto a ella con la bandera en la que se lee “30.000 detenidos desaparecidos. ¡Presentes!”.
Llora y ríe Norita porque al ver a los chicos se le agitaron la emoción y la alegría, lloran también las maestras y varios que disimulan. Los chicos la miran asombrados. Tres vueltas más tarde, ella se acerca a un micrófono con parlante. Este jueves habla de:
La impunidad estatal y judicial alrededor del atentado a la AMIA.
El proyecto de “servicio cívico voluntario” de Gendarmería para niños (editorializa diciendo: “Qué bestias”).
Recuerda junto a Beverly Keene, de Diálogo 2000, que la solitaria Madre de Ledesma (Jujuy) Olga Arédez, denunció en 2001 la creación de una policía infantil (niños uniformados que eran instruidos con armas de juguete). Y que en 2012 el gobierno de Cristina Kirchner ordenó cerrar 74 cuerpos de Gendarmes Infantiles en 17 provincias, que reunían a más de 6.879 niños.
De paso mencionan que Olga –que reclamó toda la vida por las desapariciones ocurridas durante el apagón en Libertador General San Martín- murió en 2005 por la contaminación de bagazo producida por Ingenio Ledesma. “Para abaratar costos no ponían los filtros en las chimeneas, y eso la intoxicó”, explica Nora.

Memoria, verdad, justicia y Norita


Denuncia cómo le prohibieron a su compañera de Madres LF, Vera Jarach, quien además es sobreviviente del Holocausto, dar una charla en el Colegio Nacional de San Isidro (“a lo mejor prefieren que vayan los de Gendarmería a dar clases de derechos humanos”).
Habla sobre una de sus obsesiones, el Hospital Posadas y la situación de sus trabajadores y pacientes (“el Estado achica y achica, es lo único que hace: hay que ir a acompañarlos”).
Informa que trabajadores de la textil Sport Tech, que estuvieron en la ronda y ocuparon durante dos años la fábrica quebrada en defensa de sus puestos de trabajo fueron autorizados como cooperativa, por el juez Horacio Robledo, a hacerse cargo de la empresa.
Presenta a gremialistas de Fabricaciones Militares (“no les tengan miedo, nada que ver con los milicos, son divinos”) movilizados contra los despidos y el achicamiento.
Recibe a Sergio Martínez, uno de los fundadores de El Algarrobo, asamblea de Andalgalá que con su movilización logró frenar la instalación del proyecto megaminero a cielo abierto Agua Rica. Sergio cuenta: “Hace poco cumplimos 500 marchas, cada sábado, reivindicando los derechos humanos, territoriales, a la salud y a la vida”.
Anticipa Norita el lanzamiento de una campaña para denunciar la deuda externa (y eterna) “porque hay gente que se queja en la verdulería, pero no entiende que lo que le pasa es consecuencia de que se están llevando los dólares y las riquezas, y cada dólar se paga con hambre en nuestro país”.

Memoria, verdad, justicia y Norita


Repudia por enésima vez la ilegal detención de Milagro Sala desde enero de 2016 (“no le encuentran nada y la someten a tortura psicológica las 24 horas del día”).
El tono de Nora es tan serio como lo sugieren los temas de los que está hablando; dice que el gobierno es “negacionista, inmoral y ladrón”, y oscila entre esas definiciones y el relato de lo que está sintiendo. “Hoy no hay buenas noticias para dar”, le dice a la gente que la escucha. “La buena noticia fueron esos chiquitos que vinieron de Lugano”.
Agrega: “No nos volvamos locos. Cada día me acuesto pensando ¿qué mal van a hacernos mañana? Es como que con cada acción, con cada decisión, quieren humillar. No lo logran, porque nos tienen que resbalar las cosas que dicen y hacen”.
La mujer y la gente se miran. “Siento que esta Plaza es mágica. Me siento feliz aquí. Me da pudor decirlo, con tantos desastres que pasan, pero es lo que siento viendo que tantas personas vienen, se encuentran, se abrazan, se reconocen”.
En ese momento repite tres veces: “30.000 detenidos desaparecidos y desaparecidas” y todos contestan “¡Presente!”. Y luego: “Ahora y siempre”. Nora, separando bien las sílabas, pronuncia tres veces la siguiente palabra: “Ven-ce-re-mos”.
Caminando hacia su bar favorito sobre Avenida de Mayo, para tomar un café que es parte del ritual de los jueves, quiere decirme algo sobre la magia, pero la detiene un grupo de chicas para saludarla y un joven, uniendo las palmas de las manos, pronuncia: “Gracias por existir”. Dice ella que jamás la cuestionaron ni la increparon por la calle. “Una sola vez, en una marcha por Cromañón, había un tipo muy borracho que me dijo de todo. Pero me había confundido con Estela de Carlotto. Que nos confundiera ya te muestra lo borracho que estaba”.
Otro grupo la reconoce, la saluda y le pide fotos. En los últimos tiempos cuando está en confianza Nora propone sonreír a la cámara diciendo “clítoris” en lugar de “whisky”.
Sigue la caminata y ella no pierde el hilo de lo que quería contar: “La magia no nace porque sí. La tenés que crear con tu espíritu. El espíritu de ver el lado bueno de la vida. Si no hacés magia con lo que te pasa, es imposible sentir que lo que hacés está bien, que te genera alegría. Sentir que no estás entre los mafiosos”.

Memoria, verdad, justicia y Norita

Comerse un pasaje

La primera vez de las Madres en Plaza de Mayo fue el sábado 30 de abril de 1977. El 15 había desaparecido Gustavo Cortiñas, el hijo mayor de Nora, secuestrado en la estación Castelar cuando iba a tomar el tren a las 8.45 rumbo a su trabajo en la Comisión de Valores. Militaba en la Juventud Peronista. Flaco, sonriente, bigote setentista, pelo largo.
En la casa de Nora hay una foto en la que se lo ve mirando a los chicos de la Villa 31, en la que militó con el padre Carlos Mugica. “Tiene un gesto que me parece dolorido y comprometido con lo que está viendo. Pero fijate los chiquitos, son iguales a los que ves hoy en las villas”. Se queda pensando: “Nuestros hijos luchaban por la justicia social. Pero hoy la brecha entre ricos y pobres es todavía mayor que cuando se tomó esta foto”.
Para esa mujer que había tenido que amoldarse al rol de ama de casa y profesora de alta costura, la desaparición del hijo representó el fin de muchas cosas. “Fue dejar la casa y salir a buscarlo. Y fue para todas igual. Mujeres comunes que no éramos de la academia, ni de los grupos de pensamiento. Pero hoy entiendo que ahí ya fuimos feministas. Ahí empezamos a romper”.
Aquel sábado inicial había pocos paseantes en Plaza de Mayo. Y 14 mujeres. Azucena propuso entonces ir los viernes. Nora, mientras tanto, buscaba en comisarías, en juzgados, hasta que empezó a ver a otras mujeres haciendo lo mismo, marcadas por la misma desesperación, que le contaron de las reuniones en la Plaza. Nora se sumó a la tercera. “Una madre muy católica y muy supersticiosa dijo que el viernes era mala suerte, día de brujas. Otra dijo que los lunes era día de lavar y limpiar. Quedó el jueves”. Acordaron las 15.30, salida de los bancos, el mayor tránsito de público en la zona. Las Madres nacieron para no ser parte de otros organismos ni partidos políticos. No tenían oficina: la crearon en la Plaza, sin techo ni puertas ni ventanas, para verse, intercambiar información, y hacerse ver. La policía dijo “circulen”, y jamás dejaron de hacerlo. En octubre de ese 1977 nacerían los pañuelos blancos, como modo de reconocerse entre la multitud durante una marcha a Luján: en realidad eran los pañales de tela (no existían los descartables) que guardaban para sus nietos, convertidos en un símbolo histórico de los derechos humanos.
Relata Nora que los varones y esposos no intervenían porque el horario era de trabajo. “Pasaba otra cosa. Al ver a los milicos algunos padres decían ‘yo le dije a mi hijo que no se metiera’ y cosas así. Entonces eso no servía. Las madres no hacíamos esas cosas”. Confrontaban. El lugar común indica que el dolor enceguece, pero Nora es de las que piensan distinto: “El dolor nos hizo ver. Nos fortaleció, y nos ayudó a ser claras”.
Empezó a entender algunas charlas que había tenido con su hijo: “Una vez me dijo: ‘¿Sabés que te pasa, mamá? Te falta calle’. Aprendí, ahora me pasé de calle” reconoce. “Más que en los libros, la concientización está en la calle. Esto significa moverse siempre. Y no pensar dos veces”.
Recuerda que fue varias veces presa con las Madres. “Una vez, los policías pararon un micro, bajaron a toda la gente y nos llevaron. En la comisaría teníamos dos variantes: pagar 30 centavos, o pasar 5 días de cárcel por escándalo en la vía pública. Había madres que decían “métanme presa, así me llevan con mi hijo”. Pero los tipos querían que pagásemos. Cuando me tocó, le di 60 centavos. ‘No señora, le dije 30’ me dijo, y le contesté: cóbrese lo de la semana que viene”.
Otra de esas detenciones ocurrió un día antes de un viaje que Nora debía hacer a Brasil con la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel Chicha Mariani. “Esa vez nos llevaban en patrulleros. Abrí la puerta y me quise tirar, pero el policía me agarró. Si no, me mataba; era la desesperación por escaparme. De golpe me di cuenta de que tenía el pasaje a Brasil. Yo creía que era algo clandestino, que si descubrían eso no sé qué iba a pasar y entonces lo agarré, lo fui rompiendo en pedacitos, y me lo comí”. El viaje finalmente se hizo, en plena digestión del pasaje, con Nora y Chicha intentando denunciar lo que se vivía y se moría en el país.
Moverse, salir, romper, confrontar, escandalizar, chocaba con la noción de familia tradicional y hogareña, y con su marido Carlos. “Los viajes, las marchas, las búsquedas. Y él tenía una cosa de celos. Hubo algunas veces que pensamos separarnos. Murió en 1994. Creo que no hubiera soportado todo lo que hago ahora. Pero bueno: la desaparición de Gustavo había sido un cambio total. Me largué a hacer lo que tenía que hacer. Y eso fue no volver atrás nunca más”.

Del Mundial al cannabis

Nora recuerda que usaban la parte del Café Tortoni que da a Rivadavia, durante el Mundial 78, para encontrarse con jugadores (“creo que eran holandeses, no recuerdo los nombres”) y periodistas extranjeros. O lo que vivió su querida Mirta Baravalle: “El marido estaba muy mal con la desaparición de la hija (Ana) y no podía creer que parecía que no pasaba nada mientras en el país había desaparecidos. El día de la final que ganó Argentina, después del partido se puso peor y se murió de un infarto mientras todo el mundo seguía festejando”.
Las Madres son un símbolo de muchas cosas, empezando por la valentía. Resulta casi de ficción imaginarlas plantadas en la Plaza frente a la Casa Rosada tomada por Videla & afines, infiltradas por Astiz y la ESMA, ignoradas y silenciadas, o en el mejor de los casos tratadas como “madres locas” por los diarios que se atrevían a mencionarlas. Nora agregó algo a su currículum disruptivo: en 1978 fue hasta la Mansión Seré, centro clandestino de detención y torturas, simulando ser una interesada en comprar el lugar para instalar un hogar de ancianos.
“No era que buscaba a mi hijo ahí, pero sabía que había gente. Entré al predio y hablaba en voz alta. No sé qué quería: hacer ruido. Que si había alguien supiera que había gente afuera. Un milico dijo ‘despachen a la señora’ pero yo seguía diciendo que me mandaban de la Municipalidad o cualquier cosa, y vi una canilla con manguera al lado de una ventanita que se ve que daba a un sótano, donde estaban los desaparecidos. Cuando se recuperó como Centro de Memoria, contaron que me habían escuchado, sin saber quién era”.
El alegre caos que es cada conversación con Nora, ahora en su casa, cambia de rumbo porque va a preparar café. Desde que cumplió 82 años le divierte decir que es mínima, vital y móvil.
Mínima: nunca escondió la edad, pero se niega a revelar cuánto mide. “Ni a mis nietos se los digo”. En el jardín hay una pequeña piscina de dos metros de largo y uno de profundidad. Nora guiña un ojo: “Me meto con salvavidas”.
Vital: parece inagotable, aunque no lo es. Sufrió hace dos años un ínfimo ACV. “Hablé dos horas después de eso en un acto, y parada. Ni yo lo puedo creer. Pero es un compromiso con nuestros hijos y nuestras hijas. No es un sacrificio para nada. Cada día es estar donde hay una injusticia”.
Móvil: sus idas y vueltas a Castelar en micros, trenes y subtes son una especie de gesta cotidiana en la cual la casi nonagenaria dama va a veces arrastrada por la multitud. “El otro día bajaba del tren. En el medio del gentío un chico que iba a subir me vio, tenía un chocolate, me dijo ‘gracias por todo lo que hacés’, me lo dio y subió. Me quedé en el andén con el chocolate llorando de emoción. Ni sé el nombre. Solo sé que era un chico del oeste”.
Hace dos años un golpe en el empeine le repercutió en un fuerte dolor de rodilla, y los médicos le dijeron algo fantasmal: tenía que dejar de marchar. Problema de meniscos. “Te imaginás, yo lo que tengo son menisquitos”. Por eso fue al debate en el Senado sobre el aborto seguro legal y gratuito en silla de ruedas. La actual vicepresidenta Gabriela Michetti la saludó educadamente al verla, y más tarde ordenó que le prohibieran el ingreso al recinto, por lo que Nora vio el debate por televisión en el despacho de Pino Solanas.
“El año pasado me regalaron la crema de cannabis y me la empecé a poner en la pierna. De a poquito, te diría que en un mes o dos, dejó de dolerme totalmente, y pude volver a caminar con bastón primero, y cada vez mejor”. Del pronóstico de inmovilidad Nora pasó a abandonar la silla de ruedas, el bastón parece cada vez más un adorno, y no deja de estar en todas partes. “Ahora en vez de bombones me regalan cannabis”. En el jardín, además de la santa rita, las azaleas y los potus, crecen dos robustas plantas de marihuana.

Feminismo, grieta y hambre

Tiene docenas de muñecas que le han regalado, varias son Noritas con pañuelo blanco y hay una con pañuelo verde. Muestra una remera con una frase que ha hecho célebre: “Ser feminista es una cosa bárbara”. El lema forma parte del Norita Fútbol Club (Las Noritas) equipo femenino que participa en la Liga Nosotras Jugamos. En la delantera de Las Noritas juega su nieta Lucía. “Y yo pedí que me den la 10”, explica la abuela, que además está asombrada porque ha sido llamada a dar una charla por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
¿Qué es lo peor que vivió, además de la desaparición de Gustavo? “La desaparición de las tres madres. Veías que los militares no se saciaban ni con los miles que se habían llevado”.
¿Lo mejor? “La resistencia de la gente, de los pueblos. Si no fuera por la resistencia pacífica y prudente que tiene este pueblo ya estaríamos con las patas de los norteamericanos acá adentro. Hay espacios que parecen pequeños pero que van frenando, sin saberlo, los avances de la derecha”.
Reconoce que fue un dolor también la separación de Madres, en 1986. “Algunas nunca dejamos de sentir que no tendría que haber ocurrido. Pero había mucha diferencia sobre las metodologías y nosotras, en Línea Fundadora, queríamos ser horizontales e independientes”. No quiere hablar demasiado sobre las diferencias en la propia Línea Fundadora. “Lo que reivindico es esa independencia, la mirada crítica. En el anterior gobierno creían que la crítica era mala leche, y eso no es cierto. Yo reconozco que lo que se hizo con el tema de derechos humanos fue histórico. No pensábamos que íbamos a ver a los genocidas juzgados. Pero eso no quiere decir que una se calle cuando hay cosas como el apoyo al modelo extractivo, o poner a (César) Milani al frente del Ejército”, explica, críticas que hizo extensivas a la Ley Antiterrorista, el pago de deuda externa, la tragedia de Once, el INDEC, el Proyecto X, y toda área atacada por políticas oficiales, el modelo científico con Lino Barañao al frente, el modelo sojero, la minería a cielo abierto, la violencia institucional, la discriminación a los pueblos originarios, entre muchos etcéteras que hicieron que no fuera ella de las participantes en los actos emitidos por cadena nacional. “Nuestra función es otra desde siempre: es ser independientes de los partidos y del Estado”.
Cuenta que su nieto Damián, el hijo de Gustavo, fue siempre partidario de la gestión kirchnerista. “Pero yo decidí que no voy a perder amigos, familiares ni ideales por la política partidista. Entonces hablábamos de cualquier otra cosa. Pero desde que está este gobierno sí que volvimos a hablar de política”, dice riéndose.
Sobre lo electoral: “Estoy mirando. No decidí qué hacer”. Una pista: en una de las últimas elecciones Nora fue con un marcador. Tomó una boleta y escribió: 30.000 detenidos desaparecidos. No al extractivismo. No a la persecución a las comunidades indígenas. No a la deuda externa impagable, inmoral y odiosa. “Lo puse en el sobre y voté. Me lo habrán anulado. No importa, saben que estuve ahí”, cuenta. “Y digo sí a la justicia, a la verdad, a la memoria, a la resistencia, a los juicios hasta que se condene al último genocida y a la recuperación de la identidad de todos los jóvenes que fueron niños apropiados por el terrorismo de Estado”.
En el área de derechos humanos cree que la gran cuenta pendiente es que se conozcan los archivos militares. “Es una burla que no los entreguen. Registraban todo, hay pruebas, y eso permitiría saber qué ocurrió con cada persona desaparecida. Pero es una decisión política que ningún gobierno quiso tomar”.
¿Cuál es su principal preocupación hoy? “El hambre. Estamos cada vez peor. Más hambre, pobreza, desocupación. Es una época de destrucción. Pero no tenemos que dejar que nos llegue el odio. Hay que resistir, pero no tenemos que perder la sonrisa, que nos hace fuertes: es lo mejor que podemos tener”.
Está perpleja Norita porque su biznieta Camila, 9 años, le dijo que los besos y los abrazos contagian gérmenes. “Pero el abrazo y las caricias estimulan las endorfinas que son lo que dan ganas de vivir. Cuando alguien está enfermo, lo acariciás, le das la mano y eso es terapéutico por las endorfinas. Así que en eso sí que tengo partido: soy partidaria de los besos y los abrazos”.

La ley

Las Madres son cada vez menos. “El año pasado murieron cuatro. Las sentimos mucho”. ¿Cómo imaginar las cosas cuando ya no queden Madres? “Yo no me imagino nada. Nunca digo que esto va a ser así o asá Lo que creo es que siempre hubo etapas con determinadas personas que vivieron y luego murieron. Es la ley de la historia, y de la vida. Ojalá nunca más tenga que haber Madres porque hay genocidios y represiones. Pero en nuestro caso, de algún modo estaremos en la Plaza. Y entonces habrá que ver qué es lo que nace” dice sin miedo y sin nostalgia, haciendo bailar esa sonrisa alimentada en la calle con abrazos y resistencia, besos y valentía, magia y endorfinas.

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