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Qué pasa en la Villa 31: Crónica de un desastre anunciado

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Foto: Nacho Yuchark

Crónica de un sábado de pandemia en la Villa 31, donde no hay nada: los centros de salud, cerrados; las mujeres con fiebre, llorando; los comedores, con miedo; y la organización que sostiene como puede, mientras el barrio llora la muerte de dos referentes: hoy, Ramona; ayer, el Oso. Las denuncias sobre el crimen que significa la falta de planificación en un lugar donde factores como el hacinamiento, la alimentación o el agua son esenciales para enfrentar una pandemia. La mala o nula reacción estatal, que devela sus prioridades en la Ciudad. El problema del trabajo ante la estigmatización que genera el aumento de los contagios en el barrio. Y los casi 800 infectados que empiezan a contarse en muertes, mientras la desesperación comienza a transformarse en bronca.

Por Claudia Acuña. Fotos de Nacho Yuchark.

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Foto: Nacho Yuchark

La postal es la siguiente: de un lado, el imponente edificio del Ministerio de Educación porteño reconvertido por la pandemia en el centro de control sanitario; del otro, el complejo de casi 800 departamentos, vacíos; en el medio, dos puestos móviles para realizar los test –uno del Ministerio de Salud porteño, otro de Nación-, cerrados. Son casi las cuatro de la tarde, es sábado y eso significa que hace una hora esta postal sirvió de marco para la visita del ministro de salud de la Ciudad, Fernán Quirós. Ahora, sólo queda un micro escolar esperando a los últimos vecinos que serán trasladados al hospital Muñiz. El personal médico se está retirando y el barrio Carlos Mugica, que hoy alcanzó la cifra de 780 infectados, queda tal cual está la mujer sentada en la puerta del imponente edificio: desolada.

Tiene 20 años.

Tiene una beba de once meses.

Tiene fiebre.

Y tiene miedo.

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Foto: Nacho Yuchark

Llora.

Su mamá está desesperada.

Me pide un favor: “Si ven que usted me filma, a lo mejor la atienden”.

La filmo.

El celular registra la voz acongojada de la mamá que pide que ayuden a su hija.

También la de su compañero que clama: “Acá no puede haber horarios de atención ni fines de semana. Estamos en emergencia. El país está en emergencia y este barrio es en este momento el foco de la pandemia. ¿Qué es lo que pasa? ¿Es que nuestras vidas no importan porque somos villeros?».

Funciona: la mamá sabe que los vidrios del imponente edificio son espejados. No se puede ver hacia adentro, pero sí desde el interior monitorear lo que pasa afuera. En pocos minutos, una médica sale, luego otra, y realizan ahí, en la calle, el cuestionario –qué síntomas tiene, si fuma, si estuvo en contacto con personas infectadas-, entran y salen con un formulario que deberá entregar cuando llegue al Muñiz, donde le harán el hisopado: ahí no pueden, informan, porque ya agotaron los insumos del día.

También sale un policía para anotar nuestros nombres, porque, explica, “tenemos que dejar registro de todos los medios que ingresan al barrio”.

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Foto: Nacho Yuchark

La joven madre deja a su bebé en brazos en su abuela y sube al micro que la llevará a lo que ya sabe: en el hospital tendrá que esperar que la atiendan, luego tendrá que esperar el resultado, y luego, volver al barrio  como pueda –el micro, apenas deja el contingente, se va- para cumplir en su casa el aislamiento obligado. Pero no: la presencia de la prensa registrando el caso le garantiza la espera del resultado en un hotel. Medida extraordinaria en un barrio en el que ya hay màs más de 600 personas en esta villa que están así, encerradas en sus casas, desoladas.

Lo que reciben durante el encierro es definido, relato tras relato escuchado en esta larga tarde de recorrida, con una misma palabra: insuficiente. “Fideos y harina. Un litro de aceite. Nada para la higiene. Ni siquiera lavandina. Ni carne, ni pollo. Y si reclamás, te dan más fideos y más harina”. La consecuencia es la lógica: muchos deben romper el aislamiento para buscar lo que necesitan y les falta.

Lo insuficiente entonces tiene una dimensión concreta: este barrio está habitado por 60 mil almas olvidadas.

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Foto: Nacho Yuchark

El último desencuentro

Javier Martínez, de la organización social El Hormiguero, nos señala el complejo de departamentos vacíos para indicar el pedido que le hicieron en la reunión que mantuvieron este viernes con las autoridades porteñas los miembros del Comité de Crisis que formaron las organizaciones sociales:  comedores, merenderos, asociaciones sociales y políticas, referentes e iglesias del barrio. “Podrían utilizarlo para armar ahí un lugar de aislamiento de los infectados, pero nos respondieron que después iba a ser muy difícil sacarlos. Les propusimos: hagan firmar ante escribano el compromiso de que una vez terminado el período de aislamiento obligatorio se tienen que ir. Pero no quisieron”. La propuesta fue, entonces, que lo monten en otro lado, cualquiera, pero que hagan algo, porque estar trasladando así a los infectados representa un peligro sanitario y hacerlos cumplir el aislamiento en sus casas, otro: la geografía de la villa es de por sí promiscua y la asistencia sanitaria y social que reciben en sus casas, ya está dicho, insuficiente. Fue entonces cuando el funcionario responsable les propuso lo siguiente:

¿Les parece muy estigmatizante hacerlo en el refugio de Retiro para gente en situación de calle?

Es el lugar donde hace dos días detectaron, entre 90 personas testeadas, 87 infectados.

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Foto: Nacho Yuchark

Las autoridades porteñas habían propuesto hacer esa reunión en el imponente edificio, pero las organizaciones sociales se negaron: “Estuvieron ahí todo el día recibiendo posibles infectados y ni siquiera desinfectaron”. Era la tercera vez desde que se inició -en mayo- el llamado Operativo Detectar que los funcionarios porteños recibían al Comité de Crisis, conformado el 26 de marzo, apenas seis días después de la cuarentena obligada por decreto y cuando el virus no había atacado. Este viernes, con la pandemia ya instalada, la consecuencia es la lógica: la lista de reclamos es inmensa y acalorada.

El desencuentro entre las autoridades y las organizaciones sociales de la villa tiene historia y eso infecta el diálogo en momentos en los cuales la emergencia sanitaria lo torna imprescindible. El punto de inflexión tiene nombre y cotiza en millones: la urbanización. Una larga década de ignorar los reclamos del barrio que, con mucho esfuerzo, paciencia y sabiduría realizó su propio proyecto, ignorado por las autoridades. Hoy es una llaga que supura en cada detalle. Un ejemplo: donde instalaron el imponente edificio que ocupa el ministerio de Educación desde enero de este año, el barrio había soñado la construcción de un hospital.  Ahora, la emergencia les confirma la necesidad que les negaron.

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Julián, la mirada desde El Campito. Foto: Nacho Yuchark

Julián, sentado en las gradas de la cancha de fútbol de El Campito, lo resume así: “Este virus tiene la virtud de desnudar todo. Nos muestra la realidad tal como es: se caen las caretas y queda al descubierto cómo los gobiernos actúan de distinta manera de acuerdo a la clase social de los infectados”.  Los datos le dan la razón: el gobierno porteño pagó la estadía en hoteles cinco estrellas y durante catorce días de 5.414 repatriados desde Miami, Tailandia o los Emiratos Árabes -entre otros destinos- con la única finalidad de controlar que cumplan los 14 días de aislamiento, en tanto a los ciudadanos del Barrio Mugica los recluye en sus casas y durante 7 días, tras los cuales les realiza un nuevo test para comprobar si ya superaron al virus.

La pregunta lógica es por qué esta diferencia.

Responde Julián: “O son unos irresponsables que no saben manejar la situación ni escuchar al barrio o acá hay una política manifiesta de dejarnos librados a nuestra suerte. Ninguna de las medidas que están tomando son de prevención. Se lo preguntamos concretamente en la reunión del viernes y de alguna manera, la respondieron cuando asumieron que sólo se están limitando a detectar casos”.

Responde el cura Guillermo Torres: “Cuando empezó todo esto, hace dos meses, ninguna autoridad pensó un plan para los barrios populares, donde factores como el hacinamiento, la alimentación o el agua son esenciales para determinar cómo lo va a afectar una pandemia. El tema es que ahora estamos llegando a los 800 infectados, a eso sumale los contactos directos, más el desempleo generado por la cuarentena obligada y, encima, los pocos que han podido seguir trabajando, lo pierden por pertenecer a este barrio que está hoy estigmatizado como foco. A esta altura sabemos que al virus no lo vamos a parar, pero sí contener, si tuviéramos las condiciones de higiene, de alimentación y asistencia social que esta pandemia requiere en un barrio así. Si todos los comedores tuvieran lo que necesitan tener, otra sería la realidad hoy, por ejemplo. Si las obras básicas de la urbanizaciòn se hubieran hecho como es debido, también. Lo que necesitamos entonces y urgente son respuestas adecuadas y concretas. Lo que expone este virus es eso: la falta de respuesta del Estado durante décadas”.

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El cura Guillermo Torres. Foto: Nacho Yuchark

El Estado porteño ¿no quiere o no sabe cómo dar esas respuestas?

-Creo que es una mezcla. El funcionario que está en el territorio hace lo que puede y el que está más arriba, lo que quiere. Me parece que es un problema de miradas, fundamentalmente. La reunión del viernes es una muestra: encerrarse en justificar que lo que hacés está bien, sin escuchar al barrio, es un punto de vista político claro de esta gestión. Pasó con la urbanización y pasa con todo. Y es muy difícil trabajar así,  más en una emergencia como esta.

La red invisible

Es sábado y eso significa que los tres centros de salud que el gobierno porteño instaló en el Barrio Mugica están cerrados. También los comedores.  La tarea de atajar la emergencia sanitaria y responder al hambre recae el fin de semana en las organizaciones sociales y en cada pasillo hay ollas hirviendo, viandas y lo más preciado: lavandina, barbijos y pañales. Ninguna de estas tres cosas está incluida en los repartos oficiales, así que la provisión depende de la solidaridad y el trabajo gratuito y solidario. Un ejemplo: la cadena que se armó con el nombre de Convidarte, impulsada por un matrimonio que vive en Recoleta, vecino de esta villa, hoy entrega en ese barrio 700 de las 1.800 viandas que cocinaron los más de 500 integrantes que hilvanaron en estos dos meses. Los 500 barbijos que sumaron las integrantes de la Asociación Civil Detrás de Todo coronan las cajas de comida y elementos de higiene que recaudaron a través de donaciones y dejan preparadas en el jardín Sueños Bajitos, que repartirán este domingo las capacitadoras sanitarias entre las familias “aisladas”.

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Foto: Nacho Yuchark

Son estas capacitadoras -seis para 60.000 almas- las que recorren el barrio de lunes a viernes para detectar “casos” e informarlos a las autoridades sanitarias.  Lo hacen de 8 a 16, sin recibir comida, a cambio de 14.000 pesos al mes disfrazados como beca de capacitación en salud, sin obra social y sin ART, por lo cual le prohíben subir escaleras “por si les pasa algo” en un barrio donde trepar precarios escalones es obligatorio para llegar a las casas apiladas unas sobre otras, en filas de tres pisos en la parte más baja y alejada, y de seis pisos en la zona que ahora azota la pandemia. No es casual sino lógico cuál es la castigada: es la que estuvo más tiempo sin agua y la más cercana al borde urbano, vecino a Retiro.

Las ollas tienen hoy, además, una cicatriz que marca un punto de inflexión: están de luto. Lo gritan con un moño negro atado en la ventana, la puerta o la mesa para recordar así que ayer murió Victor Giracoy, a quien todo conocieron como el Oso, sostén del comedor Estrella de Belén. Lo mató el coronavirus, la diabetes “y la malasangre”, completa una vecina, preocupada porque el virus está atacando la trinchera desde donde han resistido tantas pandemias durante tantas décadas: la autogestión sostenida con el sudor de sus militantes. Hoy se sumó la muerte de Ramona, referente de la organización La Poderosa, quien desde el 3 de mayo venía denunciando la falta de agua, el hacinamiento y el desastre.

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Foto: Nacho Yuchark

Es cierto que no es idílica la red social que sostiene a esta villa en pie como también es cierto que los diferentes gobiernos han alentado las divisiones y traiciones, fraccionando los derechos en prebendas a idéntico ritmo de frazada corta, pero en esa tensión se ha refugiado durante décadas la vida, no a pesar, sino a través de ella.

La síntesis de cómo está afectando esa tradición esta pandemia es, quizá, encontrar al emblemático Jony Tapia refugiado en su barbijo, preocupado porque se niegan a hacerle un hisopado para saber si está infectado. Tapia, cuenta la leyenda del barrio, fue monaguillo de Mugica, su casa fue la única que quedó en pie tras el paso de las topadoras de la dictadura y el punto de ingreso para volver, noche tras noche, a ocupar el barrio.  En su comedor transcurrieron durante largos años las asambleas que tramaron la urbanización del barrio. Hoy está cerrado.

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Foto: Nacho Yuchark

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Mónica Alegre, mamá de Luciano Arruga: memoria contra la impunidad por un desaparecido en democracia

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A 14 años de la desaparición de Luciano Arruga (que tenía 16 años en aquel momento), la causa que investiga su muerte está congelada y los ocho policías implicados figuran apenas como testigos. En diálogo con lavaca la madre de Luciano recuerda algunas otras cosas: lo que no cierra alrededor del cuerpo que estuvo desaparecido 5 años y 8 meses, tras haberse negado a ser reclutado por la propia policía para robar. Las imágenes de la vida de adolescentes en territorios dominados por la trampa y la violencia de las instituciones. Las dudas sobre la teoría de que fue atropellado. La investigación a la propia familia, que tuvo los teléfonos pinchados. Las amenazas, la quema del auto a Vanesa, la hermana de Luciano. El hostigamiento a los amigos del joven que debieron mudarse del barrio. El silencio político, la complicidad judicial, y los límites de la defensa. El recuerdo de Luciano, su fanatismo por River, su generosidad para compartir comida con sus amigos: “Él me enseñó a ser mejor persona” dice Mónica. Este domingo desde las 15, en el Espacio Luciano Arruga (ex destacamento donde el adolescente fue torturado; Indart y San Martín, Lomas del Mirador), familiares y amigos organizan la tradicional jornada en recuerdo del joven de 16 años desaparecido por la Bonaerense: “Seguiremos recordando que nosotros jamás vamos a bajar los brazos; que vamos a seguir pidiendo justicia todos los días de nuestra vida”. Por Francisco Pandolfi.

Mónica Alegre el próximo 21 de agosto cumplirá 60 años. Siempre cumple, Mónica Alegre, que vive en la casa de su mamá, a quien cuida todos los días en la villa 12 de Octubre de Lomas del Mirador. El martes 31 de enero se cumplirá otro aniversario sin su hijo: 14 años de aquel 2009 cuando Luciano Arruga fue desaparecido por la Policía Bonaerense. Lo parió un 29 de febrero de 1992. Su Negrito tenía 16 años y estaba por festejar los 17. No lo dejaron.

Para Mónica la vida fue complicada mucho antes de la desaparición de Luciano. Junto a su familia, vivieron en la calle, en casillas, en un hotel. El papá de Luciano los abandonó cuando él tenía 5 años. Y Moni ahí, presente, estando, sosteniendo, pese a todo.  

Lo recuerda a “su morocho” bien flacucho, cartoneando para ayudar a su familia. Como ya habían conocido la nieve –cuando el 9 de julio de 2007 cayó sorpresivamente en Buenos Aires–, le quedaba el sueño de ver el mar y las montañas. No lo dejaron.

El rechazo a “trabajar” para la policía

A Luciano le gustaba mucho el fútbol y era tan pero tan fanático de River, que aseguraba que si tenía un hijo varón lo llamaría Enzo Ramón, por Enzo Francescoli y Ramón Díaz. Nunca le alcanzó la plata para ir al Monumental. Tenía intacto el deseo de llegar a ese día. Tampoco lo dejaron.

En 2007, aquel año donde sus ojos vislumbraron la nieve porteña, la Policía Bonaerense le ofreció salir a robar para ellos. Se lo contó a su madre, que se quedó tranquila con la negativa de su hijo. Pero ante el “no”, vendría el hostigamiento policial, las amenazas. Y ya no lo dejarían en paz.

El 28 de septiembre de 2008 lo detuvieron de manera irregular y fue llevado al destacamento de Lomas del Mirador, inhabilitado para alojar personas y prohibido para menores. Fue amenazado y golpeado. Allí fue a rescatarlo Moni, que escuchaba sus gritos para que le dejaran de pegar. Por esas torturas el ex policía bonaerense Julio Torales, fue condenado en mayo de 2015 a diez años de prisión.

Cuatro meses después, el 31 de enero de 2009, Luciano fue desaparecido. Fernando Espinoza era el intendente de La Matanza; Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Cristina Kirchner, la presidenta de la Nación. El silencio de las cúpulas fue ensordecedor.

La causa da cuenta de que esa noche los móviles policiales tuvieron “un funcionamiento irregular”, con circulación por fuera del recorrido asignado, falta de registros y estadío “durante varias horas en un descampado conocido como Monte Dorrego”.

Además, los libros de guardia del destacamento fueron adulterados. El 5 de febrero, su hermana Vanesa Orieta presentó un Habeas Corpus, pero fue rechazado por el Juzgado de Garantías N°5, a cargo del Juez Gustavo Blanco y la fiscal Roxana Castelli, meses después reemplazada por Celia Cejas.

La aparición

Finalmente el 17 de octubre de 2014 –5 años  y 8 meses después– se encontró el cuerpo de Lucianor enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita. Se descubrió que había fallecido el 1º de febrero de 2009, supuestamente atropellado por un auto al intentar cruzar la General Paz, desesperado, escapando (según declararon testigos), en circunstancias que aún siguen siendo investigadas. Y que había sido llevado al Hospital Santojanni, justamente donde su familia había ido dos veces a preguntar si estaba allí, y se lo negaron. Supuestamente se buscaba a un joven desaparecido, mientras un NN era enterrado por las mismas autoridades sin investigar quién era ni dar noticia alguna a la sociedad.

La causa que debe investigar su desaparición y muerte continúa en etapa de instrucción y el juicio político pedido por sus familiares a las fiscales Castelli y Cejas y al juez Banco, está estancado.

A 14 años, se sabe de la amnesia de los distintos gobiernos que se sucedieron, como de la complicidad policial-judicial. A 14 años, se sigue sin saber qué le pasó a Luciano esa noche. A 14 años, Mónica Raquel Alegre, la mamá de Luciano Nahuel Arruga, su orgullo, su “Negrito que se negó a robar para la Policía”, habla, llora, lo recuerda sonriendo.

–¿Cómo te llevás con esta fecha?

–Intento no pensar tanto, pero no se trata del 31 de enero, de una fecha particular: así son todos y cada uno de los días de mi vida. Pasaron 14 años, duele, va a doler siempre, toda mi vida. Es mentira que el tiempo cura todo. Hace muchos años una vez te dije, “el ser humano es un animal de costumbre” y es así. Una se acostumbra a vivir con el dolor, y es horrible; también con la desidia, la angustia, la tristeza, a no haber tenido justicia. Hasta a eso una se acostumbra hasta que se acaba la nafta, hasta que la pacha dice basta; no creo en Dios, aunque debe ser que exista, pero para nosotros no tuvo tiempo. Ahora, al estar cuidando a mi mamá, no estoy yendo a actividades de otros familiares, lo que me significaba sentirme viva. Al no estar en esos espacios como antes, siento que me ahogo, pero son procesos. Lo único que me queda es vivir con el recuerdo, con las anécdotas.

–¿Hay algunos de esos recuerdos o anécdotas que te sirven para sobrellevar mejor el día a día?

–Sí, sobre todo sus sonrisas, el recordarlo riendo. Agradezco lo mucho que me enseñó, lo que aprendí de él a ser mejor persona, más solidaria con mis pares, a no juzgar; del dolor también se aprende.

–Una de las primeras veces que hablamos en 2009 contabas que pese a vivir re contra justos, si tenías cuatro papas, a veces él se llevaba dos para sus amigos, porque no tenían nada para comer.

–Era así, si tenía media docena de huevos, y me faltaban dos o tres, ya sabía qué había pasado. Lo mismo con las papas, porque los pibes no tenían para comer, pero la verdad es que nosotros tampoco, entonces a veces me enojaba con él. “Pero yo salgo con el carro, mamá, y si no, pido; los pibes no tienen nada”. Y después me decía: “Aprendé mamá, ¿cuándo vas a aprender?”. Y mamá aprendió, aprendió de la peor manera, tuvo un gran costo, pero aprendí: hoy soy más humana. Ese pibe era mi Negrito, que jugaba descalzo a la pelota por un sanguche de milanesa y una coca; un pibe de barrio, un pibe villero, un pibe cartonero. Y sabés que ahora que pienso en esto, por primera vez caigo en que hace 14 años que no amaso pan casero, ¡14 años! Antes los hacía siempre, porque a él le gustaba mucho, y también se llevaba para sus amigos que no tenían nada.

Moni deja por un momento unos parches que está cosiendo para la actividad de este domingo y llora de la impotencia. Se le reestablece un poco la voz y el pan casero se asocia a las mentiras que sembraron alrededor de la causa: “Pasaron 14 años sin justicia, de disfrazar la realidad, de que dijeran que había muerto en un accidente de tránsito. ¿Quién tiene las herramientas para desaparecer un cuerpo? Se necesita de todo el aparato del Estado, judicial, policial y político para desaparecer a una persona durante 5 años y 8 meses. No se puede tapar el sol con un dedo. Entonces, con el paso del tiempo cierra todo: tres hábeas corpus nos rechazaron antes que aceptaran el último, unos meses antes de encontrar el cuerpo. Se ve que no estaba aceitado el ocultamiento total y algo podía quedar al azar. Ya para cuando apareció el cuerpo, habían borraron todo. En el medio, pasaron muchas cosas en el caso, como la Policía espiándonos a los familiares porque investigaban un secuestro extorsivo; el hostigamiento a uno de los pibes de Familiares y Amigos que amenazaron que iba a terminar como el Negro y se tuvo que ir a vivir al sur; el quemar el auto de Vanesa; el querer incendiarme mi casa; las amenazas al resto de mis hijos… Hay pibes acá en el barrio que tuvieron que irse a Paraguay por miedo. Se fueron porque la Policía los re cagó a palos y los amenazó. Así, con esta impunidad, ya pasaron 14 años y la causa sigue en etapa de instrucción; es una burla, los ocho policías implicados ¡siguen como testigos! Me pregunto: ¿podrán dormir tranquilos? ¿vivirán en paz?”.

–¿Cómo explicas que luego de tantos años todavía se esté en la etapa de instrucción, o sea, de investigación penal?

–Yo me pregunto lo mismo, ¿cómo se explica? Como la causa no prescribe, porque si hay algo que luchamos con uñas siguiente es para caratularla como desaparición forzada, la van a mantener en ese estado. Juegan con el desgaste, con el cansancio, con los recuerdos y también con tu economía, porque si vos no tenés un buen abogado… Mi abogado es del CELS y el CELS vos sabés hasta dónde patea; se va a desgarrar las vestiduras por el caso hasta que tocás al Estado, ahí da un pasito atrás. Entonces se dan pequeños pasos, la causa sigue moviéndose, pero no avanza. Todo seguirá así hasta que quizá algún día tenga un buen abogado y empiece de vuelta.

–¿Qué creés que debe aprender de Luciano la sociedad, para ser un poco mejor?

–Ese corazón inmenso que tenía el Negro; a ser un poco más humano, a valorar la vida, a aprender. Ojalá, sí, ojalá que la sociedad aprenda a no ser tan egoísta. El Negro era así; no le gustaba tanto estudiar, pero tenía un corazón de oro. Vos fijate, se llevaba pan casero para dárselo a sus amigos; al día siguiente quizá no iba a tener nada para comer, pero priorizaba a los demás.

–¿Por qué es importante la actividad de esta tarde?

–Desde las 15, en el Espacio Luciano Arruga (ex destacamento donde fue torturado Luciano; Indart y San Martín, Lomas del Mirador) seguiremos recordando que nosotros jamás vamos a bajar los brazos; que vamos a seguir pidiendo justicia todos los días de nuestra vida. Es importante para tener la memoria del Negro viva y presente, para saber nosotros mismos que no estamos derrotados; para que sepan que no estamos derrotados y que seguimos luchando.

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Perú: racismo, criminalización y disciplinamiento como trasfondo de más de 60 muertes

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Lavaca habló con dirigentes sociales y campesinas, que analizan la represión desatada tras la crisis institucional que dejó al menos 60 muertos, miles de heridos y centenares de detenidos, con imágenes de tanques entrando a la universidad pública incluidas. El rol del Congreso, la figura de Dina Boluarte, la raíz histórica, racista y clasista de la derecha peruana. La ligazón con la agenda extractivista con la desestabilización actual que busca criminalizar y disciplinar a las voces de comunidades y organizaciones sociales que denuncian la situación como «dictadura cívico-militar».  

Dina Boluarte tiene más muertos en Perú por la violencia institucional, que días de gestión.

Según la Defensoría del Pueblo de Perú al momento son al menos 56 los muertos por la represión, miles de heridos, y centenares de detenidos. Organizaciones sociales reportan, por su parte, más de 60 muertes. Todo ocurrió en menos de cincuenta días: desde que la vice Dina Boluarte asumió el Ejecutivo el 7 de diciembre de 2022, cuando fue detenido el entonces presidente Pedro Castillo. 

Mientras tanto las calles siguen siendo un escenario de marchas y repudios contínuos: solamente el martes 24 de enero la Defensoría del Pueblo registró 85 cortes de rutas nacionales, además de movilizaciones y bloqueos en 39 vías provinciales. 

¿Cómo interpretar lo que está ocurriendo?

Melania Canales es dirigenta social de la región de Ayacucho; diez de los muertos pertenecen a esa localidad. Además, es ex presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú. Sintetiza así para lavaca los reclamos sociales de los cuales además fue protagonista: 

  • “Uno de los principales reclamos es que haya un referéndum para la Asamblea constituyente; existe hoy una Constitución de 1993, hecha por el dictador Fujimori, que ha privatizado todo en Perú: luz, agua, carreteras, pistas, empresas mineras. Esa es la Constitución que le da todo el poder al empresariado, es la peor Constitución de América Latina, el empresariado se lleva sus ganancias y no paga nada”.
  • ”Esta Constitución ha permitido que la salud y la educación sean un negocio. Prácticamente nos despoja de nuestros territorios colectivos de los pueblos y mujeres indígenas, y no nos permite la participación del pueblo organizado en espacios de poder de decisión. También nos criminaliza. Por eso exigimos referéndum y buscamos una nueva Constitución”.
  • “Pedimos también la renuncia de la traidora y asesina Dina Boluarte. Y la renuncia de la mesa directiva del Congreso”. 
  • “Y exigimos paz. Una paz con justicia. Eso exigimos en el Perú”. 

La Universidad atacada

A la cadena de violencia desde el gobierno se sumó la última semana la brutal represión en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) que incluyó el ingreso de 400 policías junto a fuerzas especiales con tanques que derribaron las puertas, disparos y gases lacrimógenos, y donde más de 205 estudiantes fueron detenidos.

Natali Durand es docente de antropología en la Universidad. Dos estudiantes de su clase fueron detenidos, y ella describe: “Ha sido un atropello a la autonomía de la Universidad. Los estudiantes habían abierto las puertas para alojar a las personas que estaban llegando de distintas regiones para marchar”. 

Desde todo el país llegaban delegaciones a lo que se denominó la Nueva Marcha de los Cuatro Suyos, y la Universidad funcionaba como alojamiento y espacio de encuentro y logística. Pero cuando entró la policía, explica Natali “quedaban pocos manifestantes, eran más los alumnos que se encontraban dentro de la Universidad, algunos en la toma, otros en la residencia universitaria, eso es muy preocupante porque entraron a la residencia universitaria”. Desde entonces parte de los docentes y estudiantes piden la destitución de la actual rectora Jeri Ramón. 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) condenó la represión y expresó que “la entrada de la policía a la sede universitaria es una violación flagrante de la autonomía”. Además rechazó la “decisión del gobierno de recurrir a la violencia para enfrentar la crisis en el país”. Y remató: “La actitud del gobierno del Perú se coloca al margen del respeto a los Derechos Humanos”.

La traición de Dina

¿Dónde se encuentra la semilla del actual conflicto?

Responde Natalí Durand: “Para entender la semilla de esto podríamos irnos hasta 200 años atrás, pero creo que ahorita lo más grave ha sido la descomposición política que tuvimos desde 2016 cuando el partido de la señora Keiko Fujimori (hija del ex dictador) ganó la mayoría absoluta en el Congreso. Desde 2016 lo que se generó fue un desbalance de poder a favor del Ejecutivo”.

Sin embargo (o tal vez por eso mismo) el profesor y político Pedro Castillo, con el partido Perú Libre, ganó las elecciones en segunda vuelta a la misma Fujimori, y gobernó desde el 28 de julio de 2021 hasta la declaración de su “permanente incapacidad moral” por parte del Congerso, el 7 de diciembre de 2022. Castillo fue docente de escuela primaria, presidente del Comité de Lucha del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP) y encabezó la huelga docente de 2017.

El 7 de diciembre de 2022 Castillo fue detenido y destituido luego de 16 meses de gobierno. Horas antes había anunciado el cierre temporal del Congreso, pero ante esto sus propios ministros comenzaron a renunciar y a calificar la situación como un autogolpe. Con las fuerzas armadas y la policía en contra, el Congreso trató, una vez más, la moción de vacancia contra el entonces presidente bajo la acusación de “incapacidad moral”. Castillo fue detenido y destituido; juró entonces quien era su vicepresidenta, Dina Boluarte quien, entre otras cosas, tenía en el propio Congreso denuncias por presunta infracción constitucional que fueron rápidamente archivadas. 

Dice Natalí Durand: “Si bien es legítima sucesora, se había dicho que iba a renunciar y pedir elecciones. A su asunción la gente la asume como una traición. A su vez, en la derecha no la ven como parte: en el momento en que no le sirva más la van a soltar. Ahora ella les sirve porque el presidente del Congreso no puede ejercer funciones de presidente, tiene que llamar a elecciones en un periodo de 3 a 9 meses como máximo. Ella no quiere renunciar porque sabe que, si renuncia, la van a dejar sola y le espera un proceso judicial fuertísimo”. 

La actual presidenta no tiene bancada propia en el Congreso ni un partido que la apoye.

La pregunta entonces es quién tiene el poder hoy en Perú.

La voz desde las calles

Melania Canale, dirigenta social de la región de Ayacucho, remarca que la situación actual puso luz sobre el “racismo y el clasismo en nuestro país”. Sigue: “Perú ha sido el centro del colonialismo: cuando se creó la república peruana hace 200 años se hizo con los descendientes de los españoles, los ‘mistis’ y los criollos, y los pueblos indígenas y afro estuvimos ausentes. Entonces lo que vino fue una dominación de una clase media alta privilegiada. Hay una desigualdad grande, que se ha agudizado, los derechos se convirtieron en negocios, como la educación, la salud, y la participación política”. 

Melania define a Pedro Castillo como el primer “marrón” (por el color de su piel) que llegó a la presidencia. Y define: “Hemos sentido que al marrón no lo aguantaban”. A la actual presidenta la llama “la usurpadora”. Dice: “En estos momentos, aunque ella ganó junto a Castillo, representa a la derecha. El Congreso ha sido un obstáculo que a Pedro Castillo no lo dejó gobernar, siempre estaba ahí promoviendo su vacancia. Dina tenía una denuncia, pero la archivaron en el Congreso. Realmente esto se veía venir. Acá, la derecha política del Perú es una derecha arrastrada, que siempre se entrega por completo a la oligarquía” 

¿Tiene relación el problema con las agendas extractivistas? 

Está muy ligado. Hace poco una funcionaria de Estados Unidos ha dicho que en Sudamérica están el agua dulce, los minerales, el litio. Aquí están paralizadas varias mineras por los reclamos de las comunidades. Hay también contaminación de los ríos, de la tierra, mucha gente con metales pesados en la sangre, y además estos empresarios no dejan nada…

¿A qué atribuís la actual represión? 

Es una caza de brujas. En Ayacucho hay 8 detenidos dirigentes y dirigentas de organizaciones, los han llevado hasta Lima, acusados de terroristas. No somos asesinos, no somos terroristas. Están buscando descabezar a las organizaciones, meter miedo, criminalizar y perseguirnos, inventando fantasmas. No hay libertad en este país: por eso decimos que estamos viviendo una dictadura cívico militar. 

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Las cosas que hay que hacer para trabajar – Capítulo 1

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La nueva serie documental de lavaca: el mundo de la autogestión en Argentina a través de ocho capítulos sobre experiencias recientes de diferentes cooperativas que lograron recuperar empresas vaciadas o quebradas por las patronales. Con dirección de Patricio Escobar, autor de La crisis causó 2 nuevas muertes.

Dos mil personas que integran empresas recuperadas de toda la Argentina se reúnen en un acto histórico en la Aceitera La Matanza. ¿Qué buscan? Impulsar el proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas que facilite que cooperativas de trabajo pongan en marcha empresas quebradas o vaciadas por las patronales. El movimiento lleva 20 años sin ley, pero ha recuperado no sólo trabajo sino también dignidad y vida, con 400 fábricas en el país que dan trabajo en total a más de 14 mil obreras y obreros. Su lema: Ocupar, resistir y producir.

Las cosas que hay que hacer para trabajar Dirección: Patricio Escobar.
Producción integral de Cooperativa de Trabajo Lavaca: Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Anabella Arrascaeta, Lina Etchesuri, Sebastian Smok, María del Carmen Varela, Franco Ciancagini, Lucas Pedulla.
Fotografía: Lina Etchesuri y Sebastian Smok. Cámara: Patricio Escobar, Guillermo Guevara, Sebastian Smok.
Música: Guido Donato y Tomás Lobov.
Edición: Damián Finvarb.

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