Nota
La Casona rechaza el desalojo con dos palabras: «Queremos trabajar»
Los trabajadores del restaurante recuperado La Casona realizaron una “pizzeada solidaria” ante una amenaza de desalojo por la negativa de la propietaria del inmueble de seguir alquilándoles el local, que ellos pagaron siempre. Le llegaron aumentos de luz y gas de hasta el 900%, a una cooperativa que fue capaz de lo que hundió la patronal: recuperar 50 fuentes de trabajo. Un conflicto que expone cuáles son las respuestas sociales en tiempos de crisis
Los trabajadores del restaurante recuperado La Casona realizaron una “pizzeada solidaria” ante una amenaza de desalojo por la negativa de la propietaria del inmueble de seguir alquilándoles el local, que ellos pagaron siempre. Le llegaron aumentos de luz y gas de hasta el 900%, a una cooperativa que fue capaz de lo que hundió la patronal: recuperar 50 fuentes de trabajo. Un conflicto que expone cuáles son las respuestas sociales en tiempos de crisis.
Mario Romero entró a trabajar al restaurante La Casona a los 18 años, lo echaron a los 42 y hoy, a los 44, habla como presidente de la cooperativa que en 2014 recuperó 50 fuentes de trabajo.
“Toda una vida”, suspira ante el flashback que cruza delante de sus ojos.
¿Qué es lo que esa vida ve hoy?
“50 familias en riesgo de estar en la calle”, describe. Lo que Mario Romero cuenta es lo que hablan los 50 cuerpos que se mueven en este mediodía porteño, ubicado en la abarrotada intersección de Corrientes y Maipú, yendo y viniendo con cafés, pizzas, milanesas, papas fritas, gaseosas, aguas y bandejas con delicias que no paran de humear una situación caliente: la empresa Mercedes S.C.A., propietaria del inmueble, decidió no alquilarles más el local pese a que los trabajadores demostraron voluntad de pago. “Para ellos, somos okupas”, especifica Daniel Fernández, otro de los trabajadores cuya realidad pende de la decisión del juez en lo Comercial Sebastián Sánchez Cannavó. “En cualquier momento puede llegar una orden de desalojo”, dice Fernández.
Por ese motivo, los trabajadores realizaron una “pizzeada solidaria” para sacar el conflicto a la calle. La respuesta se mide en muzzarellas: “Sacamos más de 150 pizzas de forma gratuita”, dice el pizzero. Allí comieron vecinos, comerciantes, simples caminantes y también legisladores porteños que se hicieron eco del conflicto y hace poco más de un mes declararon en la Legislatura la “preocupación por la continuidad laboral de los trabajadores de La Casona”.
Fernández y Romero resumen el país en las dos palabras que sintetizan este conflicto:
-Queremos trabajar.
Lo lógico de lo ilógico
Daniel Fernández cuenta que lo primero que hace al despertarse es llamar a los compañeros que se quedaron de guardia durante la noche en el restaurante para preguntar si todo está bien. “Así uno, por lo menos, empieza el día más tranquilo”, dice a lavaca.org. “Estamos aguantando”.
La cosa venía bien. Los trabajadores recuperaron el local en junio de 2014 después de despidos, meses sin cobrar salarios, aguinaldos inexistentes y ninguneos de la empresa New North SA, que castigaba a sus empleados ordenándoles que se pararan al lado de la escalera, sin hacer otra cosa que soportar la humillación diaria. Los obreros se cansaron, tomaron el lugar y formaron una cooperativa.
“No teníamos problemas”, explica Fernández. “Vino el administrador de la empresa dueña de la propiedad, que nos dijo que si hacíamos buena letra nos renovaba el contrato. Vencía en diciembre de 2014. Pagábamos 160 mil pesos por mes y cumplimos hasta el último día, siempre con la promesa de que nos iba a renovar. Pero cuando llegó diciembre nos empezó a tratar como okupas. Y nunca pudimos hablar con el dueño real, sino siempre con el administrador”.
Mario Romero: “Nos cobraron durante 7 meses un alquiler prometiéndonos una renovación. ¿Por qué aceptaron esa plata si querían que nos fuéramos? Cuando se cortó el diálogo empezaron las denuncias de desalojo. Hoy el único diálogo que tenemos es con el abogado de ellos, que constantemente nos dice que nos vayamos, sin otra alternativa. Lo único que pedimos es que nos den la oportunidad. Nosotros tenemos voluntad de pago”.
Fernández: “Hasta hicimos algo ilógico: les dijimos a ellos que pongan el número que quisieran. Nosotros podemos pagar. Pero no tienen voluntad de sentarse a dialogar”.
Cobrar en negro
Ataliva Dinani es el abogado de los trabajadores de La Casona. Explica el conflicto en esta charla con lavaca.
-¿Cuál es la situación legal hoy?
-Al sexto mes de cooperativa, la propietaria Mercedes S.C.A, que cambió hoy su razón social a Corrientes 680 SA, con el paquete mayoritario en manos de Fabio Fernández, quiso cobrar el alquiler en negro. Los trabajadores dijeron que no porque quieren tener, lógicamente, todo en regla. Al tiempo se enteran que tenían iniciado un desalojo en sede civil, no comercial, aun cuando los propietarios venían cobrando puntualmente del 1 al 5 de cada mes los alquileres. Prueba de ellos son las facturas que están asentadas en sede civil, donde se desactivó el primer desalojo, y ahora también en sede comercial. Son facturas a nombre de Mercedes S.C.A. por el canon locativo más el ABL y otros cargos de servicio. Lo que le pedimos tanto al juez como al propietario fue un contrato de alquiler. El Código Civil establece que cuando hay un contrato de locación, el juez debe establecer plazo mínimo. Si se aplica el Código viejo es de 3 años. Si se aplica el nuevo son dos años. Los trabajadores no quieren ningún regalo. No cuestionan la propiedad del inmueble. Ellos quieren pagar. Pero de absoluta mala fe iniciaron un desalojo sin fundamento legal ni en la realidad.
Autogestión vs cuevas financieras
El abogado Dinani trata de descifrar la actitud empresaria.
-¿A qué se debe el comportamiento de la empresa?
-Mercedes S.C.A dice que, en principio, había una continuidad entre New North SA y los trabajadores hoy en cooperativa. Es una total mentira. Los trabajadores lamentablemente fueron defraudados por la empresa y decidieron el camino de la autosugestión. El otro argumento que nos dicen es que la cooperativa no puede pagar el alquiler. Nosotros expusimos nuestra realidad económica ante el juzgado: la cooperativa no solo es viable sino que en ningún momento se cuestionó la propiedad del inmueble, siempre se quiso negociar un contrato e incluso se llegó a ofertar que establezcan ellos el número. Tampoco han tenido voluntad de diálogo. Dentro del terreno de la especulación, lo que está en la cabeza de los propietarios es más que nada un prejuicio al trabajador autogestionado y a su capacidad económica. Si uno ve lo que ha sucedido con el sector gastronómico con otras empresas recuperadas, no solo han demostrado que son viables económicamente, sino que dentro del rubro son los únicos que cobran los sueldos de convenio. No tienen trabajadores en negro. Y esto lo posibilita únicamente la vitalidad que tiene este proyecto. Entiendo que es un prejuicio absurdo respecto a los trabajadores cooperativistas.
-¿Quiénes son los propietarios?
-Lo que hicimos, en base a la documentación presentada por ellos mismos en el expediente comercial, fue buscarlos en Internet y páginas de la AFIP. Vimos es que quien venía de cobrar estos cinco meses, Adrián Nilsen, era el síndico suplente de Mercedes S.C.A, lo cual queda probado la vinculación entre el cobrador de los alquileres y el propietario. Luego, si bien cambiaron de nombre durante los inicios de desalojo manteniendo el objeto con el mismo paquete accionario, el socio mayoritario es Fabio Daniel Fernández, y comprobamos que en los domicilios fiscales de estas personas también coinciden con domicilios fiscales de cooperativas de crédito o lo popularmente conocido como cuevas financieras. Desconocemos si hay un particular interés de esa índole en no renovarles el alquiler. Eso lo hemos denunciado en la sindicatura d la quiebra para que se lo haga saber al juez. Y también lo denunciaremos en persona.
Luz y gas: entre 500% y 900% más
A las amenazas de desalojo se suma que La Casona no tiene contrato de locación. “El Gobierno de la Ciudad nos está matando con infracciones, multas de 40 mil pesos, clausuras, contravenciones”, describe Fernández. “Tenemos todo en regla, pero nos falta el contrato”. No es lo único que sufren. “Las tarifas están complicadísimas: de 8 mil pesos de luz pasamos a pagar 42 mil. Así, de un mes para el otro”. Es cinco veces más. ¿Y el gas? “De 1200 pesos nos pasaron a 10 mil”.
Así y todo, con la situación del país pisándoles los talones, los trabajadores cuentan que la cooperativa es sustentable. “Podemos y queremos pagar el alquiler”, afirma Romero. “Y además podemos meter a 5 o 10 compañeros más. Tenemos un proyecto a futuro: todavía no cumplimos dos años y ya pudimos invertir en otro lado para poder abrir otro local. El único objetivo es que la cooperativa crezca”. Eso reveló la pizzeada solidaria: La Casona es una realidad autogestiva.
“Cambiamos muchos en estos dos años de trabajar sin patrón”, sostiene Fernández. “Te pongo un ejemplo: tenemos un socio de la cooperativa, un compañero, que cuando recuperamos pidió si podía ir al médico. ¿Sabés por qué no iba? Porque tenía miedo que la empresa lo echara. Se fue a hacer los estudios y tenía cáncer. Lo operaron. Y hace dos años que le pagamos lo que le corresponde. La cooperativa nunca dejó que se fuera”.
Romero: “En estos dos años nos levantamos y nos dan ganas de venir a trabajar. Y eso le pasa a todos los compañeros. Saben que la plata queda acá y la distribuimos entre todos”.
Eso es lo que ve la vida de Daniel Romero y la de sus otros 49 compañeros. Y sintetizan:
-Queremos trabajar.
Fotos: Néstor Saracho/lavaca
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
Por Sergio Ciancaglini

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
- MUndialHace 1 día
Infierno Infantino
- ComunicaciónHace 3 semanas
Las agallas de Agulla
- MU214Hace 3 semanas
La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
- Crisis ambientalHace 2 semanas
Atanor: condena confirmada por “daño irreversible” al río Paraná y contaminación de aire, suelo y agua con agrotóxicos
- MU214Hace 4 semanas
El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión






























