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Una marcha sin protocolo

Contra los despidos, el protocolo de la ministra Patricia Bullrich y en reclamo de paritarias libres con aumentos justos, el paro general convocado por ATE constituyó la primera movilización sindical y social del año.

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Contra los despidos, el protocolo de la ministra Patricia Bullrich y en reclamo de paritarias libres con aumentos justos, el paro general convocado por ATE constituyó la primera movilización sindical y social del año. Se llenaron la Plaza y ocho cuadras completas de Avenida de Mayo. Con el horno porteño a 33°, marcharon sindicatos de distintas vertientes, partidos políticos, cooperativas, trabajadores y trabajadoras por las suyas, y movimientos autónomos, desde la asamblea de Andalgalá hasta la Colectiva Lohana Berkins.

El paro convocado por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) confirmó que el verano no se fue de vacaciones. A temperatura de horno, una multitud diversa encontró un lugar común en la calle, en la transpiración, en el entusiasmo, y en la necesidad de manifestarse. La policía calculó 50.000 personas. En la práctica se observó una Plaza de Mayo llena hasta las vallas y ocho cuadres de personas que seguían entrando mientras los que estaban salían por las calles laterales.
Los actos se replicaron en diferentes provincias del país como Córdoba, Santa Fe, Río Negro, Entre Ríos y Santa Cruz.
La marcha del Obelisco a Plaza de Mayo fue acompañada por miles de personas pese a las amenazas de los funcionarios de Seguridad de aplicar el autodenominado Protocolo de Actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado en Manifestaciones Públicas, anunciado por la ministra Patricia Bullrich la semana anterior. La pulseada en este rubro había comenzado temprano, cuando grupos de izquierda cortaron el tránsito en Callao y Corrientes. La repetidora mediática atizaba anunciando que el gobierno no aplicaba el Protocolo, y que la situación era caótica, pero la policía –en una actitud lógica- no intervino, ni a los 5 minutos, ni después.
Una marcha sin protocolo
Superar el miedo
Sólo en la 9 de Julio se observaron micros de la Policía Federal, pero desde ahí hasta la plaza, por Avenida de Mayo no hubo un solo policía. “Un alivio, porque vinimos igual, pero con miedo, por eso no trajimos los chicos”, comenta a lavaca.org Sara, 28 años, 2 hijos de 4 y 7 que se quedaron con su tía. Llegó con la columna de su barrio –Lugano, aclara- motivada por una urgencia concreta: “Nosotros tenemos una cooperativa que se ve afectada doblemente. Por un lado, porque todavía no definen si van a seguir apoyando este tipo de emprendimientos, pero además porque echaron a toda la gente que trabajaba en el programa. ¿Quién se va a ocupar ahora? Todavía no tenemos respuesta”.
La herencia
Sobre el escenario montado en Plaza de Mayo habló Hugo Cachorro Godoy, secretario general de ATE Nacional. Su propuesta se fundamentó en un llamado a la unidad para impedir despidos y “parar las políticas de Macri contra los trabajadores y el pueblo”. Otros planteos:

  • El gobierno kirchnerista «nos dejó 95.000 trabajadores precarizados en el Estado nacional y 600.000 trabajadores precarios en las provincias y en los municipios».
  • «Estamos viviendo una real crisis económica y social en el país, con aumento de la desocupación y la pobreza. Por cada punto de aumento de precios y de inflación significa 30.000 nuevos argentinos que están por debajo de la línea de la pobreza. Tenemos que pelear juntos, los sindicatos, las organizaciones sociales y políticas para parar estas políticas, para cambiar esta realidad y generar un destino de grandeza para todos los argentinos»,
  • «Nos despiden en los sectores de la Nación, nos despiden en los municipios y en las provincias; nos estigmatizan a los trabajadores públicos, quieren separar a los trabajadores del Estado del pueblo con el que trabajamos todos los días. Sentimos angustia cuando no podemos lograr incorporar a un compañero despedido y sentimos angustia cuando vemos que tenemos más de 300.000 trabajadores en municipios y en las provincias que cobran sueldos por debajo del salario mínimo vital y móvil».
  • «Queremos decirle al presidente Macri que no vamos a permitir ningún despido más en ningún organismo público. Decimos con claridad, también, a los gobernadores y a los intendentes, que esta demostración de capacidad de pelea, de unidad de todos los sectores, de solidaridad y organización se va a multiplicar en cada rincón de la Patria si no abren la paritaria, si no terminan con la precariedad laboral, si no logramos aumentos dignos y no logramos la reincorporación de todos los trabajadores despedidos».

ATE Nacional está integrada a la CTA Autónoma que conduce Pablo Micheli, pero también se movilizó la CTA de los Trabajadores liderada por Hugo Yasky. En esta última se encuadra ATE Capital, que desde noviembre está encabezada por Daniel Catalano. Catalano, justamente, resaltó el hecho de que ambas centrales hayan podido, después de tanto tiempo, actuar juntas.
Dijo además que no aceptarán techo para las paritarias» ni «el ajuste económico sobre los trabajadores, como no aceptamos los grandes aumentos y los tarifazos en los servicios públicos».
Una marcha sin protocolo
Shrek  y el burro, presentes
La marcha fue también un espacio para expresarse con creatividad. Por Avenida de Mayo, entre las miles y miles de personas, marcha un camión convertido en escenario.
Arriba, al menos seis personas.
Todas vestidas con trajes y camisas impecables. Todas tienen máscaras del burro de Shrek.
¿Burros?
Sí, somos burros porque somos CEO’s.
Detrás del camión, marcha la columna del Sindicato de Curtidores.
Pero hay más: sobre el camión también hay un sillón. Una persona con peluquín está sentada charlando con uno de los CEO´s con máscara de burro. Señalan y hablan con gestos ampulosos a una tele chica y vieja que tienen enfrente. La TV está apagada, claro, pero sobre la pantalla han  cartel pegado el logo de TN.
La Avenida de Mayo se convierte en una pasarela de gremios, sindicatos, partidos políticos y movimientos autónomos, que desfilan hacia la Plaza cada uno con su bandera, cántico y reivindicación. Salvo en la concordancia de acabar con los despidos, el no a la criminalización de la protesta y las paritarias sin techo, no se percibe homogeneización en las consignas, que sin embargo marchan todas juntas pacífica y ruidosamente.
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La Colectiva en A4
En la cabecera de la marcha los representantes de los diferentes grupos participantes comparten la consigna y el reclamo: “Si no hay trabajo qué quilombo se va a armar”.
Por primera vez de esa cabecera participa una representante trans de la Colectiva Lohana Berkins. Es Marlene Wayar que lleva una pancarta que proclama “Furia Travesti”, la frase con la que se despidió Lohana en la carta que hizo pública antes de morir, a principios de febrero. En esta, su primera marcha, la Colectiva que lleva su nombre fue la encargada de cerrar la marcha, con ritmo y desparpajo. Más de 500 personas  animaban la calurosa caminata con cánticos que proclamaban: “Olé Olá, Macri no es puto, es liberal. Hacete cargo qué él es heterosexual”. En la primera fila estaba Saya, la hermana de Diana Sacayán, otra emblemática referente del movimiento trans que fue asesinada en noviembre pasado. La bandera de Saya clamaba “Justicia”. Explica por qué: “Hay dos detenidos, pero nuestra preocupación ahora es que no los excarcelen ni los dejen en libertad después del juicio. Y eso implica que tenemos que estar alertas y atentas hasta que el fallo los condene como corresponde. No te podés relajar porque lograr justicia en este país es algo que depende de lo que hagamos todas las personas, no solo un juez”.
El reclamo de la Colectiva Lohana Berkins está expresado en una hoja A4 que reparten entre los manifestantes. El resumen: ley de reparación para todas las personas perseguidas, encarceladas y violentadas institucionalmente por su identidad de género, implementación del cupo laboral trans en la provincia de Buenos Aires y su extensión a todo el país, justicia por Diana Sacayán. Pretenden así que las batallas actuales no sólo se libren por garantizar derechos obtenidos que hoy peligran, sino avanzar. “Trava que se organiza no aguanta más palizas”, grita esa columna. “Y es así nomás: si te organizás es para decir basta, pero también para decir esto me corresponde”, sintetiza la poeta Susy Shock.
Una marcha sin protocolo
Platos en la bandera
Además de sindicatos y partidos, laten banderas de Ministerios, docentes y hasta grupos de personas que parecen estrenar las suyas por primera vez: agrupaciones de estudios académicos, escuelas que marchan por su cuenta, trabajadores del Estado que llevan su propia denuncia. “50 tutores desafectados de Argentina Trabaja”, dice uno. Otra informa en primera persona: “Echada del Ministerio de Cultura. Somos 500 personas, no números”. Arriba, una bandera negra lleva pegados decenas de platos -platos de cocina-, aquellos que alguna vez el ministro de Economía Domingo Cavallo mandó a los científicos a lavar, intentando insultar así a la socióloga Susana Torrado. Debajo, una consigna: “La cultura está de luto”.
Los números, en cambio, se representan en los pedidos por las paritarias, otro de los grandes ejes de la movilización: “Con el 25% no comemos”, “No al techo de paritarias”, “Aumento del 40%, trabajadores de INTA”, y así. Por allí también se ve la columna de Sipreba (Sindicato de Prensa de Buenos Aires) que cantan para reclamar el pago de sueldos adeudados de los trabajadores de Grupo 23.
La calle, el agua y el oro
Una de las columnas más grandes fue la de la Central de Trabajadores de la Economía Popular, encarnada en la Ciudad por cartoneros, manteros y trapitos, y más allá por trabajadores de las cooperativas. Según contaron, la Central creció en estas semanas como coletazo del recorte de programas estatales, reflejado en el crecimiento de afiliados. También ello se vio en ATE: nuevos afiliados, jóvenes universitarios, que portaban sus pecheras por primera vez.
Sobre el césped, a metros de la fuente en la Plaza, tres banderas traían otro reclamo: “El agua vale más que el oro”. Allí están los vecinos de Andalgalá (Catamarca) que hace más de dos semanas acampan frente a Tribunales exigiendo sentencia a la Corte Suprema de Justicia de la Nación respecto a un amparo ambiental para evitar que la minera Agua Rica siga operando en su territorio.
En medio de la alerta amarilla pronosticada para este miércoles –cualquier similitud con la coyuntura política es pura coincidencia- una persona destaca entre la multitud.
Lleva puesto un pantalón negro, una remera negra y una túnica negra.
Desde el rostro le sale un pico que baja en punta de unos 30 centímetros. Quizá más.
-Soy un buitre-, dice.
A metros del buitre, una bandera reza: “Los derechos humanos no son un curro”.
De lejos, como una metáfora, se ve la Casa Rosada.
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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




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Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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