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Nota

Vandana Shiva en Argentina: la primera enemiga de Monsanto

Toda su historia es la historia de una batalla contra la desigualdad. Estudiar física en India, denunciar a las corporaciones biotecnológicas, crear comunidades de semillas para preservar la vida de la depredación corporativa. También es un ejemplo de qué rol cumple la prensa en esta guerra contra la naturaleza. En esta nota, Soledad Barruti traza un perfil indispensable para comprender qué significa hoy Vandana Shiva.

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Toda su historia es la historia de una batalla contra la desigualdad. Estudiar física en India, denunciar a las corporaciones biotecnológicas, crear comunidades de semillas para preservar la vida de la depredación corporativa. También es un ejemplo de qué rol cumple la prensa en esta guerra contra la naturaleza. En esta nota, Soledad Barruti traza un perfil indispensable para comprender qué significa hoy Vandana Shiva.

Vandana
(Soledad Barruti/lavaca) En 2014, en su última edición de agosto The New Yorker, la revista más influyentes de la cultura norteamericana, y una de las más leídas en el mundo con al menos un millón de suscriptores e incontables lectores online, dedicaba un despliegue insólito a un personaje que aparentemente no tiene nada que ver con lo que se vende entre esas páginas: Vandana Shiva. No era un perfil, tampoco un reportaje, parecía la obsesión de uno de los periodistas fijos del staff, Michael Specter (ex The New York Times y The Washington Post), por seguir los pasos de quien presentaba -palabras más, palabras menos- como la ambientalista hindú líder de una minúscula pero ruidosa oposición a los organismos genéticamente modificados, que avanza en ese país en detrimento del resto de la población. Alguien que urgía desenmascarar: por el hambre, la nutrición, la pobreza, la sustentabilidad; por lo que sostiene a la biotecnología entre nosotros hace añares: promesas que suenan al cielo.
Specter anduvo por India, visitó algunos productores, la filial Monsanto de por allá y descubrió lo que tantos viajeros que después reportan en Trip Advisor: un país colorido y especiado donde se ven cosas rarísimas como gente hablando por celular arriba de elefantes. Un país con pensamiento mágico. Un país de donde sale alguien como Shiva: una cortina de humo, una excentricidad for export enfundada en saris.
Es raro leer notas escritas con esa, llamémosla, animosidad en una publicación que se jacta de ser de lo más intelectual, y de preservar una mirada decididamente urbana. Sin embargo ahí estaba: páginas y páginas: “Shiva lleva un mensaje que ha perfeccionado por tres décadas: la ingeniería, el patentamiento, y la transformación de las semillas hacia un paquete de propiedad intelectual, ha llevado a compañías multinacionales como Monsanto, asistidos por el Banco Mundial, el gobierno de Estados Unidos y filántropos como Bill y Melinda Gates, a imponer un totalitarismo alimentario. Ella describe la lucha contra la agricultura con biotecnología como una guerra global de pequeños campesinos que dependen de lo que producen para sobrevivir contra un grupo de compañías gigantes”. Y nada de esto es verdad.
Por supuesto esta última línea no era así de clara, Specter se ocupó de no decirlo tan directamente, sino de llevar al lector a esta conclusión: son personas como Shiva las que no dejan avanzar a la ciencia cuando estamos en tiempo de descuento frente a un problemón, “vamos a tener dos Indias más en 2050, ¿cuál es la salida?”.
Semillas de duda, tituló el artículo. Y la editorial lo largó a la calle esperando que hiciera lo que hasta ahora no habían logrado. Porque ese año el grupo que publica The New Yorker -Conde Nast- había firmado un acuerdo con Monsanto para trabajar en distintas piezas sobre el futuro de la comida y la importancia de los transgénicos. Pero no venía siendo fácil: los periodistas estrellas especializados en alimentación no quisieron participar y las notas tradicionales dedicadas a la ciencia ya no surtían efecto.
Vandana Shiva era un blanco difícil. No sólo porque desde comienzos de los 90, se mantiene imperturbable en las listas de personas más influyentes de Times, Fortune, The Guardian. Tampoco porque en su país logró frena proyectos mineros, forestales, a Coca Cola, y a Monsanto (mucho gracias a que ella existe, India no permite la producción de alimentos transgénicos, sólo de algodón). Menos porque al hambre y malnutrición que les legaron años de colonialismo y tratados de libre comercio, responde con organización humana, bancos de semillas, tierras compartidas. Lo que realmente molesta de Shiva es que puede, si quiere, hablar su mismo idioma y quebrar el discurso desde adentro.
vandana

La no carrera de Vandana

Vandana Shiva es una filósofa aguda, escritora de un estante completo de libros, activista con más de un triunfo, pero antes que eso, se graduó como física, hizo una especialización en la teoría cuántica y dedico un tiempo a investigar. Es científica. Y como científica asegura que la ciencia occidental, reduccionista, rentada es lo más anticientífico que existe: “Estos científicos representan al 5 por ciento de la ciencia y, sin embargo, bloquean al mundo y sus carreras en un desarrollo como la biotecnología y la transgénesis, obturando otras posibilidades, algo que derrumba la idea misma de ciencia que tiene que estar abierta a nuevos paradigmas”, dijo Shiva más de una vez y del otro lado algo se escuchó romperse.
Specter hizo una nota larguísima, que incluyó miles de kilómetros, para poner a Shiva en potencial: nada era demasiado cierto. Ni sus títulos, ni sus investigación, ni la India que representaba. Shiva recibió la revista e hizo una larga respuesta punto por punto que concluyó: “El artículo es una señal de que la indignación mundial contra el control de las semillas y la alimentación está haciendo estragos en el mundo de la biotecnología. Creen que las calumnias van a destruir mi carrera. Lo que no entienden es que conscientemente di por terminada una «carrera» en 1982. La cambié por una vida de servicio. El espíritu de servicio inspirado en la verdad, la conciencia y la compasión no puede ser detenido por amenazas o ataques. Para mí, la ciencia siempre ha estado a punto de servicio, no la servidumbre”.
Así si algo hizo la nota del New Yorker fue prender la luz sobre la campaña multimillonaria con que Monsanto quería limpiar su imagen, y señalar quien era hoy su principal enemiga: esta mujer lúcida, de sonrisa luminosa, que transmite mensajes de paz mientras expone una a una las fallas del sistema. Una mujer con un trabajo de casi 40 años que encuentra eco en cada pueblo que se une a defender sus recursos, sus culturas, sus semillas. De la India a la China, Centro América, Brasil y ahora, Argentina.

Biografía de una científica diferente

Vandana Shiva nació en el valle de Doon, en el Himalaya rodeada de montañas aire, niebla, nubes, sol, agua y árboles de un verde furiosamente vivo. Sus padres eran parte del movimiento independentista, y ella hizo un esfuerzo descomunal para estudiar: contra la falta de dinero, su sexo que la condenaba, una idea de mundo que se imponía con fuerza bruta. Eligió física, y de la física esa teoría que cuestiona la composición de la materia para estudiar la interconexión en lo invisible que tiene todo lo que existe. Dice que lo hizo para entender como trabaja el mundo, con nosotros como parte de una red de animales, bacterias, volcanes, océanos. Y que en eso andaba, en Canadá, en los 70 cuando se enteró que el paisaje que la había formado estaba empezando a desaparecer, a desintegrarse, a caer como parte de una India que se entregaba de lleno y sin saber a un capitalismo corporativo que llegaría para quitar las flores de los altares y reemplazarlas por galletitas. Shiva supo que la única línea de defensa que se había armado eran campesinas que cuando sintieron el ruido de los troncos, las hojas, los pájaros, los insectos, estrellados contra el suelo se abrazaron al bosque que quedaba en pie inaugurando una de esas hermosas protestas de paz que son más poderosas que toda la violencia desatada. Si querían matar la vida que lo hicieran sin eufemismos: mostrando sangre, masacrando cuerpos, escuchando los gritos. La llamaron Chipko, duró años y Vandana volvió a India cada verano, aprovechando su tiempo libre, para sumársele como voluntaria. “No fue el posgrado, no fue el máster, fueron esas mujeres entre esos árboles las que me enseñaron todo lo que sé”, dice cada vez que puede.

Hambre y control

A esa primera batalla le siguió una inclaudicable por mostrar las grietas de la Revolución Verde que terminaron abriendo en su país un precipicio de miseria del que millones de agricultores no salieron más. Porque si bien era cierto que las plantas logradas por Norman Borlaug en laboratorio eran superproductivas, no estaban ahí para alimentar sino para exportar, especular, hacer todo eso que se hace con los commodities. En adelante, la fórmula que pretende dar de comer al mundo resultó siempre una desgracia. Sobre todo para los campesinos que venían de padecer la colonia, el despojo de sus tierras, el acorralamiento hacia la marginalidad. La solución al hambre pensada como más comida y mejores negocios a su alrededor tenía un cúmulo de dificultades: tener que comprar semillas y tener que hacerlo año tras año porque las híbridas no duraban. Precisar grandes extensiones cuando los campesinos tenían territorios más bien breves. Adquirir costosas máquinas, toneladas de fertilizantes y venenos que venían en el combo, para contener un ecosistema que no dejaba de buscar el equilibrio perdido mientras los insectos se hacían plagas; las hierbas, malezas; los suelos, un castigo; la vida, un infierno todavía más tóxico y más pobre. Punjab, la capital de la Revolución Verde recibía los 80 con 30 mil asesinatos. Bhopal hizo lo que faltaba: el escape de isocianato de metilo de una fábrica de plaguicidas norteamericana (Union Caribe, luego adquirida por Dow Chemical) en la que al menos 20 mil personas murieron, 600 mil quedaron intoxicadas y un territorio importante quedó desvastado e inhabitable mostró que “se trataba de un modelo productivo basado en la guerra”. Vandana Shiva escribió eso mismo en un libro que tituló: La violencia de la Revolución Verde, desafiando el discurso cerrado de producción-igual-seguridad-alimentaria que había terminado con Bourlang con el nobel de la Paz.
Con esa publicación, Shiva empezó a entrar a lugares que ni sabía que existían: reuniones de biotecnología, por ejemplo, donde se daban cita los científicos de las corporaciones más importantes. Terminaban los 80 y todo lo que anunciaban parecía un poco ciencia ficción: el plan era pasar de la hibridación a la transgénesis y de ahí al patentamiento. Le resultó ambicioso, mesiánico, pero no descabellado: “Si controlás el mercado de armas, controlás las guerras. Si controlás la comida, controlás la sociedad. Pero si controlás las semillas, controlás la vida en la tierra”.

Vandana feminista: la ciencia patriarcal

“Lo que llamamos ciencia es un proyecto estrecho y patriarcal para un corto momento de la historia. Erigimos una ciencia reduccionista y maquinal. Una ciencia basada en la dominación de la naturaleza. Es el conocimiento generado para la explotación el que fue tomado como conocimiento científico”, dice Vandana Shiva.
La cara más grotesca de esa ideología se vivió en India en 2005. Y no fue en torno a un alimento sino a un árbol no comestible llamado neem, que los pequeños agricultores e indígenas de su país usan hace miles de años para repeler insectos y hongos. Usos que el mundo occidental tomó siempre por supersticiones. Hasta que un grupo de investigadores de eso que andaban como andan buscando cosas nuevas que inventar en la naturaleza, comprobó que no. O que sí: que los hindúes estaban en lo correcto: que el neem era una especie de súper planta que servía para muchas cosas, como hacer biorepelentes por ejemplo. Y entonces comenzó lo que comienza con esos descubrimientos: una carrera corporativa por patentar el hallazgo. Diez años duró la lucha porque el neem siguiera siendo lo que fue siempre: un árbol sin copyright. Y ganarla fue el puntapié para darles fuerza a mucho de lo que iba a venir después: pelear contra Coca Cola y la privatización del agua, y contra el avance del algodón BT y las leyes de Monsanto, que elevaron los costos de producción en más de un 8 mil por ciento, asfixiando pequeños productores hasta el suicidio: 270 mil productores al menos.
“Las guerras son de todos los días”, empezó a ver Vandana. A comunicar. A denunciar. A combatir. “A donde mires, al rincón del planta que quieras ahora mismo vas a ver eso: una guerra por la apropiación de lo que es de todos, por el control.”
Así mientras Burlang dio con las semillas que dieron inicio al agronegocio (que se coronaría finalmente en los 90 con la llegada de los cultivos transgénicos), Vandana Shiva encontró con claridad por dónde había que cortar la cabeza de esta medusa que nos gobierna: hay que crear un nuevo paradigma basado en la construcción de saberes regidos, justamente, por una visión más científica del mundo, no estrecha, irreflexiva y limitada como la que sale de la necesidad de aumentar ganancias; sino curiosa, interdisciplinaria, altruista, como la que condujo a la ciencia antes de esta tremenda modernidad.

En Movimiento

Navdanya. Así se llama el movimiento creado por Vandana Shiva en India a fines de los 80 que transformó a las semillas libres en la punta de lanza de este urgente cambio de paradigma: por la ciencia digna y contra el cambio climático, la inseguridad y falta de soberanía alimentaria, la mercantilización de los bienes comunes; pero también, contra los efectos menos evidentes del sistema: la violencia, la criminalidad, la falta de empatía. Contra un sistema patriarcal que en su país detona una violación cada 20 minutos. Hoy Navdanya son 122 casas de semillas en 18 provincias con 750 mil campesinos que comparten y custodian ese patrimonio. Y por encima de eso es un movimiento por la democracia planetaria y el empoderamiento femenino donde se cultivan saberes, empatía y compasión. También es una universidad, La Universidad de la tierra. Y es un espacio permanente de trabajo y estudio en granjas, donde periódicamente se realizan informes y estudios con la idea de que las campesinas son científicos en cuanto a investigadoras y creadoras de saber. Ecofeminismo lo bautizó: porque sobre todo se trata de mujeres (“las semillas han sido seleccionadas por las mujeres generación tras generación, durante miles de años. Son las mujeres las que ocupan del 50 al 80 por ciento de la producción según el país. Y son ellas las que están en peligro: las parteras de la agricultura”, dice) trabajando por la agroecología, demostrando que la tierra cultivada a pequeña escala con respeto y entendimiento alimenta, estabiliza el medioambiente, y acerca a las personas. Lo contrario a lo que produce la agricultura industrial globalizada. “El sistema se funda en mentalidad patriarcal capitalista que ha agravado la violencia. Vivimos en un orden de guerra contra la tierra, contra el cuerpo de la mujer, contra las economías locales y contra la democracia. Y creo que tenemos que ver las conexiones entre todas estas formas de violencia. Todo está conectado. Es una sola pieza”.
Vandana Shiva está lejos de ser cándida, inocente, romántica. Ve con ojos bien abiertos todo, principalmente el daño. El pasado, el presente y el que se anuncia como potencial apocalipsis ahora nomás. Pero entiende que estamos buscando las soluciones en el lugar equivocado hace casi 100 años y que llegó el momento de sembrar algo distinto, algo mejor y más inteligente. “El monocultivo daña la mente: parte del problema al que nos enfrentamos en el mundo es que hay demasiadas soluciones individuales y globalizadas, ofrecidas sin cuidado. Tenemos que hacer que crezcan múltiples soluciones, porque la única solución que proponen los que tienen el poder, es una solución sin vida. En manos del paradigma que nos gobierna no hay futuro para la humanidad”, dice. “Creo que es hora de reconocer que hay millones de soluciones; hay tantas soluciones como personas. Y cada persona creativa, con desatar su empatía, puede trabajar por respetar los derechos de la Madre Tierra, los derechos de la humanidad, nuestra humanidad común, la igualdad entre hombres y mujeres, blancos y negros, jóvenes y viejos”. Un mundo que garantice, nada menos, la vida en la tierra, algo que hoy, así como van las cosas, todavía está por verse.

#NiUnaMás

Hoy es el día para luchar contra las violencias, y mañana también

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Este informe del Observatorio Lucía Pérez dimensiona la cartografía de la violencia patriarcal, con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla. Los pies en la calle contra las violencias. Y lo que hay que cuidar: la vida. 

300 femicidios y travesticidios: uno cada 26 horas
339 marchas para exigir justicia: una por día
211 infancias huérfanas: no hay forma de dimensionar lo que esto significa.
En los padrones públicos y de libre acceso de nuestro Observatorio podés encontrar toda la información que hay detrás de estos números. Está actualizada diariamente e incluye hasta la fuente de donde surgen los datos, que permanentemente chequeamos y renovamos caso por caso. En total, el padrón de femicidios y travesticidios ya suma 4.177.
También llevamos padrones públicos de tentativas de femicidios, desaparecidas, violaciones, denuncias registradas por provincia y funcionarios denunciados por violencia de género.
Día a día y desde hace más de una década bordamos así esta cartografía de la violencia patriarcal con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla.
Periódicamente junto a las familias víctimas de estas violencia analizamos lo que esta información representa hasta descubrir algunas claves. Por ejemplo, aprendimos a diferenciar los femicidios y travesticidios generados por las violencias parentales de aquellos generados por la impunidad territorial, donde el dominio narco genera las condiciones necesarias para arrasar con la vida de mujeres y trans. El ejemplo más cruel es Rosario, que este año ya suma 50 mujeres asesinadas por una violencia territorial que cuenta con la necesaria complicidad de policías y servicios penitenciarios, es decir el Estado. Obtener justicia en estas condiciones es algo negado de por sí y precisamente por ello, lo que alienta la continuidad de estos crímenes.
La forma de construir justicia, entonces, sigue siendo la que nos legaron Madres y Abuelas: con los pies en la calle. Los datos son claros: este año hubo una marcha por día gritando “Ni una más”.
Lo que representan estas movilizaciones que sacuden las periferias en todo el país no es fácil percibirlo desde la centralidad porteña, capturada por la parálisis y el vaciamiento que los kioscos de género ejercen sobre el movimiento para contenerlo y disciplinarlo. Advertimos entonces: cuidado con “los cuidados”. Con esa etiqueta se vienen ahora los recursos, los discursos y los programas que pretenden catalizar las energías sociales hacia tareas de reparación de lo que precisamente el sistema enferma y rompe.
Nosotras no vamos a cuidar este sistema.
Nosotras no vamos a sanarlo, ni a alimentarlo ni a criarlo.
Nosotras vamos a sacudirlo hasta que caiga.
Y lo vamos a hacer bailando, gritando y conspirando el 25 de noviembre, día internacional de lucha contra la violencia patriarcal, y también al día siguiente, y al siguiente, y más.
Nosotras nos organizamos y reunimos para cuidar lo que hoy está en riesgo: la vida.

Los padrones públicos y de libre acceso se pueden ver en www.observatorioluciaperez.org

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#NiUnaMás

Violencia e impunidad: el círculo que denuncian las familias víctimas de femicidios

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Familiares víctimas de femicidios, transfemicidios y desapariciones de todo el país realizaron colectivamente la declaración que compartimos de manera completa en esta nota. Lo que denuncian: «El círculo de la violencia no termina cuando ocurre el femicidio». La vulneración constante del derecho de acceso a la justicia, las situaciones que se repiten en todos los territorios y un llamado a todas las familias de víctimas y sobrevivientes a organizarse  para desarmar la impunidad que garantiza que la violencia siga existiendo. 

Noviembre 2022
Argentina

Declaración de la Asamblea nacional de familias víctimas de femicidios y desapariciones

¡¡No hay justicia porque no tenemos garantizado el derecho de acceso a la justicia!!

Los familiares víctimas de femicidios, transfemicidios, desapariciones hoy denunciamos de cara el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, la situación terrible que vivimos. El circulo de la violencia no termina cuando ocurre el femicidio. La misma Justicia, las fuerzas policiales y el Estado, que no toman denuncias, o que si lo hacen no garantizan el resguardo de quienes denuncian, continúan violentando a las familias que luchan por justicia. A lo largo y ancho del país los relatos se repiten una y otra vez. La enorme mayoría de los procesos judiciales se encuentran para las víctimas en su más completa impunidad. Los femicidas, abusadores y violentos de nuestras hijas, hermanas, sobrinas, madres siguen en libertad. Soportamos un gran dolor de tener que perder a nuestros seres queridos y tenemos que investigar nosotros, presentar pruebas, golpear puertas, exponernos ante violentos y mafiosos porque sea cual sea la fiscalía de turno, nada hacen. En desapariciones y asesinatos relacionados con las distintas mafias de los territorios, la impunidad es todavía peor. Sabemos perfectamente que son cómplices y beneficiarios de los negocios ilegales. Es repetitivo en cada una de estás causas la falta de acceso a la justicia, la impunidad y el accionar del poder judicial. No sólo no investigan, sino que además intentan ensuciar la memoria de nuestras hijas, responsabilizando a ellas y a sus familias de haberse buscado su destino. En varios momentos, tenemos que soportar que los propios jueces nos denuncien a nosotros de violentos por ir a exigir explicaciones y pedir justicia, y hasta nos han reprimido con la policía. En este tipo de causas las familias tenemos que sacar de nuestros bolsillos y movernos para conseguir por ejemplo peritos de parte, ya que los peritos del poder judicial fallan a favor de los femicidas y abusadores garantizando la impunidad. Los costos elevados de las tasas al llegar a instancia de Corte Suprema también nos imposibilita acceder a la justicia. Cómo siempre tenemos que hacerles recordar a través de escritos al poder judicial nuestra ley de víctimas, donde casi siempre es denegada y violentando nuevamente nuestros derechos, haciéndonos imposible hacer justicia por nuestras hijas. Somos familias trabajadoras, de barrios humildes, que tenemos salarios por debajo de la canasta familiar, por lo que dejamos de comer cuando tenemos que solventar todos estos costos ¿Sabe la población que para acceder a un juicio en la Corte Suprema hay que pagar $300.000?

Las leyes, como la Ley de Víctimas o la Ley Micaela, son solo cuadros de decoración en las oficinas de las instituciones gubernamentales. Incluso en los distintos ministerios y secretarías de mujeres, que no dan salida alguna a los reclamos que elevamos. Cada vez que trabajan en un expediente, no tienen en cuenta que allí no hay solo papeles, que hay una vida que arrebataron de la peor manera, violentamente, pasando por las peores vejaciones y que detrás estamos las familias que sólo quieren verdad y justicia.

Ponemos en alerta a todas las familias de este país porque la violencia contra mujeres y niñas no va a frenar mientras siga existiendo este régimen de impunidad. Si te matan o desapareces y no pasa nada, nadie va preso, a nadie investigan, nadie te busca. Y si se sale a reclamar, el poder judicial vuelve a violentarnos, una y otra vez, la violencia contra nuestras víctimas nunca frena.

Es por esto que llamamos a todas las familias de víctimas y sobrevivientes a organizarse. No existe ninguna otra forma de conseguir justicia por nuestras víctimas sino es luchando. La Justicia nos invisibiliza para que no se sepa la terrible situación que se está viviendo, por eso convocamos a una gran jornada de lucha para este 25 de noviembre. Necesitamos que todas las personas, personalidades y organizaciones nos ayuden a visibilizar lo que está pasando con las causas. En todo el país tenemos que levantarnos y realizar una acción común, organizando y visibilizando nuestra situación en todas las provincias, donde nuestros reclamos estén en las primeras líneas. Queremos tomar la palabra para contar lo que pasa porque tenemos una agenda urgente. No solo de instancias judiciales cercanas muy importantes, sino que hay compañeras desaparecidas en este mismo momento que tenemos que encontrar ya.

Saludamos al gran movimiento de mujeres que nos ha dado el único respaldo que hemos tenido. Las familias nos hemos puesto de pie y no vamos a aceptar más impunidad. Convocamos a que demos esta lucha en unidad, con toda la fuerza.

Asamblea nacional de familias víctimas de femicidios y desapariciones

Silvana Capello, mamá de Agustina Fernandez, asesinada el 2/7/2022 en Cipolletti, Rio Negro, en un supuesto robo. El único testigo, supuesto amigo, la dejó tirada, aún no hay nadie detenido. Ella viajó desde La Pampa a Cipolletti a estudiar medicina por un futuro y me la devolvieron en un cajón.

Jose, papá de Alejandra Nahir Álvarez, asesinada el 10/10/2020 en Jujuy. Tenía 17 años y un bebé de 6 meses.

Oscar, papá de Barbara Zabala, asesinada el 6/12/2019, el día que cumplía 20 años en Pehuajó, Buenos Aires. El femicida, Brian David Dirassar, fue condenado a prisión perpetua.

Matilde Peñalva, mamá de Camila Peñalva, asesinada el 5/3/2020 en Jujuy. Fue envenenada con plaguicida por su ex pareja. Está detenido y esperamos prisión perpetua. Hay fecha de juicio oral para febrero y marzo del 2023.

Victor Catan, hermano de Micaela Catan, asesinada quemada el 6/4/2020 por su concubino Patricio Orellana en Santiago del Estero. El transfemicida fue demorado por 20 minutos, cuando sucedió el hecho hizo abandono de persona, pido orden de detención para Orellana.

Susana Basaldua, mamá de Cecilia Gisela Basaldua, desaparecida el 5/4/2020. Su cuerpo fue encontrado el 25/4/2020, en Capilla del Monte, Córdoba. En el juicio se acusó a una persona sin pruebas, el jurado lo absolvió. La familia pide un nuevo juicio que investigue a los verdaderos responsables.

Analía, mamá de Camila Flores, asesinada el 11/12/2020. Su asesino sigue libre. Pedimos que la justicia de Santa Fe actúe y dejen de cubrir asesinos, y que el gobierno nos de apoyo porque estamos a 1000 kilómetros del lugar del femicidio y no contamos con los medios para tener un abogado que nos ayude y logre hacer justicia para nuestra hija. Que no quede en suicidio porque a Camila la mataron, ella no se mato, ella quería volver a su casa.

Marta, mamá de Lucía Pérez, asesinada el 8/10/2016 en Mar del Plata, Buenos Aires por Matías Farías y Juan Pablo Offidani. En el juicio fueron condenados por venta de droga y no por femicidio. Se logró la anulación de ese juicio y se impulsó un jury a los jueces que pretendieron consagrar la impunidad. El nuevo juicio comenzará el 7 de febrero de 2022.

Fabiana Morón, mamá de Julieta del Pino, asesinada por Cristian Romero el 25/7/2020 en Berabevú, Santa Fe. Fue golpeada, estrangulada hasta matarla, arrastrada y enterrada en un pozo en el patio de su casa con cal, tierra, losa de cemento y un tanque de agua arriba. Luego a la mañana se fue a trabajar con el hermano de Julieta como si nada, mientras toda mi familia la buscaba. El asesino fue condenado a prisión perpetua.

Noemi, mamá de Lia Vasquez, asesinada el 13/11/2020 en Puerto Madryn, Chubut. Tenía 14 años. Se espera la fecha de juicio para Gabriel Orellana, de 22 años.

Fany Roman, mamá de Valeria López, desaparecida desde el 26/1/2020 en Virreyes, Buenos Aires. En el momento de su desaparición tenía 40 años y dos hijos varones de 17 y 23 años. La causa se caratuló como “averiguación de paradero”, su familia exige que se cambie a“desaparición forzada”.

Marisa y Facundo, mamá y papá de Luna Ortiz, asesinada el 3/6/17 en Tigre, Buenos Aires. El único detenido fue liberado en mayo de 2022. Su familia aun sigue en busca de justicia por que se reconozca el femicidio.

Esperanza Valdivieso, madre de Yesica Valdivieso, asesinada el 5/1/2021 en Mayor Buratovich, Buenos Aires. El femicida Juan Torrejón Huallpa fue condenado a prisión perpetua.

Graciela Altamirano, tía de Viviana Altamirano, desaparecida desde el 28/4/2004 en Tigre, Buenos Aires. El sospechoso, 16 años después, en 2020, asesinó a su esposa y se suicidó.

Lisette Fernandez, hermana de Mica e hija de Nancy Fernandez, asesinadas en 2013 y 2014, en Tigre, Buenos Aires. El femicida está preso, pero solamente por narcotráfico.

Monica, mamá de Iara Rueda, desaparecida el 24/9/2020, luego de que un compañero del colegio la citara para entregarle unos materiales y la tarea. La familia salió a buscarla desde un primer momento mientras la policía ponía excusas y no la buscaba. Los rastrillajes llegaron recién después de una pueblada en Palpalá, Jujuy. Su cuerpo fue encontrado el 28/9/2020 en un lugar donde los vecinos habían rastrillado días antes, luego de un llamativo apagón en todo el pueblo. Por su femicidio se encuentran detenidos Raúl Arnaldo Cachizumba y Mauricio Esteban Abad, y hay involucrado un menor de 17 años. La familia realizó a su vez una denuncia a funcionarios por incumplimiento de deberes.

Roxana y Alfredo, mamá y papá de Carla Barrera Soggiu. Tenía 28 años, 2 hijos en ese momento de 2 y 4 años. Murió el 15/01/19, la encontraron en el Riachuelo, en CABA, cuatro días después. Sufrió violencia de género por parte de su marido Sergio Nicolas Fuentes, condenado a 6 años por golpearla, violarla, atarla y privarla de su libertad. Carla tenía hidrocefalia, tenía una válvula en su cabeza donde fue salvajemente golpeada. Por considerar la situación de alto riesgo le dieron un botón antipánico que activó en varias oportunidades y no la encontraron porque el GPS no funcionaba, no la localizaba. El Estado también es responsable.

Blanca Osan, mamá de Agustina Fredes, quien murió en Mar del Plata, Buenos Aires, el 23/4/2017, meses después de ser violada y torturada física y psicológicamente por su ex pareja. cuando tenía 18 años. Agustina estaba embarazada como consecuencia de estas violaciones. Le realizaron una cesárea donde le extrajeron el bebé, también el vaciamiento de su útero y ovarios. El 23/04/2017, su familia la llevó desvanecida al hospital Materno Infantil de Mar del Plata, pero luego fue trasladada al H.I.G.A. Allí, les informan que por la demora del traslado y la falta de oxígeno Agustina tenía muerte cerebral. El informe de las autoridades establece que Agustina falleció por embarazo ectópico. Cuando la familia pidió que se realizara una autopsia, les fue negada. El jefe policial que estaba encargado de la investigación de su muerte es familiar de Acevedo, su violador. Por las denuncias que Agustina había realizado, Matías José Acevedo fue llevado a juicio y condenado a 15 años de prisión por abuso sexual con acceso carnal en un contexto de violencia de género. Su familia denuncia que fue femicidio.

Mariela Tacacho, mamá de Paola Tacacho, asesinada el 30/10/2020 por Mauricio Parada, en Tucumán, luego de haber hecho 15 denuncias en su contra entre 2015 y 2020. La última fue en mayo del mismo año que la asesinó.El femicida la apuñaló y se suicidó. Por su actuación en las denuncias que había hecho se destituyó al juez Juan Francisco Pisa considerando que incumplió con los deberes a su cargo.

Ana, tía de Priscila Martinez, desaparecida el 23/02/2020, había sido llevada de manera engañosa por su tío Ruben Oscar Navarro. Desde ese momento la policía no quiso actuar, no querían tomar la denuncia porque garantizaban que ella volvería. Ese mismo día Priscila estaba muerta, violada, golpeada. La familia y vecinos empezamos a hacer la búsqueda por nuestros propios medios. Fue encontrada debajo de la cama del asesino el 15/04/2020 en Santiago del Estero. Tenía 15 años. Ahora esperamos el juicio.

Leticia Escobar, mamá de Gisela Grispi, asesinada en 23/11/2020 en Colón, Entre Ríos. El femicida Heraldo Martiarena fue condenado a prisión perpetua.

Erica Rojas, mamá de Andrea Rojas, víctima de una violación en grupo de hijos del poder en Burruyacú, Tucumán. Los familiares de los acusados no dejan de hostigar y amenazar a la denunciante y su círculo íntimo.

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Hebe en la plaza: jueves de ceniza

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Cinco de las seis integrantes vivas de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, con sus pañuelos blancos, inclinadas hacia el césped y cubiertas por paraguas que oficiaban como sombrillas ante los 31º de calor, enterraron este jueves las cenizas de Hebe de Bonafini junto a la Pirámide de Mayo en su cara norte, la que exhibe el Escudo Nacional.

Mujeres cuyos nombres casi no se conocen fuera de la Asociación: Visitación de Loyola, Josefa de Fiore, Irene de Chueque (de la filial Tucumán), Sara Mrad y Carmen Arias. No pudo llegar, desde Mendoza, María Domínguez.

Alrededor del enrejado había una multitud tal vez inesperada que ocupó abigarradamente gran parte del lugar. Su canto recurrente fue el histórico: “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”. Revoloteando cerca de la pirámide como moscardones con hélices había al menos unos ocho drones tomando imágenes del entierro de las cenizas de Hebe.

Luego las Madres (dos de ellas en silla de ruedas) fueron llevadas en una camioneta hacia un costado, se bajaron, e iniciaron la ronda número 2.328, esta vez no alrededor de la Pirámide como cada jueves a las 15.30 sino de toda la Plaza.

Con tanta cantidad de gente la movida no fue muy organizada. Alguien diagnosticó, con cara de saber: “Mucho inorgánico, no tienen experiencia”.

Esa “falta de experiencia” se reflejaba en las lágrimas. En gritos como “gracias Hebe”. En gente muy humilde mezclándose con funcionarios y militantes, o refrescándose en las fuentes, según un linaje que proviene de ciertos octubres. Se percibía también en las miradas de asombro ante lo que ocurría alrededor. La inorganicidad fue justamente una de las cosas más emocionantes de esta marcha que no fue la fiesta que Hebe había propuesto: “El día que yo me muera no tienen que llorar, tienen que bailar, tienen que cantar, hacer una fiesta en la plaza». Tal vez quede para más adelante.

Sobre las rejas había carteles escritos a mano como “Gracias Hebe” y “Amor con amor se paga”. Otra canción histórica: “Olé olá, como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”. En un segundo círculo alrededor de la Pirámide se veían las banderas de sindicatos y organizaciones sociales que acompañaron el acto.

Las Madres hablaron luego, muy brevemente, agradeciendo a Hebe por todo lo hecho.

Carmen contó: «Una vez le dije: ‘yo no soy Hebe’, y ella me contestó: ‘claro, vos tenés que ser Carmen'». Visitación (la mayor del grupo, 98 años) dijo: «Hebe me jugó sucio. Yo era la que tenía que irme primero. Pero bueno, los quiero mucho» dijo a la multitud.

Del otro lado de la plaza había otra Madre, de la Línea Fundadora, Nora Cortiñas. Ambas partes de Madres (la Asociación y Línea Fundadora) quedaron acérrimamente separadas desde fines de los 80. Nora, emblema histórico de la causa de los derechos humanos pasados y presentes, fue la única integrante de Línea Fundadora este jueves, y leyó como siempre los nombres de varios de los desaparecidos recibiendo la clásica respuesta, «Presente», antes de retirarse.

El lugar (donde se ve la sombra) en el que se enterraron las cenizas de Hebe de Bonafini. Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

¿A dónde habrá ido Hebe?

Las cenizas –que quedaron bajo el césped junto a un rosario que le regaló el Papa Francisco– desenterraron un recuerdo de una charla de Hebe con lavaca. Era 2008. Su mirada era más clara y penetrante que nunca porque poco antes había dejado de usar lentes tras una operación de cataratas. Estábamos en su oficina, adelantó la cabeza sobre el escritorio como para contar un secreto y dijo:

–No le tengo miedo a la muerte porque ya hice todo lo que quise en mi vida. Me pasó de todo, pude putear, insultar y abrir la boca para cualquier cosa. Me pegan, y más fuerte pego.

En otra ocasión, como estaba haciendo sus programas en Radio de las Madres, explicó:

–Si un día de estos me voy, capaz que consigo algún mecanismo para hacer el programa desde arriba. O desde abajo, andá a saber a dónde me mandarán.

Después de decir esas cosas había dos reacciones de Hebe: una sonrisa entre inocente y cómplice, o una risotada sísmica.

Los que crean en asuntos del más allá soñarán con que Hebe de Bonafini haga su programa o cualquier otra cosa desde algún paraíso (de hecho allí la imaginaron los Curas en opción por los pobres al hablar durante el acto en la Plaza). En la grieta, habrá quienes crean que Hebe solo se merece hospedaje en los sótanos infernales, mientras ella se reía con esas cosas.

Como cunden toda clase de biografías, aquí van solo algunos apuntes a partir de las notas, entrevistas y experiencias de lavaca con ella, que tal vez brinden ciertas perspectivas y pistas sobre su forma de actuar, o que tal vez sean apenas un humilde e inorgánico intento de despedida.

La fuente de la Plaza de Mayo. Jueves 24 de noviembre, con el linaje de antiguos octubres. Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.

La oficina en la plaza

Hebe invitó a lavaca, también en 2008, a la primera visita que las Madres hicieron al Liceo Naval de la Ex Esma, que les fue cedido por el Estado. “Ahora estamos acá, y vamos a llenar esto de vida. No vamos a poner un museo. Para museo estamos nosotras que somo viejas. Acá vamos a poner un centro cultural para que haya creación vida (así nacía el Espacio Cultural Nuestros Hijos-ECuNHi). Pero llegamos a esto por más de 30 años de lucha en la calle. Ése es el verdadero lugar”.

¿Por qué la calle es el verdadero lugar? “Porque la calle te iguala, es lo más liberador. La calle, la plaza, hacer las cosas públicas”.

Brindó entonces lo que puede tomarse como una explicación de por qué se crearon las Madres como organización autónoma en 1977, en lugar de incorporarse a organismos ya existentes:

“Nosotras íbamos a los organismos de derechos humanos, y había que esperar que te atendieran. Te atendían, y había un escritorio en el medio. En la plaza no había que esperar a nadie: te tomabas de los brazos y empezabas a caminar. O hablabas. O pensábamos juntas qué hacer, y lo hacíamos. Empezó lo colectivo. Era el único lugar donde nos sentíamos iguales, y libres. Allí pudimos comunicarnos con la gente, pudimos denunciar”.

No hubieran podido alquilar una oficina, ni pensaron en hacerlo. La oficina era la plaza, y al proponerle esa imagen, ella dijo: “En la plaza no hay puerta para entrar ni para salir, como hay en las oficinas, en los comités y en los juzgados. En la plaza no hay timbre para tocar. Y el techo es el cielo: no tenés techo. Todo lo que ponés es tu cuerpo. Para mí en la calle se decide la lucha, se decide la libertad, se decide la justicia. Ningún pueblo se libera yendo a las oficinas ni a los tribunales”.

¿La calle es el lugar de la democracia?

Respuesta en modo Hebe: “¿De qué democracia hablamos? Yo me hago buches con esa palabra. Si hablamos de democracia participativa, de que la gente sea feliz, de que no haya ni un chico con hambre, entiendo. Pero mientras sea un sistema representativo, no es democracia. A mí no me representan tipos como Balestrini (Alberto, entonces diputado y dirigente del PJ bonaerense, ya fallecido), ni los que están en el Congreso, que sigue siendo una porquería”.

Las Madres en ronda alrededor de la Plaza . Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.


¿Por qué no los padres?

Aquella vez Hebe se declaró hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Su marido, Humberto Toto Bonafini era mecánico y llegó a jugar de wing izquierdo en la tercera división de ese club. “Muy gambeteador. Yo lavaba las camisetas, y él me ayudaba con los chicos, y lavaba los pañales”. Los  pañales blancos de tela, cuando no existían los descartables, serían luego el primer símbolo que las Madres usaron para reconocerse en la calle, entre la multitud, en una movilización juvenil a Luján en octubre de 1977.

“Azucena (Villaflor de Devincenti) y Esther (Ballestrino de Careaga) no los querían usar, decían que parecíamos monjas, pero al final los pañuelos quedaron”. Se convirtieron en uno de los grandes símbolos de los derechos humanos en el siglo 20. Azucena había fundado Madres. Ella y Esther junto a Mary Ponce de Bianco fueron las tres madres desaparecidas en diciembre de 1977 en el operativo de la Iglesia de la Santa Cruz, que incluyó a las monjas francesas Alice Domon, Leonie Duquet y a siete familiares más, grupo infiltrado por el marino Alfredo Astiz que se hizo pasar por hermano de un desaparecido. (Muchos cuerpos sin identificación comenzaron a aparecer más tarde en las costas de San Clemente y Santa Teresita, y fueron enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle. En 2005 el Equipo de Antropología Forense determinó que uno de esos restos era de Azucena. Sus cenizas fueron enterradas también al pie de la Pirámide de Mayo).  

Al hablarme Hebe de su marido, le pregunté por el rol de los hombres, los padres: “Los padres tuvieron miedo, algunos acompañaron y otros no. Mi marido era un hombre que tenía mucho miedo. Encima recibíamos amenazas. Así que ellos quedaban como el resguardo de la familia sin intervenir. Pero yo no tenía miedo”.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

La mesa de luz y el miedo

¿Cómo fue el trayecto de Madres? Dos indicios según Hebe: “Primero, hay que tener ideas. Y aparte, romper las bolas. Y juntarse con otros. Lo más importante es ser creativas. Yo tengo un cuaderno en la mesa de luz. Me despierto si se me ocurre algo y lo anoto para que no se me escapen las ideas. Además, lo fundamental es que uno sea dueño de su propia forma de lucha, que le dé un carácter diferente y colectivo. Nosotras de la nada salimos a enfrentar a la dictadura. Creamos una nueva forma de política y de presentarnos ante la sociedad. ¿Qué había que hacer, llorar todo el tiempo? No, lo que más te fortalece es la denuncia. Y superar el miedo”.
Fácil de decir, pero ¿cómo se supera el miedo? “Las mujeres conocemos en carne propia otro miedo, el de parir. Es un miedo no por una misma, sino por el bebé, que te obliga a moverte, hacer fuerza, pujar. Esto fue lo mismo”.

“No pensás en vos, ni en quedarte quietita, pensás que tenés que hacer fuerza para que el bebé nazca y sea sano. Pero además, se llevan a tu hijo ¿Hay algo peor, más horrible? ¿A qué le vas a tener miedo? Así que nada: hay que seguir”.

Mostrando una foto en la que se la ve en 1982 en la calle, con una canasta de mimbre (y todavía con anteojos), acorralada por caballo y policía de la Montada, Hebe comentaba: “En la canasta llevaba el pañuelo, y una bombacha por si caía presa. También llevaba cepillo de dientes, calzoncillos y remeras por si encontraba a mis hijos, para que pudieran cambiarse de ropa. Éramos ingenuas, pero nunca dejamos de buscar”.

Pese a esa ingenuidad (o gracias a ella) se estaba creando una nueva forma de hacer política y hasta comunicación: se mantuvo viva la denuncia en plena dictadura, Mundial 78, Guerra de Malvinas, leyes de perdón, indultos y tantos etcéteras convirtiendo al país en un símbolo de la posibilidad de hacer justicia, pese a todo.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

La máquina de joder


A fines de los 80, queda dicho, las Madres se separaron. Asociación por un lado, Línea fundadora por otro.

En 2001 se instalaron en la plaza el 20 de diciembre cuando el gobierno de De la Rúa solo parecía reaccionar con represión y asesinatos a la crisis que él mismo había desatado. La represión a las Madres (que andaban trompeándose con los caballos de la policía y que fueron golpeadas con el entusiasmo que caracteriza a las autopercibidas «fuerzas del orden») es uno de los hechos que también simbolizaron el contenido real del gobierno -por así llamarlo- de la Alianza.

Ya en 2003 la Asociación (en cuyas marchas se cantaba La Internacional cada jueves) dio un viraje al oficialismo por primera vez en su historia, con Néstor Kirchner como presidente.

Hebe contaba a lavaca: “Me la pasé diciendo que Menem, Duhalde y Kirchner eran la misma mierda. Y después tuve que ir a decirle: «Señor presidente, me equivoqué, yo dije que usted es la misma mierda que los otros pero no: usted es totalmente distinto». Y se lo reconocí así, sinceramente. Las Madres somos muy libres para decir lo que pensamos”.

El oficialismo se extendió a Cristina pese a que Hebe había considerado al peronismo como fascista (mote que le había endilgado también a Kirchner). Pero decía en 2009: “Apoyamos a Cristina, que es una mina con mucha personalidad. Pero yo no soy peronista, ni kirchnerista ni nada de eso. Para mí el peronismo siempre fue el fascismo. Sabía que había peronistas de izquierda pero creía que los habían matado a todos. Ahora me parece que puedo apoyar un proyecto al que habrá que seguir exigiéndole. Yo no pido nada para mí. No fui a pedirle a Kirchner la radio. La puse. Y este lugar lo ocupamos hace nueve años peleando con todo el mundo. Hasta la calesita de Congreso se la arrancamos a Ibarra (Aníbal, ex intendente porteño). Primero hacemos, y después pedimos permiso. Mirá, a nuestros hijos los tiraron vivos al río, y no pudieron. Los quemaron y no pudieron. Los enterraron y no pudieron. Y no pudieron porque estamos nosotros y vamos a vencer”.
¿De qué modo? “Haciendo. Haciendo: yo me convertí en la máquina de joder”.


En 2003 fueron detenidos en General Mosconi, Salta, varios integrantes de la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD) formada por ex trabajadores del petróleo que estuvieron entre los primeros piqueteros del país y que además de defender el trabajo, fueron pioneros también en la defensa de la naturaleza y el ambiente amenazados ya entonces por las desforestaciones para ampliar los cultivos de soja transgénica. La situación carcelaria y los abusos policiales hacia los integrantes de la UTD eran desesperantes.

Hebe dijo: “Yo si querés hablo con el diablo. Vos conseguime el teléfono”. Habló efectivamente con el gobernador Carlos Juárez (y no se sabe si con alguien más dentro del oficialismo) y eso colaboró en la liberación de los presos de Mosconi. También recuerdo en los primeros días de 2006 su llamado: “Hay gente que me viene a ver, es terrible, nadie los escucha, nadie los recibe, te pido que hables con ellos”. Se refería a los familiares de las víctimas de Cromañón, el boliche incendiado el 30 de diciembre de 2005 con un saldo de 194 muertos y al menos 1.432 heridos. En esa tragedia, como en tantas del país, los oficialismos porteño y nacional fueron mucho más gambeteadores que Toto cuando jugaba al fútbol.

Hebe fue también pionera en el reconocimiento y el abrazo al universo trans, colaborando en abrir la posibilidad de la cooperativa textil Nadia Echazú, un modo de brindar trabajo a ese colectivo. O acompañó resistencias como la de la fábrica de cerámicos Zanon en Neuquén, viajando especialmente a la provincia para acompañar la ocupación de la fábrica que finalmente pudo volver a funcionar en manos de sus trabajadores.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.

Madres sin madres

¿Cómo imaginaba Hebe a la Asociación cuando ya no hubiera madres vivas? Respuesta de 2008: “La última madre que quede viva estará acá mirando lo que pasa. Y después… será de todos. Sergio (Shocklender) es el alma mater. ¿Sabés qué veo más complicado? Que sigan las rondas en la Plaza. Eso va a ser lo más difícil de conservar”. Tenía en su despacho en aquel momento fotos de Shocklender con su hijo Alejandro (“Mi hijo y mi nieto” dijo señalándolos) además de un busto del Che Guevara, pañuelo blanco y negro palestino, fotos de su hija Alejandra, de Hugo Chávez, Fidel Castro y Néstor Kirchner.

Confieso que la respuesta sobre Shocklender como «alma máter» de Madres me dio miedo, reacción que luego se vería confirmada por el desastre alrededor del proyecto de viviendas “Sueños compartidos” y los escándalos judiciales por los cuales los hermanos Sergio y Pablo Shocklender y Hebe terminaron en infinitas batallas judiciales alrededor de un dinero también desaparecido y una situación que ella definió como «traición». También llegó más tarde su amistad y apoyo público al general César Milani, sospechado, acusado y finalmente absuelto por casos de desapariciones durante la dictadura en un caso como el del soldado Alberto Agapito Ledo, absolución que los organismos de derechos humanos y la familia siguen considerando como parte del universo de la impunidad.  

Ese acercamiento al poder y al Estado fue parte de lo que ella quiso que ocurriese con Madres. Cuando le planteamos que la actitud de las organizaciones de derechos humanos frente al Estado tendría que ser, por lógica, de autonomía, ella respondió: “Pero por eso mismo siempre dije que no somos un organismo de derechos humanos, sino una organización política sin partido. Eso nos da libertad. Por eso no vamos a los juicios ni nada de eso. Que lo hagan los abogados. Entre concentrarme en meter presos a los militares, o en evitar que un solo chico tenga hambre, no dudo: salvo al chico”. Otro argumento: «Es «mucho más preocupante que un pibe se prostituya, que si sueltan a Etchecolatz o lo condenan. Me importa un culo eso» decía entonces en referencia a Miguel Etchecolatz, ex comisario de la bonaerense y mano de obra barata del general Ramón Camps en tiempos de la dictadura.
Pero a la vez razonaba Hebe: “Nosotras no estamos en el Estado, y nunca vamos a dejar la plaza ni la calle. La lucha es desde afuera agrupándonos y haciéndonos fuertes. Eso te da libertad. Los que se meten en el Estado terminan entrando en la lógica del sistema que queremos combatir”.

La cuestión social la ponía en una sintonía totalmente diferente y era lo que le justificaba haberse lanzado incluso a la construcción de viviendas populares. Contó una vez que había llorado al escuchar a una mujer que le reconoció que robaba, y que le había enseñado a sus hijos a robar. “Me dijo: ‘ahora no robo, porque trabajo para hacer las casas’. ¿Sabés qué? Estas personas ya no sabían lo que era la belleza. La belleza de un color, de las plantas. Tenemos que salir de toda esa mierda. Una chiquita de 11 años me contó que fumaba paco desde los 9, y la mamá también. Como la madre trabaja, ella volvió a estudiar, y no fuman más. Está aprendiendo danza árabe. Si lo que hacemos vale para eso, es un montón”.

Un relato sobre sus miedos: “Para mí la democracia es igualdad. Y mientras yo pase por una esquina y vea a los pibes comiendo las basuras que tiran de una casa o un restaurante, para mí la democracia no sirve para una mierda. ¿Vos sabés que yo a los chicos de la calle, a los cartoneros, no les pregunto nada nunca? Pero no porque no me animo, sino porque le tengo miedo a la respuesta”.

¿Qué imagina? “Qué sé yo. A veces, a la noche, pasaba y los saludaba. La gente los esquiva, esconden la cartera. Pero los cartoneros son más buenos que nosotros. Entonces les decía: ‘qué tal, buenas noches’. Y uno un día me dijo: ‘buenas noches para usted que va a dormir en una cama, para mí no, porque me voy a cagar de frío’. Me quedé dura. Por eso nunca les pregunto nada. Le tengo miedo a la respuesta”.

En uno de esos intercambios en su oficina, de pronto se escucharon voces y risas desde la cocina. Allí estaban las otras madres. Siempre se podrá hablar de su valor, de su capacidad de movilización, de su creatividad.

Pero aquella vez Hebe me señaló otra cosa, que hoy recuerdo mirando el césped donde están sus cenizas, rodeadas de gente inorgánica y falta de experiencia, de drones, de banderas, de algunos funcionarios y de enigmas que llevará muchos jueves revelar.    

“¿Sabés qué fue lo que nos mantuvo fuertes siempre? Eso que escuchás: la alegría. Pese a los crímenes y pese al miedo y pese a todo. La alegría. Si no, te morís”.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.
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