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Territorio fracking

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Darío Aranda recorre con la comunidad mapuche la zona donde YPF comenzó a preparar la extracción con fracking. Cómo son las obras, qué reclaman y cómo. El almuerzo interrumpido por los funcionarios que presionan. Lo que se ve y se escucha en esas tierras que hoy son escenario de una batalla geopolítica clave: comunidades vs. corporaciones.


Para el que mira sin ver,
la tierra es tierra nomás.
Atahualpa Yupanqui.
Campo Maripe. Territorio mapuche. Una hora desde Neuquén capital. Corazón de la formación de hidrocarburos no convencionales llamada Vaca Muerta. Alvino Campo, lonko de la comunidad mapuche, hace de guía en la tierra que vivieron sus abuelos, padres y creció él, junto a sus cinco hermanas. Jarillas, chañares y tierra pedregosa. Al pie de un pozo petrolero, una camioneta blanca con logo de YPF sale al cruce. Un hombre joven, 40 años, mameluco gris con el logo azul de la petrolera estatal nos dice: “No pueden estar acá. Es peligroso. No tienen los elementos de seguridad (botas, casco). Y no pueden sacar fotos”, avisa en tono amable e imperativo.
El lonko sonríe y responde: “No nos vamos porque es nuestra tierra”.
El trabajador de YPF retruca: “¿Dueño del campo? ¡Qué suerte que tiene!”.
Alvino Campo ya no sonríe: “¿A usted le parece suerte que le destruyan el campo? ¿Qué le parece si llega a su casa y la encuentra toda rota? ¡Suerte sería que no estén las petroleras acá!”.
Y le advierte: “Vamos a seguir recorriendo. Y vamos a sacar fotos porque es nuestra tierra”.
Traje a medida
El 15 de julio el Gobierno publicó en el Boletín Oficial el decreto N° 929 que regula el Régimen de Promoción de Inversión para la Explotación de Hidrocarburos. Estableció así beneficios para las empresas con proyectos de más de 1.000 millones de dólares. El Observatorio Petrolero Sur (OPS), espacio referente en el análisis social y ambiental de la industria hidrocarburífera, señaló que el decreto es “un traje a medida de Chevron”. Puntualiza: “Es particularmente preocupante que se habilite a las empresas a subdividir las áreas convencionales y se les adjudique directamente, sin licitación pública, lo que ellas definan como no convencionales por el plazo de 35 años”, alerta el OPS. En la mirada macro del acuerdo, lamenta: “las políticas públicas tomadas y las alianzas con diferentes compañías marcan un rumbo que nos aleja aún más de la soberanía hidrocarburífera”.
Al día siguiente, el 16 de julio, el gobierno argentino firmó un acuerdo con Chevron para explotar yacimientos no convencionales en Vaca Muerta. Según lo difundido por YPF y la agencia oficial Télam, implica una inversión de 1.240 millones de dólares en los próximos cinco años. Publicitado por el Gobierno como un acuerdo importante hacia la “soberanía energética” y que podría marcar un quiebre en la situación energética del país, el contrato no fue (y no es) público.
John Watson, presidente de la Corporación Chevron, afirmó: “Vaca Muerta es un activo de clase mundial y se ajusta perfectamente a nuestro sólido portfolio de recursos no convencionales”.
La etapa inicial explotará 20 kilómetros cuadrados donde perforarán más de 100 pozos. Se abarcará, en etapas posteriores, 395 kilómetros cuadrados donde perforarán 1.500 pozos. Según precisó YPF, la superficie total de Vaca Muerta es de 30 mil kilómetros cuadrados, de los cuales YPF posee 12 mil.
“Esta asociación es estratégica para la compañía y para la Argentina. Estamos poniendo en producción un recurso que puede cambiar el futuro energético de nuestro país”, celebró Miguel Galuccio, CEO de YPF, y afirmó: “el acuerdo es una demostración de confianza por parte de una gran empresa internacional”.
Un gran desastre
Chevron-Texaco fue condenada en Ecuador a pagar 19.000 millones de dólares por contaminar 480 mil hectáreas durante 26 años. Afectó a 30.000 personas, en su mayoría campesinos e indígenas. El fallo está firme, pero la petrolera retiró sus activos de Ecuador y se niega a pagar. Fue embargada en Argentina, pero en junio pasado fue beneficiada por la Corte Suprema, a pedido de la jefa de fiscales, Alejandra Gils Carbó, y el lobby público del gobierno nacional a través de YPF.
El 3 de agosto, en su programa radial sabatino, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, denunció una “campaña criminal” iniciada por Chevron para desprestigiar a su gobierno para no cumplir la condena judicial. “Vamos a enseñarles a estos tipos (Chevron) que Ecuador es un país pequeño, pero con dignidad. Y sabremos defender al país ante los ataques que han emprendido a nivel internacional”, advirtió Correa, quien aseguró que la petrolera invirtió 400 millones de dólares en un plan de desprestigio contra Ecuador. El presidente Correa explicó que esa campaña “ha llegado a hacernos una gran daño en Estados Unidos, porque no nos conocen, pero América Latina sí nos conoce, por eso nos cree”.
Acción y respuesta
El mismo día de la firma del acuerdo, martes 16 de julio, antes que asome el sol, la Confederación Mapuche de Neuquén ocupó dos torres de fracking de YPF en Campo Maripe, de Vaca Muerta. “Ya no queremos pagar más el precio de este desarrollo”, explicaron. Denunciaron así la violación de derechos territoriales, la falta de consulta (como exige la ley) y el rechazo a Chevron.
YPF desconoció a la comunidad Campo Maripe y la acusó de realizar una medida “sin fundamento”. En un comunicado corporativo señaló: “Los pozos tomados no se encuentran en territorio mapuche, sino en tierras fiscales pertenecientes al Estado provincial (…) YPF se manifiesta preocupada y sorprendida ante la reacción desmedida de algunos grupos que parecieran querer boicotear la actividad”.
El lof Campo Maripe se enteró por radio de que la empresa los desconocía como comunidad. Decidió entonces tomar otras dos torres y mantener la ocupación por tiempo indeterminado.
La noticia ocupó amplio espacio de los medios de Buenos Aires y de Neuquén. Los oficiales minimizaban el hecho. Los opositores le dieron aire.
El secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, intervino a través de su hermana, la senadora Nanci Parrilli. Pautaron una reunión con la comunidad para dos días después y la toma se levantó. El 18 de julio se reunieron la senadora Parrilli, dirigentes de la Confederación Mapuche y del Lof Campo Maripe en la sede de YPF, en Neuquén. Por la empresa estuvieron Jesús Grande (director ejecutivo), Carlos Graccia (gerente regional) y Silvina Berti (relaciones institucionales). En siete horas de reunión se acordaron seis puntos, en los cuales la empresa se compromete a evaluar las exigencias socioambientales de la comunidad, y la comunidad se compromete a no obstaculizar la actividad YPF, si se mantiene la mesa de diálogo. Se pautó una nueva reunión en 30 días. Implícitamente, la empresa reconoció al Pueblo Mapuche como interlocutor.
Tierra perforada
El prolijo cartel blanco con letras negras anuncia: “Lof Campo Maripe”. A la vera de la ruta 17 y a cinco minutos de Añelo, están estas 12.500 hectáreas, espacio de cría de vacas, ovejas y caballos. Albino Campo es el lonko de la comunidad. Alto, robusto, 54 años. Habla en voz baja. Lo acompaña Mabel Campo, inan lonko (segunda autoridad) y Natalia Izaza, joven werken (vocera).
La camioneta zigzaguea por el camino ancho, de ripio. Sube una barda –suerte de acantilado, propio de la Patagonia– y hace la primera parada para mostrarnos una retroexcavadora en plena acción. Ya realizó 200 metros de zanjeo, de tres metros de profundidad. Largos caños aguardan a un costado. Una cuadrilla de trabajadores nos mira con recelo.
“Habíamos quedado en que nos avisarían si hacían otras obras. Están haciendo un desastre, no pueden romper tanto. Ganas de sacarlo zumbando”, se enoja el lonko, y saca fotos de las obras. A cien metros hay una planicie que es un cruce de caminos. Ahí se ve una endeble construcción de madera, chapas y plásticos: es la “ruka” (casa) que hizo de abrigo en febrero, cuando la comunidad le cerró el paso a las petroleras.
Por el camino lateral emerge una enorme máquina amarilla. Parece una gran topadora, pero no. Tiene tres metros de alto y desde un lateral arroja tierra como si fueran olas. Su ruido ensordece. En un extremo tiene una larguísima cadena dentada que se clava en la tierra, gira y cava. Por un lateral escupe la tierra triturada. Así va acumulando montes de tierra de dos metros de alto. En un día y medio realiza 500 metros de zanja. Nombre del monstruo: Trenco.
“Ustedes no pueden hacer esto, están destruyendo el monte. Tiene que pararlo ya”, exige el lonko Campo al jefe de cuadrilla, de casco blanco y campera naranja con el logo de Skanska, la empresa contratista. El jefe de cuadrilla, unos 50 años, canoso, escucha atento: “Está bien señor. A nosotros nos mandan. Pero si usted es el dueño, paramos”.
Hace señas al operario. Apagan la máquina. Se detiene el zanjeo.
No convencional
A 500 metros, donde comienza el zanjeo de la monstruosa Trenco, existe un planicie perfecta, un rectángulo equivalente a dos canchas de fútbol. En un extremo, cañería mediante, arde una llama de dos metros de alto. Olor penetrante. Hay tres container que hacen de piletas, dos camiones cisternas con mangueras conectadas y otro container que hace de vivienda de los operarios. En el centro, una suerte de robot gris, de dos metros de alto, caños y válvulas. Así es el pozo petrolero de fracking en su fase de prueba, conectado a una caja metálica amarilla, de dos metros de largo y uno de alto. Lo llaman “planta separadora móvil”, de donde salen dos caños. Uno va directo a los container, que en realidad son piletas de desechos. El otro, de 200 metros, es por donde se quema el gas: tira llamas de dos metros.
Un operario sale del container-vivienda. No más de 30 años. Sonriente, dispuesto a la charla (incluso da su nombre y apellido, pero pide que no se lo cite “para evitar problemas”). Vive en Cultra-Có y desde hace ocho años trabaja en la empresa contratista que controla y prueba la calidad de los pozos. Da detalles de la llegada de Chevron: hace 25 días desmontaron la torre de perforación, hace 22 días se instaló con la llamada “técnica no convecional”. Explica que el gas se quema porque aún no está la conexión a la planta separadora. Dice que el agua de producción y los desechos son llevados en camión hasta una planta depuradora de Plaza Huincul. Avisa que parte del agua se usa para “regar los caminos”.
Cuenta su rutina: trabaja y vive seis días en el campamento. Cuatro de descanso y volver a empezar. “La paga es buena”, sincera, y confirma lo ya conocido: los buenos salarios del sector. También aporta la contraparte: “Es trabajo duro. Con calores de 40 grados y fríos de 10 bajo cero”.
Cuenta que cada pozo utiliza hasta 12 millones de litros de agua. Precisa que el montaje de una locación puede hacerse en un mes y un pozo de 2.800 metros se realiza en 15 días. Dice que en la zona hay al menos 60 pozos, la mayoría de perforación convencional.
La charla se vuelve amena y sincera.
Permite la pregunta del millón: ¿Y la contaminación? El operario se encoge de hombros y señala un largo camino de tierra oscura, como recién mojado. “Es petróleo. Siempre se contamina”. Da la mano como despedida y se sincera: “Dicen que harán mil pozos: será un desastre”.
Progreso
La camioneta toma un camino lateral, pasa por otras dos locaciones. Paisaje lunar. Una veintena de camiones y 30 containers. También bolsones gigantes de arena: más de cincuenta. Los camiones entran y salen. Dos filas: los que tienen acoplados con insumos y los tipo tanque atmosférico. Entran y salen. Llegan más camiones. El pozo de fracking está en plena producción.
Un kilómetro al este está el campamento que había sido tomado por las comunidades mapuche, cuestionado por la Presidenta y que abrió el diálogo con YPF. Una torre fue desmontada, tres permanecen en pie. Las estructuras son rojas y blancas, de al menos 20 metros de alto. El ruido de motores obliga a hablar casi a los gritos. Los trabajadores miran con desconfianza. Hay actividad, pero es un punto intermedio entre las locaciones recién visitadas: no está en plena producción ni en prueba, están en etapa de perforación. Enormes tanques, una decena de container-vivienda, la bandera argentina flamea junto a una de las torres. Ni un árbol. Paraje petrolero.
El lonko y la werken comienzan a caminar alrededor del campamento petrolero. Mabel Campo, inan lonko, se atrasa en la caminata. Cabello negro, hablar suave. Recuerda que creció en ese lugar. “Era todo monte y barda, tranquilos los animales”, rememora y resume: “Nos lastima que hagan tanto daño”.
Mabel Campo estuvo mal de salud. Le detectaron una enfermedad poco común para su edad “Tengo 46 años y las vértebras gastadas como si tuviera 80”. La operaron y ya camina con normalidad. “Es el agua. Toda el agua de Añelo está contaminada. Sale turbia y se tapan las cañerías y se arruinan los lavarropas. El agua parece café, oscura. Tomamos de bidón, en cierto, pero nos bañamos con esa agua, no nos queda otra. Y luego de bañarnos salen sarpullidos, pica la piel. El médico me explicó que la contaminación también entra por la piel. Mi hermana Elmira tiene cáncer (de mamas) y a mi hijo, de 21, lo operaron del riñón, lo tenía arruinado. Ahora está en tratamiento. ¿Entiende? 21 años y el riñón arruinado. ¿Es normal? ¿Sabe qué le dijo el médico? Que el agua de la zona está envenenada. Y le recomendó que se mude”.
Silencio.
Retoma la caminata.
El campamento petrolero sobresale en el horizonte. Mabel Campo resume: “Siempre vivimos acá. Siempre cuidamos la tierra. Las petroleras hicieron desastres. ¿Por qué nos tenemos que ir? ¿Por qué a esto le dicen progreso?”
Visita inesperada
Son las 14.30 y suena el celular de la werken. Habla en voz baja con el lonko. Subimos todos otra vez a los vehículos. Diez minutos de recorrida, giro a la derecha, un kilómetro por el asfalto y giro a la izquierda. Tranquera abierta y un cartel blanco de bienvenida: “Lof Campo Maripe”. El paisaje es diferente al que recorrimos en la zona petrolera, aunque está apenas del otro lado de la ruta. Son pocos kilómetros, pero es más verde y con árboles añejos.
Otra tranquera y álamos centenarios al borde del camino, treinta metros de jardín, una casa de ladrillo muy prolija, techo de chapa, cielo azul, sol que disipa el frío y paisaje de postal. Un río a pocos metros, una suerte de valle y, lejanas, las bardas rojizas embellecidas por el sol. Y un aroma exquisito: chivito asado.
Lof Maripe a pleno.
Una decena de hombres jóvenes alrededor de la parrilla, a un costado de la casa. Niños, mujeres, el lonko y los invitados dentro de la vivienda.
Por un momento se deja de hablar de petroleras, fracking y gobiernos. La charla se torna intimista, sobre familias, el pasado en el campo. El lonko muestra fotos de la familia ante los mismos álamos que permanecen aún en el frente de la casa.
Las costillitas son sabrosas. Un almuerzo distendido. Y, de imprevisto, una camioneta gris que estaciona. Visita inesperada en el medio del almuerzo. Carlos Graccia, gerente regional de YPF, y Tito Moreno, asesor de la legisladora Nanci Parrilli. El lonko los invita a entrar y sentarse a la mesa. Se excusan de comer, avisan que recién almorzaron. Graccia se muestra preocupado por la tos de una de las nietas del lonko. Suena sobreactuado.
Algunos comensales siguen saboreando el chivito. Otros se cohíben y abandonan los platos.
Graccia y Moreno hablan de manera amable, ponderan la calidez de la ruka, pero van al meollo. Preguntan por qué se frenó la monstruosa Trenco, siempre en tono híper amable. El lonko Albino Campo explica con detalles. Se suma la werken. El gerente de YPF trata de dar razones técnicas. El lonko refuta.
El jerarca ypefiano abre una posibilidad de duda, pero señala que la Trenco ya fue subida por la contratista a un camión, y que eso retrasa los planes de obra. Insta, sin abandonar el buen tono, a que no vuelva a suceder.
El lonko insiste en que no se está respetando el acuerdo de la mesa de diálogo. Esa es la explicación del freno a la máquina.
Lefxaru Nahuel, de la Confederación Mapuche de Neuquén, pregunta por qué no se informa a la comunidad cuáles son los planes de obra. Sólo así sabrán con anticipación qué pueden esperar y en qué no están de acuerdo. El gerente de YPF tiene la capacidad de dar vueltas sobre un asunto y no responder, siempre en tono amable. Cuatro minutos de monólogo. Al fin, en las últimas oraciones, deja puntos claros: los planes de obra los tiene la Provincia, al igual que los estudios de impacto ambiental. La advertencia: si la comunidad detiene otra máquina, corre peligro la mesa de diálogo.
Ya nadie come.
Nahuel responde: “Estamos hablando de cosas serias. Si no hay diálogo, en el territorio mapuche no podrá estar ninguna petrolera”.
El joven mapuche, no más de 25 años, le recuerda que tuvieron que tomar cuatro torres para que YPF y el Gobierno Nacional escuchen a su comunidad. Le aclara que frenar la máquina fue una reacción a una acción unilateral de la propia empresa y le avisa que, de no respetan los derechos indígenas y de no haber diálogo, será peor para todos y recrudecerá el conflicto.
Pregunta MU: ¿Por qué no puede YPF darle el plan de obra y los informe de impacto ambiental a la comunidad?
Graccia, de YPF, reitera: los tiene la Provincia, ellos actúan según la ley.
MU insiste: la ley no prohíbe que, además de entregarlo al gobierno provincial, lo compartan con la comunidad mapuche que vive en la zona donde se instala el proyecto.
Graccia vuelve a usar muchas palabras.
Casi dos horas de charla. El asado ya es recuerdo. El mate circula. El gerente de YPF y el asesor de la diputada Parrilli se retiran. Avisan que en quince días seguirá la mesa de diálogo.
¿La conclusión? Hay una sensación de que estuvieron midiendo a la comunidad, de ver hasta dónde llegarán con el reclamo. Certeza de que no se dijeron todas las verdades.
Chela Campo, hermana del lonko, se limitó a cebar mate durante toda la reunión, pero cuando la visita imprevista se retira, comparte lo que tenía guardado: “Ellos hablan lindo, pero al ver lo que hacen en el campo uno siente que le están partiendo el alma”. Despide al periodista con un beso maternal y una certeza: “El Estado no quiere cumplir con los derechos de los mapuche”.
Herencia petrolera
El sol comienza la retirada, pero el lonko aún quiere mostrar tres lugares del territorio ancestral.
La camioneta en marcha y la casa queda atrás. El camino zigzagueante, luego la ruta asfaltada. No más de cinco minutos y primera parada. Nos muestran lo que fue un pozo petrolero convencional y un derrame. Pasaron casi diez años y la tierra huele a solvente.
Segunda posta. Una gran pileta, de 50 metros de ancho, 50 metros de largo y tres metros de profundidad. Una suerte de red de alambre cubre la parte superior, evita que aves lleguen al contenido de la pileta: barro empetrolado. Es una gran piscina tóxica a cielo abierto.
El recorrido por el territorio está pronto a terminar. El sol ya casi se fue, pero el lonko hace una última parada. La tierra es rojiza, piedras de diversos colores, una cuadra de caminata monte adentro, a lo lejos se deja ver el valle. El lonko se detiene en unos pequeños montículos de piedras, tipo laja, algunas conforman paredes de un metro de alto. El viento frío ya se hace sentir. El lonko está emocionado, pisa los restos de una antigua ruka, donde esperaban las pariciones de los animales. Descubre, entre las piedras, unas latas ennegrecidas en las que calentaban agua, décadas atrás. El lonko saca fotos a las visitas, agradece por llegar hasta territorio mapuche y escuchar la historia del lof, reflejo del pasado-presente mapuche y de la situación de los pueblos originarios.
Otra vez en la camioneta. Último tramo del recorrido. Se detiene a la vera de la ruta, frente al mismo cartel blanco que nos había dado la bienvenida a la comunidad. Apretón de manos y una aclaración sentida: “Ya estábamos acá. Ellos vinieron y dicen tener derechos, perforan la tierra, usan mucha agua, dejan contaminación. No es desarrollo… y no es democracia”.
Pachamama
El acuerdo firmado entre Chevron e YPF debe contar con un voto positivo de Neuquén. El gobernador Jorge Sapag dio luz verde, pero requiere el voto de la Legislatura. El informe que deben aprobar tiene 50 carillas que no mencionan a Chevron, no revelan ningún punto de ese acuerdo (secreto), pero legisla sobre los acuerdos entre la Provincia e YPF.
Con mayoría del Movimiento Popular Neuquino y con apoyo del Frente para la Victoria, cuentan con mayoría para aprobarlo el 14 de agosto. Ya lo demostró el recorrido del proyecto, que se trató en tres comisiones (Hidrocarburos, Legislación y Hacienda), pero evitó a la de Medio Ambiente, donde se concentraron las críticas al cuestionado fracking.
El diputado neuquino y hermano del Gobernador, Luis Sapag, apoya el acuerdo YPF-Chevron y la explotación de Vaca Muerta. También acusa a las comunidades mapuche de “ir a donde está la riqueza del huinca (blanco)” y los responsabilizó por “generar conflictos”. Sapag, que además es el titular de la Comisión de Hidrocarburos de la Legislatura neuquina, dijo algo más: “YPF no fue a instalarse en las tierra de los mapuche. Algunos mapuche fueron a poner sus casas donde estaba YPF para generar toda esta movida”.
En Jujuy, a 2.000 kilómetros distancia de estas tierras en disputa, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner homenajeó a la Pachamama, la divinidad de la tierra para los pueblos indígenas andinos. Rodeada de militantes y cámaras de televisión, se arrodilló en el suelo y tributó alimento y bebida a la Pacha. Junto a ella estaba Eduardo Fellner, gobernador de Jujuy y presidente de la Organización Federal de Estados Mineros (Ofemi), espacio creado por el gobierno nacional para impulsar la megaminería. “Hay deudas históricas, hay deudas económicas, hay deudas políticas y hay deudas de identidad y de respeto a la diversidad cultural (…) ¡Que Dios, que la Virgen y que la Pachamama los protejan a todos!”, pidió la Presidenta.
La ceremonia resumió así la tensión del modelo: tributar a la Pachamama, acordar con Chevron, impulsar el fracking y desconocer los derechos de los pueblos originarios.
El eslogan de campaña del Frente para la Victoria resuelve la contradicción: “En la vida hay que elegir”.

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El lado mapu de la luna: Puel Kona estará con Roger Waters

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Puel Kona es una banda conformada por jóvenes mapuches que acaba de ser elegida por Roger Waters como telonera en sus conciertos del 6 y 10 de noviembre en el Estadio Único de La Plata. Conocé su historia en esta nota que les realizamos en MU: «Desde chicos participaron en recuperaciones y conflictos territoriales. Son voceros de las comunidades que enfrentan al fracking. Ska, rock y fiesta como medio de comunicación». Por Sergio Ciancaglini.
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Lo original de lo originario

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Libros que revisan la historia para entender el presente, películas que muestran realidades ocultas dirigidas por una comunidad. Son apenas dos ejemplos de una expresión de estos tiempos de una cultura originaria con voz propia.
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La mapuradio

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FM Puelmapu. Recién llegada al dial, se apoya en una tradición ancestral para cambiarle el tono, pero no el contenido, a la causa mapuche. Los operadores son chicos de 10 años y la música mezcla ritmos con acento popular. Lecciones de comunicación y autogestión.
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La última MU: Amor o muerte

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