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Crónicas del más acá

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Por Carlos Melone.

Sin dirección

Mis conocimientos de instalaciones eléctricas y mis conocimientos de astrofísica aplicada al campo de nanotecnología son iguales de toda igualdad: la nada absoluta. Pero cuando un amigo electricista me pidió una mano para realizar una instalación en un hogar no dudé un instante: intrepidez es mi segundo nombre.
Mi apodo es absurdo.
Fui decidido a realizar las tareas fundamentales en todo emprendimiento laboral en donde uno es un perfecto inútil: cebar mate, sostener una escalera, alcanzar las herramientas siempre y cuando sean pedidas sin nominaciones específicas y sofisticadas.
Incluso encintar un cable.
Un sábado a la mañana tomamos el tren (diésel) que va desde la estación Temperley a la estación Haedo (popularmente conocido como Chanchita). En alguna crónica ya he dado detalles de esta formación ferroviaria, en sí misma un milagro de supervivencia en transportes.
La Chanchita atraviesa universos, que algunos llaman barrios. Barrios donde la vida es difícil de nombrar.
El lenguaje esconde fracturas y desolaciones.
A veces.
Descendimos en la estación La Tablada y fuimos a tomar el colectivo 180.
Problemas urbanos: diferentes ramales y a la dirección que íbamos, ninguno de los escasos participantes de la cola sabía cuál era el indicado.
Alguien sugirió el de cartel negro. Llegó el del cartel negro.
Le preguntamos al chofer por la dirección: al 2.000 de una avenida llamada Cristianía. El chofer, ante el nombre de la avenida, posiblemente sintió interpelado su agnosticismo, incluso su ateísmo y puso la expresión propia de quién es interrogado acerca del comportamiento sexual de los equinodermos.
A continuación manifestó enfáticamente no tener la menor idea y, con frescura envidiable, aseveró que “posiblemente” nos dejaría cerca.
El posiblemente nos inundó de perplejidad filosófica. Un chofer acuciado por la duda cartesiana en el trayecto que realiza todos los días.
Este país ya era poco confiable desde que los mozos anotan los pedidos.
Ahora resulta que los colectiveros no conocen el recorrido.
Todo ha terminado.
Subimos. Distraídos conversando, después de un buen rato vimos que estábamos doblando por la (bendita) Avenida Cristianía… al 6.000. Logramos bajarnos al 6.400 porque el colectivero racionalista, acuciado por el idealismo, no encontró la evidencia empírica de la parada donde bajarnos.
O no quiso, nunca lo sabremos. Los cartesianos son gente mal llevada. Y si son agnósticos peor.
Cristianía es una avenida con un movimiento vehicular muy intenso, veredas angostas, multitud de comercios de absolutamente todo, mucho peatón y un entorno humilde y descuidado.
Una muchachita, todo amabilidad, ante nuestra duda de cómo llegar a nuestro destino, nos indicó una remisería cercana.
Cuando llegamos al local enuncié: “Yo invito” con gesto sobrador de quién tiene guita en la era Cambiemita.
Subimos a un modesto Corsa, limpio y prolijo. El conductor era un amable y conversador catamarqueño.
Nos contó que se había quedado sin trabajo hacía 6 meses porque la fábrica había cerrado; que se las rebuscaba pero todo estaba difícil; que no nos iba a cobrar mucho el viaje (cosa que cumplió con toda rectitud) y que la zona era de gente humilde y buena, salvo los monoblocks que eran “pesados” según su clásica descripción.
Inevitablemente morocho, cuarentón y robusto, su lenguaje y sus decires revelaban una formación por encima de la precarización de su vida actual.
El lenguaje a veces corre cortinados.
A veces.
En un semáforo, ante el cambio de luz, el remisero arrancó lentamente. De la nada más absoluta, cual maldición por un amor despechado, apareció una motito con dos fulanos arriba, y la trompa del coche los tocó levemente.
Luego, pasaron cosas.
Los dos (y la moto) hicieron un corto vuelo y quedaron espectacularmente desparramados en el medio de la avenida, uno junto a la moto y el otro varios metros más lejos.
El catamarqueño se agarró la cabeza e inmediatamente bajó del auto. Nosotros tardamos un poco más, asustados y perplejos ante la escena.
Si fuésemos parteros, el bebé nace por su cuenta.
Finalmente bajamos del auto.
El accidentado que había caído más lejos se levantó. Delgado, vestía humildemente y nos miró un instante. Acto seguido, rengueando visiblemente y agarrándose un brazo, tipo película norteamericana, se fue casi corriendo y dejó al otro y su moto en el suelo.
La gente alrededor miraba pero no se acercaba.
Un micro, cual búfalo expectante, estaba con su trompa acechante sobre moto y conductor restante.
El pibe, también muy delgado, que no tendría más de 20 años, empezó a levantarse con evidente dificultad. Tenía una pierna muy raspada y sangrante (vestía bermudas) y la cara cortada y también ensangrentada. Se paró por sus propios medios, emitiendo quejidos de dolor
El Catarmarqueño lo tomó suavemente de un hombro y le dijo sin dudar “vamos chango, que te llevo al Hospital”. El pibe lo miró, se separó delicadamente, casi como una caricia, levantó la moto con evidente dificultad, la puso en marcha (milagrosamente funcionaba), le dijo “Gracias Don”, se subió a la moto en un grito de dolor y salió a toda velocidad en una dirección diferente a la que había rajado su compañero.
Las explicaciones de la situación eran obvias pero nunca apareció la fuerza de la Ley y el Orden.
Los tres nos quedamos por unos instantes parados en medio de la calle, sin decir palabra.
Juraría que por un momento todo estuvo en silencio.
No importa si es cierto.
Merecía detenerse el mundo un instante.
La bocina del colectivero nos sacó de la estupefacción y del medio de la calle.
En silencio verificamos que el coche no tenía daños y nos subimos para continuar el viaje.
Entonces el catamarqueño dijo:
-Carajo, con estos changos, yo tengo uno de diecisiete y tengo miedo que se me rompa como estos pibes.
“Que se me rompa como estos pibes”…
A veces, solo a veces, una frase contiene el dolor del mundo.
 

Documental a un año de la represión del 12 de marzo

Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

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El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.

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MU 211: Método Pablo

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MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.




MU 211: Método Pablo

Pablo Grillo: Salvar la vida

¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA




MU 211: Método Pablo

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”

Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA




MU 211: Método Pablo

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión

Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA




MU 211: Método Pablo

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur

Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI




MU 211: Método Pablo

En movimiento: Movilizaciones 2026

Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.




MU 211: Método Pablo

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura

Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI




MU 211: Método Pablo

Carta abierta: Masacre planificada 2026

Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI




MU 211: Método Pablo

Politizate: La Kalo

Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI




MU 211: Método Pablo

No podrán: Luciana Jury

Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA




Cabo suelto: Crónicas del más acá

Carlos Melone

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INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL

Temporada de femicidios

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Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)

Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.

Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.

Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.

No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.

Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los  femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Temporada de femicidios

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.

Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.

El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Temporada de femicidios

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.

Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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