Colonialidad
Efecto Trump

«El objetivo es controlar todos los canales bioceánicos» dice sobre la administración estadounidense Valeria Carbone, lo cual acerca una mirada sobre qué intenta Trump con sus amenazas alrededor de Malvinas. Valeria es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en universidades de Alemania y México. ¿Cómo entender las movidas de Trump con respecto a Irán, China, Israel, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida, y hasta el caso de Jeffrey Epstein?
Por Lucas Pedulla
(Entrevista publicada en MU 212)
El director del Centro Nacional de Antiterrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, renunció con duras críticas a Trump por la guerra con Irán, de la cual no le va a ser fácil salir y cuyas consecuencias son imprevisibles. Mientras tanto, muchos analistas coinciden en una idea que te traslado: ¿Estados Unidos es un imperio en declive?
El mundo académico viene hablando de la decadencia y la crisis de Estados Unidos desde la década del ‘70. Desde Vietnam en adelante hay signos que muestran una potencia hegemónica resquebrajándose. Vinieron los ‘90, la caída del Muro de Berlín, de la Unión Soviética, el mundo se hizo unipolar, con EE.UU. como única potencia sobreviviente. Se habló del “fin de la historia”, y empezaron a pasar una serie de cosas que indicaban un nuevo proceso histórico: por ejemplo, las Torres Gemelas, el primer ataque recibido en territorio norteamericano desde Pearl Harbor. Fue un momento de quiebre en el que EE.UU. salía de una supuesta unipolaridad para hacer una guerra y tuvo que buscar aliados: por cuestiones de consenso, de recursos, del “orden liberal” como le dicen ahora. El tema es el siguiente: con Trump hay una diferencia interesante y es que reconoce que el poder de EE.UU. está en crisis. “Nosotros queremos volver a ser la potencia que supimos ser”, dice. Cree o entiende que el mundo ahora es multipolar pero no cree en el multilateralismo. Durante Bush, Obama y Biden, EE.UU. habla de ser un primus inter pares, los primeros entre nuestros pares aliados, pero Trump considera que está por encima y que no tiene que negociar su poder con sus aliados. La segunda cuestión es que con Trump se abandona el soft power. Él te está diciendo: “No te voy a inventar una narrativa para decirte que quiero el petróleo de Irán”.
Ya lo dijo en Venezuela…
Joseph Nye decía que el soft power es como el atractivo de una nación que hace que otros países quieran formar parte de esa narrativa. Trump dijo no: es el hard power. EE.UU. está en crisis y esta es una forma de resolver la crisis hegemónica porque no quiere perder el lugar que tiene. Ningún imperio quiere dejar de ser imperio, pero al mismo tiempo veo la falta de respuesta de otros poderes y me pregunto de qué crisis estamos hablando. Trump dijo en campaña: “Yo puedo pararme en la quinta avenida y disparar a la gente y nadie puede hacer nada”. Trasladalo al orden internacional. Estamos en un momento muy particular de la crisis del poder hegemónico pero eso no significa que vaya a caer mañana ni que no haya una resistencia de parte del hegemón para no perder su lugar de privilegio.

Valeria Carbone en MU: «Estados Unidos tenía con Irán un acuerdo para la supervisión del desarrollo de armas nucleares y el que lo rompió fue Trump. Gobierna a través del caos: pegar primero y negociar después». (Foto: Lina Etchesuri/lavaca.org)
Ubicás la crisis en los ‘70, pero en esa década ocurrió la Crisis del Petróleo que reconfiguró la hegemonía financiera de EE.UU. con el petrodólar, hoy en riesgo por el cierre de Irán del estrecho de Ormuz. ¿Cómo se relacionan ambos hechos?
Lo difícil del poder no es llegar sino mantenerse. Estados Unidos está en esa: yo quiero seguir siendo un imperio. Antes tenías imperios que duraban centurias y en este caso EE.UU. se convierte en un hegemón indiscutido post segunda guerra mundial, pero en los ‘70 ya está en una crisis. Y no es solo Vietnam: es la crisis económica del petróleo, donde países de la OPEP le imponen precios en el mercado internacional de materias primas y EE.UU. sale del patrón oro para ver cómo reconfigura su moneda; es el caso Watergate y lo que implicó en las instituciones; es el aumento exponencial de la deuda externa dándose cuenta de que es dependiente de otros países; es pasar de tener empresas norteamericanas que dominan en todo el mundo a ser dominado por empresas multinacionales que no son solamente norteamericanas; es que EE.UU. importa más de lo que exporta porque dejó de producir internamente para abastecer el mercado interno y depende más de Japón, de Alemania, de las materias primas de China. Durante toda la guerra fría hubo dos economías que no se tocaban. Hoy tiene una guerra comercial con China pero es el tercer país que tiene su deuda externa y bonos, y depende de las importaciones. EE.UU. se da cuenta que está en una crisis que no puede manejar con las estrategias habituales. Al mismo tiempo, Trump se dio cuenta de que puede secuestrar un presidente y nadie le va a hacer frente. ¿La ONU se va a juntar a hacer una declaración?
En noviembre tiene elecciones de medio término.
Trump tiene mayoría en ambas cámaras y no gobierna con el Congreso. No lo usa. ¿Cuántas veces el congreso de EE.UU. le autorizó o denegó al presidente norteamericano ingresar a una guerra? Ninguna. Los golpes militares en América Latina, el asesinato de un presidente democraticamente electo en Chile, todo eso tampoco pasó con el Congreso. Y también hay una realidad que el comandante en jefe es el presidente. Trump es uno de los pocos presidente al que el Congreso le dice “no te vamos a financiar la guerra”, y Trump dice: “Fantástico, un año de shutdown, gobierno con decretos”. No lo ve como un problema institucional. Hace gala de la concentración de poder. Pero no es ningun tonto porque empezó a señalar explicitamente quién lo convencio de ir a la guerra con Irán: sabe que si hay un juicio politico, ya señaló que es Pete Hegseth (secretario de Guerra) y Marco Rubio (secretario de Estado). La diferencia es que EE.UU. dejó de venderse como un imperio bueno frene a uno malo.
¿Cuál es el rol de Israel?
El peso del lobby israelí es una realidad, prácticamente ineludible. No solo del lobby de los ciudadanos israelíes sino del lobby del estado de Israel, que tiene muchísimo dinero. Es una cuestión que no solo tiene que ver con cuestiones políticas, sino de tecnología, de seguridad, geoestratégicas. Y el consenso parece indicar que esta guerra fue promovida por el lobby israelí. Parece no haber dudas. Israel es un estado teocrático, construido en base a la cuestión religiosa, incluso un elemento importante para su supervivencia regional. Estados Unidos también tiene una alta dosis de teocracia. Aunque parezca increíble –en su momento lo hizo Bush, lo retoma Trump–, hay una idea de cruzada religiosa de preservación de la tradición judeocristiana que tiene mucho que ver con esto. Las decisiones políticas se toman antes de la construcción de la narrativa: la Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en diciembre de 2025, habla de la decadencia de Occidente, de la preservación de la religión cristiana, de la supremacía blanca, de la tradición europeísta, grecolatina, cristiana, como parte de la batalla cultural.
¿El caso de Jeffrey Epstein influye? (Por las denuncias sobre abusos, trata de menores y pedofilia, y la cercanía de Trump con ese empresario).
Es el caso LIBRA de Trump. No es una conspiración: medio Washington está involucrado, pero pero el poder está por encima de la moral. El lobby de Israel tiene que ver más con cuestiones materiales: el nivel de financiamiento que EE.UU. le ha prestado, la transferencia de tecnología, el armamento y entrenamiento de las fuerzas armadas; tiene muchos millones de dólares puesto en eso y quiere seguir teniendo ese nivel de apoyo. Al estar rodeado de enemigos tenés un país que, supuestamente, está desarrollando un arma nuclear y esto tiene la potencialidad de convertirse en un conflicto de gran escala, totalmente destructivo. Pero EE.UU. tenía con Irán un acuerdo para una supervisión del desarrollo de armas nucleares y el que lo rompió fue Trump. Gobierna a través del caos: pegar primero y negociar después.
En tu libro Anatomía de un imperio describís las relaciones entre EE.UU. y América Latina. ¿En qué momento estamos?
No hay cambios con la región. Se habla del resurgir de la Doctrina Monroe, es la misma doctrina de siempre: fomentar intervenciones regionales para buscar oportunidades de negocios para que EE.UU. sea el socio preferencial. Buscar la expulsión de China o mitigar los efectos de su intervención. El problema con eso es que EE.UU. no puede invertir lo que sí puede China. Eso no pasaba en la Guerra Fría. Lo que van a hacer es presionar con sanciones, pero están dispuestos a hacer cosas más agresivas que también han hecho en otros momentos de la historia: desde poner 40 mil millones de dólares con el FMI para manipular una elección hasta secuestrar un presidente. La pregunta es qué quiere hacer Argentina. Cuando me preguntaban qué iba a cambiar con Trump, yo decía: nada. El Comando Sur vino a Argentina por primera vez con otro gobierno. Los acuerdos de entrenamiento para las Fuerzas Armadas vinieron antes y van a seguir viniendo. Lo que pasa es que hay un alineamineto totalmente explícito desde lo discursivo en donde no hay una postura nacionalista.
¿Dónde pasa el interés por Argentina?
El interés de Argentina hoy tiene que ver con lo que está pasando en el Atlántico Sur: la presencia China, la pesca ilegal, los recursos, la posible existencia de petróleo, el control de un canal marítimo. Y algo más: si EE.UU. se va a ir de la OTAN, tiene que asegurarse el Atlántico Sur, donde la base militar es de Gran Bretaña y está en Malvinas. Y todo está muy cerca de su otro foco de atención que es la región Asia-Pacifico. Geoestratégicamente hay cosas que son distracciones y otras que son reales, como la intervención del puerto de Ushuaia. Uno de los grandes ejes de interés que tuvo EE.UU. durante años fue el canal de Panamá: Trump ha dicho que planea recuperarlo. El objetivo es controlar todos los canales interoceánicos. Por eso el estrecho de Ormuz. Muchos hablan de las guerras del siglo XXI, pero parece que volvimos a la expansión territorial como en el siglo XIX.
Colonialidad
Trump, Milei, y Malvinas como arma de extorsión

Ni justicia histórica ni actitud anticolonialista contra el saqueo y la ocupación de 1833: Malvinas es utilizada como moneda de cambio o instrumento de apriete de Estados Unidos contra el Reino Unido para obligarlo a triplicar su gasto bélico en la OTAN hasta alcanzar el 5% de su PBI. Ante las declaraciones de Trump sobre revisar la posición estadounidense sobre Malvinas, Milei declaró hoy: “Ayer pasó algo muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada que tenemos los argentinos”, y luego se anunció una cadena nacional para el jueves, como parte de los intentos de instalar un tema sensible que saque al gobierno de su actual crisis social y económica. La mirada desde la agencia Agenda Malvinas muestra que este no es un acercamiento a la recuperación de la soberanía, sino lo contrario: el Atlántico Sur convertido en el campo de batalla de una extorsión abierta.
por Agenda Malvinas (www.agendamalvinas.com.ar)
La extorsión diplomática abandonó los pasillos del Pentágono para instalarse de forma explícita en el Salón Oval. En declaraciones a la prensa este lunes, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, admitió en persona por primera vez que evalúa retirar el respaldo de su país a la administración británica sobre las Islas Malvinas. Lejos de responder a un imperativo de justicia histórica o a un principio anticolonialista contra el saqueo y la ocupación de 1833, la maniobra confirma la cruda naturaleza de la diplomacia transaccional de Washington: el territorio austral argentino es utilizado como instrumento de apriete para obligar al Reino Unido a triplicar su gasto bélico en la OTAN hasta alcanzar el 5% de su PBI.
La confesión en el Salón Oval
Consultado directamente por los periodistas sobre si analiza revertir el reconocimiento a la ocupación británica a raíz de las recientes revelaciones del diario londinense The Telegraph, Trump respondió con una frase que sacudió a Downing Street:
«Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas”, sentenció el mandatario estadounidense.
La escueta pero contundente definición otorgó confirmación oficial a lo que meses atrás había sido catalogado por el secretario de Estado, Marco Rubio, como una simple filtración de correos internos. La amenaza de despojar a Londres de su paraguas diplomático en el Atlántico Sur no es una idea aislada de funcionarios de menor rango: es una de las cartas activas en la mesa de decisiones del presidente de los Estados Unidos.
El chantaje como doctrina militar
La presión sobre el gobierno laborista de Andy Burnham se inscribe en la campaña de la Casa Blanca para instaurar la denominada «OTAN 3.0». Según fuentes del Departamento de Guerra (Pentágono), los planes de inversión en defensa presentados por Londres —iniciados bajo la gestión de Keir Starmer— resultan insuficientes para las exigencias de Washington.
Un alto funcionario de Defensa estadounidense anticipó que el Reino Unido recibirá «especial atención» en la revisión de los compromisos de los miembros de la alianza militar, advirtiendo que en las negociaciones «no se descarta nada en cuanto a opciones para fomentar el tipo de reparto de cargas que buscamos».
En el mismo sentido, la secretaria de Prensa del Pentágono, Kingsley Wilson, dejó en claro que la administración republicana busca disciplinar a sus socios tradicionales:
- “A pesar de todo lo que Estados Unidos ha hecho por nuestros aliados de la OTAN, ellos no estuvieron ahí para nosotros”, advirtió la portavoz.
- Ratificó que el área de defensa garantizará opciones al Presidente para evitar que los aliados europeos sigan actuando como un “tigre de papel”.
Frente a la escalada, el vocero del primer ministro británico se apresuró a reiterar la postura intransigente del Foreign Office, asegurando que las islas son un «territorio británico de ultramar soberano» y que el pretendido derecho a la autodeterminación de los isleños «no está en cuestión».
La paradoja para la Argentina
Mientras el Departamento de Estado mantiene formalmente su postura de «neutralidad constante» con reconocimiento a la administración de facto británica, las expresiones públicas de Trump abren un escenario de alta volatilidad.
Para la Casa Rosada y la sintonía exhibida por el presidente Javier Milei, la admisión de Trump podría interpretarse como una victoria diplomática o una señal de que el alineamiento con Washington acerca la posibilidad de recuperar el archipiélago. Sin embargo, el análisis de fondo expone una realidad diametralmente opuesta:
1. Moneda de canje, no causa justa: Estados Unidos no busca reparar la integridad territorial argentina ni condenar el despojo colonial, sino extorsionar a su socio histórico, económico y militar para que destine miles de millones de libras a la maquinaria bélica de la OTAN.
2. El peligro del precedente: El mismo poder hegemónico que hoy utiliza a las Islas Malvinas para someter a su aliado nuclear más cercano es el que mañana, ante un giro de intereses, utilizará las rutas marítimas, los recursos naturales o las bases logísticas del Atlántico Sur para presionar y disciplinar a la propia Argentina.
3. Control sin concesiones: Si Londres cede al ultimátum y eleva su presupuesto militar al 5%, la amenaza de Trump se disipará de inmediato, dejando intacto el enclave militar en Monte Agradable y sepultando cualquier ilusión de negociación bilateral para nuestro país.
Las declaraciones de Donald Trump consolidan la certeza de que el Atlántico Sur se ha convertido en el campo de batalla de una extorsión abierta. La causa Malvinas, cimentada en el derecho internacional y la memoria histórica, queda así expuesta a la lógica del garrote y la billetera de un imperio que no reconoce soberanías legítimas, sino márgenes de rentabilidad y relaciones de fuerza.
Colonialidad
El documento británico que confirma el robo petrolero en Malvinas

La petrolera de origen israelí Navitas Petroleum Development and Production Limited ha tomado el control casi absoluto de la Cuenca Malvinas Norte según el informe oficial de Departamento de Minería y Petróleo británico dado a conocer por el sitio web periodístico Agenda Malvinas. Son 2.700 kilómetros cuadrados de la plataforma continental argentina concesionados de modo directo e ilegal para el proyecto de megayacimiento marino Sea Lion, en el que Navitas es secundada por Desire Petroleum Limited y la británica Rockhopper Exploration. Hay además un total de 22.500 kilómetros cuadrados del Mar Argentino otorgados bajo regímenes contractuales ilegítimos. El informe británico detalla cada licencia, las empresas y socios, y las extensiones entregadas en cada caso. ¿Por qué el 31 de diciembre de este año es una fecha clave? El artículo de Agenda Malvinas (agencia con sede en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur) señala que «la inacción del Estado argentino y de la provincia de Tierra del Fuego roza la complicidad». El texto completo y el listado de concesiones ilegales del gobierno británico.
Por Agenda Malvinas
www.agendamalvinas.com.ar
Un informe oficial del «Departamento de Minería y Petróleo» ilegítimo, actualizado al 4 de marzo de 2026 y obtenido por Agenda Malvinas, detalla la nómina completa de las licencias de producción de hidrocarburos.
Mientras los discursos oficiales de la Cancillería argentina y del Gobierno de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur naufragan en la retórica de gacetilla y la inacción ante la violación sistemática de vasta legislación nacional, los documentos oficiales del propio régimen colonial británico revelan la aceleración de la ingeniería del despojo hidrocarburífero en el Atlántico Sur.
Un documento oficial del Department of Mineral Resources de la ocupación ilegítima, titulado «Production Licence Status as of 4th March 2026», al que tuvo acceso exclusivo Agenda Malvinas, expone con precisión contable la cartografía del saqueo: miles de kilómetros cuadrados del lecho y subsuelo marino argentino repartidos entre un puñado de corporaciones transnacionales que operan sin sanción ni freno alguno.

La hegemonía de Navitas Petroleum: El monopolio de la Cuenca Norte
La nómina actualizada a marzo de 2026 confirma documentalmente lo que este medio viene investigando: la petrolera de origen israelí Navitas Petroleum Development and Production Limited ha tomado el control casi absoluto de la Cuenca Malvinas Norte

A través de la adquisición del 65% del paquete operativo en la abrumadora mayoría de los bloques de producción, Navitas lidera el consorcio extractivo secundada por Desire Petroleum Limited y la británica Rockhopper Exploration:
- Bloque PL003a (368.86 km²): Navitas 65%, Desire 32%, Rockhopper 3%.
- Bloque PL003b (167.85 km²): Navitas 65%, Desire 32%, Rockhopper 3%.
- Bloque PL004a (621.34 km²): Navitas 65%, Desire 30%, Rockhopper 5%.
- Bloque PL004b – Área 1 (103.11 km²): Navitas 65%, Desire 30%, Rockhopper 5%.
- Bloque PL004c – Área 2 (80.66 km²): Navitas 65%, Desire 30%, Rockhopper 5%.
- Bloque PL005 (534.32 km²): Navitas 65%, Desire 35%.
- Bloque PL032 (540.31 km²) y Área de Descubrimiento Sea Lion: Navitas 65%, Rockhopper Exploration 35%.
- Bloque PL033 (275.70 km²): Navitas 65%, Rockhopper Exploration 35%.
Sumando únicamente estas licencias, el tándem Navitas – Rockhopper controla de forma directa e ilegal más de 2.700 kilómetros cuadrados de la plataforma continental argentina dedicada al proyecto megayacimiento Sea Lion y sus áreas de expansión.
JHI, Borders & Southern y Falkland Oil: El resto de la masa heredada
El informe oficial del Departamento de Minería colonial expone también la situación de los bloques lindantes y del sector sur:
1. Licencia PL001 (1.125,43 km²): Registrada al 100% a nombre de JHI Falkland Inc. (subsidiaria de JHI Associates, recientemente absorbida por la canadiense Eco Atlantic), cuya Fase 2 vence el 31/12/2026. Como reveló Agenda Malvinas, Navitas ya pactó la cesión del 65% de esta área para conectar sus recursos al buque factoría de Sea Lion.
2. Licencias PL011, PL012 y PL014 (8.871,40 km² en conjunto): Registradas a nombre de Falkland Oil and Gas Limited (100%).
3. Licencias PL018, PL019, PL020 y Descubrimiento Darwin East-1 (9.790,43 km² en conjunto): Controladas al 100% por la firma Borders & Southern Falkland Islands Limited.
En total, la documentación colonial computa más de 22.500 kilómetros cuadrados de mar argentino concesionados bajo regímenes contractuales ilegítimos (Model Clauses 1995 y 2000).
La fecha clave que el Gobierno prefiere ignorar: 31 de Diciembre de 2026
Hay un dato técnico que surge de la lectura minuciosa de la planilla oficial y que constituye una verdadera bomba de tiempo jurídica y política: todas las licencias vigentes (PL001, PL003, PL004, PL005, PL011, PL018, PL019, PL020, PL032 y PL033) tienen como fecha de vencimiento unificada (Licence Expiry), el 31 de Diciembre de 2026.
Esto significa que, en los próximos meses, el gobierno colonial británico deberá emitir decretos de prórroga masivos o autorizar la transición hacia las concesiones definitivas de explotación comercial para dar paso a la llegada de las plataformas de perforación y los buques FPSO.
Ante esta ventana temporal crítica, la inacción del Estado argentino y de la provincia de Tierra del Fuego, roza la complicidad:
- El Ministerio de Economía y la Cancillería Nacional no han emitido actualizaciones de sanciones, alertas internacionales a las bolsas de valores ni embargos preventivos sobre los activos globales de Navitas, Rockhopper o Eco Atlantic.
- El Gobierno de Tierra del Fuego, dentro de cuya jurisdicción provincial se encuentran formalmente delimitadas estas áreas marítimas, mantiene una actitud de absoluta ceguera administrativa, omitiendo querellas penales, actuaciones judiciales autonómicas o notificaciones formales a las provincias integrantes del Consejo Federal de Hidrocarburos.
Lo que la colonia publica, la Argentina lo oculta
Los datos no surgen de una estimación de prensa ni de un trascendido diplomático. Están volcados en la planilla técnica oficial del Department of Mineral Resources británico.
Los usurpadores publican, transparentan y auditan en sus boletines oficiales el mapa de la expropiación petrolera. Del lado continental, la dirigencia política argentina opta por no ver, no informar y no actuar. Desde Agenda Malvinas ponemos a disposición pública este documento exclusivo para denunciar el despojo en marcha, romper el cerrojo de la impunidad corporativa y exigir una respuesta inmediata a la altura de la dignidad soberana del pueblo argentino.
MUndial
“Si gana la Selección pierde Milei”

Daniel Guzmán, ex combatiente de Malvinas, vecino de Tierra del Fuego y creador del sitio web Agenda Malvinas sobre geopolítica y soberanía: sus reflexiones a horas de la semifinal entre Argentina e Inglaterra. El embajador inglés, Scaloni, Milei, el ministerio para Julián Álvarez y lo que puede pasar si se gana, o si no.
Por Sergio Ciancaglini
Una de las principales producciones nacionales de estos tiempos es la adrenalina. Por si faltaba algo, se viene Argentina-Inglaterra con todos los debates que eso incluye. ¿Es solo un partido de fútbol? ¿Influyen Malvinas, “los pibes que jamás olvidaré”, toda una historia con ínfulas imperiales que se remonta desde las invasiones inglesas y los despojos económicos además de territoriales? ¿Y Maradona, y el 86? ¿Cómo tomar todo esto?
Daniel Guzmán es uno de aquellos pibes, ex combatiente de Malvinas en el Comando del Regimiento de Infantería 25. Hoy vive en Tierra del Fuego, fundó el sitio web Agenda Malvinas y es una referencia para hablar sobre soberanía y temas geopolíticos. Está impulsando además el Proyecto Curricular Malvinas para todos los niveles educativos, como Pedagogía para un territorio usurpado.
¿Cómo vive y cómo toma esta sobreproducción de adrenalina futbolera con puntos de intersección con la historia del país y la que le tocó vivir como soldado? “Argentina tiene una confusión de la patria con el fútbol. En términos personales me pasó, y a muchos compañeros, que había amistosos previos al Mundial 1982, ya estábamos en Malvinas y medio que nos obligaban a escuchar los partidos. Cuando volvimos de la guerra a Buenos Aires, la sociedad estaba muy metida con el tema del mundial y muy poco con lo sucedido en Malvinas. Así que tengo una contradicción con el tema. Cuando era pibe veía mucho fútbol pero después de eso quedé alejado. Te diría que recién en 2022 recuperé un poco las ganas de ver un partido”. Daniel es hincha de Boca y Belgrano de Córdoba.
¿Y en el 86, con la mano de Dios, el barrilete cósmico y el trofeo? “Muchos estábamos muy ajenos. No podíamos con nosotros mismos. La verdad es que no lo disfrutamos en esas condiciones. Las cosas que nos sucedían cuatro años después de la guerra eran tremendas”.
“MILEI ES LA THATCHER”
Sobre la confusión patria-fútbol: “Se sublima en el fútbol la energía que debería estar enfocada en la defensa nacional. Entonces todo lo que pasa en el fútbol tiene valor emocional pero no tiene un correlato en la vida cotidiana de los argentinos. Pero para los argentinos es muy fácil confundir esas cosas. No quiero decir que es un defecto, prefiero no calificar: pero es una condición”.
¿Un ejemplo? “Tenemos mucha unidad en el fútbol y muy poca unidad para la defensa nacional. Sobre todo en esta instancia del país, donde la patria que fuimos a defender en 1982 ya no existe. Este gobierno está destruyendo lo poco que quedaba de la identidad nacional en todos sus conceptos: industriales, laborales, científicos”.
Daniel se queda pensando. “Lo que te puedo decir es que si gana la Selección pierde Milei, porque Milei es la Thatcher”.
Además de sus declaraciones públicas respecto de Margaret Thatcher, primera ministra británica durante Malvinas, Milei tiene el retrato de tal señora en su despacho junto a uno de Ronald Reagan, el presidente norteamericano que apoyó a Inglaterra en aquel conflicto.
“Si pasa que gana la Selección sería un logro pequeño pero emotivo. Porque querés ganar después de ver al embajador británico con la camiseta argentina, como si estuviera saludando a los jugadores que están en distintos equipos de Gran Bretaña”. Victor Cairns hizo armar un video en el que todas las imágenes son de IA mostrándose con la camiseta argentina y saludando a Emiliano Dibu Martínez, Enzo Fernández, Cuti Romero, Alexis Mac Alllister y Lisandro Martínez.

Explica Guzmán: “Es parte del colonialismo simbólico. Por eso es una tristeza que no podamos enfocar toda esa energía del fútbol que es muy poderosa en comprender el tema Malvinas. Lo que pasó en el 2022 con millones de personas en la calle es una muestra profundísima de la diferencia que hizo Argentina en ese aspecto emotivo frente a otras naciones”.
Frase para alguna antología: “Nos gusta el circo romano, pero no nos gusta lo que pasa afuera del circo”.
NO SE DEFIENDE LO QUE NO SE CONOCE
¿Y cómo tomar las canciones que en el ámbito del fútbol son las que más frecuentemente remiten a Malvinas? “Eso es el pueblo. Eso nace de las barras. Entonces a mi juicio lo que salva al pueblo es la identidad que está mucho más allá de una Cancillería pro británica, y de todo el poder real que está en plena expansión en este momento con Milei”.
“Aunque no entiende exactamente cómo defenderse frente a esta situación, el pueblo sabe. Y lo manifiesta cada vez que puede”. Ejemplo que sorprende en el exterior: las multitudes y el ya célebre “el que no salta es un inglés”.
“Pero a su vez la herida y el dolor de la posguerra y de la muerte está presente en todo eso, como un homenaje. Entonces hay un pueblo apagado en lo estratégico por lo que considero lacayos que viven en este país”.
Sobre ese apagón dice Guzmán: “Eximo a los jóvenes, y de hecho estamos trabajando en la construcción de una Pedagogía para un territorio usurpado, un proyecto curricular adecuado a los diferentes niveles de enseñanza. Porque la responsabilidad es del Estado, de los gobierno y de los adultos. No le podemos pedir a la juventud que haga algo que no le hemos transmitido ni mostrado”.
“Porque nadie puede defender lo que no conoce. Entonces conocer una pedagogía de la realidad es lo que te permite entender. Ni los jóvenes ni los viejos entienden la profundidad de colonialismo británico en Malvinas. Saben que son argentinas y las defienden a los gritos. Es como la camiseta. Malvinas es la camiseta, con ese nivel de significado popular. Pero si a esa camiseta no la impregnamos de conocimientos, terminamos sabiendo más de los jugadores que de la guerra por la que pasamos”.
Lionel Scaloni planteó que el miércoles solo se tratará de un partido de fútbol: “Es que si no, le ponemos una carga… Messi presidente y listo. El Dibu a Economía y que ataje todos los pelotazos. Al Toro en algún lado hay que ponerlo. Y Julián al ministerio de Desarrollo Social. Le veo cara de tan buen pibe que digo: este tiene pueblo. Pero entonces, podés empezar con Rattin (Antonio Rattin era capitán del equipo argentino que en 1966 jugó contra los ingleses en el Mundial organizado en ese país, fue expulsado por un referí alemán y pelado llamado Kreitlen y salió tironeando un banderín inglés y sentándose en la alfombra del palco de la reina). Y desde ahí hubo siempre demostraciones de oposición a lo británico. Pero no le podemos exigir a la Selección que haga lo que la política argentina no hace”.
CHARLANDO DE FÚTBOL
Daniel no está ajeno a las taquicardias de este Mundial: “Me encanta esto. Me gustó mucho el del 22 y se está replicando. Eso de ganar en la adversidad. Creo que la Selección refleja algo que nos pasa, que es funcionar a presión. El partido con Egipto fue épico, el de Cabo Verde tremendo. Y el otro día nos salvó Julián con ese golazo cuando parecía que íbamos a los penales. Es todo casi literario. Por eso no estoy de acuerdo con los que quieren que pierda la Selección. Ni que el fútbol condicione la política”.
¿Y hacia adelante? “Bueno, si gana la Selección pierde Milei. El grado de entrega y cipayismo que tiene el gobierno con los británicos es feroz. Que gane la Selección pondría en ridículo a Milei. Y lo real es que terminado el Mundial, en agosto, empieza el proceso electoral 2027. Y ese va a ser otro partido”.
¿Y si la Selección pierde? “Hablo siempre desde lo personal. Nosotros perdimos una guerra, no un partido. Y acá estamos. Nada puede modificar la lucha. A la Selección no le exijamos que resuelva la entrega colonial de la Argentina desde Menem a la actualidad. Si perdemos será una forma de repensar algo: cómo ganar”.
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