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Viajar al Pepe: crónica de la despedida a José Mujica

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Jardinero, humanista, vendedor de flores, guerrillero, preso, torturado, legislador, presidente, y etcéteras al infinito. Un tipo (poco) común y (poco) corriente. Un símbolo de su país y un pedazo de historia contemporánea de América Latina, al que la gente de Uruguay fue a ver por última vez, para homenajearlo, llorar, reír, recordar sus historias y mandarle mensajes.

Por Francisco Pandolfi (enviado a Montevideo)

Viajar al Pepe: crónica de la despedida a José Mujica

Es una coreografía, aunque no lo parezca. 

Una danza, aunque no se baile. 

Una performance, aunque no haya teatro, ni música.

Es una coreo y una danza y una perfo perfecta lo que hace el pueblo uruguayo sin proponérselo. No piensa, no imagina que ese asistir al homenaje, al velorio, al llanto por la muerte y a la celebración por la vida, lo que termina produciendo, organizando, creando, es una puesta en escena maravillosa para despedir allí, en el Palacio Legislativo de Montevideo, a José Pepe Mujica, 89 años –32866 días– que no pasaron intrascendentes.

Un repaso a velocidad 2x de WhatsApp: un pibe que nació en la pobreza, un adolescente estudioso que vendía flores y hacía ciclismo, un militante social comprometido, un guerrillero (tupamaro), un perseguido, un preso, un torturado, un liberado, un diputado, un senador, un ministro y un presidente entre 2010 y 2015. Un compañero, un jardinero, un humanista. Un tipo (poco) común y (poco) corriente. Un símbolo de su país y un pedazo de historia contemporánea de toda América Latina, al que un ejército de fieles llegan para verlo por última vez.

Viajar al Pepe: crónica de la despedida a José Mujica

Los pies se mueven pasito a pasito, cansinos y arman un ballet durante horas y horas, en dos días consecutivos (miércoles y jueves) para acercarse al Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo donde yace su cuerpo a cajón cerrado. Es imponente cómo se mantienen los más de 300 metros de fila pese al paso del tiempo y de las personas. Cada vez pasa más gente a saludarlo, cada vez llega más pueblo a la cola. Y con el correr de la tarde del jueves esa columna alargada de cuerpos se estira al punto que quedan muchos sin poder entrar antes de las 16.30, la hora estipulada como cierre. 

Esta no es una crónica sobre la vida de José Mujica, ni respecto a sus postulados políticos, ni en relación a sus aciertos y sus contradicciones como primer mandatario. Esta es una crónica desde los ojos de quienes hoy lo lloran, lo respetan, lo aman, lo critican (pero igual agradecen haberlo tenido), lo valoran por todo lo que hizo.

Viajar al Pepe: crónica de la despedida a José Mujica

“No me roben la libertad”

Juan Cousillas tiene 56 años pero todavía no sé su nombre ni su edad cuando lo veo llorar desconsoladamente, sentado en el cordón de esa vereda virada a punto de apoyo de quienes salen de darle el ¿último? adiós. Está mirando una foto de Pepe y llora como si fuese alguien de 56 años al que se le fue una persona que le atravesó su vida por completo. Es obrero de la construcción y un “militante de toda la vida” que se había “descreído de la política hasta que él llegó y rompió todos los esquemas, tanto culturales como sociales. Hizo campaña en una bicicleta, subiendo a los colectivos. El MPP (Movimiento de Participación Popular que fundó Pepe en 1989) nació haciendo mateadas en plazas, con cero recursos económicos. No era el tipo de traje, sino uno más de nosotros que trajo la misma propuesta de Artigas: los más humildes serían los más privilegiados. Y así fue”.

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Juan Cousillas, obrero de la construcción y una idea genuina de lo que significa la libertad.

Cuenta una anécdota: “Yo viví diez años en España y en una de las veces que volví, en 2009, me lo encontré en un bar, porque a él te lo encontrabas en cualquier lado. Me acerqué a saludarlo y le conté un problema: pese a que existía un acuerdo entre Uruguay y España que regía desde 1920 para tener la doble nacionalidad, no se cumplía. Pepe sacó una libretita y anotó. No pasó mucho tiempo y ya lo había resuelto. Era eso: la política al servicio del pueblo”.

Viajar al Pepe: crónica de la despedida a José Mujica

Juan se vistió para la ocasión: una remera gris con la cara de Mujica y otra de sus frases célebres: “No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje. Vivo con lo justo para que las cosas no me roben la libertad”. Le brilla la mirada al resaltar que cuando era presidente donó el 90% de su sueldo para construir casas para los más pobres y que cedió, junto a su compañera de vida Lucía Topolansky, un terreno pegado a su chacra para construir una escuela agraria estatal. Años después, hizo lo mismo con cinco hectáreas para construir viviendas destinadas a ex presos. “Además de ser ejemplo de vida generó un montón de transformaciones, aplicando la distribución social. Rompió con la máxima de que si crecen los salarios crece la inflación. Nosotros crecimos por encima de la inflación; él nos abarató la vida tajándole la torta a las grandes riquezas. Por eso para la derecha fue un callo”. 

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Mensaje al más allá

Rosalina está cerquita de los 70 y envuelta con la bandera del Frente Amplio. Dice que fue el mejor presidente, por ser el único que luchó por y para los pobres. “No trabajó para los ricos; sí para quienes más lo necesitábamos”. Dice que le dejó el mayor de los legados, que no tiene más que agradecerle porque es de “cortas palabras pero que dicen mucho” y pide una única cosa, “si es verdad el tema de la reencarnación”: “Le pido que desde donde ahora esté, reencarne en otra persona que sea como él, y que venga a ayudarnos a los pobres”.

Jorge y Pablo salen abrazados del Palacio Legislativo. En realidad, Pablo está sosteniendo a Jorge, visiblemente angustiado. Pablo tiene 30 y es el hijo. Jorge, 59, el padre. Como la zozobra le permite, dice: “Se nos fue un grande, un bueno, uno que hacía todo para mejorar la sociedad, que nos mostró el camino para dejar de ser avariento. El consumismo nos va a consumir y ya sucede, nos estamos matando entre nosotros”. Se limpia las gotas que le caen por la mejilla y asegura que marcó una escuela, no sólo entregando la mayoría de su sueldo sino exigiendo que los integrantes de su partido hicieran lo mismo. “Pepe Mujica es un prócer de la humanidad”.

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Jorge y Pablo, padre e hijo, emoción y una reflexión: «El consumismo nos va a consumir. Ya se ve. Nos estamos matando entre nosotros».

Verónica Leal, 49 años, asegura con los ojos rojos que Pepe hizo visibles a los invisibles. “Vine a despedir a mi compañero, a mi amigo”. No se hicieron cercanos de casualidad. “Mi hija Romina iba a morirse, el deceso era inevitable. Hacía cinco años que esperaba un órgano y no llegaba. Hasta que fui a hablar con él, e impulsó que en septiembre de 2014 se aprobara la ley de donantes tácitos, inédita en nuestro país. A diferencia de lo que pasaba antes, hoy toda persona adulta es donante, excepto que se oponga explícitamente. A partir de la ley, mi hija consiguió ser trasplantada con éxito. Pero un tiempo después falleció, fue determinante todo el tiempo perdido antes”. Desde que le avisaron de su muerte no tiene casi palabras, (dice, con las que le quedan) y agrega que Pepe le hizo valorar mucho más la vida. 

El ballet de la gente

José Mujica falleció este martes 13 de mayo, tras pelearle duro a un cáncer de esófago. Su cuerpo ahora está ahí, dentro de un cajón de madera sobre el que se extienden una bandera de Uruguay y la creada por José Artigas en la guerra independentista (por la cual el Frente Amplio tomó los colores rojo, azul y blanco). Encima, un puñado de ramos de flores.

El ballet conjunto frena únicamente en dos momentos: en un sitio donde se le escriben mensajes de despedida –en libros que pronto se quedan sin hojas–, y cuando se pasa frente a él. Ahí, cada uno despliega el sentir a piacere.

Le tiran besos, se llevan una mano al corazón, le levantan el pulgar. Se persignan con la señal de la cruz, lloran, le dejan flores. Se ríen, le dicen “vamos”, le dicen “gracias”. Le hacen reverencias de las más variables, se lo quedan mirando, le alzan el puño. Mueven la cabeza como quien dice que “no” (no puede ser que te hayas muerto), o mueven la cabeza como quien dice que “sí” (y se golpean el pecho de orgullo).

Viajar al Pepe: crónica de la despedida a José Mujica

Hay un montón de familias. Y un popurrí de todas las edades. Hay militantes del Movimiento Sin Tierra de Brasil que viajaron especialmente, hay argentinos que le dejan como tributo la bandera de Argentina, chilenos que le dejan como tributo la bandera de Chile, que se mezclan a incontables uruguayas, algunas de Palestina y un par de whipalas originarias. La pila de ofrendas crece y crece a medida que pasan las horas. Hay infinidad de flores (se venden afuera a cien pesos uruguayos, que equivalen a unos 2.800 argentinos), banderas (doscientos), pero también otros distintivos: una maceta que luce una flor rosa; o una pelota azul que le regaló un nene.

Hay varios bebés en brazos y madres y padres llevando a bebés. Hay menos bebés que mates. Hay personas en silla de ruedas, con andador, con bastón. Hay gente que lo saluda, pasa de largo, pero se dan vuelta y rompen en llanto. Están quienes le hacen el gesto de abrazarlo varios metros antes de llegar frente al ataúd, como si así alargaran un cachito más la despedida. Y hay quienes rompen el silencio sepulcral y aplauden aún con el temor del apercibimiento y es ahí cuando el ballet ya no solo coordina los pies. Las manos todas se sumergen en un aplauso cerrado, respetuoso, tanto que dan ganas de llorar ahora mismo que se escriben (y se leen) estas letras.

Machismo y derechos humanos

A Irene, 70, y a Susana Prunell, 67, les conmueven “las gurisitas conmovidas por un viejo de noventa, en una ciudad de viejos como es Montevideo”. Casi que no lo conocieron, “pero ahí están despidiéndolo como si hubiesen vivido su época y todo lo que hizo por Uruguay”.

¿Qué hizo? Susana: “Con él, mi jubilación se fue para arriba”. Irene: “Las leyes del aborto y del matrimonio igualitario aprobadas en su gestión fueron maravillosas”. Destaca esto, incluso, cuando en un volumen más bajito opina que “era un poco machista”. No es la única crítica, entre varias flores: “También era muy miliquero. Estuvo muy cercano a los militares, buscando conciliar con ellos”. No haber promovido con la fuerza esperada la investigación de los delitos de lesa humanidad y la búsqueda de desaparecidos es el punto que más le reclaman los organismos de derechos humanos y otros sectores de la sociedad uruguaya. Hay una nota en el medio uruguayo Brecha de imprescindible lectura donde se hace un minucioso repaso de su gestión en la presidencia “con sus luces y sombras”. Pepe fue preso en la dictadura militar uruguaya por casi 15 años, y 13 años consecutivos entre 1972 y 1985.

Viajar al Pepe: crónica de la despedida a José Mujica

Irene y Susana hablaron sobre las luces, sin desconocer las sombras de una figura a la que en cualquier caso consideran una brújula. «Les cambió la pisada a los gurises».

Para Irene hubo más luces que sombras. “La sencillez y la coherencia. Era un humanista, súper formado, sabía de todo, desde plantas a pensadores del siglo XVIII”. Para Susana también: “Era auténtico. Lo llamaban terrorista pero no lo era. Sí fue guerrillero, como Artigas. Uruguay tuvo en su historia tres hombres grandes llamados José, a quienes les doy el mote de superhéroes porque vinieron a salvar lo que otros habían destruido. Artigas logró la independencia, Batlle y Ordóñez revolucionó todo y Pepe les cambió la pisada a los gurises, o sea, les cambió la vida. Iban por un camino y los hizo pensar para que no se desviaran. Se nos acaba de ir la brújula de esa gente joven, que lo tenía como un referente. Perdimos el norte sin él”.

El elogio opositor

Esa gurisada está acá, por todos lados, aunque digan que es una ciudad de viejos. Y está acá, en algunos casos, sin ser del mismo partido de Mujica. Como Valentina, que tiene 25 y es “de otro sector del Frente Amplio. Pero eso no importa. Vi hasta militantes del Partido Colorado”, de tendencia liberal. Sintetiza el por qué: “Porque Pepe es pa’ todos”.

O como Maite González, también de 25, que lleva una bandera uruguaya que le cuida la espalda. Es del Partido Nacional (centroderecha, del mismo que el ex presidente Luis Lacalle Pou), pero eso no le quita la emoción de los ojos. “Pese a las diferencias con nuestro partido, Pepe fue una gran persona. Y muy humilde”. 

Quien sí es del MPP fundado por Pepe es Rodrigo, de 16 años. Creció en un ámbito familiar de militancia, empezó a estudiar y vio “la necesidad de mejorar el sistema educativo”. Dice que “milita desde que nació”, pero que a los 12 sintió una conciencia mayor. Desde hace dos meses forma parte de Gurises MPP, la juventud del partido que incluye a jóvenes de 14 a 29 años. Esboza una despedida: “Fue un fiel creyente de la Patria Grande y de los avances políticos ideológicos, todo eso mostrando un don: la humildad y la prioridad puesta en los más necesitados”.

Florencia (21) y Agustina (22) son amigas. Flor dice que vino a acompañar a Agus, la más afectada: “Influyó mucho en lo que pienso ahora. Es la historia de Uruguay, fue, es y será un referente grande para mí. Empecé a ver más allá por mi papá, y al ir creciendo y escuchar a Pepe, me di cuenta de lo que pasa, de lo que quiero hacer. Gracias a él siento que estoy entendiendo”.

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Florencia, Agustina y una idea: «Los derrotados son quienes no luchan».

Si tuvieran que elegir una característica de Mujica para dársela al resto de la humanidad, ¿cuál optarían?

Florencia: “Su sencillez, el desprendimiento del materialismo como forma de vida”.

Agustina: “Luchar siempre, porque los derrotados son quienes no luchan. Yo lo voy a seguir haciendo”.

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No me voy, estoy llegando

Las despedidas no sólo se perciben en los rostros.

Están en el aire, en cada uno de los pasacalles escritos con manos y no con máquinas, que adornan la ciudad con frases suya elegida para afirmar el presente y reafirmar el futuro: “La vida se nos va, pero las causas quedan”; “No me voy, estoy llegando”.

Están en cada banderín naranja (del MPP) o rojo, azul y blanco (del Frente Amplio, confluencia de varios partidos que lo catapultó a la presidencia) colgados de balcones, ventanas y puertas de innumerables casas. 

Están en las paredes. Desde grafittis más sofisticados con su cara sonriendo, acompañado por un “Hasta siempre viejo querido”, hasta inscripciones más sencillas y austeras (como lo era él, dirán) como un “Mujica”, a secas (porque no hace falta más) escrito con crayón negro sobre una pared celeste gastado. 

Están en el montonazo de banderas de Uruguay (el nacionalismo está a simple vista, igual que las personas en situación de calle, que multiplican a las banderas) que circundan el microcentro montevideano, todas a media asta como protocolo del duelo oficial que durará hasta este viernes incluido.

Están en los cuadros, como el que llevan tres generaciones en una imagen en la que Mujica ríe junto al también ex presidente Tabaré Vásquez.

María de los Ángeles (77): “Perdemos a un caudillo impresionante. A quienes estábamos allá abajo, nos miró y sobre todo nos elevó. E hizo de todo, pero de todo por sacar a los jóvenes del mal camino. Lo vamos a extrañar mucho”. 

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Mari Recalde (59): ¿Saben lo que vale haber tenido un presidente que siempre dijo la verdad y que desistió de vivir con honores y ostentación, y nunca abandonar su humilde chacra? No tiene precio.

Shiomara (17): “Siento tristeza, porque era guía para una juventud que hoy está perdiendo los valores”, dice con palabras entrecortadas con sollozos. Siente alegría, también por lo que regó: “Bondad, conciencia, empatía”.

Están en los gestos, como el de Nicolás (50 años), que está petrificado, con termo y mate en mano, mirando a la multitud ingresar al Congreso. Él ya lo hizo, minutos atrás. Cuando lo despedía, pensó en “todas sus políticas sociales, en el habernos puesto a todos por igual. Eso logró Pepe, que todos tengamos los mismos derechos, pero de verdad”. Nicolás laburó toda la noche en el ferrocarril “que ahora volvió a estar olvidado”, y se vino sin dormir: “Empieza una nueva era. No habrá otro igual”.

Sobre la vida y el puchero

Y están en las remeras, como la que lleva el Vasco (Oscar). No es cualquier pilcha: está él, cortándole el pelo a Mujica, en la chacra, con Manuela jugando en los pies de su amo(r).

El Vasco era (es, será) su peluquero. Lo va a despedir una vez, camina, llora, y se mete en la cola de nuevo para volver a despedirlo. “Me siento triste. Una vez me dijo, ‘Vasquito, metete donde la gente te necesita, porque la vida es hoy’”. El Vasco, hoy enseña a cortar el pelo en las cárceles de Uruguay. 

Dice que aprende más de un velorio que de un asado porque un velatorio lo ayuda a reflexionar que la vida es limitada. ¿Y este en particular? “Me enseña porque fijate las emociones que mueve. Pero ojo, en tres días esto se apaga, y lo que debe generar es un efecto de compromiso con las causas necesarias. Eso transmitía Pepe, que fue un padre para mí”.

El Vasco le empezó a cortar el pelo un par de días antes de que asumiera como presidente el 1 de marzo de 2010. “Estábamos en su chacra y le pregunté qué pensaba hacer”. La respuesta la lleva guardada como si fuese ahora. 

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–Yo qué sé. La barra (el partido, la gente) te empuja y te dice “dale vos, te toca”, pero no sé lo que voy a hacer. Sólo una cosa estoy seguro: voy a pelear por el puchero de la gente.

Termina el velorio. Se cierran las puertas para el público y su amigo Mauricio Rosencof, con quien fueron parte del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, cierra la ceremonia privada. Cuenta que hace unos días nomás recordaban con Pepe que en los calabozos habían dejado una biblioteca enorme: “No en formato de libro, claro. Se dice que estuvimos 13 años incomunicados y sin vernos… sin vernos es verdad, pero incomunicados no. Porque pudimos reinventar la forma de comunicarnos entre nosotros. De alguna manera reinventamos el morse”. Lo que sigue es un aplauso que da escalofríos. Pareciera que no va a parar nunca. Y quizá sea así. Alguien grita “vuela alto, querido viejo, que nosotros te seguimos”. Y se abren las puertas del palacio para ahora sí, la despedida final de su pueblo.

Los músicos Mario Carrero y Numa Moraes interpretan en las escalinatas del Palacio Legislativo “A don José”, en referencia a Artigas y que en Uruguay se considera un himno. Ahora, se lo cantan a José Mujica. La última estrofa genera una emoción general:

Si la patria me llama aquí estoy yo.

Con libertad, ni ofendo ni temo.
¡Qué don José!
Oriental en la vida y en la muerte también.

La frase en el cartón

Son unos minutos que se extinguen tan rápido y que a la vez son eternos. Pepe está ahí, sobre una base de la larga escalinata, vitoreado y aplaudido por una multitud que le da el gran abrazo colectivo final. “Buen viaje, viejo”, se grita. Cuando el coche fúnebre arranca, se canta “olé, olé, olé, olé, Pepe, Pepe”, y lo que sigue es un llanto común. Como si ese ballet coordinado de pies o manos ahora fueran de lágrimas. “Se nos fue el mejor de todos los presidentes”, dice una mujer a la que le brotan de repente y ya no puede hablar más. Son horas inolvidables. Emocionantes. Una muestra de cariño irrepetible, de purísimo amor y gratitud. Este viernes, el cuerpo de José Mujica habrá sido cremado y sus cenizas esparcidas en su chacra de Rincón del Cerro (en las afueras de la capital), bajo un árbol, junto a su perra Manuela fallecida en 2018.

¿Cuánta gente de Uruguay, de Argentina, de América Latina, del mundo, hoy tendría un chau así de enorme, un hasta siempre tan gigante, un gracias por todo tan humano, silencioso, respetuoso, íntimo, hermosamente triste?

La respuesta es directamente proporcional a la figura que fue José Pepe Mujica para un pueblo que lo lloró, ¡un montón!, pero que sobre todo lo veneró. 

Alcanzaría con ver ese pedazo de cartulina blanca escrito a mano, a puño y corazón, con un error de ortografía que a nadie nunca jamás le va a importar por más que se espante cualquier letrado.

Ese pedazo de cartón que está debajo del cajón, en el que algún representado por Mujica le habla (le cuenta) directo a él, sin intermediarios. Porque así fue siempre el diálogo, la escucha, la historia. Y así seguirá.

–Grasias Pepe, hoy tengo un hogar digno.

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Incendios en Chubut: “Se está quemando nuestra historia”

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Hace un mes, después de una tormenta eléctrica, se detectó un foco de incendio en el Parque Nacional Los Alerces, en Chubut. Con medios aéreos y no sólo terrestres, se hubiese apagado rápido. Hoy, Los Alerces arden. Reproducimos esta nota de las y los Vecinos de Esquel y Trevelin autoconvocados por los incendios forestales. «No fue sólo la sequía, es un Estado irresponsable».

Por Vecinos de Esquel y Trevelin autoconvocados por los incendios forestales.

Foto de portada: Mariano Silvester.

El Parque Nacional Los Alerces es una de las áreas protegidas más bonitas del país. Es un lugar que ha sido cuidado y protegido desde 1937. Un parque que por su belleza paisajística y cuidado tan extremo fue declarado Patrimonio Mundial en junio de 2017.

Este parque, el nuestro, es el único Parque Nacional que cuida y protege la especie arbórea más longeva del mundo, el Fitzroya cupressoides, El Alerce Patagónico, el abuelo como los conocemos desde siempre. Esta especie arbórea habita el bosque andino patagónico desde hace 5486 años aproximadamente.

El Parque Nacional Los Alerces es la única área protegida de nuestro país que protege, entre otras especies, al bosque de Alerce que crece en la zona núcleo del Parque Nacional, en el bosque Valdiviano. Para conocerlo, embarcábamos en Chucao y navegábamos para visitar al abuelo de 2600 años: ahí, en la zona intangible comenzó el incendio, donde conviven Alerces, Coihues, Ñires, Lengas, Cañas Colihues, Huan Huan, entre muchas especies más. Cada árbol, cada arbusto del bosque es un refugio y hogar de diferentes aves, insectos y animales, como el Pudú (el ciervo más pequeño del mundo), el Huemul (Patrimonio Natural), Monito del Monte, Gato Huiña, Gato Montes, Pumas, Chucaos, Pájaros Carpinteros y más y más.

Incendios en Chubut: “Se está quemando nuestra historia”

Seccional Lago Verde

Preguntas sin respuestas

Lo más bello de este parque es su gran y variada biodiversidad, ese gran ecosistema prístino, bien equilibrado que se está ardiendo. Hoy se está quemando todo nuestro Parque y nos toca el alma no sólo a los que habitan y trabajan de manera directa en el área protegida, sino que nos afecta a todos.

¿No había ningún avión hidrante o helicóptero que pudiera llegar a ayudar a los pocos brigadistas y guardaparques que están poniendo el cuerpo desde diciembre? Ahora está en llamas la zona Núcleo, el corazón de nuestro Parque Nacional; también la zona de recreación, Lago Verde, Lago Rivadavia. El sector de río Arrayanes ayer comenzó a arder en ambos lados.

Las familias que habitan en el lago están intentando salvar lo que pueden de las llamas.

A nosotros, los locales, nos afecta de manera directa e indirecta.

Nos destruye no solo la temporada, nos destruye el territorio que cuidamos, protegemos y difundimos como un lugar digno de disfrutar y trabajar de manera sustentable. Nuestra calidad de vida se nos está yendo con las llamas. La posibilidad de una vida social, económica, ambiental de manera sustentable se va con cada perdida arbustiva y arbórea en este incendio.

El Patrimonio Mundial Parque Nacional los Alerces hoy arde y es necesario que nos expliquen por qué.

El rayo, lo entendemos, pero la pasividad de los siguientes días luego de la denuncia con presencia de imágenes, ¿cómo lo explican?

¿Cómo se explica la decisión de sólo observar “cómo viene el incendio”, “cómo avanza…”?

¿Cómo no se contó antes con los aviones hidrantes para lugares intangibles sin posibilidad de acceso terrestre?

¿Y por qué no se actuó a tiempo?

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Fusilamiento en Lugano: prisión preventiva para el policía que mató a Gabriel González

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En la foto se ve a la izquierda a Gastón Miño, el más alto, en el momento en el que está por disparar contra Gabriel González (a la derecha de la foto, sin camisa, levantando los brazos para defenderse de la agresión policial).

“Miño disparó una escopeta contra el cuerpo de la víctima a una distancia menor a cinco metros impactando municiones metálicas en el lado derecho del abdomen donde presentó lesiones que causaron la muerte” escribió el juez Hugo Decaría al dictar el procesamiento y la prisión preventiva del oficial de la policía porteña Darián Gastón Miño, quien fusiló al vecino de Lugano Juan Gabriel González la navidad pasada. Los y las demás policías que intervinieron en ese operativo quedaron imputados por encubrimiento. Pertenecen a una autodenominada “Unidad Táctica de Pacificación”. El juez además desmintió la versión policial, que para distraer la atención del crimen culpaba a familiares y amigos de Juan Gabriel. Nelly, compañera de Gabriel desde hace 24 años dijo a lavaca: “el cuerpo de Gaby siguió contando la verdad”.

Por Francisco Pandolfi

El oficial primero de la Policía de la Ciudad Darián Gastón Miño, quien fusiló a Juan Gabriel González el 25 de diciembre de 2025 en la Villa 20 de Lugano, fue procesado con prisión preventiva por el delito de homicidio agravado por pertenecer a una fuerza de seguridad. 

La decisión fue tomada por el juez Hugo Decaría, del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Número 20.

El juez estableció además el sobreseimiento de Nelly Elizabeth Portillo, Dante Gabriel González y Anastasio Néstor Chávez –mujer, hijo y vecino de Gabriel–quienes habían sido falsamente acusados de “homicidio en riña” por la misma Policía de la Ciudad, con obvia intención de desviar la atención sobre el crimen.

El resto de los policías de la Ciudad que actuaron en el operativo que derivó en el homicidio de González fueron imputados por el delito de encubrimiento .

Emanuel Luis Zuccolo representa a la familia y es abogado de Correpi, la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional. Dice a lavaca: “En un primer momento la Policía de la Ciudad le comunicó al juzgado que había habido una gresca como de 30 personas, que tenían botellas, palos, que cuando llegaron ellos los atacaron y que ese contexto alguien apuñaló a Gabriel. Eso quedó totalmente desmentido”.

Fusilamiento en Lugano: prisión preventiva para el policía que mató a Gabriel González

Al día siguiente del crimen ya hubo marchas en Lugano reclamando justicia.

En la resolución judicial se atribuye al oficial Miño haber abusado de su función como integrante de las fuerzas policiales, usar arma de fuego y violar la Ley de Seguridad Pública de la Ciudad de Buenos Aires. “Miño disparó una escopeta contra el cuerpo de la víctima a una distancia menor a cinco metros impactando municiones metálicas en el lado derecho del abdomen donde presentó lesiones que causaron la muerte”, sentencia el juez en un documento de 47 páginas que también informa que en el cuerpo de Gabriel González se encontraron “9 proyectiles tipo postas”.

Agrega el abogado: “Además, la resolución del juez afirma que tanto Anastasio como Nelly todo el tiempo estuvieron tratando de separar a los policías de Gabriel, buscando tranquilizar las cosas y eran los policías quienes atacaban con las tonfas y con balazos de goma. El juez no solo desmiente la versión policial, sino que la da vuelta completamente, diciendo que quienes atacaban sin razón a Gabriel eran los policías”.

Gabriel tenía 45 años. Era pintor, papá de dos hijos (Ángel y Dante) un vecino querido en todo el barrio, como contamos en este retrato que nunca hubiéramos querido tener que escribir y que publicamos hace unas horas

La autopsia fue clave para que el 31 de diciembre el oficial Darián Gastón Miño, de 30 años, fuera detenido en su casa de San Martín por requerimiento de la fiscalía 50 y también para este procesamiento: se demostraron los impactos de postas de goma y golpes recibidos en distintos lugares del cuerpo, pero además presentaba un orificio de entrada de 14 centímetros de diámetro en el epigastrio, debido al impacto a corta distancia de un proyectil de munición múltiple, que le provocó hemorragia interna y externa.

Fusilamiento en Lugano: prisión preventiva para el policía que mató a Gabriel González

Nelly y Gabriel rodean a su hijo Dante.

Nelly Portillo, pareja de Gabriel desde hace 24 años y mamá de Dante, el hijo que tuvo con Gabriel, le dice a lavaca sobre este paso contra la impunidad policial:

“Estoy destruida en mil pedazos, pero aun así me quedan fuerzas. Estoy viva y soy la voz de Gabriel. Tengo mil cosas para decirle a los responsables, pero lo único que quiero que quede claro es que Gabriel se defendió hasta morir y que todos los responsables van a tener que pagar por lo que hicieron y todo el dolor que nos causaron. Que se pudran en la cárcel”.

La tristeza no le impide seguir denunciando: “Que se sigan viralizando las imágenes, qué el país vea lo que hicieron. Y que los medios de comunicación que mintieron desde atrás de un escritorio salgan a pedir disculpas por decir que éramos tres borrachos más haciendo disturbios. No, no fue así, el cuerpo de Gaby siguió contando la verdad”.

A dos semanas de aquel mediodía, ninguna autoridad del gobierno de la Ciudad se pronunció todavía sobre el fusilamiento Juan Gabriel González.

Fusilamiento en Lugano: prisión preventiva para el policía que mató a Gabriel González
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Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

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Primera marcha de jubilados en el Congreso de 2026. Más policías y fuerzas de seguridad que manifestantes. Carros de asalto, móviles, camiones hidrantes, vehículos celulares, ambulancias. Todo un despliegue inútil que además entorpece el tránsito como los jubilados no podrían hacerlo. La mirada sobre las changas y la economía real. La llegada de personas y familiares de personas con discapacidad frente a la disolución de la ANDIS, y quienes manifestaron contra el desmantelamiento del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas. Como siempre en estos tiempos, la arbitrariedad y la fuerza contra quienes menos pueden defenderse, pero siguen decididos a hacerse oír para que las cosas cambien.

Por Francisco Pandolfi

12 móviles de Gendarmería Nacional. 

11 móviles de la Federal.

8 móviles de la Prefectura Naval. 

31 móviles (inmóviles, quietos) fue el despliegue de las fuerzas nacionales en las inmediaciones de un Congreso otra vez vallado para una movilización de jubiladas y jubilados que no contó con más de 300 personas. El caos en el centro provocado por el propio “protocolo” que ha sido declarado nulo por la justicia.

A esa desproporción se le sumó un centenar de policías de la Ciudad, los únicos que estuvieron del otro lado de la valla, vigilando a quienes manifestaban.

A metros de las vallas, un puñado de policías federales recibe órdenes del único que está vestido con pantalón de vestir y camisa.

Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

Tiene un handy en la mano.

Pero no quiere responder preguntas. 

–¿Quién es el responsable del operativo?

–Tenés que hablar con el Ministerio de Seguridad. 

–¿Pero con quién puedo hablar que esté ahora acá, que me pueda responder sobre el operativo de hoy?

–Tenés que hablar con el Ministerio de Seguridad.

¿Pero no hay un jefe de calle, alguien que me responda sobre el operativo?

–Tenés que hablar con el Ministerio de Seguridad.

–¿Cómo te llamás?

–Hernán. 

–¿Tu apellido y cargo? 

–No importa. Para hablar del operativo tenés que llamar al Ministerio de Seguridad. 

El número del Ministerio de Seguridad es 5278-9800.

Atiende la guardia de la recepción: “A esta hora no hay nadie que te pueda contestar”, dice. 

La tercera no es la vencida: el contacto con prensa del ministerio también cae en el silencio. No hay respuesta cuando se pide hablar con alguien que explique el operativo. 

Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

El cañito que pierde

Del otro lado de la valla, las y los jubilados dan un mensaje claro en este primer miércoles del año: acá estamos, acá seguimos, y acá vamos a seguir estando, cada semana. 

También dan otro mensaje: lo que avizoran es mucho peor. 

Carlos tiene 73 años es de Avellaneda y dice así: “Sigo trabajando, por supuesto”. Acentúa el “por supuesto”, normalizando la hostilidad. Plomero, albañil, gasista, porque “con 350 lucas es imposible”. Dice que hace 20 días que no tiene ninguna changa para hacer, “lo que da la pauta cómo la gente hace sus propias reparaciones o deja que el cañito pierda, algo que antes no hacía”.

Dice, también, que lo más sale es el laburo de albañilería, del que menos tendría que hacer: “Veo una bolsa de cemento y ya me pongo a llorar, no puedo hacer tanta fuerza, pero no me queda otra”.

Carlos no usa eufemismos, ni adorna sus palabras con un optimismo que a esta altura es difícil de comprar. “Este año va a ser peor”. Argumenta: “Terminamos el año con un decreto que le da más poder a la SIDE para hacer lo que quiera, y eso nos va a traer muchos problemas. ¿Cuánta gente se va a desmovilizar por miedo? Esto es un veneno”.

Carlos está contento, pese a todo, porque para las fiestas pudo reunir a su familia: “Cada uno trajo algo y la pasé con mis hijos y mis nietos. No me van a quitar la alegría de disfrutarlos. Se va a morir mil veces Milei antes que yo tenga que abandonar ese gusto”. 

Héctor vive en Belgrano y tiene 75 años. Lleva un cartel colgado de su gorro tipo piluso: “Solo se trata de vivir”. Amplía: “Lo que estamos haciendo es sobrevivir. Yo quiero vivir, y dignamente. Tendría que ser natural, pero no”.

¿Pronóstico para este año?: “La esperanza es lo último que se pierde, pero con este gobierno puede pasar cualquier cosa, no soy optimista”.

¿Algún deseo? “Sólo tengo la ilusión de salir un poquito más, de ver más a mis amigos; de comprarme los remedios; por ahora, lo que tengo no es vida, ¿qué querés que te diga?”. 

Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

Los “discas” y los pacientitos

Otro mensaje que deja esta primera marcha de jubiladas y jubilados del año: los miércoles siguen siendo un punto de encuentro para otras luchas, para otros gritos que necesitan ser oídos. Esta vez, se sumaron personas con discapacidad por el anuncio del cierre de la Agencia Nacional de Discapacidad: el primer paso fue hacerla corruptible; el segundo y último, disolverla).

Se agregaron familiares de personas afectadas por el desmantelamiento que acaba de sufrir el Programa Federal de Cardiopatías Congénitas.

Natalia camina con León, su hijo de 10 años, que tiene una aneurisma en el arco superior de la aorta. “Es un pacientito Garrahan”, dice, con una dulzura que se agranda por el uso de diminutivos. “Todo esto es un retroceso de 15 años de trabajo. Las cardiopatías congénitas son patologías con alta predominancia de la muerte infantil antes del primer añito y el Plan Nacional interviene para que los pacientitos sean intervenidos en tiempo y forma en hospitales de alta complejidad. Al desmantelarse, aumenta la tasa de mortalidad infantil”.

De lo que está hablando es del corazón de los chicos.

Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

Natalia vino desde Burzaco y ahora sigue caminando en la marcha de jubilados y de otras resistencias que contornean la Plaza de los Dos Congresos. “Ahora se aumentará la lista de espera para quienes se tienen que operar del corazón y faltarán los profesionales que coordinaban el área. Las familias ya veníamos tocando puertas, así que imagínense ahora sin el Plan, solo vemos pena y muerte para nuestros hijos”.

No se sabe quiénes se sumarán el miércoles próximo a la movilización, y a seguir exigiendo lo mínimo: una política que no ampute la humanidad.

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