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Colonialidad

Efecto Trump

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«El objetivo es controlar todos los canales bioceánicos» dice sobre la administración estadounidense Valeria Carbone, lo cual acerca una mirada sobre qué intenta Trump con sus amenazas alrededor de Malvinas. Valeria es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en universidades de Alemania y México. ¿Cómo entender las movidas de Trump con respecto a Irán, China, Israel, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida, y hasta el caso de Jeffrey Epstein?

Por Lucas Pedulla

(Entrevista publicada en MU 212)

El director del Centro Nacional de Antiterrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, renunció con duras críticas a Trump por la guerra con Irán, de la cual no le va a ser fácil salir y cuyas consecuencias son imprevisibles. Mientras tanto, muchos analistas coinciden en una idea que te traslado: ¿Estados Unidos es un imperio en declive?
El mundo académico viene hablando de la decadencia y la crisis de Estados Unidos desde la década del ‘70. Desde Vietnam en adelante hay signos que muestran una potencia hegemónica resquebrajándose. Vinieron los ‘90, la caída del Muro de Berlín, de la Unión Soviética, el mundo se hizo unipolar, con EE.UU. como única potencia sobreviviente. Se habló del “fin de la historia”, y empezaron a pasar una serie de cosas que indicaban un nuevo proceso histórico: por ejemplo, las Torres Gemelas, el primer ataque recibido en territorio norteamericano desde Pearl Harbor. Fue un momento de quiebre en el que EE.UU. salía de una supuesta unipolaridad para hacer una guerra y tuvo que buscar aliados: por cuestiones de consenso, de recursos, del “orden liberal” como le dicen ahora. El tema es el siguiente: con Trump hay una diferencia interesante y es que reconoce que el poder de EE.UU. está en crisis. “Nosotros queremos volver a ser la potencia que supimos ser”, dice. Cree o entiende que el mundo ahora es multipolar pero no cree en el multilateralismo. Durante Bush, Obama y Biden, EE.UU. habla de ser un primus inter pares, los primeros entre nuestros pares aliados, pero Trump considera que está por encima y que no tiene que negociar su poder con sus aliados. La segunda cuestión es que con Trump se abandona el soft power. Él te está diciendo: “No te voy a inventar una narrativa para decirte que quiero el petróleo de Irán”.

Ya lo dijo en Venezuela…
Joseph Nye decía que el soft power es como el atractivo de una nación que hace que otros países quieran formar parte de esa narrativa. Trump dijo no: es el hard power. EE.UU. está en crisis y esta es una forma de resolver la crisis hegemónica porque no quiere perder el lugar que tiene. Ningún imperio quiere dejar de ser imperio, pero al mismo tiempo veo la falta de respuesta de otros poderes y me pregunto de qué crisis estamos hablando. Trump dijo en campaña: “Yo puedo pararme en la quinta avenida y disparar a la gente y nadie puede hacer nada”. Trasladalo al orden internacional. Estamos en un momento muy particular de la crisis del poder hegemónico pero eso no significa que vaya a caer mañana ni que no haya una resistencia de parte del hegemón para no perder su lugar de privilegio.

Efecto Trump

Valeria Carbone en MU: «Estados Unidos tenía con Irán un acuerdo para la supervisión del desarrollo de armas nucleares y el que lo rompió fue Trump. Gobierna a través del caos: pegar primero y negociar después». (Foto: Lina Etchesuri/lavaca.org)

Ubicás la crisis en los ‘70, pero en esa década ocurrió la Crisis del Petróleo que reconfiguró la hegemonía financiera de EE.UU. con el petrodólar, hoy en riesgo por el cierre de Irán del estrecho de Ormuz. ¿Cómo se relacionan ambos hechos?
Lo difícil del poder no es llegar sino mantenerse. Estados Unidos está en esa: yo quiero seguir siendo un imperio. Antes tenías imperios que duraban centurias y en este caso EE.UU. se convierte en un hegemón indiscutido post segunda guerra mundial, pero en los ‘70 ya está en una crisis. Y no es solo Vietnam: es la crisis económica del petróleo, donde países de la OPEP le imponen precios en el mercado internacional de materias primas y EE.UU. sale del patrón oro para ver cómo reconfigura su moneda; es el caso Watergate y lo que implicó en las instituciones; es el aumento exponencial de la deuda externa dándose cuenta de que es dependiente de otros países; es pasar de tener empresas norteamericanas que dominan en todo el mundo a ser dominado por empresas multinacionales que no son solamente norteamericanas; es que EE.UU. importa más de lo que exporta porque dejó de producir internamente para abastecer el mercado interno y depende más de Japón, de Alemania, de las materias primas de China. Durante toda la guerra fría hubo dos economías que no se tocaban. Hoy tiene una guerra comercial con China pero es el tercer país que tiene su deuda externa y bonos, y depende de las importaciones. EE.UU. se da cuenta que está en una crisis que no puede manejar con las estrategias habituales. Al mismo tiempo, Trump se dio cuenta de que puede secuestrar un presidente y nadie le va a hacer frente. ¿La ONU se va a juntar a hacer una declaración?

En noviembre tiene elecciones de medio término.
Trump tiene mayoría en ambas cámaras y no gobierna con el Congreso. No lo usa. ¿Cuántas veces el congreso de EE.UU. le autorizó o denegó al presidente norteamericano ingresar a una guerra? Ninguna. Los golpes militares en América Latina, el asesinato de un presidente democraticamente electo en Chile, todo eso tampoco pasó con el Congreso. Y también hay una realidad que el comandante en jefe es el presidente. Trump es uno de los pocos presidente al que el Congreso le dice “no te vamos a financiar la guerra”, y Trump dice: “Fantástico, un año de shutdown, gobierno con decretos”. No lo ve como un problema institucional. Hace gala de la concentración de poder. Pero no es ningun tonto porque empezó a señalar explicitamente quién lo convencio de ir a la guerra con Irán: sabe que si hay un juicio politico, ya señaló que es Pete Hegseth (secretario de Guerra) y Marco Rubio (secretario de Estado). La diferencia es que EE.UU. dejó de venderse como un imperio bueno frene a uno malo.

¿Cuál es el rol de Israel?
El peso del lobby israelí es una realidad, prácticamente ineludible. No solo del lobby de los ciudadanos israelíes sino del lobby del estado de Israel, que tiene muchísimo dinero. Es una cuestión que no solo tiene que ver con cuestiones políticas, sino de tecnología, de seguridad, geoestratégicas. Y el consenso parece indicar que esta guerra fue promovida por el lobby israelí. Parece no haber dudas. Israel es un estado teocrático, construido en base a la cuestión religiosa, incluso un elemento importante para su supervivencia regional. Estados Unidos también tiene una alta dosis de teocracia. Aunque parezca increíble –en su momento lo hizo Bush, lo retoma Trump–, hay una idea de cruzada religiosa de preservación de la tradición judeocristiana que tiene mucho que ver con esto. Las decisiones políticas se toman antes de la construcción de la narrativa: la Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en diciembre de 2025, habla de la decadencia de Occidente, de la preservación de la religión cristiana, de la supremacía blanca, de la tradición europeísta, grecolatina, cristiana, como parte de la batalla cultural.

¿El caso de Jeffrey Epstein influye? (Por las denuncias sobre abusos, trata de menores y pedofilia, y la cercanía de Trump con ese empresario).
Es el caso LIBRA de Trump. No es una conspiración: medio Washington está involucrado, pero pero el poder está por encima de la moral. El lobby de Israel tiene que ver más con cuestiones materiales: el nivel de financiamiento que EE.UU. le ha prestado, la transferencia de tecnología, el armamento y entrenamiento de las fuerzas armadas; tiene muchos millones de dólares puesto en eso y quiere seguir teniendo ese nivel de apoyo. Al estar rodeado de enemigos tenés un país que, supuestamente, está desarrollando un arma nuclear y esto tiene la potencialidad de convertirse en un conflicto de gran escala, totalmente destructivo. Pero EE.UU. tenía con Irán un acuerdo para una supervisión del desarrollo de armas nucleares y el que lo rompió fue Trump. Gobierna a través del caos: pegar primero y negociar después.

En tu libro Anatomía de un imperio describís las relaciones entre EE.UU. y América Latina. ¿En qué momento estamos?
No hay cambios con la región. Se habla del resurgir de la Doctrina Monroe, es la misma doctrina de siempre: fomentar intervenciones regionales para buscar oportunidades de negocios para que EE.UU. sea el socio preferencial. Buscar la expulsión de China o mitigar los efectos de su intervención. El problema con eso es que EE.UU. no puede invertir lo que sí puede China. Eso no pasaba en la Guerra Fría. Lo que van a hacer es presionar con sanciones, pero están dispuestos a hacer cosas más agresivas que también han hecho en otros momentos de la historia: desde poner 40 mil millones de dólares con el FMI para manipular una elección hasta secuestrar un presidente. La pregunta es qué quiere hacer Argentina. Cuando me preguntaban qué iba a cambiar con Trump, yo decía: nada. El Comando Sur vino a Argentina por primera vez con otro gobierno. Los acuerdos de entrenamiento para las Fuerzas Armadas vinieron antes y van a seguir viniendo. Lo que pasa es que hay un alineamineto totalmente explícito desde lo discursivo en donde no hay una postura nacionalista.

¿Dónde pasa el interés por Argentina?
El interés de Argentina hoy tiene que ver con lo que está pasando en el Atlántico Sur: la presencia China, la pesca ilegal, los recursos, la posible existencia de petróleo, el control de un canal marítimo. Y algo más: si EE.UU. se va a ir de la OTAN, tiene que asegurarse el Atlántico Sur, donde la base militar es de Gran Bretaña y está en Malvinas. Y todo está muy cerca de su otro foco de atención que es la región Asia-Pacifico. Geoestratégicamente hay cosas que son distracciones y otras que son reales, como la intervención del puerto de Ushuaia. Uno de los grandes ejes de interés que tuvo EE.UU. durante años fue el canal de Panamá: Trump ha dicho que planea recuperarlo. El objetivo es controlar todos los canales interoceánicos. Por eso el estrecho de Ormuz. Muchos hablan de las guerras del siglo XXI, pero parece que volvimos a la expansión territorial como en el siglo XIX.

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Trump, la filtración y después: “El gobierno argentino no ha hecho nada bueno por la causa Malvinas”

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“Estamos ante un desquiciado” dice Daniel Guzmán sobre las actitudes de Donald Trump. ¿Cómo entender la amenaza de Estados Unidos de quitarle apoyo a Gran Bretaña por las Malvinas? ¿Es algo que puede beneficiar a Argentina? Guzmán es ex combatiente de la guerra de 1982, habitante de Tierra del Fuego y creador del portal web Agenda Malvinas. El Congreso, el gobierno, las relaciones internacionales, los recursos naturales y datos sobre la geopolítica de estos días.

Por Sergio Ciancaglini

Fotos Juan Valeiro/lavaca.org (Imagen de portada: cuadro en el Museo Pensar Malvinas, de Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur)

Un mail del Pentágono performáticamente filtrado sugiere que el gobierno de Donald Trump evalúa quitarle respaldo diplomático a la posición (o posesión, u ocupación) británica sobre las Malvinas. Una aparente represalia de la actual administración estadounidense contra el gobierno laborista de Keir Starmer, por no sumarse a la guerra contra Irán.

Daniel Guzmán combatió en Malvinas en 1982 y fundó el portal web Agenda Malvinas para difundir e investigar específicamente los temas alrededor de una zona geográfica que –al estar ocupada por Gran Bretaña a partir de Malvinas, Georgias, Sandwich, y amplias zonas del Atlántico Sur, abarca más del 25% del territorio argentino, con inevitable proyección hacia la Antártida.

Trump, la filtración y después: “El gobierno argentino no ha hecho nada bueno por la causa Malvinas”

Daniel Guzmán, ex combatiente de Malvinas e investigador de temas cruciales en la geopolítica actual. Foto: Juan Valeiro/lavaca.org.

“Lo de hoy es una reacción a una sucesión de hechos que viene acompañada por el intento de Donald Trump y Benjamin Netanyahu de acabar con el régimen iraní. Pero se dieron cuenta de que no se podía hacer lo de Venezuela, ni en 24 horas, 48 horas, una semana, y ya estamos por cumplir un mes”, explica Guzmán. “Entonces Estados Unidos le pide a la OTAN y otros aliados que lo acompañen para echar a los iraníes. Y aparte de España, se opuso Keith Starmer del Reino Unido, más allá de lo que estaban haciendo Georgia Meloni o Emmanuel Macron, al no permitirle operar en las bases aéreas de Italia y Francia”. 

El desquicio

Sobre Trump: “El presidente de Estados Unidos ha entrado en estado de mayor virulencia porque la semana que viene estará recibiendo al rey Carlos en Washington. Entonces la filtración en estos casos siempre parece ser más coercitiva que un escape de información”.

¿Qué significa eso? “Que dejan filtrar ese documento para presionar y que lo hacen no solo con respecto a Malvinas, aunque es el gran punto de referencia de ese documento, sino también a otros enclaves coloniales que menciona: Diego García, Chipre, Gibraltar. Esas son las cartas que está jugando”.

¿Cómo tomar ese juego? “Hay que tener en cuenta que Trump dice a la mañana una cosa y a la tarde lo contrario. Dice que va a tomar por la fuerza a Canadá, a México, en otro momento a Colombia o a Groenlandia. Estamos hablando de un gobierno desquiciado. Y a la vez genera la idea de que esas cosas son posibles. Pero todo esto significa que los Estados Unidos están perdiendo la guerra, evidentemente y hasta tuvieron que sacar portaaviones de la zona de conflicto por miedo a los misiles hipersónicos iraníes”. 

De WikiLeaks a la traición

Cuando se le menciona información de medios como Infobae, Guzmán plantea: “En términos de diplomacia de pasillo, el dueño de Infobae, Daniel Hadad, es de los que tiene la política de empujar a Trump a quitar apoyo norteamericano al Reino Unido por Malvinas, y tiene relación con la embajada norteamericana en Buenos Aires, como figura en los cables de WikiLeaks sobre Argentina. Pero el problema de fondo es: ¿Dónde está el debate constitucional en el Congreso de la Nación?”.     

El laberinto: “Si no se plantea ese debate sobre la soberanía y los derechos, siempre dependemos de alguna picardía política, a ver si aparece algún Messi que meta una comba desde 80 metros y la clave en el ángulo. Entonces uno ve lo de la filtración. ¿Puede servir? Sí, puede servir. Pero por otro lado el gobierno argentino no está haciendo nada bueno por la cuestión Malvinas”.

¿Por ejemplo? “Que Milei le haya dicho al diario británico The Telegraph que las Malvinas se van a recuperar cuando la colonia implantada en las islas lo decida, es una declaración de altísimo nivel contraria a los intereses argentinos. Desde 1833 a la fecha nunca había sucedido semejante acto de traición a la patria y entrega soberana. Y esto se da sin reacción de los contrapoderes del Estado. Ni la bicameral legislativa, ni la oposición, ni el Poder Judicial, ni los fiscales generales de la Nación”.

¿Quiénes no hacen nada?

Sin embargo Milei acaba de declarar que “estamos haciendo avances como nunca se han hecho”. Responde Guzmán: “Al contrario, las declaraciones de Milei rompen todo el sistema que es la base del alegato Ruda, que está sustentado específicamente en el no reconocimiento de la autodeterminación. Lo que busca Milei es dar vuelta eso. Si pregunto una sola acción del gobierno que haya sido positiva para el tema Malvinas, nadie me puede responder”.

El alegato al que se refiere es el realizado ante la ONU por el embajador José María Ruda, el 9 de septiembre de 1964, en tiempos del gobierno radical de Arturo Illia. Ruda expuso que Malvinas es un caso de colonialismo, no de autodeterminación, iniciado con la usurpación británica de 1833 y que por eso corresponde analizarlo como ataque a la integridad territorial argentina. De allí surgió un año después la Resolución 2065 de la ONU que reconoce la disputa de soberanía y la enmarca en el objetivo de eliminar el colonialismo.    

“La otra cuestión” plantea Guzmán, “es que se está rompiendo la unidad latinoamericana alrededor del tema Malvinas, con acuerdos como el que firmó Brasil con el Reino Unido para cuestiones industriales, energéticas, de tecnología y de defensa. Entonces deja de ser una causa regional para ser bilateral. Si Brasil hace eso, Chile hace operaciones de defensa con el Reino Unido operando entre Punta Arenas y la Antártida, ¿cuál es el avance?”.

Detalle crucial: “Y estamos hablando del Brasil de Lula, no de Bolsonaro. Estamos erosionando apoyos internacionales. ¿Qué hemos hecho con Brasil? ¿Qué guarangadas y barbaridades no le ha dicho Milei a Lula? Hasta 2015 Argentina había logrado bloquear continentalmente la cuestión del desarrollo petrolero británico en el Atlántico Sur, e incluso hay una causa en el Juzgado Federal de Rio Grande impulsada por el gobierno de Cristina Kirchner contra las petroleras. Pero después el resto de la política, incluidos Alberto Fernández y ella misma, no han continuado. Acá estamos nosotros difundiendo información para que la causa no se caiga”.

Sobre lo internacional: “Ampliando más todavía, también estamos erosionando los apoyos conseguidos durante décadas. Hemos votado aislados junto a Estados Unidos e Israel, rechazando definir la trata de esclavos como crimen contra la humanidad, o sobre el genocidio en Gaza, por poner un par de ejemplos. Y veníamos de una situación favorable: el G77 más China que reúne a 134 países, viene apoyando al país desde 2017 contra acción de las petroleras británicas en el Atlántico Sur. ¿Y quién no ha hecho absolutamente nada? Argentina. Ninguno de sus gobiernos”.

(Releyendo lo contado por Daniel, podría caber otra idea: que en la mente de Trump y su establishment exista la idea de azuzar al Reino Unido en favor de un gobierno incondicional como el mileísta, como forma de allanarle aun más a los estadounidenses el camino hacia el Atlántico Sur y la Antártida, zonas cruciales de la geopolítica que se viene: toda esta historia se seguirá escribiendo).

Los muchachos neronistas

¿Y hacia adelante? “En principio el Congreso de la Nación debe debatir y crear un nuevo andamiaje de relaciones bilaterales con el Reino Unido para salir de los acuerdos de Madrid (1989 y 1990, era menemista) que son el huevo de la serpiente de una gran entrega territorial de 1.600.000 kilómetros cuadrados y de riqueza de recursos naturales. Ninguna acción desde 1989 a la fecha han sido favorables al país, todas al Reino Unido y se benefician otros países como España con su pesca: acaban de levantar y se llevan 42.000 toneladas de calamar. Y nadie dice nada”.

Regreso al mail filtrado por el Pentágono: “Insisto en que no me guiaría por alguien que cambia de discurso a cada momento, y termina echando a los generales que le aconsejan no avanzar bajo estrategias absurdas. Trump me parece un loco, un desquiciado. Pero hay además una política de Estados Unidos de la que no me olvido en mi condición de combatiente de Malvinas: fue el primer y principal país que colaboró en materia de armamento y tecnología espacial con Gran Bretaña. Así que creo que Estados Unidos es el mal del mundo, para decirlo así y no se puede confiar, salvo que volvieran a los principios rectores de su independencia. Pero mientras tanto, hasta el Congreso de Estados Unidos plantea que no hay ‘guerra’ sino avanzadas hasta que no pasen 60 días. Y con una de esas ‘avanzadas’ y todo el mundo mirando para otro lado, mataron a 166 nenas en una escuela. De esas cosas estamos hablando. Es poco recomendable confiar en los Nerones modernos”.

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