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Abrazo al hospital Laura Bonaparte: la locura del modelo

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Se concretó el acto y abrazo al Hospital Laura Bonaparte, tras la noticia de 200 despidos por no renovación de contratos en el único hospital que atiende situaciones de salud mental y consumos problemáticos del país. En octubre la movilización había impedido el cierre entonces anunciado. En esta nueva etapa todavía no se sabe cómo continuará el conflicto, ni qué garantías habrá de atención a la comunidad. Por Sergio Ciancaglini

Isidro lleva una pancarta hecha con un pedazo de cartón y una pregunta manuscrita:

“¿Fuertes con los débiles?”

Dice a lavaca: “Van por lo más preciado. Por la conquista de las mentes. Si los usuarios del sistema de salud mental no lo defendemos, estamos en el horno”.

La entrada al Hospital Laura Bonaparte está rodeada de gente que vino a apoyar a la institución tras la noticia sobre 200 despidos producida el 15 de enero. El gobierno los incluye entre 1.400 cesantías en distintos centros de salud. El personal del Bonaparte (poco más de 500 personas) decidió movilizarse para rechazar la medida. El principal lema está inscripto en una gran bandera y también en hojas A4: “Vaciar es cerrar”. Imprimieron además, y pegaron en el frente del edificio, quiénes son los despedidos. Trabajadoras y trabajadores sociales, psiquiatras, psicólogos, médicos generalistas, personal de mantenimiento…

Y todos los nombres: Vanesa, Candela, Marcos, Tatiana, Santiago, Eugenia, Fernando, Nicolás, Anabella…

Abrazo al hospital Laura Bonaparte: la locura del modelo

En el documento que leyeron durante el acto, Escrito para el abrazo del lunes 20/01 (que reproducimos completo), la gente del Laura Bonaparte plantea: “Paradójicamente el vaciamiento del Hospital se presenta en el momento de mayor crisis de salud mental. En un contexto en el que la pandemia incrementó los padecimientos y consultas: con cuadros de depresión, ansiedad, ataques de pánico, trastornos de la conducta alimentaria, consumo problemático de sustancias, ludopatía, secuelas de situaciones de violencia de género y abuso sexual, y el aumento exponencial de la tasa de suicidios, cuya estadística supera a las muertes por accidentes de tránsito, entre los que se encuentran afectados niños y niñas de entre 10 y 14 años a quienes hoy dejan sin tratamiento. Por lo que resulta evidente que la atención en salud mental debe ser un eje fundamental en la agenda política. Y eso hoy NO pasa”.

Agregan: “Todos los servicios del hospital fueron diezmados: la guardia, consultorios externos, Demanda Espontánea, internación, Hospital de Día, Niñeces y adolescencia, farmacia, odontología, nutrición, salud integral, abordaje territorial, comunicación, formación y docencia, investigación, mantenimiento, gestión de pacientes, administración, recursos humanos y el 0800 de urgencias. Al día de hoy, ninguno de estos servicios puede funcionar debido a los despidos”.

El contexto socioeconómico: “El despido masivo significa que el Hospital deje de funcionar y brindar atención a la comunidad. Porque estas medidas afectan a la sociedad en su totalidad, en el contexto de la crisis socio-económica que precariza, ajusta y deteriora la salud de toda la población. El Hospital es de los trabajadores y de los usuarios. El Hospital es de todos y para todos”.

En el documento plantean que permanecerán en el hospital reclamando la reincorporación de los despedidos para garantizar el funcionamiento de un centro que resulta crucial para la salud pública.

La vida de las personas

El psiquiatra Gabriel Hagman está hace once años en el Bonaparte, no fue de los cesanteados, y explica a lavaca: “Tras la amenaza de cierre en octubre, que pudo superarse, entendimos que es necesario visibilizar el conflicto para que esas decisiones no avancen. Ahora lo real es que desvinculan al 40% de la planta del hospital”.

“Con el nivel de demanda que existe la atención se hace inviable. No sabemos muy bien cómo pararnos en cuanto a lo asistencial para dar respuesta. Están cerrando un hospital que brinda una cobertura muy grande y a la vez sensible, que calculo involucra unas 100.000 atenciones anual. Durante 2024 habíamos comenzado con 612 trabajadores, pero la paulatina destrucción del proyecto hospitalario generó más de 40 despidos, jubilaciones, se fue achicando la planta y llegamos hoy con cerca de 500 trabajadores a los que habría que restarle alrededor de 190 o 200 despidos de estos días”.

Hagman describe consecuencias concretas de lo que está ocurriendo: “La semana pasada atendí tres casos que llegaban con recientes intentos de quitarse la vida por distintas razones. Una cuestión más depresiva en un caso, otra relacionadas con las pérdida de trabajo y con el  alejamiento de sus vínculos afectivos,  otra por estar en situación de altísima vulnerabilidad y sin respuesta. Empezamos a contener, a sostener, a acompañar e intentar producir un devenir más sano. Eso es un tratamiento de salud mental.  Estamos hablando concretamente de la vida de las personas que está en juego. Atendí esos casos con un equipo interdisciplinario: yo como psiquiatra, un psicólogo, asistente social, terapista ocupacional. Pero hoy fueron todos despedidos. Profesionales de trayectoria, que hacen todo ese trabajo que acabo de contarte. Casos así, sé que solo no puedo atenderlos. Habrá que decidir colectivamente cómo reagruparnos en esta instancia, pero si le sacan un gran porcentaje de gente al hospital a la larga no se puede seguir”. Por eso la advertencia del acto: “Vaciar es cerrar”.

Abrazo al hospital Laura Bonaparte: la locura del modelo

Sobre la época: “Hay situaciones de enfermedades de salud mental que vienen de largo. Pero en la medida en que empeoran tan bruscamente las condiciones socioeconómicas en sectores como los que atendemos aquí, todo se hace muy notorio. Los más excluidos generan muchísima mayor demanda y carga sobre los servicios de salud mental, entonces te encontrás con una trampa de pinzas: por un lado empeoran las condiciones y se genera mucho mayor padecimiento de salud mental, y por el otro se disminuye la capacidad de dar respuesta”. Otra pinza: la expulsión de miles de familias del sistema de salud prepaga, convalidada por el gobierno, en simultáneo al desmantelamiento del sistema de salud púbica.

Las internaciones se mantuvieron en alrededor de 40 camas, informa Hagman, “número que es siempre fluctuante, al que se agregan miles y miles de pacientes ambulatorios, de consultorios externos y todo lo que se atiende por guardia”.

¿Qué lectura se puede hacer sobre la salud mental de la época, con la agresividad oficial en general, y en particular hacia sectores cruciales como la salud pública? Hagman hace silencio unos segundos: “Más allá de que dibujen esto por el lado de la eficacia presupuestaria, es evidente que los problemas económicos no están en este tipo de gastos. Para mí hay una lectura en clave electoral, como si la política anti estatal generase robustez en los votantes. Esa es su batalla cultural. En octubre logramos hacer oír otra voz, que se entienda qué significa cerrar un hospital. Si uno no le pone la cara, la voz, las palabras a lo que están haciendo, queda dando vuelta esa imagen de los ñoquis, o de que están robando a los contribuyentes. En definitiva no sé qué es locura o qué no, pero me parece toda una política bastante estudiada”.

Sobre la ausencia de la política, la oposición, y otras entidades de comportamiento curiosamente fantasmal hasta ahora en medio de esta crisis: “Lo que puede permitir contrastar con este discurso cruel es la voz y la presencia y la imagen de los afectados. Uno no puede negar el apoyo de organizaciones más formales, pero no parece momento de alinearse al discurso de un partido político. Todo lo contrario. Está difícil que esa sea la voz a partir de la cual plantear la resistencia. Está muy desacreditada. Me parece que en este momento hay que mostrar que lo más sensible, lo que de verdad está afectando, es lo único que puede motivar una resistencia”.

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Contexto

En octubre Javier Milei había dicho a un medio norteamericano: “Amo ser el topo dentro del Estado, yo soy el que destruye el Estado desde adentro”, y agregó: “La reforma del Estado la tiene que hacer alguien que odie al Estado”.

En casos como la salud, las jubilaciones, la educación, la ciencia, la destrucción del Estado implica la destrucción de capital social y de vidas concretas. En estos días el mecanismo está siendo avalado con su irresponsabilidad habitual por el FMI, que ya había generado el préstamo más grande de su historia durante el macrismo (que no será pagado por los señores Macri y “Toto” Caputo y sí lo está siendo por la sociedad, que seguirá pagándolo por décadas). El FMI buscó con ese préstamo facilitar la reelección de Macri, según confesó Mauricio Clever Carone, quien actualmente es el encargado para América Latina del reasumido Donald Trump. Milei estaba en Washington durante el abrazo al Bonaparte, mientras pocos medios difundían la detención con dos kilos de cocaína del financista en criptomonedas José Hauque, para quien el actual presidente argentino hizo propaganda en redes mientras era diputado nacional.   

Sobre la fecha elegida por el gobierno para efectuar los despidos, el propio Milei había planteado en octubre ante un supuesto «coloquio empresarial» en Mar del Plata que el ajuste “era importante hacerlo en vacaciones para que la gente no se enterara tanto, por decirlo de alguna manera”.

Paloma no fue despedida, y está en el área de formación y comunicación del Bonaparte: “Al hospital lo están vaciando para cerrarlo. Aquí la comunidad de pacientes está solidarizándose y acercándose. Hay algo de la comunidad del hospital que forma un lazo muy importante con los pacientes, los vínculos en los tratamientos. Ahí estuvo una de las claves del no cierre de octubre, y ahí tenemos que seguir encontrando nuestra fuerza”.

Abrazo al hospital Laura Bonaparte: la locura del modelo

La política pasmada

Pedro es uno de los médicos y recuerda un símbolo que reúne la salud mental y los derechos humanos: “Laura Bonaparte fue Madre de Plaza de Mayo. Para mí no es casual que quieran hacer inviable este lugar”.

Diagnóstico: “Al mismo tiempo, el arco político está como pasmado, con un perfil muy bajo. Como si no fuese importante la pretensión de cerrar un hospital en la Argentina. O que echen a tanta gente. Como que se empiezan a normalizar situaciones que resultan distópicas. Hace un año y medio hubiera parecido imposible pero acá estamos viviendo miles de personas que se están quedando sin tratamiento, como si la salud mental fuera un privilegio de clases. Hospitales como estos son indispensables para que personas de clases populares puedan acceder a un tratamiento profesional”.

Sobre el momento en el que ocurre todo esto: “Hay pacientes de mucho tiempo con problemas, pero empezamos a tener este año mucha gente que perdió su trabajo y su obra social, que perdió la prepaga, y la medicación psiquiátrica es muy cara, como pasa con los tratamientos psicológicos y psiquiátricos. Es una situación cada vez más peligrosa”.

Bombas de tiempo

El acto fue acompañado por la propia comunidad y familias afectadas, por agrupaciones de izquierda y algunas organizaciones sindicales (ATE, CTA, SIPreBA).

Isidro no deja descansar su pancarta de cartón: “Para mí estamos con un renegrido augurio sobre lo que están haciendo. Vienen por la conquista de las mentes. Eso es lo que quieren dominar.  ¿Sabés cómo lo hacen? Aturdiendo a la gente por los medios masivos de comunicación. Y es un momento donde hay muchas personas en situación frágil. También dicen vulnerables, pero yo creo que son situaciones de fragilidad. Y ahí te encontrás con bombas de tiempo. Con sufrimiento, con sangre, con dolor. Eso es lo que están propiciando con esta medida de gobierno”.

“Si no hacemos algo, lo que estamos consintiendo no es un acto administrativo. Lo que estamos consintiendo es que veamos cada vez más sangre, cada vez más vidas en peligro. No es espiritual lo que te digo. Hablo de lo corporal más bestial” dice, y se va rumbo a la calle exhibiendo su pregunta a quien quiera verla: “¿Fuertes con los débiles?”

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Fusilamiento en Lugano: prisión preventiva para el policía que mató a Gabriel González

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En la foto se ve a la izquierda a Gastón Miño, el más alto, en el momento en el que está por disparar contra Gabriel González (a la derecha de la foto, sin camisa, levantando los brazos para defenderse de la agresión policial).

“Miño disparó una escopeta contra el cuerpo de la víctima a una distancia menor a cinco metros impactando municiones metálicas en el lado derecho del abdomen donde presentó lesiones que causaron la muerte” escribió el juez Hugo Decaría al dictar el procesamiento y la prisión preventiva del oficial de la policía porteña Darián Gastón Miño, quien fusiló al vecino de Lugano Juan Gabriel González la navidad pasada. Los y las demás policías que intervinieron en ese operativo quedaron imputados por encubrimiento. Pertenecen a una autodenominada “Unidad Táctica de Pacificación”. El juez además desmintió la versión policial, que para distraer la atención del crimen culpaba a familiares y amigos de Juan Gabriel. Nelly, compañera de Gabriel desde hace 24 años dijo a lavaca: “el cuerpo de Gaby siguió contando la verdad”.

Por Francisco Pandolfi

El oficial primero de la Policía de la Ciudad Darián Gastón Miño, quien fusiló a Juan Gabriel González el 25 de diciembre de 2025 en la Villa 20 de Lugano, fue procesado con prisión preventiva por el delito de homicidio agravado por pertenecer a una fuerza de seguridad. 

La decisión fue tomada por el juez Hugo Decaría, del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Número 20.

El juez estableció además el sobreseimiento de Nelly Elizabeth Portillo, Dante Gabriel González y Anastasio Néstor Chávez –mujer, hijo y vecino de Gabriel–quienes habían sido falsamente acusados de “homicidio en riña” por la misma Policía de la Ciudad, con obvia intención de desviar la atención sobre el crimen.

El resto de los policías de la Ciudad que actuaron en el operativo que derivó en el homicidio de González fueron imputados por el delito de encubrimiento .

Emanuel Luis Zuccolo representa a la familia y es abogado de Correpi, la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional. Dice a lavaca: “En un primer momento la Policía de la Ciudad le comunicó al juzgado que había habido una gresca como de 30 personas, que tenían botellas, palos, que cuando llegaron ellos los atacaron y que ese contexto alguien apuñaló a Gabriel. Eso quedó totalmente desmentido”.

Fusilamiento en Lugano: prisión preventiva para el policía que mató a Gabriel González

Al día siguiente del crimen ya hubo marchas en Lugano reclamando justicia.

En la resolución judicial se atribuye al oficial Miño haber abusado de su función como integrante de las fuerzas policiales, usar arma de fuego y violar la Ley de Seguridad Pública de la Ciudad de Buenos Aires. “Miño disparó una escopeta contra el cuerpo de la víctima a una distancia menor a cinco metros impactando municiones metálicas en el lado derecho del abdomen donde presentó lesiones que causaron la muerte”, sentencia el juez en un documento de 47 páginas que también informa que en el cuerpo de Gabriel González se encontraron “9 proyectiles tipo postas”.

Agrega el abogado: “Además, la resolución del juez afirma que tanto Anastasio como Nelly todo el tiempo estuvieron tratando de separar a los policías de Gabriel, buscando tranquilizar las cosas y eran los policías quienes atacaban con las tonfas y con balazos de goma. El juez no solo desmiente la versión policial, sino que la da vuelta completamente, diciendo que quienes atacaban sin razón a Gabriel eran los policías”.

Gabriel tenía 45 años. Era pintor, papá de dos hijos (Ángel y Dante) un vecino querido en todo el barrio, como contamos en este retrato que nunca hubiéramos querido tener que escribir y que publicamos hace unas horas

La autopsia fue clave para que el 31 de diciembre el oficial Darián Gastón Miño, de 30 años, fuera detenido en su casa de San Martín por requerimiento de la fiscalía 50 y también para este procesamiento: se demostraron los impactos de postas de goma y golpes recibidos en distintos lugares del cuerpo, pero además presentaba un orificio de entrada de 14 centímetros de diámetro en el epigastrio, debido al impacto a corta distancia de un proyectil de munición múltiple, que le provocó hemorragia interna y externa.

Fusilamiento en Lugano: prisión preventiva para el policía que mató a Gabriel González

Nelly y Gabriel rodean a su hijo Dante.

Nelly Portillo, pareja de Gabriel desde hace 24 años y mamá de Dante, el hijo que tuvo con Gabriel, le dice a lavaca sobre este paso contra la impunidad policial:

“Estoy destruida en mil pedazos, pero aun así me quedan fuerzas. Estoy viva y soy la voz de Gabriel. Tengo mil cosas para decirle a los responsables, pero lo único que quiero que quede claro es que Gabriel se defendió hasta morir y que todos los responsables van a tener que pagar por lo que hicieron y todo el dolor que nos causaron. Que se pudran en la cárcel”.

La tristeza no le impide seguir denunciando: “Que se sigan viralizando las imágenes, qué el país vea lo que hicieron. Y que los medios de comunicación que mintieron desde atrás de un escritorio salgan a pedir disculpas por decir que éramos tres borrachos más haciendo disturbios. No, no fue así, el cuerpo de Gaby siguió contando la verdad”.

A dos semanas de aquel mediodía, ninguna autoridad del gobierno de la Ciudad se pronunció todavía sobre el fusilamiento Juan Gabriel González.

Fusilamiento en Lugano: prisión preventiva para el policía que mató a Gabriel González
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Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

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Primera marcha de jubilados en el Congreso de 2026. Más policías y fuerzas de seguridad que manifestantes. Carros de asalto, móviles, camiones hidrantes, vehículos celulares, ambulancias. Todo un despliegue inútil que además entorpece el tránsito como los jubilados no podrían hacerlo. La mirada sobre las changas y la economía real. La llegada de personas y familiares de personas con discapacidad frente a la disolución de la ANDIS, y quienes manifestaron contra el desmantelamiento del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas. Como siempre en estos tiempos, la arbitrariedad y la fuerza contra quienes menos pueden defenderse, pero siguen decididos a hacerse oír para que las cosas cambien.

Por Francisco Pandolfi

12 móviles de Gendarmería Nacional. 

11 móviles de la Federal.

8 móviles de la Prefectura Naval. 

31 móviles (inmóviles, quietos) fue el despliegue de las fuerzas nacionales en las inmediaciones de un Congreso otra vez vallado para una movilización de jubiladas y jubilados que no contó con más de 300 personas. El caos en el centro provocado por el propio “protocolo” que ha sido declarado nulo por la justicia.

A esa desproporción se le sumó un centenar de policías de la Ciudad, los únicos que estuvieron del otro lado de la valla, vigilando a quienes manifestaban.

A metros de las vallas, un puñado de policías federales recibe órdenes del único que está vestido con pantalón de vestir y camisa.

Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

Tiene un handy en la mano.

Pero no quiere responder preguntas. 

–¿Quién es el responsable del operativo?

–Tenés que hablar con el Ministerio de Seguridad. 

–¿Pero con quién puedo hablar que esté ahora acá, que me pueda responder sobre el operativo de hoy?

–Tenés que hablar con el Ministerio de Seguridad.

¿Pero no hay un jefe de calle, alguien que me responda sobre el operativo?

–Tenés que hablar con el Ministerio de Seguridad.

–¿Cómo te llamás?

–Hernán. 

–¿Tu apellido y cargo? 

–No importa. Para hablar del operativo tenés que llamar al Ministerio de Seguridad. 

El número del Ministerio de Seguridad es 5278-9800.

Atiende la guardia de la recepción: “A esta hora no hay nadie que te pueda contestar”, dice. 

La tercera no es la vencida: el contacto con prensa del ministerio también cae en el silencio. No hay respuesta cuando se pide hablar con alguien que explique el operativo. 

Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

El cañito que pierde

Del otro lado de la valla, las y los jubilados dan un mensaje claro en este primer miércoles del año: acá estamos, acá seguimos, y acá vamos a seguir estando, cada semana. 

También dan otro mensaje: lo que avizoran es mucho peor. 

Carlos tiene 73 años es de Avellaneda y dice así: “Sigo trabajando, por supuesto”. Acentúa el “por supuesto”, normalizando la hostilidad. Plomero, albañil, gasista, porque “con 350 lucas es imposible”. Dice que hace 20 días que no tiene ninguna changa para hacer, “lo que da la pauta cómo la gente hace sus propias reparaciones o deja que el cañito pierda, algo que antes no hacía”.

Dice, también, que lo más sale es el laburo de albañilería, del que menos tendría que hacer: “Veo una bolsa de cemento y ya me pongo a llorar, no puedo hacer tanta fuerza, pero no me queda otra”.

Carlos no usa eufemismos, ni adorna sus palabras con un optimismo que a esta altura es difícil de comprar. “Este año va a ser peor”. Argumenta: “Terminamos el año con un decreto que le da más poder a la SIDE para hacer lo que quiera, y eso nos va a traer muchos problemas. ¿Cuánta gente se va a desmovilizar por miedo? Esto es un veneno”.

Carlos está contento, pese a todo, porque para las fiestas pudo reunir a su familia: “Cada uno trajo algo y la pasé con mis hijos y mis nietos. No me van a quitar la alegría de disfrutarlos. Se va a morir mil veces Milei antes que yo tenga que abandonar ese gusto”. 

Héctor vive en Belgrano y tiene 75 años. Lleva un cartel colgado de su gorro tipo piluso: “Solo se trata de vivir”. Amplía: “Lo que estamos haciendo es sobrevivir. Yo quiero vivir, y dignamente. Tendría que ser natural, pero no”.

¿Pronóstico para este año?: “La esperanza es lo último que se pierde, pero con este gobierno puede pasar cualquier cosa, no soy optimista”.

¿Algún deseo? “Sólo tengo la ilusión de salir un poquito más, de ver más a mis amigos; de comprarme los remedios; por ahora, lo que tengo no es vida, ¿qué querés que te diga?”. 

Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

Los “discas” y los pacientitos

Otro mensaje que deja esta primera marcha de jubiladas y jubilados del año: los miércoles siguen siendo un punto de encuentro para otras luchas, para otros gritos que necesitan ser oídos. Esta vez, se sumaron personas con discapacidad por el anuncio del cierre de la Agencia Nacional de Discapacidad: el primer paso fue hacerla corruptible; el segundo y último, disolverla).

Se agregaron familiares de personas afectadas por el desmantelamiento que acaba de sufrir el Programa Federal de Cardiopatías Congénitas.

Natalia camina con León, su hijo de 10 años, que tiene una aneurisma en el arco superior de la aorta. “Es un pacientito Garrahan”, dice, con una dulzura que se agranda por el uso de diminutivos. “Todo esto es un retroceso de 15 años de trabajo. Las cardiopatías congénitas son patologías con alta predominancia de la muerte infantil antes del primer añito y el Plan Nacional interviene para que los pacientitos sean intervenidos en tiempo y forma en hospitales de alta complejidad. Al desmantelarse, aumenta la tasa de mortalidad infantil”.

De lo que está hablando es del corazón de los chicos.

Miércoles de marcha: entre las changas de los jubilados y el corazón de los chicos

Natalia vino desde Burzaco y ahora sigue caminando en la marcha de jubilados y de otras resistencias que contornean la Plaza de los Dos Congresos. “Ahora se aumentará la lista de espera para quienes se tienen que operar del corazón y faltarán los profesionales que coordinaban el área. Las familias ya veníamos tocando puertas, así que imagínense ahora sin el Plan, solo vemos pena y muerte para nuestros hijos”.

No se sabe quiénes se sumarán el miércoles próximo a la movilización, y a seguir exigiendo lo mínimo: una política que no ampute la humanidad.

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¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

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Por Sergio Ciancaglini

Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.

El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump. 

La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b, ubicado a 640 años luz, contamina a todos los pobladores de nuestro mundo, que sonríen felices y actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena. 

Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a la totalidad de los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico. 

Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.  

A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con servicial cortesía. 

Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.

Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo tras haberse comido a sus propios muertos, y el mundo será una estación más en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.

Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico. 

Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.

Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido. 

El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus. 

En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.

El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias. 

La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción y amabilidad. Es tiempo de abducciones, de odiabilidad.

Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente ahora es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. Queda por verse en este caso si el uso estadounidense de la fuerza es un sinónimo de poder, o una demostración violenta de debilidad (como acaso ocurrió en Venezuela con el propio Maduro).

En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza. 

Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra que describe de modo diferente estas desventuras. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero nació en forma de cómic hace casi 70 años.  

También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.

Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.

En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (la magistral Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end. 

En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.

En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre que le muestra los dientes, inquietantemente maternal. Manousos le dice en castellano: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.

Carol en otro momento menciona algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas cabronas que rompían la pesadilla del consenso alienado.

La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).

La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte. 

Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.

Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:  

We save the world mañana.

PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

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