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CEPA: La naranja mecánica
Son las personas de chaleco naranja que todos los miércoles asisten a jubilados, jubiladas, reporteros y manifestantes heridos por las fuerzas federales. El CEPA, Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios nació en 2001 y se convirtió en un emblema de acción voluntaria. De Haití, Ucrania y Sudán del Sur al Congreso como zona de guerra. Las armas traumáticas y el spray pimienta y el kit que armaron para enfrentar las represiones de los miércoles. La doctrina Manaos. En tiempos de la tiranía del individualismo, un ejemplo de cómo mover la solidaridad para ayudar a curar esta época. Por Lucas Pedulla.

El día que Esteban Chalá no se bancó ver la represión por televisión y salió a la calle con su morral de primeros auxilios no se encuentra en este 2025 de miércoles de jubilados ni en aquel 2024 de nenas de 9 años gaseadas frente a las cámaras de televisión, sino en otra odisea, también argentina, ubicada en un espacio tan público como el de estas mismas calles.
2001.
Su primer curso había sido de chico, con los scouts, después llegó la Cruz Roja, pero ese 19 y 20 de diciembre fue la calle misma: un estado de sitio que no contuvo el estallido sino que sirvió de combustión, y una masacre que mató a 39 personas e hirió a más de 500 en todo el país ordenada por un presidente –Fernando de la Rúa– que renunció y huyó en helicóptero desde la propia Casa Rosada. Las imágenes televisivas impactaron en Esteban, que no entendía cómo no había nadie atendiendo a esa gente. Entonces salió él.
“Era muy difícil ver lo que estaba pasando por la tele y no hacer nada –dice a sus 48 años, recordando esos días en que promediaba sus veintis–. Sonaba descabellado no hacer nada”.
Ese sonido fue el motor. Esteban se mudó a Puerto Madryn (Chubut) y en 2002 fundó el Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA). Hoy, tras 14 filiales nacionales y 2 internacionales, CEPA suena por su nombre, pero más por la referencia visual: las personas de chaleco naranja que cruzan de punta a punta la Plaza de los Dos Congresos todos los miércoles para atender jubilados y manifestantes golpeados, gaseados y baleados. Llevan más de mil curaciones sólo en esta primera mitad del año, con 600 personas atendidas únicamente el 12 de marzo, el día que un disparo de un gendarme casi mata a Pablo Grillo.
Con un 2001 lejos –¿sí?–, la odisea en el espacio público argentino sigue en un escenario donde también suena descabellado mirarlo por tele y no hacer nada. “Eso es el CEPA: no mirar al costado. Nos involucramos y ayudamos –afirma Esteban–. Somos los vecinos. No creemos que estemos por fuera de lo que pasa en la sociedad: somos la sociedad”.

Voluntarios del CEPA y heridos por las fuerzas de seguridad de Patricia Bullrich. (Foto: Tadeo Bourbon).
Haití, pollos y peñas
En los comienzos en Puerto Madryn, mucho tiempo antes de estos miércoles de violencia federal exacerbada, Esteban quería una asociación centrada en la asistencia humanitaria integral: emergencias, búsquedas y rescates, pero también trabajando con personas en situación de calle. Con otros dos amigos armaron CEPA con la intención de equiparar estándares a nivel Naciones Unidas. “Cuando lo decíamos se nos morían de risa –recuerda su fundador–. Pensaban que nos habíamos drogado con algo”.
Pero en el Hospital Subzonal “Andrés Isola” los escucharon y celebraron que al fin alguien quisiera levantar la vara. Comenzaron siendo auxiliares de la institución para reforzar el sistema de emergencia. A las primeras intervenciones (accidentes de tránsito, cobertura de eventos) iban en colectivo con sus morrales para ayudar y atender a los vecinos. Abrieron una filial en Trelew. Después llegó Puerto Pirámides, al norte de la provincia, asistiendo en los accidentes viales de los turistas. Hasta que empezaron a trabajar con la Comisión Cascos Blancos –la herramienta institucional de acción comunitaria del país–, y Esteban tuvo su primera misión internacional en la frontera de Haití y República Dominicana, capacitando durante ocho meses a los integrantes del sistema de emergencias y de respuestas. “La experiencia reafirmó mucho más la idea que teníamos –dice Esteban–. El concepto estaba bien, era correcto, y en otros lados veían apropiado y avanzado lo que hacíamos. Con estándar”. Con ese envión abrieron la primera filial internacional en República Dominicana, promovían intercambios de voluntarios. Luego llegaría la segunda experiencia en Costa Rica. Y en Argentina el trabajo crecería aún más: La Plata, Mercedes, La Matanza, Morón, Ituzaingó, San Fernando, Tigre, Punta Alta. En CABA, por cobertura, hay tres filiales en Núñez, zona centro y Pompeya. “Hemos logrado ser un sello de calidad y de confianza”, celebra Esteban.
Hoy cuentan aproximadamente con 80 personas por filial. Y en tiempos de dólares debajo del colchón, todo el trabajo es voluntario: es decir, no perciben ingresos. Pero a CEPA se lo ve trabajando en los incendios en la Patagonia o en las inundaciones bonaerenses. “Todos los trajes que ves los compramos nosotros”, explica Esteban el sostén de lo estructural. Los trajes tienen como símbolo la estrella de la vida: el bastón de Esculapio (dios de la medicina y la curación) con una víbora enrollada (representación de la sanación). “Compramos los rollos de tela y hay talleres que nos hacen la ropa. Pagamos nuestros seguros. Cuando viajamos a una misión, CEPA cubre para que los voluntarios no tengan gastos. Tenemos empresas que ayudan y donan, hicimos campañas de socios, pero también peñas, choriceadas, pollos al spiedo, sorrentinos, empanadas”.
Los Cursos Básicos de Primeros Auxilios son otra fuente de ingresos. Marcelo Colucci tiene 27 años y entró a CEPA a través de uno de sus talleres después de ver un accidente en una clase de taekwondo: “Me enamoré de la dinámica, además de los conocimientos: había un sentimiento de familia y pertenencia en cada uno de los que participaba del curso –dice sobre esas jornadas intensivas de capacitación que CEPA promociona en sus redes sociales–. Son todas personas con un compromiso inigualable”.
En su caso, también sirvió para incorporarse plenamente a la estructura: hoy es el presidente de la filial La Plata, con 77 voluntarios activos. Además, es el celebrado guitarrista de las peñas. “Cuando alguien aprende primeros auxilios, aprende una herramienta que le va a servir a otra persona, sea un familiar, un ser querido, o alguien que no conocés y está en una manifestación –explica Marcelo con orgullo–. Apelar a ese sentido de responsabilidad, donde la persona está aprendiendo algo que no le va a servir a uno mismo, pero sí para ayudar a un otro de forma desinteresada, es una semillita importante para un momento de individualismo muy fuerte como el que estamos teniendo”.
Spray pimienta con leche
Primeros auxilios y atención prehospitalaria. Búsqueda y rescate en áreas urbanas y agrestes. Trabajos en altura. Intervenciones en inundaciones. Asistencia humanitaria integral. A la descripción de actividades, CEPA ya tiene que agregar la protesta social. Yuliana Figueredo, 33 años, es del barrio San Jorge de San Fernando, conurbano norte, donde las ambulancias demoran mucho en llegar. “Sentí la necesidad de ayudar a mi comunidad”, dice esta joven que sigue administrando la panadería familiar. De ese barrio, donde es referencia para sus vecinos, pasó a los miércoles de jubilados: “Mis padres son jubilados y luchan día a día para llegar a fin de mes. Con el recorte en medicamentos, toda la jubilación se les va en remedios. Por eso entiendo la situación de cada abuelo. Me siento orgullosa de pertenecer a CEPA para poder estar allí y brindarles asistencia”.

Atendiendo al padre Paco, tras una de las represiones.
La presencia del CEPA en los miércoles de jubilados y jubiladas llega a través de convenios de trabajo con la Defensoría del Pueblo y la Comisión Provincial por la Memoria (CPM). De hecho, su participación en las movilizaciones de CABA ya venía de 2016, durante el gobierno de Mauricio Macri. Pero lo que están viendo desde hace más de un año escapa a toda lógica. “Es arrancar cada semana sabiendo que los miércoles algo puede pasar”, dice Marcelo. Esteban suma: “Se está generando una fractura social que va a ser muy costosa de volver a unir con los años. Es poner a los argentinos contra los argentinos. Trabajamos mucho en situaciones de emergencia con las fuerzas en general, y muchos no están de acuerdo con las órdenes que les bajan. Sé de un caso concreto que tuvo que ir un miércoles y, del otro lado, había familiares suyos. Nos están rompiendo como sociedad”.
Para los miércoles tuvieron que invertir en “cosas no esperadas”, como las máscaras de gas: compraron más de 50 y la mayoría ya necesita cambios de filtros, otras se rompieron. En la calle también portan casco, linterna, lentes para paliar los chorros químicos, torniquetes, mochila con desfibrilador, cremas para quemaduras, cánulas nasales: todo un kit para utilizar no en Ucrania ni Sudán del Sur –zonas de guerra donde Esteban trabajó–, sino en el Congreso argentino. “Tuvimos que incorporar equipamiento que usamos solo para esto –explica–. Agudizamos los entrenamientos para que los nuevos voluntarios no se espanten en las primeras movilizaciones: el asistente humanitario se entrena, pero no para esto, que se terminó convirtiendo en una especialidad dentro de lo que hacemos”.
La desproporción les sorprende: cuatro fuerzas federales (Policía Federal, Gendarmería, Prefectura Naval Argentina y Policía de Seguridad Aeroportuaria) para apenas cientos de personas, salvo en aquellas movilizaciones multisectoriales enormes, que no abundan. También la incorporación de las llamadas “armas traumáticas”, un nombre poco metafórico para la byrna, un arma con colores naranjas, que parece de juguete, pero que tira bolitas de goma que, tras el impacto, liberan gas: “Y además te salpica parte del tóxico que llevan dentro”.
Luego están los famosos sprays con que las fuerzas federales rocían todo lo que encuentran a su paso: jubilados, periodistas, fotógrafos, niñas. “Muchos decían que lo habían cambiado, pero averiguamos con amigos y nos aseguran que el producto es el mismo de siempre –dice Esteban–. El rociador que larga un chorro naranja, viscoso, no es un gas, es un spray pimienta. Afecta la vía cutánea, la mucosa. Químicamente, el componente mayoritario es la capsaicina: es lo que genera el ardor”. Al kit mencionado, el equipo de CEPA le suma leche entera en rociadores, milanta o solución fisiológica para los ojos: “Tiramos leche entera por su tenor graso, para que encapsule al químico y lo barra. Luego, con una gasa o apósito hay que ir limpiando para tratar de sacar lo más posible el componente”.
No hay que usar agua, porque esparce la sustancia por el cuerpo, contaminando otras zonas y propagando el ardor. El producto cumple con su definición traumática: la sensación es de fuego en la piel. Esteban indica: “Todo esto es paliativo, porque una vez que ya te entró en los poros, va a arder. Solo va a pasar con el tiempo”.
Blindaje emocional
Carolina Busquier se sumó a CEPA en 2022 y desde su profesión aporta una contención valiosa en las protestas de los miércoles: es psicóloga, formada en la “psicología de la emergencia”, una especialización para situaciones emocionales vinculadas a catástrofes o eventos masivos de gran magnitud. El primer miércoles que fue atendió a una nena de 13 años que volvía de la escuela y se confundió la parada del colectivo: se pasó solo una cuadra, pero bajó a una calle rodeada por la infantería. “Quedó desbordada –describe–. Fue atender el daño colateral, porque si había alguien que no tenía nada que ver era esa nena. Situarte en su lugar es fuerte, el impacto de esa experiencia”.
Al miércoles siguiente se encontró con una señora con problemas respiratorios: “El golpe o el gas que reciben se suma sobre otras situaciones ya preexistentes de la persona. Esa mujer tenía una enfermedad, y necesitaba asistencia médica. Pedimos una ambulancia pero su preocupación era que sus hijas no se enteraran, porque les había prometido que no iba a ir más. Le pregunté entonces qué la había hecho volver, y me respondió: ‘¿Pero cómo no voy a volver?’”.
Otra situación la vivió con los curas: “Este era franciscano, fue con su atuendo. Era imposible que no te dieras cuenta de que era un cura. Pero estaba hecho pelota, no podía abrir los ojos por los efectos del gas. Alguien le decía que los policías eran unos hijos de puta, pero él, sin poder abrir los ojos, decía: ‘Hay que entender, están trabajando, muchos de ellos quizá no quisieran estar acá’. Inevitablemente me tuve que preguntar algo de la fe y del amor. Esa cosa de poner la otra mejilla. Me asistió más él a mí, sin saberlo, que yo a él. Cuando se recuperó, fue a encararlos de nuevo y se puso a rezar un padrenuestro. Y les dice: ‘Yo les vengo a traer un poco de paz, no sé si estarán en condiciones de recibirla’”.
Tres escenas donde se juega algo que, para Carolina, el gobierno busca desatar con este despliegue: el miedo. “No hay que minimizar lo que les está pasando a esas personas. Yo no consuelo gente: es una intervención que lleva una escucha, a veces con palabras, otras con silencio, buscando un lugar de mayor tranquilidad. A veces es, simplemente, sentarse con alguien en el cordón de la vereda y que sepa que no lo van a bardear”.
Los miércoles se convirtieron en un día de lucha, que mucha gente se agenda en la semana, pero con un 99% de posibilidades de pasarla muy mal. ¿Qué estrategias hay para mitigar ese sufrimiento o dolor, tanto físico como mental?
Cuenta Carolina: “Un día atendí a una periodista que lloraba. Tenía que salir en vivo. Gasearon a su compañero, tuvo que recomponerse, hacer la cobertura. Tramitó la situación y salió al aire, como diciendo: ‘Acá no pasó nada’. Pero pasa, y muy fuerte. Lo primero es no naturalizar todo esto. Asumir que te da miedo, te duele y al día siguiente te duele todo el cuerpo. Hay que hacer algo con eso porque, si no, se queda adentro de una forma que no está buena, y sabés que al miércoles siguiente tenes que volver, y entonces te ponés en piloto automático. A veces, es llorar. No negarlo. Si da para hablarlo con alguien, hablarlo. El blindaje emocional tiene que venir por el lado de la elaboración, no de la negación. Porque si todo lo que pasa ahí no te conmueve, sos un robot. Y si te conmueve, algo tenés que hacer con esa conmoción. Algo que no te impida seguir con tu vida. Si no le doy entidad queda como residuo, se acumula, y eso hace que uno estalle o que uno naturalice y se convierta en piloto automático. Todos los que vamos es porque nos mueve a ir. Que no se pierda esa parte de humanidad.
Doctrina Manaos
Para Esteban, parecía que lo último de humanidad se perdía cuando un policía golpeó a Beatriz Blanco, la jubilada de 81 años que cayó de espaldas con todo el peso de su cuerpo golpeándose la nuca. “Se rompen barreras que son graves”, dice. O cuando un policía federal –hoy procesado por el juez Sebastián Ramos– gaseó a una niña de 9 años y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quiso operar en medios diciendo que había sido una persona “vestida de naranja”.
La parte buena: el efecto boomerang de la campaña les dio mucha visibilidad. “Nos permitió mostrar todo este laburo que hacemos”, dice Marcelo. A un video fake que circuló por redes y medios que trabajan para el gobierno, se le contrapuso una campaña que sacó a escena todo el prestigio de CEPA, incluso con comunicados de organizaciones y federaciones de toda la región.
A Esteban se le infla el pecho de ver todo ese camino en retrospectiva. “Hoy somos muchos en la calle trabajando. De alguna forma, lo que hizo CEPA, y eso me enorgullece, fue haber contagiado para que haya otras organizaciones, o chicos que se van haciendo socorristas, porque nos encanta laburar juntos. No queremos que CEPA sea como la Cruz Roja, que son Coca Cola: nosotros sabemos que somos Manaos, lo decimos siempre, pero somos los que estamos al lado del pueblo. Y no queremos que sea un monopolio de Coca Cola o de Manaos, sino que seamos un montón para ayudar al mundo y cambiar todas esas barreras que se están rompiendo. Para que se reconstruya el tejido social, que exista gente con buenas intenciones. Y con ganas. Que ayude al otro sin ningún subterfugio atrás”.
Esteban se ríe: “Quizá somos medio románticos– dice, y usa otra palabra que termina con oludos–. Pero esa es la forma de construir el país de verdad que nosotros soñamos”.
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El que las hace no las paga: un año después, la Justicia todavía no llamó a nadie a declarar por la estafa $LIBRA

La causa que debe investigar el megaescándalo cripto que involucra al presidente Javier Milei y a su hermana Karina está a cargo del juez Marcelo Martínez de Giorgi. El acuerdo confidencial de Milei con Hayden Davis.
por El Ciudadano, de Rosario*
A un año del escándalo Libra, la memecoin a la que llamó a invertir el presidente Javier Milei y que luego se desplomó en el éter, la causa no tiene todavía ningún convocado a prestar declaración.
En enero, la Sala I de la Cámara Federal ordenó al juez Marcelo Martínez de Giorgi que actualizara los montos a embargar en los siguientes 90 días, a partir de un planteo de la querella de Juan Grabois, que había cuestionado los montos de los embargos a los imputados Hayden Davis, Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy.
Martínez de Giorgi, que lleva adelante la causa que en un principio estuvo a cargo de la jueza María Servini de Cubría, había estipulado los embargos contra contra Davis, Novelli y Terrones Godoy en torno de los 37 millones de pesos.
La Justicia argentina también debe definir si acepta como querellantes a dos ciudadanos bielorrusos que dicen haber perdido dos millones de dólares por operar con LIBRA. Se trata de Krasutskaya Sviatlana Vitalievna y Lapchenko Vladislav Andreevich.
En Estados Unidos también
También hay otra causa por la presunta estafa que tramita ante la jueza Jennifer Rochon, del distrito sur de Nueva York.
En ese caso están denunciados el propio Milei, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei y el empresario Julian Peh, además de Davis, Terrones Godoy y Sergio Morales Morales, ex funcionario de la Comisión Nacional de Valores.
El acuerdo confidencial de Milei con Davis
A fines de enero también se filtró el acuerdo confidencial firmado el 29 de enero de 2025 entre el presidente Javier Milei y Hayden Davis, que revela que este último había ofrecido asesoramiento gratuito en blockchain e inteligencia artificial al Estado argentino, con énfasis en la confidencialidad y la posibilidad de futuras negociaciones.
El documento, rubricado apenas días antes del lanzamiento de Libra, se enmarca en un escándalo cripto que involucra transferencias millonarias y pagos paralelos bajo investigación por la fiscalía y el Congreso.
El acuerdo detalla servicios «ad honorem» por parte de Davis, lo que incluye la automatización de procesos administrativos mediante contratos inteligentes, la digitalización segura de documentos públicos como títulos de propiedad y certificados, el fomento de ecosistemas de innovación digital para startups locales, y programas de capacitación para funcionarios públicos en estas tecnologías.
En ese documento, Davis, cofundador de Kelsier, renuncia expresamente a cualquier remuneración y se compromete a mantener la información en secreto, salvo autorización legal.
Esta información fue publicada por el diario Clarín, que accedió al texto completo del documento y lo difundió en una nota que destaca su conexión con el colapso de Libra, impulsado inicialmente por un tuit de Milei que luego fue borrado.
Ese acuerdo se firmó durante una visita relámpago de Davis a Buenos Aires, tras una reunión en la Casa Rosada, y deja abierta la extensión del asesoramiento a otras áreas dentro de su experiencia.
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Productores y funcionarios acusados: el juicio por contaminación con agrotóxicos

Con la declaración de Alejandra Bianco y Sabrina Ortiz (foto de portada), afectadas directas por las fumigaciones en Pergamino, se realizó la segunda jornada del juicio contra siete productores del agronegocio y dos funcionarios municipales de esa ciudad bonaerense. Las audiencias se realizan en el Tribunal Oral Federal 2 de Rosario. Existen pruebas de presencia de agrotóxicos en los cuerpos de las personas y en el agua para consumo humano. “Que les quede claro a esas grandes empresas, productores y multinacionales que con la salud no se juega», remarcó Ortiz.
Por Anabel Pomar–Agencia Tierra Viva*
(Foto de portada: Juan José García)
Con la declaración de Sabrina Ortiz y Alejandra Bianco, víctimas y querellantes, continúa en Rosario el juicio por contaminación con agrotóxicos en la localidad de Pergamino. “No es fácil estar acá, no es la fría letra de un expediente. Son mis hijos que sufren y la impotencia de no poder hacer nada. Son los hijos de otras madres que sufren o que los han perdido. Por eso estoy acá, porque sé que la verdad va a llegar a la justicia. Ya no hay nada que probar. Quien hizo daño tiene que pagar por tanto sufrimiento, tanto abandono», planteó Ortiz. El juicio oral contra quienes contaminan con agrotóxicos constituye un hecho muy importante porque, ante este tipo de delitos, el Poder Judicial no suele avanzar.
Sacrificio humano y ambiental
Este juicio oral constituye un hito: sentó en el banquillo de los acusados a productores, fumigadores, al ingeniero agrónomo que firma las recetas de aplicación y a los funcionarios que debían controlar.
En el inicio de la audiencia, Sabrina Ortiz fue la primera víctima en brindar su testimonio. Su relato pausado, pormenorizado y no exento de lágrimas, realizó un recorrido por los padecimientos que por años ocasionaron tanto las fumigaciones como la desidia municipal y la larga búsqueda de justicia. El juicio demoró ocho años en llegar y reúne denuncias y una larga lucha que viene desde hace más de una década.
Ortiz y su familia sufrieron en carne propia las consecuencias de vivir con campos de soja fumigada frente a su casa, en el barrio Villa Alicia, de la ciudad de Pergamino. Desde 2011, tanto ella como sus hijos, padecieron y padecen graves problemas de salud. Ortiz sufrió dos ACV y perdió un embarazo de seis meses, tras una fumigación.
Según su relato, recién luego de recorrer 14 instituciones hospitalarias lograron dar con una toxicóloga ambiental que les permitió entender la causa de sus enfermedades. Estudios toxicológicos y de genotoxicidad indican que ella y su familia sufren y sufrirán las consecuencias de tener agrotóxicos en el cuerpo. Su hijo, Ciro, tiene 120 veces más veneno de lo que su cuerpo puede resistir. Su hija Fiamma tiene 100 veces más. Y ella 50, además de otras sustancias neurotóxicas. La profesional de salud que les indicó e interpretó esos análisis le aseguró que eso es un riesgo biológico muy grande. “’Esto es lo que está explotando el cuerpo de tus hijos, tu cuerpo’, me dijo la médica. Y también que hay que sacarlos de la línea de fuego, que lo que tenemos hoy ya es grave. No sabemos lo que puede pasar mañana. Nos dijo que no podíamos seguir acumulando, ‘tienen que irse ya de ahí’. Y yo no tenía los medios para irme. Y me sentía culpable por no poder irme. Y los que fumigaban lo seguían haciendo igual. Seguían enfermando igual. Aunque ya era público el daño que hacían”, recordó.

Sabrina Ortiz en Pergamino (Foto: Julia Siciliani)
En el desgarrador testimonio, Sabrina contó que su hijo casi no pudo asistir al jardín de infantes por las constantes enfermedades y que su hija estuvo dos años en una silla de ruedas. “Un día conseguí que alguien me prestara un lugar. Estaba acomodando todo para mudarme. Al regresar a mi casa del trabajo, recuerdo estaba lloviznando, que bajo del auto y la primera inspiración que hago era veneno. Habían fumigado. Estaban fumigando. Cuando entro a mi casa, mi hijo ya tenía la lengua inflamada. Ya casi no podía respirar. Como pudimos cargamos algunas cosas en la camioneta de mi papá. La silla de ruedas de mi hija. Y nos fuimos. Mi hijo iba llorando, mirando para atrás, diciendo que quería su cama y sus juguetes”.
Y relató, sobre el rol del estado municipal: “Llamé llorando a Tocalini y Naranjo (los funcionarios municipales procesados) y me respondieron que no podían ir a ver qué pasaba. Que estaban en un compromiso. En ese momento ya existía la ordenanza de control. Y esos señores, a los que recurrí muchas veces, por notas que desaparecieron todas, denuncias que desaparecieron todas, no hicieron nada”.
La historia de Sabrina es símbolo de lucha, ya que, pese a todas esas afectaciones, amenazas y situaciones de violencia, jamás eligió el silencio. Algo que en Pergamino, la «perla del norte, cuna del agronegocio concentrado, tiene un costo altísimo. Ante la falta de representación legal para sus denuncias, estudió abogacía e inició un largo derrotero ante el sistema judicial para condenar a quienes envenenan con sus negocios agropecuarios.
“Sufrí amenazas, me dejaron bidones en mi casa, me dejaron soja en mi auto. Atentaron contra la vida de mi padre y mi sobrino. Las hijas de Roces me amenazaron de muerte si no me dejaba de joder…pero no les tengo miedo, cuando se te muere un hijo en la panza ya no tenes nada que perder…ya no tengo miedo”, se escuchó decir a Ortiz ante los acusados.
“Fuimos abandonados por el sistema y por el Estado. Espero que haya justicia. Con todo lo que hemos trabajado hasta ahora y pensando en lo que estamos, en los que ya no están y en las generaciones futuras que dependen de nosotros”, reclamó.
Antes de la audiencia, Sabrina le aseguró a Agencia Tierra Viva: “Sabemos que nos enfrentamos a quienes son de alguna manera monstruos, gigantes, intereses muy grandes los que se juegan, unas potencias muy grandes, entonces no es solamente los productores que se juzgan sino acá se tiene que sentar un precedente para que quede claro, que les quede claro a esas grandes empresas, productores y multinacionales que con la salud no se juega. Ya está. Hay que ponerle un punto final. El sacrificio humano y ambiental ya ha sido demasiado”.
Glifosato en el cuerpo
Se escuchó el testimonio de la también querellante, Alejandra Bianco, vecina afectada del barrio Santa Julia, también de la ciudad de Pergamino, quien relató las enfermedades y muertes, en su hogar y en su barrio y las afectaciones que atribuyen a la probada presencia de agrotóxicos en el agua que consume la población.
Alejandra —madre de Benjamín e Ignacio (que sufrieron enfermedades relacionadas a la contaminación) y ex pareja de Sergio (quién falleció de cáncer en 2020)— realizó una encuesta vecinal en la que tristemente descubrió que todos esos cánceres y enfermedades autoinmunes no eran un problema de su casa, sino de todo el barrio.

Imagen de la sala de audiencias del Tribunal Oral Federal Nº 2 de Rosario (Foto: Juan José García)
“Sergio, mi pareja en ese momento, empieza a estar descompuesto. Le diagnostican cáncer de páncreas e hígado”, relató ante el tribunal. “El mismo médico que le hace la biopsia, al que yo le había contado todo lo que tuvieron mis hijos, me dice…‘en una sola casa tres personas enfermas, no es casual… algo raro pasa‘. Ahí me quedo pensando, sin entender lo que pasaba y empecé a preguntar en el barrio. Encontré muchos vecinos estaban fallecidos. El censo lo hice en 2018. Más de 40 vecinos encontré enfermos”.
Bianco, que siempre vivió en la ciudad de Pergamino, tiene glifosato en el cuerpo. Todas las historias clínicas que juntó y la encuesta las presentó primero en el juzgado de san Nicolás y hoy forman parte de este expediente que llega a juicio. Historias clínicas que el intendente municipal, Javier Martínez, eligió no mirar. Durante su testimonio, Bianco relató que, tras hacerse público ese censo, un día la citan a una reunión con el Intendente. “Fui con la pila de historias clínicas. Le pedí hiciera algo. El Intendente no leyó nada. Una reunión que no entendí para que fue. Al tiempo, hicieron un censo municipal, sin nuestra participación, y dijeron que no había muchos enfermos, sino pocos casos”, denunció.
Las pruebas de la contaminación
Según consta entre los elementos probatorios de la contaminación, que serán tomados en cuenta en las audiencias y sometidos al debate, las afectaciones alcanzan al ambiente y a las personas. A través de pericias, se detectaron en suelo 45 plaguicidas peligrosos para la salud, con predominancia de nueve: atrazina y dos metabolitos de degradación, triticonazol, metolaclor, acetoclor, clorpirifos, glifosato y su producto de degradación (AMPA). En algunos casos en concentraciones mayores en los patios de los vecinos que en los campos cultivados.
En el agua se detectaron también 18 agrotóxicos, con mayor presencia de cinco de esos plaguicidas. Las afectaciones alcanzan al agua corriente que consume la población. Y al agua subterránea desde la que se abastecen en esa y otras ciudades, ya que los agrotóxicos alcanzaron al acuífero Puelche.
También hay pruebas de daño genotóxico y de presencia de agrotóxicos en el cuerpo de habitantes del lugar. Y relevamientos de altas cantidades de pacientes oncológicos o fallecidos de cáncer, entre otras enfermedades y problemas de salud.
En el banquillo
Los acusados son siete productores agropecuarios: Fernando Cortese, Víctor Tiribó, Mario Reinero Roces, los hermanos Carlos y Hugo Sabatini, Cristian Taboada y el ingeniero agrónomo, José Luis Grattone; y dos funcionarios municipales, Guillermo Naranjo y Mario Daniel Tocalini.

El sector de la fiscalía que lleva adelante la acusación. (Foto: Claudio González / Ministerio Público Fiscal).
El juicio se desarrolla en el Tribunal Oral Federal N°2 de Rosario, integrado por los jueces, Elena Dilario, Román Lanzón, y Eduardo Rodrigues Da Cruz. El Ministerio Público Fiscal está representado por el fiscal Federico Reynares Solari, de la Oficina de Litigio Oral Estratégico del Área de Investigación y Litigio de Casos Complejos de la Unidad Fiscal Rosario. La causa («Cortese Fernando Esteban y otros s/envenenamiento»), iniciada en 2018, es originaria del juzgado Federal de San Nicolás a cargo del Juez Villafuerte Ruzo, y llega hasta esta instancia unificando varios expedientes, hechos y denuncias de más de una década de contaminación, entre 2011 y 2020. Todos los expedientes fueron acumulados a requerimiento de la Fiscalía.
En la primera audiencia del juicio, el 4 de febrero, el fiscal Reynares Solari atribuyó los hechos, detalló la acusación y el encuadre legal para cada uno de los acusados; postura a la que adhirió la querella, integrada por los abogados Carlos González Quintana y Fernando Cabaleiro, representantes de las denunciantes Sabrina Ortiz (Paren de Fumigar Pergamino y Naturaleza de Derechos) y Alejandra Bianco (vecina afectada barrio Santa Julia).
A Cortese, Reinero Roces, Tiribó, Grattone, Taboada, Daniel y Hugo Sabatini, la Fiscalía les endilgó ser coautores del delito previsto en el artículo 55 de la Ley 24.051 sobre Residuos Peligrosos, que prevé una pena de tres a diez años de prisión para la persona que, a través del uso de residuos, «envenene, adultere o contamine de un modo peligroso para la salud, el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general».
Además de contaminación, a Cortese se lo acusa de amenazas coactivas contra un familiar de Sabrina Ortiz en un hecho sucedido en 2020.
Las conductas imputadas a Naranjo y a Tocalini fueron calificadas en los términos del artículo 248 del Código Penal, por incumplimiento de los deberes de funcionario público, permitiendo que desde 2015 se realicen fumigaciones con agroquímicos sin los debidos controles en los campos, contribuyendo a contaminar el ambiente.
En esta segunda jornada, además de las denunciantes declararon también el oficial Mauro Garay, y el ahora comisario retirado, Isaac Guari, personal policial que realizara pericias y diligencias en campos denunciados, dependencias municipales, locales de venta de agrotóxicos. Ambos, Guari y Garay, mayormente en sus respuestas refirieron no recordar o no poder brindar precisiones por las actuaciones de las que participaran, según consta en documentación presentada y en las que figuran sus firmas, y por las que fueron consultados.
Ciencia, territorio y justicia
Consultado por Agencia Tierra Viva, el abogado de las víctimas, Carlos González Quintana, expresó que esperan, desde una perspectiva estrictamente jurídica, que el Tribunal aplique las penas previstas por la ley para los delitos imputados. Y detalló que “en esta causa se juzgan hechos encuadrados en el artículo 55 de la Ley 24.051 (Residuos Peligrosos), en función del artículo 200 del Código Penal, que sanciona a quien contamina el ambiente de un modo peligroso para la salud pública. El marco legal prevé penas de prisión de hasta diez años, además de inhabilitaciones especiales, particularmente relevantes cuando se trata de productores, profesionales y funcionarios públicos como en este caso puntual”.
Sobre la importancia del juicio, aseguró que marca un precedente clave para la sociedad en su conjunto: “Será la primera vez que, en la provincia de Buenos Aires y en pleno corazón del agronegocio, se juzgue penalmente un entramado completo de decisiones, omisiones y prácticas vinculadas a las fumigaciones con agrotóxicos en zonas densamente urbanizadas, discutiendo en un tribunal penal las responsabilidades concretas de productores, profesionales y funcionarios públicos». «Ninguna actividad económica, por importante que sea, está por encima de la ley. Y se deja en claro que la salud y el ambiente son bienes jurídicos que merecen tutela penal efectiva. Es un escenario histórico donde se cruzan ciencia, territorio y justicia, donde el modelo productivo deja de ser intocable y empieza a ser interpelado. Donde los cuerpos hablan, la ciencia acompaña y el silencio, después de treinta años, se rompe”, afirmó González Quintana.
«La salud es un derecho humano»
En su alegato inicial, el Fiscal eligió no mencionar la palabra cáncer, aclaró que decidía omitir esa palabra. Fue el abogado Carlos González Quintana quien la pronunció. En la sala se encontraban presentes varias denunciantes y víctimas.En el recinto faltaba Florencia Morales. La vecina fumigada y denunciante falleció en 2023, de cáncer. Su ausencia física nombraba con más fuerza aún la palabra que era necesaria mencionar. En su nombre sobrevolaban también las decenas de personas fallecidas que no podrán declarar sobre las fumigaciones que sufrían.
Tierra Viva conversó con Paola Díaz (Madres de Barrios Fumigados Pergamino). Sabe en primera persona de perdidas. “La verdad que no es fácil… yo tengo una hija fallecida de leucemia”. La niña falleció en 2014 a sus 11 años. “Después que falleció, hablando con Sabrina, nos fuimos enterando de lo que hacían las fumigaciones. Nosotros estábamos enfrente del campo. Para nosotros, lo que se fumigaba mataba los yuyitos y a las personas no les hacía nada”, recordó.
Paola, según está previsto, junto a una decena de vecinas declararán como testigo frente al tribunal oral en Rosario en futuras audiencias. Sus denuncias forman parte de las causas unificadas, ya que en su momento han declarado en el Juzgado de San Nicolás. Todo ese trabajo de años que logró tanto la medida cautelar judicial vigente que aleja los venenos, como aquella primera y limitada ordenanza de protección municipal. Medidas a las que algunos de los procesados hicieron caso omiso. “Lo que espero es que la Justicia se ponga del lado de las personas. La salud es un derecho humano. Que se juzgue como deben juzgar”.
En la primera jornada también estuvo presente Sofía Gatica, de Madres del Barrio Ituzaingó Anexo (Córdoba). Viajó desde su provincia para acercar en persona el apoyo a Sabrina y los demás afectados. “Escuchar que la discusión fuera por los metros, en algunos casos escasos 100 metros, o gente asegurando que el glifosato no hace nada te da mucha bronca y mucha impotencia. Por eso es que viajé, para que cesen estas injusticias. Uno ve que se sigue fumigando, que se sigue contaminando, que se sigue muriendo la gente, entonces hay que ir a apoyar a los compañeros para que se haga justicia”.

Sabrina y Alejandra en la puerta de Tribunales. La próxima audiencia será el 25 de febrero.
La próxima audiencia ya fue programada para el 25 de febrero, a las 9 de la mañana. Según lo anunciado, sobre el cierre, se espera para esa jornada las declaraciones de los funcionarios municipales imputados.
*Las denunciantes piden la colaboración de toda la comunidad para afrontar los gastos económicos que implica todo el proceso (que está previsto termine en marzo). Alias: causa.pergamino (cuenta a nombre de Sabrina del Valle Ortiz).
Edición: Darío Aranda
- *Esta nota es parte de la articulación de la Unión de Medios Autogestivos (UMA): El Ciudadano (Rosario), Revista Cítrica (Buenos Aires), El Diario del Centro del País (Villa María), Tiempo Argentino (Buenos Aires), Lavaca (Buenos Aires), Agencia Tierra Viva (Buenos Aires) y Lawen Documental (Buenos Aires).
Actualidad
El extraño caso de las molotov vs. el camión hidrante con mala puntería

La foto de portada, de Juan Valeiro de lavaca, es tal vez un cuadro del presente: el Congreso, la policía, los que arrojan bombas molotov aislados de la gente, tras un parapeto que no se sabe de donde salió. Y el chorro del camión hidrante que nunca acierta ni a mojarlos. Reproducimos aquí la nota que al respecto realizó El Ciudadano, de Rosario.
Por el diario El Ciudadano, de Rosario
El ataque, en medio de la protesta contra el proyecto de reforma laboral libertario, quedó filmado y generó varias interpretaciones. Los que con tranquilidad armaron los artefactos incendiarios en el lugar, se retiraron sin ser detenidos pese a que estaban aislados: los manifestantes se habían alejado al verlos. Recuerdos del incendio del móvil de Cadena 3 en junio de 2024, en ese caso en el marco de la Ley Bases.

Una de las imágenes destacadas de los alrededores del Congreso este miércoles, mientras en el Senado se debatía la reforma laboral libertaria, fue la de seis personas que armaron, a la vista de cientos de policías que no intentaron detenerlos, al menos tres bombas molotov. Se tomaron todo el tiempo necesario, con bidones, un colador y botellas de vino, para confeccionar los artefactos incendiarios y lanzarlos, aunque sin causar heridas a ningún uniformado. Otro dato destacado: los camiones hidrantes no le acertaron ni un solo chorro de agua al grupo: todos dirigidos al costado y al piso.
Uno de los muchachos portaba una remera con el cartel de «prensa». Los otros, todos con mochilas parecidas, y nuevas, lo mismo que sus zapatillas. Algunos con cascos.
Con movimientos coordinados avanzaron sobre el vallado dispuesto sobre avenida de Mayo detrás del cual se apostaban numerosos agentes con sus escudos. Se acercaron con débiles parapetos de cartón. Al costado, otros policías arrojaban gases lacrimógenos contra manifestantes que se habían corrido de la escena. Eso era a metros del grupo, al que las fuerzas de seguridad dejaron actuar. moviendo parapetos de madera
Insólito fue también que el grupo se pusiera a armar las bombas caseras en el lugar. Se los ve en esa tarea en los videos. Siempre que se usaron esos pertrechos artesanales en manifestaciones, se llevaron ya listos para arrojar. De lo contrario, se pierde el factor sorpresa. Este miércoles, sin embargo, pasaron varios minutos en que todos los que estaban en la zona pudieron ver la intención de los seis. Ningún policía intentó detenerlos, siendo que había decenas a escasos metros de distancia.
La frutilla del postre fue la «mala puntería» de quienes operaban el camión hidrante apostado tras el vallado. Ningún chorro a presión dio en los débiles parapetos detrás de los que se apostó el grupo.
Después de arrojar los artefactos, retrocedieron y se fueron con tranquilidad.
Hasta este jueves, no había información oficial sobre su detención. Ni siquiera si estaban identificados. Sí, numerosos posteos de funcionarios, como el ministro del Interior, Diego Santilli, asegurando que los de las molotovs eran parte de los manifestantes que acudieron a los alrededores del Congreso para protestar contra el proyecto libertario que cercena derechos adquiridos de los trabajadores.

Ley Bases y el patrullero incendiado
El lanzamiento de molotovs de este miércoles, por sus características, recuerda al incidente también extraño de otro miércoles: el 12 de junio de 2024. En la tarde de ese día, también en los alrededores del Congreso, tres encapuchados dieron vuelta e incendiaron un móvil periodístico de Cadena 3, rodeados de policías, y escaparon sin ser perseguidos ni detenidos. Todavía no hay indicios de sus identidades. No hubo esfuerzo alguno para dar con ellos. Fue durante otra movilización de protesta, en esa caso contra el proyecto de la llamada Ley Bases.
Poco después de ese ataque, el periodista que manejaba el vehículo, Orlando Morales, dijo que, según lo que pudo observar, se trató de un ataque «preparado» y muy sospechoso.

«Cuando me vieron llegar se vinieron y lo dieron vuelta. Para mí estuvo preparado. Me llama mucho la atención todo lo que pasó y cómo se llevó a cabo. Fue gente infiltrada, preparada para hacer eso», dijo el trabajador de prensa en una entrevista radial.
«Estaba yo atrás de los gendarmes porque estaban agrediendo, estas personas, los gendarmes, la policía, vallado de por medio ¿Cómo empezó todo? Yo venía escuchando lo que estaba pasando en el recinto porque quería estar informado y cuando se da a conocer que se habían conseguido los votos fue como una explosión. Ahí fue cuando explotó todo», relató.
Más temprano, el cronista había contado detalles del ataque -que se dio cerca de las 16.30, en plena movilización y despliegue del aparato represivo del Ministerio de Seguridad que entonces conducía la hoy senadora Patricia Bullrich como ministra de Seguridad.
«No lo puedo creer. Hijos de re mil puta. Me pegaron. Iba a sacar el móvil y me lo dieron vuelta. No se puede creer», agregó Morales angustiado poco después del ataque.

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