Actualidad
Campaña de firmas: [email protected]

Este 25 de Mayo se inició la campaña de firmas ciudadanas solicitando a quienes integran el Senado de la Nación que no voten la Ley de Bases.
La convocatoria comenzó en el Cabildo, a donde se acercó el público para estampar su firma, incluyendo por ejemplo a las periodistas Blanca Rébori y Luisa Valmaggia, las actrices Katia Alemann y Laura Azcurra, el escritor Guillermo Martínez, la abogada y referente feminista Nina Brugo, el fotógrafo Daniel Merle, la médica y escritora Mónica Müller, Susana Reyes (mamá de Cecilia Basaldúa e integrante de Familias Víctimas de Femicidios), la historiadora del arte e investigadora Andrea Giunta, el escritor y periodista Juan Sasturain (ex director de la Biblioteca Nacional), integrantes de los grupos de jubilados que estaban movilizándose a su vez en el Congreso, vendedores y vendedoras ambulantes, docentes, profesionales, entre tantas personas, parejas y familias.
Un detalle llamativo: mucha gente que paseaba por la zona al enterarse del motivo de la convocatoria, no ocultaba su sonrisa y su entusiasmo por estampar la firma. No hubo un solo rechazo en toda una tarde.
La reunión de adhesiones continúa por dos vías urgentes (para presentar lo más aceleradamente posible, antes de cualquier votación):
- En Buenos Aires, acercándose a MU Trinchera Boutique (Riobamba 143) este sábado 25 hasta las 24, o el lunes 27, de 11 a 18.
- Desde cualquier lugar del país: adhesión por mail –también lo más rápidamente posible– enviando nombre y DNI al correo [email protected]
El texto de la carta es el siguiente:
“Las personas abajo firmantes, reunidas este 25 de Mayo de 2024 en el Cabildo de Buenos Aires, les pedimos con respeto y esperanza a las y los senadores de la Nación argentina que no voten la Ley de Bases que pone en riesgo nuestros derechos, recursos naturales y futuro”.
Se realizaron acciones similares en diferentes ciudades del país (Córdoba, Esquel, Mar del Plata, entre las primeras que adhirieron), cuyas firmas se sumarán a esta solicitud que se presentará ante el Senado el próximo martes.

Cabildo abierto
Junto al Cabildo, la pequeña mesa y la carpeta con las hojas para firmar fueron también una convocatoria a las conversaciones y reflexiones. La actriz Laura Azcurra, por ejemplo, planteó: “Me acerqué para pedir por favor a nuestros senadores y senadoras que rechacen la Ley de Bases. Es muy necesario que nuestros representantes estén a favor del pueblo. Que no permitan la venta de nuestro país, endeudarnos por más y más décadas, y que estén a la altura de lo que necesitamos en este momento y en este contexto. Así que por favor, senadores y senadoras, digan no a la Ley Bases”.

La actriz Laura Azcurra.
Guillermo Martínez, escritor, participó también en esa especie de cabildo abierto, en la calle, cara a cara, recuperando lo físico frente a tanta virtualidad: “Me parece fundamental que los senadores reacciones a tiempo para rechazar la Ley Bases porque prácticamente todos los artículos de la Ley son un golpe tras otro a conquistas de largos años del pueblo argentino. En particular me preocupa mucho la situación del CONICET que quedaría al filo de una firma del presidente para desaparecer. Me preocupa también la cuestión del financiamiento de las universidades públicas, hay evidentemente un plan en marcha para destruirlas. Y lo que llaman RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) que llevaría a la posibilidad de vender todos los recursos estratégicos nacionales, y es una ley que tendría consecuencias incalculables para el futuro, para las nuevas generaciones, para lo que sería la vida de mis hijas, por ejemplo. Me parece que no podemos dejar pasar de ningún modo ese tremendo golpe a lo que va a ser toda la vida futura de los argentinos”.

Apareció también un lápiz gigante para sumar firmas, aportado por el Grupo Artivista que en suele plantear un matiz de palabras: ¿justicia o poder judicial?

Cavarse una fosa
Víctor Manuel Sotelo casi no tiene tiempo de pensar en futuro, porque sufre las cuestion4es en pleno presente. Pasaba vendiendo banderas argentinas, y se decidió velozmente a firmar al conocer el motivo: “Firmo porque estamos en una situación muy mala. Yo era sereno, subió este presidente, ajustaron y me dejaron en la calle. Si sigue, va a haber muchísimos despidos. La situación es muy complicada. Cada gobierno que sube hace un desastre. Y este, peor que todos. La única vedad es que hay que seguir trabajando” dijo Víctor, siguiendo camino para vender las banderas.

Víctor, despedido de su trabajo, vendiendo banderas argentinas. Y poniendo la firma al rechazo a la Ley de Bases.
La periodista Luisa Valmaggia fue una de las que compartió abrazos y conversaciones surgidos a partir de la propuesta y del encuentro: “Es sustancial movilizarse, poner la firma, decirle a nuestros senadores y también a nuestros diputados, que no se puede votar la Ley Bases. Y el DNU hay que tirarlo abajo. De eso depende el bienestar, la vida, y en definitiva el funcionamiento de la democracia en la Argentina”.

La periodista Luisa Valmaggia.
Agregó Luisa: “Darle superpoderes al presidente de la Nación, es prácticamente cavarse una fosa. La vamos a pasar muy mal. Ya la estamos pasando muy mal. Hay que salir de la queja y comenzar a hacer acciones que sean propositivas para que la realidad de la Argentina cambie para siempre”.
Iban llegando también imágenes desde otros lugares en los que se convocó a las firmas. Por ejemplo Córdoba.


Imágenes de la movida en Córdoba.
También Mar del Plata invitó a firmar contra la Ley Bases.

Contra las mujeres
Una mamá con su hija firma y dice: “Me parece muy arbitrario todo lo que pasa contra la gente, los derechos laborales, y sobre todo contra las mujeres. Siempre perjudicaron a las mujeres, y ahora les quieren subir la edad. Es todo muy injusto, muy violento. Te juro que no lo puedo creer”.

Daniel Merle, fotógrafo.
El fotógrafo Daniel Merle también tuvo oportunidad de reencontrarse con viejos conocidos en ese mediodía frío y de sol: “Acá estamos en el Cabildo en una iniciativa no partidaria, pero muy política, para pronunciarnos en contra de la votación de la Ley Bases en el Senado. Queremos presionar a nuestros representantes para que de alguna forma nos representen. Hasta el momento la oposición no muestra una cabeza unificada y creo que la única forma que tenemos nosotros es estar en la calle y presionar a los representantes para que se opongan a este gobierno que nos va a hundir por el resto de nuestras vidas”.
Una teoría bajo el sol
María Laura es docente bonaerense. Fue una de las personas a las que les apareció una sonrisa de 25 de Mayo cuando vio la mesa en la que se podía firmar contra la Ley Bases: “Hacer cosas como esta te saca de la impotencia. Porque con todo lo que nos pasa es como que nos quedamos sin herramientas, pero cada persona desde su espacio algo puede hacer para que las cosas cambien. Es cierto que nuestra historia nos dice que frente a este tipo de gobiernos, siempre logramos salir adelante. Pero va a costar, porque entramos a una época de negacionismo y eso que se decía de la posverdad: dicen cualquier cosa, aunque sea falsa o mentirosa, como si fuese cierta. Me pasa como docente, que los chicos traen cosas, opiniones, ideas, totalmente falsas, pero que las toman por buenas. También habrá que hacer una autocrítica. Yo adherí a los gobiernos anteriores, pero es cierto que hay que reformular y repensar muchas cosas. Y no perder la esperanza, mientras tratamos de hacer cosas para que la situación cambie”.

Katia Alemann con los Artivistas.
El escritor Juan Sasturain participó también en la movida: “Es muy bueno estar un 25 de Mayo en la Plaza, sobre todo porque nos convoca, como siempre que venimos a la Plaza, venimos por razones de peso que nos trascienden largamente. Y en este momento venir a la Plaza y dejar testimonio es fundamental para todos los argentinos sobre todo porque está en juego la existencia misma de la patria y lo que implica: no solo la escarapela, su territorio, sino sobre todo la vida y cultura de sus personas. La ley mal llamada Bases es una obra maestra implícita de perversión, va en contra de los conceptos de patria, de soberanía, de igualdad y de libertad auténticamente entendida, no del concepto puramente liberal y económico. Por eso, porque creemos en la democracia, en la capacidad de acción de nuestra sociedad, y porque no nos queda otra, estamos acá. Con fe y esperanza que salga el sol para la patria y para todos”.

Actualidad
¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

Por Sergio Ciancaglini
Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.
El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump.
La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b contamina a cada uno de los integrantes de nuestro mundo, que sonríen felices, actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena.
Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a todos los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico.
Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.
A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con educación servicial.
Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva, a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.
Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo, y el mundo quedará como una estación en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.
Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico.
Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.
Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido.
El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus.
En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.
El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias.
La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción, basta de sonrisas.
Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro.
En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza.
Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra serie que describe de otro modo estos días. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero fue escrita en forma de cómic hace casi 70 años.
También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.
Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.
En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (interpretada por Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end.
En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.
En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre sonriente y obviamente maternal. Manousos le dice: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.
Carol en otro momento dice algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas que rompían la pesadilla del consenso alienado.
La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).
La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte.
Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.
Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:
We save the world mañana.
PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

Actualidad
Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla
Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:
“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.
El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.
La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.
Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.
Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

El botín
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.
Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.
Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.
Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.
De Monroe a Trump
Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.
El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.
El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”.
En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original».
Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.
¿Qué país?
En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina:
“Es un comienzo”.
Lo dice con ilusión y alivio.
Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.
Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.
Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.
Actualidad
Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.
El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Imagen de las instalaciones saqueadas.
El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.
“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.
El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.
“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.
El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente.
La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

ActualidadHace 3 semanasItuzaingó: los trabajadores ocupan la fábrica de ascensores Cóndor y proyectan una cooperativa

Derechos HumanosHace 4 semanasA 40 años de la sentencia: ¿Qué significa hoy el Juicio a las Juntas?

ActualidadHace 4 semanasMendoza en caravana hacia la capital provincial contra el proyecto minero San Jorge

ComunicaciónHace 2 semanas19 y 20 de diciembre: La crónica que nos parió

NotaHace 1 semanaMatar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González





























