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Frente a la estafa, asamblea

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Vecines de la Comuna 12 de la ciudad de Buenos Aires organizaron el domingo un cacerolazo en la puerta del Club Pinocho, en el barrio de Villa Urquiza, donde la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, una de las principales apuntadas en el escándalo de la criptoestafa, encabezó un acto de La Libertad Avanza. “Yo sabía que a los corruptos los cuida la policía”, fue una de las canciones de protesta, mientras la hermana del Presidente llegaba al club franqueada por un operativo de seguridad que no podía calmar el estribillo ni tampoco esconder uno de los carteles que más se viralizaron: “La estafa avanza”.

Frente a la estafa, asamblea

A continuación compartimos las fotos de la Asamblea de Parque Saavedra, una de las convocantes al repudio, nacida el 20 de diciembre de 2023, el día que Javier Milei anunció el Decreto de Necesidad y Urgencia de desregulación de la economía.

Frente a la estafa, asamblea

“No queremos estafadores en nuestros barrios” fue el título del comunicado que lanzaron ayer: “Es una acción puntual en línea con lo que venimos buscando desde el 20 de diciembre de 2023: dar respuestas colectivas contundentes frente a un gobierno nacimiento corrupto, saqueador e incompatible con la vida”. La asamblea, como tantas otras que nacieron o resurgieron a partir de la asunción de Milei, ha estado participando en las diversas protestas que se dieron desde entonces, como los tratamientos de Ley Ómnibus y la Ley Bases, así como el repudio del protocolo represivo que coordina la ministra Patricia Bullrich.

Frente a la estafa, asamblea

Sus integrantes se enteraron de la visita de Milei y por grupos de WhatsApp organizaron los pasos a seguir. “No podíamos permitir que pasee libremente sin que nadie vaya y les diga las cosas en la cara”, explican a lavaca. Hicieron circular un flyer que rápidamente se expandió por otros grupos de asambleas y de vecinos.

El efecto se vio en la convocatoria: “Afortunadamente pudimos confluir en esta manifestación con muchos otros vecinos para gritar que los barrios son de quienes vivimos y trabajamos en ellos, de quienes recorremos sus plazas, parques y clubes todos los días, y por eso en nuestros barrios los estafadores no son bienvenidos -expresaron en el comunicado-. Desde el escándalo de la criptoestafa nadie puede desconocer que el gobierno de los hermanos Milei es una banda que miente y se beneficia a costa de otros, incluso de los que lo apoyan”.

Frente a la estafa, asamblea

Si bien subrayan que el gobierno “tiene la complicidad de casi toda la dirigencia política y sindical”, también destacan que va a encontrarse cada vez más con respuestas así, “de gente común comprometida, que como en tantas otras asambleas y espacios de base pone sus energías en construir compañerismo, formas variadas de luchar y de vivir juntos”.

Desde la asamblea explican a lavaca: “Para que no parezca que nadie enfrenta a este gobierno”.

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Izquierda, derecha y comunicación: la mirada en el oído

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¿Cómo enfocar la “batalla cultural”? ¿Por qué la energía y la iniciativa han cambiado de bando? ¿Es un tema de dinero, poder y talento comunicativo de la derecha? ¿Cómo explicar la influencia de los discursos de odio, sobre todo entre los más jóvenes, la propagación de las fake news, el debilitamiento de los mensajes progresistas y los horizontes de esperanza? ¿Y si no se están pensando bien cuáles son las fuerzas en juego, asumiendo que todo es una cuestión de poder, de técnicas e ingeniería social? ¿Todo se juega en ver quién coloca mejor el mensaje? ¿Podría pensarse de otra manera la comunicación? 

El español Amador Fernández-Savater, autodefinido como “filósofo pirata”, se hace estas preguntas y explora otros modos y claves de pensar, actuar y vivir el presente. El idealismo frente a lo material. El mercado y los influencers frente a prácticas progresistas y populistas: “La debilidad de la batalla cultural hoy en día, tanto de la izquierda clásica (que quiere convencer) como de la izquierda populista (que quiere seducir), es hacer de la comunicación una práctica de mercado, que presupone un conjunto de consumidores aislados, sin percepción activa, sin conversación o lazos entre sí. Estaciones repetidoras de estereotipos, de memes, de contenidos virales” escribe Amador, y brinda sus ideas sobre cómo salir de lo que llama “pulsión suicida” y “pulsión idiota” del presente. La conversación, no encerrarnos en nosotros mismos, la diversidad de tejidos sociales, la batalla cultural en clave materialista y de experiencias capaces de crear otras formas de estar en el mundo y de crear relaciones. “La conversación como ida y vuelta de la palabra en igualdad, como ejercicio de atención y de escucha, no mediado por ningún algoritmo, guion o protocolo rígidos, sino sostenida por los propios participantes”.   

Amador es escritor, investigador, activista y editor. Ha colaborado e intervenido en lavaca y revista MU en numerosas ocasiones. Sus diferentes actividades y publicaciones pueden seguirse en www.filosofiapirata.net. Sus últimos libros son Habitar y gobernar; inspiraciones para una nueva concepción política (Ned ediciones), La fuerza de los débiles; ensayo sobre la eficacia política y Capitalismo libidinal; antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar.

En este caso reproducimos su artículo “¿Hacia una batalla cultural en clave materialista?”publicado en el sitio ctxt.es (Contexto y Acción), una posibilidad de repensar, encarar y debatir la construcción del presente.

Por Amador Fernández-Savater

El mensaje de la derecha prende porque resuena y sintoniza con los miedos y las esperanzas de una vida inmersa en el líquido amniótico del mercado

“Somos una derrota que gobierna”. Leo esta dura caracterización del presente en el último libro del filósofo Juan Manuel Aragües, Gramática de los dioses. A pesar de que hoy gobierna una coalición de izquierdas, donde se pueden encontrar las posiciones antagonistas en que se reconoce el autor, hoy es la derecha (más o menos extrema) quien lleva la iniciativa en el plano social, callejero y anímico, poniendo a la izquierda a la defensiva. El impulso de cambio radical en la sociedad que expresó el 15M (nota: el movimiento de protestas y asambleas en España surgido a partir del 15 de Mayo de 2011) se ha congelado y las políticas de izquierdas se limitan (en el mejor de los casos) a medidas de contención, incapaces de revertir las desigualdades estructurales

¿Por qué la energía y la iniciativa han cambiado de bando? Una respuesta que aparece entre los actores de izquierda implicados en lo que se conoce como batalla cultural es la siguiente: “La derecha tiene más dinero, más medios y más talento comunicativo”. Ese “más” explicaría la influencia de los discursos de odio, sobre todo entre los más jóvenes, la propagación de las fake news, el debilitamiento de los mensajes progresistas y los horizontes de esperanza.

Pero, ¿acaso hubo más dinero, más medios y mejores estrategias mediáticas durante la década anterior, cuando el deseo de cambio tuvo claramente la hegemonía social y cultural? ¿Y si no se están pensando bien cuáles son las fuerzas en juego, asumiendo que todo es una cuestión cuantitativa, de poder, de técnicas e ingeniería social? 

El desafío político, dice Juan Manuel Aragües, es también filosófico, tiene que ver con maneras de pensar. Hay modos de pensar que llevan en sí mismos la derrota. ¿Es la batalla cultural una disputa de mensajes contra mensajes, con los medios y las redes sociales como terreno único o privilegiado? ¿Todo se juega en ver quién coloca mejor el mensaje? ¿Podría pensarse de otra manera la comunicación? 

Idealismo y materialismo 

El libro de Juan Manuel Aragües reivindica la tradición materialista de pensamiento para las prácticas de emancipación. Una constelación de la que forman parte desde Epicuro hasta Gilles Deleuze, pasando por Spinoza y Marx, opuesta resueltamente al idealismo. ¿Qué dice el idealismo? Aragües lo resume así: es la creencia de que un “etéreo mundo de nombres” define la realidad, tiene la verdad de lo real. El fundador de la corriente idealista sería Platón, con su famosa teoría de un mundo de ideas que rige por encima de la imperfecta materia. 

¿Cuál es el problema del idealismo? Ese “etéreo mundo de nombres” simplifica (hasta el borrado) la complejidad y riqueza de lo real, que consiste en la emergencia continua de diferencias imposibles de captar (sin mutilación) en las ideas, los conceptos o esquemas a priori. El idealismo es una “lógica representativa” que pretende dar cuenta de la realidad, como si de un espejo se tratara, pero no consigue captar su dinamismo de cambio y movimiento. 

De la filosofía a la política. La batalla cultural, tal y como hoy se plantea, ¿no sería profundamente idealista? La verdad se sitúa en la teoría o los relatos, se trata de transmitir esa verdad a las masas/ audiencias a través de la persuasión (en el caso de la izquierda clásica) o de la seducción (en el caso del populismo). En los dos casos, se concede a lo ideal –la teoría o los relatos– el privilegio de definir el sentido de lo material. Los constructores de explicaciones y narrativas, los intelectuales o storytellers, tienen el poder y la agencia en esta concepción de la política. 

¿Cómo pensar en clave materialista? La verdad no se sitúa por encima de la materia, en un cielo abstracto de ideas o relatos, sino en la materia misma, en su perpetuo movimiento, en su producción continua de singularidades, en la trama de relaciones entre ellas en que consiste la vida. La materia se define de este modo como un “tejido de diferencias”. También la materia de la sociedad, la materia social. 

 Hay singularidad y hay diferencia, cada uno de nosotros es una perspectiva del mundo, un lector único e irrepetible de la realidad. La percepción es activa, los sentidos no sólo reproducen o reflejan lo que hay, sino que lo recrean. Pero, al mismo tiempo, esa diferencia y esa singularidad, la de cada uno de nosotros, es relacional, es decir, entra en contacto y diálogo con los otros, dejándose afectar y afectando, cambiando a través de los encuentros. 

Pero, ¿qué importa todo esto? ¿De qué sirven estas filosofadas? ¿No se trata finalmente de tener más dinero, más medios y más eficacia en términos de mensaje? La diferencia es decisiva. Si pensamos en clave idealista, el emisor (que tiene la verdad de la teoría o el relato) se dirige a un receptor aislado y pasivo. La comunicación se convierte en un bombardeo de informaciones hacia un conjunto de individuos atomizados, cada cual encerrado en sí mismo y sin relación con los otros. 

Es exactamente así cómo el mercado practica la comunicación. La debilidad de la batalla cultural hoy en día, tanto de la izquierda clásica (que quiere convencer) como de la izquierda populista (que quiere seducir), es hacer de la comunicación una práctica de mercado, que presupone un conjunto de consumidores aislados, sin percepción activa, sin conversación o lazos entre sí. Estaciones repetidoras de estereotipos, de memes, de contenidos virales. 

Cuando se plantea la batalla cultural, la disputa en el terreno de las ideas, sobre la base del mercado, pensando exactamente igual que el mercado, es el mercado quien gana. La principal debilidad no es que el adversario tenga más dinero, más medios y más expertos influencers, sino que se está copiando su modelo, imitando su eficacia, pensando en espejoen simetría con él. 

La cuestión de la práctica 

El idealismo, tal y como lo explica Juan Manuel Aragües, es la creencia de que primero va la conciencia, las ideas, el lenguaje y sólo después la vida. El “etéreo mundo de nombres” da sentido, orientación y dirección a la vida. El materialismo afirma algo muy distinto: la práctica, la experiencia, tiene un efecto determinante sobre la conciencia. Las prácticas y las experiencias de vida pueden generar nuevas miradas, nuevas ideas, nuevas maneras de pensar. 

¿Por qué la derecha lleva la iniciativa en la disputa de las ideas? Podríamos pensar: no sólo porque tenga más dinero, más medios y más talento comunicativo, sino porque las prácticas y las experiencias de vida están de su lado. ¿A cuáles me refiero? A las más diarias y cotidianas: desde el supermercado a la tarjeta de crédito, pasando por el entretenimiento y el turismo, la vida hoy está enteramente organizada por el mercado

Es decir, el mensaje de la derecha prende porque resuena y sintoniza con los miedos y las esperanzas de una vida inmersa en el líquido amniótico del mercado. La izquierda se ríe altanera de los disparates de Trump o de Ayuso, pero ellos conectan con deseos, formas de vida y lenguajes comunes. La derecha hoy es materialista, tiene las prácticas de vida mayoritarias de su lado. Es un materialismo cínico, un materialismo de lo dado, de lo que hay, de lo establecido, pero arraigado en lo real.

La batalla cultural no es sólo cuestión de ideas, de teorías, de relatos seductores, de significantes, de mensajes a colocar, sino que tiene que ver con prácticas, con experiencias, con sacudidas de la vida capaces, según explica la tradición materialista, de generar nuevas visiones del mundo. ¿No fue esa por ejemplo la fuerza del 15M? Sin dinero, sin medios, sin argumentario ninguno, pero apoyado en una práctica de vida diferente, que contagiaba afectos y valores diferentes, fue capaz de cambiar la mirada de un país. 

Razones y pasiones 

Por último, el idealismo, según lo caracteriza Juan Manuel Aragües, desconoce el carácter pasional y deseante de la materia humana. Un miedo al cuerpo, un desconocimiento de los saberes del cuerpo, lo acompañan desde siempre, al menos desde el momento en que Platón decidió expulsar a los poetas de su ciudad ideal. 

La batalla cultural idealista piensa la eficacia de una verdad discursiva depurada de pasiones. En el caso de la izquierda clásica, es la confianza en la pedagogía, la ideología, los argumentarios. La izquierda clásica piensa la batalla cultural como una gran pizarra donde los expertos (que saben) enseñan a las audiencias (que no saben) aquello que debieran saber. En el caso de la izquierda populista, las emociones se tienen en cuenta, es un cierto avance con respecto a la izquierda clásica, pero se piensan como meras identificaciones. La emoción es aquello que hay que captar o suscitar para “colocar” mejor el mensaje. 

En ambos casos se desconoce la capacidad motora de los afectos, su gran fuerza de desplazamiento, la potencia que tienen para movernos y conmovernos. Los afectos no son ni una interferencia en el pensamiento correcto, ni tampoco la emoción pasiva que se adhiere o no a los significantes propuestos, sino una intensidad vital que puede producir nuevas miradas, nuevas visiones y nuevos sentidos para la vida. 

La acción política pensada en clave materialista no sólo es asunto de ideas puras, ni de ideas envueltas en ropajes sexys y atractivos, sino de ideas afectantes. Ideas capaces de afectar los cuerpos –tocarlos, moverlos, conmoverlos– porque ellas mismas nacen desde los cuerpos, en ciertas temperaturas vitales muy distintas al frío glacial del cálculo (político, estadístico, de marketing). La tradición materialista ha llamado a estas ideas “nociones comunes”, imágenes compartidas de mundo que brotan del encuentro de los cuerpos, de las prácticas de vida comunes. 

La batalla del pensamiento

Singularidad y relacionalidad, percepción activa y creadora, tejido de diferencias, prácticas de vida, carácter pasional y deseante de lo humano… Desde estas claves, ¿podría pensarse una batalla cultural diferente? ¿Cómo sería?     

La imagino en primer lugar como la apertura de espacios de conversación. Sin división tajante entre emisores y receptores, creadores de contenidos y consumidores pasivos o repetitivos. La conversación como ida y vuelta de la palabra en igualdad, como ejercicio de atención y de escucha, no mediado por ningún algoritmo, guion o protocolo rígidos, sino sostenida por los propios participantes. 

Espacios de conversación, de palabra recíproca, ni monólogo ni guerra entre posiciones cerradas, sino una trama a la vez común y diversa, singular y colectiva. Una conversación que se alimente de las prácticas de vida (o sea incluso capaz de suscitarlas), que resuene con nuestras experiencias más cotidianas y pueda afectar por ello a nuestra mirada sobre el mundo. Espacios de encuentro, de pensamiento, de deliberación, de participación auténtica.

Allí donde somos convocados a pensar desde lo que nos importa y nos toca, desde lo que vivimos y nos implica vitalmente, se despliega siempre una inteligencia. Somos materia que piensa. La confianza en la igualdad de las inteligencias, en la inteligencia de cualquiera, es un presupuesto materialista. ¿Es posible dirigirse al otro, hablar con el otro, no para convencerle o seducirle, sino para pensar juntos? 

La batalla cultural en clave materialista es una batalla del pensamiento. Juan Manuel Aragües la piensa como construcción de un conatus. El conatus es un concepto del filósofo Spinoza que designa el esfuerzo que hace cada cosa y cada criatura por perseverar en su ser. Pero ese conatus, que Spinoza considera como una fuerza primordial, un punto de partida, Aragües lo piensa más bien como un desafío, una construcción, un punto de llegada. 

Lo dado no es el conatus, como muestra el mundo actual, sino la pulsión suicida. La pulsión suicida del capitalismo en forma de guerra, de agresión a la naturaleza, de ceguera voluntaria con respecto a todas las señales de alarma. La pulsión suicida de cada uno de nosotros como individuos aislados, sin relación, atomizados. Idiotas, en el sentido griego de la palabra, autorreferentes, encerrados en nosotros mismos, incapaces de encuentro con los otros. La pulsión de muerte freudiana viene redefinida en clave materialista como pulsión idiota. 

Construir un conatus para sobrevivir, para plantearnos un horizonte de supervivencia humana en un planeta vivo. Hay que escapar para ello de la idiotez, de la superioridad moral, del identitarismo, de todo lo que nos haga incapaces de encuentro y composición con los otros. Construir el conatus es construir lo común, una salida y un éxodo de la pulsión suicida del capitalismo neoliberal, hoy ya brutalismo

Contra la pulsión suicida, contra la pulsión idiota, contra la vida-mercado y su falsa comunidad de individuos atomizados, la batalla cultural en clave materialista, la construcción de un cuerpo colectivo, un espacio de conversación, un tejido de diferencias. 

Izquierda, derecha y comunicación: la mirada en el oído

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Segunda vuelta

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«Hoy es el día 1.300. Mil policías más trescientos jubilados, y dólar a 1.300» contabiliza un jubilado a lavaca.

Más allá cientos de personas cantan: “Qué vergüenza, qué vergüenza, pegarle a jubilados por 2 pesos con cincuenta”. 

“No se entiende, no se entiende”, le dice luego una jubilada a uno de los alrededor de mil ¿efectivos? que lavaca pudo contabilizar este miércoles en una nueva marcha de jubiladas y jubilados con sus haberes destruidos, que reclaman por su derecho a no ser los que paguen el ajuste que este gobierno prometió aplicarle a “la casta” y no a ellos. Un millar de agentes masculinos y femeninas de negros y verdes y marrones, la gran mayoría sin identificación. Otra jubilada, cerquita, mira al aire y despotrica: “Por qué, por qué tanta policía. ¿Cuál es el sentido?”. El lunes pasado, 24 de marzo, la marcha en la que no hubo ni un policía a la vista fue la demostración de lo que significan los actos pacíficos, que suelen estallar justamente con los shows policiales ordenados por el oficialismo.

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Fotos: Juan Valeiro y lavaca.org.

El despliegue de seguridad fue otra exhibición desproporcionada del gobierno, posiblemente pensando en distraer del dólar más que en los jubilados. La desmesura se notó en cantidad de personal y en cantidad de fuerzas. Policía Federal, Gendarmería Nacional, Policía de la Ciudad, Prefectura, Policía de Seguridad Aeroportuaria. “En los aeropuertos y las fronteras no debe haber nadie ni para tocar el pito” comentó una jubilada. La referencia sobre la PSA y la Gendarmerìa se le puede agregar la Prefectura (en mares con su riqueza arrasada por la depredación pesquera) cumpliendo funciones absurdas en plan policial bullrichista. 

Uno de los policías fue fotografiado por uno de los cronistas de lavaca. No tenía identificación y se negó a decir su nombre. Portaba en su mano derecha un tubo de gas pimienta y amenazó con sarcasmo: “¿Querés que te muestre lo que tiene el gas?”

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Policía sin identificación, con el gas pimienta en su mano derecha y la sonrisa de una amenaza: «¿Querés que te muestre lo que tiene el gas»? Fotos: Juan Valeiro y lavaca.org

En la esquina de Riobamba y Rivadavia un jubilado había hecho un megáfono casero con una botella de plástico. “Este presidente es una vergüenza, no vale nada como persona, es un verdadero ladrón. Estamos siendo una república bananera”. La gente que esperaba el 12 lo escuchaba con atención. Otro jubilado pasaba gritando: “Chorros, chorros, criptomonedas, Milei estafador y chorro”. 

El hombre del megáfono seguía haciendo su ejercicio público de libertad de expresión: “Milei habla en difícil y no lo entienden ni los suyos. Ni Clarín y La Nación, que lo apoyan para que no se vaya a la mierda. Pero igual todo se va a la mierda con semejante pelotudo”. 

Beatriz Blanco, la jubilada que el 12 de marzo se desplomó y cayó de nuca por una agresión policial, llegó hasta MU Trinchera Boutique para de allí volver a marchar con su bastón. “Nunca hay que dejar de movilizarse” comentó sonriendo.

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Beatriz Blanco, la jubilada agredida por la policía el 12 de marzo, con su hija Paula rumbo a la marcha. Con su bastón y con su sonrisa.

Este miércoles no cambió el despliegue de Fuerzas pero sí hubo un cambio en los carteles que sostienen las y los jubilados. Algunos expresan su bronca hacia Milei y Bullrich, pero la mayoría no refieren a la denuncia, ni a la bronca, sino a la lucha y al futuro.

  • “Jubilados resistiendo, carajo”. 
  • “Este gobierno está débil”. 
  • “A la entrega, el saqueo y la represión, la respuesta es la rebelión”.
  • “No pasarán”. 
  • “Paro y plan de lucha”.
  • “Milei Bullrich la violencia es su derrota, la resistencia es nuestra victoria”.
  • “Osvaldo Bayer presente hoy y siempre”. 
  • “El único bastón aceptado es el de la abuela”.
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Julio frente al Congreso y ante la Prefectura.

Julio Ramón Sánchez está a punto de cumplir 70 años y es de La Matanza. Le está hablando a un pelotón de prefectos. Le cuenta su historia, y después se la cuenta a lavaca, con los ojos empañados. Hizo la colimba, obligatoriamente, entre 1976 y 1977. “Tenía 20 años y a los que estábamos haciendo el servicio militar nos usaban como los usan a estos tipos que están acá, a quienes mandan a reprimirnos mientras nos estamos cagando de hambre. Como jubilado no les tengo miedo, prefiero estar acá, morir de pie, que acostado en la cama por falta de medicamentos y alimentos”.

Norma tiene 68 años y vino desde La Plata. “Cobro 248 mil pesos, ¿a vos te parece que no voy a venir?”.

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Norma, con 248 mil pesos mensuales: «Prefiero mil veces venir acá y no estar en mi casa sin hacer nada”. La imagen de los bastones de jubiladxs frente a los bastones de la violencia institucional. Fotos: Juan Valeiro y lavaca.org.

Relata su historia: “Trabajé toda la vida y ahora lo tengo que seguir haciendo en casas de familia. Siento vergüenza porque tendría que estar disfrutando de mis nietos y no mendigando un sueldito. Y porque alquilaba y ya no puedo; me tuve que ir a vivir con mi hija”. Norma cuenta que fue sobreviviente del Centro Clandestino de Detención La Cacha en la dictadura. “Prefiero mil veces venir acá y no estar en mi casa sin hacer nada”. Y hace un llamado a los más jóvenes: “Que vengan acá, a poner el cuerpo; hay noches que solo como un pedazo de pan, no aguanto más”. 

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Jubilada gaseada ayer por la policía.

El gobierno nacional determinó el fin de la moratoria previsional desde el pasado domingo 23 de marzo. De esta manera, quienes no tengan 30 años de aportes al sistema previsional argentino no podrán acceder a una jubilación: se estima que 7 de cada 10 personas accedieron a su jubilación mediante la moratoria vigente. Y en el caso de las mujeres, 9 de cada 10. 

Remata Norma: “Con este gobierno todo lo que venga va a ser peor”. 

Mario integra el Movimiento Activo de Trabajadores y Jubilados. “Estamos ante un gobierno que es muy duro con los jubilados y con todos los trabajadores, pero es muy blando con los banqueros. Lo único que nos queda es parar el país y detener este criminal ajuste”. Mario dice que vive “malísimamente mal” y que sin la ayuda de su hija no podría subsistir. “La canasta básica del adulto mayor está en el millón cien mil pesos cuando la gran mayoría de los jubilados, que percibimos la mínima, no llegamos ni a la tercera parte”.

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Las escenas de cada miércoles. La manifestación de libertad frente a la amenaza de represión. Fotos: Juan Valeiro y lavaca.org.

Con todos los focos de atención puesta sobre la esquina de Rivadavia y Callao, inesperadamente se organizó una segunda vuelta alrededor del Congreso, comenzando por Riobamba en la que no había ni un solo policía. Cuando la segunda ronda culminó en Rivadavia y Callao, la Policía volvió a aplicar el protocolo y la Prefectura se decidió a gasear a grupos de manifestantes y trabajadores de prensa. Otra vez la dosis de gas pimienta lanzada por policías pertrechados como para una guerra contra la gente. Al finalizar esta nueva ronda los gendarmes se dispusieron para evitar que la manifestación se desplazara hacia la calle. 

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Fotos: Juan Valeiro y lavaca.org.

Los gendarmes se pusieron hombro contra hombro, en actitud de ataque. 

Fue un momento impresionante: ante esa muralla de violencia, una jubilada frágil de cuerpo y entusiasta de voz, comenzó a cantar el Himno Nacional, seguida por la manifestación, y mirando a los gendarmes que seguían en posición de combate hacia la nada. 

El himno es un tema que incluye una referencia que los jubilados esperan prenda cada vez en mayor medida. Se trata apenas de dos palabras que la señora cantó como se canta una esperanza, o un proyecto que está detrás de cada uno de sus miércoles: oíd mortales. 

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Prefectura arrinconando jubilados, que de todos modos hacen lo suyo en el semáforo verde.

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Cascos diferentes. Uno en homenaje a Pablo Grillo, el fotógrafo que continúa en estado crítico en el hospital Ramos Mejía tras el ataque policial que sufrió el 12 de marzo.

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La última rebeldía

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«Ante este intento del Gobierno Nacional de borrar la historia de los santacruceños y de los patagónicos, hemos tomado la decisión de restituir el monumento a Osvaldo Bayer y la Patagonia Rebelde. Porque somos rebeldes por naturaleza» planteó el intendente de Río Gallegos Pablo Grasso. El gobierno anula la obra pública pero ordenó a Vialidad Nacional destruir el homenaje al periodista, historiador y escritor Osvaldo Bayer ubicado en la entrada a Río Gallegos, sobre la Ruta Nacional 3. Con una retroexcavadora atacaron la imagen de Bayer empezando por su cabeza, en lo que es un símbolo de la mentalidad intoxicada y a la vez tóxica del actual oficialismo. El monumento era un homenaje al autor de Los vengadores de la Patagonia trágica, investigación sobre los fusilamientos ocurridos en la zona hace poco más de 100 años, cuando los trabajadores rurales que reclamaban por sus condiciones laborales fueron perseguidos, torturados, fusilados o deportados. La noticia difundida por el intendente Grasso, fundada en la rebeldía, es tal vez un guiño de Osvaldo -un libertario en el sentido genuino de la palabra- a este presente.

Osvaldo murió el 24 de diciembre de 2018. Tenía 91 años. Fue un amigo, un intelectual, un compañero: un despliegue de cerebro y corazón. Un hombre lleno de humor, generosidad y esa cosa tan rara llamada compromiso llevada sin ostentaciones, como un ejercicio cotidiano. De las muchas charlas e intercambios que tuvimos con él desde lavaca, elegimos esta nota, tapa de MU en 2010, una recorrida increíble por su vida, una vida que merece como pocas una frase: para la libertad. Y obviamente otra: para la rebeldía.


Por Sergio Ciancaglini.

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