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Los jubilados no compran $LIBRA

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La marcha de jubiladas y jubilados de este miércoles sufrió embates con el característico entusiasmo de la Policía Federal, acompañada por la Prefectura y el Grupo de Acción Motorizada, pero logró desbordar esa represión y al protocolo de Patricia Bullrich para dar la vuelta al Congreso. La Comisión por la Memoria contabilizó 20 heridos y dos detenciones, presenciadas por lavaca. Detalles y voces de un miércoles en el que se habló del  criptogate y de estafas mucho mayores.

Por Sergio Ciancaglini

Había más gente que de costumbre en la marcha de este 19 de febrero, expresándose con carteles. Ejemplos:

“Gilada del mundo, uníos”, con el corolario de $LIBRA y la Casa Rosada.

“Comprá la Memecoin del almacén Don Manolo”, graffiti con la imagen de Manolito como homenaje a Quino.

“Milei soy jubilado. Me quitaste dinero, remedios, comida, pero no podés quitarme la dignidad de luchar”.

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La marcha cuando pudo desbordar el bloqueo organizado por la policía. (Fotos: Catalina Distéfano/lavaca.org).

Se sumaron grupos de los hospitales Posadas y Bonaparte y de distintas empresas en conflicto, y llegaron también participantes de la Asamblea Antifascista y Antirracista que colmó el centro con su marcha del 1º de febrero.

Miguel estaba con la pancarta convocando a la unidad de los giles: “Esto de las cripto es una desgracia anunciada. Para mí el país vive un choreo genético. Lo anunció Darwin. Viene de familia. Milei, Macri, Caputo. Pero bueno, creo que tiene que haber mucha más movilización, y permanente, porque están hundiendo al país. Y la estafa que hizo Milei con las criptomonedas, al lado de la estafa que están haciendo con las jubilaciones, es un poroto”.

La referencia de Miguel fue tanto por la reducción violena de los haberes de los jubilados desde 2024, a la noticia económica de estos días: “Están usando los fondos de las jubilaciones del Ansés para frenar la suba del dólar que se les estaba viniendo por el escándalo de las criptomonedas”.   

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No solo jubilados apoyaron la marcha. (Fotos: Catalina Distéfano/lavaca.org).

“Está difícil la esperanza”

La policía comenzaba a tratar de limitar la presencia de manifestantes en la vereda. Allí estaba Lara: “Soy independiente autoconvocada vengo acá con compañeros de las asambleas barriales como la de Boedo y de la Asamblea Antifascista Antirracista LGTBIQ. Yo había venido ya todo el año pasado y siempre que puedo con la comisión de jubilades. Hoy se sumaron un montón de organizaciones. Hay algo de la unidad que se puede ver que es esperanzador, dentro de todo lo terrible que está pasando. Lo de la criptomoneda es una crisis, pero también pasa que después de esta crisis política no nos animamos a nombrar lo que viene después si se va Milei. Entonces tenemos que unirnos porque se están jugando muchas cosas. Hay que armar nexos. Los jubilados vinieron a nuestra asamblea. Es muy confuso todo, pero lo único que tengo claro es que hay que estar en la calle. Está difícil la esperanza, pero la alimentamos uniéndonos”.

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Guerra contra los + 80

La policía seguía intentando empujar la manifestación contra las paredes. Pertrechados como para una guerra,  aplicaron valerosamente gas pimienta a la cara de jubilados octogenarios y de mujeres jóvenes. Algunos de los efectivos parecían haber acumulado su talle XL tras posible acumulación de consumo problemático de pizzas, pero no abandonaban su tarea. La gente cantaba: “Unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode”. Pasaban automovilistas que hacían sonar sus bocinas al son de las consignas de la manifestación.

Sin que se comprendiera bien por qué, la policía efectuó dos detenciones a personas que acompañaban el reclamo de los jubilados: Matías Márquez y Vícente Oscar Pereyra. En el caso de Pereyra, alcanzó a entenderse que es un hombre en situación de calle en la zona de Parque Chacabuco. La policía le dio a tomar agua tras agredirlo con gas pimienta, antes de introducirlo junto a Márquez en un camión celular sin informar hasta ese momento a qué comisaría los llevaban.

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Una de las jóvenes agredidas: la policía le arrojó gas pimienta en el rostro. (Fotos: Catalina Distéfano/lavaca.org).

La marcha de todos modos logró desbordar a la policía instalada sobre Rivadavia, entre el Congreso y su Anexo, y lanzarse por la calle Riobamba cantando «Paso a paso, se viene el jubilazo». Se interrumpió absolutamente el tránsito por esa calle. La canción: “Fuera yuta, fuera», con referencias menos musicales a las señoras madres de los y las uniformadas.

Y una canción clásica dedicada a las denominadas fuerzas del orden: “Qué feo debe ser, pegarle a jubilados para poder comer”.  

Luego de Riobamba la marcha giró a la izquierda por Hipólito Yrigoyen. La policía decidió detener las agresiones y se dedicó a desviar el tránsito que venía por Entre Ríos. La marcha completó la vuelta y llegó a la esquina del Congreso de Rivadavia y Callao, agitando las banderas e impidiendo el tránsito. Una jubilada agitaba una bandera y cantaba sola, pero feliz: “Qué boludos, el protocolo se lo meten en el culo”.

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Entre destrucción y distracción

Virginia iba hablando con sus compañeras de Jubiladas Insurgentes. “La marcha me pareció genial por la presencia de organizaciones de trabajadores despedidos como Shell, Pilkington, la gente de los hospitales Garrahan, Bonaparte y Posadas, hizo que fuera una convocatoria que es directamente proporcional a la represión irracional que mandaron. Con gente armada y un despliegue magnífico que significa gastar un montón de plata para atacar y reprimir a jubilados que marchamos siempre pacíficamente. Sin embargo atacaron, golpeando y con gas pimienta contra personas mayores que solo estamos expresándonos”.

Explica el movimiento que se notó en la calle: “De alguna manera les ganamos ocupar la avenida Rivadavia, luego Combate de los Pozos, Yrigoyen y Callao. Por eso cantábamos: ‘la calle es nuestra’. ¿De quién va a ser si no es de la ciudadanía?”.

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Integrantes de la Asamblea Autoconvocada de Boedo y la Asamblea Antifascista Antirracista LGTBIQ+. (Fotos: Catalina Distéfano/lavaca.org).

Virginia ríe ante la consulta sobre si compró $LIBRA: “Con la jubilación que pagan no llegamos a pagar la comida de fin de mes. Esa es la gran estafa que le han hecho a millones de personas a las que les disolvieron sus ingresos”. Es enfermera y fue educadora clínica en una empresa norteamericana antes de jubilarse. Su mirada sobre  Milei: “No lo creo un loco, pero tiene un perfil psicopático muy evidente. No registra culpa, no registra error. En términos porteños, me parece además una persona trucha”.

Los jubilados no compran $LIBRA

La policía en actitud de ataque para agredir a los manifestantes.

Pero Virginia tiene una duda: “En estos días todos los medios estánhablando de la estafa con las criptomonedas. Y yo no sé si no termina siendo también un modo de tapar y distraernos de otras cosas. Por ejemplo, se acaba de saber que este enero cayó el consumo de la sociedad un 10,6% con respecto a enero de 2024. Hace un año fue un desastre, porque veníamos de dos meses de inflación terrible, por culpa también de Milei: diciembre del 2023 había sido el 25% y enero 2024 fue 20%. La caída del consumo fue brutal. Pero este enero fue todavía peor, por la pobreza a la que nos están sometiendo”. A eso también agrega la novedad del denunciado uso de los fondos de las jubilaciones por parte del gobierno para mantener controlado el dólar, frente a la inestabilidad generada por el escándalo de la estafa con $LIBRA.

Los jubilados no compran $LIBRA

Otro dato de la crisis: el llamado “índice de ingreso disponible” estudia cuánto dinero queda del ingreso de cada persona después de haber pagado gastos como alimento, vivienda, agua, luz, gas, expensas y transporte público. Ese índice muestra que la caída promedio fue del 18%, pero en los sectores más pobres llega al 25% menos, a lo largo de 2024.

Raúl dijo a lavaca que fue positivo el saldo de la manifestación: “Conseguimos dar la vuela al Congreso y no pudieron imponernos el Protocolo de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich que busca evitar que estemos en la calle. No lo logaron, aunque reprimieron bastante” cuenta, como resignado a esa violencia de la policía hacia la sociedad.   

“No compré criptomonedas” dice también riéndose. “Lo que pasa es esto: para mí y para tanta gente, no es una sorpresa que Javier Milei haga esta cosas que son destrucción de la economía y del trabajo, y además corrupción. Milei es la casta. Ahora lo que hay que ver es qué ocurre con gente que lo apoyó, tal vez engañada o confundida”.

¿Y qué va a pasar? “No sé, lo único que te puedo asegurar es que vamos a seguir peleando por lo que es justo, y estoy convencido de que cada vez vamos a ser más”.

Arrancó la marcha: “Paso a paso se viene el jubilazo”

www.lavaca.org (@revistamu.bsky.social) 2025-02-19T21:08:57.614Z

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¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

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Por Sergio Ciancaglini

Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.

El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump. 

La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b contamina a cada uno de los integrantes de nuestro mundo, que sonríen felices, actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena. 

Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a todos los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico. 

Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.  

A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con educación servicial. 

Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva, a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.

Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo, y el mundo quedará como una estación en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.

Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico. 

Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.

Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido. 

El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus. 

En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.

El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias. 

La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción y amabilidad. Es tiempo de abducciones, de odiabilidad.

Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente ahora es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. 

En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza. 

Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra que describe de modo diferente estas desventuras. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero fue escrita en forma de cómic hace casi 70 años.  

También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.

Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.

En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (interpretada por Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end. 

En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.

En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre que le muestra los dientes, inquietantemente maternal. Manousos le dice en castellano: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.

Carol en otro momento menciona algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas cabronas que rompían la pesadilla del consenso alienado.

La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).

La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte. 

Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.

Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:  

We save the world mañana.

PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

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Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

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Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla

Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:

“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”. 

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.

El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.

La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.

Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.

Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

El botín

Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.

Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.

Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.

Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.

 De Monroe a Trump

Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.

El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.

El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”. 

En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles,  lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original». 

Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.

¿Qué país?

En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina: 

“Es un comienzo”.

Lo dice con ilusión y alivio. 

Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.  

Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.

Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.

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Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

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Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.

El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Imagen de las instalaciones saqueadas.

El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.

“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.

El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.

“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.

El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente. 

La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

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