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La palabra víctima

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Autora: María Galindo
Sobre la autora: Boliviana, impulsora de la organización Mujeres Creando, se define como artista graffitera y agitadora, es una de las más potentes voces del feminismo latinoamericano.

Por regla general, las victimas no son éticamente superiores a sus verdugos, lo que les hace parecer moralmente mejores y vuelve creíble su clamor es el hecho de que, por ser débiles tienen menos oportunidades de cometer crueldad.

Zigmunt Bauman

Como mujer conozco cada esquina de la palabra victima, cada rinconcito, cada milímetro de su sentido.
La victima no es una persona o un grupo, sino que la victima es una fosa, es un lugar donde acurrucarse, es un lugar donde hundirse y sobretodo es un lugar donde sentirse acogido no por su dolor, no por la injusticia que como victima sufres, sino por el irónicamente cómodo convencimiento de que siendo victima, no eres responsable de lo que vives, simplemente lo sufres. La victima es ese lugar  donde vas adquiriendo un entrenamiento para sacarle al sufrimiento la satisfacción de ser inocente, de ser tutelada y de ser impotente para cambiar nada.
La victima y la victimización son lugares cómodos que te garantizan no tener que ver ni analizar . digo que como mujer y como feminista conozco ese terreno porque justamente ser la victima y la victimización de nuestra situación son los lugares donde hoy en día históricamente estamos estancadas las mujeres, ser victimas nos impide tomar la rienda de nuestro propio destino nos impide sacar del dolor fuerza y rebeldía. Por eso estamos acá años ya tratando de labrar una cuerda que nos permita conectar nuestro dolor y nuestras denuncias con formas de construcción de dignidad, de pensamiento, de rebeldía y alegría en la libertad.
Ese lugar de victima lo compartimos las mujeres con otros sujetos sociales sujetados por opresiones y humillaciones  lesbianas y maricones, indígenas y pobres todos y todas logran vislumbrarse a si mismos y a si mismas como victimas. En nuestra historia social política uno de los primeros sujetos capaces de madurar y de superar ese lugar de victimas han sido los indígenas. Capaces de buscar otro espejo social que no sea el de la simple victima, han sido capaces de buscar mecanismos para repensarse a si mismos. Aportaron desde ese gran esfuerzo esperanza para todos y todas, aportaron claves fundamentales que nos dicen claramente que es desde la capacidad de repensarse y de ponerse en cuestión que puedes hallar una salida esperanzadora y digna para la condición de victima y sobretodo para dejar de serlo.
Ese esfuerzo se materializo en el gobierno de evo morales y en su capacidad de haber seducido a indígenas y no indígenas, su capacidad de sintetizar en ese «ahora es cuando» el campanazo para decir que la hora de ser gente había llegado para todos.
Por eso votamos masivamente como quien asiste a una fiesta, quiero en estos momentos amargos y amargantes, en estos momentos tristes quiero recordar no con nostalgia sino recordar la claridad  de ese momento que lo hizo posible. Surgieron los evos morales en todas las esquinas, surgieron los morenos felices y sencillos y la chompa de ese hombre joven se convirtió en un símbolo de sencillez y rebeldía al mismo tiempo.
Hoy eso se esta yendo al despeñadero, al fracaso los y las indígenas regresan a la fosa de la victima con el sabor amargo de la frustración histórica, se rumian revanchas, se amenazan crueldades, se gestan odios en la fosa de la victimización indígena.
El camino regresivo traduce el ahora es cuando en el ahora nos toca a nosotros.
El camino de regreso a la condición de victima es mas áspero que el camino de salida, el camino de regreso a la condición de victima es conservador y distorsionarte, desdibuja la belleza de todo a lo que a lo indígena pertenece.
El camino de regreso a la fosa de la victimización indígena nos dice que todo lo que venga de lo indígena se justifica tan solo únicamente porque de allí viene despojándole al sujeto indígena de la posibilidad ética de reinventar las relaciones sociales y cambiar las cosas para bien y en nombre de la justicia.
El camino de regreso de lo indígena a la fosa de victimización reduce al indígena a testimonio de sufrimiento, como si ese testimonio de por si justificara todo lo que desde allí sale.
¿Como desviarse del regreso a la tumba de la historia?
La única esperanza de desviarse de ese camino de regreso es la construcción de hermandades de alianzas insólitas
Hermandades de indias, chotas y birlochas mezcladas asumiendo cada una sus diferentes vertientes sus mezclas, melcochas y telenovelescas líneas de ascendencia y de descendencia.
La única esperanza para no regresar a la tumba de la victimización es hacer el esfuerzo político de ponerse en cuestión a si mismos por segunda vez, buscando con ojos de águila sus propios errores y verlos y con garras de águila aprenderlos al vuelo rápidamente decididamente.
No regreses chola al silencio y la fosa de la victimización
No regreses tara al mundo de la invisibilización
No habites hermana india hermano indio el insulto
No habites el racismo
No regreses hermano evo a perderte y confundirte en la masa de las  victimas
No creo ni creí en ti como héroe,  ni como caudillo
No creí en ti por tu color de piel
Ni por tu discurso que nunca fue de los mejores ni más pulidos
Creí en ti por llocalla irreverente, por testarudo
Creí en ti porque simplemente estabas a.C. jodiendo jodiendo tanto tiempo que valía la pena averiguar hasta donde eras capaz de llegar.
Por si te sirve te devuelvo tus palabras evo
Ahora es cuando ser digno
Ahora es cuando ser valiente
Ahora es cuando ser sincero

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Tiempos de violencia y resistencia en periodismo latinoamericano

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México es el país más letal para el periodismo en América Latina. Durante 2015, sumó la tercera parte de los asesinatos de periodistas en la región, y cuatro periodistas más se añadieron a la lista sangrienta en lo que va de 2016.
El último, Francisco Pacheco Beltrán fue asesinado a balazos afuera de su casa, en el sureño estado de Guerrero, el lunes 25. Pacheco Beltrán era un periodista crítico, que trabajaba para varios medios locales en el estado más pobre del país y uno de los más violentos.
Su asesinato hila un capítulo más a la historia de terror de la prensa mexicana en este siglo, y cuyo rostro más oscuro no es solo el de 92 periodistas asesinados, sino un fenómeno casi único en democracias: 23 periodistas han sido desaparecidos en 12 años, un promedio de dos por año.
Y cada 22 horas, un periodista es agredido en México, según el último informe de la organización internacional Artículo 19, dedicada a promover y defender la libertad de expresión.
“La violencia contra la prensa en México es sistemática y generalizada”, aseguró su exdirector en el país, Darío Ramírez, en el marco del pasado Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad en Crímenes contra Periodistas, que se realiza cada 2 de noviembre.
Pero la violencia y la impunidad en las agresiones no son los únicos problemas del periodismo en México y el resto de la región.
Ricardo González, coordinador del programa global de protección de Artículo 19, con sede en Londres, explicó a IPS que la libertad de prensa en América Latina tiene tres retos principales: la protección preventiva y el combate a la impunidad, la desconcentración de la propiedad de medios y mejorar las condiciones laborales de los periodistas.
“Para nosotros los focos rojos son México, Honduras y Brasil”, dijo González.
Datos de la Federación de Periodistas Latinoamericanos indican que en la región fueron asesinados 43 periodistas durante 2015, de ellos 14 en México, a los que se suman dos desaparecidos. Le siguen en el luctuoso ranking Honduras (10), Brasil (8), Colombia (5) y Guatemala (3).
Un ingrediente preocupante de Brasil es el alto incremento de las víctimas mortales en el ejercicio del periodismo. La Federación Nacional de Periodistas destaca que la cifra se incrementó en 60 por ciento, entre 2014 y 2015. El caso más emblemático fue el del periodista de investigación Evany José Metzker, hallado decapitado en mayo de 2015.
Honduras y México, por su parte, tienen problemas muy parecidos: a la violencia contra periodistas se añade la impunidad en las investigaciones.
“En el primer semestre de 2015, la CIDH ha registrado un número preocupante de asesinatos de comunicadores y trabajadores de medios, cuyos motivos no están esclarecidos”, dice el informe anual de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre Honduras.
Más que muertes
A la violencia, el país centroamericano suma el reciente cierre de uno de los periódicos más tradicionales y que resaltó por su defensa de la democracia durante el golpe de Estado de 2009: Diario Tiempo.
Paradójicamente, el cierre del diario está ligado a la caída de una de las familias más poderosas del país: la de Jaime Rosenthal, a quien el Departamento del Tesoro de Estados Unidos acusa de legitimación de capitales procedentes del tráfico de drogas.
El bloqueo de cuentas de las empresas del Grupo Continental, derivados de esa acusación, llevó al cierre del periódico, anunciado en octubre, por lo que se acusó de “medidas desproporcionadas” adoptadas por el gobierno local contra el combativo medio.
En una carta pública, Rosenthal afirmó que “las circunstancias que obligan esta suspensión son de la mayor gravedad en lo que importa a la libertad de expresión, al desarrollo de la comunicación social y a la democracia en nuestro país, al grado de constituir un caso atípico en el mundo occidental”.
Otro tiempo, en Argentina, representa un ejemplo de la cara anversa de la moneda en la región. El lunes 25, los periodistas de un diario bonaerense, cerrado a finales de 2015, relanzaron esa cabecera que tendrá una edición impresa semanal.
Bajo el lema de “dueños de nuestras propias palabras”, los redactores de Tiempo Argentino recuperaron su espacio laboral, bajo un esquema de cooperativa, similar al que usaron los trabajadores fabriles durante la crisis surgida en 2001.
“Es muy lindo ver que entre más organización hay, se supera la competencia de las empresas”, dijo a IPS desde Buenos Aires, Cecilia González, corresponsal de la agencia Notimex en los países del Cono Sur americano.
Pero allí no faltan los problemas o abundan estas respuestas positivas, aclaró González. Uno de esos problemas es la derogación mediante decreto por el presidente Mauricio Macri de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aprobada en 2015, y que limitaba la concentración de medios.
El 18 de este mes, Macri, en el poder desde diciembre, ofreció a la CIDH que hará una nueva ley de medios con participación previa de la sociedad civil. Pero los periodistas argentinos son escépticos.
“Además de más de 300 medios que ostenta el Grupo Clarín y de los que evita desprenderse, en las sombras edifica otro monopolio. Asociado con La Nación planean quedarse con toda la cadena de las revistas gráficas”, denunció la revista Orsai.
Pero los problemas para la CIDH y su relatoría especial para la libertad de expresión, no solo son provocados por los gobiernos conservadores.
En Ecuador, por citar un solo ejemplo desde la orilla de la izquierda, el presidente Rafael Correa, en el poder desde 2007, usó toda la fuerza del Estado para demandar penalmente a los directivos del diario El Universo, Carlos, César y Nicolás Pérez y para el entonces editor de opinión, Emilio Palacio.
El mandatario pidió 80 millones de dólares y tres años de cárcel por supuestas injurias por un artículo que afirmaba que Correa había ordenado “fuego a discreción” contra un hospital lleno de civiles durante la rebelión policial de septiembre de 2010.
Derivado de ello, en diciembre 2015, la CIDH, admitió la petición por la cual se alega responsabilidad internacional de la república de Ecuador, por la presunta violación de garantías judiciales, libertad de pensamiento y expresión, y pedido de protección judicial.
De la coerción no escapa el humor. Una caricatura política sobre la incursión de policías en el domicilio de un opositor indignó en 2014 a Correa, que inició una campaña con todos los resortes del poder contra el autor, Xavier Bonilla, que firma como Bonil, al que calificó de “sicario de tinta y enfermo”.
“Los ecuatorianos debemos rechazar las mentiras y a los mentirosos, sobre todo si esos mentirosos son cobardes disfrazados de jocosos caricaturistas. Odiadores del gobierno disfrazados de jocosos caricaturistas”, fue una de las andanadas del mandatario contra uno de los caricaturistas latinoamericanos más reconocidos.
Son algunos de los claroscuros con los que los periodistas de la región reciben el Día Mundial de la Libertad de Prensa, que se celebra el 3 de mayo.
Aunque los escenarios no son los más óptimos para el periodismo latinoamericano, hay muestras de resistencia que parecen encender en diferentes países.
Incluso en Veracruz, el estado mexicano que ha saltado a la prensa mundial por el escandaloso número de periodistas asesinatos y agredidos.
El 28 de abril, cuando se cumplen cuatro años del asesinato de Regina Martínez, corresponsal del semanario Proceso, los periodistas del Colectivo Voz Alterna, que han dado una enorme batalla por la información en un ambiente de terror, colocarán una placa en su honor en la Plaza Central de la capital estado.
“No podemos olvidar, ni quedarnos sin hacer nada”, dijo a IPS la reportera veracruzana Norma Trujillo. Mantras parecidos repiten periodistas que ejercen su oficio en situación de riesgo en diferentes países de la región.

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¿Hacia un giro geopolítico entre los EE.UU. y América del Sur?

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Los Estados Unidos se encuentran actualmente en un momento crucial de su historia. En la medida en que sigan, a pesar de todo, teniendo peso sobre la dirección global del mundo, los cambios que están transitando tendrán diversas consecuencias fuera de sus fronteras.
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El fin del periodismo y otras buenas noticias

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Nuestra hipótesis es la siguiente:
Estamos ante un momento extraordinario.
El capitalismo mediático está en crisis.
La velocidad de las transformaciones tecnológicas, sociales y políticas han obligado a los medios comerciales de comunicación a mutar a un ritmo que alteró su esencia. Nada de lo que están obligados a hacer hoy les garantiza que puedan volver a hacerlo mañana, en idénticas condiciones y con los mismos resultados. Nada, tampoco, les indica cómo evitar que esta decadencia no los arrastre a un proceso de extinción, como artefactos de una era que comenzó con Guttemberg y terminó hoy.
Game over.
El futuro llegó.
Con esta convicción analizamos este proceso, sus consecuencias y sus potenciales beneficios y amenazas.
El proceso de esta transición nos ofrece la oportunidad de convertir todo lo que hagamos y dejemos de hacer -no tan solo lo que podamos, sino aquello que seamos capaces o incapaces de soñar- en herramientas aptas para construir una nueva forma de comunicación humana que recupere su sentido: establecer relaciones.
Tenemos mucho a favor.
Las audiencias están activas y expectantes.
Las capacidades tecnológicas han potenciado el trabajo en red y global.
Eso que llamamos realidad es un big bang de novedades.
El interrogante es si este caldo en el que bulle el futuro, cocinándose sobre una hoguera que convierte en leña a todas las intermediaciones, no nos incluye a nosotros, los periodistas profesionales.
Bajo la amenaza de convertirnos en humo, solo nos queda la capacidad para reflexionar sobre nuestros propios errores.
Y arriesgar.
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