Sigamos en contacto

Derechos Humanos

Estela, 95 años y 140 nietos recuperados: ¡que los cumplas feliz!

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Hoy cumple 95 años Estela Barnes de Carlotto, actual presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Su utopía era la de una vida normal. No pudo ser: la directora de escuela “antiperonista y aburguesada” sufrió el secuestro de su marido primero (liberado tras el pago de un rescate a los grupos de tareas) y más tarde el de su hija Laura, que parió en cautiverio y luego fue fusilada por la espalda. Para Estela comenzaba otra historia. Desde los gritos ante la Rosada, los cumpleaños simulados y las búsquedas insólitas, hasta el hallazgo de 140 vidas e identidades. ¿Qué simbolizan Abuelas? Modos posibles de ser y de hacer, frente a lo peor, y sin odio. Acción más que los discursos. Carácter, eficiencia y alegría. El efecto Milei y un consejo abuelístico. La nota publicada en MU, como humilde homenaje a una mujer. Y al Estilo Estela. Por Sergio Ciancaglini.

Estela, 95 años y 140 nietos recuperados: ¡que los cumplas feliz!
Estela de Carlotto. Foto: Lina Etchesuri

Tal vez sea una persona rara: no odia a nadie.

Esta señora que hoy cumple 95 años va a contramano del agujero negro cultural, político y mediático que ha convertido al odio en un lugar común, una guerra cotidiana. Le han dado sobrados argumentos para odiar, pero no hay caso. “No me sale”, dice sonriendo. De pronto se pone muy seria, señala la mesa y me ordena abuelísticamente: “Te dije que te comas esa bola de fraile”.

Aquí se narran algunas aventuras y desventuras de esta señora, de un grupo insólito de mujeres y de una tecnología que les permitió: 

actuar en momentos de desquicio,

sin ninguna ideología, doctrina o tutorial que las guiase,

en la peor de las situaciones imaginables o inimaginables,

y descubrir pese a todo formas de acción con logros que ya son parte de ciertas hazañas de la historia humana. 

Golpe y mafias

Enriqueta Estela Barnes, clase 1930, fue siempre la Ñata para su familia. Infancia feliz en Villa Sauce, La Pampa, con su papá como jefe de Correos. Familia amorosa, dos hermanos, regreso al universo bonaerense y platense, y ella se convirtió en docente y luego directora en Brandsen de una de las llamadas Escuelas Láinez, de zonas marginales. “Los años en esa escuela fueron de una felicidad enorme para mí” dice la señora. Ñata se casó con el joven Guido Carlotto que tenía una pequeña fábrica de pinturas en Avellaneda y luego en La Plata. Pareja con proyecto utópico: “Queríamos una vida normal y tranquila. Tener nuestros hijos, con el tiempo jubilarnos, y cuidar nietos en una familia en la que no hubiera sillas vacías”. 

Parió Estela dos varones y dos nenas. La mayor era Laura, nombre inspirado en una película de amor y suspenso de Otto Preminger protagonizada por Gene Tierney. La vida en los 70 se politizó al infinito. “Guido y yo votábamos a los radicales, a Ricardo Balbín, que encima era vecino nuestro en La Plata. Pero no me interesaba nada la política, y era muy antiperonista, muy esa cosa aburguesada”. Al revés, los Carlotto Jr., se lanzaron a la militancia en la Juventud Peronista.

En 1973 los jóvenes celebraron el triunfo de Héctor Cámpora contra el candidato de sus padres, pero sobre todo contra la dictadura que proscribía al peronismo. Luego festejaron el triunfo del propio Juan Perón también contra Balbín. En 1976 se produjo el golpe. “Estábamos asustados por nuestros hijos. Laura estaba en prensa de Montoneros. Queríamos que se fuera del país. Lloraba porque desaparecían sus compañeros, pero no quería irse. Les respetamos a nuestros hijos siempre sus proyectos y decisiones”. El trasfondo: no se educa para que los hijos hagan lo que quieren los adultos, sino para que sean libres de hacer sus propios proyectos. 

Pero el primer desaparecido de la familia no fue de la rama juvenil, sino papá Guido, el conservador votante de Balbín, el 1º agosto de 1977. El amor y el suspenso se hicieron realidad. “Laura le había pedido la camioneta para una mudanza. Allanaron la casa de la que se había mudado, mi marido fue a buscarla y allí lo secuestraron”. Los militares lo intentaron con la propia Estela pero ella no estaba en su casa: “Por eso no fui yo también una desaparecida”. La propia idea de la desaparición era impensable entonces: “Yo creía que debían estar detenidos en alguna parte”.  

Pidió licencia en la escuela y empezó la primera de sus búsquedas. Estuvo en el arzobispado platense, apareció un contacto en nombre de un profesor de la ultraderechista Concentración Nacionalista Universitaria (CNU) llamado Recalde Pueyrredón “que andaba siempre con un perro de policía”. Extorsionaron a Estela pidiéndole 40 millones de pesos (80.000 dólares negros, hoy “blue”, de aquellos tiempos), lo que demuestra cómo la represión que iba a salvar a la Patria era en realidad un negocio mafioso. Estela corrió a pedir préstamos para completar esa cifra y pagó. Habló con el general Reynaldo Bignone que luego sería comandante del Ejército y presidente de este extraño país. A los 25 días, no se sabe si por el dinero o por los contactos, Guido fue abandonado vivo en un basural de Lanús. “Estaba hecho un espectro, pesaba 15 kilos menos. Nunca se recuperó del todo”. Lo peor: “Contó cómo policías y militares torturaban personas para sacarles información, las inyectaban hasta desmayarlas o matarlas, y después las metían en bolsas que se llevaban. El horror”. El objetivo militar: la aplicación de un plan económico ultraliberal a cargo de José Alfredo Martínez de Hoz, la llamada “patria financiera”, con miles de obreros secuestrados y desaparecidos y visitas frecuentes de miembros de la hoy mentada perrunamente Escuela Austríaca a la Bolsa de Comercio y  encuentros con el dictador Jorge Videla.    

En noviembre de ese 1977 fue secuestrada Laura junto a su marido, Walmir Montoya. Los Carlotto no sabían que estaba embarazada. Estela salió a buscar a esa hija esfumada. Un secretario de monseñor Plaza fue contacto para la nueva extorsión de Recalde Pueyrredón en nombre de policías y militares. La ironía panadera anarquista del siglo XIX convertida en terror cotidiano, con esa madre desesperada y el país sometidos a vigilantes y bolas de fraile. Esta vez le exigieron 150 millones de pesos, que el matrimonio logró reunir y pagar. Ella volvió a ver a Bignone en el comando en jefe del Ejército. “Estaba como loco, con una pistola arriba del escritorio, gritando. Le dije que si Laura era culpable la juzgaran, pero no que la mataran. Me dijo: ‘En Uruguay tienen presos a los Tupamaros y es peor, convencen a los guardias. Acá hay que hacerlo’. Eso quería decir: acá hay que matarlos”. Ella respondió: “Si ya la mataron, devuélvanme el cuerpo, no quiero volverme loca buscando en las tumbas NN de los cementerios”.  

Estela pudo saber por una liberada que Laura estaba embarazada. Que quería que su hijo se llamase Guido si era varón. Seguía recorriendo comisarías hasta que su consuegra Nelba Falcone, madre de María Claudia Falcone (estudiante secundaria de 16 años que reclamaba el boleto escolar y fue una de las seis adolescentes asesinadas tras su secuestro en la Noche de los Lápices, en 1976) le dijo: “No estés sola. Hay otras abuelas que buscan”. Así conoció al grupo Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos, primer nombre de Abuelas de Plaza de Mayo. En 1978 la convocaron de la Comisaría 9ª y le dijeron: “Su hija ha fallecido”. Atinó a responder: “Asesinos”. No quiso ver el cuerpo. Tramitó su jubilación como docente: “Ya no iba a poder estar en esa escuela que amaba”. Se dedicó literalmente con alma y vida a buscar con las Abuelas a cada uno de los bebés secuestrados por la dictadura, tarea que en ese momento parecía totalmente absurda. 

Estela, 95 años y 140 nietos recuperados: ¡que los cumplas feliz!
Las sonrisas de Estela y Laura Carlotto, pre 1976. La mamá era votante y vecina del radical conservador Ricardo Balbín: “No me interesaba la política”. Laura militó en la Juventud Peronista y en prensa de Montoneros: fue secuestrada y fusilada por la dictadura después de parir. Estela se unió a Abuelas buscando a ese nieto que finalmente encontró en 2014, sin dejar por eso la búsqueda de todos los que faltan. ¿La política de la organización? “Lograr cosas buenas, útiles, sanas y positivas”.

Gritar ante la Rosada

Estela posa para las fotos en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo: “Nunca hay que perder la sonrisa”, dice. Retoma la historia. “En Abuelas no queríamos que vinieran nuestros maridos. Para los malditos los hombres eran peligrosos y las mujeres éramos unas bobas, que no servimos para nada. Se equivocaron feo, ¿viste? La primera vez que fui a la Plaza me llevaban de la mano entre otras dos Abuelas. Yo tenía miedo. Era impresionante. Todavía no se hacían rondas. Nos acercábamos a la Rosada y gritábamos: ‘salgan, digan dónde están’. Los asesinos no abrían la ventana, y nos sacaban fotos desde arriba”. 

Difícil imaginar mayor muestra de valentía que el de ese puñado de madres y abuelas desafiando a los gritos desde la calle a una dictadura sangrienta. Para hacerlo, además, ignoraron a partidos políticos y organismos de derechos humanos que, por lo que fuera, eran de los que planteaban que hacer eso era una locura, que derivó en el mote de “locas de Plaza de Mayo”.  

En esa escena de las mujeres frente al poder militar absoluto, ¿dónde estaba la locura y dónde la racionalidad? ¿Dónde estaba el coraje y dónde la cobardía? Las protagonistas: “Algunas éramos docentes, otras ni habían podido hacer la primaria, otras profesionales, jubiladas. Pero todas abuelas impecables” cuenta sobre esas  señoras hasta entonces dedicadas al hogar, los teleteatros, sus trabajos, votando a Balbín o como me confesó una de las emblemáticas fundadoras y anterior presidenta de Abuelas, Chicha Mariani: “La verdad es que yo lo había votado a Paco (Francisco) Manrique” (militar que intervino en la Revolución Libertadora). 

Las mujeres no sabían qué hacer: “Nos decían que un chiquito en una escuela podía ser uno de los nietos que buscábamos, porque lo llevaban con custodia. Una se escondía detrás de un árbol con una máquina de fotos, otra hacía como que esperaba un nene. Era una tontería, una fantasía de que así podríamos verlos. Pero al menos hacíamos algo. Veíamos a jueces que nos mentían, o nos maltrataban”. Por ejemplo, la jueza Delia Pons, del Tribunal de Menores de Lomas de Zamora, les dijo: “Solo sobre mi cadáver van a obtener la tenencia de esos niños”. Hablaban por los viejos teléfonos en clave: el señor Blanco era el Papa, y se referían a sus nietos desaparecidos como “flores” o “cacharritos”. Se encontraban en la porteña confitería Las Violetas para poder hablar pero simulaban un cumpleaños y cambiaban de tema cuando se acercaba un mozo. “Nos acompañábamos, también peleábamos, pero todas hicieron un trabajo increíble” dice Estela. En 1985 el cuerpo de Laura fue exhumado por el Equipo de Antropología Forense: “Vi sus huesitos, su pelo, las balas. Le habían disparado por la espalda, a la cabeza, a 30 centímetros. Por la pelvis se demostró que había tenido un hijo. Allí hice el duelo”. Su otro duelo fue en 2001 cuando falleció Guido, su marido. 

El resultado más visible de lo hecho por Abuelas hasta hoy tiene una cifra: 140 nietos y nietas con una historia recuperada. Uno de ellos es Ignacio Montoya Carlotto.  

Estela, 95 años y 140 nietos recuperados: ¡que los cumplas feliz!

Consejo para nietas 

La charla y la experiencia de Abuelas son técnicamente infinitas. Estela salta al presente y define a Milei. “Me indigna por su falsedad, por todo lo que tiene tan feo como persona. Su proyecto es dejar un país diezmado y arrasado. Insultar y humillar. Creo que hay cada vez más gente arrepentida. Ni hablar con la corrupción que ya se sabe que hay. Cuando ganó yo estaba con dos de mis nietas adolescentes. Les dije: ‘No lloren más. Acá empieza la lucha. Hay que pelearla. No lloren, chicas, todo pasa en la vida. La vamos a pasar mal, pero no es para siempre. Hay que seguir haciendo cosas como hicimos toda la vida, respetando, y sin ofender a nadie”. El diagnóstico: “Milei me resulta un hombre increíblemente malo”. Dice que nunca fue de insultar: “No le deseo la muerte a nadie, solo me sale pensar que ojalá les cambie el cerebro y actúen distinto. Si alguien es un asesino no digo que es, perdón, un hijo de puta: con decir que es un asesino, ¿qué hay peor? Soy tranquila. Me gusta decir la verdad sin ofender, y si es necesario, ofendo pidiendo disculpas”. 

Por esas cosas las Abuelas son un caso de autoridad. También de investigación e inteligencia, capacidad de trabajo, acciones más que discursos, paciencia, voluntad, decisión, todo construido a base de desesperación por la vida, amor y guapeza. El amor para ellas no es una gesticulación con los dedos ni un emoji en las redes. 

Simbolizan la dignidad, la identidad, los derechos, la memoria. ¿Cómo sería una persona sin esos atributos? Tal vez un zombi o un fantasma. Se estima que lo mismo le puede pasar a una sociedad. 

Son mujeres que han llorado, pero nunca lloriquearon ni fueron quejosas, teniendo muchos más motivos que gran parte de los quejosos en loop. 

Pudieron actuar juntas porque las unía un proyecto, no una discusión teórica o doctrinaria. Siempre hablaron poco e hicieron mucho, al revés que gran parte de ese conjunto estrafalario denominado “dirigencia”. 

Si tuvieron miedo, no las paralizó, y lo superaron haciendo cosas juntas. Actuaron con sentido común, entendido como pensamiento, sentimiento y acción. Estuvieron siempre llenas de ideas, pero no dan sermones ni venden conferencias. Transmiten serenidad y lograron una eficiencia inédita. Hablaron y hablan mirando a los ojos. Nunca quisieron hacer justicia por mano propia. Jamás propusieron la violencia. No postulan la venganza sino la reparación del daño. Tienen un carácter fuerte que ha sabido plantársele a criminales de Estado, a líderes mundiales, a obispos mudos o corruptos, a jueces impresentables, a la política zombi. Pero ese carácter es alegre. La potencia de la alegría de las Abuelas debería ser un tema de estudio, aprendizaje y contagio para imaginar cómo crear otros horizontes.  

Sin alardear de nada resolvieron problemas de una complejidad inconcebible y siempre hicieron verdadera política sin funcionar como panelistas mediáticas. No les interesan la fama ni los seguidores. No hablan de cambiar el mundo, pero sembraron el mundo con la certeza práctica de que las cosas pueden cambiar. El proyecto parece modesto: Estela dice que le gusta lograr cosas que sean “buenas, útiles, sanas y positivas”. Los resultados son asombrosos.

Ya no hay facturas sobre la mesa. Estela cuenta: “Lo que me hace feliz es seguir encontrando nietos. Es un triunfo maravilloso de la vida”. Un auto espera para llevarla a su casa de Tolosa. “Me voy a descansar un poco pero ya te dije: no es que soy vieja, sino que tengo mucha juventud acumulada”. 

Derechos Humanos

La “historia desobediente” que se abrazó con la madre de Floreal Avellaneda

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Iris Avellaneda recibió en su casa a la hija del represor Miguel Clodoveo Arévalo, implicado en el secuestro de «El Negrito», quien le pidió perdón por los crímenes cometidos por su progenitor. Aquí relata ese emocionante encuentro. Floreal Avellaneda tenía 15 años, fue secuestrado, empalado, asesinado y su cuerpo apareció flotando en Uruguay. Hoy un monumento lo recuerda en el Río de la Plata, junto a Parque de la Memoria.

por Leonardo Castillo. Fotos: Gustavo Becerra.

Tiempo Argentino (tiempoar.com.ar)*

Iris Avellaneda, militante por la defensa de los Derechos Humanos, vivió días atrás un hecho “reparador y a la vez movilizante”, al encontrase con la hija de uno de los represores que integró el grupo de tareas que secuestró, en abril de 1976, a su hijo, Floreal “El Negrito” Avellaneda, que con 15 años se convirtió en la víctima identificada más joven de los denominados vuelos de la muerte.

El pasado 14 de febrero, Mirta, hija del general Miguel Ángel Clodoveo Arévalo, visitó en su casa de Villa Tesei, en el partido de Hurlingham, a la actual titular de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, y le pidió perdón por el crimen cometido por su padre en tiempos del terrorismo de Estado.

“Vino con su hijo, que se llama Santiago, y con lágrimas en sus ojos me pidió perdón en nombre de su padre. Se sacó de esa forma una pesada mochila que cargaba desde hace años. Es un encuentro que nos sirvió a las dos”, señaló Iris en diálogo con Tiempo Argentino al referirse a este encuentro, ocurrido cuando se están por cumplir 50 años del golpe genocida y del secuestro de El Negrito.

Floreal Avellaneda e Iris fueron capturados por un grupo de tareas del Ejército el 15 de abril de 1976. Los represores buscaban a Floreal padre, militante comunista y delegado sindical en la fábrica metalúrgica Tensa, que logró escaparse cuando la patota llegó a la vivienda que la familia habitaba en la localidad de Munro.

Madre e hijo fueron conducidos primero a la Comisaría de Villa Martelli, y luego al centro clandestino de detención ilegal conocido como “El Campito”, que funcionaba dentro del predio militar de Campo de Mayo, donde ambos fueron torturados.

Quince días después, Iris fue puesta a disposición del Poder Ejecutivo y estuvo encarcelada, primero en la cárcel de Olmos y luego en la Unidad Penal de Devoto, donde recuperó la libertad en julio de 1978.

El Negrito, como cariñosamente lo llamaban en su familia, corrió otra suerte. Su cuerpo apareció en las costas uruguayas el 14 de mayo de ese año, cuando faltaban pocos días para que cumpliera 16 años.

El cadáver de Floreal fue hallado junto a un grupo de nueve cuerpos que fueron fotografiados por la prensa uruguaya. En un principio, se especuló que las víctimas podían ser asiáticos, por la hinchazón que se verificaba en sus rostros.

El cuerpo de Floreal tenía signos de empalamiento y quedó depositado en un nicho de un cementerio de Montevideo, allí su rastro se perdió por obra de la maquinaria represiva que imperaba en ambos márgenes del Río de la Plata.

El Negrito, aquel militante de la “Fede” visto por sobrevivientes en Campo de Mayo cuando soportaba las torturas que le aplicaban sus captores, aún permanece desaparecido. 

Tras un largo peregrinar por los derroteros de Memoria, Verdad y Justicia, Iris y Floreal padre lograron que en 2009 El Tribunal Oral Federal número 1 de San Martín condenara al genocida Omar Riveros, exjefe de Campo de Mayo, como principal responsable del asesinato de Floreal Avellaneda.

Además, resultaron sentenciados Fernando Verplaetsen, ex jefe de inteligencia en Campo de Mayo; el entonces jefe de la Escuela de Infantería, general Osvaldo García; los capitanes César Fragni y Rául Harsich, que estaban a cargo del centro de detención ilegal El Campito; y el policía Alberto Aneto, quien oficiaba como policía en la Comisaría de Villa Martelli e integraba los grupos de tareas que operaban en la zona norte del Gran Buenos Aires.

Floreal padre falleció un año después de los veredictos y las sentencias quedaron firmes en 2021 por un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En la causa quedó acreditado el rol que tuvo Miguel Ángel Clodoveo Arévalo en el secuestro de El Negrito.

Pero este militar murió en 1982, durante la Guerra de Malvinas, cuando ostentaba el grado de teniente coronel y prestaba servicio en el sur del país. Por años, la implicación de Arévalo en el terrorismo de Estado permaneció bajo un manto de silencio.

La “historia desobediente” que se abrazó con la madre de Floreal Avellaneda

Iris con la foto de Floreal, que tenía 14 años cuando fue secuestrado, torturado y asesinado por la dictadura militar. (Foto: Gustavo Becerra).

Un encuentro en tiempos de negacionismo

Hace unas semanas, una compañera de Iris llamada Marcela, que integra la Asociación Seré -un colectivo que trabaja por la recuperación de la memoria histórica del excentro de detención que funcionó en Mansión Seré, en el partido de Morón-, le contó a la dirigente de la Liga por los Derechos Humanos que la hija de un represor vinculado al asesinato de El Negrito quería contactarse con ella, conocerla y expresarle un sentimiento de solidaridad y empatía con una víctima que hace casi medio siglo que desconoce el paradero de su hijo.

“’¿Quién será?’, pensé. Le pregunté si era un familiar de Fragni o Harsich. Y Marcela me dijo que no, que se trataba de la hija de Arévalo. Ahí recordé un hecho que sucedió cuando estaba en la cárcel. A mi casa llegó un anónimo, en un sobre, que contenía un escrito mecanografiado, en el cual decía que el asesino de Floreal estaba en el Centro de Operaciones Tácticas de Vicente López, y daba el nombre de este militar. Mi cuñada guardó esa carta y me la mostró en 1978, cuando salí de prisión”, subrayó.

Iris aceptó recibir en su casa a Mirta Arévalo, que tenía cinco años cuando su padre murió, pero con el tiempo supo tomar contacto con la historia que unía a su progenitor con el terrorismo de Estado.

“Hablamos y lloró conmigo. Vino con su hijo y la reunión también estuvo mi amiga Marcela y uno de mis hijos, Marcos Rodrigo”, recordó.

Santiago –el hijo de Mirta- le contó a Iris que había hecho la secundaria en Escobar, en una escuela que hoy lleva el nombre de Floreal Avellaneda. “Me regaló su certificado de estudios y me dijo que gracias a los docentes tuvo pudo entrar en contacto con la historia y la lucha de los organismos de Derechos Humanos en la búsqueda de Justicia. Eso lo inspiró a seguir la carrera de abogacía que está cerca de terminar”, narró la madre de Floreal.

Las mujeres quedaron en contacto, y Mirta le prometió que irían juntas a una reunión en la Liga Argentina por los Derechos Humanos con el propósito de mantener el legado de El Negrito.

“Para mí, es muy importante que pasen estas cosas en estos tiempos de un gobierno que difunde un negacionismo sobre los crímenes que cometió la última dictadura cívico militar y eclesiástica.

En esa línea, Iris, a los 86 años, considera que este encuentro con familiares de un represor que repudian los delitos de lesa humanidad cometidos por sus progenitores -una postura asumida desde hace algunos años por el colectivo Historias Desobedientes y otros- es parte de la lucha que libró para lograr Justicia por Floreal.

“En todos estos años, aporté mi granito de arena para que se sepa la verdad y los culpables paguen. Hoy existen cinco colegios que llevan el nombre de El Negrito. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?”, reflexionó.    

A su edad, Iris Avellaneda sigue activa en la pelea por mantener vivo el legado de Memoria, Verdad y Justicia. Además de encabezar la Liga Argentina por los Derechos Humanos, integra el colectivo de sobrevivientes de Campo de Mayo, que impulsa la instalación de un Espacio de Memoria en ese predio.

“En el gobierno de Alberto Fernández se había declarado que se iba a crear un Espacio de Memoria, pero las obras están paralizadas. El 14 de marzo vamos a hacer un acto y vamos a tratar de entrar hasta ese lugar para rendirles homenaje a todas las víctimas que pasaron por ese centro clandestino”, sostuvo Iris.

La “historia desobediente” que se abrazó con la madre de Floreal Avellaneda

Foto: Gutavo Becerra.

Floreal, desaparecido dos veces

Al recuperar su libertad, en 1978, Iris Avellaneda tomó conocimiento de que el cuerpo de Floreal había sido hallado en las costas uruguayas como consecuencia de los Vuelos de la Muerte. Sus familiares no quisieron darle la noticia cuando estaba detenida.

¿Cómo se logró la identificación de El Negrito? En una de las fotos que se difundieron de los cuerpos hallados en mayo de 1976, pudo apreciarse dos letras tatuadas: FA, las iniciales de Floreal Avellaneda.

Con ese dato, el abogado Julio Viaggio, quien se desempañaba como abogado de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (la designación que entonces tenía la entidad), obtuvo los registros dactilares de Floreal que guardaba la Policía Federal y en Montevideo se pudo corroborar la identidad de El Negrito.

Sus restos se depositaron en una necrópolis de la capital uruguaya. En 1983, Floreal padre e Iris viajaron a Montevideo con la intención de recuperar el cuerpo de su hijo. Pero no pudieron, su cuerpo no estaba en el cementerio indicado ni en ningún otro. El Negrito fue secuestrado, desaparecido, identificado como la víctima más joven de los vuelos de la muerte en las costas uruguayas y vuelto a desaparecer.

En medio de las tramitaciones que llevaba a cabo Viaggio, tuvo acceso a un acta sobre el allanamiento a la casa de la familia Avellaneda, que estaba firmada por Harsich y Fragni, implicados en el secuestro de Iris y Floreal.

“Lo único que nos quedó de él son esas fotos que están en los expedientes judiciales”, apuntó Iris.

El caso de Floreal, arrojado desde un vuelo que partió de Campo de Mayo y hallado con signos de empalamiento tuvo alguna trascendencia, en medio de la censura oficial impuesta bajo el del plan sistemático que aplicaba la dictadura.

El escritor y periodista Rodolfo Walsh dio cuenta del hecho en su Carta Abierta a la Junta Militar escrita y difundida al cumplirse un año del golpe de Estado. “Atado de pies y manos, con lastimaduras en la región anal y fracturas expuestas”, describió en un párrafo de su histórica misiva el autor de Operación Masacre.

La “historia desobediente” que se abrazó con la madre de Floreal Avellaneda

Foto: Gustavo Becerra.

El represor que algunos quisieron convertir en héroe

El teniente coronel del Ejército Miguel Ángel Clodoveo nunca respondió por su implicación en la represión ilegal. Murió en 1982, en un accidente de helicópteros ocurrido en el sur del país durante la Guerra de Malvinas. La dictadura le concedió un ascenso póstumo al grado de general de Brigada.

En algunos registros vinculados a Malvinas se menciona como el oficial de más alta graduación caído en la conflagración con el Reino Unido.

El detalle que se omite mencionar cuando se exalta su figura es que este uniformado no pereció en combates librados en las islas del Atlántico Sur.  

En 2012, cuando ya se disponía información sobre la actuación de Arévalo en los grupos de tareas de Campo de Mayo, una entidad vinculada a exsoldados que durante el conflicto con Gran Bretaña estuvieron movilizados en la costa patagónica le realizaron una misa en su homenaje.

Ante esta conmemoración, la Liga por los Derechos Humanos recordó el pasado del represor durante la dictadura al remarcar que Arévalo “era un asesino que secuestró a Floreal Avellaneda y lo entregó a quienes le dieron muerte en Campo de Mayo», y que su figura nada tenía que ver con la de un héroe de guerra.

En ese sentido, la entidad defensora de los Derechos Humanos recordó entonces que la participación de Arévalo en el crimen de El Negrito había quedado probaba en el juicio de lesa humanidad que concluyó en 2009 en los Tribunales Federales de San Martín.

*Esta nota es parte de la articulación de la Unión de Medios Autogestivos (UMA): El Ciudadano (Rosario), Revista Cítrica (Buenos Aires), El Diario del Centro del País (Villa María), Tiempo Argentino (Buenos Aires), Agencia Lavaca y revista MU (Buenos Aires), Agencia Tierra Viva (Buenos Aires) y Lawen Documental (Buenos Aires).

Seguir leyendo

Derechos Humanos

Réquiem para un hombre pobre

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Memoria de Víctor Vargas, el hombre asesinado por el policía Santiago Barrientos, en Constitución el domingo 28 de diciembre pasado. La dinámica barrial, violenta, contexto del asesinato; el tiro por la nuca, que revela que Barrientos disparó cuando Vargas estaba de espalda; el recuerdo de las y los vecinos de este hombre tranquilo y los mensajes de watsap que pintan su vida y su muerte, símbolo de una época.

Por Claudia Acuña

El día en que Víctor Vargas fue fusilado por la espalda por el policía Santiago Emanuel Barrientos, el asfalto hervía . Era domingo y a esa hora -diez minutos antes de las tres de la tarde- la esquina de Salta y Constitución estaba desolada por el sopor y la barra de hombres “escabiando”. Esa fue la palabra que usó Franco Olave Cornejo -a quien todos en ese no-barrio conocen como El Chileno- cuando declaró ante la fiscalía Penal Nª 12 para describir la escena del crimen. Es también lo que muestran las cámaras de seguridad: en una ochava, la barra liderada por El Chileno; enfrente el policía Barrientos saliendo del local de Ugis junto a la oficial Carolina Elizabeth Vázquez, encargada de sostener la caja de pizza. Hasta ahí, lo habitual.

Lo extraordinario fue Víctor Vargas.

La mamá y la hermana de Víctor, con una foto que enmarcaron para recordarlo.

Ninguno de los que lo conoció -muchos, pero poco- pueden explicar qué lo llevó a abandonar su principal característica: tranquilo, educado, respetuoso, un buen pibe, son las palabras que brotan para recordarlo del dueño de la pensión, las putas y travas de la zona, los pibes de la calle, las dominicanas de la esquina. Saben, sí, que El Chileno atacó con una botella a Víctor. Algunos especulan con el robo del celular y el motivo de su reacción posterior podría explicarlo el audio que Víctor le envió a su hermana Vanina un día antes, el sábado 27:

“Buenos días Vane. Voy a ver un laburito nuevo y ver si capaz puedo quedar ahí. Que tengas un lindo día”.

Víctor vivía pagando la pensión diariamente -cada día, cada día, cada día- juntando el dinero en trabajos temporarios -en un lavadero de autos, como repositor en un supermercado, descargando bultos en el Paseo de Compras lindero a la estación de tren: changas-, y la posibilidad de un empleo con continuidad le había dado la esperanza de un cambio en su vida. Quizá esperaba ese llamado de confirmación y perder esa ilusión significó también perder la paciencia.

Las dominicanas de la esquina prefieren proyectar la realidad: El Chileno domina esa esquina con violencia, insultos y ceguera policial. Quizá fue eso lo que cansó a Víctor y decidió responder, lo cual desencadenó el trágico después.

Lo que es dato es que un Víctor mareado –“algo raro en él porque nunca tomaba”, declaró el dueño de la pensión- entró a la cocina, tomó un cuchillo y regresó a la esquina a enfrentar a El Chileno. Fue entonces cuando el policía Barrientos y la oficial Vázquez, con la pizza en la mano, intervinieron. Lo que siguió fue rápido:

  • El policía Barrientos le dio a Víctor la orden de tirar el cuchillo.
  • El Chileno se escondió detrás del policía Barrientos.  
  • El policía Barrientos disparó tres tiros.
  • La autopsia determinó que una de las balas ingresó en la nuca y salió por la ceja. Es decir: cuando el policía Barrientos le disparó, Víctor le daba la espalda.

Víctor quedó tirado en un asfalto que le dejó marcas de quemaduras. “Todavía estaba desangrándose cuando El Chileno ya tenía abogado”, dirá su hermana y, evidentemente, ese detalle también llamó la atención de la fiscalía, ya que le preguntó específicamente eso: quién llamó a su abogado. “Un amigo con el que se comunica a través de las redes sociales”, dice la transcripción que respondió.

La investigación judicial se abrió por los delitos de “atentado a la autoridad y lesiones”, pero la muerte de Víctor -agonizó tres días- obligó a apartar a la policía de la Ciudad de la investigación y, ahora, al Poder Judicial a decidir la competencia, es decir, quien investiga: la familia de Víctor -representada por la abogada María del Carmen Verdú, titular de CORREPI- exige que sea en el ámbito de Nación. En tanto, la defensa del policía Barrientos la ejerce el Ministerio de (In)Seguridad de la Ciudad, esa misma ciudad que en las calles de Constitución hierve de impunidad.

Víctor Vargas, en fotos que comparte a lavaca su familia.

Para despedir a Víctor, las personas más pobres y olvidadas de aquel no-barrio en el que Borges halló El Aleph -ese punto que contiene el universo entero y en el que hoy puede verse con absoluta claridad putas y travas golpeadas, hambreadas y humilladas cotidianamente por esa misma violencia policial que fusiló a Víctor – hicieron una colecta. El sepelio fue en Casa Roja, la sede de Ammar. Allí lo lloraron su madre y su hermana; sus vecinas sobrevivientes de las calles y sus compañeros de changas. Allí también escucho el audio que el Día de Navidad, apenas cuatro días antes de su fusilamiento, le envió a su mamá:

“¿Sabés qué, mamita? Te quería contar algo lindo. Hoy fui al Paseo de Compras de Constitución y como conozco a mucha gente de ahí que son dueños de los negocios, uno me regaló un pantalón y una remera. O sea que en Navidad estreno ropa nueva. Después otro me dio ensalada rusa con pollo y en la heladera tengo osobuco. Nada: todo eso vino de parte de Dios. Así que con lo que tenía me compré un perfume, en cajita, nuevo. ¿Qué más te puedo contar mamita? Que estoy solo y soy feliz.”

Hay un ramo de flores en el pecho de Víctor y una mesa con sándwiches, empanadas, galletitas y bebidas porque saben que quienes lo vendrán a despedir tendrán hambre. Hay anécdotas sobre esa vida que ya no es, la mayoría muy simples -sus tiempos con trabajos “buenos”, su derrape en la adicción, su estoico esfuerzo por estar “limpio”, sin drogas ni alcohol, cada día, cada día, cada día, desde hace varios años- y solo una muy compleja: en los últimos tiempos Víctor se definía como un eufórico libertario.

Seguir leyendo

Derechos Humanos

El protocolo de Bullrich es nulo

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Por Claudia Acuña

El juez federal Martín Cormik declaró nulo el protocolo de la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich al considerar que ninguna norma administrativa puede limitar derechos constitucionales.

El fallo sienta un precedente jurídico que pone un límite a las facultades del Poder Ejecutivo ya que dicho protocolo “conforma un exceso en la competencia otorgada al PEN por nuestro ordenamiento jurídico en cuanto bajo la apariencia de «instruir» al personal dependiente de dicho Ministerio está legislando y ello conforma violación al derecho aplicable por cuanto el PEN se inmiscuye en facultades propias del Poder Legislativo”.

También considera que el protocolo es ilegítimo porque “no cumple los requisitos de motivación ni de razonabilidad exigidos por la Constitución”. En consecuencia, lo declara nulo y promueve que las personas afectadas inicien las demandas de reparación pertinentes en el ámbito de fuero penal.

El fallo responde así y positivamente a la acción iniciada por Sipreba y Argra, entre otras organizaciones sociales, representadas por el Cels cuyo director Diego Morales sintetiza así la importancia de esta resolución: “El punto más importante es que la decisión le pone un límite al Ministerio de seguridad al momento de regular -bajo la figura o el ropaje de instrucciones a los funcionarios policiales- conductas de los ciudadanos que están garantizadas por la Constitución. Este me parece que es el dato más importante y que no lo habíamos visto en las otras acciones que presentamos“.

Segundo punto a destacar: “También le pone un límite a que el Ministerio imponga que el derecho a manifestarse es un delito, y que a partir de esta caracterización realice operativos para evitarlas”.

El tercer punto no es menor: los efectos que ha sembrado la aplicación de este protocolo ahora considerado nulo. “El más grave es el caso del fotógrafo Pablo Grillo y también que dos personas hayan perdido el ojo, pero además de muchos heridos hubo más de 200 detenciones arbitrarias y constantes agresiones a la prensa. Es decir que una norma ahora considerada ilegítima ha dejado personas afectadas en sus cuerpos y en sus derechos”.

Morales descuenta que el Ministerio apelará este fallo, pero también que la justicia avalará que hasta tanto se resuelva ese trámite judicial el protocolo quede anulado. En ese sentido destaca la presentación que realizó ante la justicia Periodistas Argentinas, que llegó hasta la Corte Suprema y esa máxima instancia judicial determinó que el fuero competente para dictaminar es justamente el que ahora ha declarado nulo el protocolo.

Seguir leyendo

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente. ©2025 Agencia lavaca.org. Riobamba 143, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Editor responsable: Cooperativa de Trabajo Lavaca ltda. Número de propiedad intelectual: 50682265 - cooperativalavaca@gmail.com | Tel.: +54 9 11 2632-0383

Vistas el día de hoy: 37.048